

Después de tres años de ausencia en Sudamérica, los suecos de Enforcer regresaron a Argentina con una agenda por partida doble: Córdoba y CABA. Al igual que en 2016, cuando conquistaron Santa Fe y Buenos Aires, la banda volvió para demostrar por qué son considerados uno de los pilares fundamentales de la New Wave of Traditional Heavy Metal.
La noche del 6 de febrero en Uniclub marcó la segunda fecha de la gira latinoamericana de Enforcer, tras su paso por Córdoba. Hay que decirlo desde el inicio: la producción de Noiseground estuvo a la altura, trayendo una vez más una banda de primer nivel internacional y confiando en nosotros para la cobertura de sus eventos. Un agradecimiento más que merecido.
Algo inusual sucedió esa noche en Uniclub. Quien conoce la sala sabe que el sonido suele ser correcto, funcional, pero rara vez excepcional. Sin embargo, esta vez fue diferente, muy diferente. El volumen estuvo al límite durante toda la jornada, rozando la saturación en varios momentos. Fuerte, potente, casi abrumador.
Mercurio abrió la jornada cerca de las 19:30 horas, enfrentándose a la siempre ingrata tarea de tocar ante un público escaso que recién comenzaba a llegar después de la jornada laboral. La banda sonó ajustada, con la experiencia que los caracteriza y el rodaje con que cuentan de tocar seguido por los diferentes antros de la ciudad. Aunque hubo algunas fisuras técnicas en el micrófono de Martín que no lograron resolverse del todo, nada que no pudieran manejar con profesionalismo y saliendo airosos como de costumbre.
Innerforce tomó la posta como segundos de la noche, estos grandes batalladores que conocen cada escenario del circuito local como la palma de su mano. Su set fue acorde a las circunstancias: sólido, profesional, bien ejecutado. Recorrieron parte de su discografía con buenas interpretaciones, y aunque esta vez no sonó el clásico “Galleons of Nations”, sí dieron lugar a la canción emblema de su nuevo álbum, “Invocation”, con ese pasaje “blacker” en el medio que los fans ya conocen de memoria.
El lugar ya contaba con otro color, las charlas se sucedían, las birras circulaban en las rondas de los metaleros hasta que llegó el turno de Velocidad 22, esa máquina imparable que convoca una legión de seguidores a donde vaya. Cualquier cosa que se pueda decir sobre su presentación se quedará corta. Show tras show, fecha tras fecha, la banda sigue sumando adeptos y dejando una imagen que trasciende el venue del momento. Se habla de ellos en las redes, en charlas de esquina, en chats de WhatsApp. Son un fenómeno nacional y popular.
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Cuando las luces se apagaron y el logo de Enforcer se divisó en las pantallas que están sobre y al costado del escenario, la tensión ya era palpable. No todos los días una banda de esta magnitud pisa suelo argentino, y mucho menos tras algunos años de ausencia.
Desde el primer acorde de “Destroyer”, el lugar explotó. Olof Wikstrand, al frente con su guitarra y su voz inconfundible, parecía no poder creer la energía que devolvía el público argentino. Su hermano Jonas Wikstrand en la batería marcaba el ritmo mientras Joseph Tholl en la guitarra y Tobias Lindqvist en el bajo completaron el ataque sin dar respiro.
Lo que siguió fue una masterclass de heavy metal clásico que incorporó la intensidad del speed metal. “Undying Evil” hizo aparecer a los primeros pogos mientras los más veteranos levantaban el puño recordando por qué amamos este género. La banda no se guardó nada, recorriendo su discografía con inteligencia y dejando claro que cada álbum tiene algo importante que aportar.
Con “From Beyond”, la canción que da título a su último disco, la cosa tomó otra dimensión. Olof se acercó al borde del escenario, inclinándose hacia el público, compartiendo los coros con una entrega total. No había distancia entre la banda y el público. Solo energía circulando de un lado al otro.
El momento emotivo de la noche llegó de sorpresa con el cover “Dying Young” de Black Sabbath, “Mesmerized by Fire” del álbum Death by Fire funcionó como un mantra hipnótico, con ese riff que se te mete en la cabeza y no te suelta.
La presencia escénica de Olof merece un párrafo aparte. El tipo no paró de moverse, de sonreír, de interactuar. Cada canción era una celebración, cada solo una excusa para conectar visualmente con alguien del público. No había poses estudiadas ni actitudes rock star vacías. Solo genuino amor por lo que estaban haciendo, y eso se contagia.
El repertorio continuó con un solo de batería para calmar un poco a las fieras y hubo lugar para ese clásico “Take Me Out of This Nightmare” que jugaron con el público y extendieron la canción en un par de minutos para luego desaparecer del escenario.
La noche llegaba a su fin y al concierto le quedaban dos canciones, la primera de ellas, Cuando la banda abandonó el escenario después del set principal y por supuesto, regresaron. No para cumplir un protocolo, sino porque genuinamente querían seguir tocando. El encore incluyó a “Katana”, canción que demostró que el speed metal y las melodías épicas pueden convivir perfectamente cuando sabés lo que estás haciendo. Le siguió “Midnight Vice” que cerró una noche que dejó a todos con una sonrisa de oreja a oreja y las gargantas destrozadas de tanto cantar.
Pero acá no terminó todo, cuando las luces se encendieron y el público comenzó a dispersarse, los suecos hicieron algo que no todas las bandas internacionales hacen: se acercaron a la puerta del venue para charlar y sacarse fotos con quienes esperaban el momento cerrando así una gran jornada para todos.

- Mercurio
- Mercurio
- Innerforce
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- Velocidad 22
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- Enforcer
- Enforcer
- Enforcer
- Enforcer
- Enforcer
- Enforcer


Después de tres años de ausencia en Sudamérica, los suecos de Enforcer regresaron a Argentina con una agenda por partida doble: Córdoba y CABA. Al igual que en 2016, cuando conquistaron Santa Fe y Buenos Aires, la banda volvió para demostrar por qué son considerados uno de los pilares fundamentales de la New Wave of Traditional Heavy Metal.
La noche del 6 de febrero en Uniclub marcó la segunda fecha de la gira latinoamericana de Enforcer, tras su paso por Córdoba. Hay que decirlo desde el inicio: la producción de Noiseground estuvo a la altura, trayendo una vez más una banda de primer nivel internacional y confiando en nosotros para la cobertura de sus eventos. Un agradecimiento más que merecido.
Algo inusual sucedió esa noche en Uniclub. Quien conoce la sala sabe que el sonido suele ser correcto, funcional, pero rara vez excepcional. Sin embargo, esta vez fue diferente, muy diferente. El volumen estuvo al límite durante toda la jornada, rozando la saturación en varios momentos. Fuerte, potente, casi abrumador.
Mercurio abrió la jornada cerca de las 19:30 horas, enfrentándose a la siempre ingrata tarea de tocar ante un público escaso que recién comenzaba a llegar después de la jornada laboral. La banda sonó ajustada, con la experiencia que los caracteriza y el rodaje con que cuentan de tocar seguido por los diferentes antros de la ciudad. Aunque hubo algunas fisuras técnicas en el micrófono de Martín que no lograron resolverse del todo, nada que no pudieran manejar con profesionalismo y saliendo airosos como de costumbre.
Innerforce tomó la posta como segundos de la noche, estos grandes batalladores que conocen cada escenario del circuito local como la palma de su mano. Su set fue acorde a las circunstancias: sólido, profesional, bien ejecutado. Recorrieron parte de su discografía con buenas interpretaciones, y aunque esta vez no sonó el clásico “Galleons of Nations”, sí dieron lugar a la canción emblema de su nuevo álbum, “Invocation”, con ese pasaje “blacker” en el medio que los fans ya conocen de memoria.
El lugar ya contaba con otro color, las charlas se sucedían, las birras circulaban en las rondas de los metaleros hasta que llegó el turno de Velocidad 22, esa máquina imparable que convoca una legión de seguidores a donde vaya. Cualquier cosa que se pueda decir sobre su presentación se quedará corta. Show tras show, fecha tras fecha, la banda sigue sumando adeptos y dejando una imagen que trasciende el venue del momento. Se habla de ellos en las redes, en charlas de esquina, en chats de WhatsApp. Son un fenómeno nacional y popular.
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Cuando las luces se apagaron y el logo de Enforcer se divisó en las pantallas que están sobre y al costado del escenario, la tensión ya era palpable. No todos los días una banda de esta magnitud pisa suelo argentino, y mucho menos tras algunos años de ausencia.
Desde el primer acorde de “Destroyer”, el lugar explotó. Olof Wikstrand, al frente con su guitarra y su voz inconfundible, parecía no poder creer la energía que devolvía el público argentino. Su hermano Jonas Wikstrand en la batería marcaba el ritmo mientras Joseph Tholl en la guitarra y Tobias Lindqvist en el bajo completaron el ataque sin dar respiro.
Lo que siguió fue una masterclass de heavy metal clásico que incorporó la intensidad del speed metal. “Undying Evil” hizo aparecer a los primeros pogos mientras los más veteranos levantaban el puño recordando por qué amamos este género. La banda no se guardó nada, recorriendo su discografía con inteligencia y dejando claro que cada álbum tiene algo importante que aportar.
Con “From Beyond”, la canción que da título a su último disco, la cosa tomó otra dimensión. Olof se acercó al borde del escenario, inclinándose hacia el público, compartiendo los coros con una entrega total. No había distancia entre la banda y el público. Solo energía circulando de un lado al otro.
El momento emotivo de la noche llegó de sorpresa con el cover “Dying Young” de Black Sabbath, “Mesmerized by Fire” del álbum Death by Fire funcionó como un mantra hipnótico, con ese riff que se te mete en la cabeza y no te suelta.
La presencia escénica de Olof merece un párrafo aparte. El tipo no paró de moverse, de sonreír, de interactuar. Cada canción era una celebración, cada solo una excusa para conectar visualmente con alguien del público. No había poses estudiadas ni actitudes rock star vacías. Solo genuino amor por lo que estaban haciendo, y eso se contagia.
El repertorio continuó con un solo de batería para calmar un poco a las fieras y hubo lugar para ese clásico “Take Me Out of This Nightmare” que jugaron con el público y extendieron la canción en un par de minutos para luego desaparecer del escenario.
La noche llegaba a su fin y al concierto le quedaban dos canciones, la primera de ellas, Cuando la banda abandonó el escenario después del set principal y por supuesto, regresaron. No para cumplir un protocolo, sino porque genuinamente querían seguir tocando. El encore incluyó a “Katana”, canción que demostró que el speed metal y las melodías épicas pueden convivir perfectamente cuando sabés lo que estás haciendo. Le siguió “Midnight Vice” que cerró una noche que dejó a todos con una sonrisa de oreja a oreja y las gargantas destrozadas de tanto cantar.
Pero acá no terminó todo, cuando las luces se encendieron y el público comenzó a dispersarse, los suecos hicieron algo que no todas las bandas internacionales hacen: se acercaron a la puerta del venue para charlar y sacarse fotos con quienes esperaban el momento cerrando así una gran jornada para todos.

- Mercurio
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- Velocidad 22
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- Enforcer
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