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25° Aniversario de “Holy Land” de Angra
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Durante la segunda mitad de los ochentas, Brasil se reveló ante el mundo como una potencia a considerar en materia de heavy metal, dando origen a algunos de los grupos más extremos de la década. Obviamente la más importante de estas era Sepultura, pero otros como Sarcófago, Holocausto, Ratos de Porão, Vulcano y demás establecieron el arquetipo del sonido brasileño como sucio, agresivo y anárquico. Pero yendo a la par de estos grupos, el under de este país sudamericano estaba desarrollando una manera diferente de pensar los sonidos pesados.

En 1985, André Matos era un adolescente de 14 años que estaba dando sus primeros pasos en el mundo de la música, tanto en el piano clásico como en el canto: sus grandes influencias eran Eric Adams (Manowar) y Bruce Dickinson (Iron Maiden), por los que había buscado un estilo limpio al cantar. Ese año, Matos recibió una invitación de parte del bajista Pit Passarell para unirse a su banda Viper, que había formado junto a su hermano y guitarrista Yves.

“Por esa época no había mucho lugar para las bandas de heavy metal”, decía Matos sobre esa época en una entrevista con Metal Meltdown, y agregaba que sentía que “los veían como extraterrestres”. Viper editaron los álbumes “Soldiers of Sunrise” (1987) y “Theatre of Fate” (1989), mostrando un speed metal con una fuerte influencia de Judas Priest y Iron Maiden, a la que le sumaban los sonidos de música clásica que el vocalista había estudiado. Muchas reseñas comparaban a Viper con Helloween, que habían codificado el sonido del power metal europeo por esa época con las dos partes de “Keeper of the Seven Keys”, pero según dijo Matos a Metal Kings: “No fue hasta el día que recibimos nuestro contrato en Japón de nuestro segundo álbum que supimos acerca de Helloween. Nuestras influencias estaban en el metal británico”. Comparado con el debut, que había sido grabado en un estudio acostumbrado a la música pop y a la samba, “Theatre of Fate” tenía un sonido más profesional, y un mayor presupuesto permitió explotar todavía más las influencias clásicas, incorporando violines y cellos en varias canciones.

Viper con André Matos en la época de “Soldiers of Sunrise”

Todo parecía ir sobre ruedas en el grupo, pero la estadía de Matos en Viper no sería muy larga, siendo que el cantante anunció su intención de irse poco después de editado el segundo álbum. Según Matos, su separación se dio por una diferencia de ideas: “El resto del grupo quería adoptar un sonido más pesado, como el de Metallica, Megadeth o Anthrax, y yo no quería”. Además, con 18 años recién cumplidos, Matos había decidido centrarse en la composición de música clásica, su gran pasión, y el tiempo que iba a tener que dedicarle a sus estudios se vería interferido por su trabajo en Viper. Luego de terminada la gira de presentación de “Theatre of Fate”, el cantante dijo adiós al grupo y se inscribió en la escuela de música, con Pit asumiendo las labores detrás del micrófono. “Después de dejar Viper, no quería tocar más heavy metal”, decía Matos a Metal Kings acerca de esa época de su vida, pero quiso el destino que en la Faculdade de Artes Santa Marcelina se encontrara con un par de personas que le hicieron cambiar de parecer.

Otro de los alumnos que se había anotado en Santa Marcelina era el guitarrista Rafael Bittencourt, quien tenía la misma edad que Matos pero venía de un panorama musical bastante diferente: con 16 años había formado la banda punk Lixo Atômico, y más tarde había pasado por los grupos Detroit y Spitfire. Habiéndose mudado a los Estados Unidos en 1988, Bittencourt tocó en grupos de jazz e incluso dirigió orquestas, para luego volver a Brasil a seguir estudiando música en Santa Marcelina, donde trabó amistad con André Matos y el guitarrista André Linhares, con quienes terminaría coincidiendo en la idea de formar de heavy metal con influencias de música clásica.

Primera formación estable de Angra

“Elegimos el nombre ‘Angra’ porque era algo brasileño, y porque está la ciudad de Angra, que es un lugar hermoso”, dijo Matos en una entrevista con Ram Samudrala. Además, Matos agregó que querían “un nombre que sonara bien en todos los idiomas”. Poco después, Linhares abandonó el grupo y fue reemplazado por André “Zaza” Hernandes, aunque tampoco él duraría mucho en el puesto. No sería hasta fines de 1992 que Angra completaría su dupla de guitarras con la llegada de Pedro Henrique Loureiro, más conocido como “Kiko”. Loureiro también tenía experiencia previa en bandas, pero esos antecedentes eran incluso más particulares que los de sus compañeros, con pasos por los grupos Legalize y A Chave, la banda solista del cantante punk y new wave Supla e, incluso, como parte de los músicos de apoyo de la boyband brasileña Dominó.

Con la llegada de Loureiro, sólo faltaba cubrir la base instrumental del grupo. De eso se encargarían el bajista Luis Mariutti (ex Firebox) y el baterista Marco Antunes (ex Spitfire). Ambos tenían antecedentes similares a los del guitarrista, con Mariutti habiendo sido parte de Supla y Antunes de los músicos de Dominó, y terminarían completando la primera formación de Angra, con la que el grupo entraría a grabar a mediados de 1992 su primer demo, titulado “Reaching Horizons”, que contenía una variedad de canciones que, de una manera u otra, terminarían apareciendo en sus siguientes álbumes.

Angra en el demo “Reaching Horizons”

En julio de 1993, Angra viajarían a Hamburgo para grabar su álbum debut en los estudios de Kai Hansen, el exguitarrista de Helloween y actual Gamma Ray, donde se juntarían con los productores de Charlie Bauerfeind y Sascha Paeth.

Durante su estadía en la ciudad alemana, se dio uno de los momentos más complicados de estos primeros años de la banda: el ultimátum de Bauerfeind con respecto a Marco Antunes. Como contó André Matos para Whiplash: “Este álbum tiene muchas participaciones diferentes, comenzando por el baterista en cuyo lugar tuvimos que colocar a un substituto […] que fue Alex Holzwarth, que tocó en Rhapsody por bastante tiempo. […] Fue básicamente una decisión del productor [Charlie Bauerfeind]. El productor se nos acercó y nos dijo: ‘Miren, su baterista lamentablemente no va a poder manejar lo que quiero para este disco. Ustedes tienen dos opciones: o usamos una batería electrónica, o contratamos a algún conocido que puedo hacerlo en una semana’. Fue una decisión difícil, porque nuestro baterista era un buen amigo y uno de los cofundadores de la banda. Una vez que estuvimos allí no había vuelta atrás, teníamos que optar por una de esas opciones”. Matos dijo que si Angra no hacía lo que Bauerfeind decía, “no pondría su nombre en esa producción”. Angra decidieron despedir a Antunes y usar a Holzwarth como baterista de sesión durante todo el álbum, con la excepción de su versión de “Wuthering Heights” de Kate Bush, donde el puesto fue ocupado por Thomas Nack, baterista de Gamma Ray por esa época y gran fan de la cantante británica, por su habilidad para tocar la canción. Matos reflexionó: “No había nada que pudiésemos hacer, y todos sufrimos por eso. Fue una de las primeras lecciones feas y tristes que tuvimos que aprender desde el comienzo”.

Editado el 3 de noviembre de 1993 en una colaboración entre Rising Sun, Eldorado y Victor, “Angels Cry” fue un éxito de ventas, llegando a disco de oro en Japón. Al hablar sobre las ventas del álbum en Brasil, Matos dijo a Ice Vajal: “Cuando lanzamos el álbum en Brasil, no creíamos que fuera a vender mucho. ‘Podemos vender 5000 copias’, pensamos. Fue una sorpresa cuando finalmente vendimos 20.000 álbumes”. El video de la canción “Time” tuvo su rotación en MTV, y las reseñas aclamaron el álbum.

Además y visto a la distancia, es fácil ver cómo “Angels Cry” había replanteado la manera de hacer esta clase de sonido melódico: aunque la idea del power metal estaba muy lejos de ser algo nuevo, Angra combinaban la veta ultra melódica de la variante más europea del estilo con elementos tomados directamente de la música clásica, incluso incorporando recreaciones de composiciones famosas, que no serían comunes en el estilo hasta un par de años después. Canciones como “Carry On” y “Angels Cry” se volverían clásicos de las presentaciones en vivo de Angra, y su cover de “Wuthering Heights”, con un rango de voz que sería inalcanzable para una enorme mayoría de los cantantes masculinos, confirmaría la evolución vocal de André Matos desde su época en Viper.

En la contraportada del álbum se veía a la banda completa junto al nuevo integrante del grupo: el baterista Ricardo Confessori, otro más que había pasado por las filas de Dominó. A pesar de aparecer en las fotos de “Angels Cry” sin haber tocado en el disco, Confessori se puso la batería al hombro durante la gira de presentación, que tuvo a Angra girando tanto por Brasil como por Europa durante los siguientes años.

Terminado el “Angels Cry Tour” en 1995, Angra ya estaban dispuestos para volver al estudio de Kai Hansen y trabajar de vuelta con Charlie Bauerfeind y Sascha Paeth. Pero a pesar de repetir estudio y productores, los brasileños no tenían en mente repetir al detalle lo hecho en su álbum debut, sino algo incluso más ambicioso, uno que llevaría a la banda más allá de los límites del heavy metal. Según dijo Matos a Ram Samudrala, la idea detrás del segundo álbum de Angra salió de una de sus canciones: “El concepto nació de la canción ‘Holy Land’. Compuse la canción por mí mismo y se la presenté a la banda. Todos estaban con la misma idea, hablando acerca de cosas de Brasil, la mezcla de culturas, raza y religión, etcétera. De esta canción nació todo el concepto”.

“Holy Land” sería el gran tributo de Angra a su tierra natal, constituyendo un trabajo conceptual donde la música europea y el heavy metal se fusionarían con los sonidos de la música brasileña, narrando la historia del encuentro de las culturas americana y europea a través de esta mezcla de ritmos. Aunque no haya encontrado entrevistas que lo confirmen, no es descabellado pensar en que la época misma en la que estaba viviendo Angra haya influenciado la idea detrás del álbum: en 1992 se habían cumplido 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, y entre celebraciones y condenas se había comenzado a dar una reevalución de la historia clásica eurocentrista del “descubrimiento” del continente americano que se había enseñado durante siglos tanto en las escuelas como en la cultura popular, un proceso que sigue incluso al día de hoy. Y Angra no eran los únicos que habían decidido buscar inspiración en la cultura nativa del Brasil: casi en simultáneo, Sepultura se encontraban ultimando los detalles de “Roots”, el disco donde combinarían el groove de sus últimos trabajos con influencias del naciente nu metal y los sonidos de la música popular brasileña. La comparación con “Roots” será inevitable, por un tema de contexto, pero es momento de centrarnos en la música de “Holy Land”, que fue editado el 23 de marzo de 1996 por los mismos sellos que el debut.

Centrándonos en la música, “Crossing” es una introducción perfecta al concepto general del álbum, incluso si es sólo una intro: por un lado los sonidos de la naturaleza, con el murmullo de los insectos y el canto de los pájaros, y por el otro las voces recreando la pieza coral “O, Crux Ave” del compositor renacentista italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina. Este track lleva directamente a la primera canción “Nothing To Say”: un riff intermitente de cuerda al aire y un ritmo de batería complicado incluso si está en 4/4, sobre los que se van apilando capas de teclados hasta desembocar en un redoble de batucada y un riff retorcido y complicado de guitarra lleno de pequeños detalles en el medio. Esta no es de las canciones que más demanden del rango de voz de André Matos, pero no deja de ser una muestra impresionante de sus capacidades como cantante, dando la performance llena de emoción que una letra como “Los sonidos todavía hacen eco / Todos nosotros navegando a través de mares de sangre / La esperanza escondida detrás del horror” merece.

Es interesante cómo “Holy Land” no tiene tantos momentos de power metal veloz como uno podría llegar a imaginarse, con la anterior “Nothing To Say” y “Z.I.T.O” entre las pocas que, aunque sea por una mayoría de su tiempo, se pueden meter en esa categoría. Y a estas podríamos sumar “Carolina IV”, la canción más larga de la discografía de Angra y una pieza épica que, a lo largo de sus más de diez minutos, combina más percusión de batucada, acompañamiento de flautas y coros en portugués que contienen referencias a Yemanyá, la divinidad relacionada con el mar en la religión umbanda y candomblé, entre otras. Esta es otra canción que incorpora elementos de otras composiciones, aunque en este caso es una referencia más cercana en el tiempo: el solo de flauta está tomado de “Bebê”, del brasileño Hermeto Pascoal.

Esto no quiere decir que no haya muchos momentos pesados en el álbum, porque hay una gran variedad de esos: “Silence and Distance” tendrá un comienzo de balada de piano, pero no pasa mucho tiempo hasta que aparecen las guitarras y los riffs complicados, y “The Shaman” tiene sus power chords y teclados, con un interludio de sonidos rituales de por medio.

Sin embargo, es cierto que la gran mayoría del álbum es bastante reposado, pero no por eso aburrido: incluso en sus momentos más minimalistas hay algún detalle que capta la atención del oyente por sus cualidades técnicas o los detalles intrincados en la composición. La anteriormente mencionada “Silence and Distance” tendrá sólo un piano y la voz de Matos en su introducción, pero el cantante juega con su voz y la transporta a través de rangos imposibles para la mayoría. “Holy Land”, la canción que dio origen al concepto detrás del álbum, está dividida en dos mitades, con la primera tomando elementos del jazz y la bossa nova y la segunda introduciendo el costado más metalero. Y “Deep Blue” será una canción lenta, pero con coros y teclados que crean una atmósfera oscura.

Volviendo a la comparación con “Roots”, a pesar de que ni Sepultura ni Angra sabían acerca del disco en el que estaba trabajando los otros ambas bandas terminaron con acercamientos diferentes al mismo concepto, casi diría contrastantes. “Roots” es un trabajo agresivo, violento, donde Sepultura hacen no sólo tributo a las tribus del Amazonas sino también a las favelas, a la cultura popular brasileña y al legado de la esclavitud en la sociedad de su país, comentando incluso acerca de la destrucción de las selvas por las grandes corporaciones, mientras que “Holy Land” es un trabajo complejo que mezcla la música local con influencias europeas y une ambas con referencias e instrumentos de ambos mundos. “Roots” habla del presente y de las consecuencias de una manera directa, mientras que “Holy Land” habla y mira al pasado, al inicio de todo, con una mirada poética. ¿Esto quiere decir que alguna de estas visiones es más “válida” que la otra? No realmente, al menos en mi opinión: ese es un tema del que se puede hablar largo y tendido en este contexto en el que vivimos. Además, tiene sentido al pensar en los géneros de donde viene cada banda: “Roots” es furioso y oscuro porque Sepultura venía del thrash y el death metal, mientras que “Holy Land” es complejo e idílico porque esas suelen ser las características del power metal y el progresivo. Son dos caras de la misma moneda, dos maneras de ver el mismo tema.

Otro detalle a destacar de “Holy Land” es su presentación: este es un trabajo que necesitaba un sonido limpio y una mezcla clara a través del que se pudiera apreciar todos los detalles de las canciones, y eso fue lo que logró la dupla de Bauerfeind y Paeth. “Angels Cry” ya tenía un muy buen sonido para el power metal, pero el segundo álbum mejora en todos los aspectos y no tiene problemas en pelearle a cualquier disco, sea de heavy metal o no, gracias a la manera en la que logra acomodar no sólo las guitarras, el bajo, la batería y los teclados, sino también la percusión, vientos, berimbau y coros de manera que cada uno tenga su propio espacio incluso cuando todos aparezcan al mismo tiempo

Y esto también se extiende a la presentación física del álbum en si. En vez de estar en la forma más tradicional de libro, el booklet consiste de una única hoja, que se extiende para mostrar que la portada es sólo una parte de un mapa mucho más grande, retratando los territorios conocidos con las proporciones de la época. Entre las letras del álbum, se pueden encontrar ilustraciones de todo tipo representando los vientos y referencias a la navegación de los siglos XV y XVI. Incluso existe una versión limitada editada en Brasil, que venía que dentro de una lata y venía con una variedad de extras, entre ellas una camiseta y una gorra de la banda.

Una de las presentaciones de Angra en Argentina, en Dr. Jekyll, fue un set completamente acústico

La gira de presentación, el “Holy World Tour” llevaría al grupo no sólo a tocar en Brasil y en Europa, sino también visitar Argentina y Japón por primera vez, con más de 60 fechas alrededor del mundo. De uno de estos recitales en Francia saldría “Holy Live”, el primer álbum en vivo de Angra y el único registro de esta formación sobre los escenarios.

La formación que grabó este disco duraría un disco más: “Fireworks” marcaría el punto final de esta etapa de la banda, con la salida de André Matos, Luis Mariutti y Ricardo Confessori poco después. Considerando la carrera posterior de Angra, “Holy Land” ha terminado siendo un trabajo singular en la obra de los brasileños, con los álbumes hasta el día de hoy siguiendo el estilo de power metal progresivo más tradicional de “Angels Cry”. Paradójicamente, es un disco de estilo accesible pero que puede ser complicado para quien busque un sonido metalero más directo, pero todo aquel que le dedique su tiempo encontrará en “Holy Land” uno de los discos más espectaculares del metal sudamericano de los noventas.

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25° Aniversario de “Holy Land” de Angra
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Durante la segunda mitad de los ochentas, Brasil se reveló ante el mundo como una potencia a considerar en materia de heavy metal, dando origen a algunos de los grupos más extremos de la década. Obviamente la más importante de estas era Sepultura, pero otros como Sarcófago, Holocausto, Ratos de Porão, Vulcano y demás establecieron el arquetipo del sonido brasileño como sucio, agresivo y anárquico. Pero yendo a la par de estos grupos, el under de este país sudamericano estaba desarrollando una manera diferente de pensar los sonidos pesados.

En 1985, André Matos era un adolescente de 14 años que estaba dando sus primeros pasos en el mundo de la música, tanto en el piano clásico como en el canto: sus grandes influencias eran Eric Adams (Manowar) y Bruce Dickinson (Iron Maiden), por los que había buscado un estilo limpio al cantar. Ese año, Matos recibió una invitación de parte del bajista Pit Passarell para unirse a su banda Viper, que había formado junto a su hermano y guitarrista Yves.

“Por esa época no había mucho lugar para las bandas de heavy metal”, decía Matos sobre esa época en una entrevista con Metal Meltdown, y agregaba que sentía que “los veían como extraterrestres”. Viper editaron los álbumes “Soldiers of Sunrise” (1987) y “Theatre of Fate” (1989), mostrando un speed metal con una fuerte influencia de Judas Priest y Iron Maiden, a la que le sumaban los sonidos de música clásica que el vocalista había estudiado. Muchas reseñas comparaban a Viper con Helloween, que habían codificado el sonido del power metal europeo por esa época con las dos partes de “Keeper of the Seven Keys”, pero según dijo Matos a Metal Kings: “No fue hasta el día que recibimos nuestro contrato en Japón de nuestro segundo álbum que supimos acerca de Helloween. Nuestras influencias estaban en el metal británico”. Comparado con el debut, que había sido grabado en un estudio acostumbrado a la música pop y a la samba, “Theatre of Fate” tenía un sonido más profesional, y un mayor presupuesto permitió explotar todavía más las influencias clásicas, incorporando violines y cellos en varias canciones.

Viper con André Matos en la época de “Soldiers of Sunrise”

Todo parecía ir sobre ruedas en el grupo, pero la estadía de Matos en Viper no sería muy larga, siendo que el cantante anunció su intención de irse poco después de editado el segundo álbum. Según Matos, su separación se dio por una diferencia de ideas: “El resto del grupo quería adoptar un sonido más pesado, como el de Metallica, Megadeth o Anthrax, y yo no quería”. Además, con 18 años recién cumplidos, Matos había decidido centrarse en la composición de música clásica, su gran pasión, y el tiempo que iba a tener que dedicarle a sus estudios se vería interferido por su trabajo en Viper. Luego de terminada la gira de presentación de “Theatre of Fate”, el cantante dijo adiós al grupo y se inscribió en la escuela de música, con Pit asumiendo las labores detrás del micrófono. “Después de dejar Viper, no quería tocar más heavy metal”, decía Matos a Metal Kings acerca de esa época de su vida, pero quiso el destino que en la Faculdade de Artes Santa Marcelina se encontrara con un par de personas que le hicieron cambiar de parecer.

Otro de los alumnos que se había anotado en Santa Marcelina era el guitarrista Rafael Bittencourt, quien tenía la misma edad que Matos pero venía de un panorama musical bastante diferente: con 16 años había formado la banda punk Lixo Atômico, y más tarde había pasado por los grupos Detroit y Spitfire. Habiéndose mudado a los Estados Unidos en 1988, Bittencourt tocó en grupos de jazz e incluso dirigió orquestas, para luego volver a Brasil a seguir estudiando música en Santa Marcelina, donde trabó amistad con André Matos y el guitarrista André Linhares, con quienes terminaría coincidiendo en la idea de formar de heavy metal con influencias de música clásica.

Primera formación estable de Angra

“Elegimos el nombre ‘Angra’ porque era algo brasileño, y porque está la ciudad de Angra, que es un lugar hermoso”, dijo Matos en una entrevista con Ram Samudrala. Además, Matos agregó que querían “un nombre que sonara bien en todos los idiomas”. Poco después, Linhares abandonó el grupo y fue reemplazado por André “Zaza” Hernandes, aunque tampoco él duraría mucho en el puesto. No sería hasta fines de 1992 que Angra completaría su dupla de guitarras con la llegada de Pedro Henrique Loureiro, más conocido como “Kiko”. Loureiro también tenía experiencia previa en bandas, pero esos antecedentes eran incluso más particulares que los de sus compañeros, con pasos por los grupos Legalize y A Chave, la banda solista del cantante punk y new wave Supla e, incluso, como parte de los músicos de apoyo de la boyband brasileña Dominó.

Con la llegada de Loureiro, sólo faltaba cubrir la base instrumental del grupo. De eso se encargarían el bajista Luis Mariutti (ex Firebox) y el baterista Marco Antunes (ex Spitfire). Ambos tenían antecedentes similares a los del guitarrista, con Mariutti habiendo sido parte de Supla y Antunes de los músicos de Dominó, y terminarían completando la primera formación de Angra, con la que el grupo entraría a grabar a mediados de 1992 su primer demo, titulado “Reaching Horizons”, que contenía una variedad de canciones que, de una manera u otra, terminarían apareciendo en sus siguientes álbumes.

Angra en el demo “Reaching Horizons”

En julio de 1993, Angra viajarían a Hamburgo para grabar su álbum debut en los estudios de Kai Hansen, el exguitarrista de Helloween y actual Gamma Ray, donde se juntarían con los productores de Charlie Bauerfeind y Sascha Paeth.

Durante su estadía en la ciudad alemana, se dio uno de los momentos más complicados de estos primeros años de la banda: el ultimátum de Bauerfeind con respecto a Marco Antunes. Como contó André Matos para Whiplash: “Este álbum tiene muchas participaciones diferentes, comenzando por el baterista en cuyo lugar tuvimos que colocar a un substituto […] que fue Alex Holzwarth, que tocó en Rhapsody por bastante tiempo. […] Fue básicamente una decisión del productor [Charlie Bauerfeind]. El productor se nos acercó y nos dijo: ‘Miren, su baterista lamentablemente no va a poder manejar lo que quiero para este disco. Ustedes tienen dos opciones: o usamos una batería electrónica, o contratamos a algún conocido que puedo hacerlo en una semana’. Fue una decisión difícil, porque nuestro baterista era un buen amigo y uno de los cofundadores de la banda. Una vez que estuvimos allí no había vuelta atrás, teníamos que optar por una de esas opciones”. Matos dijo que si Angra no hacía lo que Bauerfeind decía, “no pondría su nombre en esa producción”. Angra decidieron despedir a Antunes y usar a Holzwarth como baterista de sesión durante todo el álbum, con la excepción de su versión de “Wuthering Heights” de Kate Bush, donde el puesto fue ocupado por Thomas Nack, baterista de Gamma Ray por esa época y gran fan de la cantante británica, por su habilidad para tocar la canción. Matos reflexionó: “No había nada que pudiésemos hacer, y todos sufrimos por eso. Fue una de las primeras lecciones feas y tristes que tuvimos que aprender desde el comienzo”.

Editado el 3 de noviembre de 1993 en una colaboración entre Rising Sun, Eldorado y Victor, “Angels Cry” fue un éxito de ventas, llegando a disco de oro en Japón. Al hablar sobre las ventas del álbum en Brasil, Matos dijo a Ice Vajal: “Cuando lanzamos el álbum en Brasil, no creíamos que fuera a vender mucho. ‘Podemos vender 5000 copias’, pensamos. Fue una sorpresa cuando finalmente vendimos 20.000 álbumes”. El video de la canción “Time” tuvo su rotación en MTV, y las reseñas aclamaron el álbum.

Además y visto a la distancia, es fácil ver cómo “Angels Cry” había replanteado la manera de hacer esta clase de sonido melódico: aunque la idea del power metal estaba muy lejos de ser algo nuevo, Angra combinaban la veta ultra melódica de la variante más europea del estilo con elementos tomados directamente de la música clásica, incluso incorporando recreaciones de composiciones famosas, que no serían comunes en el estilo hasta un par de años después. Canciones como “Carry On” y “Angels Cry” se volverían clásicos de las presentaciones en vivo de Angra, y su cover de “Wuthering Heights”, con un rango de voz que sería inalcanzable para una enorme mayoría de los cantantes masculinos, confirmaría la evolución vocal de André Matos desde su época en Viper.

En la contraportada del álbum se veía a la banda completa junto al nuevo integrante del grupo: el baterista Ricardo Confessori, otro más que había pasado por las filas de Dominó. A pesar de aparecer en las fotos de “Angels Cry” sin haber tocado en el disco, Confessori se puso la batería al hombro durante la gira de presentación, que tuvo a Angra girando tanto por Brasil como por Europa durante los siguientes años.

Terminado el “Angels Cry Tour” en 1995, Angra ya estaban dispuestos para volver al estudio de Kai Hansen y trabajar de vuelta con Charlie Bauerfeind y Sascha Paeth. Pero a pesar de repetir estudio y productores, los brasileños no tenían en mente repetir al detalle lo hecho en su álbum debut, sino algo incluso más ambicioso, uno que llevaría a la banda más allá de los límites del heavy metal. Según dijo Matos a Ram Samudrala, la idea detrás del segundo álbum de Angra salió de una de sus canciones: “El concepto nació de la canción ‘Holy Land’. Compuse la canción por mí mismo y se la presenté a la banda. Todos estaban con la misma idea, hablando acerca de cosas de Brasil, la mezcla de culturas, raza y religión, etcétera. De esta canción nació todo el concepto”.

“Holy Land” sería el gran tributo de Angra a su tierra natal, constituyendo un trabajo conceptual donde la música europea y el heavy metal se fusionarían con los sonidos de la música brasileña, narrando la historia del encuentro de las culturas americana y europea a través de esta mezcla de ritmos. Aunque no haya encontrado entrevistas que lo confirmen, no es descabellado pensar en que la época misma en la que estaba viviendo Angra haya influenciado la idea detrás del álbum: en 1992 se habían cumplido 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, y entre celebraciones y condenas se había comenzado a dar una reevalución de la historia clásica eurocentrista del “descubrimiento” del continente americano que se había enseñado durante siglos tanto en las escuelas como en la cultura popular, un proceso que sigue incluso al día de hoy. Y Angra no eran los únicos que habían decidido buscar inspiración en la cultura nativa del Brasil: casi en simultáneo, Sepultura se encontraban ultimando los detalles de “Roots”, el disco donde combinarían el groove de sus últimos trabajos con influencias del naciente nu metal y los sonidos de la música popular brasileña. La comparación con “Roots” será inevitable, por un tema de contexto, pero es momento de centrarnos en la música de “Holy Land”, que fue editado el 23 de marzo de 1996 por los mismos sellos que el debut.

Centrándonos en la música, “Crossing” es una introducción perfecta al concepto general del álbum, incluso si es sólo una intro: por un lado los sonidos de la naturaleza, con el murmullo de los insectos y el canto de los pájaros, y por el otro las voces recreando la pieza coral “O, Crux Ave” del compositor renacentista italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina. Este track lleva directamente a la primera canción “Nothing To Say”: un riff intermitente de cuerda al aire y un ritmo de batería complicado incluso si está en 4/4, sobre los que se van apilando capas de teclados hasta desembocar en un redoble de batucada y un riff retorcido y complicado de guitarra lleno de pequeños detalles en el medio. Esta no es de las canciones que más demanden del rango de voz de André Matos, pero no deja de ser una muestra impresionante de sus capacidades como cantante, dando la performance llena de emoción que una letra como “Los sonidos todavía hacen eco / Todos nosotros navegando a través de mares de sangre / La esperanza escondida detrás del horror” merece.

Es interesante cómo “Holy Land” no tiene tantos momentos de power metal veloz como uno podría llegar a imaginarse, con la anterior “Nothing To Say” y “Z.I.T.O” entre las pocas que, aunque sea por una mayoría de su tiempo, se pueden meter en esa categoría. Y a estas podríamos sumar “Carolina IV”, la canción más larga de la discografía de Angra y una pieza épica que, a lo largo de sus más de diez minutos, combina más percusión de batucada, acompañamiento de flautas y coros en portugués que contienen referencias a Yemanyá, la divinidad relacionada con el mar en la religión umbanda y candomblé, entre otras. Esta es otra canción que incorpora elementos de otras composiciones, aunque en este caso es una referencia más cercana en el tiempo: el solo de flauta está tomado de “Bebê”, del brasileño Hermeto Pascoal.

Esto no quiere decir que no haya muchos momentos pesados en el álbum, porque hay una gran variedad de esos: “Silence and Distance” tendrá un comienzo de balada de piano, pero no pasa mucho tiempo hasta que aparecen las guitarras y los riffs complicados, y “The Shaman” tiene sus power chords y teclados, con un interludio de sonidos rituales de por medio.

Sin embargo, es cierto que la gran mayoría del álbum es bastante reposado, pero no por eso aburrido: incluso en sus momentos más minimalistas hay algún detalle que capta la atención del oyente por sus cualidades técnicas o los detalles intrincados en la composición. La anteriormente mencionada “Silence and Distance” tendrá sólo un piano y la voz de Matos en su introducción, pero el cantante juega con su voz y la transporta a través de rangos imposibles para la mayoría. “Holy Land”, la canción que dio origen al concepto detrás del álbum, está dividida en dos mitades, con la primera tomando elementos del jazz y la bossa nova y la segunda introduciendo el costado más metalero. Y “Deep Blue” será una canción lenta, pero con coros y teclados que crean una atmósfera oscura.

Volviendo a la comparación con “Roots”, a pesar de que ni Sepultura ni Angra sabían acerca del disco en el que estaba trabajando los otros ambas bandas terminaron con acercamientos diferentes al mismo concepto, casi diría contrastantes. “Roots” es un trabajo agresivo, violento, donde Sepultura hacen no sólo tributo a las tribus del Amazonas sino también a las favelas, a la cultura popular brasileña y al legado de la esclavitud en la sociedad de su país, comentando incluso acerca de la destrucción de las selvas por las grandes corporaciones, mientras que “Holy Land” es un trabajo complejo que mezcla la música local con influencias europeas y une ambas con referencias e instrumentos de ambos mundos. “Roots” habla del presente y de las consecuencias de una manera directa, mientras que “Holy Land” habla y mira al pasado, al inicio de todo, con una mirada poética. ¿Esto quiere decir que alguna de estas visiones es más “válida” que la otra? No realmente, al menos en mi opinión: ese es un tema del que se puede hablar largo y tendido en este contexto en el que vivimos. Además, tiene sentido al pensar en los géneros de donde viene cada banda: “Roots” es furioso y oscuro porque Sepultura venía del thrash y el death metal, mientras que “Holy Land” es complejo e idílico porque esas suelen ser las características del power metal y el progresivo. Son dos caras de la misma moneda, dos maneras de ver el mismo tema.

Otro detalle a destacar de “Holy Land” es su presentación: este es un trabajo que necesitaba un sonido limpio y una mezcla clara a través del que se pudiera apreciar todos los detalles de las canciones, y eso fue lo que logró la dupla de Bauerfeind y Paeth. “Angels Cry” ya tenía un muy buen sonido para el power metal, pero el segundo álbum mejora en todos los aspectos y no tiene problemas en pelearle a cualquier disco, sea de heavy metal o no, gracias a la manera en la que logra acomodar no sólo las guitarras, el bajo, la batería y los teclados, sino también la percusión, vientos, berimbau y coros de manera que cada uno tenga su propio espacio incluso cuando todos aparezcan al mismo tiempo

Y esto también se extiende a la presentación física del álbum en si. En vez de estar en la forma más tradicional de libro, el booklet consiste de una única hoja, que se extiende para mostrar que la portada es sólo una parte de un mapa mucho más grande, retratando los territorios conocidos con las proporciones de la época. Entre las letras del álbum, se pueden encontrar ilustraciones de todo tipo representando los vientos y referencias a la navegación de los siglos XV y XVI. Incluso existe una versión limitada editada en Brasil, que venía que dentro de una lata y venía con una variedad de extras, entre ellas una camiseta y una gorra de la banda.

Una de las presentaciones de Angra en Argentina, en Dr. Jekyll, fue un set completamente acústico

La gira de presentación, el “Holy World Tour” llevaría al grupo no sólo a tocar en Brasil y en Europa, sino también visitar Argentina y Japón por primera vez, con más de 60 fechas alrededor del mundo. De uno de estos recitales en Francia saldría “Holy Live”, el primer álbum en vivo de Angra y el único registro de esta formación sobre los escenarios.

La formación que grabó este disco duraría un disco más: “Fireworks” marcaría el punto final de esta etapa de la banda, con la salida de André Matos, Luis Mariutti y Ricardo Confessori poco después. Considerando la carrera posterior de Angra, “Holy Land” ha terminado siendo un trabajo singular en la obra de los brasileños, con los álbumes hasta el día de hoy siguiendo el estilo de power metal progresivo más tradicional de “Angels Cry”. Paradójicamente, es un disco de estilo accesible pero que puede ser complicado para quien busque un sonido metalero más directo, pero todo aquel que le dedique su tiempo encontrará en “Holy Land” uno de los discos más espectaculares del metal sudamericano de los noventas.

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