

Viernes 20 de junio. Para el segundo día de lo que fue el Hellfest, preferimos levantarnos un poco más tarde y perdernos algunas bandas que en otras circunstancias nos hubiera encantado ver a cambio de no estar como zombies viéndolas, por un tema de salud y cuidado personal. Así que terminamos llegando al predio del festival a las 16.00, cuando ya grupos como Skiltron, Lion’s Law y Castle Rat habían hecho lo suyo lamentablemente. Sin embargo, eso no significa que no hubiera bastante para ver en el evento.
Arrancamos nuestra estadía yendo al escenario Valley para ver a Årabrot, esta banda llevada adelante por el guitarrista K:N y sus acompañantes en vivo que demuestra una mezcla abrasiva de hard rock y noise rock, influenciado también por la música de películas. En “The Satantango” pudimos ver a un grupo de chicas haciendo lo que sólo puedo describir como “danza interpretativa” arriba del escenario, dando lugar a un espectáculo bastante particular por parte de esta banda, que combinan los elementos antes mencionados con momentos algo post rockeros como para sazonar. Interesante aunque no para todo el mundo, como se pudo ver en muchas de las reacciones del público.
Casi al mismo tiempo, en el escenario Altar estaban haciendo lo suyo las chicas de Nervosa. Sé que las enorme cantidad de cambios de formación que tuvo la otrora banda brasileña en poco tiempo llegó casi al nivel de meme, pero viendo en vivo a la ahora agrupación 40% brasileña, 40% griega, 20% neerlandesa (oficialmente Nervosa tiene dos bajistas, las cuales tocan dependiendo de la que esté disponible) queda claro que la guitarrista y ahora cantante Prika Amaral ha sabido elegir a sus acompañantes con gran habilidad. Amaral ya de por sí tiene bien dominados los riffs thrasheros slayerianos de Nervosa, pero su voz filosa queda perfecta en el estilo del grupo, mientras que Helena Kotina hace bien lo suyo acompañándola en los riffs. “Kill The Silence”, “Death!”, “Masked Betrayer” y demás demostraron una potencia abrumadora de Nervosa en vivo, lo que deja muchas esperanzas para esta nueva etapa del grupo ahora afincado en Grecia.
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Después de Nervosa, en el Altar esperamos un rato para ya poder ver arriba del escenario a los 3 Inches of Blood. El quinteto canadiense es uno de esos grupos cuyo punto más alto fue un poco antes de mi tiempo, así que tenerlos de vuelta tras su separación en 2015 y ahora tocando en Hellfest fue una gran oportunidad para meterme en su obra. Con un “3” enorme mirándonos desde arriba en el fondo del escenario, el grupo salió a escena dispuesto a no tomar prisioneros desde el momento en el que arrancaron con “Fear On The Bridge (Upon The Boiling Sea I)”, con el guitarrista Justin Hagberg arrancado con las voces podridas y más tarde Cam Pipes entrando para tomar las riendas de la canción.
Es interesante el contraste entre la imagen de Pipes, barbudo, canoso y con chaleco de parches, con sus voces extremadamente agudas, pero siempre manteniendo el orgullo metalero (y canadiense) bien presente en todo momento. La verdad es que fue un espectáculo impresionante y muy entretenido, con un Ash Pearson que no paraba ni un segundo detrás de la batería y la dupla de Hagberg y Shane Clark demostrando lo suyo en cada riff de pura potencia power. Fue también interesante tener a Cam Pipes dirigiendo unas palabras en francés al público antes de arrancar con “Destroy The Orcs”, coronando un set muy rico con el bombazo de “The Goatriders Horde”, a puro doble bombo y riffs de acero. Tremendo lo de 3 Inches of Blood, manteniendo bien alta la bandera del metal canadiense.
Mientras tanto, en el escenario Valley se estaba dando un espectáculo de bastantes menos revoluciones que lo hecho por 3 Inches of Blood aunque no por eso menos denso. Es porque otros canadienses, en este caso los stoner doom Dopethrone, estaban tirando sus riffs llenos de humo de marihuana y distorsión valvular. El trío dirigido por el rastudo cantante y guitarrista Vincent Houde llenó de violencia sonora el escenario Valley, con un calor que a primera vista daba a entender que era la razón detrás de la elección del baterista Shawn Ellingham de tocar sin camiseta pero investigando un poco parece que esa es simplemente la manera en la que se presenta en todos los recitales.
Dejando de lado esos detalles de color, el grupo de Montreal fue una máquina de riffs gordos en su set, con el bajista Mike Riopel dejando que su bajo llenara todas las frecuencias bajas posibles y creando entre los tres un combo de pesadez, psicodelia y distorsión que hace honor al álbum de Electric Wizard del que tomaron su nombre, con la gente cabeceando con cada riff.
A las 18:30, en el Mainstage 01, íbamos a tener nuestro primer plato de verdad fuerte del día con The Cult. Las leyendas del rock de los ochentas se iban a presentar con un calor bastante insoportable, por más botellas de agua y ventiladores que hubiera por todos lados, y encima con un sol prominente brillando todavía encima del público y del escenario, ciertamente algo lejos del ambiente ideal para una banda con un componente gótico y oscuro muy prominente en su música. Pero manteniendo el look de ropas negras a pesar del ambiente, los ingleses le hicieron frente a todo con un setlist de clásico tras clásico de riffs fuertes y directos, con un Ian Astbury sonando impresionante en el micrófono y un Billy Duffy dando cátedra de guitarra y de meter oscuridad a los riffs de AC/DC. Astbury se movía de acá para allá en el escenario, haciendo dudar a cualquiera que el vocalista tenga más de 60 años (con un extraño outfit de pantalones anchos y bandana que lo hacían ver como un Mike Muir gótico), y regalando un set de puros buenos momentos con clásicos como “Wild Flower”, “Rise”, “Rain” y el final infaltable con “Love Removal Machine”. Siempre hay que confiar en The Cult, que son una fiesta asegurada.
Decidimos irnos al Valley para seguir con la jornada, pudiendo presenciar el recital dado por los ingleses Crippled Black Phoenix. Aunque no son una banda de metal, a pesar de lo que muchos puedan pensar leyendo su nombre, su guitarrista y líder Justin Greaves tuvo sus pasos por buena cantidad de bandas pesadas, como Iron Monkey y los antes mencionados Electric Wizard, y ha sabido aplicar los momentos más psicodélicos de esas bandas a la propuesta de este grupo, más tirada para el rock progresivo.
Con una bandera palestina prominentemente desplegada en medio del escenario, este colectivo de músicos (con tres guitarras) procedieron a mostrar que la potencia de la música no necesariamente debería medirse por la cantidad de distorsión en los riffs, con canciones como “Wyches and Basterdz”, “444”, “Troublemaker” y “We Forgotten Who We Are” llenando de atmósfera meditativa al Hellfest, en un espectáculo un tanto inusual para el contexto de este festival pero muy bienvenido para variar las cosas.
Permítanme dudar un poco acerca de The Hu, la sensación del metal que explotó en los últimos años en Mongolia. Digo esto porque siempre me pareció un tanto sospechoso el ascenso tan rápido que tuvo este grupo, con apariciones en giras de Iron Maiden y en juegos de Star Wars, a lo que se suman comentarios tanto de conocidos como de gente de Internet diciendo que en realidad la banda no es muy conocida en su país natal y que mucho del hype alrededor de ellos es más de marketing de Internet que otra cosa.
Pero más allá de eso, siento que hay algo interesante en este particular grupo de folk rock / metal, aunque por momentos se me hagan más ruido que sustancia: con su mezcla de instrumentos de rock con otros de música folclórica mongola, la manera tan llamativa de canto gutural, el “xöömej”, y los ropajes y presentación arriba del escenario. Aunque por momentos suenen simplemente como unos Metallica con instrumentos mongoles, fue un set muy entretenido, con “Upright Destined Mongol” y la nueva “Chi Bishee” estando entre los mejores momentos.
Y para cerrar este segundo día del Hellfest, nos fuimos de vuelta al Altar para pasarla bien con las leyendas Exodus desatando una ola de riffs thrasheros sobre nuestras cabezas. Hay poco que se pueda decir acerca de Exodus sin repetir cosas obvias, pero créanme que los estadounidenses demuestran una resiliencia al tiempo y a los cambios de formación que es envidiable: Rob Dukes no será mi cantante favorito de la banda pero en el comienzo de esta segunda etapa en el conjunto canta con una energía tremenda, y Gary Holt y Lee Altus son una máquina de puros riffs. Llega un punto donde me da un poco de bronca que Exodus estuvieran tocando en este escenario y no en el principal, donde ciertamente tendrían mucho más ganado el puesto que algo como Muse, pero creo que tenerlos en un escenario más chico ayuda a la propuesta, con el cuerpo todavía doliendo del pogo que se desató con “Bonded By Blood”, “Blacklist” y “The Toxic Waltz”. A veces, es mejor ser un pez grande en un estanque pequeño.
Y con eso terminamos ya esta segunda jornada en el Hellfest, con más calor pero también con más momentos inolvidables de semejantes jornadas. Nos dirigimos de vuelta a nuestras habitaciones a ver si podíamos descansar y tal vez poder llegar un poco más temprano al tercer día que se nos venía encima, con más bandas para hacer que nos duela el cuello de tanto headbanging.



Viernes 20 de junio. Para el segundo día de lo que fue el Hellfest, preferimos levantarnos un poco más tarde y perdernos algunas bandas que en otras circunstancias nos hubiera encantado ver a cambio de no estar como zombies viéndolas, por un tema de salud y cuidado personal. Así que terminamos llegando al predio del festival a las 16.00, cuando ya grupos como Skiltron, Lion’s Law y Castle Rat habían hecho lo suyo lamentablemente. Sin embargo, eso no significa que no hubiera bastante para ver en el evento.
Arrancamos nuestra estadía yendo al escenario Valley para ver a Årabrot, esta banda llevada adelante por el guitarrista K:N y sus acompañantes en vivo que demuestra una mezcla abrasiva de hard rock y noise rock, influenciado también por la música de películas. En “The Satantango” pudimos ver a un grupo de chicas haciendo lo que sólo puedo describir como “danza interpretativa” arriba del escenario, dando lugar a un espectáculo bastante particular por parte de esta banda, que combinan los elementos antes mencionados con momentos algo post rockeros como para sazonar. Interesante aunque no para todo el mundo, como se pudo ver en muchas de las reacciones del público.
Casi al mismo tiempo, en el escenario Altar estaban haciendo lo suyo las chicas de Nervosa. Sé que las enorme cantidad de cambios de formación que tuvo la otrora banda brasileña en poco tiempo llegó casi al nivel de meme, pero viendo en vivo a la ahora agrupación 40% brasileña, 40% griega, 20% neerlandesa (oficialmente Nervosa tiene dos bajistas, las cuales tocan dependiendo de la que esté disponible) queda claro que la guitarrista y ahora cantante Prika Amaral ha sabido elegir a sus acompañantes con gran habilidad. Amaral ya de por sí tiene bien dominados los riffs thrasheros slayerianos de Nervosa, pero su voz filosa queda perfecta en el estilo del grupo, mientras que Helena Kotina hace bien lo suyo acompañándola en los riffs. “Kill The Silence”, “Death!”, “Masked Betrayer” y demás demostraron una potencia abrumadora de Nervosa en vivo, lo que deja muchas esperanzas para esta nueva etapa del grupo ahora afincado en Grecia.
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Después de Nervosa, en el Altar esperamos un rato para ya poder ver arriba del escenario a los 3 Inches of Blood. El quinteto canadiense es uno de esos grupos cuyo punto más alto fue un poco antes de mi tiempo, así que tenerlos de vuelta tras su separación en 2015 y ahora tocando en Hellfest fue una gran oportunidad para meterme en su obra. Con un “3” enorme mirándonos desde arriba en el fondo del escenario, el grupo salió a escena dispuesto a no tomar prisioneros desde el momento en el que arrancaron con “Fear On The Bridge (Upon The Boiling Sea I)”, con el guitarrista Justin Hagberg arrancado con las voces podridas y más tarde Cam Pipes entrando para tomar las riendas de la canción.
Es interesante el contraste entre la imagen de Pipes, barbudo, canoso y con chaleco de parches, con sus voces extremadamente agudas, pero siempre manteniendo el orgullo metalero (y canadiense) bien presente en todo momento. La verdad es que fue un espectáculo impresionante y muy entretenido, con un Ash Pearson que no paraba ni un segundo detrás de la batería y la dupla de Hagberg y Shane Clark demostrando lo suyo en cada riff de pura potencia power. Fue también interesante tener a Cam Pipes dirigiendo unas palabras en francés al público antes de arrancar con “Destroy The Orcs”, coronando un set muy rico con el bombazo de “The Goatriders Horde”, a puro doble bombo y riffs de acero. Tremendo lo de 3 Inches of Blood, manteniendo bien alta la bandera del metal canadiense.
Mientras tanto, en el escenario Valley se estaba dando un espectáculo de bastantes menos revoluciones que lo hecho por 3 Inches of Blood aunque no por eso menos denso. Es porque otros canadienses, en este caso los stoner doom Dopethrone, estaban tirando sus riffs llenos de humo de marihuana y distorsión valvular. El trío dirigido por el rastudo cantante y guitarrista Vincent Houde llenó de violencia sonora el escenario Valley, con un calor que a primera vista daba a entender que era la razón detrás de la elección del baterista Shawn Ellingham de tocar sin camiseta pero investigando un poco parece que esa es simplemente la manera en la que se presenta en todos los recitales.
Dejando de lado esos detalles de color, el grupo de Montreal fue una máquina de riffs gordos en su set, con el bajista Mike Riopel dejando que su bajo llenara todas las frecuencias bajas posibles y creando entre los tres un combo de pesadez, psicodelia y distorsión que hace honor al álbum de Electric Wizard del que tomaron su nombre, con la gente cabeceando con cada riff.
A las 18:30, en el Mainstage 01, íbamos a tener nuestro primer plato de verdad fuerte del día con The Cult. Las leyendas del rock de los ochentas se iban a presentar con un calor bastante insoportable, por más botellas de agua y ventiladores que hubiera por todos lados, y encima con un sol prominente brillando todavía encima del público y del escenario, ciertamente algo lejos del ambiente ideal para una banda con un componente gótico y oscuro muy prominente en su música. Pero manteniendo el look de ropas negras a pesar del ambiente, los ingleses le hicieron frente a todo con un setlist de clásico tras clásico de riffs fuertes y directos, con un Ian Astbury sonando impresionante en el micrófono y un Billy Duffy dando cátedra de guitarra y de meter oscuridad a los riffs de AC/DC. Astbury se movía de acá para allá en el escenario, haciendo dudar a cualquiera que el vocalista tenga más de 60 años (con un extraño outfit de pantalones anchos y bandana que lo hacían ver como un Mike Muir gótico), y regalando un set de puros buenos momentos con clásicos como “Wild Flower”, “Rise”, “Rain” y el final infaltable con “Love Removal Machine”. Siempre hay que confiar en The Cult, que son una fiesta asegurada.
Decidimos irnos al Valley para seguir con la jornada, pudiendo presenciar el recital dado por los ingleses Crippled Black Phoenix. Aunque no son una banda de metal, a pesar de lo que muchos puedan pensar leyendo su nombre, su guitarrista y líder Justin Greaves tuvo sus pasos por buena cantidad de bandas pesadas, como Iron Monkey y los antes mencionados Electric Wizard, y ha sabido aplicar los momentos más psicodélicos de esas bandas a la propuesta de este grupo, más tirada para el rock progresivo.
Con una bandera palestina prominentemente desplegada en medio del escenario, este colectivo de músicos (con tres guitarras) procedieron a mostrar que la potencia de la música no necesariamente debería medirse por la cantidad de distorsión en los riffs, con canciones como “Wyches and Basterdz”, “444”, “Troublemaker” y “We Forgotten Who We Are” llenando de atmósfera meditativa al Hellfest, en un espectáculo un tanto inusual para el contexto de este festival pero muy bienvenido para variar las cosas.
Permítanme dudar un poco acerca de The Hu, la sensación del metal que explotó en los últimos años en Mongolia. Digo esto porque siempre me pareció un tanto sospechoso el ascenso tan rápido que tuvo este grupo, con apariciones en giras de Iron Maiden y en juegos de Star Wars, a lo que se suman comentarios tanto de conocidos como de gente de Internet diciendo que en realidad la banda no es muy conocida en su país natal y que mucho del hype alrededor de ellos es más de marketing de Internet que otra cosa.
Pero más allá de eso, siento que hay algo interesante en este particular grupo de folk rock / metal, aunque por momentos se me hagan más ruido que sustancia: con su mezcla de instrumentos de rock con otros de música folclórica mongola, la manera tan llamativa de canto gutural, el “xöömej”, y los ropajes y presentación arriba del escenario. Aunque por momentos suenen simplemente como unos Metallica con instrumentos mongoles, fue un set muy entretenido, con “Upright Destined Mongol” y la nueva “Chi Bishee” estando entre los mejores momentos.
Y para cerrar este segundo día del Hellfest, nos fuimos de vuelta al Altar para pasarla bien con las leyendas Exodus desatando una ola de riffs thrasheros sobre nuestras cabezas. Hay poco que se pueda decir acerca de Exodus sin repetir cosas obvias, pero créanme que los estadounidenses demuestran una resiliencia al tiempo y a los cambios de formación que es envidiable: Rob Dukes no será mi cantante favorito de la banda pero en el comienzo de esta segunda etapa en el conjunto canta con una energía tremenda, y Gary Holt y Lee Altus son una máquina de puros riffs. Llega un punto donde me da un poco de bronca que Exodus estuvieran tocando en este escenario y no en el principal, donde ciertamente tendrían mucho más ganado el puesto que algo como Muse, pero creo que tenerlos en un escenario más chico ayuda a la propuesta, con el cuerpo todavía doliendo del pogo que se desató con “Bonded By Blood”, “Blacklist” y “The Toxic Waltz”. A veces, es mejor ser un pez grande en un estanque pequeño.
Y con eso terminamos ya esta segunda jornada en el Hellfest, con más calor pero también con más momentos inolvidables de semejantes jornadas. Nos dirigimos de vuelta a nuestras habitaciones a ver si podíamos descansar y tal vez poder llegar un poco más temprano al tercer día que se nos venía encima, con más bandas para hacer que nos duela el cuello de tanto headbanging.
