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El Altar del Holocausto en Valencia: “Oficia su homilía en tierra de pólvora”
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Texto: Alba Burgos Mirón

Padre, perdóname porque he pecado.

He coincidido varias veces con El Altar del Holocausto en Resurrection Fest y, por una razón u otra, siempre había pasado de largo. Este sábado tocaba saldar esa deuda en la Rock City y, después de lo vivido, solo puedo decir que no debí dejarlos pasar de largo..

Cinco minutos antes de la hora señalada, aquello parecía más vacío de lo que esperaba. Por suerte, los feligreses fueron llegando y cuando llegó el momento de comenzar ya había bastante más gente, aunque sin llegar a completar el aforo.

En el setlist aparecía una «INTRO CORTA» antes del comienzo del concierto. Y bueno, lo de corta es discutible. Fueron unos 15 minutos de sonidos de naturaleza y ambientes atmosféricos que nos tuvieron esperando a que comenzara la misa. Eso sí, cuando terminó la intro, los cuatro músicos saltaron al escenario y las sotanas blancas dieron paso a unos trajes blancos, con el rostro cubierto, reforzando todavía más esa imagen tan característica de la banda.

Y entonces se apagaron las luces y comenzó la homilía.

Volta, primer tema de su nuevo disco Ecos, fue el encargado de abrir una ceremonia en la que el grupo repasó buena parte de su último trabajo. También sonaron Ecos y Shídài, junto a temas como Amen o De Euforia, haciendo un recorrido por diferentes etapas de la banda.

Aquí el público no vino precisamente a cantar cada canción. Más bien todo lo contrario: mucha gente simplemente se dejó llevar por la música, cerrando los ojos y metiéndose de lleno en esa atmósfera que El Altar del Holocausto fue creando durante todo el concierto.

Su música, entre el post-metal y el post-rock, necesita tiempo para entrar, pero en directo funciona especialmente bien gracias a una puesta en escena muy cuidada. Durante todo el concierto, las luces azules y verdes envolvieron el escenario, creando una atmósfera oscura que encajaba perfectamente con lo que estaba ocurriendo sobre las tablas.

Y si algo quedó claro es que aquí también se viene a pecar. Hubo incluso un wall of death, con uno de los miembros de la banda metido en la pista animando el asunto. Mientras tanto, sobre el escenario, un pequeño penitente se encargaba de animar desde allí y disfrutar del caos.

El sonido también acompañó. Desde el centro de la sala todo sonaba especialmente bien, permitiendo disfrutar tanto de los momentos más pesados como de esas partes envolventes que hacen que la música de El Altar del Holocausto funcione tan bien en directo.

Y como en España hay cosas que no necesitan explicación, una de ellas es nuestra capacidad para tararear cualquier canción, aunque no tenga letra. Cuando llegó Lucas I, 26-38, último tema de la noche, el público volvió a demostrarlo, acompañando el tema con un buen tarareo que puso el punto final a la misa.

Y fuera de lo musical, también hay que agradecer que una banda apueste por un merchandising tan variado, bonito y, sobre todo, a buen precio. Al terminar el concierto, prácticamente medio aforo estaba haciendo cola para llevarse algún recuerdo de la homilía.

Después de años coincidiendo con ellos y desfilando sin pararme a verlos, esta vez sí entré en misa. Y visto lo visto, creo que la penitencia ha merecido la pena.

AMEN (así, sin tilde).

Fotografias: Suso Pardal

Etiquetas: , ,

El Altar del Holocausto en Valencia: “Oficia su homilía en tierra de pólvora”
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Texto: Alba Burgos Mirón

Padre, perdóname porque he pecado.

He coincidido varias veces con El Altar del Holocausto en Resurrection Fest y, por una razón u otra, siempre había pasado de largo. Este sábado tocaba saldar esa deuda en la Rock City y, después de lo vivido, solo puedo decir que no debí dejarlos pasar de largo..

Cinco minutos antes de la hora señalada, aquello parecía más vacío de lo que esperaba. Por suerte, los feligreses fueron llegando y cuando llegó el momento de comenzar ya había bastante más gente, aunque sin llegar a completar el aforo.

En el setlist aparecía una «INTRO CORTA» antes del comienzo del concierto. Y bueno, lo de corta es discutible. Fueron unos 15 minutos de sonidos de naturaleza y ambientes atmosféricos que nos tuvieron esperando a que comenzara la misa. Eso sí, cuando terminó la intro, los cuatro músicos saltaron al escenario y las sotanas blancas dieron paso a unos trajes blancos, con el rostro cubierto, reforzando todavía más esa imagen tan característica de la banda.

Y entonces se apagaron las luces y comenzó la homilía.

Volta, primer tema de su nuevo disco Ecos, fue el encargado de abrir una ceremonia en la que el grupo repasó buena parte de su último trabajo. También sonaron Ecos y Shídài, junto a temas como Amen o De Euforia, haciendo un recorrido por diferentes etapas de la banda.

Aquí el público no vino precisamente a cantar cada canción. Más bien todo lo contrario: mucha gente simplemente se dejó llevar por la música, cerrando los ojos y metiéndose de lleno en esa atmósfera que El Altar del Holocausto fue creando durante todo el concierto.

Su música, entre el post-metal y el post-rock, necesita tiempo para entrar, pero en directo funciona especialmente bien gracias a una puesta en escena muy cuidada. Durante todo el concierto, las luces azules y verdes envolvieron el escenario, creando una atmósfera oscura que encajaba perfectamente con lo que estaba ocurriendo sobre las tablas.

Y si algo quedó claro es que aquí también se viene a pecar. Hubo incluso un wall of death, con uno de los miembros de la banda metido en la pista animando el asunto. Mientras tanto, sobre el escenario, un pequeño penitente se encargaba de animar desde allí y disfrutar del caos.

El sonido también acompañó. Desde el centro de la sala todo sonaba especialmente bien, permitiendo disfrutar tanto de los momentos más pesados como de esas partes envolventes que hacen que la música de El Altar del Holocausto funcione tan bien en directo.

Y como en España hay cosas que no necesitan explicación, una de ellas es nuestra capacidad para tararear cualquier canción, aunque no tenga letra. Cuando llegó Lucas I, 26-38, último tema de la noche, el público volvió a demostrarlo, acompañando el tema con un buen tarareo que puso el punto final a la misa.

Y fuera de lo musical, también hay que agradecer que una banda apueste por un merchandising tan variado, bonito y, sobre todo, a buen precio. Al terminar el concierto, prácticamente medio aforo estaba haciendo cola para llevarse algún recuerdo de la homilía.

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