


Anoche Pumpehuset, ese templo sónico de Copenhague donde el cemento vibra y el techo transpira historia, fue testigo del paso demoledor de Ugly Kid Joe. Desde California, con varias décadas de ruta encima, la banda demostró que el hard rock sigue tan vivo como el primer día: sucio, honesto y directo al pecho.
Pero antes del plato fuerte, la noche abrió con una grata sorpresa: el poder adolescente y desfachatado de Ashes of Billy, un trío proveniente de Roskilde, Dinamarca, que dejó la vara altísima para ser una banda telonera. Jóvenes, sí, pero con una potencia arrolladora y una mezcla muy bien lograda de grunge, punk y rock clásico. Suenan jóvenes, frescos y contundentes, como si hubieran nacido en Seattle en los 90 pero con actitud del 2025.
Durante su set tocaron 7 temas cargadísimos de rock, entre ellos “On Account of You”, “The Right Place” y “Burned Out”, cerrando con un himno increíble y clásico como “Feel You Around”. Se ganaron el respeto del público con una ejecución impecable y una actitud sin miedo, dejando claro que hay nueva sangre rockera en Dinamarca lista para hacer ruido en serio.
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Con el ambiente ya cargado, Ugly Kid Joe subió a escena frente a un público que, aunque algo contenido en movimiento, era claramente amigo: gente que los quiere, los aguanta y los viene siguiendo desde hace años. El cartel decía sold out, y el lugar estaba repleto de almas rockeras de todas las edades desde canosos con parches en la chaqueta hasta jóvenes con camisetas de los noventa. El ambiente era expectante, respetuoso, con la energía bien arriba, aunque más de cantar y levantar el puño que de armar pogo. Pero la conexión fue real, profunda, y se mantuvo durante todo el show.
El setlist fue un recorrido por toda su carrera, con paradas obligadas en dos discos que marcaron época: Menace to Sobriety y America’s Least Wanted. Himnos como “Goddamn Devil”, “Neighbor”, “Milkman’s Son” o “V.I.P” sonaron con esa mezcla justa de pesadez y groove que define a la banda. Cada canción era una cápsula de puro rock noventero que despertaba una oleada de recuerdos y sonrisas.
Whitfield Crane, al frente de la banda, se mostró como un verdadero showman: voz afilada, energía arrolladora y una entrega total. Siempre buscando el contacto con el público, tirando frases, gestos, miradas. Pero más allá de la actitud, lo que se notó fue su conexión genuina con la gente. En uno de los momentos más humanos de la noche, se dirigió a dos chicos de no más de 15 años, parados sobre una viga al costado del club. No solo los saludó, sino que les dedicó el tema “C.U.S.T”, como un mensaje directo a las nuevas generaciones que aún encuentran en el rock un lugar de pertenencia. Un gesto cargado de empatía que no pasó desapercibido.
Otro momento especial fue la canción “Mr. Recordman”, donde el guitarrista y miembro fundador Klaus Eichstadt se hizo cargo del micrófono. Fue una pausa cálida, con tintes de nostalgia, que equilibró perfectamente la potencia del resto del set.
Y cuando la noche empezaba a despedirse, llegaron dos covers de alto voltaje. Primero un “Ace of Spades” que encendió el espíritu de Motörhead en cada rincón del lugar. Y luego como era de esperarse un tema de Black Sabbath, inevitable y emotivo, una versión furiosa de “Paranoid”, dedicada al recién fallecido Ozzy Osbourne. No faltó el recuerdo, la dedicatoria y el aplauso sentido de una sala que celebró su legado como corresponde: con respeto y volumen.
Para cerrar, la infaltable “Everything About You”, ese clásico que nos hizo saltar por dentro aunque el cuerpo no lo grite tanto. Fue el broche de oro para una noche de rock auténtico, sin maquillaje ni artificios, en manos de una banda que sigue tocando con el corazón en la mano.
Ugly Kid Joe no necesita demostrar nada. Solo suben, tocan, y nos recuerdan por qué nos enamoramos del rock en primer lugar. Y aunque el pogo no explotó, la conexión estuvo ahí: invisible, constante y profundamente real.



Anoche Pumpehuset, ese templo sónico de Copenhague donde el cemento vibra y el techo transpira historia, fue testigo del paso demoledor de Ugly Kid Joe. Desde California, con varias décadas de ruta encima, la banda demostró que el hard rock sigue tan vivo como el primer día: sucio, honesto y directo al pecho.
Pero antes del plato fuerte, la noche abrió con una grata sorpresa: el poder adolescente y desfachatado de Ashes of Billy, un trío proveniente de Roskilde, Dinamarca, que dejó la vara altísima para ser una banda telonera. Jóvenes, sí, pero con una potencia arrolladora y una mezcla muy bien lograda de grunge, punk y rock clásico. Suenan jóvenes, frescos y contundentes, como si hubieran nacido en Seattle en los 90 pero con actitud del 2025.
Durante su set tocaron 7 temas cargadísimos de rock, entre ellos “On Account of You”, “The Right Place” y “Burned Out”, cerrando con un himno increíble y clásico como “Feel You Around”. Se ganaron el respeto del público con una ejecución impecable y una actitud sin miedo, dejando claro que hay nueva sangre rockera en Dinamarca lista para hacer ruido en serio.
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El setlist fue un recorrido por toda su carrera, con paradas obligadas en dos discos que marcaron época: Menace to Sobriety y America’s Least Wanted. Himnos como “Goddamn Devil”, “Neighbor”, “Milkman’s Son” o “V.I.P” sonaron con esa mezcla justa de pesadez y groove que define a la banda. Cada canción era una cápsula de puro rock noventero que despertaba una oleada de recuerdos y sonrisas.
Whitfield Crane, al frente de la banda, se mostró como un verdadero showman: voz afilada, energía arrolladora y una entrega total. Siempre buscando el contacto con el público, tirando frases, gestos, miradas. Pero más allá de la actitud, lo que se notó fue su conexión genuina con la gente. En uno de los momentos más humanos de la noche, se dirigió a dos chicos de no más de 15 años, parados sobre una viga al costado del club. No solo los saludó, sino que les dedicó el tema “C.U.S.T”, como un mensaje directo a las nuevas generaciones que aún encuentran en el rock un lugar de pertenencia. Un gesto cargado de empatía que no pasó desapercibido.
Otro momento especial fue la canción “Mr. Recordman”, donde el guitarrista y miembro fundador Klaus Eichstadt se hizo cargo del micrófono. Fue una pausa cálida, con tintes de nostalgia, que equilibró perfectamente la potencia del resto del set.
Y cuando la noche empezaba a despedirse, llegaron dos covers de alto voltaje. Primero un “Ace of Spades” que encendió el espíritu de Motörhead en cada rincón del lugar. Y luego como era de esperarse un tema de Black Sabbath, inevitable y emotivo, una versión furiosa de “Paranoid”, dedicada al recién fallecido Ozzy Osbourne. No faltó el recuerdo, la dedicatoria y el aplauso sentido de una sala que celebró su legado como corresponde: con respeto y volumen.
Para cerrar, la infaltable “Everything About You”, ese clásico que nos hizo saltar por dentro aunque el cuerpo no lo grite tanto. Fue el broche de oro para una noche de rock auténtico, sin maquillaje ni artificios, en manos de una banda que sigue tocando con el corazón en la mano.
Ugly Kid Joe no necesita demostrar nada. Solo suben, tocan, y nos recuerdan por qué nos enamoramos del rock en primer lugar. Y aunque el pogo no explotó, la conexión estuvo ahí: invisible, constante y profundamente real.