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Vader en Buenos Aires: “Masacre polaca”
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Si hay algo que tienen las bandas de Death Metal cuyo principal atractivo radica en la extrema velocidad y agresividad con la que manejan su estilo, es que en estudio suenan de mil maravillas. Pero sobre el escenario, a veces no consiguen ese mismo resultado. Y terminan ofreciendo una actuación ruidosa sin tanta claridad. Con los instrumentos pisándose unos a otros y con un sonido que no les hace justicia ni permite a los espectadores apreciar al completo todos los lujos y detalles de la música que se está tocando.

Resulta complicado hacer que una banda de este estilo alcance a sonar de forma nítida y precisa en vivo, pero manteniendo a su vez, la misma esencia violenta y asesina de sus grabaciones, sin que toda la mezcla se vuelva una bola de ruido y confusión.

Este año hubo varios casos que lo lograron. Y afortunadamente para este servidor, Vader se suma a la lista. Ya que la banda polaca, liderada por Piotr Wiwczarek, no solo desató un tornado bestial sobre la ciudad de Buenos Aires el pasado 10 de mayo en el Marquee, sino que consiguieron brindar una de las presentaciones más impresionantes a nivel sonoro, con un gran nivel de producción que ya estaremos detallando a continuación.

Pero primero hay que decir que no todas fueron buenas para los polacos en su parada por Argentina, ya que el vuelo que debió traerlos de Chile el domingo al mediodía sufrió una demora que hizo que el grupo arribará recién a las 18:30hs. Lo cual, evidentemente afectó los planes de organización y programación del show.

De esta manera, lo que debió haber arrancado a las 20hs, terminó por tener inicio una hora después. No obstante, esta demora no impidió que la gente se reuniera y disfrutará de la espera dentro del Marquee entre colegas, cervezas y fútbol de fondo. Sin mencionar que la comodidad del sitio permitió a todos los presentes resguardarse del frío que azotaba a la ciudad esa noche de domingo.

Sin embargo, apenas se hicieron las 21hs todo el mundo se fue adelantando hacia el sector dónde estaba el escenario para presenciar la actuación de Dislepsia, que se encargó de hacer entrar en calor al público. Tal como acostumbran, los argentinos desplegaron con oficio y contundencia su abrasivo Death Metal. Sin fisuras ni inconvenientes. Y ofreciendo un sonido potente.

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Si bien el retraso general hizo que el grupo comandado por su bajista, Ramón “Macabro” Farias, tuviera que recortar el set, eso no fue impedimento para que aprovecharán su tiempo en escena y les demostrarán a los presentes el motivo por el que los habían elegido para abrir la fecha.

Ya consumada la participación de Dislepsia, sólo quedaba aguardar a que el acto central de la noche hiciera su aparición estelar. El marco de gente acompañaba. Pese a que no se trataba precisamente de una gran convocatoria, ni de un show sold out, hay que decir que no había ni una sola alma en el Marquee, que estuviera ahí presente en contra de su voluntad. Todos habían asistido porque realmente así lo querían. No se trataba de un público casual, ni aficionados que conocían uno o dos temas. Eran fanáticos de coraza. Personas que escuchan a Vader desde hace años, y que como muestra de su lealtad y admiración, dijeron presente con sus camperas de cuero abrigadas, sus jeans rotos y su inquebrantable espíritu death metalero.

En medio de este clima lleno de intensidad y calidez, apareció Vader. Y con ellos, llegó la masacre. “Sothis” fue la encargada de inaugurar la descarga violenta y veloz de la agrupación, en una noche que no dio respiro.

“Fractal Light” fue la siguiente en sonar y puso en evidencia dos puntos claves que resaltaron y resumen en gran parte lo que nos dejó el evento: en primer lugar, el demoledor sonido con el que contaron. Tal como habíamos anticipado al comienzo, el Death Metal es un género que cuesta conseguir que suene de forma agresiva pero nítida en vivo. Y uno de mis mayores miedos al inicio de la presentación de los polacos, era que arranquen al palo y con un volumen excesivamente alto.

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Lejos de la realidad, el sonido que tuvo Vader a lo largo de la noche es digno de aplausos. No sólo consiguieron que los cuatro instrumentos sonaran a la perfección sino que en ningún momento hubo uno que sobresaliera por encima del resto, robando protagonismo o atención. Más bien lo contrario. Tanto las guitarras como el bajo y la batería se mantuvieron constantemente en sintonía, en un rango parejo que permitía apreciar y entender el tornado feroz que transcurría frente a nosotros.

Por su parte, el segundo aspecto clave que acompaño toda la noche y ayudo a que la experiencia se sienta más impactante, reside en la brutal y quirúrgica perfomance del grupo. Desde el segundo uno, Piotr y los suyos salieron con un solo propósito en mente: llevarse puesto a quién esté por delante.

Y esto no sólo se explica desde el setlist que estuvo enfocado en sus piezas más directas de la etapa del Black To The Blind (1997), Litany (2000), The Art Of War (2005) o Impressions Of Blood (2006), sino desde la precisa, contundente y feroz ejecución por parte de los cuatro integrantes. Con un “Spider” desencadenado, paseándose por todo el traste y sacando chispas de su guitarra. Con “Hal” en el bajo impartiendo fuerza.

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El trabajo de Michal Andrzrejczyk en batería es para subrayar. Fue una ametralladora. Un arma que no tuvo piedad ni clemencia y mantuvo la misma intensidad desde que arrancó hasta que terminó. Y Piotr por su parte, demostró que pese a sus ya 60 años, sigue en plena forma vocal y musical. Rugiendo como un oso y demostrando que en las seis cuerdas sigue los preceptos de sus maestros Slayer, con solos caóticos y vibrantes.

Y hablando de Slayer, tras el aluvión sonoro que supuso “Triumph of Death” y “Helleluyah!!! (God Is Dead)” dos de los momentos más notables de la noche, los polacos concluyeron su presentación rindiendo tributo a sus máximos exponentes, tocando el inicio de “Hell Awaits” para luego combinarlo con la mítica “Raining Blood”. Lanzando de esta forma, la bomba más letal y explosiva al final.

Pese a que el setlist tuvo que ser recortado por la demora inicial, una hora le bastó a Vader para estallar el marquee y demostrar que el apodo de “Slayer polacos”, les queda perfecto. Porque con esa intensidad desenfrenada y salvaje se vivió todo el show. Un show que tuvo su despedida con la marcha imperial de Star Wars y la alegría de todos los presentes que se fueron conscientes de que presenciaron una actuación demoledora. Una masacre polaca.

 

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Vader en Buenos Aires: “Masacre polaca”
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Si hay algo que tienen las bandas de Death Metal cuyo principal atractivo radica en la extrema velocidad y agresividad con la que manejan su estilo, es que en estudio suenan de mil maravillas. Pero sobre el escenario, a veces no consiguen ese mismo resultado. Y terminan ofreciendo una actuación ruidosa sin tanta claridad. Con los instrumentos pisándose unos a otros y con un sonido que no les hace justicia ni permite a los espectadores apreciar al completo todos los lujos y detalles de la música que se está tocando.

Resulta complicado hacer que una banda de este estilo alcance a sonar de forma nítida y precisa en vivo, pero manteniendo a su vez, la misma esencia violenta y asesina de sus grabaciones, sin que toda la mezcla se vuelva una bola de ruido y confusión.

Este año hubo varios casos que lo lograron. Y afortunadamente para este servidor, Vader se suma a la lista. Ya que la banda polaca, liderada por Piotr Wiwczarek, no solo desató un tornado bestial sobre la ciudad de Buenos Aires el pasado 10 de mayo en el Marquee, sino que consiguieron brindar una de las presentaciones más impresionantes a nivel sonoro, con un gran nivel de producción que ya estaremos detallando a continuación.

Pero primero hay que decir que no todas fueron buenas para los polacos en su parada por Argentina, ya que el vuelo que debió traerlos de Chile el domingo al mediodía sufrió una demora que hizo que el grupo arribará recién a las 18:30hs. Lo cual, evidentemente afectó los planes de organización y programación del show.

De esta manera, lo que debió haber arrancado a las 20hs, terminó por tener inicio una hora después. No obstante, esta demora no impidió que la gente se reuniera y disfrutará de la espera dentro del Marquee entre colegas, cervezas y fútbol de fondo. Sin mencionar que la comodidad del sitio permitió a todos los presentes resguardarse del frío que azotaba a la ciudad esa noche de domingo.

Sin embargo, apenas se hicieron las 21hs todo el mundo se fue adelantando hacia el sector dónde estaba el escenario para presenciar la actuación de Dislepsia, que se encargó de hacer entrar en calor al público. Tal como acostumbran, los argentinos desplegaron con oficio y contundencia su abrasivo Death Metal. Sin fisuras ni inconvenientes. Y ofreciendo un sonido potente.

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Ya consumada la participación de Dislepsia, sólo quedaba aguardar a que el acto central de la noche hiciera su aparición estelar. El marco de gente acompañaba. Pese a que no se trataba precisamente de una gran convocatoria, ni de un show sold out, hay que decir que no había ni una sola alma en el Marquee, que estuviera ahí presente en contra de su voluntad. Todos habían asistido porque realmente así lo querían. No se trataba de un público casual, ni aficionados que conocían uno o dos temas. Eran fanáticos de coraza. Personas que escuchan a Vader desde hace años, y que como muestra de su lealtad y admiración, dijeron presente con sus camperas de cuero abrigadas, sus jeans rotos y su inquebrantable espíritu death metalero.

En medio de este clima lleno de intensidad y calidez, apareció Vader. Y con ellos, llegó la masacre. “Sothis” fue la encargada de inaugurar la descarga violenta y veloz de la agrupación, en una noche que no dio respiro.

“Fractal Light” fue la siguiente en sonar y puso en evidencia dos puntos claves que resaltaron y resumen en gran parte lo que nos dejó el evento: en primer lugar, el demoledor sonido con el que contaron. Tal como habíamos anticipado al comienzo, el Death Metal es un género que cuesta conseguir que suene de forma agresiva pero nítida en vivo. Y uno de mis mayores miedos al inicio de la presentación de los polacos, era que arranquen al palo y con un volumen excesivamente alto.

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Por su parte, el segundo aspecto clave que acompaño toda la noche y ayudo a que la experiencia se sienta más impactante, reside en la brutal y quirúrgica perfomance del grupo. Desde el segundo uno, Piotr y los suyos salieron con un solo propósito en mente: llevarse puesto a quién esté por delante.

Y esto no sólo se explica desde el setlist que estuvo enfocado en sus piezas más directas de la etapa del Black To The Blind (1997), Litany (2000), The Art Of War (2005) o Impressions Of Blood (2006), sino desde la precisa, contundente y feroz ejecución por parte de los cuatro integrantes. Con un “Spider” desencadenado, paseándose por todo el traste y sacando chispas de su guitarra. Con “Hal” en el bajo impartiendo fuerza.

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Y hablando de Slayer, tras el aluvión sonoro que supuso “Triumph of Death” y “Helleluyah!!! (God Is Dead)” dos de los momentos más notables de la noche, los polacos concluyeron su presentación rindiendo tributo a sus máximos exponentes, tocando el inicio de “Hell Awaits” para luego combinarlo con la mítica “Raining Blood”. Lanzando de esta forma, la bomba más letal y explosiva al final.

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