

El Palacio de Vistalegre volvió a transformarse en un coliseo del metal extremo el pasado fin de semana, acogiendo un cartel que, por peso histórico y contundencia, prometía ser una de las citas ineludibles del año. Con Kreator a la cabeza de una expedición que incluía a Nails, Exodus y Carcass, la jornada se presentaba como un repaso exhaustivo a las diferentes mutaciones del Thrash y el Death Metal. A pesar de que el recinto sigue planteando retos acústicos que dividen a la audiencia, la respuesta de los seguidores fue masiva, llenando por completo la pista y poblando con ganas la zona central de las gradas.
La tarde arrancó con la violencia concentrada de Nails. La banda californiana es conocida por llevar el hardcore y el grindcore a un terreno de “Powerviolence” donde la brevedad de las canciones es proporcional a su agresividad. Su estilo se basa en ráfagas de ruido controlado y ritmos asfixiantes que invitan al caos inmediato. Aunque la pista todavía estaba terminando de recibir a los primeros asistentes, los fans más madrugadores no tardaron en alzar los puños. Fue una lástima que el sonido inicial no estuviera de su parte; la batería quedó prácticamente sepultada en la mezcla, al menos desde el lugar donde nos ubicaron, restándole ese impacto físico que define a canciones como “You Will Never Be One of Us”. Visualmente, optaron por una iluminación plana, cruda, que encajaba con la honestidad brutal de su propuesta, con muchos rojos y verdes. Un arranque a la altura del cartel.
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El relevo lo tomaron unos veteranos que no necesitan presentación: Exodus. Los de la Bay Area son los arquitectos del Thrash Metal más orgánico y macabro. Si algo define a Exodus es ese “riffing” galopante y una mala leche que parece no agotarse con los años. Discos como “Bonded by Blood” o “Pleasures of the Flesh” son los cimientos sobre los que se apoya su sonido actual. En Vistalegre, su actuación fue una auténtica bofetada; interpretaron sus temas con una naturalidad asombrosa, sin artificios. Aquí el audio empezó a remontar: por una vez, el bajo tuvo una presencia notable, dándole ese cuerpo necesario a la interpretación. Las luces ganaron en profundidad y juegos de haces, acompañando la energía de un grupo que sigue sonando igual de peligroso que en los ochenta. Aportaron una lona enorme con la portada del nuevo disco “GOLIATH” y dos móviles a los laterales, otro punto a su favor que ayudó a integrarse con el escenario. Espero vuelvan pronto a Madrid y si es en sala mejor.
Con Carcass sobre las tablas, el nivel de profesionalismo subió un peldaño más. Los británicos son una anomalía fascinante; empezaron en el goregrind más insalubre para acabar definiendo el Death Metal melódico con el legendario Heartwork. Su estilo actual es quirúrgico: una mezcla de pesadez rítmica y solos de guitarra de una elegancia técnica envidiable. Sonaron impecables, repasando sus clásicos sin fallar una sola nota, confirmando que son una de las bandas más fiables del género. La iluminación fue especialmente llamativa, muy luminosa, jugando con blancos puros que alternaban con verdes y rojos intensos, creando un contraste visual que subrayaba la frialdad clínica de su música. A estas alturas, el sonido en el palacio ya era más que digno, permitiendo disfrutar de cada matiz de la guitarra de Bill Steer.
Finalmente, el despliegue de Kreator dejó claro por qué son considerados por muhos los reyes del Thrash europeo. La producción que trajeron los alemanes fue, sencillamente, abrumadora. El escenario era un museo del horror diseñado con un gusto exquisito: gárgolas con cuernos, un rostro central gigantesco, figuras colgadas por el cuello y cabezas decorando los pies de micro. Todo este “atrezzo” cobró vida gracias a un diseño de luces de primer nivel, donde los verdes y rojos dominaban la escena, creando una atmósfera infernal. La pirotecnia fue el complemento perfecto; cañones de fuego, raíles de fuego, cañones de humo y antorchas portadas por figuras enmascaradas que daban al concierto un aire de ritual pagano. El calor de las llamas se sentía incluso a varios metros del escenario, subrayando la magnitud de la gira.
Musicalmente, Mille Petrozza y los suyos demostraron que preparan sus directos con una conciencia milimétrica. El setlist, aunque apostó por lo seguro, fue un viaje por su trayectoria: desde la furia de sus inicios hasta la épica de sus últimos trabajos, incluyendo tres cortes de su disco más reciente que encajaron sin fisuras con himnos como “Violent Revolution” o “Pleasure to Kill”. La voz de Petrozza sigue cortando como un cuchillo, liderando a una banda que suena como una unidad acorazada. Los fans respondieron con una entrega total, coreando cada estribillo y manteniendo la pista en un movimiento constante de bailes y “circle pits”.
A pesar de que las gradas laterales estaban tapadas con lonas, el ambiente en la zona central y en la pista fue eléctrico. Kreator no solo tiene canciones, tiene un carisma que llena cualquier espacio, y su capacidad para ofrecer un espectáculo visual tan elevado sin perder la esencia del Thrash es admirable. Al terminar, con los oídos pitando y la retina llena de fuego, convencidos de que, aunque el recinto tenga sus sombras acústicas, bandas de este calibre logran que la experiencia sea, por encima de todo, una celebración de la potencia sonora.


El Palacio de Vistalegre volvió a transformarse en un coliseo del metal extremo el pasado fin de semana, acogiendo un cartel que, por peso histórico y contundencia, prometía ser una de las citas ineludibles del año. Con Kreator a la cabeza de una expedición que incluía a Nails, Exodus y Carcass, la jornada se presentaba como un repaso exhaustivo a las diferentes mutaciones del Thrash y el Death Metal. A pesar de que el recinto sigue planteando retos acústicos que dividen a la audiencia, la respuesta de los seguidores fue masiva, llenando por completo la pista y poblando con ganas la zona central de las gradas.
La tarde arrancó con la violencia concentrada de Nails. La banda californiana es conocida por llevar el hardcore y el grindcore a un terreno de “Powerviolence” donde la brevedad de las canciones es proporcional a su agresividad. Su estilo se basa en ráfagas de ruido controlado y ritmos asfixiantes que invitan al caos inmediato. Aunque la pista todavía estaba terminando de recibir a los primeros asistentes, los fans más madrugadores no tardaron en alzar los puños. Fue una lástima que el sonido inicial no estuviera de su parte; la batería quedó prácticamente sepultada en la mezcla, al menos desde el lugar donde nos ubicaron, restándole ese impacto físico que define a canciones como “You Will Never Be One of Us”. Visualmente, optaron por una iluminación plana, cruda, que encajaba con la honestidad brutal de su propuesta, con muchos rojos y verdes. Un arranque a la altura del cartel.
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El relevo lo tomaron unos veteranos que no necesitan presentación: Exodus. Los de la Bay Area son los arquitectos del Thrash Metal más orgánico y macabro. Si algo define a Exodus es ese “riffing” galopante y una mala leche que parece no agotarse con los años. Discos como “Bonded by Blood” o “Pleasures of the Flesh” son los cimientos sobre los que se apoya su sonido actual. En Vistalegre, su actuación fue una auténtica bofetada; interpretaron sus temas con una naturalidad asombrosa, sin artificios. Aquí el audio empezó a remontar: por una vez, el bajo tuvo una presencia notable, dándole ese cuerpo necesario a la interpretación. Las luces ganaron en profundidad y juegos de haces, acompañando la energía de un grupo que sigue sonando igual de peligroso que en los ochenta. Aportaron una lona enorme con la portada del nuevo disco “GOLIATH” y dos móviles a los laterales, otro punto a su favor que ayudó a integrarse con el escenario. Espero vuelvan pronto a Madrid y si es en sala mejor.
Con Carcass sobre las tablas, el nivel de profesionalismo subió un peldaño más. Los británicos son una anomalía fascinante; empezaron en el goregrind más insalubre para acabar definiendo el Death Metal melódico con el legendario Heartwork. Su estilo actual es quirúrgico: una mezcla de pesadez rítmica y solos de guitarra de una elegancia técnica envidiable. Sonaron impecables, repasando sus clásicos sin fallar una sola nota, confirmando que son una de las bandas más fiables del género. La iluminación fue especialmente llamativa, muy luminosa, jugando con blancos puros que alternaban con verdes y rojos intensos, creando un contraste visual que subrayaba la frialdad clínica de su música. A estas alturas, el sonido en el palacio ya era más que digno, permitiendo disfrutar de cada matiz de la guitarra de Bill Steer.
Finalmente, el despliegue de Kreator dejó claro por qué son considerados por muhos los reyes del Thrash europeo. La producción que trajeron los alemanes fue, sencillamente, abrumadora. El escenario era un museo del horror diseñado con un gusto exquisito: gárgolas con cuernos, un rostro central gigantesco, figuras colgadas por el cuello y cabezas decorando los pies de micro. Todo este “atrezzo” cobró vida gracias a un diseño de luces de primer nivel, donde los verdes y rojos dominaban la escena, creando una atmósfera infernal. La pirotecnia fue el complemento perfecto; cañones de fuego, raíles de fuego, cañones de humo y antorchas portadas por figuras enmascaradas que daban al concierto un aire de ritual pagano. El calor de las llamas se sentía incluso a varios metros del escenario, subrayando la magnitud de la gira.
Musicalmente, Mille Petrozza y los suyos demostraron que preparan sus directos con una conciencia milimétrica. El setlist, aunque apostó por lo seguro, fue un viaje por su trayectoria: desde la furia de sus inicios hasta la épica de sus últimos trabajos, incluyendo tres cortes de su disco más reciente que encajaron sin fisuras con himnos como “Violent Revolution” o “Pleasure to Kill”. La voz de Petrozza sigue cortando como un cuchillo, liderando a una banda que suena como una unidad acorazada. Los fans respondieron con una entrega total, coreando cada estribillo y manteniendo la pista en un movimiento constante de bailes y “circle pits”.
A pesar de que las gradas laterales estaban tapadas con lonas, el ambiente en la zona central y en la pista fue eléctrico. Kreator no solo tiene canciones, tiene un carisma que llena cualquier espacio, y su capacidad para ofrecer un espectáculo visual tan elevado sin perder la esencia del Thrash es admirable. Al terminar, con los oídos pitando y la retina llena de fuego, convencidos de que, aunque el recinto tenga sus sombras acústicas, bandas de este calibre logran que la experiencia sea, por encima de todo, una celebración de la potencia sonora.



























