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Amon Amarth
The Allfather Awakens (2026)
Metal Blade Records

TRACKLIST
1. Gjallarhorn
2. Eight Legs of Thunder
3. Kvasir’s Blood
4. We Rule the Waves
5. Upphaf
6. Die with a War Cry
7. Raven God
8. The Allfather Awakes
9. Oden’s Hunt
10. Ascending like an Eagle

Amon Amarth, nuestros deathmetaleros vikingos favoritos, están de vuelta con otro emocionante nuevo álbum. Bueno, no sé si “favoritos” sea la mejor palabra, y tampoco diría que el anuncio de un nuevo lanzamiento por parte del quinteto fuera “emocionante”, porque la última década de la agrupación sueca ha sido bastante medio. Puede que esté exagerando, pero hubo una época en la que Amon Amarth era una banda dentro de todo respetada y con razón, porque hay que tener cierto talento para que una fórmula como “death metal melódico con temática de vikingos” se relacione inmediatamente con vos. Pero en algún punto, tal vez coincidiendo con el punto donde dejaron de lado las portadas rojas y naranjas y pasaron al azul y al celeste, Amon Amarth dejó de tener esa “magia” que caracterizaba a sus primeros trabajos. ¿Será un ejemplo de algo perdiendo el ingrediente mágico en el momento en el que se vuelve “popular”? Tampoco es que me quiera poner en modo elitista con eso, pero en algún momento en los últimos diez años Amon Amarth se han sentido como una de esas series de televisión o sagas de películas que se extienden por demasiado tiempo, donde los personajes ya no avanzan ni un milímetro en sus historias y los guionistas parecen estar contentos con repetir los mismos chistes en las mismas situaciones, simplemente porque saben que van a seguir teniendo un público dentro de todo fiel.

Es así que en al menos la última década los discos perdieron su impacto, funcionando más como fotocopias de riffs e ideas y como excusa para armar nuevas giras donde pudieran meter otro bote vikingo arriba del escenario. Entiendo perfectamente que los miembros deben estar felices así, que incluso girando con un disco mediocre bajo en brazo pueden ser cabeza de cartel en festivales, girar por EEUU y por Asia, y que todos están contentos mientras toquen “Twilight of the Thunder God”, “Deceiver of the Gods” y “The Pursuit of the Vikings” para poder hacer el pogo ese donde todos fingen ser marineros en un barco vikingo, sin importar lo que un tipo como yo pueda decir sobre ello. Pero creo que la idea del “death melódico con temática de vikingos”™ de Amon Amarth se merece algo mejor que la seguidilla de discos mediocres que los suecos han estado entregando durante la última década, con más de un comentario tachando al último The Great Heathen Army (2022) como ya entrando en la autoparodia. Básicamente, terminaron como sus compatriotas Sabaton, los Call of Duty del metal en estos momentos.

Hablando de “autoparodia”, cuando lanzaron el primer single de este The Allfather Awakens, titulado “We Rule The Waves”, salió más de un año antes que el álbum y escuchándolo no pude evitar pensar en ese término, porque parece una canción de Amon Amarth generada por Chat GPT. No estoy acusando a la banda de haber usado inteligencia artificial, pero hay algo en ese estribillo de “Somos los vikingos / y nunca seremos esclavos” que es simplemente vergonzoso en las pocas ganas que le metieron. Sumado a los riffs reciclados, parece una canción que grabaron en cinco minutos y tomó la misma cantidad de tiempo para componer.

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Pero con los siguientes adelantos, la cosa creo que fue mejorando, o al menos la vara estaba tan baja que hasta un rengo podría haberla saltada. Tuvimos la particular “Upphaf”, una canción donde Johan Hegg mantiene su estilo característico gutural pero con una instrumentación totalmente acústica, algo donde no me termina de convencer el resultado pero al menos puedo decir que respeto el intento de hacer algo “diferente”. Y ya con “Gjallarhorn” las cosas se pusieron bastante mejor, más nada porque será una canción típica de Amon Amarth pero al menos tendrá algo de energía, algo más que ese medio tiempo que puede funcionar un par de veces pero que apareciendo demasiado seguido termina siendo un plomazo, y lo mismo se podría decir de “Eight Legs of Thunder”, cuarto y último adelanto que demostraba que los suecos de vez en cuando pueden acordarse de que el death melódico puede ser algo más que power metal genérico con voces podridas.

Cuando recibí este The Allfather Awakens, digamos que no sabía qué esperar. ¿Amon Amarth había recordado cómo hacer un álbum decente de vuelta? ¿Por qué debería ocurrir justo ahora? ¿Me estaba ilusionando demasiado? Pero bueno, era hora de darle otra oportunidad más a los suecos. Así que apreto play y… bueno, en realidad arrancamos con “Gjallarhorn” y le sigue “Eight Legs of Thunder” y ya expresé que me gustan, así que no hay sorpresas ahí. Así que luego de esas tenemos “Kvasir’s Blood”, una canción a medio tiempo con un pulso un tanto “moderno” en el sonido de las guitarras: siempre pareció que Amon Amarth funcionaban mucho mejor cuando mantenían la carnicería deathmetalera en sus guitarras y no sólo en las voces, pero creo que la canción es dentro de todo decente, siendo más lenta sin dejar de lado la pesadez.

Después siguen con la mediocre y antes mencionada “We Rule The Waves” y con la también antes mencionada “respetable en el intento pero no tanto en la ejecución” “Upphaf”, así que se puede decir que es un momento donde el disco se pincha. Pero después las cosas levantan vuelo con “Die With a War Cry”, otro clásico momento de energía guerrera por parte de Amon Amarth que vuelve a los riffs violentos y a las ganas de meterse a un mosh picante. Y lo mismo podría decirse con “Raven God”, canción con un título que me llama la atención que no hayan usado antes pero que mantiene la energía melódica.

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La (casi) canción título “The Allfather Awakes” (decisión extraña, si me preguntan) tiene un sentido épico que hace honor a semejante título, con otro medio tiempo pero que se apoya mucho en la percusión y ciertamente da la imagen de un ejército marchando con espadas a través de la nieve. Y “Oden’s Hunt” vuelve de lleno al death metal con un doble bombo omnipresente y unas guitarras sacándose de la manga unos riffs del manual más básico del melodeath sueco pero haciéndolo funcionar a puro músculo: sí, todavía hay cosas en la fórmula de Amon Amarth que pueden justificarse con un “Si no está roto, no lo arregles”. Y cerramos el álbum con “Ascending Like an Eagle”, track con un título cliché dentro o fuera del contexto vikingo pero que cumple con su propósito, dándole un cierre dentro de todo satisfactorio al álbum con otra canción de atmósfera épica.

The Allfather Awakens no será de los grandes discos del año, ni siquiera lo pondría en mi Top 25 del año, pero en el contexto de lo que vienen siendo los últimos años de Amon Amarth diría que es de lo mejor que hayan hecho en esta etapa de su carrera, y tal vez lo mejor que puedan hacer sin hacer cambios radicales en su sonido que puedan llegar a alienar a los fans. A decir verdad, el acierto del decimotercer álbum de los suecos está en el simple hecho de tener algo de material como para llegarle a gente por fuera del círculo más cerrado y fanático de seguidores de Amon Amarth, al menos demostrando que pueden recordar cómo hacer canciones decentes. Así que lo nuevo de Amon Amarth tendrá todavía un par de los vicios que han plagado a la obra de la banda en los últimos años, pero al menos puede llevarse un mini premio de “álbum que más entregó comparado con lo que esperaba de él”.

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The Allfather Awakens (2026)
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1. Gjallarhorn
2. Eight Legs of Thunder
3. Kvasir’s Blood
4. We Rule the Waves
5. Upphaf
6. Die with a War Cry
7. Raven God
8. The Allfather Awakes
9. Oden’s Hunt
10. Ascending like an Eagle




Amon Amarth, nuestros deathmetaleros vikingos favoritos, están de vuelta con otro emocionante nuevo álbum. Bueno, no sé si “favoritos” sea la mejor palabra, y tampoco diría que el anuncio de un nuevo lanzamiento por parte del quinteto fuera “emocionante”, porque la última década de la agrupación sueca ha sido bastante medio. Puede que esté exagerando, pero hubo una época en la que Amon Amarth era una banda dentro de todo respetada y con razón, porque hay que tener cierto talento para que una fórmula como “death metal melódico con temática de vikingos” se relacione inmediatamente con vos. Pero en algún punto, tal vez coincidiendo con el punto donde dejaron de lado las portadas rojas y naranjas y pasaron al azul y al celeste, Amon Amarth dejó de tener esa “magia” que caracterizaba a sus primeros trabajos. ¿Será un ejemplo de algo perdiendo el ingrediente mágico en el momento en el que se vuelve “popular”? Tampoco es que me quiera poner en modo elitista con eso, pero en algún momento en los últimos diez años Amon Amarth se han sentido como una de esas series de televisión o sagas de películas que se extienden por demasiado tiempo, donde los personajes ya no avanzan ni un milímetro en sus historias y los guionistas parecen estar contentos con repetir los mismos chistes en las mismas situaciones, simplemente porque saben que van a seguir teniendo un público dentro de todo fiel.

Es así que en al menos la última década los discos perdieron su impacto, funcionando más como fotocopias de riffs e ideas y como excusa para armar nuevas giras donde pudieran meter otro bote vikingo arriba del escenario. Entiendo perfectamente que los miembros deben estar felices así, que incluso girando con un disco mediocre bajo en brazo pueden ser cabeza de cartel en festivales, girar por EEUU y por Asia, y que todos están contentos mientras toquen “Twilight of the Thunder God”, “Deceiver of the Gods” y “The Pursuit of the Vikings” para poder hacer el pogo ese donde todos fingen ser marineros en un barco vikingo, sin importar lo que un tipo como yo pueda decir sobre ello. Pero creo que la idea del “death melódico con temática de vikingos”™ de Amon Amarth se merece algo mejor que la seguidilla de discos mediocres que los suecos han estado entregando durante la última década, con más de un comentario tachando al último The Great Heathen Army (2022) como ya entrando en la autoparodia. Básicamente, terminaron como sus compatriotas Sabaton, los Call of Duty del metal en estos momentos.

Hablando de “autoparodia”, cuando lanzaron el primer single de este The Allfather Awakens, titulado “We Rule The Waves”, salió más de un año antes que el álbum y escuchándolo no pude evitar pensar en ese término, porque parece una canción de Amon Amarth generada por Chat GPT. No estoy acusando a la banda de haber usado inteligencia artificial, pero hay algo en ese estribillo de “Somos los vikingos / y nunca seremos esclavos” que es simplemente vergonzoso en las pocas ganas que le metieron. Sumado a los riffs reciclados, parece una canción que grabaron en cinco minutos y tomó la misma cantidad de tiempo para componer.

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Cuando recibí este The Allfather Awakens, digamos que no sabía qué esperar. ¿Amon Amarth había recordado cómo hacer un álbum decente de vuelta? ¿Por qué debería ocurrir justo ahora? ¿Me estaba ilusionando demasiado? Pero bueno, era hora de darle otra oportunidad más a los suecos. Así que apreto play y… bueno, en realidad arrancamos con “Gjallarhorn” y le sigue “Eight Legs of Thunder” y ya expresé que me gustan, así que no hay sorpresas ahí. Así que luego de esas tenemos “Kvasir’s Blood”, una canción a medio tiempo con un pulso un tanto “moderno” en el sonido de las guitarras: siempre pareció que Amon Amarth funcionaban mucho mejor cuando mantenían la carnicería deathmetalera en sus guitarras y no sólo en las voces, pero creo que la canción es dentro de todo decente, siendo más lenta sin dejar de lado la pesadez.

Después siguen con la mediocre y antes mencionada “We Rule The Waves” y con la también antes mencionada “respetable en el intento pero no tanto en la ejecución” “Upphaf”, así que se puede decir que es un momento donde el disco se pincha. Pero después las cosas levantan vuelo con “Die With a War Cry”, otro clásico momento de energía guerrera por parte de Amon Amarth que vuelve a los riffs violentos y a las ganas de meterse a un mosh picante. Y lo mismo podría decirse con “Raven God”, canción con un título que me llama la atención que no hayan usado antes pero que mantiene la energía melódica.

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La (casi) canción título “The Allfather Awakes” (decisión extraña, si me preguntan) tiene un sentido épico que hace honor a semejante título, con otro medio tiempo pero que se apoya mucho en la percusión y ciertamente da la imagen de un ejército marchando con espadas a través de la nieve. Y “Oden’s Hunt” vuelve de lleno al death metal con un doble bombo omnipresente y unas guitarras sacándose de la manga unos riffs del manual más básico del melodeath sueco pero haciéndolo funcionar a puro músculo: sí, todavía hay cosas en la fórmula de Amon Amarth que pueden justificarse con un “Si no está roto, no lo arregles”. Y cerramos el álbum con “Ascending Like an Eagle”, track con un título cliché dentro o fuera del contexto vikingo pero que cumple con su propósito, dándole un cierre dentro de todo satisfactorio al álbum con otra canción de atmósfera épica.

The Allfather Awakens no será de los grandes discos del año, ni siquiera lo pondría en mi Top 25 del año, pero en el contexto de lo que vienen siendo los últimos años de Amon Amarth diría que es de lo mejor que hayan hecho en esta etapa de su carrera, y tal vez lo mejor que puedan hacer sin hacer cambios radicales en su sonido que puedan llegar a alienar a los fans. A decir verdad, el acierto del decimotercer álbum de los suecos está en el simple hecho de tener algo de material como para llegarle a gente por fuera del círculo más cerrado y fanático de seguidores de Amon Amarth, al menos demostrando que pueden recordar cómo hacer canciones decentes. Así que lo nuevo de Amon Amarth tendrá todavía un par de los vicios que han plagado a la obra de la banda en los últimos años, pero al menos puede llevarse un mini premio de “álbum que más entregó comparado con lo que esperaba de él”.

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