

La sala Revi Space de Madrid volvió a encender sus motores el pasado 17 de julio para acoger una noche de puro metal subterráneo, autenticidad y resistencia. El cartel estaba encabezado por los barceloneses Savaged, que venían escoltados por la descarga de los locales Squalor. A nivel técnico, el recinto ofreció una respuesta impecable. El audio de la sala estuvo sumamente correcto, logrando un equilibrio idóneo entre la contundencia de las secciones rítmicas y la nitidez de las guitarras. En cuanto a la iluminación, se hizo evidente una notable mejoría desde las últimas visitas al recinto: la incorporación de más aparatos lumínicos y la presencia de una mesa dedicada a su programación y control dinámico elevaron sustancialmente la calidad visual del espectáculo, aportando una atmósfera idónea para el despliegue de ambas formaciones.
La tarde comenzó con un reto mayúsculo para Squalor. Al momento de subirse a las tablas, la pista presentaba muy poca afluencia de gente, una situación fría que lamentablemente no mejoraría en exceso durante el resto de su actuación. Sin embargo, lejos de amedrentarse, la actitud, las ganas y la estricta profesionalidad de los madrileños les permitieron calentar el ambiente y meterse en el bolsillo a los pocos allí presentes. Squalor practica un speed/thrash metal de la vieja escuela, un estilo musical que se singulariza técnicamente por la velocidad endiablada de sus tempos (ejecutados mediante intrincados ritmos de skank beat en la batería), riffs de guitarra altamente sincopados basados en el palm muting constante y líneas de bajo que siguen el galope de las estructuras a una velocidad de vértigo.
La calidad técnica de los cuatro integrantes quedó fuera de toda duda. A pesar de la sobriedad de la pista, la banda supo dinamizar el show con momentos memorables, como el instante en el que apareció en escena un casco de guerra coronado por dos latas de cerveza para marcar la tónica festiva de su propuesta. El clímax de su presentación llegó con el divertidísimo remate del dinosaurio interactuando con el público. La banda dedicó de manera hilarante su celebrado tema “Raptor Strike” a personalidades tan dispares como Bonnie Tyler y el actor Sam Neill, ambos recientemente fallecidos. Durante esta interpretación, mezclaron de forma brillante los feroces acordes de su repertorio con sutiles guiños a la banda sonora original de Jurassic Park, mientras el citado dinosaurio obligaba a la peña a unirse a un pogo improvisado. Squalor, que cuenta en su trayectoria con maquetas y sencillos muy coreados en el circuito underground local, aprovechó la coyuntura para prometer el lanzamiento de su disco en unas pocas semanas, bromeando sobre el título y el esperado eclipse solar que se avecina. Con este cierre tan enérgico, la noche quedó por todo lo alto, dejando el terreno perfectamente abonado para el plato principal.
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Fue entonces el turno de Savaged. Los catalanes llegaban a Madrid respaldados por la excelente recepción crítica de su álbum de estudio Night Assembly y singles de alto octanaje como “Running Into The Night” o “I’ve Lost My Way”, piezas que acumulan miles de reproducciones en plataformas digitales y que los posicionan como una de las realidades más firmes a nivel nacional. Su estilo se caracteriza técnicamente por rescatar la esencia del metal de los ochenta: armonizaciones de guitarra dobles al más puro estilo de la escuela británica, un uso preciso de los agudos vocales y una base rítmica monolítica que sostiene composiciones complejas pero directas.
Del paso de Savaged por la Revi Space es fundamental destacar cuatro aspectos fundamentales. En primer lugar, la banda lo dio absolutamente todo sobre el escenario, ignorando por completo que la sala no registraba una gran entrada de público; su entrega fue la de quienes tocan ante un estadio abarrotado. En segundo lugar, la voz de su cantante resultó espectacular: posee una versatilidad de registros asombrosa, capaz de alcanzar agudos estratosféricos sin perder un ápice de calidez ni belleza melódica. El tercer pilar a destacar fue el bloque rítmico; el bajo y la batería funcionaron con la precisión milimétrica de un reloj suizo, ofreciendo una ejecución sobresaliente que mantuvo el peso del concierto sin titubeos. Por último, el setlist estuvo súper bien elegido, dosificando la intensidad hasta llegar a un cierre demoledor con las tres canciones que nos dejaron con ganas de más y todos pegados al escenario.
La interpretación de su célebre tema “Texas” dejó una sorpresa terrorífica sobre las tablas que terminó por levantar por completo a la sala. Todavía puedo oler a la gasolina de la chainshaw. Para revestir su actuación, Savaged no escatimó en recursos escénicos propios de un recinto de gran formato: desplegaron dos máquinas de humo que estuvieron impecablemente controladas en todo momento por su mánager, y flanquearon el escenario con dos imponentes banderas laterales que mostraban la ilustración de la banda de espaldas contemplando un volcán en erupción. Se agradece mucho el esfuerzo y el interes por “vestir” el evento.
Este comportamiento y despliegue técnico reflejan una mentalidad de “banda grande”: saben lo que quieren y se esfuerzan por dejarlo claro desde el primer tema hasta el último. Solo queda esperar que sigan manteniendo esta intachable actitud, demostrando esa pasión innata y el interés explícito por agradar a quienes pagan una entrada. En resumidas cuentas, Savaged sale plenamente reforzada de Madrid. Conciertos como el de la Revi Space demuestran la verdadera pasión que tanta falta hace en este mundillo, triunfando con creces ante las dificultades organizativas y firmando una velada memorable para el recuerdo de la escena.


La sala Revi Space de Madrid volvió a encender sus motores el pasado 17 de julio para acoger una noche de puro metal subterráneo, autenticidad y resistencia. El cartel estaba encabezado por los barceloneses Savaged, que venían escoltados por la descarga de los locales Squalor. A nivel técnico, el recinto ofreció una respuesta impecable. El audio de la sala estuvo sumamente correcto, logrando un equilibrio idóneo entre la contundencia de las secciones rítmicas y la nitidez de las guitarras. En cuanto a la iluminación, se hizo evidente una notable mejoría desde las últimas visitas al recinto: la incorporación de más aparatos lumínicos y la presencia de una mesa dedicada a su programación y control dinámico elevaron sustancialmente la calidad visual del espectáculo, aportando una atmósfera idónea para el despliegue de ambas formaciones.
La tarde comenzó con un reto mayúsculo para Squalor. Al momento de subirse a las tablas, la pista presentaba muy poca afluencia de gente, una situación fría que lamentablemente no mejoraría en exceso durante el resto de su actuación. Sin embargo, lejos de amedrentarse, la actitud, las ganas y la estricta profesionalidad de los madrileños les permitieron calentar el ambiente y meterse en el bolsillo a los pocos allí presentes. Squalor practica un speed/thrash metal de la vieja escuela, un estilo musical que se singulariza técnicamente por la velocidad endiablada de sus tempos (ejecutados mediante intrincados ritmos de skank beat en la batería), riffs de guitarra altamente sincopados basados en el palm muting constante y líneas de bajo que siguen el galope de las estructuras a una velocidad de vértigo.
La calidad técnica de los cuatro integrantes quedó fuera de toda duda. A pesar de la sobriedad de la pista, la banda supo dinamizar el show con momentos memorables, como el instante en el que apareció en escena un casco de guerra coronado por dos latas de cerveza para marcar la tónica festiva de su propuesta. El clímax de su presentación llegó con el divertidísimo remate del dinosaurio interactuando con el público. La banda dedicó de manera hilarante su celebrado tema “Raptor Strike” a personalidades tan dispares como Bonnie Tyler y el actor Sam Neill, ambos recientemente fallecidos. Durante esta interpretación, mezclaron de forma brillante los feroces acordes de su repertorio con sutiles guiños a la banda sonora original de Jurassic Park, mientras el citado dinosaurio obligaba a la peña a unirse a un pogo improvisado. Squalor, que cuenta en su trayectoria con maquetas y sencillos muy coreados en el circuito underground local, aprovechó la coyuntura para prometer el lanzamiento de su disco en unas pocas semanas, bromeando sobre el título y el esperado eclipse solar que se avecina. Con este cierre tan enérgico, la noche quedó por todo lo alto, dejando el terreno perfectamente abonado para el plato principal.
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Fue entonces el turno de Savaged. Los catalanes llegaban a Madrid respaldados por la excelente recepción crítica de su álbum de estudio Night Assembly y singles de alto octanaje como “Running Into The Night” o “I’ve Lost My Way”, piezas que acumulan miles de reproducciones en plataformas digitales y que los posicionan como una de las realidades más firmes a nivel nacional. Su estilo se caracteriza técnicamente por rescatar la esencia del metal de los ochenta: armonizaciones de guitarra dobles al más puro estilo de la escuela británica, un uso preciso de los agudos vocales y una base rítmica monolítica que sostiene composiciones complejas pero directas.
Del paso de Savaged por la Revi Space es fundamental destacar cuatro aspectos fundamentales. En primer lugar, la banda lo dio absolutamente todo sobre el escenario, ignorando por completo que la sala no registraba una gran entrada de público; su entrega fue la de quienes tocan ante un estadio abarrotado. En segundo lugar, la voz de su cantante resultó espectacular: posee una versatilidad de registros asombrosa, capaz de alcanzar agudos estratosféricos sin perder un ápice de calidez ni belleza melódica. El tercer pilar a destacar fue el bloque rítmico; el bajo y la batería funcionaron con la precisión milimétrica de un reloj suizo, ofreciendo una ejecución sobresaliente que mantuvo el peso del concierto sin titubeos. Por último, el setlist estuvo súper bien elegido, dosificando la intensidad hasta llegar a un cierre demoledor con las tres canciones que nos dejaron con ganas de más y todos pegados al escenario.
La interpretación de su célebre tema “Texas” dejó una sorpresa terrorífica sobre las tablas que terminó por levantar por completo a la sala. Todavía puedo oler a la gasolina de la chainshaw. Para revestir su actuación, Savaged no escatimó en recursos escénicos propios de un recinto de gran formato: desplegaron dos máquinas de humo que estuvieron impecablemente controladas en todo momento por su mánager, y flanquearon el escenario con dos imponentes banderas laterales que mostraban la ilustración de la banda de espaldas contemplando un volcán en erupción. Se agradece mucho el esfuerzo y el interes por “vestir” el evento.
Este comportamiento y despliegue técnico reflejan una mentalidad de “banda grande”: saben lo que quieren y se esfuerzan por dejarlo claro desde el primer tema hasta el último. Solo queda esperar que sigan manteniendo esta intachable actitud, demostrando esa pasión innata y el interés explícito por agradar a quienes pagan una entrada. En resumidas cuentas, Savaged sale plenamente reforzada de Madrid. Conciertos como el de la Revi Space demuestran la verdadera pasión que tanta falta hace en este mundillo, triunfando con creces ante las dificultades organizativas y firmando una velada memorable para el recuerdo de la escena.




















