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Orbit Culture en Copenhague: “La confirmación de dos futuras bandas gigantes”
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Uno de los grupos que más creció en el último tiempo fue Orbit Culture. Oriundos de Suecia, honran sus orígenes practicando un death metal melódico con mucho groove. Esta fusión les aporta un toque personal que los hace resaltar en la congestionada escena de ese género. Por supuesto, esto está respaldado por trabajos de gran calidad, como por ejemplo el editado este año Death Above Life, disco que con seguridad figurará en los rankings de lo mejor del año.

Tal era la expectativa por el álbum que se gestionó un extenso tour por Europa para presentarlo. La recepción fue tan buena que la mayoría de los conciertos se agotaron. En el caso de Copenhague, la demanda fue tan alta que la banda ofreció dos presentaciones en la ciudad: la primera completamente agotada y la segunda al límite del sold out. En esta ocasión vamos a hablar de la segunda fecha, que a su vez fue la última de la gira.

Los encargados de abrir la jornada fueron los fineses Atlas. Honestamente, la noche empezó mal: el sonido era una bola de ruido en la que solo la voz y la batería se escuchaban con nitidez. A su vez, la propuesta del grupo me resultó genérica y aburrida. Un metalcore centrado en breakdowns y en estribillos acaramelados, con la única intención de generar saltos o pogos. Un estilo saturado hoy en día y que, en lo personal, me aburre. Pero el grueso de los asistentes pareció disfrutarlo.

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Con el peso extra de tener que remontar una jornada que había empezado mal, llegó el turno de los invitados especiales de la noche: los portugueses Gaerea, un grupo que también está creciendo a pasos agigantados. Esto se debe a la personalidad que añadieron a su propuesta musical. A su black metal melódico pero feroz le incorporaron voces limpias y elementos de post rock, sin perder oscuridad ni agresión. Todo esto respaldado por los espectáculos intensos y cargados de energía que suelen ofrecer. Justamente, lo que la noche necesitaba, y vaya que lo tuvo.

Con las primeras dos canciones del set, que casualmente son sus últimos singles, “Hellbound” y “Sumerged”, marcaron el ritmo que mantendrían hasta el final. Una interpretación brillante y cuidada hasta el más mínimo detalle. Todos los sonidos, arreglos y voces que se escuchan en estudio fueron llevados al vivo sin necesidad de pistas. El sonido fue excelente, con todo a volumen y perfectamente balanceado: era como escuchar el disco, pero con los músicos tocando frente a uno.

La comunicación con el público fue crucial. Todos los integrantes recorrieron el escenario y jugaron con la audiencia constantemente. Sobre todo el vocalista, que no dejó de arengar ni un minuto. Logró que la gente hiciera circle pits, walls of death y que dejara su alma en el concierto. Visualmente, era hipnótico ver a los músicos con sus típicos atuendos negros y el manto que les cubría el rostro. Las luces hicieron un trabajo magnífico, sumando matices visuales y potenciando las sensaciones que transmitía la música. El enérgico concierto finalizó con la poderosa “Laude”, con el cantante interpretando las últimas estrofas entre la gente. Una conclusión genial para un show que quedará en la memoria de los presentes.

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La audiencia se amontonó frente al escenario y la euforia comenzó a tomar control del Pumpehuset. Dicha euforia fue liberada con un grito unísono de todos los asistentes cuando se apagaron las luces.

Tras una breve introducción, los músicos subieron a las tablas y desplegaron tres canciones demoledoras de su flamante disco: “Death Above Life”“The Storm” y “The Tales of War”. Un puntapié inicial para un show que ya demostraba que iba a ser para el recuerdo.

El público continuó demostrando su entusiasmo con grandes circle pits y realizando crowdsurfing por todo el lugar. Era muy bonito ver a la gente volando por los aires, iluminados por el potente juego de luces, mientras canciones tan pesadas sonaban a pura potencia.

El sonido fue simplemente perfecto, de los mejores que hemos escuchado en nuestro querido Pumpehuset. Con las voces bien al frente y las guitarras claras y fuertes, la combinación del bajo y la batería fue crucial en la mezcla: sonaron potentes y definidas, pero dejando el protagonismo a la dupla de guitarras. Estuvimos ubicados en distintas partes de la sala y en todas se escuchaba bien, algo difícil de lograr.

El juego de luces fue gigante, con muchos tipos diferentes que iban iluminando cada situación que ocurría en el escenario a la perfección. La performance técnica fue ajustada, precisa y perfecta. Se nota que es una banda con mucho ensayo y profesionalismo.

Recorrieron el escenario y pidieron constantemente al público que saltara más alto, gritara más fuerte y generara pogos más grandes que los de la noche anterior. Lograron una conexión muy cercana con los asistentes. Básicamente, todo el público fue absorbido por un show espectacular.

Luego de una hora y cuarto, los músicos se tomaron un tiempo para agradecer al público y a su crew por el tour, y se despidieron con la poderosa “Vultures of North”, broche de oro para un concierto que desbordó brutalidad, precisión y mucha energía.

Teníamos la duda de si Orbit Culture merecía el crecimiento que están teniendo, y confirmamos que sí. Un show que respalda su alta ubicación en la grilla de festivales y que genera la pregunta de si, en un futuro, serán una de las bandas más grandes del género. Esta reflexión también aplica para Gaerea, quienes igualmente buscan llegar a lo más alto del Olimpo metalero.

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Uno de los grupos que más creció en el último tiempo fue Orbit Culture. Oriundos de Suecia, honran sus orígenes practicando un death metal melódico con mucho groove. Esta fusión les aporta un toque personal que los hace resaltar en la congestionada escena de ese género. Por supuesto, esto está respaldado por trabajos de gran calidad, como por ejemplo el editado este año Death Above Life, disco que con seguridad figurará en los rankings de lo mejor del año.

Tal era la expectativa por el álbum que se gestionó un extenso tour por Europa para presentarlo. La recepción fue tan buena que la mayoría de los conciertos se agotaron. En el caso de Copenhague, la demanda fue tan alta que la banda ofreció dos presentaciones en la ciudad: la primera completamente agotada y la segunda al límite del sold out. En esta ocasión vamos a hablar de la segunda fecha, que a su vez fue la última de la gira.

Los encargados de abrir la jornada fueron los fineses Atlas. Honestamente, la noche empezó mal: el sonido era una bola de ruido en la que solo la voz y la batería se escuchaban con nitidez. A su vez, la propuesta del grupo me resultó genérica y aburrida. Un metalcore centrado en breakdowns y en estribillos acaramelados, con la única intención de generar saltos o pogos. Un estilo saturado hoy en día y que, en lo personal, me aburre. Pero el grueso de los asistentes pareció disfrutarlo.

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Con las primeras dos canciones del set, que casualmente son sus últimos singles, “Hellbound” y “Sumerged”, marcaron el ritmo que mantendrían hasta el final. Una interpretación brillante y cuidada hasta el más mínimo detalle. Todos los sonidos, arreglos y voces que se escuchan en estudio fueron llevados al vivo sin necesidad de pistas. El sonido fue excelente, con todo a volumen y perfectamente balanceado: era como escuchar el disco, pero con los músicos tocando frente a uno.

La comunicación con el público fue crucial. Todos los integrantes recorrieron el escenario y jugaron con la audiencia constantemente. Sobre todo el vocalista, que no dejó de arengar ni un minuto. Logró que la gente hiciera circle pits, walls of death y que dejara su alma en el concierto. Visualmente, era hipnótico ver a los músicos con sus típicos atuendos negros y el manto que les cubría el rostro. Las luces hicieron un trabajo magnífico, sumando matices visuales y potenciando las sensaciones que transmitía la música. El enérgico concierto finalizó con la poderosa “Laude”, con el cantante interpretando las últimas estrofas entre la gente. Una conclusión genial para un show que quedará en la memoria de los presentes.

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