

La emblemática banda británica de black/extreme metal Cradle of Filth atraviesa una de sus mayores crisis internas en años. En medio de su gira latinoamericana, la tecladista y vocalista de apoyo Zoe Marie Federoff anunció su salida repentina de la agrupación, alegando motivos personales. Poco después, su esposo y guitarrista de la banda, Marek “Ashok” Šmerda, declaró públicamente que también dejaría el proyecto al concluir la gira, aunque el líder Dani Filth decidió despedirlo de inmediato.
Ambos músicos denunciaron bajos salarios, incumplimientos de pago y un ambiente tóxico, publicando extractos del contrato que la administración de la banda les ofreció. Estas declaraciones han desatado un intenso debate en la prensa especializada y en la comunidad metalera internacional sobre las condiciones laborales en proyectos de alto perfil del metal extremo.
El contrato bajo la lupa
Se han revelado cosas importantes: Zoe Marie pone en manifiesto que los montos sujetos al contrato (y cabe aclarar que parte de la querella es relacionada a la retención de pagos y promesas no cumplidas por parte del management) no son suficientes para la manutención de un artista exclusivo de un proyecto de esta naturaleza.
Muchos medios y comentaristas repiten lo mismo: Okay, entonces ahora sabemos que estas cifras no son suficientes para un músico de metal extremo de primera calidad en el primer mundo, entonces, ¿cuál es el estándar? ¿Qué montos reciben otros músicos en proyectos similares y qué tanto varían entre calibre y calibre? Cradle of Filth bien pudiera ser considerado top tier en la comercialidad del metal extremo (sin meternos a actos de legado al nivel de Iron Maiden, Judas Priest, Metallica o fenómenos recientes como Slaughter to Prevail, Falling in Reverse o Sleep Token), pero sí más populares que Dimmu Borgir o Behemoth. Surge entonces la duda: ¿los músicos de esas bandas perciben cantidades similares o muy distintas? Hablar de injusticia en los pagos nos mete de lleno en un asunto mayor: qué es lo considerado “justo” en una industria marcada por el caimaneo, las traiciones y los abusos.
En su publicación, Zoe Marie menciona que su abogado calificó el contrato como “el más psicópata que se le pudiera entregar a un músico de sesión”, seguido de la aclaración de que ni ella ni Ashok lo firmaron y prefirieron abandonar la banda. Esto abre un nuevo interrogante: ¿qué cambió entre los contratos anteriores y este? Y, sobre todo, ¿qué otros acuerdos ha revisado ese abogado para concluir que este era el más extremo que había visto?
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Aunque Zoe evita mencionar a Dani Filth por nombre, sí lo alude como “el frontman” y lo responsabiliza directamente de dirigir la operación. Argumenta que, aunque ciertas decisiones se deleguen al management, el propietario final de la marca Cradle of Filth y quien valida la contratación del equipo legal sigue siendo Filth.
¿Qué es lo que estipula?
Según lo revelado, este imponía a Zoe y Ashok las siguientes obligaciones:
-
Presentación de servicios como músicos ejecutantes.
-
Composición en donde fuese requerido.
-
Otorgar libertad total a la administración para disponer de ese material.
-
Cesión de los derechos de autor de las composiciones.
-
Participación obligatoria en sesiones de grabación, conciertos, ensayos y cualquier evento relacionado con la banda.
-
Cesión del derecho al uso y explotación de su imagen personal para fines de la banda.
A cambio, la administración se comprometía a pagar:
-
£200 libras (o $270 dls) por día trabajado (conciertos, grabaciones, ensayos).
-
£150 libras (o $202 dls) por día de viaje.
-
£1,000 libras (o $1350 dls)anuales por el uso de su imagen, prorrateadas según los días activos como miembros.
-
Una cuota de merchandising y meet & greets a discreción de la administración, liquidada al término de las giras.
Todo esto fue propuesto bajo el argumento de que representaba un aumento del 25% en las ganancias frente a lo previamente acordado, algo que, a ojos de los músicos, seguía siendo insuficiente y desproporcionado respecto al nivel de exigencia.
Uno de los puntos más problemáticos viene a ser la cláusula que prohibía al artista romper el contrato sin un aviso mínimo de 90 días. Cosa normal en un contrato de este clase, pero que penaliza a los artistas a pagar una indemnización de £1,000,000 libras esterlinas (o $1,350,448 dls), cifra desproporcionada para músicos contratados como “de sesión”, además de una cláusula de confidencialidad, prohibiendo divulgar los términos del acuerdo, lo que hace aún más significativo que Zoe los haya revelado, cosa que no sabemos si el contrato anterior lo incluía por lo que se desconoce actualmente los alcances de dicha cláusula.
Lo cierto es que lo que comenzó como una disputa interna se ha transformado en un pleito ventilado en el juicio público de las redes sociales, donde cada declaración añade combustible al fuego. La controversia ha dejado de ser un asunto meramente contractual para convertirse en un espectáculo seguido de cerca por fans, medios y detractores de la banda.
Hoy nadie sabe si las tensiones terminarán por enfriarse con el paso del tiempo o si, por el contrario, veremos una escalada mayor que podría fracturar aún más la historia de Cradle of Filth. Por ahora, el caso permanece abierto y sirve como recordatorio de que, en la industria del metal extremo, las luchas internas pueden ser tan ruidosas y crudas como la música misma.
Etiquetas: Black Metal, contrato, cradle of filth, dani filth, Extreme Metal, Gira, Marek "Ashok" Šmerda, pleito, Zoe Marie Federoff


La emblemática banda británica de black/extreme metal Cradle of Filth atraviesa una de sus mayores crisis internas en años. En medio de su gira latinoamericana, la tecladista y vocalista de apoyo Zoe Marie Federoff anunció su salida repentina de la agrupación, alegando motivos personales. Poco después, su esposo y guitarrista de la banda, Marek “Ashok” Šmerda, declaró públicamente que también dejaría el proyecto al concluir la gira, aunque el líder Dani Filth decidió despedirlo de inmediato.
Ambos músicos denunciaron bajos salarios, incumplimientos de pago y un ambiente tóxico, publicando extractos del contrato que la administración de la banda les ofreció. Estas declaraciones han desatado un intenso debate en la prensa especializada y en la comunidad metalera internacional sobre las condiciones laborales en proyectos de alto perfil del metal extremo.
El contrato bajo la lupa
Se han revelado cosas importantes: Zoe Marie pone en manifiesto que los montos sujetos al contrato (y cabe aclarar que parte de la querella es relacionada a la retención de pagos y promesas no cumplidas por parte del management) no son suficientes para la manutención de un artista exclusivo de un proyecto de esta naturaleza.
Muchos medios y comentaristas repiten lo mismo: Okay, entonces ahora sabemos que estas cifras no son suficientes para un músico de metal extremo de primera calidad en el primer mundo, entonces, ¿cuál es el estándar? ¿Qué montos reciben otros músicos en proyectos similares y qué tanto varían entre calibre y calibre? Cradle of Filth bien pudiera ser considerado top tier en la comercialidad del metal extremo (sin meternos a actos de legado al nivel de Iron Maiden, Judas Priest, Metallica o fenómenos recientes como Slaughter to Prevail, Falling in Reverse o Sleep Token), pero sí más populares que Dimmu Borgir o Behemoth. Surge entonces la duda: ¿los músicos de esas bandas perciben cantidades similares o muy distintas? Hablar de injusticia en los pagos nos mete de lleno en un asunto mayor: qué es lo considerado “justo” en una industria marcada por el caimaneo, las traiciones y los abusos.
En su publicación, Zoe Marie menciona que su abogado calificó el contrato como “el más psicópata que se le pudiera entregar a un músico de sesión”, seguido de la aclaración de que ni ella ni Ashok lo firmaron y prefirieron abandonar la banda. Esto abre un nuevo interrogante: ¿qué cambió entre los contratos anteriores y este? Y, sobre todo, ¿qué otros acuerdos ha revisado ese abogado para concluir que este era el más extremo que había visto?
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Aunque Zoe evita mencionar a Dani Filth por nombre, sí lo alude como “el frontman” y lo responsabiliza directamente de dirigir la operación. Argumenta que, aunque ciertas decisiones se deleguen al management, el propietario final de la marca Cradle of Filth y quien valida la contratación del equipo legal sigue siendo Filth.
¿Qué es lo que estipula?
Según lo revelado, este imponía a Zoe y Ashok las siguientes obligaciones:
-
Presentación de servicios como músicos ejecutantes.
-
Composición en donde fuese requerido.
-
Otorgar libertad total a la administración para disponer de ese material.
-
Cesión de los derechos de autor de las composiciones.
-
Participación obligatoria en sesiones de grabación, conciertos, ensayos y cualquier evento relacionado con la banda.
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Cesión del derecho al uso y explotación de su imagen personal para fines de la banda.
A cambio, la administración se comprometía a pagar:
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£200 libras (o $270 dls) por día trabajado (conciertos, grabaciones, ensayos).
-
£150 libras (o $202 dls) por día de viaje.
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£1,000 libras (o $1350 dls)anuales por el uso de su imagen, prorrateadas según los días activos como miembros.
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Una cuota de merchandising y meet & greets a discreción de la administración, liquidada al término de las giras.
Todo esto fue propuesto bajo el argumento de que representaba un aumento del 25% en las ganancias frente a lo previamente acordado, algo que, a ojos de los músicos, seguía siendo insuficiente y desproporcionado respecto al nivel de exigencia.
Uno de los puntos más problemáticos viene a ser la cláusula que prohibía al artista romper el contrato sin un aviso mínimo de 90 días. Cosa normal en un contrato de este clase, pero que penaliza a los artistas a pagar una indemnización de £1,000,000 libras esterlinas (o $1,350,448 dls), cifra desproporcionada para músicos contratados como “de sesión”, además de una cláusula de confidencialidad, prohibiendo divulgar los términos del acuerdo, lo que hace aún más significativo que Zoe los haya revelado, cosa que no sabemos si el contrato anterior lo incluía por lo que se desconoce actualmente los alcances de dicha cláusula.
Lo cierto es que lo que comenzó como una disputa interna se ha transformado en un pleito ventilado en el juicio público de las redes sociales, donde cada declaración añade combustible al fuego. La controversia ha dejado de ser un asunto meramente contractual para convertirse en un espectáculo seguido de cerca por fans, medios y detractores de la banda.
Hoy nadie sabe si las tensiones terminarán por enfriarse con el paso del tiempo o si, por el contrario, veremos una escalada mayor que podría fracturar aún más la historia de Cradle of Filth. Por ahora, el caso permanece abierto y sirve como recordatorio de que, en la industria del metal extremo, las luchas internas pueden ser tan ruidosas y crudas como la música misma.
Etiquetas: Black Metal, contrato, cradle of filth, dani filth, Extreme Metal, Gira, Marek "Ashok" Šmerda, pleito, Zoe Marie Federoff