


Es oficial. 2026 arrancó definitivamente. Tras unos primeros días sin mucha actividad de música en vivo, finalmente la jornada de recitales internacionales empezó. Y quienes tuvieron el agrado de inaugurar la temporada de verano, fueron ni más ni menos, que Destruction y Death To All. Dos grupos que ofrecieron lo que prometieron: una ceremonia de violencia, caos, destrucción, y clásicos, por sobre todas las cosas. Pero mejor vamos por orden cronológico de cómo se dieron los acontecimientos.
Normalmente, uno diría que la jornada arrancó en el momento en el que empezó a tocar la primera banda. Pero lo cierto es que el pasado 15 de enero, se vivió un día atípico en la Ciudad de Buenos Aires, ya que lo que venía siendo un acalorado jueves de verano, primero se volvió en un infierno tras un apagón masivo en varios de la Capital y la provincia. Luego de eso, el día se convirtió en una tarde de invierno, con lluvia, un cielo inmensamente gris y un descenso de temperatura que fue una caricia al alma para los amantes de los climas más frescos. Por último, un atardecer con el cielo algo despejado, dejando filtrar las últimas luces del sol en las asfaltadas calles mojadas de la ciudad.
En la transición de estos dos últimos estados, arrancó la velada en el Teatro de Flores. Desde temprano y cumpliendo con el horario, los muchachos de Manifiesto Thrash fueron los encargados de poner primera al show y dibujar los primeros acordes de la tarde/noche. Con varias personas presentes en el recinto y una fiel base de seguidores, el grupo comenzó a sacudir las paredes del Teatro con su Thrash/Death bien potente y pesado.
Durante los primeros minutos tuvieron unos desperfectos de sonido, más concretamente en las guitarras que no sonaban con total claridad. Sin embargo, para el segundo tema supieron solucionarlo y de esta forma, brindaron una sólida y contundente actuación de media hora en la que interpretaron canciones de su última obra, “La Ley del Talión (2022)”, y algunas más clásicas como “Entre Cenizas” y “Avaricia”.
Continuando con la ronda de bandas nacionales, luego llegó el turno de Lazaro. El nuevo grupo liderado por “Jorge Moreno”, salió al escenario pasadas las 19 para desplegar con pura energía y potencia, los temas de su reciente obra, titulada “Morir y Resucitar (2025)”. Se trato de una propuesta muy acelerada y violenta, que se vio levemente afectada por el sonido saturado de las guitarras. Sin embargo, al igual que sus colegas, supieron corregir con el correr de los temas.
Si bien el público respondió favorablemente ante la actuación de la banda, fue durante el cover de Serpentor “Privación Ilegítima de la Libertad” y en especial, con la versión en castellano de “Raining Blood” de Slayer, dónde se vio a la gente mucho más receptiva y entusiasmada con el show. Una intensa lección de Thrash, que funcionó como perfecto aperitivo para lo que vendría a continuación.
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Ya redondeando las 20hs, luego de que la gente estuviera tomando, charlando o comprando remeras y merch oficial, el ambiente en el Teatro Flores comenzó a sentirse más unificado ya que todas las miradas y focos de atención se fueron volcando en una sola dirección: el escenario. Y es que la hora cumbre se acercaba. Las ansias en los espectadores iban creciendo y el nivel de concurrencia también. Las dudas sobre con cual tema iba a arrancar Destruction y cómo iban a sonar, empezaron a ser los temas de conversación en los segundos previos al inicio del show. Dichas dudas tuvieron su respuesta a las 20:03, cuando los alemanes dijeron presente sobre el escenario.
La respuesta a la primera pregunta fue resuelta en los primeros segundos y es que el público no tardó mucho tiempo en distinguir el inicio acústico de “Curse The Gods”, y comenzar con las primeras rondas de pogo de la noche. Con suma agresividad y potencia, el tema se fue desarrollando a un ritmo más acelerado que la versión en estudio, y presentando a un Marcel Schmier, en un estado vocal más que vigente, que consolidó aún más en “Invicible Force” y “Nailed To The Cross”, dónde el grupo no bajó las revoluciones ni el nivel de violencia.
Por su parte, la respuesta a la segunda pregunta es un poco más compleja de responder, ya que en un principio, tanto las violas del argentino Martin Furia como del suizo Damir Eskićm, se percibieron algo sucias. No se trataba de una imperfección notoria que afectará marcadamente el sonido o el show. Pero sí se notaba que a las guitarras les faltaba un pequeño pulido, para poder apreciar completamente sus melodías y ataques de furia.
Afortunadamente, para el cuarto tema los alemanes (que de alemanes, solo tiene a su líder), ya habían acomodado por completo su sonido y de ahí en adelante, lo que siguió fue una descarga de caos y descontrol, con los músicos afianzados en su labor y el público disfrutando el repertorio. Cayeron temas de su nuevo disco, como “No Kings No Masters”, “A.N.G.S.T.”, “Scumbag Human Race”, y “Destruction”, así como clásicos como “Mad Butcher”, “Total Desaster” y “Eternal Ban”, entre varios.
La banda no se mostró clemente y con un ataque imparable de Thrash, demostraron porque fueron y son pilares fundamentales del género y escena alemana. Para el final, cerraron con dos infaltables: “Bestial Invasion” y “Thrash ‘Til Death”, desatando dos de las rondas de pogo más grandes y violentas de la noche. Tras el tornado de destrucción que fueron las últimas piezas, la banda se despidió entre aplausos y dejó palpable porque se llaman así.
Luego del caos vivido, hubo media hora de descanso en la que la gente aprovechó para recargar energías, hidratarse y pasarse por los baños antes que el otro acto de la noche comience. Y es que si bien se trataba de una fecha compartida, en la que tanto Destruction y Death To All, tocaron sets completos, al final se terminó sintiendo más como una fecha en la que los estadounidenses eran el acto principal, ya que entre las 21:30 y las 22:00, un montón de gente se fue sumando al Teatro. Gente que parecía haber estado de antes pero cuya única prioridad era ir a ver el tributo dedicado a Chuck Schuldiner. Una apreciación curiosa, cuanto menos.
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No estaba completamente lleno, pero si bastante concurrido el recinto, para cuando Death To All apareció sobre el escenario y soltó los primeros acordes de la noche: los de “Infernal Death”. Sí, una total sorpresa para todos los presentes. Ya que no estaba en los planes de nadie que el show arranque así. No obstante, tampoco estaba en los planes de la banda interpretar el tema entero ya que solo tocar el inicio a modo de amague. Fue así, que el verdadero comienzo se dio con “Living Monstrosity , primer track del Spirtual Hearling (1990), (disco que venían a homenajear) que desató el primero de muchos momentos de desenfreno y euforia, entre la audiencia. Con Gene Hoglan en la batería, Steve Di Giorgio en el bajo, Bobby Koelble en la viola, y Max Phelps, en la guitarra principal y voces, los cuatro dieron una sólida interpretación del tema.
Tal como prometía la gira, la banda se encargó de dar especial dedicación a la obra de 1990, y en este apartado inicial, nos regalaron intensas y exquisitas versiones de “Defensive Personalities”, “Altering the Future” y del tema “Spiritual Healing”. Estas piezas las intercalaron junto con clásicos como “Lack of Comprehension”, “Zombie Ritual”, y “The Philosopher”.
Me detengo para resaltar dos interpretaciones. La primera, “The Philosopher”, que contó con uno de los mejores momentos instrumentales y técnicos de la noche, con un Di Giorgio completamente suelto y sobrio, haciendo alarde de su indiscutible nivel de calidad y de la facilidad que posee el músico para adueñarse del escenario.
El otro momento es “Spiritual Healing”, dónde las guitarras alcanzaron un punto máximo de resplandor y brillo, y se apreció con suma precisión cada una de las notas de Phelps y Koelble. Y pese a tratarse del primer show del año para la banda, se nota lo pulido y afianzado que están. A diferencia de su primera actuación, Phelps cantó con muchas más libertades, buscando dar su impronta vocal a las piezas, y no tratando de ser un calco exacto de Chuck. Esto se notó especialmente en este tema, donde el músico se desenvolvió con completa soltura sobre el escenario, demostrando que ya se encuentra afirmado en el puesto de vocalista.
En este punto, llegan unas palabras de agradecimiento de Di Giorgio (que actúo como portavoz del grupo durante la noche) tanto hacia el público como hacia Chuck. Y cae el anuncio que muchos esperaban: iban a tocar Symbolic (1995) entero. Spoiler: no sucedió. Por unos inconvenientes técnicos en la batería de Hoglan, se acortaron los tiempos y quedaron fuera “Sacred Serenity” y “Misanthrope”. Pero el resto del disco fue tocado en su totalidad. Y déjenme decirles, que si la banda ya estaba ofreciendo una actuación destacable, lo que vino a continuación fue simplemente emocionante. La destreza, la sensibilidad, la agresividad, la sutileza, todos los rasgos que poseen los temas del disco, se vieron reflejados sobre el escenario de la mano de los cuatro músicos. Cada uno compenetrado con sus instrumentos, consiguieron plasmar con suma fidelidad y precisión, el sonido y alma del álbum.
Hubo mucho coro, saltos y agite durante la presentación de estas piezas. En ningún momento se cortó el ritmo ni la conexión del público con la banda y los temas. Si hubiese que destacar dos grandes rasgos, el primero sería la belleza y nitidez de las guitarras en “Without Judgement”, que sin duda, marcaron uno de los puntos más altos de la noche por parte de Max y Bobby. Y segundo, la brutalidad con la que se vive una canción como “Crystal Mountain” en vivo. Si en 2024, ya habían tirado abajo el Teatrito ejecutando esta joya, en Flores se repitió lo mismo. Violencia, velocidad, potencia, elegancia, virtuosismo. Todos los ingredientes que posee el tema, todos se vieron reflejados en la interpretación en vivo que dieron. Un momento de ensueño tanto para los ya la habían disfrutado en el Teatrito, como para los que la apreciaban por primera vez.
El bloque “Symbolic” de la noche culminó con “Perennial Quest”, y acto seguido, la banda abandonó unos segundos el escenario, dejando el público expectante y recargando energías. Al regresar, cerraron su actuación con “Spirit Crusher” y “Pull The Plug”, desatando el último pogo de la jornada.
De esta manera, terminó la fecha. Con aplausos, saludos, y brazos en alto por parte de la audiencia que sobrevivió a una descarga metálica que muy pocas veces se vive. Pese al calor y cansancio, la gente se fue con una expresión de satisfacción en el rostro, por haber sido testigos de un recital único, y emotivo para más de uno. Lo vivido esa noche de jueves, quedará guardado en la retina y memoria de los presentes, y seguirá resonando en sus oídos. Quién sabe hasta cuándo. Quizás, hasta la eternidad.
Agradecimiento a Icarus Music por la acreditación y producción del show.
- Manifiesto
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- Lazaro
- Lazaro
- Destruction
- Destruction
- Destruction
- Destruction
- Destruction
- Death To All
- Death To All
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- Death To All
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Es oficial. 2026 arrancó definitivamente. Tras unos primeros días sin mucha actividad de música en vivo, finalmente la jornada de recitales internacionales empezó. Y quienes tuvieron el agrado de inaugurar la temporada de verano, fueron ni más ni menos, que Destruction y Death To All. Dos grupos que ofrecieron lo que prometieron: una ceremonia de violencia, caos, destrucción, y clásicos, por sobre todas las cosas. Pero mejor vamos por orden cronológico de cómo se dieron los acontecimientos.
Normalmente, uno diría que la jornada arrancó en el momento en el que empezó a tocar la primera banda. Pero lo cierto es que el pasado 15 de enero, se vivió un día atípico en la Ciudad de Buenos Aires, ya que lo que venía siendo un acalorado jueves de verano, primero se volvió en un infierno tras un apagón masivo en varios de la Capital y la provincia. Luego de eso, el día se convirtió en una tarde de invierno, con lluvia, un cielo inmensamente gris y un descenso de temperatura que fue una caricia al alma para los amantes de los climas más frescos. Por último, un atardecer con el cielo algo despejado, dejando filtrar las últimas luces del sol en las asfaltadas calles mojadas de la ciudad.
En la transición de estos dos últimos estados, arrancó la velada en el Teatro de Flores. Desde temprano y cumpliendo con el horario, los muchachos de Manifiesto Thrash fueron los encargados de poner primera al show y dibujar los primeros acordes de la tarde/noche. Con varias personas presentes en el recinto y una fiel base de seguidores, el grupo comenzó a sacudir las paredes del Teatro con su Thrash/Death bien potente y pesado.
Durante los primeros minutos tuvieron unos desperfectos de sonido, más concretamente en las guitarras que no sonaban con total claridad. Sin embargo, para el segundo tema supieron solucionarlo y de esta forma, brindaron una sólida y contundente actuación de media hora en la que interpretaron canciones de su última obra, “La Ley del Talión (2022)”, y algunas más clásicas como “Entre Cenizas” y “Avaricia”.
Continuando con la ronda de bandas nacionales, luego llegó el turno de Lazaro. El nuevo grupo liderado por “Jorge Moreno”, salió al escenario pasadas las 19 para desplegar con pura energía y potencia, los temas de su reciente obra, titulada “Morir y Resucitar (2025)”. Se trato de una propuesta muy acelerada y violenta, que se vio levemente afectada por el sonido saturado de las guitarras. Sin embargo, al igual que sus colegas, supieron corregir con el correr de los temas.
Si bien el público respondió favorablemente ante la actuación de la banda, fue durante el cover de Serpentor “Privación Ilegítima de la Libertad” y en especial, con la versión en castellano de “Raining Blood” de Slayer, dónde se vio a la gente mucho más receptiva y entusiasmada con el show. Una intensa lección de Thrash, que funcionó como perfecto aperitivo para lo que vendría a continuación.
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Ya redondeando las 20hs, luego de que la gente estuviera tomando, charlando o comprando remeras y merch oficial, el ambiente en el Teatro Flores comenzó a sentirse más unificado ya que todas las miradas y focos de atención se fueron volcando en una sola dirección: el escenario. Y es que la hora cumbre se acercaba. Las ansias en los espectadores iban creciendo y el nivel de concurrencia también. Las dudas sobre con cual tema iba a arrancar Destruction y cómo iban a sonar, empezaron a ser los temas de conversación en los segundos previos al inicio del show. Dichas dudas tuvieron su respuesta a las 20:03, cuando los alemanes dijeron presente sobre el escenario.
La respuesta a la primera pregunta fue resuelta en los primeros segundos y es que el público no tardó mucho tiempo en distinguir el inicio acústico de “Curse The Gods”, y comenzar con las primeras rondas de pogo de la noche. Con suma agresividad y potencia, el tema se fue desarrollando a un ritmo más acelerado que la versión en estudio, y presentando a un Marcel Schmier, en un estado vocal más que vigente, que consolidó aún más en “Invicible Force” y “Nailed To The Cross”, dónde el grupo no bajó las revoluciones ni el nivel de violencia.
Por su parte, la respuesta a la segunda pregunta es un poco más compleja de responder, ya que en un principio, tanto las violas del argentino Martin Furia como del suizo Damir Eskićm, se percibieron algo sucias. No se trataba de una imperfección notoria que afectará marcadamente el sonido o el show. Pero sí se notaba que a las guitarras les faltaba un pequeño pulido, para poder apreciar completamente sus melodías y ataques de furia.
Afortunadamente, para el cuarto tema los alemanes (que de alemanes, solo tiene a su líder), ya habían acomodado por completo su sonido y de ahí en adelante, lo que siguió fue una descarga de caos y descontrol, con los músicos afianzados en su labor y el público disfrutando el repertorio. Cayeron temas de su nuevo disco, como “No Kings No Masters”, “A.N.G.S.T.”, “Scumbag Human Race”, y “Destruction”, así como clásicos como “Mad Butcher”, “Total Desaster” y “Eternal Ban”, entre varios.
La banda no se mostró clemente y con un ataque imparable de Thrash, demostraron porque fueron y son pilares fundamentales del género y escena alemana. Para el final, cerraron con dos infaltables: “Bestial Invasion” y “Thrash ‘Til Death”, desatando dos de las rondas de pogo más grandes y violentas de la noche. Tras el tornado de destrucción que fueron las últimas piezas, la banda se despidió entre aplausos y dejó palpable porque se llaman así.
Luego del caos vivido, hubo media hora de descanso en la que la gente aprovechó para recargar energías, hidratarse y pasarse por los baños antes que el otro acto de la noche comience. Y es que si bien se trataba de una fecha compartida, en la que tanto Destruction y Death To All, tocaron sets completos, al final se terminó sintiendo más como una fecha en la que los estadounidenses eran el acto principal, ya que entre las 21:30 y las 22:00, un montón de gente se fue sumando al Teatro. Gente que parecía haber estado de antes pero cuya única prioridad era ir a ver el tributo dedicado a Chuck Schuldiner. Una apreciación curiosa, cuanto menos.
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No estaba completamente lleno, pero si bastante concurrido el recinto, para cuando Death To All apareció sobre el escenario y soltó los primeros acordes de la noche: los de “Infernal Death”. Sí, una total sorpresa para todos los presentes. Ya que no estaba en los planes de nadie que el show arranque así. No obstante, tampoco estaba en los planes de la banda interpretar el tema entero ya que solo tocar el inicio a modo de amague. Fue así, que el verdadero comienzo se dio con “Living Monstrosity , primer track del Spirtual Hearling (1990), (disco que venían a homenajear) que desató el primero de muchos momentos de desenfreno y euforia, entre la audiencia. Con Gene Hoglan en la batería, Steve Di Giorgio en el bajo, Bobby Koelble en la viola, y Max Phelps, en la guitarra principal y voces, los cuatro dieron una sólida interpretación del tema.
Tal como prometía la gira, la banda se encargó de dar especial dedicación a la obra de 1990, y en este apartado inicial, nos regalaron intensas y exquisitas versiones de “Defensive Personalities”, “Altering the Future” y del tema “Spiritual Healing”. Estas piezas las intercalaron junto con clásicos como “Lack of Comprehension”, “Zombie Ritual”, y “The Philosopher”.
Me detengo para resaltar dos interpretaciones. La primera, “The Philosopher”, que contó con uno de los mejores momentos instrumentales y técnicos de la noche, con un Di Giorgio completamente suelto y sobrio, haciendo alarde de su indiscutible nivel de calidad y de la facilidad que posee el músico para adueñarse del escenario.
El otro momento es “Spiritual Healing”, dónde las guitarras alcanzaron un punto máximo de resplandor y brillo, y se apreció con suma precisión cada una de las notas de Phelps y Koelble. Y pese a tratarse del primer show del año para la banda, se nota lo pulido y afianzado que están. A diferencia de su primera actuación, Phelps cantó con muchas más libertades, buscando dar su impronta vocal a las piezas, y no tratando de ser un calco exacto de Chuck. Esto se notó especialmente en este tema, donde el músico se desenvolvió con completa soltura sobre el escenario, demostrando que ya se encuentra afirmado en el puesto de vocalista.
En este punto, llegan unas palabras de agradecimiento de Di Giorgio (que actúo como portavoz del grupo durante la noche) tanto hacia el público como hacia Chuck. Y cae el anuncio que muchos esperaban: iban a tocar Symbolic (1995) entero. Spoiler: no sucedió. Por unos inconvenientes técnicos en la batería de Hoglan, se acortaron los tiempos y quedaron fuera “Sacred Serenity” y “Misanthrope”. Pero el resto del disco fue tocado en su totalidad. Y déjenme decirles, que si la banda ya estaba ofreciendo una actuación destacable, lo que vino a continuación fue simplemente emocionante. La destreza, la sensibilidad, la agresividad, la sutileza, todos los rasgos que poseen los temas del disco, se vieron reflejados sobre el escenario de la mano de los cuatro músicos. Cada uno compenetrado con sus instrumentos, consiguieron plasmar con suma fidelidad y precisión, el sonido y alma del álbum.
Hubo mucho coro, saltos y agite durante la presentación de estas piezas. En ningún momento se cortó el ritmo ni la conexión del público con la banda y los temas. Si hubiese que destacar dos grandes rasgos, el primero sería la belleza y nitidez de las guitarras en “Without Judgement”, que sin duda, marcaron uno de los puntos más altos de la noche por parte de Max y Bobby. Y segundo, la brutalidad con la que se vive una canción como “Crystal Mountain” en vivo. Si en 2024, ya habían tirado abajo el Teatrito ejecutando esta joya, en Flores se repitió lo mismo. Violencia, velocidad, potencia, elegancia, virtuosismo. Todos los ingredientes que posee el tema, todos se vieron reflejados en la interpretación en vivo que dieron. Un momento de ensueño tanto para los ya la habían disfrutado en el Teatrito, como para los que la apreciaban por primera vez.
El bloque “Symbolic” de la noche culminó con “Perennial Quest”, y acto seguido, la banda abandonó unos segundos el escenario, dejando el público expectante y recargando energías. Al regresar, cerraron su actuación con “Spirit Crusher” y “Pull The Plug”, desatando el último pogo de la jornada.
De esta manera, terminó la fecha. Con aplausos, saludos, y brazos en alto por parte de la audiencia que sobrevivió a una descarga metálica que muy pocas veces se vive. Pese al calor y cansancio, la gente se fue con una expresión de satisfacción en el rostro, por haber sido testigos de un recital único, y emotivo para más de uno. Lo vivido esa noche de jueves, quedará guardado en la retina y memoria de los presentes, y seguirá resonando en sus oídos. Quién sabe hasta cuándo. Quizás, hasta la eternidad.
Agradecimiento a Icarus Music por la acreditación y producción del show.
- Manifiesto
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- Lazaro
- Lazaro
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