


El segundo día para nosotros en el Brutal Assaul, tercero oficialmente dentro de la programación del festival si contamos la pre-party a la que no asistimos, comenzaba con las pilas algo más cargadas. La jornada anterior había terminado antes de tiempo después de un viaje prácticamente sin dormir y de una temperatura que hizo especialmente duro el primer día dentro de la fortaleza de Josefov. Con algo más de descanso, aunque el calor checo seguía apretando con fuerza, tocaba afrontar una jornada cargada de nombres interesantes y con varios conciertos que terminarían
convirtiéndose en algunas de las sorpresas de esta edición.
A las 14:20 llegaba uno de los comienzos más particulares que podíamos imaginar con Hocico. Los mexicanos llevaron su electro-industrial al escenario Sea Shepherd para ofrecer un concierto completamente bailable bajo un sol que no daba demasiada tregua. Entre ritmos electrónicos, bases industriales y la energía de Erk Aicrag, Hocico consiguió que el calor pasara a un segundo plano durante un rato. Un gran comienzo de jornada y una demostración de que el Brutal Assault también sabe salirse del metal más convencional para dar espacio a propuestas como la de los mexicanos.
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Después era el turno de Kittie, una banda que sigue viviendo un importante regreso a los escenarios europeos y que llegaba con Fire, su primer álbum de estudio en más de una década. Las canadienses, lideradas por las hermanas Morgan y Mercedes Lander, siguen manteniendo ese sonido que las convirtió en uno de los nombres más reconocibles de la explosión del nu metal de comienzos de siglo. El concierto sirvió para comprobar que su regreso no se sostiene únicamente en la nostalgia y que siguen siendo capaces de defender un repertorio pesado y directo ante un público que respondió desde el principio.
El listón subió considerablemente con Bleed From Within. Venía de ver a los escoceses en el Resurrection Fest y, sinceramente, allí me parecieron uno de los mejores conciertos de toda la edición de 2026. En Jaroměř volvieron a gustarme mucho, aunque esta vez no alcanzaron aquel nivel. Eso no significa que el concierto fuese malo, ni mucho menos. Bleed From Within están en un gran momento, con Scott Kennedy al frente de una formación que ha ido creciendo de manera
constante durante los últimos años y que continúa defendiendo el material de Zenith. Su evolución es evidente y la sensación, una vez más, es que cada vez se les queda más pequeño el espacio que ocupan en los festivales.
Sin demasiado tiempo para descansar llegaba Thy Art Is Murder. A estas alturas ya resulta difícil llevar la cuenta de las veces que he visto a los australianos y de los cambios que ha experimentado la formación, especialmente en la voz. Tras la salida de CJ McMahon, Tyler Miller asumió el puesto de vocalista y volvió a demostrar que la maquinaria funciona sin perder demasiada fuerza por el camino. En el escenario Marshall ofrecieron un concierto muy sólido, con esa contundencia habitual y un público que respondió bien a uno de los nombres más reconocibles del deathcore actual. Un muy buen show de una banda que, independientemente de sus cambios internos, sigue funcionando especialmente bien en directo.
Una de las grandes sorpresas de la jornada llegó con Waltari. Reconozco que no conocía prácticamente nada de ellos antes de llegar al festival, así que el concierto fue una de esas oportunidades que aparecen cuando uno decide acercarse a una banda sin expectativas previas. La propuesta de los finlandeses fue diferente a prácticamente todo lo que habíamos visto hasta ese momento y, además, congregaron a una cantidad importante de público. Su mezcla de estilos y la personalidad de una banda con una trayectoria tan larga hicieron que terminara siendo uno de esos conciertos inesperados que justifican perderse entre los horarios de un festival.
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Después llegaba Septicflesh, un nombre al que ya he visto en numerosas ocasiones en diferentes festivales, pero que sigue siendo una apuesta segura. Los griegos llevan décadas construyendo una identidad muy reconocible dentro del death metal sinfónico y volvieron a demostrarlo con un concierto potente y efectivo. Con Spiros Antoniou al frente, Septicflesh no necesitaron reinventar nada para cumplir con lo esperado: contundencia, arreglos orquestales y una puesta en escena perfectamente adaptada a un escenario de festival. Un clásico dentro de este tipo de carteles y otro buen concierto de una banda que rara vez falla.
A continuación tocaba tomar una decisión. Por un lado estaban Body Count, con Ice-T al mando, pero las restricciones para los fotógrafos volvieron a convertirse en un problema y la mayoría no tuvimos la oportunidad de realizar nuestro trabajo. Ante esa situación preferí marcharme al Obscure Stage para ver a Draconian, una banda que ya había disfrutado el año anterior en Rockstadt. Los suecos volvieron a ofrecer ese doom gótico tan característico, con las voces de Anders Jacobsson y Heike Langhans construyendo uno de los contrastes más reconocibles de la banda. No era mi
primera vez con ellos, pero sí una buena oportunidad para volver a disfrutar de un concierto mucho más tranquilo después de varias horas de intensidad constante.
Me quedé en el Obscure Stage para continuar con Deicide, una banda que, curiosamente, creo que veía por primera vez. La elección tampoco fue demasiado complicada porque al otro lado estaban Amorphis, un grupo al que ya había visto anteriormente y que en ese momento no despertaba demasiado mi interés. Así que la oportunidad de ver por fin a Glen Benton y compañía pesó más. Los estadounidenses son una institución del death metal y su concierto permitió disfrutar de una banda que lleva más de tres décadas defendiendo uno de los sonidos más reconocibles del género. Entre clásicos y material de diferentes etapas, Deicide ofrecieron exactamente lo que uno esperaba encontrar: velocidad, agresividad y cero concesiones.
La última banda de mi día sería Carpenter Brut. Y, aunque para los fotógrafos fueron horrendos por las condiciones del concierto, lo cierto es que el espectáculo fue una auténtica maravilla. Franck Hueso y su proyecto volvieron a demostrar que el synthwave también puede tener un espacio privilegiado en un festival de metal, especialmente cuando la propuesta visual y sonora alcanza este nivel. El juego de luces, la puesta en escena y la fuerza de las canciones hicieron que fuera un cierre perfecto para mi jornada, aunque oficialmente todavía quedaran conciertos importantes por delante.
Después todavía llegaba el turno de Alcest, pero nuevamente aparecieron las restricciones para los fotógrafos. Es algo que cada vez me cuesta más entender: bandas que durante años han tocado en horarios mucho más modestos y en escenarios de festivales sin ningún problema con la prensa gráfica, pero que cuando empiezan a ocupar posiciones más altas en los carteles parecen volverse excesivamente exquisitas con este tema. Ante la negativa y sabiendo que durante los dos últimos días tendría que volver a levantarme temprano para aprovechar el festival, decidí no quedarme. Con el cansancio todavía acumulado del viaje y dos jornadas completas por delante, lo más inteligente era regresar a descansar y guardar fuerzas para todo lo que todavía quedaba por vivir en la fortaleza de Josefov.



El segundo día para nosotros en el Brutal Assaul, tercero oficialmente dentro de la programación del festival si contamos la pre-party a la que no asistimos, comenzaba con las pilas algo más cargadas. La jornada anterior había terminado antes de tiempo después de un viaje prácticamente sin dormir y de una temperatura que hizo especialmente duro el primer día dentro de la fortaleza de Josefov. Con algo más de descanso, aunque el calor checo seguía apretando con fuerza, tocaba afrontar una jornada cargada de nombres interesantes y con varios conciertos que terminarían
convirtiéndose en algunas de las sorpresas de esta edición.
A las 14:20 llegaba uno de los comienzos más particulares que podíamos imaginar con Hocico. Los mexicanos llevaron su electro-industrial al escenario Sea Shepherd para ofrecer un concierto completamente bailable bajo un sol que no daba demasiada tregua. Entre ritmos electrónicos, bases industriales y la energía de Erk Aicrag, Hocico consiguió que el calor pasara a un segundo plano durante un rato. Un gran comienzo de jornada y una demostración de que el Brutal Assault también sabe salirse del metal más convencional para dar espacio a propuestas como la de los mexicanos.
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Después era el turno de Kittie, una banda que sigue viviendo un importante regreso a los escenarios europeos y que llegaba con Fire, su primer álbum de estudio en más de una década. Las canadienses, lideradas por las hermanas Morgan y Mercedes Lander, siguen manteniendo ese sonido que las convirtió en uno de los nombres más reconocibles de la explosión del nu metal de comienzos de siglo. El concierto sirvió para comprobar que su regreso no se sostiene únicamente en la nostalgia y que siguen siendo capaces de defender un repertorio pesado y directo ante un público que respondió desde el principio.
El listón subió considerablemente con Bleed From Within. Venía de ver a los escoceses en el Resurrection Fest y, sinceramente, allí me parecieron uno de los mejores conciertos de toda la edición de 2026. En Jaroměř volvieron a gustarme mucho, aunque esta vez no alcanzaron aquel nivel. Eso no significa que el concierto fuese malo, ni mucho menos. Bleed From Within están en un gran momento, con Scott Kennedy al frente de una formación que ha ido creciendo de manera
constante durante los últimos años y que continúa defendiendo el material de Zenith. Su evolución es evidente y la sensación, una vez más, es que cada vez se les queda más pequeño el espacio que ocupan en los festivales.
Sin demasiado tiempo para descansar llegaba Thy Art Is Murder. A estas alturas ya resulta difícil llevar la cuenta de las veces que he visto a los australianos y de los cambios que ha experimentado la formación, especialmente en la voz. Tras la salida de CJ McMahon, Tyler Miller asumió el puesto de vocalista y volvió a demostrar que la maquinaria funciona sin perder demasiada fuerza por el camino. En el escenario Marshall ofrecieron un concierto muy sólido, con esa contundencia habitual y un público que respondió bien a uno de los nombres más reconocibles del deathcore actual. Un muy buen show de una banda que, independientemente de sus cambios internos, sigue funcionando especialmente bien en directo.
Una de las grandes sorpresas de la jornada llegó con Waltari. Reconozco que no conocía prácticamente nada de ellos antes de llegar al festival, así que el concierto fue una de esas oportunidades que aparecen cuando uno decide acercarse a una banda sin expectativas previas. La propuesta de los finlandeses fue diferente a prácticamente todo lo que habíamos visto hasta ese momento y, además, congregaron a una cantidad importante de público. Su mezcla de estilos y la personalidad de una banda con una trayectoria tan larga hicieron que terminara siendo uno de esos conciertos inesperados que justifican perderse entre los horarios de un festival.
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Después llegaba Septicflesh, un nombre al que ya he visto en numerosas ocasiones en diferentes festivales, pero que sigue siendo una apuesta segura. Los griegos llevan décadas construyendo una identidad muy reconocible dentro del death metal sinfónico y volvieron a demostrarlo con un concierto potente y efectivo. Con Spiros Antoniou al frente, Septicflesh no necesitaron reinventar nada para cumplir con lo esperado: contundencia, arreglos orquestales y una puesta en escena perfectamente adaptada a un escenario de festival. Un clásico dentro de este tipo de carteles y otro buen concierto de una banda que rara vez falla.
A continuación tocaba tomar una decisión. Por un lado estaban Body Count, con Ice-T al mando, pero las restricciones para los fotógrafos volvieron a convertirse en un problema y la mayoría no tuvimos la oportunidad de realizar nuestro trabajo. Ante esa situación preferí marcharme al Obscure Stage para ver a Draconian, una banda que ya había disfrutado el año anterior en Rockstadt. Los suecos volvieron a ofrecer ese doom gótico tan característico, con las voces de Anders Jacobsson y Heike Langhans construyendo uno de los contrastes más reconocibles de la banda. No era mi
primera vez con ellos, pero sí una buena oportunidad para volver a disfrutar de un concierto mucho más tranquilo después de varias horas de intensidad constante.
Me quedé en el Obscure Stage para continuar con Deicide, una banda que, curiosamente, creo que veía por primera vez. La elección tampoco fue demasiado complicada porque al otro lado estaban Amorphis, un grupo al que ya había visto anteriormente y que en ese momento no despertaba demasiado mi interés. Así que la oportunidad de ver por fin a Glen Benton y compañía pesó más. Los estadounidenses son una institución del death metal y su concierto permitió disfrutar de una banda que lleva más de tres décadas defendiendo uno de los sonidos más reconocibles del género. Entre clásicos y material de diferentes etapas, Deicide ofrecieron exactamente lo que uno esperaba encontrar: velocidad, agresividad y cero concesiones.
La última banda de mi día sería Carpenter Brut. Y, aunque para los fotógrafos fueron horrendos por las condiciones del concierto, lo cierto es que el espectáculo fue una auténtica maravilla. Franck Hueso y su proyecto volvieron a demostrar que el synthwave también puede tener un espacio privilegiado en un festival de metal, especialmente cuando la propuesta visual y sonora alcanza este nivel. El juego de luces, la puesta en escena y la fuerza de las canciones hicieron que fuera un cierre perfecto para mi jornada, aunque oficialmente todavía quedaran conciertos importantes por delante.
Después todavía llegaba el turno de Alcest, pero nuevamente aparecieron las restricciones para los fotógrafos. Es algo que cada vez me cuesta más entender: bandas que durante años han tocado en horarios mucho más modestos y en escenarios de festivales sin ningún problema con la prensa gráfica, pero que cuando empiezan a ocupar posiciones más altas en los carteles parecen volverse excesivamente exquisitas con este tema. Ante la negativa y sabiendo que durante los dos últimos días tendría que volver a levantarme temprano para aprovechar el festival, decidí no quedarme. Con el cansancio todavía acumulado del viaje y dos jornadas completas por delante, lo más inteligente era regresar a descansar y guardar fuerzas para todo lo que todavía quedaba por vivir en la fortaleza de Josefov.





































