

Crónica y fotografías: Edko Fuzz
Hacía ya unos cuantos años que Pennywise no se dejaban caer por nuestros escenarios y la expectación era máxima. Convertidos desde hace décadas en una de las grandes referencias del hardcore melódico californiano, los de Hermosa Beach siguen siendo una referencia gracias a un repertorio plagado de himnos y a una actitud que nunca ha perdido su carácter combativo. El concierto de Barcelona, además, tenía un componente especial: era el último de su gira europea tras un intenso recorrido por salas y festivales. Con una Razzmatazz completamente llena y un ambiente espectacular desde mucho antes del primer acorde, la noche prometía emociones fuertes.
Los encargados de abrir fueron los catalanes Subterranean, que aprovecharon la oportunidad para defender su propuesta con ganas y sin complejos. Su descarga fue breve, pero dejó buenas sensaciones con temas como “Bajo tu piel”, “La reina de la noche” o “Me da igual”, pero suficiente para ir calentando una sala que respondió desde el principio. Con un sonido directo y contundente, dejaron claro que el hardcore local sigue gozando de buena salud y prepararon el terreno para lo que estaba por venir.
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El relevo lo tomaron los estadounidenses End It, y el nivel de intensidad dio un salto considerable. Su mezcla de hardcore clásico con una actitud descarada conectó de inmediato con un público curioso que no tardó en ir llenando la sala. La banda transmitió una energía desbordante durante todo el concierto presentando su disco “Wrong Side of Heaven” (2025) con actitud desafiante y un maestro de ceremonias, el cantante Akil Godsey, que ejerció de auténtico maestro de ceremonias. Durante unos escasos, aunque intensos, 25 minutos descargaron temas como “Pale Horse”, “Cloutbusting” o “Lifer”.
Con semejante ambiente, Pennywise lo tenía todo a favor para firmar una gran noche, y no decepcionó. Desde el arranque con “Peaceful Day” quedó claro que aquello iba a ser una celebración colectiva de nostalgia noventera. Clásicos como “My Own Country”, “Straight Ahead”, “The World”, “Waiting” o la imprescindible “Fuck Authority” fueron recibidos como auténticos himnos, mientras que temas como “Perfect People”, “Broken”, “Living for Today” o “Stand by Me” mantuvieron la intensidad en todo momento. El público respondió con una entrega absoluta, coreando cada estribillo y alimentando una energía demoledora de principio a fin. El único pero que se le puede poner al bolo: interrumpieron el set en un par de ocasiones para alargar demasiado las charlas entre canciones, rompiendo ligeramente el ritmo. Aun así, bastaban unos pocos segundos y el siguiente tema para que la sala recuperara el frenesí como si nada hubiera pasado.
El cierre no pudo ser más simbólico. Durante “Bro Hymn”, la banda quiso celebrar el final de la gira invitando al escenario a familiares, miembros de su equipo técnico e incluso a algún espontáneo que logró colarse entre el caos festivo. Una imagen perfecta para despedir una gira y para confirmar que, aunque hayan pasado los años, Pennywise sigue sabiendo cómo convertir un concierto en una auténtica comunión entre banda y público.


Crónica y fotografías: Edko Fuzz
Hacía ya unos cuantos años que Pennywise no se dejaban caer por nuestros escenarios y la expectación era máxima. Convertidos desde hace décadas en una de las grandes referencias del hardcore melódico californiano, los de Hermosa Beach siguen siendo una referencia gracias a un repertorio plagado de himnos y a una actitud que nunca ha perdido su carácter combativo. El concierto de Barcelona, además, tenía un componente especial: era el último de su gira europea tras un intenso recorrido por salas y festivales. Con una Razzmatazz completamente llena y un ambiente espectacular desde mucho antes del primer acorde, la noche prometía emociones fuertes.
Los encargados de abrir fueron los catalanes Subterranean, que aprovecharon la oportunidad para defender su propuesta con ganas y sin complejos. Su descarga fue breve, pero dejó buenas sensaciones con temas como “Bajo tu piel”, “La reina de la noche” o “Me da igual”, pero suficiente para ir calentando una sala que respondió desde el principio. Con un sonido directo y contundente, dejaron claro que el hardcore local sigue gozando de buena salud y prepararon el terreno para lo que estaba por venir.
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El relevo lo tomaron los estadounidenses End It, y el nivel de intensidad dio un salto considerable. Su mezcla de hardcore clásico con una actitud descarada conectó de inmediato con un público curioso que no tardó en ir llenando la sala. La banda transmitió una energía desbordante durante todo el concierto presentando su disco “Wrong Side of Heaven” (2025) con actitud desafiante y un maestro de ceremonias, el cantante Akil Godsey, que ejerció de auténtico maestro de ceremonias. Durante unos escasos, aunque intensos, 25 minutos descargaron temas como “Pale Horse”, “Cloutbusting” o “Lifer”.
Con semejante ambiente, Pennywise lo tenía todo a favor para firmar una gran noche, y no decepcionó. Desde el arranque con “Peaceful Day” quedó claro que aquello iba a ser una celebración colectiva de nostalgia noventera. Clásicos como “My Own Country”, “Straight Ahead”, “The World”, “Waiting” o la imprescindible “Fuck Authority” fueron recibidos como auténticos himnos, mientras que temas como “Perfect People”, “Broken”, “Living for Today” o “Stand by Me” mantuvieron la intensidad en todo momento. El público respondió con una entrega absoluta, coreando cada estribillo y alimentando una energía demoledora de principio a fin. El único pero que se le puede poner al bolo: interrumpieron el set en un par de ocasiones para alargar demasiado las charlas entre canciones, rompiendo ligeramente el ritmo. Aun así, bastaban unos pocos segundos y el siguiente tema para que la sala recuperara el frenesí como si nada hubiera pasado.
El cierre no pudo ser más simbólico. Durante “Bro Hymn”, la banda quiso celebrar el final de la gira invitando al escenario a familiares, miembros de su equipo técnico e incluso a algún espontáneo que logró colarse entre el caos festivo. Una imagen perfecta para despedir una gira y para confirmar que, aunque hayan pasado los años, Pennywise sigue sabiendo cómo convertir un concierto en una auténtica comunión entre banda y público.


























