


En esta ocasión comenzamos la jornada con buenas expectativas, ya que el clima pintaba ideal, con mucho calor y cielos completamente despejados. Como siempre, atravesamos la entrada principal y nuevamente nos recibieron Darth Vader y los Stormtroopers (porque esto no es solo música, sino también cosplayers disfrazados al mejor estilo Disney Parks, entre tantas otras atracciones).
El ambiente parecía próspero e ideal para una gran jornada, así que comenzamos temprano presenciando la performance de Handgemeng en el escenario Pandæmonium. Pocos eran los presentes, pero esta banda danesa de stoner metal se hizo escuchar gracias a sus ritmos pegadizos y una presentación realmente entretenida.
Finalizado el show nos volvimos al escenario principal, donde ya se encontraba Imminence. Esta agrupación dio cátedra de actitud y calidad musical. No dejaron de arengar a un público todavía somnoliento y con poca reacción, posiblemente por el cansancio acumulado de los días anteriores. El sonido fue excelente y terminó ganándose los aplausos de la gente, que con unas buenas cervezas comenzaba a sacudirse la resaca.
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Nuestra siguiente parada fue para ver a All Them Witches, que se presentó ante una gran convocatoria. Desde temprano se pudo disfrutar del show de esta banda de stoner con fuertes influencias de blues y un sonido muy arraigado en las raíces norteamericanas. El grupo sonó muy bien y, además de la clásica formación de bajo, batería y guitarra, contó con un teclado que le aportó un aire marcadamente psicodélico.
Sin esperar el final del show salimos corriendo para acomodarnos y disfrutar del siguiente concierto, que en pocos minutos ofrecería Trivium.
La banda de metalcore salió puntualmente a las 16:00 y el repertorio incluyó canciones como “Until the World Goes Cold”, “The Heart From Your Hate” y el clásico “In Waves”. Fue un concierto intenso, con mucho fuego sobre el escenario y los músicos mostrando un nivel superlativo. Sin embargo, el público no acompañó demasiado, al menos desde el lugar donde nos encontrábamos. Se notaba que había muchos curiosos que no eran seguidores de la banda y no cantaban ni se emocionaban con lo que estaban viendo. Tal vez, más cerca del escenario, la historia era diferente.
Haciendo un alto para descansar, nos dimos una vuelta por los puestos de merchandising, donde pudimos apreciar las remeras oficiales de las bandas, además de camperas de cuero, chalecos, parches, gorras y todo tipo de accesorios. En este tipo de festivales nunca falta absolutamente nada: todo está perfectamente diseñado para que compres y gastes, incluso en cosas que no necesitás. Y ahí estaba yo… comprando y comprando.
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Luego de esta breve pausa entre conciertos nos fuimos rápidamente a ver el show de Soilwork. Debo reconocer que fue un acierto total haber elegido esta presentación, aun coincidiendo con P.O.D. en otro escenario.
La performance de los músicos fue excelente, tanto desde lo sonoro como en lo interpretativo. Las melodías pegadizas hicieron vibrar al público y fue un show muy emocionante, donde no faltaron el circle pit ni el stage diving entre los aficionados.
Cerca de las 18:30 hizo su aparición sobre el escenario A Perfect Circle. El proyecto paralelo de Maynard James Keenan comenzó su presentación con “The Package”, envolviendo el recinto en una atmósfera mística de meditación y trance, con muchos elementos que inevitablemente remiten a TOOL.
El grupo sonó realmente bien y brindó un show muy emotivo con canciones como “Weak and Powerless”, “The Outsider”, “3 Libras” y el clásico “Judith”. En el tiempo que estuvieron sobre el escenario no faltó ningún condimento en una propuesta alejada de la distorsión y la agresividad del metal convencional, ofreciendo una experiencia sonora sumamente interesante para los amantes del rock alternativo.
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Como headliner principal de esta jornada, Copenhell decidió reunir a varios músicos daneses de renombre bajo el nombre 15 Years in Hell, un espectáculo conmemorativo por los quince años del festival que rindió homenaje a muchas de las grandes bandas que pasaron por sus escenarios, como Black Sabbath, Slipknot y Korn, entre otras, acompañado además por un DJ que reinterpretó varios clásicos del metal en formato remix.
A las 23:15, con absoluta puntualidad, salió a escena lo que para mí fue la mejor banda de toda esta edición de Copenhell: Anthrax.
Pocas bandas me han impresionado tanto en vivo como Anthrax. La gente literalmente pierde la cabeza desde el primer minuto. La respuesta del público es inmediata y aparecen todos los ingredientes: circle pit, pogo, stage diving y, si me apuran, hasta dan ganas de subirse al escenario a cantar junto a Joey Belladonna. Nunca había visto tanta gente moviéndose al ritmo del circle pit, al punto de tener que alejarme varias veces de la valla para no terminar aplastado por el desenfreno y la adrenalina del momento.
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La actuación de la banda fue sobresaliente. Sonido potente, perfectamente ajustado y una ejecución impecable. El público respondió coreando cada estribillo de clásicos como “Among the Living”, “Madhouse” y “Caught in a Mosh”.
En su setlist de doce canciones también hubo lugar para material nuevo con “It’s for the Kids”, adelanto de lo que será su próximo disco, cuyo lanzamiento está previsto para este año.
Joey Belladonna y Scott Ian estuvieron sumamente inspirados durante toda la presentación y en más de una oportunidad manifestaron por micrófono su sorpresa por la energía y la entrega del público. Debo reconocer que el concierto fue una verdadera fiesta.
Como dato adicional, el baterista Charlie Benante no pudo presentarse debido a una lesión en su mano derecha. En su lugar estuvo el británico Darby Todd, quien ofreció una actuación impactante y de altísimo nivel profesional.
En resumen, fue un espectáculo extraordinario, con mucha interacción con el público y una ejecución magistral por parte de todos los músicos.
Finalizado el show aparecieron los presentadores del festival, se encendieron las luces y poco a poco comenzamos el regreso a casa, con el cuerpo agotado, pero el corazón completamente lleno.




En esta ocasión comenzamos la jornada con buenas expectativas, ya que el clima pintaba ideal, con mucho calor y cielos completamente despejados. Como siempre, atravesamos la entrada principal y nuevamente nos recibieron Darth Vader y los Stormtroopers (porque esto no es solo música, sino también cosplayers disfrazados al mejor estilo Disney Parks, entre tantas otras atracciones).
El ambiente parecía próspero e ideal para una gran jornada, así que comenzamos temprano presenciando la performance de Handgemeng en el escenario Pandæmonium. Pocos eran los presentes, pero esta banda danesa de stoner metal se hizo escuchar gracias a sus ritmos pegadizos y una presentación realmente entretenida.
Finalizado el show nos volvimos al escenario principal, donde ya se encontraba Imminence. Esta agrupación dio cátedra de actitud y calidad musical. No dejaron de arengar a un público todavía somnoliento y con poca reacción, posiblemente por el cansancio acumulado de los días anteriores. El sonido fue excelente y terminó ganándose los aplausos de la gente, que con unas buenas cervezas comenzaba a sacudirse la resaca.
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Sin esperar el final del show salimos corriendo para acomodarnos y disfrutar del siguiente concierto, que en pocos minutos ofrecería Trivium.
La banda de metalcore salió puntualmente a las 16:00 y el repertorio incluyó canciones como “Until the World Goes Cold”, “The Heart From Your Hate” y el clásico “In Waves”. Fue un concierto intenso, con mucho fuego sobre el escenario y los músicos mostrando un nivel superlativo. Sin embargo, el público no acompañó demasiado, al menos desde el lugar donde nos encontrábamos. Se notaba que había muchos curiosos que no eran seguidores de la banda y no cantaban ni se emocionaban con lo que estaban viendo. Tal vez, más cerca del escenario, la historia era diferente.
Haciendo un alto para descansar, nos dimos una vuelta por los puestos de merchandising, donde pudimos apreciar las remeras oficiales de las bandas, además de camperas de cuero, chalecos, parches, gorras y todo tipo de accesorios. En este tipo de festivales nunca falta absolutamente nada: todo está perfectamente diseñado para que compres y gastes, incluso en cosas que no necesitás. Y ahí estaba yo… comprando y comprando.
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Luego de esta breve pausa entre conciertos nos fuimos rápidamente a ver el show de Soilwork. Debo reconocer que fue un acierto total haber elegido esta presentación, aun coincidiendo con P.O.D. en otro escenario.
La performance de los músicos fue excelente, tanto desde lo sonoro como en lo interpretativo. Las melodías pegadizas hicieron vibrar al público y fue un show muy emocionante, donde no faltaron el circle pit ni el stage diving entre los aficionados.
Cerca de las 18:30 hizo su aparición sobre el escenario A Perfect Circle. El proyecto paralelo de Maynard James Keenan comenzó su presentación con “The Package”, envolviendo el recinto en una atmósfera mística de meditación y trance, con muchos elementos que inevitablemente remiten a TOOL.
El grupo sonó realmente bien y brindó un show muy emotivo con canciones como “Weak and Powerless”, “The Outsider”, “3 Libras” y el clásico “Judith”. En el tiempo que estuvieron sobre el escenario no faltó ningún condimento en una propuesta alejada de la distorsión y la agresividad del metal convencional, ofreciendo una experiencia sonora sumamente interesante para los amantes del rock alternativo.
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Como headliner principal de esta jornada, Copenhell decidió reunir a varios músicos daneses de renombre bajo el nombre 15 Years in Hell, un espectáculo conmemorativo por los quince años del festival que rindió homenaje a muchas de las grandes bandas que pasaron por sus escenarios, como Black Sabbath, Slipknot y Korn, entre otras, acompañado además por un DJ que reinterpretó varios clásicos del metal en formato remix.
A las 23:15, con absoluta puntualidad, salió a escena lo que para mí fue la mejor banda de toda esta edición de Copenhell: Anthrax.
Pocas bandas me han impresionado tanto en vivo como Anthrax. La gente literalmente pierde la cabeza desde el primer minuto. La respuesta del público es inmediata y aparecen todos los ingredientes: circle pit, pogo, stage diving y, si me apuran, hasta dan ganas de subirse al escenario a cantar junto a Joey Belladonna. Nunca había visto tanta gente moviéndose al ritmo del circle pit, al punto de tener que alejarme varias veces de la valla para no terminar aplastado por el desenfreno y la adrenalina del momento.
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La actuación de la banda fue sobresaliente. Sonido potente, perfectamente ajustado y una ejecución impecable. El público respondió coreando cada estribillo de clásicos como “Among the Living”, “Madhouse” y “Caught in a Mosh”.
En su setlist de doce canciones también hubo lugar para material nuevo con “It’s for the Kids”, adelanto de lo que será su próximo disco, cuyo lanzamiento está previsto para este año.
Joey Belladonna y Scott Ian estuvieron sumamente inspirados durante toda la presentación y en más de una oportunidad manifestaron por micrófono su sorpresa por la energía y la entrega del público. Debo reconocer que el concierto fue una verdadera fiesta.
Como dato adicional, el baterista Charlie Benante no pudo presentarse debido a una lesión en su mano derecha. En su lugar estuvo el británico Darby Todd, quien ofreció una actuación impactante y de altísimo nivel profesional.
En resumen, fue un espectáculo extraordinario, con mucha interacción con el público y una ejecución magistral por parte de todos los músicos.
Finalizado el show aparecieron los presentadores del festival, se encendieron las luces y poco a poco comenzamos el regreso a casa, con el cuerpo agotado, pero el corazón completamente lleno.
















































