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A 25 años de Virtual XI, de Iron Maiden
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Uno de los temas de debate más interesantes entre los fans de Iron Maiden, sin dudas, es revisionar la etapa con Blaze Bayley como vocalista de la banda. Para algunos se trata de un período que nunca debió suceder en la historia de la banda. Para otros, en cambio, como un traspié necesario para que la banda pueda reconvertirse y tomar por asalto el mundo a comienzos del Siglo XXI para así recuperar el terreno perdido durante los turbulentos años 90s y volver más fuertes que nunca. Otros, sin embargo, no dudan en ubicar esta época por encima, incluso, de otros momentos más clásicos de la banda o incluso de sus años más recientes. 

Objetivamente hablando, estamos haciendo referencia al período menos fructífero en la historia de La Doncella, tanto así en términos de popularidad como de creatividad, pero no por ello al menos interesante. Vista en retrospectiva, y casi de manera unánime, la Blaze-era hoy es mucho más valorada de lo que fue en su momento. Casi todos concuerdan que The X Factor (1995), el primer disco junto a Blaze, es un gran trabajo que en su momento no tuvo el reconocimiento que se merecía. Pero Virtual XI, el disco que hoy estamos homenajeando por haber alcanzado su cuarto de siglo, difícilmente logra escapar de los dardos acusadores aún hoy en día. En este informe trataremos de entender por qué.  

Fueron varios los factores que influyeron para que Virtual XI marque el final de la era con Blaze Bayley. Intentaremos desdeñar los más importantes y para ello lo mejor es comenzar por los factores ajenos a la banda, es decir, al contexto. Los 90s no fueron nada amables para las grandes bandas de los 80s; las reglas del mercado habían cambiado completamente; el foco del mainstream estaba más centrado que nunca en EEUU, justamente el lugar donde bandas como Iron Maiden perdieron muchísimo terreno, y los grandes nombres de la década anterior hicieron esfuerzos descomunales para intentar seguir manteniéndose relevantes frente a las nuevas tendencias, algunos con más éxito que otros. 

En el caso de Iron Maiden, la apuesta de reemplazar a un gigante como Bruce Dickinson por un cantante con un registro más discreto y opaco como el de Blaze Bayley denotaba una clara intención de virar hacia un sonido más oscuro y sombrío, acorde a los tiempos que corrían, en contraposición a los alegres y coloridos años 80s. Si los resultados obtenidos no fueron completamente satisfactorios, atribuirle toda la responsabilidad a Bayley sería una enorme injusticia. Más bien todos los dedos deberían apuntar a nadie más que al padre de la criatura: Steve Harris, bajista y motor andante de esta bestia de acero. Uno bien podría suponer que, al no contar con una voz que sea descollante en sus filas, Harris optó por dotar a sus nuevas composiciones con extensos pasajes instrumentales que, si bien siempre existieron en el pasado, ahora comenzarían a convertirse en la regla y no en la excepción. Pero con el diario del lunes ya bien es sabido que este nuevo enfoque siguió su curso aún luego del retorno de Dickinson a la banda. 

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Otro factor importante del cual se habla muy poco al momento de revisionar esta etapa, es la ausencia de un productor de renombre – o mejor dicho: directamente la ausencia de un productor – que haya acompañado a la banda en la grabación de estos dos discos, dejando la labor en manos del propio Harris y de Nigel Green, el histórico ingeniero de sonido del grupo. Una apuesta demasiado arriesgada si tenemos en cuenta que durante casi toda su vida hasta ese entonces la banda siempre había entrado al estudio a grabar bajo la supervisión de un experto como Martin Birch. La tozudez y el orgullo de Harris, que tantas satisfacciones nos dieron en el pasado a los que amamos esta música, esta vez le jugaron en contra y ese fue otro evidente disparo en el pie. Si la opacidad que se percibe en el sonido general de “The X Factor” tapaba casi completamente la voz de Blaze, la corrección de este desperfecto para Virtual XI no hizo sino dejar más en evidencia sus limitaciones vocales. Si las canciones hubieran seguido la dirección de un tema como “Futureal” (la encargada de abrir el disco), un mazazo ultra veloz que suele estar entre los favoritos de los fans a la hora de volver a este disco, los resultados bien podrían haber sido otros, tal cual queda demostrado en el catálogo de Blaze solista a la hora de inclinarse más por este tipo de composiciones. Por otra parte, canciones como “Lightning Strike Twice” o “When Two Worlds Collide” podrían haber sonado más potentes con un tratamiento acorde para las guitarras. Y ya que hablamos de las guitarras, es inadmisible para una banda de los quilates de Maiden que algún control de calidad haya aceptado las armonías que se escuchan en “The Educated Fool” o en “Don’t Look To The Eyes of A Stranger”, más cercanas al soundtrack de un videojuego de los 90s que a una banda de Heavy Metal. 

Ya que hablamos de videojuegos, la campaña de marketing que acompañó a Virtual XI no ha sido de las ideas más brillantes que haya tenido Rod Smallwood (manager). Estaba claro que para mantener en pié una empresa como Iron Maiden sus administradores debieron acudir a otras estrategias dado que la venta de discos no era la más saludable en aquel entonces. Es por eso que en el booklet que acompaña al CD de “Virtual XI” se pueden ver imágenes del videojuego que la banda estaba por lanzar al mercado y que llevaría por nombre “Ed-Hunter”. La idea original no estaba nada mal: se trataba de que el jugador pudiera encarnar una aventura de Eddie, la mascota de la banda, a través de diferentes escenarios diseñados con los conceptos de las distintas épocas de Maiden. Pero el resultado final fue desastroso; parte de eso se puede ver en el no menos vergonzoso vídeo que la banda hizo para el single de adelanto: “The Angel And The Gambler” con una animación y unos efectos visuales paupérrimos, incluso para los cánones de la época. Y si este single, con sus cuatro minutos y su flojo video de promoción no lograron convencer a nadie, muchísimo menos lo haría el tema completo en el disco con sus más de nueve minutos de duración, y con unos teclados y unas melodías que poco tienen que ver con Iron Maiden. Hay que decir que un año más tarde, ya con Bruce Dickinson y Adrian Smith repatriados, la banda subsanaría el lanzamiento de este videojuego haciéndolo formar parte de un compilado con canciones elegidas por los propios fans en su sitio de internet.   

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Pero las alusiones al título del disco (virtual once) no finalizarían, justamente, con la realidad virtual tal cual lo sugiere su portada – la cual, dicho sea de paso, quedó una vez más a cargo de Melvin Grant y la cual muchos señalan como lo más destacado de la placa – sino que había mucho más. Para empezar, el número “11” hacía referencia al undécimo álbum de estudio de Iron Maiden pero también al mundo del fútbol. En efecto, corría el año 1998 y ése año la Copa Mundial FIFA se llevó a cabo en Francia. Para estar en sintonía con la euforia general, y sabiendo que el fútbol es la otra gran pasión de Steve Harris, la banda armó un seleccionado con los propios músicos y miembros de su crew para realizar una serie de partidos en algunos países incluidos en la gira. Asimismo, en el booklet del álbum también se puede ver a los músicos posando para la foto como titulares de un equipo que se completaba con grandes figuras del fútbol mundial de aquél entonces. 

Sin dudas se trató de una movida interesante pero en el multiverso de la música lo que más importa son las canciones, y ahí era donde Harris y los suyos estaban haciendo agua (completaban a la banda en aquel entonces Dave Murray y Janick Gers en guitarras, y Nicko McBrain en batería). No obstante, todavía quedan un par de perlas a las cuales les vamos a dedicar unas líneas aparte: la primera de ellas sin dudas se trata de “The Clansman”, el gran clásico que dejó este disco, la cual al día de hoy sigue siendo interpretada por la banda en vivo; en donde los deliciosos arreglos acústicos y la explosión de su estribillo al grito de “Freeeedoooom!” son un deleite innegable para cualquiera. Esta canción que habla de la vida del héroe escosés William Wallace bien pudo haber sido inspirada en la película protagonizada y dirigida por Mel Gibson “Braveheart”, estrenada un par de años antes. Es interesante como una banda inglesa deja de lado cualquier vestigio de patriotismo barato y no teme honrar en una canción a un personaje que fue un enemigo declarado de su país. Pero por si todo esto fuera poco, y viniendo muchísimo más para acá en el tiempo, la banda tampoco tuvo problemas para hacer lo propio con un conflicto mucho más reciente como lo fue La Guerra De Malvinas, y dedicarle una canción a los héroes (de ambos bandos) caídos en dicho enfrentamiento en “Cómo Estáis Amigos”, la melancólica pieza encargada de cerrar el álbum. Es lamentable que muchos fans argentinos no tengan esto presente e insistan con insultar a la banda cada vez que tocan “The Trooper” y Bruce Dickinson flamea la bandera británica, cuando se trata simplemente de una mera representación de un personaje de guerra de la cual ni siquiera formamos parte.

Más allá de estas luminarias, la realidad es que Virtual XI no iba a lograr sacar a Iron Maiden del pozo en el que se venía hundiendo. Muchísimo menos si por aquél entonces, Bruce Dickinson solista, y en sociedad con el histórico Adrian Smith, venía de despacharse con dos auténticas bombas como lo son Accident of Birth (1997) y The Chemical Weeding (1998). La reunión entre ambas partes era solo cuestión de tiempo. 

Amado, odiado, perdonado, y aún hoy resistido, Virtual XI, aún con sus falencias, no hace sino enriquecer el legado de una de las bandas más importantes de la historia del Metal. El solo hecho de estar aquí dedicándole unos cuantos párrafos para armar el debate veinticinco años más tarde no hace sino ratificar lo antedicho. 

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A 25 años de Virtual XI, de Iron Maiden
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Uno de los temas de debate más interesantes entre los fans de Iron Maiden, sin dudas, es revisionar la etapa con Blaze Bayley como vocalista de la banda. Para algunos se trata de un período que nunca debió suceder en la historia de la banda. Para otros, en cambio, como un traspié necesario para que la banda pueda reconvertirse y tomar por asalto el mundo a comienzos del Siglo XXI para así recuperar el terreno perdido durante los turbulentos años 90s y volver más fuertes que nunca. Otros, sin embargo, no dudan en ubicar esta época por encima, incluso, de otros momentos más clásicos de la banda o incluso de sus años más recientes. 

Objetivamente hablando, estamos haciendo referencia al período menos fructífero en la historia de La Doncella, tanto así en términos de popularidad como de creatividad, pero no por ello al menos interesante. Vista en retrospectiva, y casi de manera unánime, la Blaze-era hoy es mucho más valorada de lo que fue en su momento. Casi todos concuerdan que The X Factor (1995), el primer disco junto a Blaze, es un gran trabajo que en su momento no tuvo el reconocimiento que se merecía. Pero Virtual XI, el disco que hoy estamos homenajeando por haber alcanzado su cuarto de siglo, difícilmente logra escapar de los dardos acusadores aún hoy en día. En este informe trataremos de entender por qué.  

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En el caso de Iron Maiden, la apuesta de reemplazar a un gigante como Bruce Dickinson por un cantante con un registro más discreto y opaco como el de Blaze Bayley denotaba una clara intención de virar hacia un sonido más oscuro y sombrío, acorde a los tiempos que corrían, en contraposición a los alegres y coloridos años 80s. Si los resultados obtenidos no fueron completamente satisfactorios, atribuirle toda la responsabilidad a Bayley sería una enorme injusticia. Más bien todos los dedos deberían apuntar a nadie más que al padre de la criatura: Steve Harris, bajista y motor andante de esta bestia de acero. Uno bien podría suponer que, al no contar con una voz que sea descollante en sus filas, Harris optó por dotar a sus nuevas composiciones con extensos pasajes instrumentales que, si bien siempre existieron en el pasado, ahora comenzarían a convertirse en la regla y no en la excepción. Pero con el diario del lunes ya bien es sabido que este nuevo enfoque siguió su curso aún luego del retorno de Dickinson a la banda. 

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Ya que hablamos de videojuegos, la campaña de marketing que acompañó a Virtual XI no ha sido de las ideas más brillantes que haya tenido Rod Smallwood (manager). Estaba claro que para mantener en pié una empresa como Iron Maiden sus administradores debieron acudir a otras estrategias dado que la venta de discos no era la más saludable en aquel entonces. Es por eso que en el booklet que acompaña al CD de “Virtual XI” se pueden ver imágenes del videojuego que la banda estaba por lanzar al mercado y que llevaría por nombre “Ed-Hunter”. La idea original no estaba nada mal: se trataba de que el jugador pudiera encarnar una aventura de Eddie, la mascota de la banda, a través de diferentes escenarios diseñados con los conceptos de las distintas épocas de Maiden. Pero el resultado final fue desastroso; parte de eso se puede ver en el no menos vergonzoso vídeo que la banda hizo para el single de adelanto: “The Angel And The Gambler” con una animación y unos efectos visuales paupérrimos, incluso para los cánones de la época. Y si este single, con sus cuatro minutos y su flojo video de promoción no lograron convencer a nadie, muchísimo menos lo haría el tema completo en el disco con sus más de nueve minutos de duración, y con unos teclados y unas melodías que poco tienen que ver con Iron Maiden. Hay que decir que un año más tarde, ya con Bruce Dickinson y Adrian Smith repatriados, la banda subsanaría el lanzamiento de este videojuego haciéndolo formar parte de un compilado con canciones elegidas por los propios fans en su sitio de internet.   

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