


La sala Parallel 62 de Barcelona acogió una edición muy especial de Indar, esta vez con una propuesta diferente: un concierto al mediodía, pensado para acompañar el vermut y disfrutar de la banda desde una perspectiva mucho más cercana e íntima. El repertorio arrancó con “Swallow” y “Oxyde”, dando paso a “Goodbye Ground”, “Prey” y “Nostalgia”, en un recorrido por distintas facetas de su sonido que fue ganando intensidad con cada tema.
Una de las grandes virtudes de Indar está en la capacidad de Sara para moverse entre registros vocales completamente opuestos. Su trabajo es impecable, alternando guturales y melodías con una naturalidad que no deja de fascinarme. A su lado, Marta y Karmen estuvieron afiladísimas durante todo el concierto, mientras que Martí firmó una gran labor detrás de la batería. La banda sonó compacta y contundente, demostrando que no necesita grandes escenarios para generar una conexión especial con el público.
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“Running With The Wolves”, “Thalassophobia”, “Rotten Roots” y “Udol” mantuvieron el nivel antes de llegar al momento más inesperado de la jornada. En mitad del público, con las luces muy bajas, sin amplificación, instrumentos ni micrófono, la banda interpretó una versión íntima y acústica de “Nothing Compares To You”. Un momento completamente distinto al resto del repertorio, que convirtió la sala en un espacio de absoluta cercanía y dejó una de las imágenes más especiales de la jornada.
Este formato les sienta especialmente bien. Las salas pequeñas permiten apreciar matices, gestos y detalles que a veces se pierden en escenarios más grandes, y Indar sabe aprovechar esa cercanía. Aun así, después de verlas en un contexto como este, también queda la sensación de que merecen dar el salto a grandes festivales. Ojalá podamos disfrutarlas allí algún día, porque tienen argumentos de sobra para ello.



La sala Parallel 62 de Barcelona acogió una edición muy especial de Indar, esta vez con una propuesta diferente: un concierto al mediodía, pensado para acompañar el vermut y disfrutar de la banda desde una perspectiva mucho más cercana e íntima. El repertorio arrancó con “Swallow” y “Oxyde”, dando paso a “Goodbye Ground”, “Prey” y “Nostalgia”, en un recorrido por distintas facetas de su sonido que fue ganando intensidad con cada tema.
Una de las grandes virtudes de Indar está en la capacidad de Sara para moverse entre registros vocales completamente opuestos. Su trabajo es impecable, alternando guturales y melodías con una naturalidad que no deja de fascinarme. A su lado, Marta y Karmen estuvieron afiladísimas durante todo el concierto, mientras que Martí firmó una gran labor detrás de la batería. La banda sonó compacta y contundente, demostrando que no necesita grandes escenarios para generar una conexión especial con el público.
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