
Descent (2026)
Nuclear Blast
1 – These Vengeful Winds
2 – The Ephemeral Curse
3 – God’s Last Breath
4 – Adversary
5 – Attrition
6 – Bend Towards the Dark
7 – Host
8 – False Ascent
9 – Banished
10 – Descent

Immolation está de vuelta con Descent. Este trabajo llega en 2026 para confirmar que la banda neoyorquina no tiene ninguna intención de bajarse del trono del death metal técnico y oscuro. Después de lo que fue Acts of God, la expectativa era ver si mantenían esa extensión masiva o si buscaban algo más directo. Con Descent, el grupo entrega un material que se siente como una caída libre hacia lo más profundo de su propio estilo. No hay experimentos raros. No hay saltos al vacío comerciales. Es Immolation siendo fiel a su nombre.
La producción de Zack Ohren vuelve a ser clave. Lograron un equilibrio difícil: suena moderno y definido, pero conserva esa mugre orgánica que el género necesita para no sonar artificial. Las guitarras de Bob Vigna tienen un protagonismo absoluto. El tipo sigue sacando riffs que parecen imposibles, llenos de esos armónicos de pellizco y disonancias que son su marca registrada. En Descent, la distorsión se siente un poco más gorda, más presente que en discos anteriores. El bajo de Ross Dolan no se queda atrás. Tiene un tono metálico que golpea en cada nota, dándole una base sólida a todo el caos que proponen las seis cuerdas.
Ross Dolan sigue siendo uno de los mejores vocalistas de la escena. Su voz no parece sufrir el paso de las décadas. En este disco, sus growls suenan con una autoridad tremenda. No necesita gritar para transmitir oscuridad. Su presencia es imponente y sirve como guía en medio de las estructuras complejas que arma Vigna. Por el lado de la batería, Steve Shalaty demuestra por qué es el motor de esta banda. Su técnica es impecable. Los blast beats son precisos, pero donde realmente brilla es en los cambios de ritmo y en el uso de los platos para acentuar las partes más densas del disco. No es un baterista que busque el lucimiento vacío; todo lo que toca está en función de la canción.
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Sobre la originalidad, hay una realidad innegable: Immolation suena a Immolation. Si buscás innovación total o que la banda incorpore elementos de otros géneros, acá no lo vas a encontrar. Ellos inventaron un lenguaje propio hace treinta años y ahora se dedican a perfeccionar la gramática. Descent es una clase magistral de cómo sonar fresco repitiendo una fórmula. La originalidad reside en cómo retuercen las estructuras para que, aunque sepas qué banda estás escuchando, el riff te siga sorprendiendo por su maldad. Sin embargo, hay momentos donde la sensación de “esto ya lo escuché” aparece. Es el riesgo de ser tan consistentes durante tanto tiempo.
El disco tiene una fluidez interesante. A diferencia de su predecesor, acá se siente una intención de crear una atmósfera más cohesiva. Los temas están conectados por una vibra opresiva que no te suelta. Hay partes más lentas, casi doom, que ayudan a que el impacto de los momentos rápidos sea mayor. La crítica que se le puede hacer es que, a veces, la densidad técnica puede agotar al oyente que no esté 100% concentrado. Es un álbum que exige mucho. No sirve para poner de fondo mientras hacés otra cosa. Requiere que te sientes a descifrar qué está pasando con las capas de guitarras.
En conclusión, Descent es un bloque de death metal de altísima calidad. Es técnico, es oscuro y tiene una ejecución soberbia. Immolation no necesita cambiar para seguir siendo relevante. Se nota que cada nota está puesta con intención. El sonido es robusto y la banda está en un gran momento interpretativo. Es un disco que reafirma su legado sin arriesgar de más, pero con una contundencia que pocas bandas de su generación pueden igualar hoy en día.

Descent (2026)
Nuclear Blast
1 – These Vengeful Winds
2 – The Ephemeral Curse
3 – God’s Last Breath
4 – Adversary
5 – Attrition
6 – Bend Towards the Dark
7 – Host
8 – False Ascent
9 – Banished
10 – Descent

Immolation está de vuelta con Descent. Este trabajo llega en 2026 para confirmar que la banda neoyorquina no tiene ninguna intención de bajarse del trono del death metal técnico y oscuro. Después de lo que fue Acts of God, la expectativa era ver si mantenían esa extensión masiva o si buscaban algo más directo. Con Descent, el grupo entrega un material que se siente como una caída libre hacia lo más profundo de su propio estilo. No hay experimentos raros. No hay saltos al vacío comerciales. Es Immolation siendo fiel a su nombre.
La producción de Zack Ohren vuelve a ser clave. Lograron un equilibrio difícil: suena moderno y definido, pero conserva esa mugre orgánica que el género necesita para no sonar artificial. Las guitarras de Bob Vigna tienen un protagonismo absoluto. El tipo sigue sacando riffs que parecen imposibles, llenos de esos armónicos de pellizco y disonancias que son su marca registrada. En Descent, la distorsión se siente un poco más gorda, más presente que en discos anteriores. El bajo de Ross Dolan no se queda atrás. Tiene un tono metálico que golpea en cada nota, dándole una base sólida a todo el caos que proponen las seis cuerdas.
Ross Dolan sigue siendo uno de los mejores vocalistas de la escena. Su voz no parece sufrir el paso de las décadas. En este disco, sus growls suenan con una autoridad tremenda. No necesita gritar para transmitir oscuridad. Su presencia es imponente y sirve como guía en medio de las estructuras complejas que arma Vigna. Por el lado de la batería, Steve Shalaty demuestra por qué es el motor de esta banda. Su técnica es impecable. Los blast beats son precisos, pero donde realmente brilla es en los cambios de ritmo y en el uso de los platos para acentuar las partes más densas del disco. No es un baterista que busque el lucimiento vacío; todo lo que toca está en función de la canción.
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Sobre la originalidad, hay una realidad innegable: Immolation suena a Immolation. Si buscás innovación total o que la banda incorpore elementos de otros géneros, acá no lo vas a encontrar. Ellos inventaron un lenguaje propio hace treinta años y ahora se dedican a perfeccionar la gramática. Descent es una clase magistral de cómo sonar fresco repitiendo una fórmula. La originalidad reside en cómo retuercen las estructuras para que, aunque sepas qué banda estás escuchando, el riff te siga sorprendiendo por su maldad. Sin embargo, hay momentos donde la sensación de “esto ya lo escuché” aparece. Es el riesgo de ser tan consistentes durante tanto tiempo.
El disco tiene una fluidez interesante. A diferencia de su predecesor, acá se siente una intención de crear una atmósfera más cohesiva. Los temas están conectados por una vibra opresiva que no te suelta. Hay partes más lentas, casi doom, que ayudan a que el impacto de los momentos rápidos sea mayor. La crítica que se le puede hacer es que, a veces, la densidad técnica puede agotar al oyente que no esté 100% concentrado. Es un álbum que exige mucho. No sirve para poner de fondo mientras hacés otra cosa. Requiere que te sientes a descifrar qué está pasando con las capas de guitarras.
En conclusión, Descent es un bloque de death metal de altísima calidad. Es técnico, es oscuro y tiene una ejecución soberbia. Immolation no necesita cambiar para seguir siendo relevante. Se nota que cada nota está puesta con intención. El sonido es robusto y la banda está en un gran momento interpretativo. Es un disco que reafirma su legado sin arriesgar de más, pero con una contundencia que pocas bandas de su generación pueden igualar hoy en día.








