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Pestilence en Buenos Aires: “Un deja vu de lo que vienen haciendo”
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Hay bandas que suelen tardar en venir. Que se presentan una vez, hacen su show y luego por un largo periodo de tiempo, no volvemos a saber de ellos. Dejando pasar los años, sin tener la certeza exacta de si van a volver. Por otro lado, están aquellos grupos que son garantía anual, y que sin importar la circunstancia siempre hacen acto de presencia. Pestilence, es uno de esos.

A menos de un año de su última presentación, Patrick Mameli y los suyos volvieron a tierras argentinas para compartir toda la furia y tecnicismo de su Death Metal con su base de fanáticos radicada en el país. En una noche apasionante como íntima.

Y es que en esta ocasión, el lugar de los hechos fue el Club Cultural Bula, ubicado en la localidad de Almagro, en medio del corazón de la ciudad de Buenos Aires. Un recinto con una capacidad aproximada para 200 personas, el cual resultó adecuado para la convocatoria que tuvo el show. Ya que la base de seguidores más fiel y acérrima del grupo fue la que dijo presente desde temprano el pasado martes 14 de Julio.

La apertura estuvo a cargo de Dead Rooster, agrupación bonaerense que en el último tiempo vino ganando mucho terreno y reconocimiento, y que aprovechó la ocasión para descargar su potente Death Metal con tintes de Death ‘n’ Roll a lo Entombed, con suma eficiencia. Sin demoras, ni grandes monólogos, la banda puso en marcha su presentación y soltó canción tras canción, todo el material que se traían entre manos.

El resultado fue una actuación formidable, con un desempeño colectivo notable. En dónde las guitarras fungieron como la principal guía musical pero el explosivo arrebato de su vocalista, Iván, resultó en ese impulso necesario para elevar la propuesta del grupo y llevarla a un nivel más alto de fuerza e intensidad.

Una carta de entrada sin “peros”, que dejó en evidencia el gran momento que viene atravesando el conjunto argentino.

Siguiendo por la misma senda, Burden Rage se presentó para mantener esa vara con su estilo más abrasivo y complejo. En gran parte lo lograron. Los blast beats junto con los acelerados riffs fueron los principales participes de esto, fusionando el death metal más clásico junto con pinceladas técnicas que dejaron al descubierto las reconocibles influencias de Decapitated o Benighted en su sonido.

Pese a lo complicado que resulta a veces plasmar este tipo de fórmulas en vivo, afortunadamente el audio se pudo apreciar y en ningún momento se convirtió en una bola de ruido molesta para el oído. Únicamente contaron con un pequeño desperfecto técnico en el micrófono de su cantante sobre el final de su presentación. Pero por fuera de eso, un show dinámico que dejó todo preparado para el plato fuerte de la noche.

Tal como estaba organizado, Pestilence salió al escenario poco antes de las 22hs y tras una pequeña ronda de aplausos y saludos, Mameli puso primera y arrancó con “The Secrecies of Horror”, un clásico del aclamado Testimony Of The Ancients (1991). Una decisión acertada para meterse ya de entrada a la gente en el bolsillo y para desplegar toda su destreza tanto vocal como instrumental.

Y es que a diferencia del año pasado, donde tuvo un arranque enfocado en el material de su más reciente trabajo, en esta ocasión el músico balanceo de mejor manera los temas clásicos con las composiciones de su etapa moderna. Pasando de un “Morbvs Propagationem” a un mítico “Dehydrated”. Para después volver al Exitivm (2021) con “Deificvs”. De esta forma, el show se sintió mas fluido. Y no tan marcado en “bloques” como en su última presentación junto a Cancer en 2025.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Masacre en Buenos Aires: “Death Metal Forever”

“The Process of Suffocation” y “Chronic Infection” aparecieron para levantar en alto la bandera del Consuming Impulse (1989) mientras que “Lost Souls” y “Prophetic Revelations” nos volvieron a teletransportar a 1991, al debut de Mameli como líder y vocalista del grupo. Himnos infalibles, sin dudas. Pero que resultaron muy familiares.

Y ya que habíamos entrado en comparaciones, voy a seguir un poco por esta línea. Y es que el repertorio de los neerlandeses no varío mucho con respecto al de sus últimas actuaciones en el país. Algo que no es ninguna novedad, realmente. Pero que terminó por afectar un poco la experiencia del grupo en esta ocasión. Ya que fue inevitable no sentir una sensación de “deja vú” en el show. Viendo las mismas canciones siendo interpretadas otra vez.

Y acá necesito ser claro. Porque si bien, nadie va a negar la excelencia y maestría de las dos mayores obras insignias de Pestilence, como lo son Consuming Impulse (1989) y Testimony Of The Ancients (1991), la realidad es que desde hace tiempo Mameli viene priorizando únicamente las composiciones de estos trabajos, y dejando de lado otras joyas de su catálogo como su demoledor debut Malleus Maleficarum (1988) o el magistral Spheres (1993). Dos trabajos que terminan siendo ignorados a la hora de ser defendidos en vivo. Y esto resulta una lástima, teniendo en cuenta las continuas presentaciones del grupo en el último tiempo. Porque nadie duda de cuáles son los clásicos indiscutidos. Sin embargo, no deja de sentirse un sabor semi amargo en la boca al no aprovechar la oportunidad para traer al escenario piezas como “Antromorphia”, “Parricide” o “The Level of Perception”.

Pero dejando a un lado este asunto, la actuación del conjunto fue impecable. Y la producción también. Contando con un gran sonido que permitió disfrutar del virtuosismo y talento de cada uno de los músicos.

Mameli, también estuvo en nivel. Incluso, se lo notó más cómodo en lo vocal donde se mantuvo regular y sus guturales se sintieron más naturales. Especialmente, en los temas pertenecientes a la era Van Drunen, como “The Trauma” o “Reduced to Ashes”.

El público por su parte estuvo más cauto. Disfrutando el show en un estado más contemplativo, sin tanto descontrol como se podría esperar en una fecha de esta índole. Incluso, con el clímax final “Out of the Body”, con la que la banda se despidió una vez más.

De esta forma, Pestilence dijo presente nuevamente en el país. Con un espectáculo sin tantas sorpresas, aunque al nivel que acostumbran a dar. Sin nada nuevo en el horizonte, pero que seguro que dejo satisfechos a la mayoría de los presentes.

PH: Ishtarshots (Gentileza de Sergio de Metal Press)

 

 

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Pestilence en Buenos Aires: “Un deja vu de lo que vienen haciendo”
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Hay bandas que suelen tardar en venir. Que se presentan una vez, hacen su show y luego por un largo periodo de tiempo, no volvemos a saber de ellos. Dejando pasar los años, sin tener la certeza exacta de si van a volver. Por otro lado, están aquellos grupos que son garantía anual, y que sin importar la circunstancia siempre hacen acto de presencia. Pestilence, es uno de esos.

A menos de un año de su última presentación, Patrick Mameli y los suyos volvieron a tierras argentinas para compartir toda la furia y tecnicismo de su Death Metal con su base de fanáticos radicada en el país. En una noche apasionante como íntima.

Y es que en esta ocasión, el lugar de los hechos fue el Club Cultural Bula, ubicado en la localidad de Almagro, en medio del corazón de la ciudad de Buenos Aires. Un recinto con una capacidad aproximada para 200 personas, el cual resultó adecuado para la convocatoria que tuvo el show. Ya que la base de seguidores más fiel y acérrima del grupo fue la que dijo presente desde temprano el pasado martes 14 de Julio.

La apertura estuvo a cargo de Dead Rooster, agrupación bonaerense que en el último tiempo vino ganando mucho terreno y reconocimiento, y que aprovechó la ocasión para descargar su potente Death Metal con tintes de Death ‘n’ Roll a lo Entombed, con suma eficiencia. Sin demoras, ni grandes monólogos, la banda puso en marcha su presentación y soltó canción tras canción, todo el material que se traían entre manos.

El resultado fue una actuación formidable, con un desempeño colectivo notable. En dónde las guitarras fungieron como la principal guía musical pero el explosivo arrebato de su vocalista, Iván, resultó en ese impulso necesario para elevar la propuesta del grupo y llevarla a un nivel más alto de fuerza e intensidad.

Una carta de entrada sin “peros”, que dejó en evidencia el gran momento que viene atravesando el conjunto argentino.

Siguiendo por la misma senda, Burden Rage se presentó para mantener esa vara con su estilo más abrasivo y complejo. En gran parte lo lograron. Los blast beats junto con los acelerados riffs fueron los principales participes de esto, fusionando el death metal más clásico junto con pinceladas técnicas que dejaron al descubierto las reconocibles influencias de Decapitated o Benighted en su sonido.

Pese a lo complicado que resulta a veces plasmar este tipo de fórmulas en vivo, afortunadamente el audio se pudo apreciar y en ningún momento se convirtió en una bola de ruido molesta para el oído. Únicamente contaron con un pequeño desperfecto técnico en el micrófono de su cantante sobre el final de su presentación. Pero por fuera de eso, un show dinámico que dejó todo preparado para el plato fuerte de la noche.

Tal como estaba organizado, Pestilence salió al escenario poco antes de las 22hs y tras una pequeña ronda de aplausos y saludos, Mameli puso primera y arrancó con “The Secrecies of Horror”, un clásico del aclamado Testimony Of The Ancients (1991). Una decisión acertada para meterse ya de entrada a la gente en el bolsillo y para desplegar toda su destreza tanto vocal como instrumental.

Y es que a diferencia del año pasado, donde tuvo un arranque enfocado en el material de su más reciente trabajo, en esta ocasión el músico balanceo de mejor manera los temas clásicos con las composiciones de su etapa moderna. Pasando de un “Morbvs Propagationem” a un mítico “Dehydrated”. Para después volver al Exitivm (2021) con “Deificvs”. De esta forma, el show se sintió mas fluido. Y no tan marcado en “bloques” como en su última presentación junto a Cancer en 2025.

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Y ya que habíamos entrado en comparaciones, voy a seguir un poco por esta línea. Y es que el repertorio de los neerlandeses no varío mucho con respecto al de sus últimas actuaciones en el país. Algo que no es ninguna novedad, realmente. Pero que terminó por afectar un poco la experiencia del grupo en esta ocasión. Ya que fue inevitable no sentir una sensación de “deja vú” en el show. Viendo las mismas canciones siendo interpretadas otra vez.

Y acá necesito ser claro. Porque si bien, nadie va a negar la excelencia y maestría de las dos mayores obras insignias de Pestilence, como lo son Consuming Impulse (1989) y Testimony Of The Ancients (1991), la realidad es que desde hace tiempo Mameli viene priorizando únicamente las composiciones de estos trabajos, y dejando de lado otras joyas de su catálogo como su demoledor debut Malleus Maleficarum (1988) o el magistral Spheres (1993). Dos trabajos que terminan siendo ignorados a la hora de ser defendidos en vivo. Y esto resulta una lástima, teniendo en cuenta las continuas presentaciones del grupo en el último tiempo. Porque nadie duda de cuáles son los clásicos indiscutidos. Sin embargo, no deja de sentirse un sabor semi amargo en la boca al no aprovechar la oportunidad para traer al escenario piezas como “Antromorphia”, “Parricide” o “The Level of Perception”.

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