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Russian Circles en Buenos Aires: “La sangre circula caliente”
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En mis reseñas encontrarán la mirada que le falta a otras: esa es mi apuesta y espero que sea mi aporte a la gente interesada. Trataré de que mi relato de lo que fue el paso de Russian Circles por la ciudad de la furia no sea una excepción. Los detalles de la temporización, los tecnicismos y las minucias del setlist suelen ser la norma que se estila, pero yo prefiero las desviaciones: los datos tangenciales o anecdóticos, o los que tocan alguna fibra sensible.

Por empezar, quiero destacar el trabajo que hace varios años viene haciendo la productora Noiseground, encargada del evento. Está claro que tiene el foco puesto en las bandas internacionales que, sin ser mainstream, están consagradas y son pioneras o referentes indiscutibles en sus géneros. Son tantos los grupos que pude ver gracias a ella, y le debo la experiencia de algunos de los mejores conciertos de mi vida: los shows de mis bandas favoritas. Pude ver a Neurosis y dos veces a Amenra, por ejemplo, y solo decir eso ya es demasiado. El lugar para esta ocasión fue, como es frecuente, Uniclub, ese espacio acogedor al lado del Abasto, de tamaño justo para alojar al público exquisito que sabe gozar con propuestas de alto nivel, más allá de las cifras rimbombantes de la industria musical. Lo que importa es la historia, la originalidad, el prestigio, la calidad.

Te puede interesar, reseña: Chelsea Wolfe – She Reaches Out To She Reaches Out To She (2024)

Las puertas de este templo a la más selecta música de culto se abrieron a la hora estipulada y la gente que esperaba en la vereda empezó a ingresar. Se veían remeras de Amenra (yo mismo vestía una -la de su última visita a Buenos Aires- hasta que la cambié por la de Russian Circles que compré antes del recital y me la puse en el baño), Converge, Deftones, incluso una de Emma Ruth Rundle. Creo que eso puede tener algún valor indicativo, aunque, más allá del merchandising de bandas de metal de cualquier otro estilo, ojalá hubiera más de Madonna o Sam Smith. Lo digo en serio: basta de gatekeeping en la escena de la música pesada. El sectarismo fanático no es rendir culto, es aferrarse infantilmente a íconos para inventarse una identidad cuando se tiene una personalidad frágil o muy conflictuada. Hay que gozar de y con la música, cualquiera sea la que nos guste.

La banda soporte fue IAH y debo decir que: 1) el hecho de que haya un único grupo antes de que toque el principal me parece ideal (dos resultan tolerables, tres ya alcanzan un límite excesivo) y 2) la elección fue muy bien pensada. Si bien estoy de acuerdo con que propuestas muy disímiles compartan un mismo lineup, a veces es bueno recordar que, más allá de “probar sonido” y cumplir con la legislación local, el sentido de darle exposición a un grupo nacional es ayudarlo a incrementar su audiencia, y si hay una audiencia potencial para IAH, sin dudas, es la misma que la de Russian Circles.

En efecto, la banda oriunda de la provincia de Córdoba tiene una impronta que puede hacer que se los perciba como la versión local de Russian Circles: un trío de guitarra, bajo y batería, que ejecuta un post-metal instrumental. Sin embargo, hay que señalar que su música tiene algunos sutiles guiños a la rítmica folklórica y que, con el pasar de los discos, se han empezado a evidenciar ciertas inclinaciones hacia lo stoner, que los diferencia de los gigantes estadounidenses. En 2016 comenzaron con notables intenciones de cultivar el post-metal en un país donde el género es poco explotado, y mucho menos si es instrumental. A lo largo de sus cinco LP se nota como progresivamente comenzaron a seguir una veta más psicodélica que, sin ser de mi predilección, logran hacerla funcionar muy bien. Su tercer disco, “IAH III” (2020) contó con la masterización de Magnus Lindberg de Cult of Luna, gran agrupación referente del post-metal. Su show fue impecable: excelente sonido y mucha energía para conectar con la gente sin necesidad de decir una sola palabra. En la pantalla de fondo se sucedían, siempre detrás del logo de la banda, imágenes de agua, montañas, escenas de la clásica “Suspiria” (1977) de Darío Argento, fractales y explosiones de bombas o erupciones volcánicas. Debo decir que su presentación me resultó un poco corta. Honestamente, podrían haber tocado por más tiempo y las almas presentes lo hubieran agradecido.

Al terminar su concierto, los preparativos para el ascenso de Russian Circles se iniciaron inmediatamente. El trío proveniente de Chicago, y que debe su nombre a una particular jugada de hockey sobre hielo, está compuesto por Mike Sullivan (guitarra), Brian Cook (bajo) y Dave Turncratz (batería), y ya cuenta con ocho álbumes. El más reciente, “Gnosis” (2022), editado por el sello Sargent House, es el que vinieron a presentar en esta primera gira sudamericana. Fue uno de los mejores discos de música pesada lanzados ese año y uno de los más contundentes de toda su carrera.

Los tres músicos, junto con algunos acompañantes, pasaron 48 horas en Buenos Aires. A juzgar por sus redes sociales, se ve que tenían la intención de poder conocer algo de cada ciudad que estuvieron visitando. Anduvieron por San Telmo y probaron la famosa carne argentina. La puesta en escena fue muy minimalista: solamente luces variadas, además de la infaltable máquina de humo. Teniendo en cuenta el video que tuvo la canción homónima a su último disco, pensé que quizás habría algo de esa imaginería, pero no: optaron por buscar que todo se centrara en el sonido.

Tengo que admitir que soy admirador de Brian Cook, no solamente porque es el bajista, sino también por ser integrante de otras dos increíbles bandas como Sumac y Botch. Por otro lado… ¡Maldición! Mike Sullivan luce como Jesus tocando la guitarra. Puede sonar estúpido, pero, por momentos, le da un toque místico a lo que pasa sobre el escenario, más aún cuando las luces blancas detrás de sus espaldas lo hacen ver cómo Cristo Resucitado descendiendo de los cielos para traernos la Verdad Revelada del Metal. Me encantó ver a Turncrantz con una remera de Wiegedood, ya que es otra de mis bandas favoritas. El grupo belga es uno de los principales exponentes del black metal contemporáneo. También pude ver por las redes sociales que Cook estuvo usando una remera de Darkthrone durante su recorrido por el sur del mundo. No obstante, Russian Circles no tiene mucho de black metal en su arte, quizás los pasajes más oscuros y las ocasionales líneas de guitarra con trémolo. De todas maneras, eso a nadie le importa (remito a mi comentario previo acerca del gatekeeping).

El show de los maestros de Illinois comenzó más temprano que lo esperado y se extendió por casi una hora y media, o al menos eso creo: no suelo contaminar mi vivencia subjetiva de comunión con artistas de mi predilección cronometrando los acontecimientos. Las composiciones de Russian Circles son largas, así que tocar diez de ellas alcanza para un show intenso. Como era esperable, hubo un predominio de tracks del último disco. “Conduit”, “Betrayal” y “Gnosis” son, justamente, los que incrementaron significativamente el nivel de heaviness de dicho álbum. Los riffs de Russian Circles son brutalmente aplastantes. El despliegue de la batería es de una precisión tan técnica como emocional. La guitarra parece canalizar fuerzas universales y el bajo… El bajo suena como un derrumbe que se repite una y otra vez sobre nuestro cuerpo mientras vemos todo proyectados astralmente y sin dolor, solo sintiendo la presión de las ondas vibratorias que son como olas en un mar agitado.

Había mucho calor humano. Cook se secaba el sudor de la frente con su mano o usando una toalla, y bebía de una lata de cerveza. Tras varios minutos sobre el escenario desabotonó su camisa y expuso todo su sex appeal de gay bear. Era el que arengaba a la gente y sacaba fotos. Cabe aclarar que, además de tocar el bajo, se ocupó del teclado. Mientras tanto, Sullivan hacía lo suyo permaneciendo inmutable: de verdad tiene un semblante muy apacible, hasta diría espiritual. Si bien ambos sacudían sus cabezas a la par del público, es Cook el que tiene una presencia más rockera. Turncrantz toca la batería con una delicadeza que es para deleitarse. No se pronunció ni una sola palabra en todo el concierto.

Cuando tocaron “Deficit”, del álbum “Memorial” (2014), y “Quartered”, de “Blood Year” (2019), se alcanzaron otros dos momentos de clímax pesado. “Station”, “Harper Lewis” y “Youngblood” del disco “Station” (2008) fueron muy festejados. Personalmente, yo fui con el deseo de que me abrumaran con lo más pesado que tenían, y debo decir que lo cumplieron. “Afrika”, que forma parte de “Guidance” (2016), amplió el clima de la noche y “Mládek”, track de “Empros” (2011), marcó el final de una velada excepcional, de la que me fui más que satisfecho. Gracias Russian Circles. Gracias Noiseground, una vez más.

Fotos: Facundo Rodríguez

 

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Russian Circles en Buenos Aires: “La sangre circula caliente”
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En mis reseñas encontrarán la mirada que le falta a otras: esa es mi apuesta y espero que sea mi aporte a la gente interesada. Trataré de que mi relato de lo que fue el paso de Russian Circles por la ciudad de la furia no sea una excepción. Los detalles de la temporización, los tecnicismos y las minucias del setlist suelen ser la norma que se estila, pero yo prefiero las desviaciones: los datos tangenciales o anecdóticos, o los que tocan alguna fibra sensible.

Por empezar, quiero destacar el trabajo que hace varios años viene haciendo la productora Noiseground, encargada del evento. Está claro que tiene el foco puesto en las bandas internacionales que, sin ser mainstream, están consagradas y son pioneras o referentes indiscutibles en sus géneros. Son tantos los grupos que pude ver gracias a ella, y le debo la experiencia de algunos de los mejores conciertos de mi vida: los shows de mis bandas favoritas. Pude ver a Neurosis y dos veces a Amenra, por ejemplo, y solo decir eso ya es demasiado. El lugar para esta ocasión fue, como es frecuente, Uniclub, ese espacio acogedor al lado del Abasto, de tamaño justo para alojar al público exquisito que sabe gozar con propuestas de alto nivel, más allá de las cifras rimbombantes de la industria musical. Lo que importa es la historia, la originalidad, el prestigio, la calidad.

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Las puertas de este templo a la más selecta música de culto se abrieron a la hora estipulada y la gente que esperaba en la vereda empezó a ingresar. Se veían remeras de Amenra (yo mismo vestía una -la de su última visita a Buenos Aires- hasta que la cambié por la de Russian Circles que compré antes del recital y me la puse en el baño), Converge, Deftones, incluso una de Emma Ruth Rundle. Creo que eso puede tener algún valor indicativo, aunque, más allá del merchandising de bandas de metal de cualquier otro estilo, ojalá hubiera más de Madonna o Sam Smith. Lo digo en serio: basta de gatekeeping en la escena de la música pesada. El sectarismo fanático no es rendir culto, es aferrarse infantilmente a íconos para inventarse una identidad cuando se tiene una personalidad frágil o muy conflictuada. Hay que gozar de y con la música, cualquiera sea la que nos guste.

La banda soporte fue IAH y debo decir que: 1) el hecho de que haya un único grupo antes de que toque el principal me parece ideal (dos resultan tolerables, tres ya alcanzan un límite excesivo) y 2) la elección fue muy bien pensada. Si bien estoy de acuerdo con que propuestas muy disímiles compartan un mismo lineup, a veces es bueno recordar que, más allá de “probar sonido” y cumplir con la legislación local, el sentido de darle exposición a un grupo nacional es ayudarlo a incrementar su audiencia, y si hay una audiencia potencial para IAH, sin dudas, es la misma que la de Russian Circles.

En efecto, la banda oriunda de la provincia de Córdoba tiene una impronta que puede hacer que se los perciba como la versión local de Russian Circles: un trío de guitarra, bajo y batería, que ejecuta un post-metal instrumental. Sin embargo, hay que señalar que su música tiene algunos sutiles guiños a la rítmica folklórica y que, con el pasar de los discos, se han empezado a evidenciar ciertas inclinaciones hacia lo stoner, que los diferencia de los gigantes estadounidenses. En 2016 comenzaron con notables intenciones de cultivar el post-metal en un país donde el género es poco explotado, y mucho menos si es instrumental. A lo largo de sus cinco LP se nota como progresivamente comenzaron a seguir una veta más psicodélica que, sin ser de mi predilección, logran hacerla funcionar muy bien. Su tercer disco, “IAH III” (2020) contó con la masterización de Magnus Lindberg de Cult of Luna, gran agrupación referente del post-metal. Su show fue impecable: excelente sonido y mucha energía para conectar con la gente sin necesidad de decir una sola palabra. En la pantalla de fondo se sucedían, siempre detrás del logo de la banda, imágenes de agua, montañas, escenas de la clásica “Suspiria” (1977) de Darío Argento, fractales y explosiones de bombas o erupciones volcánicas. Debo decir que su presentación me resultó un poco corta. Honestamente, podrían haber tocado por más tiempo y las almas presentes lo hubieran agradecido.

Al terminar su concierto, los preparativos para el ascenso de Russian Circles se iniciaron inmediatamente. El trío proveniente de Chicago, y que debe su nombre a una particular jugada de hockey sobre hielo, está compuesto por Mike Sullivan (guitarra), Brian Cook (bajo) y Dave Turncratz (batería), y ya cuenta con ocho álbumes. El más reciente, “Gnosis” (2022), editado por el sello Sargent House, es el que vinieron a presentar en esta primera gira sudamericana. Fue uno de los mejores discos de música pesada lanzados ese año y uno de los más contundentes de toda su carrera.

Los tres músicos, junto con algunos acompañantes, pasaron 48 horas en Buenos Aires. A juzgar por sus redes sociales, se ve que tenían la intención de poder conocer algo de cada ciudad que estuvieron visitando. Anduvieron por San Telmo y probaron la famosa carne argentina. La puesta en escena fue muy minimalista: solamente luces variadas, además de la infaltable máquina de humo. Teniendo en cuenta el video que tuvo la canción homónima a su último disco, pensé que quizás habría algo de esa imaginería, pero no: optaron por buscar que todo se centrara en el sonido.

Tengo que admitir que soy admirador de Brian Cook, no solamente porque es el bajista, sino también por ser integrante de otras dos increíbles bandas como Sumac y Botch. Por otro lado… ¡Maldición! Mike Sullivan luce como Jesus tocando la guitarra. Puede sonar estúpido, pero, por momentos, le da un toque místico a lo que pasa sobre el escenario, más aún cuando las luces blancas detrás de sus espaldas lo hacen ver cómo Cristo Resucitado descendiendo de los cielos para traernos la Verdad Revelada del Metal. Me encantó ver a Turncrantz con una remera de Wiegedood, ya que es otra de mis bandas favoritas. El grupo belga es uno de los principales exponentes del black metal contemporáneo. También pude ver por las redes sociales que Cook estuvo usando una remera de Darkthrone durante su recorrido por el sur del mundo. No obstante, Russian Circles no tiene mucho de black metal en su arte, quizás los pasajes más oscuros y las ocasionales líneas de guitarra con trémolo. De todas maneras, eso a nadie le importa (remito a mi comentario previo acerca del gatekeeping).

El show de los maestros de Illinois comenzó más temprano que lo esperado y se extendió por casi una hora y media, o al menos eso creo: no suelo contaminar mi vivencia subjetiva de comunión con artistas de mi predilección cronometrando los acontecimientos. Las composiciones de Russian Circles son largas, así que tocar diez de ellas alcanza para un show intenso. Como era esperable, hubo un predominio de tracks del último disco. “Conduit”, “Betrayal” y “Gnosis” son, justamente, los que incrementaron significativamente el nivel de heaviness de dicho álbum. Los riffs de Russian Circles son brutalmente aplastantes. El despliegue de la batería es de una precisión tan técnica como emocional. La guitarra parece canalizar fuerzas universales y el bajo… El bajo suena como un derrumbe que se repite una y otra vez sobre nuestro cuerpo mientras vemos todo proyectados astralmente y sin dolor, solo sintiendo la presión de las ondas vibratorias que son como olas en un mar agitado.

Había mucho calor humano. Cook se secaba el sudor de la frente con su mano o usando una toalla, y bebía de una lata de cerveza. Tras varios minutos sobre el escenario desabotonó su camisa y expuso todo su sex appeal de gay bear. Era el que arengaba a la gente y sacaba fotos. Cabe aclarar que, además de tocar el bajo, se ocupó del teclado. Mientras tanto, Sullivan hacía lo suyo permaneciendo inmutable: de verdad tiene un semblante muy apacible, hasta diría espiritual. Si bien ambos sacudían sus cabezas a la par del público, es Cook el que tiene una presencia más rockera. Turncrantz toca la batería con una delicadeza que es para deleitarse. No se pronunció ni una sola palabra en todo el concierto.

Cuando tocaron “Deficit”, del álbum “Memorial” (2014), y “Quartered”, de “Blood Year” (2019), se alcanzaron otros dos momentos de clímax pesado. “Station”, “Harper Lewis” y “Youngblood” del disco “Station” (2008) fueron muy festejados. Personalmente, yo fui con el deseo de que me abrumaran con lo más pesado que tenían, y debo decir que lo cumplieron. “Afrika”, que forma parte de “Guidance” (2016), amplió el clima de la noche y “Mládek”, track de “Empros” (2011), marcó el final de una velada excepcional, de la que me fui más que satisfecho. Gracias Russian Circles. Gracias Noiseground, una vez más.

Fotos: Facundo Rodríguez

 

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