


En época invernal y mundialista, resulta un poco complicado encontrar motivos para salir. Las calles suelen estar frescas, los días oscurecen más rápido y uno tiene que salir bien abrigado para evitar agarrase una gripe o un resfriado. La idea de pasar la noche en casa, sentado en el sillón, mirando un partido mientras uno se deja arropar por el amigable calor de una estufa, termina siendo mucho más atractiva y cómoda.
Sin embargo, cuando se presenta una fecha que trae a una banda tan legendaria, como representativa de una escena y un género, no existe frío ni holgazanería que venza la voluntad de querer asistir e ir a verla. En este caso, nos estamos refiriendo a Masacre, la mítica agrupación de culto colombiana, que dio un show en la ciudad de Buenos Aires el pasado viernes 19 de junio, repasando los mayores éxitos de su carrera.
La cita tuvo lugar en el Marquee, ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo. Fue la segunda presentación del grupo en el país, luego de su paso por Comodoro Rivadavia la noche anterior. A su vez, se trataba de la última fecha de su gira por Sudamérica. Algo que su cantante, Axel Oquendo, nos hizo saber en el tramo final de su actuación. Pero ya vamos a llegar a eso.
Ya que la antesala contó con la presentación de cuatro grupos nacionales, quienes se encargaron de ir haciendo entrar en calor a los presentes que llegaron temprano al lugar. Y es que el horario de arranque pautado a las 19:30, se cumplió con puntualidad de la mano de Lepergod, quienes ya estaban en el escenario para esa hora, dando inicio a la jornada musical de la noche.
La banda compuesta por músicos experimentados y veteranos de la escena, como Rodrigo “Thav” Sanchez o Mariano Miranda, contó con una actuación impecable y demoledora. Sin fisuras, ni problemas técnicos de ningún tipo. Y con una ejecución que dejó en evidencia el gran nivel que maneja cada uno de sus integrantes frente a sus respectivos instrumentos. Su propuesta de Blackened Death Metal, fue un gran plato de entrada para lo que vendría.
Llegó el turno de Expiration que tuvieron la particularidad de arrancar como un trío para luego sumar un segundo guitarrista en mitad de su repertorio. La diferencia fue clara. Mientras que al principio sonaban de forma cumplidora, la aparición del segundo violero le dio más capas y atmosfera a su Death Metal, muy de la escuela de Immolation.
Por su parte, la banda que se presentó como un trío y ahí se quedó de principio a fin fue Buena Muerte, quienes no tuvieron mayor inconveniente para compartir su estilo clásico más enérgico y rítmico, apoyado principalmente en sus riffs.
Cerrando el bloque nacional, estuvo Dislepsia. Otro grupo que a base de su constancia y solidez, ya se hizo de un nombre en la escena extrema nacional. Y fiel a su costumbre, dieron una descarga brutal llena de poder y visceralidad. Sin concesiones. Directo y al palo. Otra exhibición notable de Death Metal a cargo de la agrupación comandada por Ramon “Macabro” Farías.
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Para este punto de la noche, el Marquee ya se encontraba ante una presencia mayor de público que al comienzo. En general, de caras conocidas. Esas que son habitués del underground. Fieles a la movida. Y que son las que dicen presente cuando de bandas con estatus de culto, se trata.
Mientras estábamos a la espera de Masacre, la mayoría de la gente aprovechó el tiempo para comprar y tomar (mayormente cerveza), mientras que un grupo más reducido de individuos se escabulló hacia la parte trasera del recinto, en dónde estaba ubicada la televisión, para ver el partido de Brasil vs Haití que estaban dando.
Si bien el show estaba pautado para las 22:30, un pequeño problema técnico hizo que el arranque se demore un poco más de lo previsto. Pero apenas se solucionó, los colombianos, liderados por el mítico Alex Oquendo, dieron pie a una noche que dejó bien en claro porque desde sus inicios a finales de la década de los 80’ y hasta el día de hoy, son reconocidos como uno de los bastiones fundamentales de la escena extrema sudamericana. Con una presencia imponente sobre el escenario, una destreza musical extraordinaria y un apartado lírico para subrayar.
Y es que tras una breve intro perteneciente a su disco, Sacro (1996), la banda arrancó su cruda y bestial descarga sonora con la pieza “Orgasmos oscuros (Paraíso)”, perteneciente a ese trabajo. Un clásico dentro de su discografía pertenecientes a aquellos años dorados y de juventud de la agrupación. Y una brutal piña de entrada que entró sin el menor de los permisos.
De la misma manera, le siguió “Brutales Masacres”, de su aclamado debut Reqviem (1991), y así fueron desatando los mayores éxitos de su catálogo. Pero no necesariamente, los pertenecientes a sus primeros trabajos. Porque si algo tiene Masacre y que supo construir de forma solida con el paso de los años, es una carrera discográfica de la cual sentirse orgullosos. Y una gran cantidad de composiciones muy queridas y esperadas por sus fanáticos.
Es así que aparecieron en el show piezas como “Éxodo” o “La Guerra”, que dejaron al descubierto el gran nivel técnico que manejan sus músicos. Y el gran poderío vocal que tiene Oquendo, aún hoy a sus 50 años de edad. En especial, a la hora de sacar sus gritos más desgarradores, casi parecidos a los shriek que se usan en el black metal.
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Si bien habíamos dicho que tuvieron inconvenientes técnicos antes de empezar, al final el audio y volumen del show resultó ser uno de los puntos altos de la jornada, que potenció notoriamente la interpretación musical de los colombianos. Como disparados por la rabia y el odio, los formados en Medellín mantuvieron esa intensidad con la que arrancaron a lo largo de la hora que tocaron. Con constantes saludos y agradecimientos a argentina y la gente que los fue a apoyar. Y reivindicando su mensaje de crítica y protesta social
Como no podía ser de otra manera, se despidieron con la canción más cantada por todos en la noche, como lo fue “Death Metal Forever”. A estas alturas, un himno que hizo que Oquendo cediera el micrófono para que los aficionados pudieran unirse al grito del título. Un cierre por todo lo alto, para una actuación por todo lo alto.
No se trató de un trámite más. Ni de una presentación al paso. Para Masacre, fue una muestra autoridad. Una para resaltar sus más de 30 años de recorrido. Para remarcar el legado que construyeron, y defenderlo con uñas y dientes en el escenario. Una lección de Death Metal, de esas que deben quedar escritas en los libros. Una absoluta masacre.
Etiquetas: Death Metal, Death metal colombiano, Masacre



En época invernal y mundialista, resulta un poco complicado encontrar motivos para salir. Las calles suelen estar frescas, los días oscurecen más rápido y uno tiene que salir bien abrigado para evitar agarrase una gripe o un resfriado. La idea de pasar la noche en casa, sentado en el sillón, mirando un partido mientras uno se deja arropar por el amigable calor de una estufa, termina siendo mucho más atractiva y cómoda.
Sin embargo, cuando se presenta una fecha que trae a una banda tan legendaria, como representativa de una escena y un género, no existe frío ni holgazanería que venza la voluntad de querer asistir e ir a verla. En este caso, nos estamos refiriendo a Masacre, la mítica agrupación de culto colombiana, que dio un show en la ciudad de Buenos Aires el pasado viernes 19 de junio, repasando los mayores éxitos de su carrera.
La cita tuvo lugar en el Marquee, ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo. Fue la segunda presentación del grupo en el país, luego de su paso por Comodoro Rivadavia la noche anterior. A su vez, se trataba de la última fecha de su gira por Sudamérica. Algo que su cantante, Axel Oquendo, nos hizo saber en el tramo final de su actuación. Pero ya vamos a llegar a eso.
Ya que la antesala contó con la presentación de cuatro grupos nacionales, quienes se encargaron de ir haciendo entrar en calor a los presentes que llegaron temprano al lugar. Y es que el horario de arranque pautado a las 19:30, se cumplió con puntualidad de la mano de Lepergod, quienes ya estaban en el escenario para esa hora, dando inicio a la jornada musical de la noche.
La banda compuesta por músicos experimentados y veteranos de la escena, como Rodrigo “Thav” Sanchez o Mariano Miranda, contó con una actuación impecable y demoledora. Sin fisuras, ni problemas técnicos de ningún tipo. Y con una ejecución que dejó en evidencia el gran nivel que maneja cada uno de sus integrantes frente a sus respectivos instrumentos. Su propuesta de Blackened Death Metal, fue un gran plato de entrada para lo que vendría.
Llegó el turno de Expiration que tuvieron la particularidad de arrancar como un trío para luego sumar un segundo guitarrista en mitad de su repertorio. La diferencia fue clara. Mientras que al principio sonaban de forma cumplidora, la aparición del segundo violero le dio más capas y atmosfera a su Death Metal, muy de la escuela de Immolation.
Por su parte, la banda que se presentó como un trío y ahí se quedó de principio a fin fue Buena Muerte, quienes no tuvieron mayor inconveniente para compartir su estilo clásico más enérgico y rítmico, apoyado principalmente en sus riffs.
Cerrando el bloque nacional, estuvo Dislepsia. Otro grupo que a base de su constancia y solidez, ya se hizo de un nombre en la escena extrema nacional. Y fiel a su costumbre, dieron una descarga brutal llena de poder y visceralidad. Sin concesiones. Directo y al palo. Otra exhibición notable de Death Metal a cargo de la agrupación comandada por Ramon “Macabro” Farías.
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Para este punto de la noche, el Marquee ya se encontraba ante una presencia mayor de público que al comienzo. En general, de caras conocidas. Esas que son habitués del underground. Fieles a la movida. Y que son las que dicen presente cuando de bandas con estatus de culto, se trata.
Mientras estábamos a la espera de Masacre, la mayoría de la gente aprovechó el tiempo para comprar y tomar (mayormente cerveza), mientras que un grupo más reducido de individuos se escabulló hacia la parte trasera del recinto, en dónde estaba ubicada la televisión, para ver el partido de Brasil vs Haití que estaban dando.
Si bien el show estaba pautado para las 22:30, un pequeño problema técnico hizo que el arranque se demore un poco más de lo previsto. Pero apenas se solucionó, los colombianos, liderados por el mítico Alex Oquendo, dieron pie a una noche que dejó bien en claro porque desde sus inicios a finales de la década de los 80’ y hasta el día de hoy, son reconocidos como uno de los bastiones fundamentales de la escena extrema sudamericana. Con una presencia imponente sobre el escenario, una destreza musical extraordinaria y un apartado lírico para subrayar.
Y es que tras una breve intro perteneciente a su disco, Sacro (1996), la banda arrancó su cruda y bestial descarga sonora con la pieza “Orgasmos oscuros (Paraíso)”, perteneciente a ese trabajo. Un clásico dentro de su discografía pertenecientes a aquellos años dorados y de juventud de la agrupación. Y una brutal piña de entrada que entró sin el menor de los permisos.
De la misma manera, le siguió “Brutales Masacres”, de su aclamado debut Reqviem (1991), y así fueron desatando los mayores éxitos de su catálogo. Pero no necesariamente, los pertenecientes a sus primeros trabajos. Porque si algo tiene Masacre y que supo construir de forma solida con el paso de los años, es una carrera discográfica de la cual sentirse orgullosos. Y una gran cantidad de composiciones muy queridas y esperadas por sus fanáticos.
Es así que aparecieron en el show piezas como “Éxodo” o “La Guerra”, que dejaron al descubierto el gran nivel técnico que manejan sus músicos. Y el gran poderío vocal que tiene Oquendo, aún hoy a sus 50 años de edad. En especial, a la hora de sacar sus gritos más desgarradores, casi parecidos a los shriek que se usan en el black metal.
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Si bien habíamos dicho que tuvieron inconvenientes técnicos antes de empezar, al final el audio y volumen del show resultó ser uno de los puntos altos de la jornada, que potenció notoriamente la interpretación musical de los colombianos. Como disparados por la rabia y el odio, los formados en Medellín mantuvieron esa intensidad con la que arrancaron a lo largo de la hora que tocaron. Con constantes saludos y agradecimientos a argentina y la gente que los fue a apoyar. Y reivindicando su mensaje de crítica y protesta social
Como no podía ser de otra manera, se despidieron con la canción más cantada por todos en la noche, como lo fue “Death Metal Forever”. A estas alturas, un himno que hizo que Oquendo cediera el micrófono para que los aficionados pudieran unirse al grito del título. Un cierre por todo lo alto, para una actuación por todo lo alto.
No se trató de un trámite más. Ni de una presentación al paso. Para Masacre, fue una muestra autoridad. Una para resaltar sus más de 30 años de recorrido. Para remarcar el legado que construyeron, y defenderlo con uñas y dientes en el escenario. Una lección de Death Metal, de esas que deben quedar escritas en los libros. Una absoluta masacre.
Etiquetas: Death Metal, Death metal colombiano, Masacre












