

Hay noches en las que la música no pide permiso, entra, ocupa el espacio y te deja sin salida, la velada de hoy en Madrid ha sido una de esas, con dos bandas que comparten la mismas ganas de darlo todo en el escenario desde sus propias realidades: los noruegos Bokassa y los veteranos estadounidenses Clutch se repartieron el escenario en lo que prometía ser una celebración del metal pesado en su versión más auténtica, punk y stoner.
La sala, con su sonido habitual, respondió bien desde el primer momento. Una mezcla limpia, con los graves bien definidos y sin la bola que en ocasiones daña el concierto, separando los instrumentos y dejando las voces claras y en primer término. Las luces, correctas y bien pensadas, cumplieron con el espectáculo sin excesos, y para quienes estábamos trabajando con cámara fue especialmente agradecida: contrastes aprovechables, sin cegar ni dejar a los músicos en la oscuridad.
Bokassa es un trío de Trondheim, Noruega, formado en 2013 por Jørn Kaarstad (voz y guitarra), Olav Dowkes (batería). Su propuesta tiene nombre propio: ellos mismos la llaman “stonerpunk”, una fusión de stoner rock, punk y metal que combina riffs aplastantes con ganchos melódicos y una energía contagiosa. Lo que los hace singulares es precisamente esa mezcla, donde el stoner rock tradicional se regodea en el groove hipnótico y los tempos pausados, el punk inyecta urgencia y alegría. El resultado es música que pesa, pero que no se detiene. Siempre con sonrisas y letras creativas.
La voz rasgada e inconfundible de Jørn Kaarstad y sus riffs machacones golpean con precisión junto a la batería nerviosa de Dowkes, creando una masa sonora compacta que en disco suena genial, siempre bien producida y con mucha dinámica. La banda ha sido comparada con referentes como The Bronx, Red Fang, Billy Talent o Queens of the Stone Age, aunque lo cierto es que Bokassa ya tiene personalidad para autodefinirse.
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Su perfil internacional despegó en 2019, cuando fueron elegidos para abrir la gira WorldWired Tour de Metallica, precisamente después de que Lars Ulrich los declarase su banda favorita y lanzaron simultáneamente su segundo álbum, “Crimson Riders”. Desde entonces han publicado “Molotov Rocktail” (2021) y “All Out of Dreams” (2024), consolidando una discografía sólida y una reputación en directo.
Esta noche, sin embargo, el directo arrancó con fallos de sonido. Problemas técnicos, micro cortado, guitarra que desaparecía, mudos. Pusieron a prueba la capacidad de reacción de la banda. Lejos de venirse abajo, Olav Dowkes tomó el control y deleitó al público con un solo de batería largo, a la fuerza, contundente que funcionó como bisagra en medio del caos. Esto por dos veces, algo que puede dar bajonazo a cualquiera, no pareció afectarles en exceso. Jørn aprovechó los parones para bailar, sonreír y conectar con el público con una naturalidad que solo da la experiencia.
El público, que fue llegando de forma escalonada durante la primera parte del set, respondió con buen humor ante las vicisitudes técnicas, dando apoyo y ánimos a la banda. El set fue corto y no incluyó algunos de los temas más celebrados de su catálogo, pero la actitud estuvo a la altura. Bokassa sabe que el rock en vivo tiene estas cosas, y lo gestiona como lo que son: una banda auténtica con experiencia.
Si Bokassa es la chispa, Clutch es la hoguera que lleva ardiendo décadas sin apagarse. Formada en Germantown, Maryland, en 1991, la banda ha mantenido la misma alineación desde sus inicios: Neil Fallon a la voz y guitarra rítmica, Tim Sult en la guitarra líder, Dan Maines al bajo y Jean-Paul Gaster a la batería. Esa estabilidad se nota en cada nota. No es una banda que toca junta, es una banda que respira junta. Sin fisuras, mola todo como cada uno sabe qué papel tiene y se concentra al máximo en ello. Los más beneficiados nosotros como público.
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Su sonido mezcla blues, southern rock, punk y rock bien pesado, contundente, con personalidad reconocible, en una propuesta que los ha convertido en referentes del rock de Maryland y del stoner rock en general. El groove es la columna vertebral de todo lo que hacen, los riffs de Sult son pesados, brutales, llenos de swing y de silencios bien colocados, valles y montañas. Fallon es un frontman de otra época, con esa presencia escénica que no se estudia ni se finge, el Reverendo. Su voz es poderosa, sarcástica y con sentido del humor propio, Ha ido evolucionando disco a disco desde que entró en la banda para convertirse en uno de los vocalistas más reconocibles del rock de los noventa en adelante. Es un lujo verle gesticular y moverse pegado al escenario, el acceso al foso es de agradecer y días como hoy para sentirse un privilegiado. Disparando con el tele, sentía que quería frenar cada detalle y con el angular trataba de congelar sus gestos y poses característicos. A ver si las fotos transmiten la mitad del enorme placer de hacerlas.
Con trece álbumes de estudio publicados desde 1991, Clutch ha construido un catálogo que incluye obras fundamentales como su homónimo de 1995, “Blast Tyrant” (2004) o “Earth Rocker“ (2013). Esta noche recuperaron parte de ese archivo con la autoridad que da haber tocado esas canciones miles de veces, sin perder un ápice de energía ni de precisión. ¿mayores? Dinosaurios, pero con el público a sus y entregados. Pogos, brazos al aire, canciones a pulmón. Niños, abuelonchos, rockeros, gente en traje… lo que une la música que no lo separe el hombre.
El único lunar de la velada fue la duración: el set se quedó media hora por debajo de lo esperado, dejando al público con hambre de más. Cuando una banda suena tan bien como Clutch, cada canción que falta se nota. Pero lo que ofrecieron fue, como de costumbre, espectacular. La musicalidad de los cuatro es de un nivel que ya quisieran muchas bandas con el doble de recursos y el triple de hype. Clutch no necesita efectos especiales, ni pantallas en movimiento, les basta con ponerse a tocar y soltar tema tras tema con precisión.
Una noche de rock auténtico, honesto, con sus luces y sus sombras, literalmente y en sentido figurado. Dos bandas que entienden que el directo no es una reproducción del disco sino algo vivo, impredecible y, en noches como esta, difícil de olvidar. Ojalá sigan viniendo los dos y yp pueda fotografiarlo.


Hay noches en las que la música no pide permiso, entra, ocupa el espacio y te deja sin salida, la velada de hoy en Madrid ha sido una de esas, con dos bandas que comparten la mismas ganas de darlo todo en el escenario desde sus propias realidades: los noruegos Bokassa y los veteranos estadounidenses Clutch se repartieron el escenario en lo que prometía ser una celebración del metal pesado en su versión más auténtica, punk y stoner.
La sala, con su sonido habitual, respondió bien desde el primer momento. Una mezcla limpia, con los graves bien definidos y sin la bola que en ocasiones daña el concierto, separando los instrumentos y dejando las voces claras y en primer término. Las luces, correctas y bien pensadas, cumplieron con el espectáculo sin excesos, y para quienes estábamos trabajando con cámara fue especialmente agradecida: contrastes aprovechables, sin cegar ni dejar a los músicos en la oscuridad.
Bokassa es un trío de Trondheim, Noruega, formado en 2013 por Jørn Kaarstad (voz y guitarra), Olav Dowkes (batería). Su propuesta tiene nombre propio: ellos mismos la llaman “stonerpunk”, una fusión de stoner rock, punk y metal que combina riffs aplastantes con ganchos melódicos y una energía contagiosa. Lo que los hace singulares es precisamente esa mezcla, donde el stoner rock tradicional se regodea en el groove hipnótico y los tempos pausados, el punk inyecta urgencia y alegría. El resultado es música que pesa, pero que no se detiene. Siempre con sonrisas y letras creativas.
La voz rasgada e inconfundible de Jørn Kaarstad y sus riffs machacones golpean con precisión junto a la batería nerviosa de Dowkes, creando una masa sonora compacta que en disco suena genial, siempre bien producida y con mucha dinámica. La banda ha sido comparada con referentes como The Bronx, Red Fang, Billy Talent o Queens of the Stone Age, aunque lo cierto es que Bokassa ya tiene personalidad para autodefinirse.
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Su perfil internacional despegó en 2019, cuando fueron elegidos para abrir la gira WorldWired Tour de Metallica, precisamente después de que Lars Ulrich los declarase su banda favorita y lanzaron simultáneamente su segundo álbum, “Crimson Riders”. Desde entonces han publicado “Molotov Rocktail” (2021) y “All Out of Dreams” (2024), consolidando una discografía sólida y una reputación en directo.
Esta noche, sin embargo, el directo arrancó con fallos de sonido. Problemas técnicos, micro cortado, guitarra que desaparecía, mudos. Pusieron a prueba la capacidad de reacción de la banda. Lejos de venirse abajo, Olav Dowkes tomó el control y deleitó al público con un solo de batería largo, a la fuerza, contundente que funcionó como bisagra en medio del caos. Esto por dos veces, algo que puede dar bajonazo a cualquiera, no pareció afectarles en exceso. Jørn aprovechó los parones para bailar, sonreír y conectar con el público con una naturalidad que solo da la experiencia.
El público, que fue llegando de forma escalonada durante la primera parte del set, respondió con buen humor ante las vicisitudes técnicas, dando apoyo y ánimos a la banda. El set fue corto y no incluyó algunos de los temas más celebrados de su catálogo, pero la actitud estuvo a la altura. Bokassa sabe que el rock en vivo tiene estas cosas, y lo gestiona como lo que son: una banda auténtica con experiencia.
Si Bokassa es la chispa, Clutch es la hoguera que lleva ardiendo décadas sin apagarse. Formada en Germantown, Maryland, en 1991, la banda ha mantenido la misma alineación desde sus inicios: Neil Fallon a la voz y guitarra rítmica, Tim Sult en la guitarra líder, Dan Maines al bajo y Jean-Paul Gaster a la batería. Esa estabilidad se nota en cada nota. No es una banda que toca junta, es una banda que respira junta. Sin fisuras, mola todo como cada uno sabe qué papel tiene y se concentra al máximo en ello. Los más beneficiados nosotros como público.
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Su sonido mezcla blues, southern rock, punk y rock bien pesado, contundente, con personalidad reconocible, en una propuesta que los ha convertido en referentes del rock de Maryland y del stoner rock en general. El groove es la columna vertebral de todo lo que hacen, los riffs de Sult son pesados, brutales, llenos de swing y de silencios bien colocados, valles y montañas. Fallon es un frontman de otra época, con esa presencia escénica que no se estudia ni se finge, el Reverendo. Su voz es poderosa, sarcástica y con sentido del humor propio, Ha ido evolucionando disco a disco desde que entró en la banda para convertirse en uno de los vocalistas más reconocibles del rock de los noventa en adelante. Es un lujo verle gesticular y moverse pegado al escenario, el acceso al foso es de agradecer y días como hoy para sentirse un privilegiado. Disparando con el tele, sentía que quería frenar cada detalle y con el angular trataba de congelar sus gestos y poses característicos. A ver si las fotos transmiten la mitad del enorme placer de hacerlas.
Con trece álbumes de estudio publicados desde 1991, Clutch ha construido un catálogo que incluye obras fundamentales como su homónimo de 1995, “Blast Tyrant” (2004) o “Earth Rocker“ (2013). Esta noche recuperaron parte de ese archivo con la autoridad que da haber tocado esas canciones miles de veces, sin perder un ápice de energía ni de precisión. ¿mayores? Dinosaurios, pero con el público a sus y entregados. Pogos, brazos al aire, canciones a pulmón. Niños, abuelonchos, rockeros, gente en traje… lo que une la música que no lo separe el hombre.
El único lunar de la velada fue la duración: el set se quedó media hora por debajo de lo esperado, dejando al público con hambre de más. Cuando una banda suena tan bien como Clutch, cada canción que falta se nota. Pero lo que ofrecieron fue, como de costumbre, espectacular. La musicalidad de los cuatro es de un nivel que ya quisieran muchas bandas con el doble de recursos y el triple de hype. Clutch no necesita efectos especiales, ni pantallas en movimiento, les basta con ponerse a tocar y soltar tema tras tema con precisión.
Una noche de rock auténtico, honesto, con sus luces y sus sombras, literalmente y en sentido figurado. Dos bandas que entienden que el directo no es una reproducción del disco sino algo vivo, impredecible y, en noches como esta, difícil de olvidar. Ojalá sigan viniendo los dos y yp pueda fotografiarlo.



















