


Después de casi doce horas dentro del recinto el día anterior, la jornada no terminó precisamente al salir de la fortaleza. Entre llegar al alojamiento, descargar todo el material y editar las fotografías de avance para la web, terminé acostándome cerca de las cuatro de la mañana. A las 8:45 ya estaba esperando el bus para volver a Josefov y afrontar el último día del Brutal Assault. Después de desayunar fuerte en los alrededores de la fortaleza, entré en la zona de prensa, que a esas horas estaba prácticamente vacía, dejé mis cosas y me dirigí directamente a ver a Vulvodynia, que tocaban a las 11:00. No era precisamente el horario ideal después de la paliza del día anterior, pero los sudafricanos hicieron todo lo posible para despertar hasta al más dormido con su brutal death metal, cargado de breakdowns y una pegada considerable. La banda salió con mucha intensidad y canciones como “King Emesis”, “Adamaster” o “Psychosadistic Design” demostraron que no necesitaban esperar a la tarde para empezar a poner el festival patas arriba.
Después de Vulvodynia llegó uno de esos momentos que también forman parte de cualquier festival de cuatro días: aprovechar los cuarenta minutos de Djerv para dormir. A los noruegos ya los había visto unos meses antes en Copenhell, así que esta vez decidí sacrificar el concierto y buscar un sofá en el Kal Stage. Después de haber dormido apenas unas horas, la posibilidad de sentarme y cerrar los ojos durante un rato era bastante más necesaria que sumar otro concierto a la lista. Fue una de esas pequeñas decisiones que permiten llegar con algo más de vida al tramo final de una jornada que todavía iba a ser larguísima.
Con algo más de energía volví al circuito de escenarios para Heavy//Hitter, que descargaron su hardcore/beatdown de una manera tan directa como contundente. Su propuesta funciona especialmente bien en un festival de estas características, donde el público está preparado para recibir una buena dosis de golpes, breakdowns y movimiento constante. Después llegó Revocation, una de las bandas que más ganas tenía de ver durante esta última jornada. Los estadounidenses volvieron a demostrar su enorme precisión instrumental, combinando technical death metal y thrash con una facilidad que hace que sus canciones parezcan todavía más complejas en directo. Las guitarras de Dave Davidson fueron nuevamente uno de los grandes protagonistas, alternando riffs tremendamente técnicos con solos y cambios de ritmo que obligan a estar pendiente de cada detalle.
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Tras Revocation tocaba bajar un poco la complejidad técnica para encontrarnos con una institución del thrash como Sacred Reich. Los estadounidenses ofrecieron un concierto muy centrado en sus canciones más reconocibles y en esa capacidad que tienen para hacer que el público participe prácticamente desde el primer minuto. “The American Way”, “Independent” y “Love…Hate” volvieron a demostrar que el material clásico de la banda mantiene una fuerza considerable cuando se lleva a un escenario de estas dimensiones. Sin grandes artificios y apoyándose principalmente en las canciones, Sacred Reich hicieron uno de esos conciertos que funcionan precisamente porque no necesitan complicarse demasiado.
El siguiente bloque fue especialmente interesante para quienes disfrutamos del death metal más clásico y extremo. Monstrosity llevaron al escenario toda esa experiencia acumulada desde finales de los ochenta, recuperando buena parte de ese sonido técnico y agresivo que los convirtió en una referencia del death metal estadounidense. El material de Millennium sigue sonando especialmente bien en directo, con guitarras muy precisas y una batería que mantiene el ataque constante. Después llegó Demolition Hammer, que directamente se encargaron de recuperar el lado más salvaje del thrash metal. Su propuesta tiene poco de complaciente y mucho de agresividad, con riffs pesados y una velocidad que todavía sorprende cuando pensamos en la época en la que fueron escritos algunos de estos temas. Dos conciertos muy diferentes, pero unidos por esa sensación de estar viendo a dos nombres que forman parte de la historia del metal extremo estadounidense.
A media tarde tocaba cambiar completamente de ambiente con Imminence. Los suecos han conseguido desarrollar una personalidad bastante reconocible dentro del metalcore gracias, entre otras cosas, al uso del violín como elemento central de sus composiciones. Eddie Berg volvió a alternar las voces con el instrumento mientras la banda repasaba canciones como “Temptation”, “Death by a Thousand Cuts”, “The Black” o “Heaven Shall Burn”, combinando partes melódicas con momentos mucho más contundentes. Después llegó Insomnium, que aportaron una atmósfera mucho más melancólica y envolvente. El death metal melódico de los finlandeses contrastó bastante con lo que habíamos tenido durante buena parte de la jornada y permitió bajar un poco las revoluciones sin perder intensidad. Su capacidad para combinar melodías oscuras con riffs pesados volvió a funcionar especialmente bien ante un público que, a esas alturas, ya llevaba muchas horas acumuladas dentro de la fortaleza.
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Uno de los conciertos que más gente consiguió reunir durante la tarde fue el de The Ghost Inside. Los estadounidenses salieron con esa mezcla de metalcore, hardcore y grandes estribillos que convierte sus directos en auténticos ejercicios de participación colectiva. “Engine 45”, “Avalanche” y “Aftermath” fueron algunos de los momentos en los que el público se hizo escuchar con especial fuerza, mientras la banda mantenía una intensidad constante sobre el escenario. Es una propuesta que funciona especialmente bien en festivales grandes porque sus canciones están construidas para ser coreadas y acompañadas por cientos o miles de personas, y aquí no fue diferente.
Después llegó el turno de Candlemass, y pocas bandas podían aportar un contraste mayor. Los suecos llevaron al festival su doom metal clásico, con riffs pesados, tempos mucho más pausados y esa sensación solemne que forma parte de su identidad desde los primeros años. “Bewitched”, “Mirror Mirror” y el material de Epicus Doomicus Metallicus volvieron a demostrar que las canciones de Candlemass siguen teniendo un peso enorme décadas después de su publicación. Después de tantas bandas basadas en velocidad y agresividad, tener delante una formación capaz de generar tensión simplemente alargando un riff fue una manera bastante diferente de afrontar la recta final del festival.
Afsky apareció en el cartel a última hora para cubrir la baja de una de las bandas inicialmente anunciadas, y su presencia terminó siendo una incorporación bastante interesante. Los daneses llevaron al escenario una propuesta de black metal frío, melancólico y cargado de atmósfera, generando un contraste notable con el doom de Candlemass. Pese a las circunstancias, Afsky defendió su puesto con solvencia y aprovechó la oportunidad para dejar una buena impresión antes de que el festival volviera a pisar el acelerador.
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Y entonces tocaba volver a pisar el acelerador con Cryptopsy. Los canadienses son una auténtica máquina de death metal técnico y en directo esa característica todavía se hace más evidente. “Slit Your Guts”, “Phobophile”, “Crown of Horns” y “Orgiastic Disembowelment” fueron algunos de los momentos más brutales de un concierto que no dio prácticamente ningún respiro. La precisión necesaria para tocar este material a semejante velocidad resulta especialmente llamativa cuando se tiene la banda delante y se puede ver cómo cada músico encaja su parte dentro de unas estructuras que parecen estar permanentemente a punto de descontrolarse.
Con el festival entrando ya en sus últimas horas, Satyricon tomó el relevo con una propuesta mucho más atmosférica y oscura. Satyr y Frost volvieron a demostrar por qué siguen siendo uno de los nombres fundamentales del black metal noruego, recorriendo diferentes etapas de su carrera con canciones como “Midnight Serpent”, “Black Crow on a Tombstone”, “To Your Brethren in the Dark”, “Fuel for Hatred”, “Mother North” y “K.I.N.G.”. Evidentemente, “Mother North” fue uno de esos momentos inevitables en los que el público se entrega completamente a la canción, pero el concierto funcionó también por la manera en que Satyricon consigue crear una atmósfera propia incluso en un festival tan cargado de propuestas diferentes.
Y aquí decidí que ya era suficiente. Aunque Perturbator cerraba la programación y sabía perfectamente que su propuesta visual, especialmente por el juego de luces que lleva, podía ser agobiante, preferí no alargar más la jornada. Tocaba salir a cenar, volver a sentarme delante del portatil para seguir editando fotografías y dejar todo preparado porque a primera hora de la mañana tocaba salir hacia Praga. Después de cuatro días de festival y una última jornada que había comenzado prácticamente sin dormir, el cuerpo ya pedía parar. Así cerrábamos otra edición del Brutal Assault, cansados pero contentos, con muchas fotografías por delante, material para terminar de editar y, sobre todo, con ganas de volver el año que viene. Solo esperamos que esta vez el calor nos dé un poco de tregua.



Después de casi doce horas dentro del recinto el día anterior, la jornada no terminó precisamente al salir de la fortaleza. Entre llegar al alojamiento, descargar todo el material y editar las fotografías de avance para la web, terminé acostándome cerca de las cuatro de la mañana. A las 8:45 ya estaba esperando el bus para volver a Josefov y afrontar el último día del Brutal Assault. Después de desayunar fuerte en los alrededores de la fortaleza, entré en la zona de prensa, que a esas horas estaba prácticamente vacía, dejé mis cosas y me dirigí directamente a ver a Vulvodynia, que tocaban a las 11:00. No era precisamente el horario ideal después de la paliza del día anterior, pero los sudafricanos hicieron todo lo posible para despertar hasta al más dormido con su brutal death metal, cargado de breakdowns y una pegada considerable. La banda salió con mucha intensidad y canciones como “King Emesis”, “Adamaster” o “Psychosadistic Design” demostraron que no necesitaban esperar a la tarde para empezar a poner el festival patas arriba.
Después de Vulvodynia llegó uno de esos momentos que también forman parte de cualquier festival de cuatro días: aprovechar los cuarenta minutos de Djerv para dormir. A los noruegos ya los había visto unos meses antes en Copenhell, así que esta vez decidí sacrificar el concierto y buscar un sofá en el Kal Stage. Después de haber dormido apenas unas horas, la posibilidad de sentarme y cerrar los ojos durante un rato era bastante más necesaria que sumar otro concierto a la lista. Fue una de esas pequeñas decisiones que permiten llegar con algo más de vida al tramo final de una jornada que todavía iba a ser larguísima.
Con algo más de energía volví al circuito de escenarios para Heavy//Hitter, que descargaron su hardcore/beatdown de una manera tan directa como contundente. Su propuesta funciona especialmente bien en un festival de estas características, donde el público está preparado para recibir una buena dosis de golpes, breakdowns y movimiento constante. Después llegó Revocation, una de las bandas que más ganas tenía de ver durante esta última jornada. Los estadounidenses volvieron a demostrar su enorme precisión instrumental, combinando technical death metal y thrash con una facilidad que hace que sus canciones parezcan todavía más complejas en directo. Las guitarras de Dave Davidson fueron nuevamente uno de los grandes protagonistas, alternando riffs tremendamente técnicos con solos y cambios de ritmo que obligan a estar pendiente de cada detalle.
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Tras Revocation tocaba bajar un poco la complejidad técnica para encontrarnos con una institución del thrash como Sacred Reich. Los estadounidenses ofrecieron un concierto muy centrado en sus canciones más reconocibles y en esa capacidad que tienen para hacer que el público participe prácticamente desde el primer minuto. “The American Way”, “Independent” y “Love…Hate” volvieron a demostrar que el material clásico de la banda mantiene una fuerza considerable cuando se lleva a un escenario de estas dimensiones. Sin grandes artificios y apoyándose principalmente en las canciones, Sacred Reich hicieron uno de esos conciertos que funcionan precisamente porque no necesitan complicarse demasiado.
El siguiente bloque fue especialmente interesante para quienes disfrutamos del death metal más clásico y extremo. Monstrosity llevaron al escenario toda esa experiencia acumulada desde finales de los ochenta, recuperando buena parte de ese sonido técnico y agresivo que los convirtió en una referencia del death metal estadounidense. El material de Millennium sigue sonando especialmente bien en directo, con guitarras muy precisas y una batería que mantiene el ataque constante. Después llegó Demolition Hammer, que directamente se encargaron de recuperar el lado más salvaje del thrash metal. Su propuesta tiene poco de complaciente y mucho de agresividad, con riffs pesados y una velocidad que todavía sorprende cuando pensamos en la época en la que fueron escritos algunos de estos temas. Dos conciertos muy diferentes, pero unidos por esa sensación de estar viendo a dos nombres que forman parte de la historia del metal extremo estadounidense.
A media tarde tocaba cambiar completamente de ambiente con Imminence. Los suecos han conseguido desarrollar una personalidad bastante reconocible dentro del metalcore gracias, entre otras cosas, al uso del violín como elemento central de sus composiciones. Eddie Berg volvió a alternar las voces con el instrumento mientras la banda repasaba canciones como “Temptation”, “Death by a Thousand Cuts”, “The Black” o “Heaven Shall Burn”, combinando partes melódicas con momentos mucho más contundentes. Después llegó Insomnium, que aportaron una atmósfera mucho más melancólica y envolvente. El death metal melódico de los finlandeses contrastó bastante con lo que habíamos tenido durante buena parte de la jornada y permitió bajar un poco las revoluciones sin perder intensidad. Su capacidad para combinar melodías oscuras con riffs pesados volvió a funcionar especialmente bien ante un público que, a esas alturas, ya llevaba muchas horas acumuladas dentro de la fortaleza.
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Uno de los conciertos que más gente consiguió reunir durante la tarde fue el de The Ghost Inside. Los estadounidenses salieron con esa mezcla de metalcore, hardcore y grandes estribillos que convierte sus directos en auténticos ejercicios de participación colectiva. “Engine 45”, “Avalanche” y “Aftermath” fueron algunos de los momentos en los que el público se hizo escuchar con especial fuerza, mientras la banda mantenía una intensidad constante sobre el escenario. Es una propuesta que funciona especialmente bien en festivales grandes porque sus canciones están construidas para ser coreadas y acompañadas por cientos o miles de personas, y aquí no fue diferente.
Después llegó el turno de Candlemass, y pocas bandas podían aportar un contraste mayor. Los suecos llevaron al festival su doom metal clásico, con riffs pesados, tempos mucho más pausados y esa sensación solemne que forma parte de su identidad desde los primeros años. “Bewitched”, “Mirror Mirror” y el material de Epicus Doomicus Metallicus volvieron a demostrar que las canciones de Candlemass siguen teniendo un peso enorme décadas después de su publicación. Después de tantas bandas basadas en velocidad y agresividad, tener delante una formación capaz de generar tensión simplemente alargando un riff fue una manera bastante diferente de afrontar la recta final del festival.
Afsky apareció en el cartel a última hora para cubrir la baja de una de las bandas inicialmente anunciadas, y su presencia terminó siendo una incorporación bastante interesante. Los daneses llevaron al escenario una propuesta de black metal frío, melancólico y cargado de atmósfera, generando un contraste notable con el doom de Candlemass. Pese a las circunstancias, Afsky defendió su puesto con solvencia y aprovechó la oportunidad para dejar una buena impresión antes de que el festival volviera a pisar el acelerador.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Brutal Assault 2026 – Día 2: “La fortaleza vuelve a rugir”
Y entonces tocaba volver a pisar el acelerador con Cryptopsy. Los canadienses son una auténtica máquina de death metal técnico y en directo esa característica todavía se hace más evidente. “Slit Your Guts”, “Phobophile”, “Crown of Horns” y “Orgiastic Disembowelment” fueron algunos de los momentos más brutales de un concierto que no dio prácticamente ningún respiro. La precisión necesaria para tocar este material a semejante velocidad resulta especialmente llamativa cuando se tiene la banda delante y se puede ver cómo cada músico encaja su parte dentro de unas estructuras que parecen estar permanentemente a punto de descontrolarse.
Con el festival entrando ya en sus últimas horas, Satyricon tomó el relevo con una propuesta mucho más atmosférica y oscura. Satyr y Frost volvieron a demostrar por qué siguen siendo uno de los nombres fundamentales del black metal noruego, recorriendo diferentes etapas de su carrera con canciones como “Midnight Serpent”, “Black Crow on a Tombstone”, “To Your Brethren in the Dark”, “Fuel for Hatred”, “Mother North” y “K.I.N.G.”. Evidentemente, “Mother North” fue uno de esos momentos inevitables en los que el público se entrega completamente a la canción, pero el concierto funcionó también por la manera en que Satyricon consigue crear una atmósfera propia incluso en un festival tan cargado de propuestas diferentes.
Y aquí decidí que ya era suficiente. Aunque Perturbator cerraba la programación y sabía perfectamente que su propuesta visual, especialmente por el juego de luces que lleva, podía ser agobiante, preferí no alargar más la jornada. Tocaba salir a cenar, volver a sentarme delante del portatil para seguir editando fotografías y dejar todo preparado porque a primera hora de la mañana tocaba salir hacia Praga. Después de cuatro días de festival y una última jornada que había comenzado prácticamente sin dormir, el cuerpo ya pedía parar. Así cerrábamos otra edición del Brutal Assault, cansados pero contentos, con muchas fotografías por delante, material para terminar de editar y, sobre todo, con ganas de volver el año que viene. Solo esperamos que esta vez el calor nos dé un poco de tregua.














































