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Talco en Barcelona: “Danzad, Danzad, Bandidos”
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La formación italiana Talco está de celebración, son ya veinte años asaltando los escenarios de medio mundo con su agitación festiva y reivindicativa. Para festejarlo han editado un doble álbum en vivo grabado en diversas ciudades, titulado 20th Anniversary, que incluye un corte grabado en su última visita a la sala Apolo, el himno dedicado al Diego, “La Mano de Dios”.

En esta nueva visita, viajamos hasta la sala Paral·lel 62, un recinto que ha cambiado en numerosas ocasiones de nombre, y de fisonomía. Conocida en los ochenta como Studio 54, imitando la célebre sala neoyorquina, y siendo la discoteca barcelonesa más importante de la ciudad en sus años de actividad, entre 1980 y 1994.

Antes de que Talco nos pusiera a mil revoluciones, les precedieron dos grupos locales que también andan festejando sus veinte aniversarios, de igual carácter alegre y festivo, pero quizás no tan intensos como los venecianos. Empezando por Lád Cúig, con su particular mezcolanza de folk irlandés y punk rock, estilo Dropkick Murphys, o The Rumjacks por poner un par de ejemplos, y afincados en Arenys de Munt, en la comarca del Maresme, con tres álbumes en su haber. 

Accedimos a la impresionante Paral·lel 62 con sus palcos y plateas aun medio vacías con la actuación ya iniciada, ya en plena ejecución del tema “D’Allà on Venim”, desde su disco homónimo, Lád Cúig (2024). Cruzaron el umbral del miedo con “Quan era Fosc”, una de su anterior álbum, Desde Dins (2021), y los primeros cánticos contrarios al estado opresor español antes que la gaita de entrada a “El Cel dels Herois”, y previamente a “Poemes de Destrucció” realizan con la ayuda del público en pista, una especie de wall of death, bien resultón. 

Con “El Seu Nom”, “Danny Boy”, y la versión de sus adorados Dropkick Murphys, “Worker’s Song” dieron por concluidos sus cuarenta y cinco minutos, de los que vi poco más de la mitad, a pesar de ello me causaron muy buena impresión en esta primera interacción, en la que contaron con el apoyo del ya numeroso público presente, especialmente en la zona de pista. 

A la segunda formación ya los había visto en vivo alguna que otra vez, habituales en fiestas de Gràcia, Ebri Knight, juego de palabras entre estar ebrio y un caballero medieval, y sonando fonéticamente como every night.

Tremenda celebración de la banda de Argentona, que contó con numerosas colaboraciones a lo largo de su extenso repertorio, que se inició con la grabación del “Grandola Vila Morena”, himno de la revolución de los claveles portuguesa de 1974, seguida por las primeras balas, estilo irlandés con “Pastora”, “Cridarem” entre pogos al grito de Visca la terra, mori el mal govern, frase que clamaban los campesinos catalanes contra el ejército castellano ocupante, y que acabó desencadenando la Guerra dels Segadors (1640-1652), y por el cual Catalunya está partida en dos, repartida entre España y Francia. Le siguió la intensa “Foc” que da título a su disco del 2015 con un incesante golpeo a cargo de la baterista Laia Anglada, impresionante el ritmo que mantuvo durante todo el concierto. 

Tras cantar todos juntos “Per Tu”, puños arriba para interpretar también a un ritmo titánico “El Pueblo Unido” de los chilenos Quilapayún. Se reduce la velocidad en “Rosa de Foc”, mientras que “Sàvia i Rebel” tiene su punto metalero en los riffs de guitarra, entre cantos de P… Espanya, y banderas independistas agitándose entre una multitud que no para de bailar, saltar y cantar junto a la banda algunas canciones recuperadas de su discografía como “Tornaría”, o “Tot Enrere”.

Redoble de batería para volver al sonido folk tradicional de “La Masovera” desde su Tonades de Fa Temps (2011), con rotllana final, que sería la versión catalana de un circle pit al uso. Tras “Temps de Sega” y “La Línea del Front”. Relacionados también con la Guerra Civil, pero ahora en castellano, hicieron “La Voz Dormida”, “Canción del Frente Unido” o “Campesino”. 

El guitarrista Toti Julià, normalmente en la sombra, apareció fugazmente para interpretar la romántica y encantadora “El Camí cap a la Lluna” del álbum de 2013, La Palla va Cara. 

Un pequeño parón, antes de explotar como un trueno con “Carnaval”, “Guerrilla”, y el poema de Miguel Hernández “Vientos del Pueblo” convertido en himno antifascista como alternativa al odio, y que corea toda la sala a capela, las tres desenterradas del álbum Guerrilla (2018). 

Finalizaron con el cantante y guitarrista Arnau Aymerich presentando a la banda, a los técnicos, y especialmente a los que están trabajando en las barras de la sala, antes de finiquitar su actuación con “Viurem Lliures”, que pondría punto final a un directo ejecutado a la perfección, a pesar de los numerosos artistas invitados que fueron entrando y saliendo a lo largo de los cien minutos de directo.

Saltan a la cancha Talco luciendo todos pantalón corto, conjurados en abordar la difícil tarea de mantener el impetuoso ritmo de las dos bandas precedentes, y alborotar un poco más, a un público que lleva en danza unas dos horas. Parece que hay ganas y gasolina, y tanto banda como audiencia suben en intensidad y agresividad desde el tramo inicial a contrarreloj con “Il Tempo”, y esa bomba inteligente que es “L’Odore della Morte”, única pieza extraída de su álbum debut en 2004, Tutti Assolti.

Tras la agitada “Tarantella dell’Ultimo Bandito”, sorprendieron con la inclusión de “Paradise Crew”, previa a la locura futbolera dedicada a Maradona, “La Mano de Dios” con el saxofonista Marco Piccioni señalando a los palcos al grito de Maradó, Maradó. Tremenda sincronización entre Marco, y el trompeta Andrea Barin para saltar y avanzar posiciones al unísono, este último empecinado en mostrar la lengua constantemente a lo largo de los más de noventa minutos de show, bajo la enorme pancarta con la portada de su nuevo álbum en vivo. 

Algo más relajados, pero solo un poco para los cortes “La Carovana”, “Malandia” y “La Sedia Vuota”, hasta llevarnos de nuevo a la locura con “Bella Ciao”, seguida por “A La Pachanka” que da paso a la melódica “La Sombra”, desde su Silent Town (2015), bien acompañada a los coros por una audiencia bien tumultuosa, algo que no veía quizás desde el concierto de retorno de Inadaptats en 2022, y ya retrocediendo en el tiempo, con los míticos bolos de Mano Negra en Zeleste, de los que no cayó ninguna, como sí hicieron en Zaragoza la semana anterior versionando el “Mala Vida”.

Otro de los momentos álgidos de la noche llegó con dos clásicas composiciones del calibre de “Dalla Pallida Mirò” y “La Danza Dell’Autunno Rosa”, en versión original, a pesar de que la tienen también en castellano, impresionantes estos dos himnos con los tifosi catalani cantándola junto a la banda, mientras el batería Nicola Marangon se echaba la melena atrás al tiempo que seguía tocando con la otra mano, poco antes de llegar al desenfrenado ataque epiléptico de “La Roda de la Fortuna”, y una “San Maritan” algo más relajada con la que desaparecieron de escena.

Tras una pequeña introducción entran a muerte con “Onda Immobile”, una pieza muy Mano Negra de su disco de 2018, And the Winner Isn’t, para pasar de nuevo a la velocidad máxima buscando la libertad con “Punta Raisi”, de La Cretina Commedia (2010). Prosiguieron con “Combat Circus”, y unas trepidantes “La Mia Città” y “Ancora” desde Gran Gala (2012). Palmas y saxofón dan pie tanto a “Mazel Tov”, como a la circense “Merlutz”, que me recordó a esos locos de Gogol Bordello, e “Intermondo” cierra el último bloque antes de llegar a los bises. 

Tomasso se dirige a los presentes para explicar que no van a tocar la canción dedicada al equipo de futbol antifascista del barrio de Sankt Pauli en Hamburgo, ya que el club y su afición se ha posicionado en favor del Estado sionista israelí, y la banda se declara claramente pro Palestina, así que van a continuar con una canción que tiene unos veinte años, y titulada “La Tortuga”, desde su Combat Circus (2006). Lo que no dijo el bueno de Tomasso, es que en sus recientes conciertos en Berlín, Munich o Hamburgo si interpretaron “St. Pauli”, que está incluida en este nuevo álbum doble en vivo, siendo el discurso algo contradictorio. Podía haberse limitado a decir que no la tocaban porque aquí en Catalunya, se ha dejado de apoyar al equipo de Hamburgo, y se han disuelto las peñas de supporters que les seguían en la distancia, u organizando viajes para ver al equipo en el Millerntor Stadium.

Antes de olvidarse de ello, Tomasso dio las gracias eternas a todos los presentes emocionado, a los técnicos que les están acompañando, y también tuvo a bien anunciar un próximo disco, y una nueva gira para 2026. Pues eso, un par más para ACABar, “Muro de Plastica” desde el último trabajo en estudio, Videogame (2022), y algarabía general con “La Torre”, ensamblándola a la parte final de “Un’Idea”, y despidiéndose definitivamente con un Moltes Gràcies Barcelona. 

Pues una grata sorpresa me he llevado con esta abrumadora formación veneciana, que con su estilo patchanka ska punk reviven aquellos revolucionarios Mano Negra de los noventa, y su continuación hasta 2009 como Radio Bemba. Lo mismo que con las dos bandas del Maresme, a las que también habrá que seguir de cerca, quizás por veinte años más. 

 

 

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Talco en Barcelona: “Danzad, Danzad, Bandidos”
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La formación italiana Talco está de celebración, son ya veinte años asaltando los escenarios de medio mundo con su agitación festiva y reivindicativa. Para festejarlo han editado un doble álbum en vivo grabado en diversas ciudades, titulado 20th Anniversary, que incluye un corte grabado en su última visita a la sala Apolo, el himno dedicado al Diego, “La Mano de Dios”.

En esta nueva visita, viajamos hasta la sala Paral·lel 62, un recinto que ha cambiado en numerosas ocasiones de nombre, y de fisonomía. Conocida en los ochenta como Studio 54, imitando la célebre sala neoyorquina, y siendo la discoteca barcelonesa más importante de la ciudad en sus años de actividad, entre 1980 y 1994.

Antes de que Talco nos pusiera a mil revoluciones, les precedieron dos grupos locales que también andan festejando sus veinte aniversarios, de igual carácter alegre y festivo, pero quizás no tan intensos como los venecianos. Empezando por Lád Cúig, con su particular mezcolanza de folk irlandés y punk rock, estilo Dropkick Murphys, o The Rumjacks por poner un par de ejemplos, y afincados en Arenys de Munt, en la comarca del Maresme, con tres álbumes en su haber. 

Accedimos a la impresionante Paral·lel 62 con sus palcos y plateas aun medio vacías con la actuación ya iniciada, ya en plena ejecución del tema “D’Allà on Venim”, desde su disco homónimo, Lád Cúig (2024). Cruzaron el umbral del miedo con “Quan era Fosc”, una de su anterior álbum, Desde Dins (2021), y los primeros cánticos contrarios al estado opresor español antes que la gaita de entrada a “El Cel dels Herois”, y previamente a “Poemes de Destrucció” realizan con la ayuda del público en pista, una especie de wall of death, bien resultón. 

Con “El Seu Nom”, “Danny Boy”, y la versión de sus adorados Dropkick Murphys, “Worker’s Song” dieron por concluidos sus cuarenta y cinco minutos, de los que vi poco más de la mitad, a pesar de ello me causaron muy buena impresión en esta primera interacción, en la que contaron con el apoyo del ya numeroso público presente, especialmente en la zona de pista. 

A la segunda formación ya los había visto en vivo alguna que otra vez, habituales en fiestas de Gràcia, Ebri Knight, juego de palabras entre estar ebrio y un caballero medieval, y sonando fonéticamente como every night.

Tremenda celebración de la banda de Argentona, que contó con numerosas colaboraciones a lo largo de su extenso repertorio, que se inició con la grabación del “Grandola Vila Morena”, himno de la revolución de los claveles portuguesa de 1974, seguida por las primeras balas, estilo irlandés con “Pastora”, “Cridarem” entre pogos al grito de Visca la terra, mori el mal govern, frase que clamaban los campesinos catalanes contra el ejército castellano ocupante, y que acabó desencadenando la Guerra dels Segadors (1640-1652), y por el cual Catalunya está partida en dos, repartida entre España y Francia. Le siguió la intensa “Foc” que da título a su disco del 2015 con un incesante golpeo a cargo de la baterista Laia Anglada, impresionante el ritmo que mantuvo durante todo el concierto. 

Tras cantar todos juntos “Per Tu”, puños arriba para interpretar también a un ritmo titánico “El Pueblo Unido” de los chilenos Quilapayún. Se reduce la velocidad en “Rosa de Foc”, mientras que “Sàvia i Rebel” tiene su punto metalero en los riffs de guitarra, entre cantos de P… Espanya, y banderas independistas agitándose entre una multitud que no para de bailar, saltar y cantar junto a la banda algunas canciones recuperadas de su discografía como “Tornaría”, o “Tot Enrere”.

Redoble de batería para volver al sonido folk tradicional de “La Masovera” desde su Tonades de Fa Temps (2011), con rotllana final, que sería la versión catalana de un circle pit al uso. Tras “Temps de Sega” y “La Línea del Front”. Relacionados también con la Guerra Civil, pero ahora en castellano, hicieron “La Voz Dormida”, “Canción del Frente Unido” o “Campesino”. 

El guitarrista Toti Julià, normalmente en la sombra, apareció fugazmente para interpretar la romántica y encantadora “El Camí cap a la Lluna” del álbum de 2013, La Palla va Cara. 

Un pequeño parón, antes de explotar como un trueno con “Carnaval”, “Guerrilla”, y el poema de Miguel Hernández “Vientos del Pueblo” convertido en himno antifascista como alternativa al odio, y que corea toda la sala a capela, las tres desenterradas del álbum Guerrilla (2018). 

Finalizaron con el cantante y guitarrista Arnau Aymerich presentando a la banda, a los técnicos, y especialmente a los que están trabajando en las barras de la sala, antes de finiquitar su actuación con “Viurem Lliures”, que pondría punto final a un directo ejecutado a la perfección, a pesar de los numerosos artistas invitados que fueron entrando y saliendo a lo largo de los cien minutos de directo.

Saltan a la cancha Talco luciendo todos pantalón corto, conjurados en abordar la difícil tarea de mantener el impetuoso ritmo de las dos bandas precedentes, y alborotar un poco más, a un público que lleva en danza unas dos horas. Parece que hay ganas y gasolina, y tanto banda como audiencia suben en intensidad y agresividad desde el tramo inicial a contrarreloj con “Il Tempo”, y esa bomba inteligente que es “L’Odore della Morte”, única pieza extraída de su álbum debut en 2004, Tutti Assolti.

Tras la agitada “Tarantella dell’Ultimo Bandito”, sorprendieron con la inclusión de “Paradise Crew”, previa a la locura futbolera dedicada a Maradona, “La Mano de Dios” con el saxofonista Marco Piccioni señalando a los palcos al grito de Maradó, Maradó. Tremenda sincronización entre Marco, y el trompeta Andrea Barin para saltar y avanzar posiciones al unísono, este último empecinado en mostrar la lengua constantemente a lo largo de los más de noventa minutos de show, bajo la enorme pancarta con la portada de su nuevo álbum en vivo. 

Algo más relajados, pero solo un poco para los cortes “La Carovana”, “Malandia” y “La Sedia Vuota”, hasta llevarnos de nuevo a la locura con “Bella Ciao”, seguida por “A La Pachanka” que da paso a la melódica “La Sombra”, desde su Silent Town (2015), bien acompañada a los coros por una audiencia bien tumultuosa, algo que no veía quizás desde el concierto de retorno de Inadaptats en 2022, y ya retrocediendo en el tiempo, con los míticos bolos de Mano Negra en Zeleste, de los que no cayó ninguna, como sí hicieron en Zaragoza la semana anterior versionando el “Mala Vida”.

Otro de los momentos álgidos de la noche llegó con dos clásicas composiciones del calibre de “Dalla Pallida Mirò” y “La Danza Dell’Autunno Rosa”, en versión original, a pesar de que la tienen también en castellano, impresionantes estos dos himnos con los tifosi catalani cantándola junto a la banda, mientras el batería Nicola Marangon se echaba la melena atrás al tiempo que seguía tocando con la otra mano, poco antes de llegar al desenfrenado ataque epiléptico de “La Roda de la Fortuna”, y una “San Maritan” algo más relajada con la que desaparecieron de escena.

Tras una pequeña introducción entran a muerte con “Onda Immobile”, una pieza muy Mano Negra de su disco de 2018, And the Winner Isn’t, para pasar de nuevo a la velocidad máxima buscando la libertad con “Punta Raisi”, de La Cretina Commedia (2010). Prosiguieron con “Combat Circus”, y unas trepidantes “La Mia Città” y “Ancora” desde Gran Gala (2012). Palmas y saxofón dan pie tanto a “Mazel Tov”, como a la circense “Merlutz”, que me recordó a esos locos de Gogol Bordello, e “Intermondo” cierra el último bloque antes de llegar a los bises. 

Tomasso se dirige a los presentes para explicar que no van a tocar la canción dedicada al equipo de futbol antifascista del barrio de Sankt Pauli en Hamburgo, ya que el club y su afición se ha posicionado en favor del Estado sionista israelí, y la banda se declara claramente pro Palestina, así que van a continuar con una canción que tiene unos veinte años, y titulada “La Tortuga”, desde su Combat Circus (2006). Lo que no dijo el bueno de Tomasso, es que en sus recientes conciertos en Berlín, Munich o Hamburgo si interpretaron “St. Pauli”, que está incluida en este nuevo álbum doble en vivo, siendo el discurso algo contradictorio. Podía haberse limitado a decir que no la tocaban porque aquí en Catalunya, se ha dejado de apoyar al equipo de Hamburgo, y se han disuelto las peñas de supporters que les seguían en la distancia, u organizando viajes para ver al equipo en el Millerntor Stadium.

Antes de olvidarse de ello, Tomasso dio las gracias eternas a todos los presentes emocionado, a los técnicos que les están acompañando, y también tuvo a bien anunciar un próximo disco, y una nueva gira para 2026. Pues eso, un par más para ACABar, “Muro de Plastica” desde el último trabajo en estudio, Videogame (2022), y algarabía general con “La Torre”, ensamblándola a la parte final de “Un’Idea”, y despidiéndose definitivamente con un Moltes Gràcies Barcelona. 

Pues una grata sorpresa me he llevado con esta abrumadora formación veneciana, que con su estilo patchanka ska punk reviven aquellos revolucionarios Mano Negra de los noventa, y su continuación hasta 2009 como Radio Bemba. Lo mismo que con las dos bandas del Maresme, a las que también habrá que seguir de cerca, quizás por veinte años más. 

 

 

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