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Killtown Deathfest 2025 – Día IV: “Luto, lentitud y el último moshpit”
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Tras un sábado excelente, quedaba la jornada del domingo. Esta contó con la participación de grupos emblema del estilo y otros más cercanos al doom.

Desde Barcelona, Sanctuarium trajo un death metal pantanoso, bien al estilo Incantation. Con pasajes lentos y arrastrados, pero con momentos veloces muy agresivos. El contraste entre estas dos versiones del estilo aportó frescura y variación a su set de 30 minutos.
Con dos discos de estudio, que repasaron en su presentación, se posicionan como una banda relevante en su escena local. A su vez, en la escena del death metal underground adquirieron cierta notoriedad. Esto respaldado por la gran cantidad de público que asistió temprano al escenario descubierto.

Italia contó con un segundo representante en el line up. Me refiero a Assumption, provenientes de Bologna.
Su estilo es un death/doom extremadamente lento y denso. Si bien tienen sus partes rápidas o a medio tempo, los pasajes largos y lentos son los que abundan.
Las canciones son largas y se van desarrollando poco a poco, con mucha paciencia. Esto demuestra lo bien trabajadas y compuestas que están, ya que no aburren. Progresan de forma natural en base a distintos arreglos de las guitarras, que toman el protagonismo de la canción.
El sonido fue muy nítido y grave, pero sin saturar. Sonó muy prolijo y preciso.
Con una presentación hipnótica de casi 50 minutos, tuvieron a todos los presentes en trance, moviendo la cabeza.

El país nórdico de Finlandia sumó otro representante en el line up. Necrotic Ooze, autoproclamándose “Finnish old school death metal”, hicieron tronar el escenario pequeño.
Si bien se notaron imperfecciones, el público las perdonó y siguió apoyando. Tras un saludo, los músicos aclararon que era su primer show, por lo que el público respondió con un gran aplauso y un mayor entusiasmo.
Con un set de canciones sin editar, mostraron sus influencias del death metal europeo, con pasajes lentos y pesados y otros momentos para desplegar más velocidad y riffs que invitaban a revolear la cabeza.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: The Kovenant en Buenos Aires: “30 años de historia en una sola noche”

En el día hubo una tendencia por parte de las bandas de enfocarse en el death/doom y en propuestas en su mayoría lentas.
Desde Estados Unidos, Dusk siguió honrando la tendencia de la fecha.
Con dos discos, que son joyas perdidas del género, marcan una propuesta donde la densidad y el peso de los riffs son todo. Riffs que son perfectamente secundados por un bajo que acentúa los golpes fuertes. La batería, más allá de seguir al bajo, también aportaba matices con phills y muchos juegos de platos.
Uno de los momentos más destacados fue cuando evocaron al gothic metal. Sobre una batería a base de golpes simples y dos guitarras punteando, una cantante femenina subió a escena. Ella cantó unas estrofas cargadas de melancolía y con una técnica vocal destacable. Un momento muy fresco para este festival.
Esto repercutió en la respuesta del público. Este respondió con completa atención al show y ovacionando entre canción y canción.

Hubo dos representantes del lejano Japón. La primera en participar fue Gravavgrav.
Ejecutaron un death metal atmosférico muy lento y con muchas secciones de acoples y distorsiones graves. Pero los breves momentos veloces fueron deliciosos, súper pesados.
Más allá de las secciones de acoples hubo otras de riffs lentos atravesados por un gutural grave y una voz gritada ensordecedora.
Entre canciones, el guitarrista narró varias historias en japonés y en inglés.
La propuesta sonó grave, pesada y ajustada, esto más allá de no contar con un bajista en la formación.
Todo se sostuvo a base de dos guitarras muy graves y densas. Si bien yo creo que un bajo hubiera resaltado su propuesta, mentiría si dijera que hizo falta. El grupo sonó excelente.
Los músicos saludaron y dijeron que quedaba una canción más. Tras un largo silencio hicieron ruido por un segundo y agradecieron. El público rió a carcajadas. El guitarrista aclaró que era una broma y presentó dos canciones más. Otro momento divertido del festival.

Desde Suecia, formados en los 90, Moondark pisó las tablas. La banda sacó un demo en dicha década, luego se separó y retomó actividad hace unos años. El año pasado editaron su primer disco, The Abysmal Womb.
Desafortunadamente, el sonido no fue el mejor. El bajo estaba muy fuerte y las guitarras bajas. Si bien esto mostró signos de mejoría, nunca se acomodó del todo.
Tras eso, la presentación estaba resultando aburrida debido al poco carisma de la banda. Estaban estáticos, tocando las canciones mirando el suelo o el techo. Esto cambió un poco a partir de la mitad del show, pero fue un poco tarde.
Musicalmente la ejecución fue buena, muy ajustada y precisa. Los momentos rápidos contrastaban muy bien con los lentos y pesados, típicos del sonido de Estocolmo.
Una presentación por la que había mucha expectativa, pero que no llegó a cumplirlas.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Candlemass en Buenos Aires: “Epicus Doomicus Fantasticus”

La lentitud volvió a apoderarse de la música gracias a Trollcave. Grupo catalán de funeral doom con pasajes de death metal.
Pasajes densos, distorsionados y arrastrados fueron los protagonistas, luego contados momentos donde la agresión y los blast beats daban un golpe.
El sonido fue maravilloso, permitiendo apreciar las funerarias atmósferas creadas. La voz, profunda y parecida a salida de una criatura malvada, dio muchos puntos a la inversión en la propuesta.
Un show conciso, de una banda que sin inventar la rueda, muestra rasgos muy personales.

La hora había llegado para la banda más conocida del festival. Me refiero a Cancer, quienes se originaron en Reino Unido y actualmente se encuentran basados en España.
Con un setlist equilibrado entre clásicos y canciones de su flamante Inverted World, conquistaron a un, ya cansado, público.
Este siempre tuvo una buena respuesta al grupo, pero necesitó incentivo para empezar con los mosh pits, que una vez que empezaron, no pararon hasta el final del show. Incluso hubo mucha gente subiéndose al escenario y tirándose de él.
El sonido fue brillante, claro y súper nítido. La voz bien al frente, las guitarras apenas más atrás y al final una base de batería y bajo que sostenían la cuestión.
Obviamente, la ejecución fue genial, incluso daba la sensación que las canciones estaban mejoradas en cuanto a sus versiones de estudio. Se escucharon arreglos de batería y propuestas más trabajadas e incluso recordando al primer death progresivo.
Si bien todo el set fue parejo, los puntos más altos fueron los pertenecientes al clásico To the Gory End (1990). Las dos elegidas fueron “Into the Acid” y el gran final con “Cancer Fucking Cancer”, que desató el último pogo feroz del festival.
Quedó la sensación que en una fecha tan lenta, Rippikoulu hubiera quedado mejor en cartel, más teniendo en cuenta que la fecha anterior tuvo inclinación al death metal clásico. Pero en fin, detalles que uno nota pero que no opacan el resultado final.

La difícil tarea de cerrar el festival cayó en manos de Funeral Moth. Cuarteto japonés que se presentó como trío y que comparte baterista con la anterior banda del mismo país.
Y como no, volvió la lentitud con una propuesta enfocada en el funeral doom. Canciones largas que tomaban su tiempo en construirse y por supuesto con riffs lentísimos. Estos transmitían mucha tristeza y desolación y eran bien acompañados con un bajo marcado y una batería que acentuaba los golpes fuertes.
Las voces eran guturales y profundas, aunque también hubo momentos para coros espectrales. Los momentos donde los dos vocalistas cantaron al unísono fueron de lo mejor del show. Los gritos entraban a tus oídos y te reventaban los tímpanos.
Tras una presentación de 40 minutos, los japoneses agradecieron y, cuando procedían a retirarse, el público pidió una más. Los músicos contentos accedieron al pedido, dando un cierre con broche de oro al festival.

En conclusión, el Killtown Deathfest 2025 fue un verdadero paraíso para los fanáticos del death y doom metal. Cuatro días de propuestas underground, bandas internacionales, rarezas difíciles de ver en vivo y un sonido generalmente impecable. La organización, la calidad de los escenarios y la energía del público consolidaron un evento que no solo celebró la música extrema, sino que también demostró que la escena underground sigue viva y más fuerte que nunca. Un festival imperdible para cualquiera que ame explorar los rincones más profundos del metal.

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Killtown Deathfest 2025 – Día IV: “Luto, lentitud y el último moshpit”
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Tras un sábado excelente, quedaba la jornada del domingo. Esta contó con la participación de grupos emblema del estilo y otros más cercanos al doom.

Desde Barcelona, Sanctuarium trajo un death metal pantanoso, bien al estilo Incantation. Con pasajes lentos y arrastrados, pero con momentos veloces muy agresivos. El contraste entre estas dos versiones del estilo aportó frescura y variación a su set de 30 minutos.
Con dos discos de estudio, que repasaron en su presentación, se posicionan como una banda relevante en su escena local. A su vez, en la escena del death metal underground adquirieron cierta notoriedad. Esto respaldado por la gran cantidad de público que asistió temprano al escenario descubierto.

Italia contó con un segundo representante en el line up. Me refiero a Assumption, provenientes de Bologna.
Su estilo es un death/doom extremadamente lento y denso. Si bien tienen sus partes rápidas o a medio tempo, los pasajes largos y lentos son los que abundan.
Las canciones son largas y se van desarrollando poco a poco, con mucha paciencia. Esto demuestra lo bien trabajadas y compuestas que están, ya que no aburren. Progresan de forma natural en base a distintos arreglos de las guitarras, que toman el protagonismo de la canción.
El sonido fue muy nítido y grave, pero sin saturar. Sonó muy prolijo y preciso.
Con una presentación hipnótica de casi 50 minutos, tuvieron a todos los presentes en trance, moviendo la cabeza.

El país nórdico de Finlandia sumó otro representante en el line up. Necrotic Ooze, autoproclamándose “Finnish old school death metal”, hicieron tronar el escenario pequeño.
Si bien se notaron imperfecciones, el público las perdonó y siguió apoyando. Tras un saludo, los músicos aclararon que era su primer show, por lo que el público respondió con un gran aplauso y un mayor entusiasmo.
Con un set de canciones sin editar, mostraron sus influencias del death metal europeo, con pasajes lentos y pesados y otros momentos para desplegar más velocidad y riffs que invitaban a revolear la cabeza.

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En el día hubo una tendencia por parte de las bandas de enfocarse en el death/doom y en propuestas en su mayoría lentas.
Desde Estados Unidos, Dusk siguió honrando la tendencia de la fecha.
Con dos discos, que son joyas perdidas del género, marcan una propuesta donde la densidad y el peso de los riffs son todo. Riffs que son perfectamente secundados por un bajo que acentúa los golpes fuertes. La batería, más allá de seguir al bajo, también aportaba matices con phills y muchos juegos de platos.
Uno de los momentos más destacados fue cuando evocaron al gothic metal. Sobre una batería a base de golpes simples y dos guitarras punteando, una cantante femenina subió a escena. Ella cantó unas estrofas cargadas de melancolía y con una técnica vocal destacable. Un momento muy fresco para este festival.
Esto repercutió en la respuesta del público. Este respondió con completa atención al show y ovacionando entre canción y canción.

Hubo dos representantes del lejano Japón. La primera en participar fue Gravavgrav.
Ejecutaron un death metal atmosférico muy lento y con muchas secciones de acoples y distorsiones graves. Pero los breves momentos veloces fueron deliciosos, súper pesados.
Más allá de las secciones de acoples hubo otras de riffs lentos atravesados por un gutural grave y una voz gritada ensordecedora.
Entre canciones, el guitarrista narró varias historias en japonés y en inglés.
La propuesta sonó grave, pesada y ajustada, esto más allá de no contar con un bajista en la formación.
Todo se sostuvo a base de dos guitarras muy graves y densas. Si bien yo creo que un bajo hubiera resaltado su propuesta, mentiría si dijera que hizo falta. El grupo sonó excelente.
Los músicos saludaron y dijeron que quedaba una canción más. Tras un largo silencio hicieron ruido por un segundo y agradecieron. El público rió a carcajadas. El guitarrista aclaró que era una broma y presentó dos canciones más. Otro momento divertido del festival.

Desde Suecia, formados en los 90, Moondark pisó las tablas. La banda sacó un demo en dicha década, luego se separó y retomó actividad hace unos años. El año pasado editaron su primer disco, The Abysmal Womb.
Desafortunadamente, el sonido no fue el mejor. El bajo estaba muy fuerte y las guitarras bajas. Si bien esto mostró signos de mejoría, nunca se acomodó del todo.
Tras eso, la presentación estaba resultando aburrida debido al poco carisma de la banda. Estaban estáticos, tocando las canciones mirando el suelo o el techo. Esto cambió un poco a partir de la mitad del show, pero fue un poco tarde.
Musicalmente la ejecución fue buena, muy ajustada y precisa. Los momentos rápidos contrastaban muy bien con los lentos y pesados, típicos del sonido de Estocolmo.
Una presentación por la que había mucha expectativa, pero que no llegó a cumplirlas.

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Pasajes densos, distorsionados y arrastrados fueron los protagonistas, luego contados momentos donde la agresión y los blast beats daban un golpe.
El sonido fue maravilloso, permitiendo apreciar las funerarias atmósferas creadas. La voz, profunda y parecida a salida de una criatura malvada, dio muchos puntos a la inversión en la propuesta.
Un show conciso, de una banda que sin inventar la rueda, muestra rasgos muy personales.

La hora había llegado para la banda más conocida del festival. Me refiero a Cancer, quienes se originaron en Reino Unido y actualmente se encuentran basados en España.
Con un setlist equilibrado entre clásicos y canciones de su flamante Inverted World, conquistaron a un, ya cansado, público.
Este siempre tuvo una buena respuesta al grupo, pero necesitó incentivo para empezar con los mosh pits, que una vez que empezaron, no pararon hasta el final del show. Incluso hubo mucha gente subiéndose al escenario y tirándose de él.
El sonido fue brillante, claro y súper nítido. La voz bien al frente, las guitarras apenas más atrás y al final una base de batería y bajo que sostenían la cuestión.
Obviamente, la ejecución fue genial, incluso daba la sensación que las canciones estaban mejoradas en cuanto a sus versiones de estudio. Se escucharon arreglos de batería y propuestas más trabajadas e incluso recordando al primer death progresivo.
Si bien todo el set fue parejo, los puntos más altos fueron los pertenecientes al clásico To the Gory End (1990). Las dos elegidas fueron “Into the Acid” y el gran final con “Cancer Fucking Cancer”, que desató el último pogo feroz del festival.
Quedó la sensación que en una fecha tan lenta, Rippikoulu hubiera quedado mejor en cartel, más teniendo en cuenta que la fecha anterior tuvo inclinación al death metal clásico. Pero en fin, detalles que uno nota pero que no opacan el resultado final.

La difícil tarea de cerrar el festival cayó en manos de Funeral Moth. Cuarteto japonés que se presentó como trío y que comparte baterista con la anterior banda del mismo país.
Y como no, volvió la lentitud con una propuesta enfocada en el funeral doom. Canciones largas que tomaban su tiempo en construirse y por supuesto con riffs lentísimos. Estos transmitían mucha tristeza y desolación y eran bien acompañados con un bajo marcado y una batería que acentuaba los golpes fuertes.
Las voces eran guturales y profundas, aunque también hubo momentos para coros espectrales. Los momentos donde los dos vocalistas cantaron al unísono fueron de lo mejor del show. Los gritos entraban a tus oídos y te reventaban los tímpanos.
Tras una presentación de 40 minutos, los japoneses agradecieron y, cuando procedían a retirarse, el público pidió una más. Los músicos contentos accedieron al pedido, dando un cierre con broche de oro al festival.

En conclusión, el Killtown Deathfest 2025 fue un verdadero paraíso para los fanáticos del death y doom metal. Cuatro días de propuestas underground, bandas internacionales, rarezas difíciles de ver en vivo y un sonido generalmente impecable. La organización, la calidad de los escenarios y la energía del público consolidaron un evento que no solo celebró la música extrema, sino que también demostró que la escena underground sigue viva y más fuerte que nunca. Un festival imperdible para cualquiera que ame explorar los rincones más profundos del metal.

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