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Beartooth
Pure Ecstasy (2026)
Fearless Records

TRACKLIST
1. Pure Ecstasy
2. Eyes Closed
3. Bullshit
4. Beautiful Again
5. Stadiums
6. Free
7. Sorry
8. Lose You to Find Me
9. You
10. For Me by Me
11. I Made It

Los críticos suelen (solemos) prestarle mucha atención a los álbumes editados inmediatamente después de algún momento importante en la vida del artista en cuestión. Asumo que debe ser porque, de vez en cuando, nos gusta que la idea del “álbum más personal hasta ahora” sea una realidad y no un simple cliché de los creativos publicitarios al momento de promocionar los álbumes: véase cosas tan disímiles como Blood on the Tracks de Bob Dylan o …And Justice For All de Metallica como ejemplos. Entonces, ¿cómo entra este disco de Beartooth acá? O, considerando el público de esta página, tal vez tendría que preguntar qué o quién es Beartooth.

A pesar de ser oficialmente una banda, Beartooth siempre ha sido un proyecto centrado en la figura de su cantante, compositor principal y único fundador Caleb Shomo. Cuando escuché acerca de Beartooth, me sorprendió descubrir que ya me había cruzado con la figura de Shomo años atrás, con el video de “Stick Stickly” de Attack Attack!, uno de los videos más ridículos y al mismo tiempo icónicos de la época del “metalcore MySpace” de los 2000. Shomo era el cantante y tecladista de la banda, y se fue en 2012 para fundar su propio proyecto, este Beartooth con el que sacó seis álbumes y se ganó un grupo de fans fieles en medio de la escena de ensalada de metalcore / post hardcore / metal alternativo y demás. En agosto tuvimos la salida de Pure Ecstasy, su séptimo álbum de estudio.

¿Qué tenemos en Pure Ecstasy? Voy a ser sincero: hay muchos elementos del estilo de Beartooth, sea en este álbum o en general, que puedo disfrutar sólo a cuentagotas. Tendré casi la misma edad que Caleb Shomo, pero tengo en claro que el estilo de Beartooth, en su conjunto, está dirigido a un público más joven o al menos bastante diferente al que sea que yo pertenezca. El álbum en sí es un rejunte de diferentes tendencias actuales tanto en música pesada como en rock en general, donde las guitarras distorsionadas y procesadas se encuentran con elementos de electrónica y a veces estos cambian de lugar y es la electrónica la que pasa a primer plano. 

El problema con el estilo de Beartooth y muchas bandas parecidas es que muchas veces no se sientan como bandas, sino más como un cantante que hace lo suyo con alguna pista de fondo hecha en FL Studio: hay una diferencia de actitud entre ambos, eh. Las partes con los riffs furiosos y las voces gritadas me parecen las mejores del álbum, mientras que las partes con las voces limpias con efectos y las bases electrónicas a veces se me hacen demasiado largas, como si quisiera fijarme cuánto falta hasta que vuelvan las guitarras. No sé, debe ser que mucha de esta percusión electrónica la relaciono con música impersonal de historia de Instagram.

Y, a pesar de ello, no “odio” esos momentos. A las guitarras le faltarán algo de músculo, no puedo mencionar nada que haya hecho el bajo, las baterías son bastante artificiales y el álbum tiene una sobredosis de momentos de “pop tiktokero”, pero hay algo en mí que termina disfrutando bastante del álbum: puede ser alguna clase de síndrome de Estocolmo. Tomemos por ejemplo “Bullshit”, con esos versos medio rapeados que parecen una versión edgy de Justin Timberlake y después nos sepulta bajo una montaña de guitarras procesadas acompañadas de voces limpias: no pude evitar hacer una expresión de “¿Qué estoy escuchando?” las primeras veces… y a las pocas reproducciones estaba tarareando el “tatatá” que hacen las guitarras y hasta ese flow básico de los versos.

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Ese tipo de cosas le terminan dando una dinámica interesante al álbum, contrastando la furia con las melodías empalagosas que Beartooth suele meter en los momentos más pop del disco. Y sí, esas partes pop metidas en el medio hacen que las partes más pesadas se sientan más impactantes: si le borrara las partes melódicas lo más seguro es que las partes pesadas se sientan un tanto estériles, tal vez a causa del sonido procesado que tienen las guitarras, pero el contraste termina dándoles su propia personalidad. 

“You” nos engaña con otro inicio electrónico y de repente se vuelve una de las canciones más pesadas del álbum, con blast beats deathmetaleros y toda la bola. Y también está “Beautiful Again”, que tiene una melodía con una sobredosis melosidad que al principio se me hizo demasiado básica y con el paso de las reproducciones me terminó comprando: es como si la hubieran sacado de algún demo perdido de 20 años atrás, seguro hubiera sido un hitazo en MySpace en su momento. Pure Ecstasy tiene mucho de eso: la clase de canciones que serían placeres culposos de alguien y que escucharía a escondidas para que no lo juzguen.

Ah, y hablando de hacer cosas a escondidas.

Mencioné antes el tema de que a los críticos nos gustan los álbumes que reflejen algo personal del artista, y ese es el caso de Pure Ecstasy. Hay que saber que en mayo de 2026, Caleb Shomo reveló por redes sociales que es gay, algo que fue de la mano con el anuncio del fin de su matrimonio de 14 años, una cifra que hay que poner en la perspectiva de que se casó cuando tenía 19. Algún lector puede llegar a decir que esto no importará porque en estos días “a los gays ya no se los oprime” o algo así, pero hay que tener en cuenta que Shomo nació en una familia de cristianos evangélicos y que Attack Attack! era una banda cristiana o al menos una banda con influencias cristianas, y digamos que ese mundo no es el más amigable para las minorías sexuales, fuera en 2006, 2016 o incluso en 2026. 

Algunos álbumes logran ser sutiles al momento de hablar sobre los problemas personales de los artistas, pero Pure Ecstasy no es uno de ellos: en los 38 minutos del álbum, las canciones tienen la misma sutileza que un martillazo en la cara al momento de reflejar los conflictos personales del cantante. Ya desde la primera canción, el tema título “Pure Ecstasy”, tenemos a Shomo cantando “¿Debería sacrificar mi vida? / ¿Enfrentarme a la verdad o vivir esta mentira?”. 

Es una temática que recorre casi todo el álbum, y hasta diría que por momentos se puede poner un tanto repetitivo en ese ámbito. Sin tener idea de la historia de Shomo podría llegar a asumir que Beartooth sería una banda cristiana: el cantante habrá dicho que está alejado de la religión, pero está claro que su crianza y los años de tocar junto a bandas cristianas dejaron esa influencia en la manera de expresar, con tantas menciones sobre sentirse libre, de encontrar un nuevo propósito en la vida y frases similares.

Pero considerando los problemas mentales que ha sufrido Caleb Shomo a lo largo de su vida, con problemas de adicciones e incluso tendencias suicidas, está claro que un álbum como Pure Ecstasy va más allá de ser un compilado de canciones y directamente es un espacio donde Shomo se desahoga después de años de ocultarse. Eso podría haber dado lugar a un disco oscuro y un tanto incómodo, pero en su lugar tenemos muchas canciones diseñadas para ser himnos de estadio o himnos personales, casi “inspiradores” y ciertamente pasados de azúcar por momentos pero que no viene mal para escuchar aunque sea una vez y ver si le termina llegando.

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Pure Ecstasy (2026)
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2. Eyes Closed
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5. Stadiums
6. Free
7. Sorry
8. Lose You to Find Me
9. You
10. For Me by Me
11. I Made It




Los críticos suelen (solemos) prestarle mucha atención a los álbumes editados inmediatamente después de algún momento importante en la vida del artista en cuestión. Asumo que debe ser porque, de vez en cuando, nos gusta que la idea del “álbum más personal hasta ahora” sea una realidad y no un simple cliché de los creativos publicitarios al momento de promocionar los álbumes: véase cosas tan disímiles como Blood on the Tracks de Bob Dylan o …And Justice For All de Metallica como ejemplos. Entonces, ¿cómo entra este disco de Beartooth acá? O, considerando el público de esta página, tal vez tendría que preguntar qué o quién es Beartooth.

A pesar de ser oficialmente una banda, Beartooth siempre ha sido un proyecto centrado en la figura de su cantante, compositor principal y único fundador Caleb Shomo. Cuando escuché acerca de Beartooth, me sorprendió descubrir que ya me había cruzado con la figura de Shomo años atrás, con el video de “Stick Stickly” de Attack Attack!, uno de los videos más ridículos y al mismo tiempo icónicos de la época del “metalcore MySpace” de los 2000. Shomo era el cantante y tecladista de la banda, y se fue en 2012 para fundar su propio proyecto, este Beartooth con el que sacó seis álbumes y se ganó un grupo de fans fieles en medio de la escena de ensalada de metalcore / post hardcore / metal alternativo y demás. En agosto tuvimos la salida de Pure Ecstasy, su séptimo álbum de estudio.

¿Qué tenemos en Pure Ecstasy? Voy a ser sincero: hay muchos elementos del estilo de Beartooth, sea en este álbum o en general, que puedo disfrutar sólo a cuentagotas. Tendré casi la misma edad que Caleb Shomo, pero tengo en claro que el estilo de Beartooth, en su conjunto, está dirigido a un público más joven o al menos bastante diferente al que sea que yo pertenezca. El álbum en sí es un rejunte de diferentes tendencias actuales tanto en música pesada como en rock en general, donde las guitarras distorsionadas y procesadas se encuentran con elementos de electrónica y a veces estos cambian de lugar y es la electrónica la que pasa a primer plano. 

El problema con el estilo de Beartooth y muchas bandas parecidas es que muchas veces no se sientan como bandas, sino más como un cantante que hace lo suyo con alguna pista de fondo hecha en FL Studio: hay una diferencia de actitud entre ambos, eh. Las partes con los riffs furiosos y las voces gritadas me parecen las mejores del álbum, mientras que las partes con las voces limpias con efectos y las bases electrónicas a veces se me hacen demasiado largas, como si quisiera fijarme cuánto falta hasta que vuelvan las guitarras. No sé, debe ser que mucha de esta percusión electrónica la relaciono con música impersonal de historia de Instagram.

Y, a pesar de ello, no “odio” esos momentos. A las guitarras le faltarán algo de músculo, no puedo mencionar nada que haya hecho el bajo, las baterías son bastante artificiales y el álbum tiene una sobredosis de momentos de “pop tiktokero”, pero hay algo en mí que termina disfrutando bastante del álbum: puede ser alguna clase de síndrome de Estocolmo. Tomemos por ejemplo “Bullshit”, con esos versos medio rapeados que parecen una versión edgy de Justin Timberlake y después nos sepulta bajo una montaña de guitarras procesadas acompañadas de voces limpias: no pude evitar hacer una expresión de “¿Qué estoy escuchando?” las primeras veces… y a las pocas reproducciones estaba tarareando el “tatatá” que hacen las guitarras y hasta ese flow básico de los versos.

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Ese tipo de cosas le terminan dando una dinámica interesante al álbum, contrastando la furia con las melodías empalagosas que Beartooth suele meter en los momentos más pop del disco. Y sí, esas partes pop metidas en el medio hacen que las partes más pesadas se sientan más impactantes: si le borrara las partes melódicas lo más seguro es que las partes pesadas se sientan un tanto estériles, tal vez a causa del sonido procesado que tienen las guitarras, pero el contraste termina dándoles su propia personalidad. 

“You” nos engaña con otro inicio electrónico y de repente se vuelve una de las canciones más pesadas del álbum, con blast beats deathmetaleros y toda la bola. Y también está “Beautiful Again”, que tiene una melodía con una sobredosis melosidad que al principio se me hizo demasiado básica y con el paso de las reproducciones me terminó comprando: es como si la hubieran sacado de algún demo perdido de 20 años atrás, seguro hubiera sido un hitazo en MySpace en su momento. Pure Ecstasy tiene mucho de eso: la clase de canciones que serían placeres culposos de alguien y que escucharía a escondidas para que no lo juzguen.

Ah, y hablando de hacer cosas a escondidas.

Mencioné antes el tema de que a los críticos nos gustan los álbumes que reflejen algo personal del artista, y ese es el caso de Pure Ecstasy. Hay que saber que en mayo de 2026, Caleb Shomo reveló por redes sociales que es gay, algo que fue de la mano con el anuncio del fin de su matrimonio de 14 años, una cifra que hay que poner en la perspectiva de que se casó cuando tenía 19. Algún lector puede llegar a decir que esto no importará porque en estos días “a los gays ya no se los oprime” o algo así, pero hay que tener en cuenta que Shomo nació en una familia de cristianos evangélicos y que Attack Attack! era una banda cristiana o al menos una banda con influencias cristianas, y digamos que ese mundo no es el más amigable para las minorías sexuales, fuera en 2006, 2016 o incluso en 2026. 

Algunos álbumes logran ser sutiles al momento de hablar sobre los problemas personales de los artistas, pero Pure Ecstasy no es uno de ellos: en los 38 minutos del álbum, las canciones tienen la misma sutileza que un martillazo en la cara al momento de reflejar los conflictos personales del cantante. Ya desde la primera canción, el tema título “Pure Ecstasy”, tenemos a Shomo cantando “¿Debería sacrificar mi vida? / ¿Enfrentarme a la verdad o vivir esta mentira?”. 

Es una temática que recorre casi todo el álbum, y hasta diría que por momentos se puede poner un tanto repetitivo en ese ámbito. Sin tener idea de la historia de Shomo podría llegar a asumir que Beartooth sería una banda cristiana: el cantante habrá dicho que está alejado de la religión, pero está claro que su crianza y los años de tocar junto a bandas cristianas dejaron esa influencia en la manera de expresar, con tantas menciones sobre sentirse libre, de encontrar un nuevo propósito en la vida y frases similares.

Pero considerando los problemas mentales que ha sufrido Caleb Shomo a lo largo de su vida, con problemas de adicciones e incluso tendencias suicidas, está claro que un álbum como Pure Ecstasy va más allá de ser un compilado de canciones y directamente es un espacio donde Shomo se desahoga después de años de ocultarse. Eso podría haber dado lugar a un disco oscuro y un tanto incómodo, pero en su lugar tenemos muchas canciones diseñadas para ser himnos de estadio o himnos personales, casi “inspiradores” y ciertamente pasados de azúcar por momentos pero que no viene mal para escuchar aunque sea una vez y ver si le termina llegando.

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