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El frío invernal madrileño del pasado 11 de diciembre no fue un impedimento para que los amantes del blues, el rock y el country se reunieran en la sala Mon. Una mezcla de jóvenes y veteranos de estos géneros se acomodaron en el recinto, llenándolo ágilmente hasta casi completar el aforo alrededor de las ocho de la tarde. La atmósfera de expectación culminó con la llegada, perfectamente puntual de los teloneros: Daniel Romano’s Outfit, el proyecto musical de Daniel Romano con el que lanzó el álbum Too Hot to Sleep.
Hablando de outfit, el grupo deslumbró con su estilo retro setentero, que junto a la lona que minutos antes de comenzar colocaron detrás en el escenario, afianzó su estética vintage.
Bajo un aplauso ensordecedor, los acordes de la primera canción de la noche, “Field of Ruins”, tomaron forma, contagiando a los asistentes con una energía desbordante que se mantendría constante durante los cuarenta y nueve minutos que duró el concierto. “Sucking the Old World Dry”, “Impossible Green” y “Green Eye Shadow” hicieron que Daniel, con su carisma, se metiera al público en el bolsillo, mientras que el resto de la banda, compuesta por Carson MacHone (cantante), Tommy Major (bajo) e Ian Romano (batería), lo acompañaba con una precisión y pasión que hacia notar la buena compenetración del cuarteto.
No tardaron en presentar su último (y primer) trabajo como equipo, Too Hot to Sleep, con “Where’s Paradise” y “State of Nature”, cuyos sonidos rockeros retumbaron en la sala, haciendo que hasta el más renegado de los asistentes al menos moviera un pie al son de la música.
Carson tuvo oportunidad de deslumbrar con esa envolvente y profunda voz interpretando su propia canción “Downhill” acogida con cariño por el público madrileño, Tommy tampoco se quedó a atrás cantando “Fire Breather”. Para sentenciar su actuación por todo lo alto, el grupo tocó “Empty Husk” cediendo así el escenario a sus compañeros entre aplausos y gritos de admiración.
Por fin, a las nueve en punto, llegó la hora de “tomarse la pasilla”. Los primeros en aparecer en escena fueron el guitarrista Zack Anderson, el bajista Kristoffer Schander y el batería André Kvarnström. En cuanto Elin entró corriendo de un lado al otro del escenario (un movimiento que mantendría hasta el final del show) pudimos notar el efecto de la “dosis” con los primeros acordes de la enérgica canción “Birthday”. Su pantalón verde, junto con el clásico estampado en el bombo de la batería con el nombre de la banda fueron los únicos puntos visualmente atractivos del show.
Los aires funkys de “Bad Choices” con su repetitivo pero hipnótico riff mantuvo al público entregado hasta llegar a “Don’t You Love It” presentado por un retumbante bajo que acompañado de la poderosa voz de Elin desembocó en un estribillo pegadizo.
Pero abusar no es bueno y con esa idea como bandera llegó el turno de la famosa balada dedicada al hijo de la cantante “Top of the Sky” atemperando sutilmente el entusiasmo desenfrenado y relajando al público, envolviéndolo en un suave abrazo vocal.
Llegó el momento de los agradecimientos, tanto para los teloneros como para esos fieles fans que acompañan a la banda desde su primera aparición en el país en una gira de la mano de Airbourne dedicándole su clásico tema soul titulado “Bliss” y dejando así entrada a un viaje en el tiempo con dos canciones del album Holy Moly. En primer lugar y conectando con el público femenino de la sala, aparece “Proud Woman” y su envolvente estilo soul. “Low Road ” es la segunda representante del disco con ese corte cañero mas rockero y furioso protagonizado por las guitarras.
Elin se mueve por el escenario con total naturalidad, mientras conecta con los asistentes haciendo contacto visual constante invitándonos así a acompañarla vocalmente en este viaje musical a través de “Like a Drug” con su ritmo envolvente que va creciendo a fuego lento junto a la agudeza vocal de la pieza.
Llega el turno de “Piggyback ride” y esos llamativos riffs, un bajo potente y una melodía pegadiza que consolida finalmente la calidad del último disco, defendiéndolo con clase.
Pero el concierto no podía acabar sin la presencia de los clásicos, con Elin y su pandereta en “High Class Woman”. “Ain’t no Change” provocó que la melena rubia de nuestra cantante diese vueltas sin cesar para terminar dando pie a otro de esos momentos íntimos y haciéndole confesar en ese ambiente tan cercano que solo las pequeñas salas logran construir lo que vivió con su mejor amiga y la muerte de los padres de ésta sin que pudiera apoyarla personalmente, dedicando con esto la canción ”Little Sun” a esas despedidas dolorosas con un toque esperanzador.
Antes del bis, un breve alegato feminista a través de otra anécdota, esta vez relacionada con su hijo y su confesión de que el pequeño va de gira con ella por fin da pie a un mini resumen de los tres discos presentados en el show. Primero llega la balada con ese toque emocional pesado “I Don’t Want To Get Back To That Horse Again”. “Holy Moly” se decanta por “Bye Bye Birdy” donde la rubia decide desinhibirse completamente y saltar del escenario para reunirse con su público y animar hasta al más tímido a bailar y cantar con ella paseándose por toda la sala. Finalmente, en el clásico “Devil Man” del último disco Elin hace alarde de su impresionante registro vocal, creando la catarsis perfecta para el fin del viaje musical y dejando a los asistentes con una resaca emocional y la necesidad de más consumo de esa “pastilla” llamada Blues Pills.
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El frío invernal madrileño del pasado 11 de diciembre no fue un impedimento para que los amantes del blues, el rock y el country se reunieran en la sala Mon. Una mezcla de jóvenes y veteranos de estos géneros se acomodaron en el recinto, llenándolo ágilmente hasta casi completar el aforo alrededor de las ocho de la tarde. La atmósfera de expectación culminó con la llegada, perfectamente puntual de los teloneros: Daniel Romano’s Outfit, el proyecto musical de Daniel Romano con el que lanzó el álbum Too Hot to Sleep.
Hablando de outfit, el grupo deslumbró con su estilo retro setentero, que junto a la lona que minutos antes de comenzar colocaron detrás en el escenario, afianzó su estética vintage.
Bajo un aplauso ensordecedor, los acordes de la primera canción de la noche, “Field of Ruins”, tomaron forma, contagiando a los asistentes con una energía desbordante que se mantendría constante durante los cuarenta y nueve minutos que duró el concierto. “Sucking the Old World Dry”, “Impossible Green” y “Green Eye Shadow” hicieron que Daniel, con su carisma, se metiera al público en el bolsillo, mientras que el resto de la banda, compuesta por Carson MacHone (cantante), Tommy Major (bajo) e Ian Romano (batería), lo acompañaba con una precisión y pasión que hacia notar la buena compenetración del cuarteto.
No tardaron en presentar su último (y primer) trabajo como equipo, Too Hot to Sleep, con “Where’s Paradise” y “State of Nature”, cuyos sonidos rockeros retumbaron en la sala, haciendo que hasta el más renegado de los asistentes al menos moviera un pie al son de la música.
Carson tuvo oportunidad de deslumbrar con esa envolvente y profunda voz interpretando su propia canción “Downhill” acogida con cariño por el público madrileño, Tommy tampoco se quedó a atrás cantando “Fire Breather”. Para sentenciar su actuación por todo lo alto, el grupo tocó “Empty Husk” cediendo así el escenario a sus compañeros entre aplausos y gritos de admiración.
Por fin, a las nueve en punto, llegó la hora de “tomarse la pasilla”. Los primeros en aparecer en escena fueron el guitarrista Zack Anderson, el bajista Kristoffer Schander y el batería André Kvarnström. En cuanto Elin entró corriendo de un lado al otro del escenario (un movimiento que mantendría hasta el final del show) pudimos notar el efecto de la “dosis” con los primeros acordes de la enérgica canción “Birthday”. Su pantalón verde, junto con el clásico estampado en el bombo de la batería con el nombre de la banda fueron los únicos puntos visualmente atractivos del show.
Los aires funkys de “Bad Choices” con su repetitivo pero hipnótico riff mantuvo al público entregado hasta llegar a “Don’t You Love It” presentado por un retumbante bajo que acompañado de la poderosa voz de Elin desembocó en un estribillo pegadizo.
Pero abusar no es bueno y con esa idea como bandera llegó el turno de la famosa balada dedicada al hijo de la cantante “Top of the Sky” atemperando sutilmente el entusiasmo desenfrenado y relajando al público, envolviéndolo en un suave abrazo vocal.
Llegó el momento de los agradecimientos, tanto para los teloneros como para esos fieles fans que acompañan a la banda desde su primera aparición en el país en una gira de la mano de Airbourne dedicándole su clásico tema soul titulado “Bliss” y dejando así entrada a un viaje en el tiempo con dos canciones del album Holy Moly. En primer lugar y conectando con el público femenino de la sala, aparece “Proud Woman” y su envolvente estilo soul. “Low Road ” es la segunda representante del disco con ese corte cañero mas rockero y furioso protagonizado por las guitarras.
Elin se mueve por el escenario con total naturalidad, mientras conecta con los asistentes haciendo contacto visual constante invitándonos así a acompañarla vocalmente en este viaje musical a través de “Like a Drug” con su ritmo envolvente que va creciendo a fuego lento junto a la agudeza vocal de la pieza.
Llega el turno de “Piggyback ride” y esos llamativos riffs, un bajo potente y una melodía pegadiza que consolida finalmente la calidad del último disco, defendiéndolo con clase.
Pero el concierto no podía acabar sin la presencia de los clásicos, con Elin y su pandereta en “High Class Woman”. “Ain’t no Change” provocó que la melena rubia de nuestra cantante diese vueltas sin cesar para terminar dando pie a otro de esos momentos íntimos y haciéndole confesar en ese ambiente tan cercano que solo las pequeñas salas logran construir lo que vivió con su mejor amiga y la muerte de los padres de ésta sin que pudiera apoyarla personalmente, dedicando con esto la canción ”Little Sun” a esas despedidas dolorosas con un toque esperanzador.
Antes del bis, un breve alegato feminista a través de otra anécdota, esta vez relacionada con su hijo y su confesión de que el pequeño va de gira con ella por fin da pie a un mini resumen de los tres discos presentados en el show. Primero llega la balada con ese toque emocional pesado “I Don’t Want To Get Back To That Horse Again”. “Holy Moly” se decanta por “Bye Bye Birdy” donde la rubia decide desinhibirse completamente y saltar del escenario para reunirse con su público y animar hasta al más tímido a bailar y cantar con ella paseándose por toda la sala. Finalmente, en el clásico “Devil Man” del último disco Elin hace alarde de su impresionante registro vocal, creando la catarsis perfecta para el fin del viaje musical y dejando a los asistentes con una resaca emocional y la necesidad de más consumo de esa “pastilla” llamada Blues Pills.