

Por: Israel Ramirez
Hay bandas que buscan su lugar en el metal imitando a quienes llegaron antes. Otras lo encuentran mirando hacia atrás, hacia las melodías de su propia tierra, y llevándolas a un territorio donde nadie las esperaba. Roses of Thieves y Myrath pertenecen a esta segunda categoría, aunque sus raíces estén separadas por todo un mar.
El pasado domingo 25 de octubre, la Sala Wolf de Barcelona reunió ambas propuestas en una misma noche. Por un lado, Roses of Thieves, con el acordeón y el espíritu de taberna del folk celta al servicio del power metal. Por otro, Myrath, con las escalas y los ritmos del norte de África entrelazados con el metal progresivo. Dos caminos distintos hacia un mismo horizonte: convertir sus raíces culturales en una fuerza expresiva plenamente integrada en el lenguaje del metal.
La cita, además, cerraba la gira española de ambas bandas. Myrath llegaba con Wilderness of Mirrors bajo el brazo, un disco que mira hacia dentro y se pregunta por los engaños de la condición humana. Roses of Thieves, por su parte, llegaba presentando Demons Ascend, su segundo álbum. Formada en Budapest en 2023, la banda húngara mezcla folk metal, punk de taberna irlandés y pinceladas de EDM, con el acordeón como seña de identidad. En muy poco tiempo ha pasado de sus primeros conciertos abriendo para Alestorm y Paddy and the Rats a recorrer Europa con dos discos a sus espaldas.
A las 19:45 en punto, Roses of Thieves salió al escenario con más ganas que efectivos. Sin su guitarrista Miklós Kovács ni su violinista Tamás Bárdos, ausentes desde casi la mitad de la gira, la banda se apoyó en Krisztián Varga, guitarrista de Tales of Evening y músico en directo de Thy Catafalque. Un rostro conocido para su vocalista, Ivett Dudás, que comparte con él ese mismo recorrido y se unió a la formación el año pasado.
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La apertura con “Fend off the Dark”, uno de los sencillos de Demons Ascend, dejó claro que venían a presentar su presente. “Be the Captain”, de su debut Gateway to Utopia (2024), recordó de dónde venían, y “Hymn of Hell” trasladó la sala a una época celta en la que la voz de Ivett terminó de envolverlo todo. Un medley con “Once Upon a Time”, “Synonym for Blasphemy” y “The Viceroy” sirvió como resumen apresurado de su todavía corta historia.
“Keep the Night Inside” fue quizá la mejor tarjeta de presentación de la banda: rápida, completa y fiel a su esencia, ese power metal con alma de folk medieval de taberna. Pero el momento más esperado por muchos de los fans de la banda llegó con “Boys (Summertime Love)”. La versión del éxito ochentero de Sabrina conservó su pulso hi-NRG y lo arrastró hacia el EDM y la distorsión, demostrando que un himno de pista de baile también puede sobrevivir con el acordeón por delante.
“Now You’re On”, publicado en septiembre y el primero grabado con la voz de Ivett Dudás, sonó a declaración del presente de la banda. Tras “Taste of Freedom” y “The Last Thing”, “White Wolf” puso el foco en Dominik Hristov, acordeonista y principal cerebro creativo de la banda, el verdadero motor de su identidad.
El cierre con “Not Your Fate”, que también pone el punto final a Demons Ascend, dejó al público animado y a punto para Myrath.
Roses of Thieves demostró que su propuesta no depende de las circunstancias. Habrá que seguir de cerca a esta banda húngara, que tiene todo para dar mucho que hablar en un futuro no muy lejano.
Hubo un tiempo en que a Myrath se le comparaba con Symphony X, cuando sus discos eran laberintos de compases y estructuras imposibles. Wilderness of Mirrors, su séptimo álbum, apuesta en cambio por melodías más directas sin renunciar a la herencia oriental que define su sonido. Esa doble naturaleza marcó toda la noche: temas digeribles y grandes estribillos para el público general, y piezas mucho más complejas para los puristas del progresivo.
Poco antes de las 21:00, “The Funeral” abrió el concierto igual que abre el disco. Sus cánticos tribales y sus elementos africanos desembocaron en una vorágine de sonidos que fue tomando forma progresiva, sostenida por la línea de bajo de Anis Jouini. Un ritual de entrada perfecto para encender la sala.
Y entonces llegó el momento de conexión con el público. Zaher Zorgati se detuvo para hablar con los asistente y confesó ser un gran aficionado del FC Barcelona. A partir de ahí, preguntó varias veces por el marcador del Clásico ante el Real Madrid, que se jugaba en ese mismo momento. Durante unos minutos, el frontman de una banda tunecina fue un culé más entre los asistentes.
“Born to Survive”, de Shehili (2019), devolvió la base tribal al escenario, y “Dance”, del mismo disco, convirtió la Wolf en un coro unánime: el “Dance with me, dance” se escuchó de una punta a otra de la sala. En “Until the End”, Ivett Dudás regresó como voz invitada para asumir la parte que Elize Ryd (Amaranthe) canta en la versión de estudio. Su dueto con Zorgati fue la prueba de la capacidad vocal para deleitar a todos los oídos presentes.
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“The Clown”, firmada por Zorgati junto a Kevin Codfert, aportó la reflexión más íntima de la noche: la de quien muestra una actitud fuerte o feliz mientras por dentro se puede estar roto. Tras “Through the Seasons”, la banda viajó a su pasado con dos temas seguidos del mítico Tales of the Sands (2011), el que da título al disco y “Merciless Times”, recibidos como lo que son: clásicos.
La vuelta a Wilderness of Mirrors con “Still the Dawn Will Come” mostró que el disco nuevo también sabe mirar atrás, porque retoma muchos elementos de sus primeros trabajos. Le siguieron “Edge of the Night” y “No Holding Back”, uno de los sencillos de Shehili, antes de cerrar el primer bloque con “Breathing Near the Roar” y “Soul of My Soul”, ambas del nuevo álbum.
El encore fue breve, pero tuvo algo de síntesis. “Endure the Silence”, de Legacy (2016), rescató a la banda de hace una década. “Les Enfants du Soleil” devolvió la mirada al disco nuevo, y “Believer”, también de Legacy, cerró la noche con un estribillo que sonó a despedida y a promesa al mismo tiempo.
Quien esperaba un recorrido por el legado de Myrath se encontró con otra cosa: una banda volcada en su presente. Nueve de los diez temas de Wilderness of Mirrors sonaron en directo, algo que pocos grupos se atreven a hacer con un disco de apenas siete meses de vida. Y el público lo recibió como si fueran clásicos.
El título del álbum procede de un verso de T. S. Eliot en su poema “Gerontion”: un desierto de espejos, imagen de los engaños de la condición humana. Sobre esa idea, el disco construye un concepto lírico existencialista, marcadamente sociopolítico y psicológico. En directo, esa reflexión se tradujo en algo más sencillo: una banda que se mira a sí misma sin miedo a cambiar.
A todo ello se sumó la actuación de Roses of Thieves, cuya propuesta resultó lo bastante sólida como para seguirlos muy de cerca. Dos bandas, dos tradiciones y una misma lección. Porque un espejo no solo devuelve la imagen de lo que somos: también nos recuerda de dónde venimos.


Por: Israel Ramirez
Hay bandas que buscan su lugar en el metal imitando a quienes llegaron antes. Otras lo encuentran mirando hacia atrás, hacia las melodías de su propia tierra, y llevándolas a un territorio donde nadie las esperaba. Roses of Thieves y Myrath pertenecen a esta segunda categoría, aunque sus raíces estén separadas por todo un mar.
El pasado domingo 25 de octubre, la Sala Wolf de Barcelona reunió ambas propuestas en una misma noche. Por un lado, Roses of Thieves, con el acordeón y el espíritu de taberna del folk celta al servicio del power metal. Por otro, Myrath, con las escalas y los ritmos del norte de África entrelazados con el metal progresivo. Dos caminos distintos hacia un mismo horizonte: convertir sus raíces culturales en una fuerza expresiva plenamente integrada en el lenguaje del metal.
La cita, además, cerraba la gira española de ambas bandas. Myrath llegaba con Wilderness of Mirrors bajo el brazo, un disco que mira hacia dentro y se pregunta por los engaños de la condición humana. Roses of Thieves, por su parte, llegaba presentando Demons Ascend, su segundo álbum. Formada en Budapest en 2023, la banda húngara mezcla folk metal, punk de taberna irlandés y pinceladas de EDM, con el acordeón como seña de identidad. En muy poco tiempo ha pasado de sus primeros conciertos abriendo para Alestorm y Paddy and the Rats a recorrer Europa con dos discos a sus espaldas.
A las 19:45 en punto, Roses of Thieves salió al escenario con más ganas que efectivos. Sin su guitarrista Miklós Kovács ni su violinista Tamás Bárdos, ausentes desde casi la mitad de la gira, la banda se apoyó en Krisztián Varga, guitarrista de Tales of Evening y músico en directo de Thy Catafalque. Un rostro conocido para su vocalista, Ivett Dudás, que comparte con él ese mismo recorrido y se unió a la formación el año pasado.
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La apertura con “Fend off the Dark”, uno de los sencillos de Demons Ascend, dejó claro que venían a presentar su presente. “Be the Captain”, de su debut Gateway to Utopia (2024), recordó de dónde venían, y “Hymn of Hell” trasladó la sala a una época celta en la que la voz de Ivett terminó de envolverlo todo. Un medley con “Once Upon a Time”, “Synonym for Blasphemy” y “The Viceroy” sirvió como resumen apresurado de su todavía corta historia.
“Keep the Night Inside” fue quizá la mejor tarjeta de presentación de la banda: rápida, completa y fiel a su esencia, ese power metal con alma de folk medieval de taberna. Pero el momento más esperado por muchos de los fans de la banda llegó con “Boys (Summertime Love)”. La versión del éxito ochentero de Sabrina conservó su pulso hi-NRG y lo arrastró hacia el EDM y la distorsión, demostrando que un himno de pista de baile también puede sobrevivir con el acordeón por delante.
“Now You’re On”, publicado en septiembre y el primero grabado con la voz de Ivett Dudás, sonó a declaración del presente de la banda. Tras “Taste of Freedom” y “The Last Thing”, “White Wolf” puso el foco en Dominik Hristov, acordeonista y principal cerebro creativo de la banda, el verdadero motor de su identidad.
El cierre con “Not Your Fate”, que también pone el punto final a Demons Ascend, dejó al público animado y a punto para Myrath.
Roses of Thieves demostró que su propuesta no depende de las circunstancias. Habrá que seguir de cerca a esta banda húngara, que tiene todo para dar mucho que hablar en un futuro no muy lejano.
Hubo un tiempo en que a Myrath se le comparaba con Symphony X, cuando sus discos eran laberintos de compases y estructuras imposibles. Wilderness of Mirrors, su séptimo álbum, apuesta en cambio por melodías más directas sin renunciar a la herencia oriental que define su sonido. Esa doble naturaleza marcó toda la noche: temas digeribles y grandes estribillos para el público general, y piezas mucho más complejas para los puristas del progresivo.
Poco antes de las 21:00, “The Funeral” abrió el concierto igual que abre el disco. Sus cánticos tribales y sus elementos africanos desembocaron en una vorágine de sonidos que fue tomando forma progresiva, sostenida por la línea de bajo de Anis Jouini. Un ritual de entrada perfecto para encender la sala.
Y entonces llegó el momento de conexión con el público. Zaher Zorgati se detuvo para hablar con los asistente y confesó ser un gran aficionado del FC Barcelona. A partir de ahí, preguntó varias veces por el marcador del Clásico ante el Real Madrid, que se jugaba en ese mismo momento. Durante unos minutos, el frontman de una banda tunecina fue un culé más entre los asistentes.
“Born to Survive”, de Shehili (2019), devolvió la base tribal al escenario, y “Dance”, del mismo disco, convirtió la Wolf en un coro unánime: el “Dance with me, dance” se escuchó de una punta a otra de la sala. En “Until the End”, Ivett Dudás regresó como voz invitada para asumir la parte que Elize Ryd (Amaranthe) canta en la versión de estudio. Su dueto con Zorgati fue la prueba de la capacidad vocal para deleitar a todos los oídos presentes.
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“The Clown”, firmada por Zorgati junto a Kevin Codfert, aportó la reflexión más íntima de la noche: la de quien muestra una actitud fuerte o feliz mientras por dentro se puede estar roto. Tras “Through the Seasons”, la banda viajó a su pasado con dos temas seguidos del mítico Tales of the Sands (2011), el que da título al disco y “Merciless Times”, recibidos como lo que son: clásicos.
La vuelta a Wilderness of Mirrors con “Still the Dawn Will Come” mostró que el disco nuevo también sabe mirar atrás, porque retoma muchos elementos de sus primeros trabajos. Le siguieron “Edge of the Night” y “No Holding Back”, uno de los sencillos de Shehili, antes de cerrar el primer bloque con “Breathing Near the Roar” y “Soul of My Soul”, ambas del nuevo álbum.
El encore fue breve, pero tuvo algo de síntesis. “Endure the Silence”, de Legacy (2016), rescató a la banda de hace una década. “Les Enfants du Soleil” devolvió la mirada al disco nuevo, y “Believer”, también de Legacy, cerró la noche con un estribillo que sonó a despedida y a promesa al mismo tiempo.
Quien esperaba un recorrido por el legado de Myrath se encontró con otra cosa: una banda volcada en su presente. Nueve de los diez temas de Wilderness of Mirrors sonaron en directo, algo que pocos grupos se atreven a hacer con un disco de apenas siete meses de vida. Y el público lo recibió como si fueran clásicos.
El título del álbum procede de un verso de T. S. Eliot en su poema “Gerontion”: un desierto de espejos, imagen de los engaños de la condición humana. Sobre esa idea, el disco construye un concepto lírico existencialista, marcadamente sociopolítico y psicológico. En directo, esa reflexión se tradujo en algo más sencillo: una banda que se mira a sí misma sin miedo a cambiar.
A todo ello se sumó la actuación de Roses of Thieves, cuya propuesta resultó lo bastante sólida como para seguirlos muy de cerca. Dos bandas, dos tradiciones y una misma lección. Porque un espejo no solo devuelve la imagen de lo que somos: también nos recuerda de dónde venimos.














