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Harakiri For The Sky en Barcelona: “Desgarrándote el pecho”

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Jezabel en Buenos Aires: “25 años de poder”

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Orphaned Land en Barcelona: “La Música como Voz en la Tormenta”
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La actuación de Orphaned Land en el Motocultor Across Europe Festival, junto a bandas como Royal Rage, Ring of Gyges, Strale y Dirty Shirt, generó polémica en Barcelona. La Coordinadora Palestina de Catalunya (CPCI) boicoteó el evento y presionó a RRS Promo y la sala Razzmatazz para cancelarlo debido al conflicto palestino-israelí. A pesar de las protestas y un fuerte dispositivo policial, el concierto se llevó a cabo según lo programado.

La noche se vistió de metal cuando Royal Rage, la banda brasileña, tomó el escenario ya con oscuridad nocturna. Con una fórmula clásica de thrash metal —riffs incisivos, batería a toda máquina y momentos de máxima intensidad—, la banda cautivó al público con su energía desenfrenada. Sin embargo, la corta duración de su set y la recurrencia de ciertas estructuras musicales podrían haber generado cierta sensación de repetición. Pese a ello, temas como “Feed The Herd” destacaron por su intensidad y el incansable doble bombo de la batería. Un breve pero intenso recorrido por el sonido thrash metal brasileño.

Los siguientes en deleitarnos con su música fueron Ring of Gyges, originarios de Reikiavik, Islandia. Este quinteto de metal progresivo nos cautivó con su sonido complejo y atmosférico. Su nombre, tomado del mítico Anillo de Giges, alude a la exploración de temas profundos sobre el poder y la condición humana. Las influencias que van desde el rock progresivo de los 70 hasta el metal moderno, Ring of Gyges crea paisajes sonoros ricos en texturas y matices, donde las guitarras intrincadas se entrelazan con las poderosas voces de Helgi Jónsson y Gudjón Sveinsson, aderezadas con arreglos orquestales. Sus composiciones, a menudo largas y llenas de cambios de tempo, como “Choice” y “Parasite”, desafían las convenciones del género y ofrecen una experiencia auditiva intensa y gratificante. Con temas como “Holy Water”, la banda nos invitó a un grato viaje a través de un universo musical profundo y filosófico, dejando al público totalmente satisfecho.

La banda finlandesa Strale subió al escenario y, desde el primer acorde de “Close Is Not Enough”, con el vocalista de rubia melena rasta Dani al frente, sumergió al público en una ola de sonido. Comenzando con una sección tranquila y melódica, la banda sorprendió al público al cambiar bruscamente de ritmo, introduciendo secciones más pesadas y caóticas que mantuvieron la atención a lo largo de todo el concierto.
Los guitarristas Andi y Jaska demostraron su virtuosismo con solos extensos y técnicamente impresionantes. La combinación de voces limpias y emotivas con guturales creó un contraste fascinante, sumado a letras introspectivas y llenas de significado que invitaron al público a reflexionar sobre la vida y las emociones. La iluminación sobria, junto con los movimientos enérgicos de los músicos, creó un ambiente intenso y visualmente impactante. Para el final, Strale reservó versiones de “Blinding Lights” de The Weeknd y “Rebel Yell” de Billy Idol, acercando su propuesta a un karaoke colectivo que unió a dos generaciones. El público participó activamente en su performance, cantando y bailando al ritmo de estas icónicas melodías atemporales. Euforizada por su primera vez en la ciudad condal, la banda salió a saludar y agradecer al público, marcando un hito importante en su carrera fuera de su natal Finlandia.

La noche en que Dirty Shirt pisó suelo catalán fue una noche para recordar. El local, abarrotado hasta la última butaca, palpitaba con una anticipación electrizante. Las luces se apagaron y un rugido ensordecedor surgió de la multitud. La banda, con su característico look rebelde y una energía desbordante, irrumpió en el escenario.
Desde el primer acorde de “Ciocarlia”, el público se vio envuelto en un torbellino de sonidos frenéticos y ritmos contagiosos. Los violines rascaban con furia, la batería golpeaba con precisión milimétrica y las guitarras rugían como fieras enjauladas. Dan “Rini” Crǎciun, el carismático frontman, incitaba al público a moverse sin descanso, mientras su voz rasgada se mezclaba con los coros ensordecedores de la multitud.
La variedad musical de Dirty Shirt fue una de las grandes protagonistas de la noche. Temas como “Pretty Faces” transportaron al público a un viaje exótico, con influencias de la música hindú que crearon un ambiente místico y envolvente. Por otro lado, canciones como “Dope-A-Min” demostraron la faceta más electrónica de la banda, con sintetizadores y samples que se entrelazan con los instrumentos tradicionales, creando una atmósfera futurista y bailable.
La intensidad fue en aumento a medida que avanzaba la noche. “Put It On” y “Hot For Summer” se convirtieron en himnos que unieron a todos los presentes en un mismo sentimiento de euforia. El pogo se convirtió en el protagonista absoluto, con cuerpos que se movían al unísono, impulsados por la fuerza de la música.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el homenaje a Sepultura con “Roots Bloody Roots”. El público coreó a pleno pulmón la letra de esta canción icónica, reviviendo así una época dorada del metal. Pero sin duda, el clímax de la noche llegó con “Pălincă”. La fiesta no terminó ahí: Dirty Shirt invitó a todas las bandas que habían actuado antes a unirse a ellos en el escenario para una jam session improvisada. La energía era palpable, y la multitud enloqueció al ver a tantos músicos sobre el escenario, todos entregando lo mejor de sí. Fue un final épico que dejó a todos con ganas de más.

Para cerrar la noche, Orphaned Land, los creadores del ‘oriental metal’, surgidos de las cenizas de Resurrection, celebraron 30 años en la carretera transportándonos a través de culturas y continentes con su música. Su sonido es una fusión explosiva de metal progresivo con influencias árabes, turcas y persas, creando una atmósfera exótica y cautivadora. La banda nos ofreció un repaso completo por toda su discografía, desde su álbum debut Sahara hasta sus trabajos más recientes.

Las voces de Kobi Farhi combinaron partes limpias y melódicas con guturales, generando una atmósfera intensa y emotiva. Como voz principal y fundador de Orphaned Land, Farhi brilló con una interpretación versátil que transmitió una amplia gama de emociones, desde la tristeza y la nostalgia hasta la alegría y la esperanza.

El concierto destacó también por su impresionante producción visual. Proyecciones, iluminación y escenografía sumergieron al público en un ambiente inmersivo, transportándolos a mundos imaginarios. Fieles a su trayectoria, los maestros originales del heavy metal israelí condenaron el conflicto israelo-palestino durante el evento, provocando controversia con su llamado a la paz y su negativa a tomar partido por un país sobre otro.

El espectáculo comenzó con “The Simple Man”, una larga introducción que sirvió para que los músicos tomaran sus puestos. Este tema inicial, más que una simple introducción, fue un viaje espiritual que transportó al público a un mundo antiguo y misterioso. Kobi, vestido con una túnica oscura de lino, comandó la escena como si de un ritual ancestral se tratara.

“The Kiss of Babylon (The Sin)” llevó a los asistentes por un recorrido sonoro entre las ruinas de la antigua Babilonia. Los riffs melancólicos de Idan Amsalem, combinados con percusiones orientales y bajos profundos, crearon un paisaje musical que evocó pasiones y tentaciones. El viaje continuó con “All is One”, una épica batalla musical que transmitió un mensaje de igualdad entre los seres humanos y criticó los conflictos derivados de las religiones abrahámicas.

La banda también ofreció interpretaciones de clásicos como “Mabool: The Story Of The Three Sons Of Seven”, “The Never Ending Way Of ORwarriOR” y “El Norra Alila”. En “Sapari”, los elementos vocales femeninos grabados lograron mantener la esencia de la canción, aunque se echó en falta una cantante en el escenario.

Uno de los momentos más impactantes fue “Ocean Land”, donde la batería de Matan Shmuel marcó un ritmo contundente que electrizó al público. Kobi, con su característica voz, preguntó: “¿Estáis listos, Barcelona?”, provocando un rugido ensordecedor. Con “We Do Not Resist”, la banda transmitió un mensaje de resistencia y justicia, mientras los samplers mediterráneos de “Let The Truce Be Known” apelaron a la paz en medio de conflictos.

La interpretación de “El Meod Na’Ala” fue un puente entre lo antiguo y lo moderno, con sus raíces en la música tradicional oriental combinadas con potentes elementos metaleros. Por último, “In Thy Never Ending Way (Epilogue)” cerró el concierto con un mensaje de paz y renovación, mientras las notas del piano creaban una atmósfera íntima y acogedora.

Como parte acústica del espectáculo, “The Beloved ‘s Cry” rescató la belleza vocal de los inicios de la banda, mientras el guitarrista Idan Amsalem destacó con las cuerdas del darkouba. Antes de despedirse, Kobi Farhi pronunció un mensaje que resumió la esencia de la noche: “La música trasciende fronteras e ideologías. Es nuestra religión universal”.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con la interpretación de ‘L’Estaca’ de Lluís Llach. El público, conmovido y unido, coreó cada palabra de esta canción icónica, que se ha convertido en un símbolo de la lucha por la libertad en Cataluña. 

Con “Norra Norra (Entering The Ark)”, Orphaned Land concluyó la velada con una atmósfera mística, uniendo nacionalidades y credos en una celebración compartida de la música como fuerza universal.

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Orphaned Land en Barcelona: “La Música como Voz en la Tormenta”
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La actuación de Orphaned Land en el Motocultor Across Europe Festival, junto a bandas como Royal Rage, Ring of Gyges, Strale y Dirty Shirt, generó polémica en Barcelona. La Coordinadora Palestina de Catalunya (CPCI) boicoteó el evento y presionó a RRS Promo y la sala Razzmatazz para cancelarlo debido al conflicto palestino-israelí. A pesar de las protestas y un fuerte dispositivo policial, el concierto se llevó a cabo según lo programado.

La noche se vistió de metal cuando Royal Rage, la banda brasileña, tomó el escenario ya con oscuridad nocturna. Con una fórmula clásica de thrash metal —riffs incisivos, batería a toda máquina y momentos de máxima intensidad—, la banda cautivó al público con su energía desenfrenada. Sin embargo, la corta duración de su set y la recurrencia de ciertas estructuras musicales podrían haber generado cierta sensación de repetición. Pese a ello, temas como “Feed The Herd” destacaron por su intensidad y el incansable doble bombo de la batería. Un breve pero intenso recorrido por el sonido thrash metal brasileño.

Los siguientes en deleitarnos con su música fueron Ring of Gyges, originarios de Reikiavik, Islandia. Este quinteto de metal progresivo nos cautivó con su sonido complejo y atmosférico. Su nombre, tomado del mítico Anillo de Giges, alude a la exploración de temas profundos sobre el poder y la condición humana. Las influencias que van desde el rock progresivo de los 70 hasta el metal moderno, Ring of Gyges crea paisajes sonoros ricos en texturas y matices, donde las guitarras intrincadas se entrelazan con las poderosas voces de Helgi Jónsson y Gudjón Sveinsson, aderezadas con arreglos orquestales. Sus composiciones, a menudo largas y llenas de cambios de tempo, como “Choice” y “Parasite”, desafían las convenciones del género y ofrecen una experiencia auditiva intensa y gratificante. Con temas como “Holy Water”, la banda nos invitó a un grato viaje a través de un universo musical profundo y filosófico, dejando al público totalmente satisfecho.

La banda finlandesa Strale subió al escenario y, desde el primer acorde de “Close Is Not Enough”, con el vocalista de rubia melena rasta Dani al frente, sumergió al público en una ola de sonido. Comenzando con una sección tranquila y melódica, la banda sorprendió al público al cambiar bruscamente de ritmo, introduciendo secciones más pesadas y caóticas que mantuvieron la atención a lo largo de todo el concierto.
Los guitarristas Andi y Jaska demostraron su virtuosismo con solos extensos y técnicamente impresionantes. La combinación de voces limpias y emotivas con guturales creó un contraste fascinante, sumado a letras introspectivas y llenas de significado que invitaron al público a reflexionar sobre la vida y las emociones. La iluminación sobria, junto con los movimientos enérgicos de los músicos, creó un ambiente intenso y visualmente impactante. Para el final, Strale reservó versiones de “Blinding Lights” de The Weeknd y “Rebel Yell” de Billy Idol, acercando su propuesta a un karaoke colectivo que unió a dos generaciones. El público participó activamente en su performance, cantando y bailando al ritmo de estas icónicas melodías atemporales. Euforizada por su primera vez en la ciudad condal, la banda salió a saludar y agradecer al público, marcando un hito importante en su carrera fuera de su natal Finlandia.

La noche en que Dirty Shirt pisó suelo catalán fue una noche para recordar. El local, abarrotado hasta la última butaca, palpitaba con una anticipación electrizante. Las luces se apagaron y un rugido ensordecedor surgió de la multitud. La banda, con su característico look rebelde y una energía desbordante, irrumpió en el escenario.
Desde el primer acorde de “Ciocarlia”, el público se vio envuelto en un torbellino de sonidos frenéticos y ritmos contagiosos. Los violines rascaban con furia, la batería golpeaba con precisión milimétrica y las guitarras rugían como fieras enjauladas. Dan “Rini” Crǎciun, el carismático frontman, incitaba al público a moverse sin descanso, mientras su voz rasgada se mezclaba con los coros ensordecedores de la multitud.
La variedad musical de Dirty Shirt fue una de las grandes protagonistas de la noche. Temas como “Pretty Faces” transportaron al público a un viaje exótico, con influencias de la música hindú que crearon un ambiente místico y envolvente. Por otro lado, canciones como “Dope-A-Min” demostraron la faceta más electrónica de la banda, con sintetizadores y samples que se entrelazan con los instrumentos tradicionales, creando una atmósfera futurista y bailable.
La intensidad fue en aumento a medida que avanzaba la noche. “Put It On” y “Hot For Summer” se convirtieron en himnos que unieron a todos los presentes en un mismo sentimiento de euforia. El pogo se convirtió en el protagonista absoluto, con cuerpos que se movían al unísono, impulsados por la fuerza de la música.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el homenaje a Sepultura con “Roots Bloody Roots”. El público coreó a pleno pulmón la letra de esta canción icónica, reviviendo así una época dorada del metal. Pero sin duda, el clímax de la noche llegó con “Pălincă”. La fiesta no terminó ahí: Dirty Shirt invitó a todas las bandas que habían actuado antes a unirse a ellos en el escenario para una jam session improvisada. La energía era palpable, y la multitud enloqueció al ver a tantos músicos sobre el escenario, todos entregando lo mejor de sí. Fue un final épico que dejó a todos con ganas de más.

Para cerrar la noche, Orphaned Land, los creadores del ‘oriental metal’, surgidos de las cenizas de Resurrection, celebraron 30 años en la carretera transportándonos a través de culturas y continentes con su música. Su sonido es una fusión explosiva de metal progresivo con influencias árabes, turcas y persas, creando una atmósfera exótica y cautivadora. La banda nos ofreció un repaso completo por toda su discografía, desde su álbum debut Sahara hasta sus trabajos más recientes.

Las voces de Kobi Farhi combinaron partes limpias y melódicas con guturales, generando una atmósfera intensa y emotiva. Como voz principal y fundador de Orphaned Land, Farhi brilló con una interpretación versátil que transmitió una amplia gama de emociones, desde la tristeza y la nostalgia hasta la alegría y la esperanza.

El concierto destacó también por su impresionante producción visual. Proyecciones, iluminación y escenografía sumergieron al público en un ambiente inmersivo, transportándolos a mundos imaginarios. Fieles a su trayectoria, los maestros originales del heavy metal israelí condenaron el conflicto israelo-palestino durante el evento, provocando controversia con su llamado a la paz y su negativa a tomar partido por un país sobre otro.

El espectáculo comenzó con “The Simple Man”, una larga introducción que sirvió para que los músicos tomaran sus puestos. Este tema inicial, más que una simple introducción, fue un viaje espiritual que transportó al público a un mundo antiguo y misterioso. Kobi, vestido con una túnica oscura de lino, comandó la escena como si de un ritual ancestral se tratara.

“The Kiss of Babylon (The Sin)” llevó a los asistentes por un recorrido sonoro entre las ruinas de la antigua Babilonia. Los riffs melancólicos de Idan Amsalem, combinados con percusiones orientales y bajos profundos, crearon un paisaje musical que evocó pasiones y tentaciones. El viaje continuó con “All is One”, una épica batalla musical que transmitió un mensaje de igualdad entre los seres humanos y criticó los conflictos derivados de las religiones abrahámicas.

La banda también ofreció interpretaciones de clásicos como “Mabool: The Story Of The Three Sons Of Seven”, “The Never Ending Way Of ORwarriOR” y “El Norra Alila”. En “Sapari”, los elementos vocales femeninos grabados lograron mantener la esencia de la canción, aunque se echó en falta una cantante en el escenario.

Uno de los momentos más impactantes fue “Ocean Land”, donde la batería de Matan Shmuel marcó un ritmo contundente que electrizó al público. Kobi, con su característica voz, preguntó: “¿Estáis listos, Barcelona?”, provocando un rugido ensordecedor. Con “We Do Not Resist”, la banda transmitió un mensaje de resistencia y justicia, mientras los samplers mediterráneos de “Let The Truce Be Known” apelaron a la paz en medio de conflictos.

La interpretación de “El Meod Na’Ala” fue un puente entre lo antiguo y lo moderno, con sus raíces en la música tradicional oriental combinadas con potentes elementos metaleros. Por último, “In Thy Never Ending Way (Epilogue)” cerró el concierto con un mensaje de paz y renovación, mientras las notas del piano creaban una atmósfera íntima y acogedora.

Como parte acústica del espectáculo, “The Beloved ‘s Cry” rescató la belleza vocal de los inicios de la banda, mientras el guitarrista Idan Amsalem destacó con las cuerdas del darkouba. Antes de despedirse, Kobi Farhi pronunció un mensaje que resumió la esencia de la noche: “La música trasciende fronteras e ideologías. Es nuestra religión universal”.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con la interpretación de ‘L’Estaca’ de Lluís Llach. El público, conmovido y unido, coreó cada palabra de esta canción icónica, que se ha convertido en un símbolo de la lucha por la libertad en Cataluña. 

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