

Crónica y fotos: Juli G. López
El pasado viernes 16 de enero, comenzamos el 2026 a puro death, y la sala Silikona de Madrid vibró una vez más con una intensa noche de metal extremo producida por Madrid Death Fest. A pesar de tratarse de una fecha temprana en el año, el evento dejó claro que la escena no baja el ritmo y sigue apostando fuerte por propuestas contundentes y bien organizadas.
Desde Alemania llegaron los icónicos surfers del slam death metal, Stillbirth, con su inconfundible estilo festivo, casi playero, lleno de riffs brutales y una actitud desenfadada que ya es marca registrada. Al igual que en 2024, estuvieron acompañados por Kanine, desde Francia, quienes representaron al deathcore con fuerza, precisión y una presencia demoledora de su frontman, consolidando una combinación explosiva para la noche.
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La velada dio comienzo con los españoles Ancient Arrival, encargados de representar a la escena nacional con una propuesta moderna y sólida dentro del deathcore español. Con riffs rápidos, contundentes y bien ejecutados, demostraron por qué son consideradas una de las bandas emergentes más firmes del underground madrileño. Cabe destacar además que Lukas, productor y vocalista de Stillbirth, considera fundamental hacer crecer el under dando espacio a las bandas locales emergentes, algo que se reflejó claramente en el cartel. La sala no estaba tan llena como en 2024, pero aun así se sentía una energía metalera constante y un público atento desde el primer momento.
Kanine fue la segunda banda en tomar el escenario y, desde los primeros acordes, quedó claro que el público estaba preparado para el caos. Entre patadas, empujones y puños voladores en el mosh, llegando incluso a tener que retirar gente por parte de la producción, quedó demostrado por qué la banda es una de las promesas más sólidas del deathcore europeo. A pesar de su corta trayectoria, el sonido fue preciso, contundente y muy bien ejecutado, amplificado por la energía frenética de los asistentes que no dejaron de apoyar cada breakdown. Además, fueron los únicos en sumar luces extras al escenario, logrando darle un mejor ambiente a la —no tan agraciada— sala Silikona.
Con el público ya completamente caliente, llegó el turno de Stillbirth, los surferos del slam que ya tienen su paso más que sabido por España. El ambiente, cargado de adrenalina, se mantuvo expectante mientras los alemanes inflaban ellos mismos hinchables de pelotas, bongs y chalas de marihuana, haciendo clara alusión a su temática habitual. Fieles a su estilo, no tardaron en hacer referencias al sol y a la playa española, añadiendo su característico toque humorístico al brutal espectáculo que estaba por comenzar. El setlist fue una sucesión constante de golpes sonoros, ejecutados con precisión quirúrgica y reforzados por varios temas pedidos por el metalerio presente.
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La interacción de Stillbirth con el público fue, una vez más, uno de los puntos más destacados de la noche. El cantante Lukas bajó en varias ocasiones del escenario para cantar junto a los fans, generando una conexión directa y genuina que pocas bandas logran mantener. Incluso durante su icónico paso por el wall of death, la complicidad entre banda y público fue total, elevando aún más la intensidad del show.
En resumen, la noche fue una verdadera celebración de risas, amiguismo y reencuentros dentro del death metal en todas sus formas. La vieja y la nueva escuela se encontraron entre guturales, breakdowns y mosh pits caóticos. Stillbirth y Kanine, junto con los locales Ancient Arrival, no solo demostraron por qué son referentes dentro de la escena, sino que también ofrecieron una experiencia cercana, honesta y brutal que dejó a Madrid con ganas de más, como suele suceder siempre con las producciones de Madrid Death Fest.


Crónica y fotos: Juli G. López
El pasado viernes 16 de enero, comenzamos el 2026 a puro death, y la sala Silikona de Madrid vibró una vez más con una intensa noche de metal extremo producida por Madrid Death Fest. A pesar de tratarse de una fecha temprana en el año, el evento dejó claro que la escena no baja el ritmo y sigue apostando fuerte por propuestas contundentes y bien organizadas.
Desde Alemania llegaron los icónicos surfers del slam death metal, Stillbirth, con su inconfundible estilo festivo, casi playero, lleno de riffs brutales y una actitud desenfadada que ya es marca registrada. Al igual que en 2024, estuvieron acompañados por Kanine, desde Francia, quienes representaron al deathcore con fuerza, precisión y una presencia demoledora de su frontman, consolidando una combinación explosiva para la noche.
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La velada dio comienzo con los españoles Ancient Arrival, encargados de representar a la escena nacional con una propuesta moderna y sólida dentro del deathcore español. Con riffs rápidos, contundentes y bien ejecutados, demostraron por qué son consideradas una de las bandas emergentes más firmes del underground madrileño. Cabe destacar además que Lukas, productor y vocalista de Stillbirth, considera fundamental hacer crecer el under dando espacio a las bandas locales emergentes, algo que se reflejó claramente en el cartel. La sala no estaba tan llena como en 2024, pero aun así se sentía una energía metalera constante y un público atento desde el primer momento.
Kanine fue la segunda banda en tomar el escenario y, desde los primeros acordes, quedó claro que el público estaba preparado para el caos. Entre patadas, empujones y puños voladores en el mosh, llegando incluso a tener que retirar gente por parte de la producción, quedó demostrado por qué la banda es una de las promesas más sólidas del deathcore europeo. A pesar de su corta trayectoria, el sonido fue preciso, contundente y muy bien ejecutado, amplificado por la energía frenética de los asistentes que no dejaron de apoyar cada breakdown. Además, fueron los únicos en sumar luces extras al escenario, logrando darle un mejor ambiente a la —no tan agraciada— sala Silikona.
Con el público ya completamente caliente, llegó el turno de Stillbirth, los surferos del slam que ya tienen su paso más que sabido por España. El ambiente, cargado de adrenalina, se mantuvo expectante mientras los alemanes inflaban ellos mismos hinchables de pelotas, bongs y chalas de marihuana, haciendo clara alusión a su temática habitual. Fieles a su estilo, no tardaron en hacer referencias al sol y a la playa española, añadiendo su característico toque humorístico al brutal espectáculo que estaba por comenzar. El setlist fue una sucesión constante de golpes sonoros, ejecutados con precisión quirúrgica y reforzados por varios temas pedidos por el metalerio presente.
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En resumen, la noche fue una verdadera celebración de risas, amiguismo y reencuentros dentro del death metal en todas sus formas. La vieja y la nueva escuela se encontraron entre guturales, breakdowns y mosh pits caóticos. Stillbirth y Kanine, junto con los locales Ancient Arrival, no solo demostraron por qué son referentes dentro de la escena, sino que también ofrecieron una experiencia cercana, honesta y brutal que dejó a Madrid con ganas de más, como suele suceder siempre con las producciones de Madrid Death Fest.













