


En esta nueva edición del festival metalero más importante de Dinamarca nos encontramos con una jornada veraniega de puro calor. Así arrancó este festival del infierno, un espacio reservado solo para los más osados que se animan a adentrarse en esta locura musical.
Este festival no solo se destaca por la variedad de artistas de amplia trayectoria dentro de la escena, sino también por su propuesta gastronómica y la gran oferta de indumentaria, parches y accesorios que todo metalero sueña con tener alguna vez en la vida. Eso sí, a precios elevados, solo aptos para bolsillos generosos.
Entre otras opciones nos encontramos con un sector denominado “CON”, donde se venden cómics, juegos de mesa y se puede disfrutar de videojuegos, además de asistir a conferencias y entrevistas con artistas del metal. Un espacio ideal para hacer un alto en el camino, tomar un respiro del sol abrasador del desierto de cemento y escapar por un momento del volumen ensordecedor.
En esta primera jornada comenzamos el día con Thrown, una banda sueca de hardcore brutal y combativo. El sonido fue imponente desde el primer minuto, con breakdowns, voces guturales y mucho movimiento, tanto arriba como abajo del escenario. La banda tiene una particularidad: no cuenta con bajista, pero sí con dos guitarristas que descargan una pared de distorsión con una potencia demoledora. Una gran manera de arrancar el día con una banda que viene creciendo a pasos agigantados dentro de la escena.
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En el mismo escenario, un rato más tarde, hizo su aparición Loathe. Este cuarteto británico, que mezcla metalcore y shoegaze, hizo vibrar el escenario Pandæmonium con una atmósfera brutal e intensa en cada uno de sus pasajes. El público conectó de inmediato con la actitud de los músicos sobre las tablas.
Si lo anterior ya nos había parecido destacado, debemos mencionar que quedamos encantados con Faetooth, una banda que nos resultó sumamente interesante desde lo musical y que en vivo contagia una energía impresionante. Con muy pocos recursos logra muchísimo, y eso se aprecia aún más sobre el escenario. Este power trío integrado por mujeres propone un doom con influencias de shoegaze, riffs cargados de fuzz y una atmósfera intensa de oscuridad y magia negra. Hubo mucho headbanging y el público salió maravillado del escenario Gehenna. Sin dudas, una de las grandes sorpresas de la jornada y una banda totalmente recomendable.
Más tarde nos fuimos corriendo a ver al primer peso pesado de la tarde: Suicidal Tendencies. La banda californiana, que viene arrasando escenarios desde los años 80 con su hardcore explosivo, ofreció un show demoledor con clásicos como “You Can’t Bring Me Down”, “Send Me Your Money” y “War Inside My Head”.
El recibimiento del público fue espectacular y respondió con intensos mosh pits y stage diving. Sobre el final del show llegó uno de esos momentos típicos de las bandas de hardcore: invitar a la gente a subir al escenario. Fue durante “Pledge Your Allegiance”, cuando un verdadero mar de personas terminó saltando y vibrando junto a la banda.
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Nuestra siguiente parada fue el escenario principal, donde llegamos justo a tiempo para presenciar al headliner de la noche: Iron Maiden. La banda británica, que ya suma cinco décadas de trayectoria y prácticamente no necesita presentación, apareció en escena con la puntualidad inglesa de siempre para abrir con “Murders in the Rue Morgue”.
El grupo se mostró perfectamente acoplado con su nuevo baterista y volvió a ofrecer un espectáculo impactante y de altísimo nivel, como tiene acostumbrados a todos los fanáticos del heavy metal. La voz de Bruce Dickinson estuvo muy afinada, salvo en algunas notas agudas donde se notó el desgaste lógico del paso del tiempo. Pero, ¿qué más se le puede exigir a uno de los mejores frontman de la historia?
La banda interpretó clásicos como “The Number of the Beast”, “2 Minutes to Midnight” y “Run to the Hills”, entre muchos otros, para el deleite de todos los presentes. En esta oportunidad no hubo demasiados cambios de escenografía, aunque sí varios cambios de vestuario por parte de Bruce Dickinson entre canción y canción.
El grupo sonó ajustado y preciso en cada ejecución, mientras que la respuesta del público fue impresionante, coreando cada estribillo con una emoción contagiosa.
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Luego del headliner principal llegó el turno de Mastodon, una banda que fluctúa entre la descarga de violencia más intensa y la calma que aportan las voces melódicas, muchas veces provenientes de la batería. En esta ocasión pudimos disfrutar de canciones como “The Motherload” y “Crack the Skye”, además de ver en acción al nuevo guitarrista Nick Johnston, quien reemplazó con gran nivel al histórico Brent Hinds. También hay que mencionar la incorporación de João Nogueira, encargado de los teclados, aportando un elemento adicional al clásico cuarteto.
El conjunto sonó realmente sólido con estos nuevos integrantes. Los cambios aportaron una frescura interesante y, además, pudimos presenciar por primera vez la interpretación en vivo de “Your Ghost Again”, tema dedicado al recientemente fallecido Brent Hinds.
El final de la noche se acercaba y ya podía sentirse en el ambiente. La gente permanecía inmersa en su propio mundo mientras la música comenzaba a apagarse lentamente, dándonos el pie necesario para emprender la retirada y prepararnos, una vez más, para otro día repleto de música, colores y brebajes mágicos.




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Este festival no solo se destaca por la variedad de artistas de amplia trayectoria dentro de la escena, sino también por su propuesta gastronómica y la gran oferta de indumentaria, parches y accesorios que todo metalero sueña con tener alguna vez en la vida. Eso sí, a precios elevados, solo aptos para bolsillos generosos.
Entre otras opciones nos encontramos con un sector denominado “CON”, donde se venden cómics, juegos de mesa y se puede disfrutar de videojuegos, además de asistir a conferencias y entrevistas con artistas del metal. Un espacio ideal para hacer un alto en el camino, tomar un respiro del sol abrasador del desierto de cemento y escapar por un momento del volumen ensordecedor.
En esta primera jornada comenzamos el día con Thrown, una banda sueca de hardcore brutal y combativo. El sonido fue imponente desde el primer minuto, con breakdowns, voces guturales y mucho movimiento, tanto arriba como abajo del escenario. La banda tiene una particularidad: no cuenta con bajista, pero sí con dos guitarristas que descargan una pared de distorsión con una potencia demoledora. Una gran manera de arrancar el día con una banda que viene creciendo a pasos agigantados dentro de la escena.
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Si lo anterior ya nos había parecido destacado, debemos mencionar que quedamos encantados con Faetooth, una banda que nos resultó sumamente interesante desde lo musical y que en vivo contagia una energía impresionante. Con muy pocos recursos logra muchísimo, y eso se aprecia aún más sobre el escenario. Este power trío integrado por mujeres propone un doom con influencias de shoegaze, riffs cargados de fuzz y una atmósfera intensa de oscuridad y magia negra. Hubo mucho headbanging y el público salió maravillado del escenario Gehenna. Sin dudas, una de las grandes sorpresas de la jornada y una banda totalmente recomendable.
Más tarde nos fuimos corriendo a ver al primer peso pesado de la tarde: Suicidal Tendencies. La banda californiana, que viene arrasando escenarios desde los años 80 con su hardcore explosivo, ofreció un show demoledor con clásicos como “You Can’t Bring Me Down”, “Send Me Your Money” y “War Inside My Head”.
El recibimiento del público fue espectacular y respondió con intensos mosh pits y stage diving. Sobre el final del show llegó uno de esos momentos típicos de las bandas de hardcore: invitar a la gente a subir al escenario. Fue durante “Pledge Your Allegiance”, cuando un verdadero mar de personas terminó saltando y vibrando junto a la banda.
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El grupo se mostró perfectamente acoplado con su nuevo baterista y volvió a ofrecer un espectáculo impactante y de altísimo nivel, como tiene acostumbrados a todos los fanáticos del heavy metal. La voz de Bruce Dickinson estuvo muy afinada, salvo en algunas notas agudas donde se notó el desgaste lógico del paso del tiempo. Pero, ¿qué más se le puede exigir a uno de los mejores frontman de la historia?
La banda interpretó clásicos como “The Number of the Beast”, “2 Minutes to Midnight” y “Run to the Hills”, entre muchos otros, para el deleite de todos los presentes. En esta oportunidad no hubo demasiados cambios de escenografía, aunque sí varios cambios de vestuario por parte de Bruce Dickinson entre canción y canción.
El grupo sonó ajustado y preciso en cada ejecución, mientras que la respuesta del público fue impresionante, coreando cada estribillo con una emoción contagiosa.
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El conjunto sonó realmente sólido con estos nuevos integrantes. Los cambios aportaron una frescura interesante y, además, pudimos presenciar por primera vez la interpretación en vivo de “Your Ghost Again”, tema dedicado al recientemente fallecido Brent Hinds.
El final de la noche se acercaba y ya podía sentirse en el ambiente. La gente permanecía inmersa en su propio mundo mientras la música comenzaba a apagarse lentamente, dándonos el pie necesario para emprender la retirada y prepararnos, una vez más, para otro día repleto de música, colores y brebajes mágicos.








































