


Como ya se habló varias veces en estas reseñas, muchas bandas apelan a la nostalgia para mantener firmes sus carreras. Esto generalmente atrae a los viejos fans al concierto, demostrando el poco recambio de público. Pero en el caso de Cryptopsy fue diferente, ya que con su tour que rememora el clásico None So Vile (1996) no solo atrajeron a la vieja audiencia, sino también a muchos fans jóvenes que no vivieron esa época. Este tour es uno de los más grandes de la banda en los últimos años, y fue concebido como un homenaje al death metal. Esto va más allá del set de Cryptopsy, sino también por la elección de los actos de apertura.
El primero fue Corpse Pile, oriundos de Estados Unidos. Lamentablemente, por demoras en la entrada, no pudimos ver toda su presentación. Pero la mitad que vimos fue arrolladora. Un death metal con mucho groove, de ese que te hace mover la cabeza y el cuerpo de manera desquiciada, y partes más rápidas que avivaron los primeros circle pits de la noche. Un gran comienzo de jornada.
La segunda banda de la noche fue Inferi, quienes cuentan con casi 20 años de historia. Su propuesta es una mezcla de death metal melódico con death técnico. Esta mezcla es muy llamativa, porque logran trazar melodías coreables, pero todo en un entorno súper intrincado y complejo. La ejecución de los músicos hizo justicia a su estilo: eran todos unas máquinas arrolladoras. Destacó el trabajo del baterista Nathan Bigelow, nuevo integrante del grupo. Este tiene un manejo increíble y preciso de muchas técnicas. La presentación fue muy divertida, ya que todos los músicos se ocuparon de conectar con la gente y de hacer que esta se divirtiera durante el show. Esto culminó con todo el público aplaudiendo al grupo, demostrando su conformidad con el espectáculo.
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El invitado especial del tour fue 200 Stab Wounds, grupo en ascenso dentro del death metal. Esto se vio demostrado en la gran cantidad de fanáticos que tenían en el público. Este mismo no esperó ni media canción para llevar la energía a otro nivel: un circle pit enorme que se mantuvo durante todo el set, coronado con mucho crowdsurfing, tanto que la seguridad no daba abasto. Si bien se notó que tuvieron un problema con los retornos, esto no interfirió con una ejecución muy precisa. Desde los solos inentendibles que duraban exactamente lo que debían, hasta los distintos cambios de ritmo por parte del bajo y la batería, pasando de momentos de medio tiempo a otros ultra veloces con total naturalidad. El sonido fue muy bueno, como venía siendo con todas las bandas hasta el momento. El setlist tuvo momentos altísimos como “Masters of Morbidity” o “Parricide”, pero la joya del show fue el final con “She Was Already Dead”, acompañada por un gran wall of death, como se lo merece la canción.
Faltando cinco minutos para la hora estipulada, las luces se pusieron en modo discoteca y “For Whom the Bell Tolls” de Metallica tomó el control de la sala. Esta sirvió como intro y dio pie al inicio con “Slit Your Guts”. Una forma brutal de abrir el concierto, ya que puso la expectativa por los aires sobre lo que serían las siguientes interpretaciones del clásico disco. El sonido fue bueno durante toda la noche, pero con Cryptopsy alcanzó un nivel sobresaliente. Todo se podía distinguir con total nitidez y ningún instrumento tapaba a otro. Los riffs de guitarra pesados y rápidos hacían perfecta fusión con el bajo, que no se limitó a marcar las bases únicamente y aportó muchísimos matices a las diferentes canciones. Todo sostenido por la batería del único miembro original de la banda, Flo Mounier. Este hizo un trabajo brillante tras los parches, sosteniendo lo mencionado anteriormente a base de blast beats rápidos, fills intrincados y un doble bombo poderoso, grave y denso.
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Las voces fueron la frutilla del postre, ya que los guturales graves y profundos, sumados a los gritos agudos, te rompían los oídos. Todos realizados con una técnica y precisión excelentes. Los puntos más altos de la lista fueron los pertenecientes al disco homenajeado, pero hubo uno que se llevó el premio. Me refiero a “Phobophile”, que ya desde su introducción generó un enorme agujero en el público, que dio paso al pogo más grande y violento de la noche, con, otra vez, gente volando por los aires y cabezas girando a kilómetros por hora.
El final con “Malicious Needs” dejó al público extasiado y culminó con un aviso de la banda: se quedarían en el stand de merch para charlar con los fans. Esto fue cumplido, y se quedaron hasta que el último fanático tuviera su foto y su firma.
En una noche llena de brutalidad, Cryptopsy hizo honor a su pasado, haciendo que las nuevas generaciones puedan vivirlo. Pero lo hicieron demostrando que tienen un muy buen presente y mucho que ofrecer.




Como ya se habló varias veces en estas reseñas, muchas bandas apelan a la nostalgia para mantener firmes sus carreras. Esto generalmente atrae a los viejos fans al concierto, demostrando el poco recambio de público. Pero en el caso de Cryptopsy fue diferente, ya que con su tour que rememora el clásico None So Vile (1996) no solo atrajeron a la vieja audiencia, sino también a muchos fans jóvenes que no vivieron esa época. Este tour es uno de los más grandes de la banda en los últimos años, y fue concebido como un homenaje al death metal. Esto va más allá del set de Cryptopsy, sino también por la elección de los actos de apertura.
El primero fue Corpse Pile, oriundos de Estados Unidos. Lamentablemente, por demoras en la entrada, no pudimos ver toda su presentación. Pero la mitad que vimos fue arrolladora. Un death metal con mucho groove, de ese que te hace mover la cabeza y el cuerpo de manera desquiciada, y partes más rápidas que avivaron los primeros circle pits de la noche. Un gran comienzo de jornada.
La segunda banda de la noche fue Inferi, quienes cuentan con casi 20 años de historia. Su propuesta es una mezcla de death metal melódico con death técnico. Esta mezcla es muy llamativa, porque logran trazar melodías coreables, pero todo en un entorno súper intrincado y complejo. La ejecución de los músicos hizo justicia a su estilo: eran todos unas máquinas arrolladoras. Destacó el trabajo del baterista Nathan Bigelow, nuevo integrante del grupo. Este tiene un manejo increíble y preciso de muchas técnicas. La presentación fue muy divertida, ya que todos los músicos se ocuparon de conectar con la gente y de hacer que esta se divirtiera durante el show. Esto culminó con todo el público aplaudiendo al grupo, demostrando su conformidad con el espectáculo.
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El invitado especial del tour fue 200 Stab Wounds, grupo en ascenso dentro del death metal. Esto se vio demostrado en la gran cantidad de fanáticos que tenían en el público. Este mismo no esperó ni media canción para llevar la energía a otro nivel: un circle pit enorme que se mantuvo durante todo el set, coronado con mucho crowdsurfing, tanto que la seguridad no daba abasto. Si bien se notó que tuvieron un problema con los retornos, esto no interfirió con una ejecución muy precisa. Desde los solos inentendibles que duraban exactamente lo que debían, hasta los distintos cambios de ritmo por parte del bajo y la batería, pasando de momentos de medio tiempo a otros ultra veloces con total naturalidad. El sonido fue muy bueno, como venía siendo con todas las bandas hasta el momento. El setlist tuvo momentos altísimos como “Masters of Morbidity” o “Parricide”, pero la joya del show fue el final con “She Was Already Dead”, acompañada por un gran wall of death, como se lo merece la canción.
Faltando cinco minutos para la hora estipulada, las luces se pusieron en modo discoteca y “For Whom the Bell Tolls” de Metallica tomó el control de la sala. Esta sirvió como intro y dio pie al inicio con “Slit Your Guts”. Una forma brutal de abrir el concierto, ya que puso la expectativa por los aires sobre lo que serían las siguientes interpretaciones del clásico disco. El sonido fue bueno durante toda la noche, pero con Cryptopsy alcanzó un nivel sobresaliente. Todo se podía distinguir con total nitidez y ningún instrumento tapaba a otro. Los riffs de guitarra pesados y rápidos hacían perfecta fusión con el bajo, que no se limitó a marcar las bases únicamente y aportó muchísimos matices a las diferentes canciones. Todo sostenido por la batería del único miembro original de la banda, Flo Mounier. Este hizo un trabajo brillante tras los parches, sosteniendo lo mencionado anteriormente a base de blast beats rápidos, fills intrincados y un doble bombo poderoso, grave y denso.
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El final con “Malicious Needs” dejó al público extasiado y culminó con un aviso de la banda: se quedarían en el stand de merch para charlar con los fans. Esto fue cumplido, y se quedaron hasta que el último fanático tuviera su foto y su firma.
En una noche llena de brutalidad, Cryptopsy hizo honor a su pasado, haciendo que las nuevas generaciones puedan vivirlo. Pero lo hicieron demostrando que tienen un muy buen presente y mucho que ofrecer.

















