

La Sala Revi Live se vistió de fucsia y negro para recibir una de las propuestas más frescas y trabajadas del panorama nacional. No es sorpresa que este recinto de Madrid sea el refugio predilecto para quienes buscan un sonido que no defraude, y la noche del pasado sábado volvió a confirmar que, cuando la acústica acompaña, el espectáculo se eleva a otro nivel. Con un cartel encabezado por Megara y acompañados por Astray Valley, la velada fue mucho más que una sucesión de canciones; fue una exhibición de profesionalismo y narrativa visual.
Abrieron la noche Astray Valley, una formación que desde Barcelona ha sabido labrarse un nombre en el metal moderno y el metalcore de tintes oscuros. Su estilo se caracteriza por una base rítmica técnica y pesada que contrasta con las melodías vocales de Clau Violette, capaz de pasar de voces limpias y etéreas a guturales desgarradores con una facilidad pasmosa. Lo que los hace singulares es esa atmósfera casi industrial y mística que envuelve temas como los de su aclamado “Unnane” o su más reciente material. En la Revi, su despliegue fue sobrio pero impecable, apoyado en unas luces correctas que permitieron centrar la atención en la ejecución musical. Se nota que son una banda con rodaje, habiendo pisado escenarios como el Rock Fest o el Resurrection Fest, y supieron caldear el ambiente con una propuesta que no hace prisioneros.
Tras el cambio de bártulos, el escenario se transformó para recibir el “universo Megara“. La banda ha trascendido la etiqueta de “rock alternativo” para crear su propio género: el Fucsia Rock. Su estilo es una amalgama de guitarras pesadas, estribillos con gancho pop y una electrónica muy bien integrada, pero lo que realmente les otorga una capa de autenticidad y diferenciación es su “lore”. Todo lo que hace Megara tiene un porqué, una historia detrás que conecta discos como “Siete” o “Truco o Trato” con su paso por Eurovisión con “11:11” o la épica de “Arcadia”. No solo les sobra carisma, especialmente a Kenzy al frente, sino que preparan sus conciertos con una conciencia milimétrica.
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Para que un show así funcione, con una crew de baile entrando y saliendo y diversos elementos escénicos, el espacio y la iluminación son fundamentales. La Revi cumplió con creces, ofreciendo un escenario amplio donde los muchos haces de luces neutras y los fogonazos rojos sueltos crearon la dinámica necesaria para las presentaciones coreografiadas de la banda. La entrega de su base de fans fue absoluta; la sala rugió en cada estribillo y se vivió un momento especialmente tierno y épico cuando Kenzy pidio a todos los chavales que montaran un circle pit. Costó arrancarlo, entre risas y dudas, pero terminó siendo el primero de muchos para una nueva generación de metaleros que ya tiene a sus referentes claros.
En lo musical, Megara son una apisonadora de precisión. Se nota el respeto que le tienen a su propio espectáculo; todo está cuadrado, pero sin perder esa chispa de espontaneidad que te hace conectar con ellos. Por cierto, para los que esperaban ver volar muebles: ya no pueden romper más mesas. Agotaron el presupuesto de carpintería en los primeros conciertos de la gira, así que esta vez tocó centrarse en lo estrictamente artístico, que no fue poco.
Incluso si el rock fucsia no es lo tuyo, presenciar un directo de Megara es obligatorio para cualquier amante de la música en vivo. La pasión que le ponen a cada detalle y la autenticidad con la que defienden su mundo es algo que merece la pena ver al menos una vez. Madrid salió de la Revi con los oídos satisfechos y la retina llena de colores, confirmando que la magia del directo sigue viva cuando se cuida con tanto cariño.


La Sala Revi Live se vistió de fucsia y negro para recibir una de las propuestas más frescas y trabajadas del panorama nacional. No es sorpresa que este recinto de Madrid sea el refugio predilecto para quienes buscan un sonido que no defraude, y la noche del pasado sábado volvió a confirmar que, cuando la acústica acompaña, el espectáculo se eleva a otro nivel. Con un cartel encabezado por Megara y acompañados por Astray Valley, la velada fue mucho más que una sucesión de canciones; fue una exhibición de profesionalismo y narrativa visual.
Abrieron la noche Astray Valley, una formación que desde Barcelona ha sabido labrarse un nombre en el metal moderno y el metalcore de tintes oscuros. Su estilo se caracteriza por una base rítmica técnica y pesada que contrasta con las melodías vocales de Clau Violette, capaz de pasar de voces limpias y etéreas a guturales desgarradores con una facilidad pasmosa. Lo que los hace singulares es esa atmósfera casi industrial y mística que envuelve temas como los de su aclamado “Unnane” o su más reciente material. En la Revi, su despliegue fue sobrio pero impecable, apoyado en unas luces correctas que permitieron centrar la atención en la ejecución musical. Se nota que son una banda con rodaje, habiendo pisado escenarios como el Rock Fest o el Resurrection Fest, y supieron caldear el ambiente con una propuesta que no hace prisioneros.
Tras el cambio de bártulos, el escenario se transformó para recibir el “universo Megara“. La banda ha trascendido la etiqueta de “rock alternativo” para crear su propio género: el Fucsia Rock. Su estilo es una amalgama de guitarras pesadas, estribillos con gancho pop y una electrónica muy bien integrada, pero lo que realmente les otorga una capa de autenticidad y diferenciación es su “lore”. Todo lo que hace Megara tiene un porqué, una historia detrás que conecta discos como “Siete” o “Truco o Trato” con su paso por Eurovisión con “11:11” o la épica de “Arcadia”. No solo les sobra carisma, especialmente a Kenzy al frente, sino que preparan sus conciertos con una conciencia milimétrica.
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En lo musical, Megara son una apisonadora de precisión. Se nota el respeto que le tienen a su propio espectáculo; todo está cuadrado, pero sin perder esa chispa de espontaneidad que te hace conectar con ellos. Por cierto, para los que esperaban ver volar muebles: ya no pueden romper más mesas. Agotaron el presupuesto de carpintería en los primeros conciertos de la gira, así que esta vez tocó centrarse en lo estrictamente artístico, que no fue poco.
Incluso si el rock fucsia no es lo tuyo, presenciar un directo de Megara es obligatorio para cualquier amante de la música en vivo. La pasión que le ponen a cada detalle y la autenticidad con la que defienden su mundo es algo que merece la pena ver al menos una vez. Madrid salió de la Revi con los oídos satisfechos y la retina llena de colores, confirmando que la magia del directo sigue viva cuando se cuida con tanto cariño.


















