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Kill-Town Death Fest 2026 – Dia 4: “El Lento y Doloroso Final”
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Llegó el último día del Kill-Town Death Fest, y la jornada tuvo una hermosa previa al mediodía, con las presentaciones de Perishing y Dead Void en el escenario libre. Además, durante el día hubo un mercado de discos, remeras y todo tipo de merchandising, mientras que uno de los grandes atractivos para los fanáticos fue el meet and greet con Michael Denner, histórico guitarrista de Mercyful Fate.

Con una jornada que prometía ser especialmente lenta, oscura y atmosférica, el festival se preparaba para su esperado Gloomy Sunday.

Desde Finlandia, Tyranny fue la encargada de abrir oficialmente la jornada con un funeral doom suuuuuper lento, cargado de canciones larguísimas y pasajes que parecían avanzar a paso de tortuga. Una propuesta perfectamente alineada con el espíritu de este último día del festival.

El sonido fue muy bueno y permitió apreciar cada una de las capas de la música, aunque para buena parte de los presentes la propuesta comenzó a resultar demasiado densa. Aun así, Tyranny consiguió convencer y entregar una gran inauguración para el esperado Gloomy Sunday, dejando claro desde el comienzo que este sería un día para tomarse las cosas con mucha calma.

Rothadas tuvo además el desafío de estar realizando su primer show, y la banda respondió con una presentación más que convincente. Su propuesta se movió principalmente dentro del death metal, aunque jugando constantemente con elementos del doom y alternando momentos de mayor velocidad con otros mucho más pesados.

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También hubo espacio para la épica, especialmente gracias a algunos coros hipnóticos que aportaron una dimensión diferente a las composiciones. La banda se mostró segura sobre el escenario y consiguió generar una buena conexión con el público.

Un debut más que auspicioso que dejó a la gente satisfecha y demostró que Rothadas tiene material suficiente para seguir dando que hablar.

Desde Brasil llegó Fossilization, una de las grandes sorpresas de la jornada y, probablemente, uno de los mejores shows de todo el festival.

Su propuesta podría definirse como death/doom, aunque la fórmula estaba planteada de una manera bastante diferente a lo que suele esperarse del género. Si bien hubo algunos momentos lentos y aplastantes, la mayoría de las canciones fueron extremadamente rápidas y violentas, con blast beats agresivos y riffs completamente enajenados.

La clave estaba en la enorme cantidad de distorsión utilizada. Las guitarras tenían un sonido extremadamente grueso y pesado, casi como si una banda de doom hubiera decidido tocar a velocidades demenciales. El resultado fue una pared sonora verdaderamente brutal.

Los músicos, además, se presentaron todos pintados y encapuchados, reforzando una atmósfera siniestra que acompañó toda la presentación. Durante aproximadamente 45 minutos, Fossilization mantuvo al público sometido a una descarga constante de violencia y oscuridad, dejando a más de uno con la cabeza en llamas.

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La banda se encuentra presentando Advent of Wounds, su último trabajo, editado en febrero de este año. Se trata de un álbum pesadísimo y oscuro que está llamando considerablemente la atención dentro del underground.

Excelente banda y excelente presentación.

Siguiendo con la onda ritualística, Nekus convirtió el escenario pequeño prácticamente en un ritual satánico. Con muy poca luz, una cantidad impresionante de humo y varias velas iluminando el centro del escenario, la banda dio inicio a su set.

Su propuesta fue un death metal extremadamente oscuro y denso, generalmente muy lento y con pocos momentos de velocidad. La intención parecía ser transportar al público a una cueva, en medio de algún ritual en el que cualquier cosa podía suceder.

Esto se consiguió también gracias a un sonido deliberadamente dispar. Las guitarras se entendían hasta cierto punto, el bajo tenía una presencia grave y profunda, la voz aparecía mezclada entre los instrumentos y la batería sonaba al taco. Lejos de arruinar la experiencia, esta falta de prolijidad terminó alimentando la sensación de incertidumbre e incomodidad que la banda buscaba transmitir.

De hecho, sobre el final, durante la última canción, el guitarrista principal aumentó todavía más la distorsión de su instrumento, haciendo que la guitarra sonara completamente rota y podrida.

Si nos ponemos exquisitos, podríamos decir que hubo poca luz y que el sonido estuvo lejos de ser prolijo. Pero en este caso, ambas cosas jugaron a favor de la propuesta. Nekus buscaba generar un clima diferente, incómodo y opresivo, y lo consiguió con creces.

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La banda mexicana Cenotaph fue probablemente la que más se salió del molde de esta jornada. Mientras buena parte del día estaba dominada por el doom y las propuestas más lentas y atmosféricas, ellos apostaron directamente por un death metal de vieja escuela.

Rápidos, agresivos y con mucho blast beat, tanto tradicional como uno a uno, los mexicanos ofrecieron exactamente lo que buena parte del público parecía estar necesitando a esta altura: velocidad y violencia.

La banda sonó ajustada y tocó muy bien, mientras que el público respondió inmediatamente con ganas de pogo. Después de tanta lentitud, una propuesta mucho más agresiva fue recibida con los brazos abiertos.

El único punto negativo fue que entre canción y canción se tomaron pausas demasiado largas. Esto hizo que el show perdiera bastante ritmo y que por momentos se tornara algo aburrido. Dejando esto de lado, Cenotaph ofreció un buen concierto y funcionó perfectamente como una bocanada de aire entre tanta lentitud.

Desde Italia llegó Larvae, otra banda que contó con presencia femenina en sus filas, en este caso la vocalista y guitarrista Lucillia Celicata.

Su propuesta se movió dentro del death/doom, pero completamente alejada de cualquier tipo de melancolía o coqueteo con el gothic metal. Esto era pura asquerosidad lenta y distorsionada, con algunos momentos caóticos de velocidad.

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Los riffs eran gordos y pesados, la batería concisa pero creativa y el bajo aportaba una densidad enorme. Todo esto terminó construyendo un sonido podrido y agresivo, muy acorde con el espíritu underground del festival.

La presentación tuvo varios momentos destacables. El primero no fue precisamente positivo: hubo un problema con el parante del micrófono que, por suerte, no terminó afectando demasiado el desarrollo del show.

El segundo fue bastante más gracioso. Una asistente que evidentemente había bebido más de la cuenta comenzó a cantar canciones románticas en italiano para la banda mientras esta no estaba tocando. Todo esto mientras empujaba al resto del público y buscaba problemas.

Pero el momento más impactante llegó sobre el final. Lucillia Celicata realizó un pequeño acting en el que escupió sangre y terminó bañando con ella al público.

Un cierre completamente oscuro para una presentación brutal, agresiva y con un espíritu underground enorme.

Y el cierre del festival quedó en manos de Skepticism, banda finlandesa pionera del funeral doom. Aunque, bajo mi criterio, su música siempre tuvo también bastante coqueteo con el gothic metal, especialmente desde una perspectiva mucho más oscura y densa.

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Su presentación fue completamente opuesta a todo lo que habíamos visto anteriormente durante el festival. Mientras que en muchas de las bandas anteriores habían predominado la crudeza, la suciedad y el caos, en Skepticism la elegancia fue la gran protagonista.

Los músicos ingresaron vestidos con túnicas y trajes negros, como si realmente estuvieran participando de un funeral. El vocalista, por su parte, cantó prácticamente todo el show sosteniendo un ramo de rosas blancas, que posteriormente fue obsequiando a diferentes mujeres del público.

La banda no contaba con bajista, algo que, personalmente, considero que habría aportado todavía más peso a su sonido. Esa función recaía principalmente sobre una guitarra extremadamente densa, que acentuaba el peso de la batería y cada tanto introducía riffs cargados de melancolía.

El teclado tenía un papel fundamental y llevaba buena parte de las melodías. Su sonido recordaba a un piano antiguo, e incluso por momentos tenía un carácter casi religioso, como si proviniera de una vieja iglesia.

La batería era lenta y precisa, y tenía además la particularidad de contar con medidas enormes y ser ejecutada con palillos con maza, buscando conseguir un sonido todavía más grave y pesado.

Pero gran parte de la atención terminó concentrándose en el vocalista. Además de ser extremadamente carismático y tener una presencia escénica casi de galán, contaba con una voz profunda y densa que parecía un lamento demoníaco.

La presentación de Skepticism fue, en definitiva, la antítesis de buena parte de lo visto anteriormente en el festival. Si durante el resto del día había predominado la crudeza, acá lo hizo la elegancia. Un cierre increíble para cuatro jornadas de death metal en todas sus formas.

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Y así llegamos al final de esta edición del Kill-Town Death Fest. Un festival de culto donde los verdaderos apasionados del death metal se reúnen en comunión, creando un ambiente familiar y de hermandad que es difícil de encontrar en otros eventos.

Porque acá la gente no viene solamente a escuchar música. Viene a compartir, encontrarse con amigos, descubrir nuevas bandas, comprar discos, hablar durante horas sobre metal y, sobre todo, pasar varios días rodeada de personas que comparten exactamente la misma pasión.

Por suerte, ya tenemos las fechas para el Kill-Town Death Fest 2027: será del 2 al 5 de septiembre, nuevamente en Pumpehuset, Copenhagen.

Si algún fan acérrimo del death metal está leyendo esto, nuestra recomendación es simple: no lo dudes y asistí. Probablemente sea una de las mejores decisiones que puedas tomar.

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Kill-Town Death Fest 2026 – Dia 4: “El Lento y Doloroso Final”
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Llegó el último día del Kill-Town Death Fest, y la jornada tuvo una hermosa previa al mediodía, con las presentaciones de Perishing y Dead Void en el escenario libre. Además, durante el día hubo un mercado de discos, remeras y todo tipo de merchandising, mientras que uno de los grandes atractivos para los fanáticos fue el meet and greet con Michael Denner, histórico guitarrista de Mercyful Fate.

Con una jornada que prometía ser especialmente lenta, oscura y atmosférica, el festival se preparaba para su esperado Gloomy Sunday.

Desde Finlandia, Tyranny fue la encargada de abrir oficialmente la jornada con un funeral doom suuuuuper lento, cargado de canciones larguísimas y pasajes que parecían avanzar a paso de tortuga. Una propuesta perfectamente alineada con el espíritu de este último día del festival.

El sonido fue muy bueno y permitió apreciar cada una de las capas de la música, aunque para buena parte de los presentes la propuesta comenzó a resultar demasiado densa. Aun así, Tyranny consiguió convencer y entregar una gran inauguración para el esperado Gloomy Sunday, dejando claro desde el comienzo que este sería un día para tomarse las cosas con mucha calma.

Rothadas tuvo además el desafío de estar realizando su primer show, y la banda respondió con una presentación más que convincente. Su propuesta se movió principalmente dentro del death metal, aunque jugando constantemente con elementos del doom y alternando momentos de mayor velocidad con otros mucho más pesados.

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Un debut más que auspicioso que dejó a la gente satisfecha y demostró que Rothadas tiene material suficiente para seguir dando que hablar.

Desde Brasil llegó Fossilization, una de las grandes sorpresas de la jornada y, probablemente, uno de los mejores shows de todo el festival.

Su propuesta podría definirse como death/doom, aunque la fórmula estaba planteada de una manera bastante diferente a lo que suele esperarse del género. Si bien hubo algunos momentos lentos y aplastantes, la mayoría de las canciones fueron extremadamente rápidas y violentas, con blast beats agresivos y riffs completamente enajenados.

La clave estaba en la enorme cantidad de distorsión utilizada. Las guitarras tenían un sonido extremadamente grueso y pesado, casi como si una banda de doom hubiera decidido tocar a velocidades demenciales. El resultado fue una pared sonora verdaderamente brutal.

Los músicos, además, se presentaron todos pintados y encapuchados, reforzando una atmósfera siniestra que acompañó toda la presentación. Durante aproximadamente 45 minutos, Fossilization mantuvo al público sometido a una descarga constante de violencia y oscuridad, dejando a más de uno con la cabeza en llamas.

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Excelente banda y excelente presentación.

Siguiendo con la onda ritualística, Nekus convirtió el escenario pequeño prácticamente en un ritual satánico. Con muy poca luz, una cantidad impresionante de humo y varias velas iluminando el centro del escenario, la banda dio inicio a su set.

Su propuesta fue un death metal extremadamente oscuro y denso, generalmente muy lento y con pocos momentos de velocidad. La intención parecía ser transportar al público a una cueva, en medio de algún ritual en el que cualquier cosa podía suceder.

Esto se consiguió también gracias a un sonido deliberadamente dispar. Las guitarras se entendían hasta cierto punto, el bajo tenía una presencia grave y profunda, la voz aparecía mezclada entre los instrumentos y la batería sonaba al taco. Lejos de arruinar la experiencia, esta falta de prolijidad terminó alimentando la sensación de incertidumbre e incomodidad que la banda buscaba transmitir.

De hecho, sobre el final, durante la última canción, el guitarrista principal aumentó todavía más la distorsión de su instrumento, haciendo que la guitarra sonara completamente rota y podrida.

Si nos ponemos exquisitos, podríamos decir que hubo poca luz y que el sonido estuvo lejos de ser prolijo. Pero en este caso, ambas cosas jugaron a favor de la propuesta. Nekus buscaba generar un clima diferente, incómodo y opresivo, y lo consiguió con creces.

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Rápidos, agresivos y con mucho blast beat, tanto tradicional como uno a uno, los mexicanos ofrecieron exactamente lo que buena parte del público parecía estar necesitando a esta altura: velocidad y violencia.

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La banda no contaba con bajista, algo que, personalmente, considero que habría aportado todavía más peso a su sonido. Esa función recaía principalmente sobre una guitarra extremadamente densa, que acentuaba el peso de la batería y cada tanto introducía riffs cargados de melancolía.

El teclado tenía un papel fundamental y llevaba buena parte de las melodías. Su sonido recordaba a un piano antiguo, e incluso por momentos tenía un carácter casi religioso, como si proviniera de una vieja iglesia.

La batería era lenta y precisa, y tenía además la particularidad de contar con medidas enormes y ser ejecutada con palillos con maza, buscando conseguir un sonido todavía más grave y pesado.

Pero gran parte de la atención terminó concentrándose en el vocalista. Además de ser extremadamente carismático y tener una presencia escénica casi de galán, contaba con una voz profunda y densa que parecía un lamento demoníaco.

La presentación de Skepticism fue, en definitiva, la antítesis de buena parte de lo visto anteriormente en el festival. Si durante el resto del día había predominado la crudeza, acá lo hizo la elegancia. Un cierre increíble para cuatro jornadas de death metal en todas sus formas.

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