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Nile en Buenos Aires: “El arte de ser una aplanadora”
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Una noche llena de brutalidad y Death Metal se vivió el centro porteño de la Ciudad de Buenos Aires, el domingo 15 de marzo de la mano de Nile, en una fecha cargada de música extrema en el Teatrito.

En medio de la temporada de recitales que viene azotando a la Argentina, los norteamericanos regresaron al país para compartir el material de su más reciente trabajo junto con grandes clásicos dentro de su catálogo. 

A cargo de Icarus Music, el evento tuvo inicio desde temprano, ya 18:30 con la presentación de distintos grupos de la escena local como Morferus y Exterminio. Por cuestiones de frecuencia horaria del transporte un domingo, llegué recién en mitad de la actuación de Manifiesto. Grupo ya consolidado y con músicos experimentados, brindó un espectáculo potente y aguerrido. Acompañados de un buen sonido, desplegaron su propuesta thrasher con tintes de Death Metal ante un público que dejaba de lado la cerveza de la previa y empezaba a asomar sus narices y oídos en el escenario.

Luego siguió el turno de Lesa Humanidad que se presentó como un cuarteto con una sola guitarra, tras la reciente salida de uno de sus violeros. Si bien los muchachos dieron todo de sí, es inevitable remarcar las dificultades técnicas con las que contaron, en especial de su guitarrista, que tuvo que parar el show durante unos minutos. Aun así, con profesionalismo pudieron completar su repertorio y dejar todo preparado para el acto principal. 

Y es que el último tramo de espera se vivió con suma expectativa y con un Teatrito que empezó a pasar música egipcia, para ir creando el ambiente acorde para lo que sería un ritual devastador directo hacia las catacumbas del inframundo. 

Pasadas las 21:40, el conjunto liderado por Karl Sanders hizo acto de aparición sobre el escenario y sin que les tiemble el pulso, dieron comienzo a la destrucción. 

Entre los aspectos positivos del show sin duda tengo que mencionar la dupla de Zach Jeter y Adam Roethlisberger. Los dos “chicos nuevos del grupo” tuvieron su debut en suelo argentino con la agrupación y contaron con mayor protagonismo y relevancia de lo imaginado. 

El guitarrista, Jeter, se hizo cargo de gran parte de la labor solista y rítmica de las guitarras. Y es que a diferencia de Sanders, su instrumento sonaba con más nitidez y claridad, aspecto que le dio más notoriedad a su actuación. O al menos, esa fue la percepción que dejó. También contó con un gran desempeño frente a los micrófonos, aprovechando al máximo sus capacidades vocales para hacer guturales feroces y rasgados. 

Sin embargo, si tuviéramos que remarcar a alguien, como la voz principal de la noche, ese sin dudas sería el bajista, Adam Roethlisberger. Posicionado en el centro del escenario, el ex Vitriol tomó el mando vocal y se convirtió en el portavoz oficial a cargo de llevar adelante las estrofas de los rituales demoledores que la banda ofreció. Musicalmente, cumplió con las exigencias técnicas que le demandó su instrumento, y demostró que pese a su poco tiempo en el grupo, toca como si ya llevase años. 

Otro aspecto positivo fue el repertorio. Si bien estuvo mayormente enfocado en temas de su último álbum The Underworld Awaits Us All, el setlist contó con un balance correcto entre éxitos de su discografía, como “Sarcophagus”, “Sacrifice Unto Sebek” y “Kafir”. Fueron 13 las canciones que tocaron, dando como saldo final un show de poco más de una hora. Una duración acorde para este tipo de estilos y propuestas muy extremas que requieren de un alto despliegue técnico y físico por parte de sus músicos.

Hablando de despliegue, no podía faltar la monstruosa y bestial labor de George Kollias en la batería. Tal como nos tiene acostumbrado, el músico brindó una actuación colosal demostrando todas sus capacidades técnicas y alcanzando velocidades imposibles para el humano promedio. A estas alturas, no es una sorpresa para nadie decir que se trata de un superdotado en su instrumento. 

El único asterisco para remarcar quizás sea que al principio los platos y tachos del kit de batería se escuchaba excesivamente “al palo” como se suele decir coloquialmente. Pero rápidamente al cuarto tema el sonido se acomodó, y se pudo apreciar con mayor claridad la ráfaga de violencia y destrucción que era Kollias tras las baquetas.  

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Erra – Silence Outlives The Earth (2026)

Como último punto aprobado del evento, debo mencionar la recepción y acompañamiento del público. Y es que hubo una respuesta muy positiva por parte de la gente que fue, al estar en gran parte de la presentación de los estadounidenses haciendo rondas de pogo, cantando la mayoría de los temas y alentando por el padre de la criatura, Karl Sanders.

Y acá me quiero detener un momento. Ya que si bien el resto de los músicos se mostraron completamente enérgicos, receptivos y participativos con la audiencia, por su parte, a Sanders se lo vio más apagado. Como tratando de mantener un perfil bajo, estuvo en todo el show apartado a un costado, como escondido. Y este es un hecho que me llamó la atención, ya él es el líder de Nile. Sin embargo, esto no se notó en El Teatrito, ya que relevó ese mando a los Zach y Adam. 

Particular cuanto menos. Uno podrá argumentar que tal vez la edad le esté empezando a pesar al veterano músico de ya 62 años. No obstante, no deja de resultar llamativo su poca interacción y participación con el público a lo largo del show. Esta mínima presencia se vio reforzado aún más desde el lado musical, con sonido de su guitarra muy bajo, quedando también relegado a un segundo plano. 

Un tanto rara la noche de Sanders. Tanto como el final. Y es que la banda, tras interpretar “Black Seeds of Vengeance”, se retira del escenario entre aplausos y saludos por parte del público. Hasta acá, todo en orden. El tema surge cuando al pasar los minutos, el telón nunca se cierra y queda abierto. Esto evidentemente dio a entender que el show seguía o que la banda iba a tocar algún tema más. Pero nada de eso sucedió. 

Sanders que se había ido primero, volvió al escenario pero para sorpresa de todos, no fue para tocar. Sino que simplemente se limitó a desconectar el equipo y guardar los instrumentos. Todo esto a vistas del público. Un hecho que despertó la confusión entre los presentes. Finalmente las cortinas terminaron por cerrarse, dando por finalizado, ahora sí, el evento. De esta manera lo que pudo haber sido un cierre satisfactorio y sin falencias, culminó con un sabor agridulce ante la tentación de ver al grupo tocar uno o dos temas más. 

Pero haciendo a un lado este hecho, el balance general de la noche fue positivo. La banda dio otra muestra de poderío y brutalidad, demostrando que en vivo son un muro sólido y extremadamente consistente que se lleva todo por delante. El relevo compuesto por Zach y Adam supo estar a la altura de las exigencias e integrarse con suma naturalidad a las filas de Sanders y Kollias.

Otra noche exitosa de Nile en terreno argentino. Y otra noche exitosa para el Death Metal en el país. Por más rituales con Sanders trayendo temas con títulos larguísimos para presentarlos y pronunciarlos en vivo, como nos acostumbra.

Agradecemos a la gente de Icarus por la acreditación y por llevar a cabo la producción del evento.

 

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Nile en Buenos Aires: “El arte de ser una aplanadora”
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Una noche llena de brutalidad y Death Metal se vivió el centro porteño de la Ciudad de Buenos Aires, el domingo 15 de marzo de la mano de Nile, en una fecha cargada de música extrema en el Teatrito.

En medio de la temporada de recitales que viene azotando a la Argentina, los norteamericanos regresaron al país para compartir el material de su más reciente trabajo junto con grandes clásicos dentro de su catálogo. 

A cargo de Icarus Music, el evento tuvo inicio desde temprano, ya 18:30 con la presentación de distintos grupos de la escena local como Morferus y Exterminio. Por cuestiones de frecuencia horaria del transporte un domingo, llegué recién en mitad de la actuación de Manifiesto. Grupo ya consolidado y con músicos experimentados, brindó un espectáculo potente y aguerrido. Acompañados de un buen sonido, desplegaron su propuesta thrasher con tintes de Death Metal ante un público que dejaba de lado la cerveza de la previa y empezaba a asomar sus narices y oídos en el escenario.

Luego siguió el turno de Lesa Humanidad que se presentó como un cuarteto con una sola guitarra, tras la reciente salida de uno de sus violeros. Si bien los muchachos dieron todo de sí, es inevitable remarcar las dificultades técnicas con las que contaron, en especial de su guitarrista, que tuvo que parar el show durante unos minutos. Aun así, con profesionalismo pudieron completar su repertorio y dejar todo preparado para el acto principal. 

Y es que el último tramo de espera se vivió con suma expectativa y con un Teatrito que empezó a pasar música egipcia, para ir creando el ambiente acorde para lo que sería un ritual devastador directo hacia las catacumbas del inframundo. 

Pasadas las 21:40, el conjunto liderado por Karl Sanders hizo acto de aparición sobre el escenario y sin que les tiemble el pulso, dieron comienzo a la destrucción. 

Entre los aspectos positivos del show sin duda tengo que mencionar la dupla de Zach Jeter y Adam Roethlisberger. Los dos “chicos nuevos del grupo” tuvieron su debut en suelo argentino con la agrupación y contaron con mayor protagonismo y relevancia de lo imaginado. 

El guitarrista, Jeter, se hizo cargo de gran parte de la labor solista y rítmica de las guitarras. Y es que a diferencia de Sanders, su instrumento sonaba con más nitidez y claridad, aspecto que le dio más notoriedad a su actuación. O al menos, esa fue la percepción que dejó. También contó con un gran desempeño frente a los micrófonos, aprovechando al máximo sus capacidades vocales para hacer guturales feroces y rasgados. 

Sin embargo, si tuviéramos que remarcar a alguien, como la voz principal de la noche, ese sin dudas sería el bajista, Adam Roethlisberger. Posicionado en el centro del escenario, el ex Vitriol tomó el mando vocal y se convirtió en el portavoz oficial a cargo de llevar adelante las estrofas de los rituales demoledores que la banda ofreció. Musicalmente, cumplió con las exigencias técnicas que le demandó su instrumento, y demostró que pese a su poco tiempo en el grupo, toca como si ya llevase años. 

Otro aspecto positivo fue el repertorio. Si bien estuvo mayormente enfocado en temas de su último álbum The Underworld Awaits Us All, el setlist contó con un balance correcto entre éxitos de su discografía, como “Sarcophagus”, “Sacrifice Unto Sebek” y “Kafir”. Fueron 13 las canciones que tocaron, dando como saldo final un show de poco más de una hora. Una duración acorde para este tipo de estilos y propuestas muy extremas que requieren de un alto despliegue técnico y físico por parte de sus músicos.

Hablando de despliegue, no podía faltar la monstruosa y bestial labor de George Kollias en la batería. Tal como nos tiene acostumbrado, el músico brindó una actuación colosal demostrando todas sus capacidades técnicas y alcanzando velocidades imposibles para el humano promedio. A estas alturas, no es una sorpresa para nadie decir que se trata de un superdotado en su instrumento. 

El único asterisco para remarcar quizás sea que al principio los platos y tachos del kit de batería se escuchaba excesivamente “al palo” como se suele decir coloquialmente. Pero rápidamente al cuarto tema el sonido se acomodó, y se pudo apreciar con mayor claridad la ráfaga de violencia y destrucción que era Kollias tras las baquetas.  

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Y acá me quiero detener un momento. Ya que si bien el resto de los músicos se mostraron completamente enérgicos, receptivos y participativos con la audiencia, por su parte, a Sanders se lo vio más apagado. Como tratando de mantener un perfil bajo, estuvo en todo el show apartado a un costado, como escondido. Y este es un hecho que me llamó la atención, ya él es el líder de Nile. Sin embargo, esto no se notó en El Teatrito, ya que relevó ese mando a los Zach y Adam. 

Particular cuanto menos. Uno podrá argumentar que tal vez la edad le esté empezando a pesar al veterano músico de ya 62 años. No obstante, no deja de resultar llamativo su poca interacción y participación con el público a lo largo del show. Esta mínima presencia se vio reforzado aún más desde el lado musical, con sonido de su guitarra muy bajo, quedando también relegado a un segundo plano. 

Un tanto rara la noche de Sanders. Tanto como el final. Y es que la banda, tras interpretar “Black Seeds of Vengeance”, se retira del escenario entre aplausos y saludos por parte del público. Hasta acá, todo en orden. El tema surge cuando al pasar los minutos, el telón nunca se cierra y queda abierto. Esto evidentemente dio a entender que el show seguía o que la banda iba a tocar algún tema más. Pero nada de eso sucedió. 

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Pero haciendo a un lado este hecho, el balance general de la noche fue positivo. La banda dio otra muestra de poderío y brutalidad, demostrando que en vivo son un muro sólido y extremadamente consistente que se lleva todo por delante. El relevo compuesto por Zach y Adam supo estar a la altura de las exigencias e integrarse con suma naturalidad a las filas de Sanders y Kollias.

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