


Foto de portada gentileza de: Martin DarkSoul
En 1998, una banda conformada por dos hermanos ingleses oriundos de Liverpool escribió una canción titulada “Fragile Dreams”. Una pieza que con el tiempo quedaría inmortalizada dentro su catálogo, que se volvería en una de las más queridas por los fanáticos y que sería una de las infaltables en sus conciertos. Dicho tema, cuenta con estribillo que contiene las siguientes líneas: “Maybe I always knew, My fragile dreams would be broken, For you”. Una frase tan melancólica como poderosa. Con un sutil tono poético. Y que a su vez, define a la perfección el vínculo íntimo y personal que esta banda creó a lo largo de los años con sus fanáticos. Y también conmigo. Esa banda se llamaba Anathema y hoy venimos a hablar de lo que fue. O más bien, de en lo que se transformó.
Weather Systems es el nombre del nuevo proyecto del señor Daniel Cavanagh, guitarrista y fundador de Anathema, con el que decidió regresar a Buenos Aires, el pasado 6 de febrero. El músico se presentó en el Teatrito como parte de su gira por Latinoamérica con el fin de compartir las composiciones de su más reciente obra, Ocean Without A Shore (2024), y su vez, el de expandir el legado y espíritu de su antigua banda, por medio de sus mayores éxitos.
Con este punto de partido, es evidente que la noche estuvo marcada por un hilo musical nostálgico y emotivo. Uno que conectó tanto el pasado como el futuro, que enlazó dos universos artísticos, y que desde la primera nota hasta la última, emocionó a todos los presentes, desde la sensibilidad y el tacto de las guitarras y el teclado.
Pero ya habrá tiempo para hablar de eso. Porque no todo se trató de lágrimas y recuerdos de un pasado mejor. Presto Vivace se encargó darle a la jornada un inicio electrizante y potente con su propuesta progresiva. La agrupación argentina dibujó los primeros acordes de la noche, con la solvencia y exquisitez técnica, que ellos acostumbran.
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Durante su tiempo en el escenario, la banda contó con una producción impecable que permitió apreciar con suma nitidez, el talento y virtuosismo de todos los músicos. En especial, el de su fundador Marcelo Pérez Scheiner, en el bajo. Con solo tres temas, los argentinos dieron una exhibición majestuosa de metal progresivo, demostrando porque son los abanderados del género en el país.
Concluida su actuación, el Teatrito adoptó un ambiente mucho más íntimo. Lentamente, la gente se fue concentrando hacia adelante. Impulsados por el magnetismo de poder presenciar nuevamente a Daniel, las miradas se dirigieron hacia el escenario. Las paredes se tiñeron de un tono más azulado y oscuro, dando una sensación estelar.
Las expectativas iban creciendo. Cada vez faltaban menos minutos. Sin embargo, el aire que se respiraba era de total tranquilidad. Un clima sin sobresaltos, sin exaltaciones, ni de gritos de personas pidiendo por la banda. Solamente calma y paciencia.
No obstante, esa armonía que se fue construyendo en la previa se perdió de forma abrupta ante la euforia y emoción que desató la aparición del grupo. En especial, la de Cavanagh. Y no era para menos. Siete años habían pasado de la última presentación del músico en suelo argentino. Una cantidad de tiempo más que considerable. Pero esa espera se diluyó cuando empezó a sonar “Deep”, del disco Judgement (1999). Un clásico que marcó la pauta de la noche: recordar el pasado, para abrazar el presente.
Y es que inmediatamente, el músico enlazó con total naturalidad el legado con lo actual. Para sorpresa de varios, “Still Lake” fue la primera pieza del nuevo material en ser interpretada, rompiendo quizás con el orden esperado de temas. Sin embargo, le siguieron “Synaesthesia”, y “Do Angels Sing Like Rain?” respetando la estructura original del disco. Pero más importante, manteniendo la emotividad y melancolía del pasado.
Y es que Daniel siempre describió a este proyecto como el sucesor espiritual de Anathema. Nunca lo negó. Pero una cosa es decirlo con palabras. Y otra, con música. Ya habían pasado la prueba en el estudio. Pero ahora tenían el desafío de hacerlo sobre el escenario. Porque más que un bautismo de fuego en el país, la banda tenía uno de validación. De aceptación. De incorporar una identidad y traer de la mano todo un universo musical con mucha historia y carga emocional.
Esa aprobación se vio reflejada en los eufóricos y apasionados cantos de cancha del público, que no paró de corear en varios tramos de la noche: “Oh, Weather Systems, es un sentimiento, no puedo parar”.
Con esta devolución y con un Daniel más suelto, los clásicos empezaron a rodar. Primero algunos con un tono más calmado y minimalista como “Springfield”, o “Flying” y otros con una pizca más explosiva como “Closer” o “A Simple Mistake”. Pero todos con una cuidadosa atención a la construcción de climas y estados. Dejando a los temas fluir y marchar a su ritmo.
Pero el que también fluyó fue el mismismo Danny que se bajó del escenario con “Ocean Without a Shore”, creando uno de los momentos más apasionantes y bellos de la jornada.
Tras esto, la que no se quedó atrás fue su acompañante femenina, Soraia Silva. La cantante portuguesa venía soltándose lentamente a lo largo del show, agarrando más confianza y presencia. Sin embargo, tras la llegada de Untouchable Part I, la que se robó el protagonismo fue ella. No sólo por su gran registro vocal. Sino por la vitalidad y energía que le brindó al tema, al bajarse también, y cantar junto al público que la recibió con una sonrisa y los brazos abiertos. Sin duda, de lo más emocionante que nos dejó la artista que para muchos fue la gran sorpresa.
Aunque si de sorpresas hablamos, no podemos fuera el cover de Metallica que se tocó. El bajista André Marinho, se puso enfrente de los micrófonos y se hizo cargo de cantar “Wherever I May Roam”. Si bien la interpretación del músico fue notable, el tema se sintió fuera de lugar. Rompiendo con el estado melancólico e íntimo que se había construido previamente con las tres partes de Untouchable. Un tanto innecesario el cover.
Sin embargo, el grupo retomó la senda de la sensibilidad y culminó la jornada con dos gemas: “A Natural Disaster”, dónde brillo la voz de Soraia y “Fragile Dreams” que desató el último pogo al compás de la guitarra de Danny, que fue la que apagó el show.
Con lágrimas y el pulso acelerado por la emoción, la gente despidió a los músicos que se mostraron ampliamente agradecidos por el aguante y apoyo. Y es que el recital se trató de eso, de generar una conexión. De crear un espacio personal de encuentro entre el pasado y el presente. Entre lo que fue y lo que es. La música de Anathema siempre se encargó de abrazar el lado más vulnerable y sensible de uno. Y Weather Systems, lo logró.
Fue un viaje hacia que condujo a más de uno a los rincones más profundos de su interior. Y seguramente, de su corazón.
Si bien Vincent ya no está, tanto su hermano Danny como Cardoso, se están encargando de mantener vivo un legado. Y por qué no, de crear otro.
Agradecemos a Icarus por la acreditación y producción del evento.
Etiquetas: Anathema, Daniel Cavanagh, Rock Progresivo, Weather Systems


Foto de portada gentileza de: Martin DarkSoul
En 1998, una banda conformada por dos hermanos ingleses oriundos de Liverpool escribió una canción titulada “Fragile Dreams”. Una pieza que con el tiempo quedaría inmortalizada dentro su catálogo, que se volvería en una de las más queridas por los fanáticos y que sería una de las infaltables en sus conciertos. Dicho tema, cuenta con estribillo que contiene las siguientes líneas: “Maybe I always knew, My fragile dreams would be broken, For you”. Una frase tan melancólica como poderosa. Con un sutil tono poético. Y que a su vez, define a la perfección el vínculo íntimo y personal que esta banda creó a lo largo de los años con sus fanáticos. Y también conmigo. Esa banda se llamaba Anathema y hoy venimos a hablar de lo que fue. O más bien, de en lo que se transformó.
Weather Systems es el nombre del nuevo proyecto del señor Daniel Cavanagh, guitarrista y fundador de Anathema, con el que decidió regresar a Buenos Aires, el pasado 6 de febrero. El músico se presentó en el Teatrito como parte de su gira por Latinoamérica con el fin de compartir las composiciones de su más reciente obra, Ocean Without A Shore (2024), y su vez, el de expandir el legado y espíritu de su antigua banda, por medio de sus mayores éxitos.
Con este punto de partido, es evidente que la noche estuvo marcada por un hilo musical nostálgico y emotivo. Uno que conectó tanto el pasado como el futuro, que enlazó dos universos artísticos, y que desde la primera nota hasta la última, emocionó a todos los presentes, desde la sensibilidad y el tacto de las guitarras y el teclado.
Pero ya habrá tiempo para hablar de eso. Porque no todo se trató de lágrimas y recuerdos de un pasado mejor. Presto Vivace se encargó darle a la jornada un inicio electrizante y potente con su propuesta progresiva. La agrupación argentina dibujó los primeros acordes de la noche, con la solvencia y exquisitez técnica, que ellos acostumbran.
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Durante su tiempo en el escenario, la banda contó con una producción impecable que permitió apreciar con suma nitidez, el talento y virtuosismo de todos los músicos. En especial, el de su fundador Marcelo Pérez Scheiner, en el bajo. Con solo tres temas, los argentinos dieron una exhibición majestuosa de metal progresivo, demostrando porque son los abanderados del género en el país.
Concluida su actuación, el Teatrito adoptó un ambiente mucho más íntimo. Lentamente, la gente se fue concentrando hacia adelante. Impulsados por el magnetismo de poder presenciar nuevamente a Daniel, las miradas se dirigieron hacia el escenario. Las paredes se tiñeron de un tono más azulado y oscuro, dando una sensación estelar.
Las expectativas iban creciendo. Cada vez faltaban menos minutos. Sin embargo, el aire que se respiraba era de total tranquilidad. Un clima sin sobresaltos, sin exaltaciones, ni de gritos de personas pidiendo por la banda. Solamente calma y paciencia.
No obstante, esa armonía que se fue construyendo en la previa se perdió de forma abrupta ante la euforia y emoción que desató la aparición del grupo. En especial, la de Cavanagh. Y no era para menos. Siete años habían pasado de la última presentación del músico en suelo argentino. Una cantidad de tiempo más que considerable. Pero esa espera se diluyó cuando empezó a sonar “Deep”, del disco Judgement (1999). Un clásico que marcó la pauta de la noche: recordar el pasado, para abrazar el presente.
Y es que inmediatamente, el músico enlazó con total naturalidad el legado con lo actual. Para sorpresa de varios, “Still Lake” fue la primera pieza del nuevo material en ser interpretada, rompiendo quizás con el orden esperado de temas. Sin embargo, le siguieron “Synaesthesia”, y “Do Angels Sing Like Rain?” respetando la estructura original del disco. Pero más importante, manteniendo la emotividad y melancolía del pasado.
Y es que Daniel siempre describió a este proyecto como el sucesor espiritual de Anathema. Nunca lo negó. Pero una cosa es decirlo con palabras. Y otra, con música. Ya habían pasado la prueba en el estudio. Pero ahora tenían el desafío de hacerlo sobre el escenario. Porque más que un bautismo de fuego en el país, la banda tenía uno de validación. De aceptación. De incorporar una identidad y traer de la mano todo un universo musical con mucha historia y carga emocional.
Esa aprobación se vio reflejada en los eufóricos y apasionados cantos de cancha del público, que no paró de corear en varios tramos de la noche: “Oh, Weather Systems, es un sentimiento, no puedo parar”.
Con esta devolución y con un Daniel más suelto, los clásicos empezaron a rodar. Primero algunos con un tono más calmado y minimalista como “Springfield”, o “Flying” y otros con una pizca más explosiva como “Closer” o “A Simple Mistake”. Pero todos con una cuidadosa atención a la construcción de climas y estados. Dejando a los temas fluir y marchar a su ritmo.
Pero el que también fluyó fue el mismismo Danny que se bajó del escenario con “Ocean Without a Shore”, creando uno de los momentos más apasionantes y bellos de la jornada.
Tras esto, la que no se quedó atrás fue su acompañante femenina, Soraia Silva. La cantante portuguesa venía soltándose lentamente a lo largo del show, agarrando más confianza y presencia. Sin embargo, tras la llegada de Untouchable Part I, la que se robó el protagonismo fue ella. No sólo por su gran registro vocal. Sino por la vitalidad y energía que le brindó al tema, al bajarse también, y cantar junto al público que la recibió con una sonrisa y los brazos abiertos. Sin duda, de lo más emocionante que nos dejó la artista que para muchos fue la gran sorpresa.
Aunque si de sorpresas hablamos, no podemos fuera el cover de Metallica que se tocó. El bajista André Marinho, se puso enfrente de los micrófonos y se hizo cargo de cantar “Wherever I May Roam”. Si bien la interpretación del músico fue notable, el tema se sintió fuera de lugar. Rompiendo con el estado melancólico e íntimo que se había construido previamente con las tres partes de Untouchable. Un tanto innecesario el cover.
Sin embargo, el grupo retomó la senda de la sensibilidad y culminó la jornada con dos gemas: “A Natural Disaster”, dónde brillo la voz de Soraia y “Fragile Dreams” que desató el último pogo al compás de la guitarra de Danny, que fue la que apagó el show.
Con lágrimas y el pulso acelerado por la emoción, la gente despidió a los músicos que se mostraron ampliamente agradecidos por el aguante y apoyo. Y es que el recital se trató de eso, de generar una conexión. De crear un espacio personal de encuentro entre el pasado y el presente. Entre lo que fue y lo que es. La música de Anathema siempre se encargó de abrazar el lado más vulnerable y sensible de uno. Y Weather Systems, lo logró.
Fue un viaje hacia que condujo a más de uno a los rincones más profundos de su interior. Y seguramente, de su corazón.
Si bien Vincent ya no está, tanto su hermano Danny como Cardoso, se están encargando de mantener vivo un legado. Y por qué no, de crear otro.
Agradecemos a Icarus por la acreditación y producción del evento.
Etiquetas: Anathema, Daniel Cavanagh, Rock Progresivo, Weather Systems




