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Kingdom of Rock 2025: “Entre truenos de metal”
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Texto: Carlos Mercury

Algo de lluvia no asustaba en absoluto a una gran multitud que se agolpaba a las puertas del Navarra Arena. El Kingdom of Rock prometía ser una noche épica para los amantes de la música pesada.

Al entrar, lo primero que llamaba la atención era la iluminación de unos focos en tonos neón azul, que generaban un ambiente llamativo y más propio de fiestas de electrónica que de conciertos de metal, lo cual resultaba curioso y tenía cierta gracia.

A las 18:15 en punto, los encargados de abrir el festival fueron Electrikeel, un trío originario de Pamplona que, con su thrash agresivo y a mala hostia, pegaron un buen trallazo de media hora que sirvió de calentamiento perfecto para lo que se venía. A pesar de la hora temprana, ya se veía ocupado poco más de un tercio de la pista del pabellón. Fue un directo sumamente potente y con un sonido sin pega alguna, dejando claro que en el thrash metal de Iruña ellos tienen mucho o todo que decir. A las 18:45, tras una escasa media hora que les habían reservado, se despidieron, dejando al público con ganas de más.

A las 19:10, cinco minutos antes de lo previsto, Freedom Call tomó el escenario con su power metal alegre y lleno de energía, que en ocasiones, y salvando las distancias, recuerda a los mejores tiempos de Helloween. Desde la primera canción, el público del Arena ya se había multiplicado hasta mitad de pista y gran parte de las gradas, lo que aportó la intensidad que necesitaba la actuación. La banda desplegó un repertorio lleno de melodías épicas y estribillos coreables, entre los que no faltaron sus himnos “Supernova”, “Freedom Call” y el más conocido “Metal is for Everyone”. Hicieron saltar y disfrutar a un público que ya estaba completamente arriba y, a las 20:13, tras una divertida hora de power metal clásico bien hecho, se despidieron dejando el ambiente listo para recibir a la reina.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Titans of Metal Fest: “Triunfa en su primera edición en CDMX”

Tras los alemanes Freedom Call, otra germana subía al escenario. Doro, la indiscutible reina del metal, demostró que mantiene intacto su poderío y su legado dentro del heavy metal clásico. Con un carisma arrollador y su inconfundible voz, Doro dejó claro por qué sigue siendo una de las figuras más respetadas del género. La icónica figura del metal comenzó con “I Rule the Ruins”, una de las canciones más emblemáticas de sus Warlock de los 80, contagiando energía a un Navarra Arena ya bien calentito y repleto.

Dorothee Pesch hizo un repaso de sus grandes éxitos en solitario y también de Warlock, de los que rescató himnos como “Earthshaker Rock” o “Burning the Witches”, aunque también tuvo tiempo para temas más actuales, como “Time for Justice” o “Fire in the Sky”. El público vibró con su himno “Raise Your Fist in the Air”, que encendió aún más el pabellón y, tras dejar que la intensidad bajase un poco, remataron a lo grande con “Breaking the Law”, homenajeando así a los colosales Judas y terminando de meterse en el bolsillo a los asistentes.

El cierre previo a los bises llegó con el himno absoluto de Doro, “All We Are”, conquistando así Pamplona y terminando con otros de sus dos emblemas, “Metal Racer” y “True as Steel”.

Tras terminar Doro, un enorme cartel en el escenario anunciaba que a partir de ahora no se podrían tomar fotos ni videos, ni tampoco hacer crowdsurfing, lo que anticipaba que ya faltaba muy poco para que unos tipos de esencia única y autoridad indiscutible subieran al escenario: los todopoderosos Manowar.

Horas antes del concierto, el legendario Joey DeMaio compartía un vídeo en sus redes avisando de que hoy temblaría el suelo de la misma forma que tiemblan las calles de Pamplona cuando por ellas corren los toros. Y así fue. Desde el primer momento, se sintió la potencia y la fuerza habitual de la banda, con un volumen muy por encima del resto de grupos que antes habían pasado por las tablas.

Tras quince largos minutos de retraso, que generaron las primeras pitadas por parte del público (impaciente y con el temor de una posible cancelación de última hora, como ya sabemos que ha ocurrido más veces), finalmente aparecieron, con su pose y actitud de machos alfa del metal, como no podía ser de otra forma. Abrieron con “Manowar”, el clásico que tocó las fibras de los asistentes, desatando la primera oleada de emoción. Seguido por “Kings of Metal”, con el que ya quedaba bien claro que había dado comienzo el ritual de hermandad que unía a todos los que allí estábamos. “Fighting the World” y la mítica “Brothers of Metal Pt. 1” continuaron encendiendo al público y dejándonos bien claro, ya a estas alturas, la inmejorable forma en que se encuentra la banda.

Mención especial merece Eric Adams, cuya presencia vocal sigue siendo una fuerza imparable. Una capacidad que deja en muy mal lugar a otras viejas glorias de su gremio, quienes, por desgracia, no han podido o no han sabido mantener este potencial. Lo que está claro es que por las cuerdas vocales de Eric no pasan los años.

A mitad del show, “Blood of My Enemies” y “Kill With Power” continuaron haciendo temblar el Navarra Arena. El homenaje a sus dos discos fundamentales, Hail to England y Sign of the Hammer, fue el núcleo de su setlist y suponía un gran regalo a los fans más fieles de su legado. Desde la renovación de su formación en 2022, la banda funciona como un perfecto engranaje con Dave Chedrick marcando los pesados ritmos de batería y la incorporación estelar de la leyenda de la guitarra Michael Angelo Batio. Sin duda, uno de los guitarristas más rápidos y técnicamente brillantes de la historia, conocido también por sus hazañas extraterrestres, como tocar una guitarra de cuatro mástiles en forma de X cruzando las manos entre otras virguerías y locuras varias que lo hacen absolutamente único. Para los guitarristas que estábamos presentes, estoy seguro de que fue una experiencia casi mística presenciar en vivo a este ícono de destreza sobrehumana.

A todo esto, el escenario imitaba un templo romano, lo que reforzaba esa imagen de guerreros invencibles que siempre ha caracterizado a Manowar y sus portadas. A falta de pocas canciones para el final, Joey DeMaio dio su habitual discurso, esta vez en un español bastante gracioso, en el que habló de las críticas que reciben por “ser unos tíos con dos cojones”, del pacharán y otras de sus cosillas marca de la casa DeMaio.

Y tras el mitin de diez minutos, que a juzgar por algún pitido empezaba a resultar muy largo, llegó el momento más esperado: “Warriors of the World United”, coreado por cada garganta presente en el pabellón. Nuevamente, y más fuerte que antes, temblaron las paredes del Navarra Arena. Para terminar de la forma más épica posible, se marcaron un tremendo “Hail and Kill”, dejando como broche de oro el ilustre “Black Wind, Fire and Steel”. Un himno para hacernos salir de allí temblando y pensando: “Joder, son los putos Manowar…”

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Kingdom of Rock 2025: “Entre truenos de metal”
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Texto: Carlos Mercury

Algo de lluvia no asustaba en absoluto a una gran multitud que se agolpaba a las puertas del Navarra Arena. El Kingdom of Rock prometía ser una noche épica para los amantes de la música pesada.

Al entrar, lo primero que llamaba la atención era la iluminación de unos focos en tonos neón azul, que generaban un ambiente llamativo y más propio de fiestas de electrónica que de conciertos de metal, lo cual resultaba curioso y tenía cierta gracia.

A las 18:15 en punto, los encargados de abrir el festival fueron Electrikeel, un trío originario de Pamplona que, con su thrash agresivo y a mala hostia, pegaron un buen trallazo de media hora que sirvió de calentamiento perfecto para lo que se venía. A pesar de la hora temprana, ya se veía ocupado poco más de un tercio de la pista del pabellón. Fue un directo sumamente potente y con un sonido sin pega alguna, dejando claro que en el thrash metal de Iruña ellos tienen mucho o todo que decir. A las 18:45, tras una escasa media hora que les habían reservado, se despidieron, dejando al público con ganas de más.

A las 19:10, cinco minutos antes de lo previsto, Freedom Call tomó el escenario con su power metal alegre y lleno de energía, que en ocasiones, y salvando las distancias, recuerda a los mejores tiempos de Helloween. Desde la primera canción, el público del Arena ya se había multiplicado hasta mitad de pista y gran parte de las gradas, lo que aportó la intensidad que necesitaba la actuación. La banda desplegó un repertorio lleno de melodías épicas y estribillos coreables, entre los que no faltaron sus himnos “Supernova”, “Freedom Call” y el más conocido “Metal is for Everyone”. Hicieron saltar y disfrutar a un público que ya estaba completamente arriba y, a las 20:13, tras una divertida hora de power metal clásico bien hecho, se despidieron dejando el ambiente listo para recibir a la reina.

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Dorothee Pesch hizo un repaso de sus grandes éxitos en solitario y también de Warlock, de los que rescató himnos como “Earthshaker Rock” o “Burning the Witches”, aunque también tuvo tiempo para temas más actuales, como “Time for Justice” o “Fire in the Sky”. El público vibró con su himno “Raise Your Fist in the Air”, que encendió aún más el pabellón y, tras dejar que la intensidad bajase un poco, remataron a lo grande con “Breaking the Law”, homenajeando así a los colosales Judas y terminando de meterse en el bolsillo a los asistentes.

El cierre previo a los bises llegó con el himno absoluto de Doro, “All We Are”, conquistando así Pamplona y terminando con otros de sus dos emblemas, “Metal Racer” y “True as Steel”.

Tras terminar Doro, un enorme cartel en el escenario anunciaba que a partir de ahora no se podrían tomar fotos ni videos, ni tampoco hacer crowdsurfing, lo que anticipaba que ya faltaba muy poco para que unos tipos de esencia única y autoridad indiscutible subieran al escenario: los todopoderosos Manowar.

Horas antes del concierto, el legendario Joey DeMaio compartía un vídeo en sus redes avisando de que hoy temblaría el suelo de la misma forma que tiemblan las calles de Pamplona cuando por ellas corren los toros. Y así fue. Desde el primer momento, se sintió la potencia y la fuerza habitual de la banda, con un volumen muy por encima del resto de grupos que antes habían pasado por las tablas.

Tras quince largos minutos de retraso, que generaron las primeras pitadas por parte del público (impaciente y con el temor de una posible cancelación de última hora, como ya sabemos que ha ocurrido más veces), finalmente aparecieron, con su pose y actitud de machos alfa del metal, como no podía ser de otra forma. Abrieron con “Manowar”, el clásico que tocó las fibras de los asistentes, desatando la primera oleada de emoción. Seguido por “Kings of Metal”, con el que ya quedaba bien claro que había dado comienzo el ritual de hermandad que unía a todos los que allí estábamos. “Fighting the World” y la mítica “Brothers of Metal Pt. 1” continuaron encendiendo al público y dejándonos bien claro, ya a estas alturas, la inmejorable forma en que se encuentra la banda.

Mención especial merece Eric Adams, cuya presencia vocal sigue siendo una fuerza imparable. Una capacidad que deja en muy mal lugar a otras viejas glorias de su gremio, quienes, por desgracia, no han podido o no han sabido mantener este potencial. Lo que está claro es que por las cuerdas vocales de Eric no pasan los años.

A mitad del show, “Blood of My Enemies” y “Kill With Power” continuaron haciendo temblar el Navarra Arena. El homenaje a sus dos discos fundamentales, Hail to England y Sign of the Hammer, fue el núcleo de su setlist y suponía un gran regalo a los fans más fieles de su legado. Desde la renovación de su formación en 2022, la banda funciona como un perfecto engranaje con Dave Chedrick marcando los pesados ritmos de batería y la incorporación estelar de la leyenda de la guitarra Michael Angelo Batio. Sin duda, uno de los guitarristas más rápidos y técnicamente brillantes de la historia, conocido también por sus hazañas extraterrestres, como tocar una guitarra de cuatro mástiles en forma de X cruzando las manos entre otras virguerías y locuras varias que lo hacen absolutamente único. Para los guitarristas que estábamos presentes, estoy seguro de que fue una experiencia casi mística presenciar en vivo a este ícono de destreza sobrehumana.

A todo esto, el escenario imitaba un templo romano, lo que reforzaba esa imagen de guerreros invencibles que siempre ha caracterizado a Manowar y sus portadas. A falta de pocas canciones para el final, Joey DeMaio dio su habitual discurso, esta vez en un español bastante gracioso, en el que habló de las críticas que reciben por “ser unos tíos con dos cojones”, del pacharán y otras de sus cosillas marca de la casa DeMaio.

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