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La sombra de Lovecraft en el metal
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Lovecraft vuelve a estar en la opinión pública, tras el estreno de una nueva serie de ficción que toma elementos de su literatura, a la vez que explora el racismo estructural de la sociedad y la cultura estadounidenses, factor que atravesó también la personalidad y obra de este escritor. El canal HBO emite “Lovecraft Country”, basada en la novela homónima de Matt Ruff. 
En este especial, vamos a recordar la influencia que Lovecraft tuvo sobre muchas bandas de Metal, y lo haremos incorporando algunas tesis de interés –controversiales, quizás- para su público lector (escuche o no música pesada) y para quienes siguen a grupos que se inspiran en su arte.

Lo primero que debe comprenderse, para poder contextualizar las cosas, es que los Estados Unidos son una nación racista desde su origen. No sucede como en otros países, que se jactan de ser “crisoles”, sino que tuvo sus comienzos con la llegada de colonos puritanos, allá por el siglo XVII, a una tierra que ya estaba habitada por pueblos nativos. Estas personas constituían la facción más fanatizada y radicalizada del protestantismo, a punto tal que ya no se les daba cabida en el Reino Unido, de donde tuvieron que marcharse.  

Creían que absolutamente todo debía ser decidido en base a su propia interpretación de la Biblia (de ahí sus conflictos permanentes con el poder político) y su moral era extremadamente conservadora, lo que daría lugar a episodios como la quema de “brujas” en Salem (siglo XVII), algo que Arthur Miller tomaría como alegoría de lo que, luego en el siglo XX, fue el “macartismo” (persecución de “comunistas” acusados de “subversión” y que, como puede verse, tiene la misma raíz puritana) en su obra de teatro de 1953, luego llevada al cine en 1996 con “Las Brujas de Salem”.  

Desde allí, observamos la construcción de un “ser blanco”: puro, descendiente de puritano, fanático religioso, de ética protestante para el trabajo (ya que el destino individual tras la muerte está escrito a priori, el sacrificio funciona como auto-demostración de mérito) y conservador a ultranza de las tradiciones. Esta imagen no se opone solamente al “ser negro”, sino también, “aborigen”, “hispano” (español), portugués, italiano, “latino” (en especial, mexicano), ruso, irlandés, indio, árabe, asiático, tanto como judío, musulmán, hindú, budista, católico, etc. Esa matriz domina el país hasta la actualidad.  

Howard Philip Lovecraft nació en 1890 en Providence, EEUU. Dado que provenía de una familia burguesa caída en la desgracia económica, recibió una crianza extremadamente racista y xenófoba, que depositaba la culpa de sus penurias en la inmigración (mirada que ignora el dato objetivo de que los colonos fueron inmigrantes, o más aun, exiliados). Luego de la muerte de su padre, cuando él todavía era un niño, Lovecraft fue sobreprotegido por una madre de un conservadurismo atroz. No es de extrañar que desarrollara una mirada paranoide de lo extranjero, convirtiéndose él mismo en un ser alienado, introvertido, y discriminador. No obstante, estaba lleno de conflictos internos. Se volvió ateo, y terminó casándose con una inmigrante rusa judía. A todo esto, añade color una escolaridad plagada de interrupciones por “colapsos nerviosos” y una carrera universitaria trunca, que no hacían de su Curriculum Vitae algo destacable.   

No se puede ignorar, entonces, que este escritor jamás gozó de una posición acomodada (es necesario aclararlo pues circula el mito romántico del artista atormentado caído en la pobreza), y nunca pasó de ser considerado un autor de “baja categoría” durante su vida, que terminó en 1937 debido a un cáncer intestinal.  Otros artistas en los que él mismo se inspiró, tales como Edgard Allan Poe, Ambrose Bierce (de quién tomó la ciudad de Carcosa) y Robert W. Chambers (que introdujo a Hastur o Rey de Amarillo), gozaron de mejor posición. También se pueden encontrar vínculos con el movimiento gótico británico, por ejemplo, en la obra de Mary Shelley (autora de “Frankenstein”) o Bram Stoker (creador de “Drácula”). Esta intertextualidad, pero -sobre todo- la enorme figura de Poe, eclipsaron a Lovecraft hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando empezó a tener un poco más de reconocimiento.

Su literatura suele etiquetarse como “horror cósmico”, pero le cabe mucho mejor la categoría de “horror dimensional”. Su narrativa no está a la par de la producción de ciencia ficción de otros autores, lo suyo no pasa por el “cosmos” per se, la tecnología o las distopías. En sus escritos, la humanidad es algo de dimensión insignificante en un complejo entramado de dimensiones inconmensurables. Los seres míticos de sus relatos, así como las dimensiones “espaciales”, “temporales”, “causales”, son de cualidades mentalmente inaprehensibles. Lovecraft explora la espacialidad del tiempo y la temporalidad del espacio, la relatividad de las causas, desde el momento en que son banales interpretaciones antropomórficas.

Dentro de su ficción, lo real -en “lacaniano”- es lo inimaginable por falta de recursos simbólicos, pero – en “freudiano”- también es, justamente por eso, lo siniestro y la “realidad psíquica”. La dimensión onírica es crucial en toda su obra, tanto como la dimensión de la “locura”, y diluyen toda la lógica del espacio y tiempo tal como los implica el mote de “cósmico”. Por eso, todo es cuestión de dimensiones: todo es dudoso, incierto, tanto que es ominoso y amenazante. 

El racismo y la xenofobia están metaforizados en el contraste permanente entre lo superior y lo inferior, lo antiguo y lo nuevo, donde el segundo polo siempre carece de derechos. De esta manera, el gran encanto de la obra de este autor, no reside en inferirlos –donde no son explícitos- sino en el sentido de las dimensiones, en la vaga intuición de lo estructuralmente incomprensible, de lo aterradoramente trascendente. Y eso cautiva imaginaciones, entre ellas, las de numerosos músicos de Heavy Metal.

Los primeros -para variar- fueron Black Sabbath, con su tema “Behind the Wall of Sleep”, del mismo título que un cuento de Lovecraft, y que formó parte de su disco debut de 1970. A este mismo cuento se refirió años más tarde, el tema de Opeth llamado “Pyre”, en su disco “Heritage” (2011). Otras referencias son sutiles, quizás solo gráficas, como en la portada del disco doble en vivo “Live After Death” (1985) de Iron Maiden, donde podemos ver una lápida con una cita textual de Lovecraft: “No está muerto lo que yace eternamente, pero con el pasar de extraños eones, aún la muerte puede morir”.

Mercyful Fate compuso “The Mad Arab”, incluido en su disco de 1994 “Time”. El tema hace referencia al personaje que se dice escribió el mítico Necronomicon. Luego realizaron su continuación con “Ktulu: The Mad Arab Part II”, en su álbum “Into the Unknown” (1995).  Metallica cuenta con cuatro grandes temas inspirados en la obra de Lovecraft: el instrumental “The Call of Kthulu” (de casi nueve minutos de duración) perteneciente al disco “Ride The Lightning” (1984), “The Thing That Should Not Be” en “Master of Puppets (1986), “All Nightmare Long” en “Death Magnetic” (2008) y “Dream No More”, incluido en su último álbum de estudio “Hardwired… to Self-Destruct” (2016).

Varios discos de Morbid Angel también abundan en referencias a los seres inventados por la imaginación de Lovecraft, sobre todo “Altars of Madness” (1989), “Blessed Are the Sick” (1991) y “Covenant” (1993).  Electric Wizard también dedicó algunas canciones a la obra del estadounidense, entre las que se destaca “Dunwich”, basada en uno de los relatos del autor, titulado “The Dunwich Horror”. El track se encuentra en el álbum “Witchcult Today” (2008).

Cradle of Filth realizó el tema “Cthulu Dawn” para su disco “Midian” (2000) y Septicflesh compuso “Lovecraft’s Death” en el que se encuentran alusiones a varios de sus cuentos, y que forma parte de su trabajo “Communion” (2008). The Black Dahlia Murder hizo la canción “Thy Horror Cosmic” incorporada a su disco debut “Unhallowed” (2003). Más recientemente, la banda francesa de Post Black Metal fundada en 2014, The Great Old Ones, basa su nombre y la totalidad de sus letras en la obra de Lovecraft. Tienen cuatro discos de estudio editados hasta el momento, en los que explotan este recurso al máximo.

Sin dudas hay muchos otros grupos que se inspiraron en la narrativa de Lovecraft para escribir alguna canción. La idea no es ofrecer una lista exhaustiva porque, de hecho, debería actualizarse cada año, ya que la influencia de la poética de este autor sigue y seguirá activa a través del tiempo, como sucede con todo lo que amerita el mote de clásico.  

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Lovecraft vuelve a estar en la opinión pública, tras el estreno de una nueva serie de ficción que toma elementos de su literatura, a la vez que explora el racismo estructural de la sociedad y la cultura estadounidenses, factor que atravesó también la personalidad y obra de este escritor. El canal HBO emite “Lovecraft Country”, basada en la novela homónima de Matt Ruff. 
En este especial, vamos a recordar la influencia que Lovecraft tuvo sobre muchas bandas de Metal, y lo haremos incorporando algunas tesis de interés –controversiales, quizás- para su público lector (escuche o no música pesada) y para quienes siguen a grupos que se inspiran en su arte.

Lo primero que debe comprenderse, para poder contextualizar las cosas, es que los Estados Unidos son una nación racista desde su origen. No sucede como en otros países, que se jactan de ser “crisoles”, sino que tuvo sus comienzos con la llegada de colonos puritanos, allá por el siglo XVII, a una tierra que ya estaba habitada por pueblos nativos. Estas personas constituían la facción más fanatizada y radicalizada del protestantismo, a punto tal que ya no se les daba cabida en el Reino Unido, de donde tuvieron que marcharse.  

Creían que absolutamente todo debía ser decidido en base a su propia interpretación de la Biblia (de ahí sus conflictos permanentes con el poder político) y su moral era extremadamente conservadora, lo que daría lugar a episodios como la quema de “brujas” en Salem (siglo XVII), algo que Arthur Miller tomaría como alegoría de lo que, luego en el siglo XX, fue el “macartismo” (persecución de “comunistas” acusados de “subversión” y que, como puede verse, tiene la misma raíz puritana) en su obra de teatro de 1953, luego llevada al cine en 1996 con “Las Brujas de Salem”.  

Desde allí, observamos la construcción de un “ser blanco”: puro, descendiente de puritano, fanático religioso, de ética protestante para el trabajo (ya que el destino individual tras la muerte está escrito a priori, el sacrificio funciona como auto-demostración de mérito) y conservador a ultranza de las tradiciones. Esta imagen no se opone solamente al “ser negro”, sino también, “aborigen”, “hispano” (español), portugués, italiano, “latino” (en especial, mexicano), ruso, irlandés, indio, árabe, asiático, tanto como judío, musulmán, hindú, budista, católico, etc. Esa matriz domina el país hasta la actualidad.  

Howard Philip Lovecraft nació en 1890 en Providence, EEUU. Dado que provenía de una familia burguesa caída en la desgracia económica, recibió una crianza extremadamente racista y xenófoba, que depositaba la culpa de sus penurias en la inmigración (mirada que ignora el dato objetivo de que los colonos fueron inmigrantes, o más aun, exiliados). Luego de la muerte de su padre, cuando él todavía era un niño, Lovecraft fue sobreprotegido por una madre de un conservadurismo atroz. No es de extrañar que desarrollara una mirada paranoide de lo extranjero, convirtiéndose él mismo en un ser alienado, introvertido, y discriminador. No obstante, estaba lleno de conflictos internos. Se volvió ateo, y terminó casándose con una inmigrante rusa judía. A todo esto, añade color una escolaridad plagada de interrupciones por “colapsos nerviosos” y una carrera universitaria trunca, que no hacían de su Curriculum Vitae algo destacable.   

No se puede ignorar, entonces, que este escritor jamás gozó de una posición acomodada (es necesario aclararlo pues circula el mito romántico del artista atormentado caído en la pobreza), y nunca pasó de ser considerado un autor de “baja categoría” durante su vida, que terminó en 1937 debido a un cáncer intestinal.  Otros artistas en los que él mismo se inspiró, tales como Edgard Allan Poe, Ambrose Bierce (de quién tomó la ciudad de Carcosa) y Robert W. Chambers (que introdujo a Hastur o Rey de Amarillo), gozaron de mejor posición. También se pueden encontrar vínculos con el movimiento gótico británico, por ejemplo, en la obra de Mary Shelley (autora de “Frankenstein”) o Bram Stoker (creador de “Drácula”). Esta intertextualidad, pero -sobre todo- la enorme figura de Poe, eclipsaron a Lovecraft hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando empezó a tener un poco más de reconocimiento.

Su literatura suele etiquetarse como “horror cósmico”, pero le cabe mucho mejor la categoría de “horror dimensional”. Su narrativa no está a la par de la producción de ciencia ficción de otros autores, lo suyo no pasa por el “cosmos” per se, la tecnología o las distopías. En sus escritos, la humanidad es algo de dimensión insignificante en un complejo entramado de dimensiones inconmensurables. Los seres míticos de sus relatos, así como las dimensiones “espaciales”, “temporales”, “causales”, son de cualidades mentalmente inaprehensibles. Lovecraft explora la espacialidad del tiempo y la temporalidad del espacio, la relatividad de las causas, desde el momento en que son banales interpretaciones antropomórficas.

Dentro de su ficción, lo real -en “lacaniano”- es lo inimaginable por falta de recursos simbólicos, pero – en “freudiano”- también es, justamente por eso, lo siniestro y la “realidad psíquica”. La dimensión onírica es crucial en toda su obra, tanto como la dimensión de la “locura”, y diluyen toda la lógica del espacio y tiempo tal como los implica el mote de “cósmico”. Por eso, todo es cuestión de dimensiones: todo es dudoso, incierto, tanto que es ominoso y amenazante. 

El racismo y la xenofobia están metaforizados en el contraste permanente entre lo superior y lo inferior, lo antiguo y lo nuevo, donde el segundo polo siempre carece de derechos. De esta manera, el gran encanto de la obra de este autor, no reside en inferirlos –donde no son explícitos- sino en el sentido de las dimensiones, en la vaga intuición de lo estructuralmente incomprensible, de lo aterradoramente trascendente. Y eso cautiva imaginaciones, entre ellas, las de numerosos músicos de Heavy Metal.

Los primeros -para variar- fueron Black Sabbath, con su tema “Behind the Wall of Sleep”, del mismo título que un cuento de Lovecraft, y que formó parte de su disco debut de 1970. A este mismo cuento se refirió años más tarde, el tema de Opeth llamado “Pyre”, en su disco “Heritage” (2011). Otras referencias son sutiles, quizás solo gráficas, como en la portada del disco doble en vivo “Live After Death” (1985) de Iron Maiden, donde podemos ver una lápida con una cita textual de Lovecraft: “No está muerto lo que yace eternamente, pero con el pasar de extraños eones, aún la muerte puede morir”.

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Varios discos de Morbid Angel también abundan en referencias a los seres inventados por la imaginación de Lovecraft, sobre todo “Altars of Madness” (1989), “Blessed Are the Sick” (1991) y “Covenant” (1993).  Electric Wizard también dedicó algunas canciones a la obra del estadounidense, entre las que se destaca “Dunwich”, basada en uno de los relatos del autor, titulado “The Dunwich Horror”. El track se encuentra en el álbum “Witchcult Today” (2008).

Cradle of Filth realizó el tema “Cthulu Dawn” para su disco “Midian” (2000) y Septicflesh compuso “Lovecraft’s Death” en el que se encuentran alusiones a varios de sus cuentos, y que forma parte de su trabajo “Communion” (2008). The Black Dahlia Murder hizo la canción “Thy Horror Cosmic” incorporada a su disco debut “Unhallowed” (2003). Más recientemente, la banda francesa de Post Black Metal fundada en 2014, The Great Old Ones, basa su nombre y la totalidad de sus letras en la obra de Lovecraft. Tienen cuatro discos de estudio editados hasta el momento, en los que explotan este recurso al máximo.

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