


All Shall Perish llegaba a su penúltima fecha en Reino Unido con un rotundo “Sold Out” en el Leeds University Union, una señal inequívoca de que la expectación por su regreso seguía intacta. La noche prometía desde el cartel, completado por PeelingFlesh, Vulvodynia y Acranius, un trío de bandas que no solo calentó motores: arrasó con todo lo que se cruzó por delante.
Acranius fueron los primeros en salir y, desde los primeros compases, quedó claro que el público no estaba allí solo para cumplir con el trámite de los teloneros. El ambiente se tensó en segundos y el primer breakdown desató una oleada de crowdkilling que hizo temblar el suelo de la sala como si se tratara de la banda principal. Se notaba que había ganas acumuladas de ver a los alemanes, que respondieron con una ejecución sólida, contundente y sin adornos innecesarios: pura fuerza bruta.
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El turno de Vulvodynia llegaba con un contexto peculiar. La banda aterrizaba en Leeds tras una gira por China y con el anuncio reciente de su nuevo vocalista, Zion Bittenbender, cuya ausencia fue inevitable. Días después de hacerse pública su incorporación —y coincidiendo con el anuncio de su nuevo álbum— Zion tuvo que regresar a Estados Unidos para resolver asuntos legales que afectaban a su imagen. Tras conversaciones internas, todo quedó aclarado, pero la situación añadió cierto halo de incertidumbre al show. Aun así, Vulvodynia salió a demostrar por qué siguen siendo uno de los pilares del slamming moderno. Su set, aunque breve —solo cinco temas—, fue un repaso quirúrgico por su discografía reciente: una canción de cada uno de sus últimos cuatro trabajos, además de “Adamaster” y “Entabeni”, que abrieron un concierto tan corto como demoledor. Cada tema fue recibido con vísceras, empujones y un público totalmente entregado al caos.
PeelingFlesh, en cambio, llegó con el aura de banda más esperada de la noche. Los de Oklahoma pisaban suelo inglés por primera vez y desde la primera nota la reacción del público fue inmediata, casi explosiva. El ambiente pasó de intenso a frenético en cuestión de segundos. “Shot 2 Kill” y “Face Fucked With A Shovel” convirtieron el centro de la sala en una trinchera, mientras que “Beef 5 Layer Assault” incluyó una aparición sorpresa de Markus, vocalista de Acranius, que se lanzó al escenario para hacerse cargo del micrófono y terminar de incendiar al personal. Además, la banda aprovechó para presentar en directo su nuevo EP, recién salido del horno, cuyos temas fueron acogidos con la misma violencia festiva que los clásicos. Fue, sin duda, el punto álgido de la noche en cuanto a descontrol puro.
Y entonces llegó el turno de las leyendas: All Shall Perish. Encabezados por el venezolano Eddie Hermida —también conocido por su papel en Suicide Silence tras el fallecimiento de Mitch Lucker—, los californianos volvían a la capital de Yorkshire trece años después de su mítica aparición en el Ghostfest de 2012. La sensación en la sala era la de un reencuentro largamente esperado. Desde el primer riff, la banda dejó claro que su ausencia de los escenarios no había apagado ni un ápice de su ferocidad.
El set avanzó como un golpe directo al recuerdo, una sucesión de himnos que resonaron como una cápsula del tiempo para quienes añoraban ese deathcore de vieja escuela, frenético y emocional a partes iguales. Cuando sonó “Eradication”, el público respondió con un estallido que sacudió la sala completa: un puñetazo en el pecho, una descarga colectiva. Entre la brutalidad habitual, la banda dejó espacio para pasajes más melódicos donde Hermida desplegó todo su rango vocal, demostrando que sigue siendo uno de los frontmen más versátiles del género.
La sorpresa de la noche llegó con una versión devastadora de “Laid to Rest”, reinterpretada con la crudeza y el músculo de All Shall Perish. La reacción fue inmediata: un moshpit abierto de pared a pared que condensó toda la energía del concierto en unos pocos minutos de caos perfecto. Su actuación se sintió catártica y celebratoria, como si cada breakdown fuese una reafirmación de por qué su nombre sigue siendo tan pesado dentro del deathcore.
Entre nostalgia, técnica, violencia sonora y un público completamente entregado, la noche en Leeds dejó claro que All Shall Perish están más vivos que nunca, y que su legado —tanto dentro como fuera del escenario— sigue tan afilado como la primera vez. Un regreso a la altura de su historia, y una de esas veladas que se quedan grabadas a fuego entre los asistentes.



All Shall Perish llegaba a su penúltima fecha en Reino Unido con un rotundo “Sold Out” en el Leeds University Union, una señal inequívoca de que la expectación por su regreso seguía intacta. La noche prometía desde el cartel, completado por PeelingFlesh, Vulvodynia y Acranius, un trío de bandas que no solo calentó motores: arrasó con todo lo que se cruzó por delante.
Acranius fueron los primeros en salir y, desde los primeros compases, quedó claro que el público no estaba allí solo para cumplir con el trámite de los teloneros. El ambiente se tensó en segundos y el primer breakdown desató una oleada de crowdkilling que hizo temblar el suelo de la sala como si se tratara de la banda principal. Se notaba que había ganas acumuladas de ver a los alemanes, que respondieron con una ejecución sólida, contundente y sin adornos innecesarios: pura fuerza bruta.
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El turno de Vulvodynia llegaba con un contexto peculiar. La banda aterrizaba en Leeds tras una gira por China y con el anuncio reciente de su nuevo vocalista, Zion Bittenbender, cuya ausencia fue inevitable. Días después de hacerse pública su incorporación —y coincidiendo con el anuncio de su nuevo álbum— Zion tuvo que regresar a Estados Unidos para resolver asuntos legales que afectaban a su imagen. Tras conversaciones internas, todo quedó aclarado, pero la situación añadió cierto halo de incertidumbre al show. Aun así, Vulvodynia salió a demostrar por qué siguen siendo uno de los pilares del slamming moderno. Su set, aunque breve —solo cinco temas—, fue un repaso quirúrgico por su discografía reciente: una canción de cada uno de sus últimos cuatro trabajos, además de “Adamaster” y “Entabeni”, que abrieron un concierto tan corto como demoledor. Cada tema fue recibido con vísceras, empujones y un público totalmente entregado al caos.
PeelingFlesh, en cambio, llegó con el aura de banda más esperada de la noche. Los de Oklahoma pisaban suelo inglés por primera vez y desde la primera nota la reacción del público fue inmediata, casi explosiva. El ambiente pasó de intenso a frenético en cuestión de segundos. “Shot 2 Kill” y “Face Fucked With A Shovel” convirtieron el centro de la sala en una trinchera, mientras que “Beef 5 Layer Assault” incluyó una aparición sorpresa de Markus, vocalista de Acranius, que se lanzó al escenario para hacerse cargo del micrófono y terminar de incendiar al personal. Además, la banda aprovechó para presentar en directo su nuevo EP, recién salido del horno, cuyos temas fueron acogidos con la misma violencia festiva que los clásicos. Fue, sin duda, el punto álgido de la noche en cuanto a descontrol puro.
Y entonces llegó el turno de las leyendas: All Shall Perish. Encabezados por el venezolano Eddie Hermida —también conocido por su papel en Suicide Silence tras el fallecimiento de Mitch Lucker—, los californianos volvían a la capital de Yorkshire trece años después de su mítica aparición en el Ghostfest de 2012. La sensación en la sala era la de un reencuentro largamente esperado. Desde el primer riff, la banda dejó claro que su ausencia de los escenarios no había apagado ni un ápice de su ferocidad.
El set avanzó como un golpe directo al recuerdo, una sucesión de himnos que resonaron como una cápsula del tiempo para quienes añoraban ese deathcore de vieja escuela, frenético y emocional a partes iguales. Cuando sonó “Eradication”, el público respondió con un estallido que sacudió la sala completa: un puñetazo en el pecho, una descarga colectiva. Entre la brutalidad habitual, la banda dejó espacio para pasajes más melódicos donde Hermida desplegó todo su rango vocal, demostrando que sigue siendo uno de los frontmen más versátiles del género.
La sorpresa de la noche llegó con una versión devastadora de “Laid to Rest”, reinterpretada con la crudeza y el músculo de All Shall Perish. La reacción fue inmediata: un moshpit abierto de pared a pared que condensó toda la energía del concierto en unos pocos minutos de caos perfecto. Su actuación se sintió catártica y celebratoria, como si cada breakdown fuese una reafirmación de por qué su nombre sigue siendo tan pesado dentro del deathcore.
Entre nostalgia, técnica, violencia sonora y un público completamente entregado, la noche en Leeds dejó claro que All Shall Perish están más vivos que nunca, y que su legado —tanto dentro como fuera del escenario— sigue tan afilado como la primera vez. Un regreso a la altura de su historia, y una de esas veladas que se quedan grabadas a fuego entre los asistentes.
















