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The Supersuckers en Barcelona: “Gasolina, sudor y rock and roll”

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Patriarkh en Barcelona: “Entre incienso y blasfemia”

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Movements en Buenos Aires: “Melancolía y cariño”
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El martes 12/11 la ciudad de Buenos Aires se sumió en la melancolía con dos conciertos muy diferentes ocurriendo casi al mismo tiempo. El más prominente tanto en tamaño del recinto como en trayectoria de la banda y en cómo su propuesta atraería a nuestro público metalero era el de los suecos Katatonia, que hicieron lo suyo en el Groove del barrio de Palermo para un público sediento de tristeza nórdica a todo volumen. Pero la banda de Jonas Renkse y Anders Nyström no era el único grupo tocando sus canciones tristes en la capital, porque en el mucho más chico Uniclub de la zona del Abasto se venía el concierto de los estadounidenses Movements.

Movements no es una banda de djent, a pesar de que uno los pueda confundir a simple vista con Monuments por la similitud de sus nombres o con Currents, Issues, Textures, Structures, Reflections, Intervals y demás grupos de ese estilo por tener también un nombre de objeto en plural sin artículo. Este grupo de la ciudad californiana de Rancho Santa Margarita viene de esa esfera que engloba al post hardcore, el emo y el indie, y tuvo un ascenso bastante rápido a poco de formarse, firmando con el sello independiente Fearless y editando su EP Outgrown Things en 2016 y su LP debut Feel Something en 2017. ¿Otra gran esperanza del rock alternativo? Prefiero no arriesgarme y simplemente señalar que más de un par de personas les colgaron ese cartelito en los últimos años.

Con motivo de la presentación de su tercer álbum RUCKUS! (2023), Movements se embarcaron en su primera gira por Latinoamérica, pasando por dos fechas brasileñas en San Pablo y Curitiba antes de aterrizar en Buenos Aires, en una fecha a cargo de la gente de Noiseground. Por suerte, aquel calor húmedo que había caracterizado al último fin de semana en la zona del Abasto había dado paso a una ola de frío mucho más cómoda para ir a ver un recital.

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Poco antes de las 20:00, en Uniclub habría alrededor de 50 o 60 personas y varios más en las afueras, mientras en el lugar podíamos escuchar una mezcla de música bastante ecléctica: el termo promedio estaría esperando escuchar AC/DC o Hermética, y en su lugar tendría una canción sobre girar por La Plata escuchando Sr Tomate y que un patovica te chupe la pija (la canción se me terminó pegando, perdón a mis amigos metaleros). Fue en este contexto que salieron a escena los chicos de Clamor, los encargados de tocar en la previa del concierto. El cuarteto de Quilmes sacó su debut Para No Olvidarte este año y lo recomiendo mucho para todos los fans del sonido emo, así que había bastante expectativa entre la gente para verlos en vivo, algo donde Clamor no decepcionaron. 

La banda demuestra una energía envidiable al momento de tocar estas pequeñas explosiones de melancolía y rabia como “Cursi”, “Nada es igual” y “Pensamiento/Sentimiento”, donde las voces limpias pero sin mucho pulir se mezclan con los gritos de corte post hardcore. La falta de espacio arriba del escenario, debido a la segunda batería, podría haber complicado las cosas, pero no fue un obstáculo tan grande para el grupo, al menos en mi opinión. Las imágenes de fondo mostrando una sucesión de fotos viejas y grabaciones caseras en VHS son la representación gráfica perfecta de cómo suena la banda: no es una tristeza gótica sino una del día a día, una tristeza de barrio. 

El paso de los Clamor fue extremadamente bien recibido para los estándares de las bandas teloneras, con varios cantando junto a ellos y claramente siendo seguidores específicos de la propuesta de la banda. Como un todo, su set dejó una muy buena impresión, y espero que sigan yendo para arriba en su carrera.

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Para las 21:00, ya había un tanto más de gente en el lugar, sin llegar a un lleno total pero con la parte delantera de Uniclub densamente ocupada. A esa hora y sin mucha ceremonia de por medio, la gente de Movements tomó control del escenario para dar comienzo a su presentación con “Lead Pipe”, canción con cierta onda “bailable” que estos californianos han mostrado en su último disco, sin abandonar del todo la onda desarreglada que caracteriza a su sonido. Con una puesta en escena todavía más austera que la de Clamor, sin siquiera usar la pantalla de atrás, el único detalle fuera de lo común era ver al guitarrista Ira George con una remera de la selección, demostrando que el manual de la demagogia rockera trasciende estilos musicales (?).

La gente recibió bien aquella primera canción, aunque las cosas se fueron calentando más con la siguiente “Third Degree”, ya tomando prestado de aquel primer álbum, donde el público estuvo saltando, coreando y subiéndose al escenario en varios momentos, sin importar lo que los de seguridad quisieran hacer con sus láseres verdes. La guitarra sonando fuerte y melódica y el bajo bien presente, mientras Spencer York le pegaba duro a la batería. Pero la figura central era justamente Patrick Miranda, no sólo porque fuera el cantante de la banda sino también porque fue el encargado de dirigirse al público a cada momento. El vocalista agradeció la atención de los fans al finalizar la canción, e incluso disculpándose en nombre de Movements por haber tardado tanto tiempo en llegar al país, con los fans cantando “Olé olé olé olé Movements, Movements” en respuesta, antes de pasar a “Afraid To Die”.

La primera parte del concierto estuvo obviamente centrada en RUCKUS!, mezclado con material del debut y una canción del segundo No Good Left to Give, y tuvo buena respuesta por parte de la gente. Como ya habíamos visto con cómo se habían puesto con “Third Degree”, casi todos estaban ahí para escuchar el material del primer disco, y los chicos de Movements lo tenían bien en claro, ya que anunciaron una seguidilla de canciones de aquel disco antes de hacer un repaso de “Full Circle”, “Deep Red”, “Colorblind” y “Deadly Dull”, con la gente haciendo pogos todavía más violentos que antes, haciendo crowdsurfing y más subidas al escenario.

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Ya cerca del final tuvimos “I Hope You Choke!”, canción del último disco que tuvo una respuesta muy acalorada de parte del público al cantar el “Choke!” en el estribillo. Más palabras de agradecimiento y apoyo por parte de Miranda, haciendo la clásica de comparar al público local con el de otros países. Las revoluciones bajaron un poco durante “Seneca”, presentada justamente por el cantante como “una canción lenta”, que fue más como una calma antes de la tormenta que fue “Kept”, donde Miranda ordenó armar un circle pit y con el público mostrando una energía que muchos recitales de metal envidiarían.

Luego de la promesa por parte de Miranda de no tardar tanto tiempo para volver a Argentina, el cierre del concierto llegó con “Daylily”, el gran hit de Movements que tuvo más pogo, más crowdsurfing, más gente subiéndose al escenario (ya sin los de seguridad apuntando con los láseres, parece que se habían dado por vencido) e incluso con varios tomando el micrófono en varios momentos de la canción. En un momento había cuatro o cinco del público arriba de las tablas de Uniclub, en un momento que en números no necesariamente habrá estado a la altura de la multitud que se subió durante el recital de Suicidal Tendencies unos días antes pero hubiera aterrado a Morrissey por igual. Siguió el reparto de púas, baquetas y listas de canciones, pero lo que más me llamó la atención fue que Spencer York también regalara la pandereta de la batería, la primera vez que veo algo así.

Una hora y monedas de recital tuvimos por parte de Movements, que puede parecer corto para algunos pero creo que fue la duración justa para su propuesta. Energía, cariño, violencia y otros momentos entre contradictorios y complementarios marcaron la presentación, y creo que al final dio lugar a un resultado muy positivo. Esperemos que la banda cumpla su promesa y podamos tenerlos lo antes posible de vuelta por estas tierras, donde los fans de toda esta onda de emo / post hardcore están más presentes de lo que uno pensaría.

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Movements en Buenos Aires: “Melancolía y cariño”
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El martes 12/11 la ciudad de Buenos Aires se sumió en la melancolía con dos conciertos muy diferentes ocurriendo casi al mismo tiempo. El más prominente tanto en tamaño del recinto como en trayectoria de la banda y en cómo su propuesta atraería a nuestro público metalero era el de los suecos Katatonia, que hicieron lo suyo en el Groove del barrio de Palermo para un público sediento de tristeza nórdica a todo volumen. Pero la banda de Jonas Renkse y Anders Nyström no era el único grupo tocando sus canciones tristes en la capital, porque en el mucho más chico Uniclub de la zona del Abasto se venía el concierto de los estadounidenses Movements.

Movements no es una banda de djent, a pesar de que uno los pueda confundir a simple vista con Monuments por la similitud de sus nombres o con Currents, Issues, Textures, Structures, Reflections, Intervals y demás grupos de ese estilo por tener también un nombre de objeto en plural sin artículo. Este grupo de la ciudad californiana de Rancho Santa Margarita viene de esa esfera que engloba al post hardcore, el emo y el indie, y tuvo un ascenso bastante rápido a poco de formarse, firmando con el sello independiente Fearless y editando su EP Outgrown Things en 2016 y su LP debut Feel Something en 2017. ¿Otra gran esperanza del rock alternativo? Prefiero no arriesgarme y simplemente señalar que más de un par de personas les colgaron ese cartelito en los últimos años.

Con motivo de la presentación de su tercer álbum RUCKUS! (2023), Movements se embarcaron en su primera gira por Latinoamérica, pasando por dos fechas brasileñas en San Pablo y Curitiba antes de aterrizar en Buenos Aires, en una fecha a cargo de la gente de Noiseground. Por suerte, aquel calor húmedo que había caracterizado al último fin de semana en la zona del Abasto había dado paso a una ola de frío mucho más cómoda para ir a ver un recital.

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Poco antes de las 20:00, en Uniclub habría alrededor de 50 o 60 personas y varios más en las afueras, mientras en el lugar podíamos escuchar una mezcla de música bastante ecléctica: el termo promedio estaría esperando escuchar AC/DC o Hermética, y en su lugar tendría una canción sobre girar por La Plata escuchando Sr Tomate y que un patovica te chupe la pija (la canción se me terminó pegando, perdón a mis amigos metaleros). Fue en este contexto que salieron a escena los chicos de Clamor, los encargados de tocar en la previa del concierto. El cuarteto de Quilmes sacó su debut Para No Olvidarte este año y lo recomiendo mucho para todos los fans del sonido emo, así que había bastante expectativa entre la gente para verlos en vivo, algo donde Clamor no decepcionaron. 

La banda demuestra una energía envidiable al momento de tocar estas pequeñas explosiones de melancolía y rabia como “Cursi”, “Nada es igual” y “Pensamiento/Sentimiento”, donde las voces limpias pero sin mucho pulir se mezclan con los gritos de corte post hardcore. La falta de espacio arriba del escenario, debido a la segunda batería, podría haber complicado las cosas, pero no fue un obstáculo tan grande para el grupo, al menos en mi opinión. Las imágenes de fondo mostrando una sucesión de fotos viejas y grabaciones caseras en VHS son la representación gráfica perfecta de cómo suena la banda: no es una tristeza gótica sino una del día a día, una tristeza de barrio. 

El paso de los Clamor fue extremadamente bien recibido para los estándares de las bandas teloneras, con varios cantando junto a ellos y claramente siendo seguidores específicos de la propuesta de la banda. Como un todo, su set dejó una muy buena impresión, y espero que sigan yendo para arriba en su carrera.

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Para las 21:00, ya había un tanto más de gente en el lugar, sin llegar a un lleno total pero con la parte delantera de Uniclub densamente ocupada. A esa hora y sin mucha ceremonia de por medio, la gente de Movements tomó control del escenario para dar comienzo a su presentación con “Lead Pipe”, canción con cierta onda “bailable” que estos californianos han mostrado en su último disco, sin abandonar del todo la onda desarreglada que caracteriza a su sonido. Con una puesta en escena todavía más austera que la de Clamor, sin siquiera usar la pantalla de atrás, el único detalle fuera de lo común era ver al guitarrista Ira George con una remera de la selección, demostrando que el manual de la demagogia rockera trasciende estilos musicales (?).

La gente recibió bien aquella primera canción, aunque las cosas se fueron calentando más con la siguiente “Third Degree”, ya tomando prestado de aquel primer álbum, donde el público estuvo saltando, coreando y subiéndose al escenario en varios momentos, sin importar lo que los de seguridad quisieran hacer con sus láseres verdes. La guitarra sonando fuerte y melódica y el bajo bien presente, mientras Spencer York le pegaba duro a la batería. Pero la figura central era justamente Patrick Miranda, no sólo porque fuera el cantante de la banda sino también porque fue el encargado de dirigirse al público a cada momento. El vocalista agradeció la atención de los fans al finalizar la canción, e incluso disculpándose en nombre de Movements por haber tardado tanto tiempo en llegar al país, con los fans cantando “Olé olé olé olé Movements, Movements” en respuesta, antes de pasar a “Afraid To Die”.

La primera parte del concierto estuvo obviamente centrada en RUCKUS!, mezclado con material del debut y una canción del segundo No Good Left to Give, y tuvo buena respuesta por parte de la gente. Como ya habíamos visto con cómo se habían puesto con “Third Degree”, casi todos estaban ahí para escuchar el material del primer disco, y los chicos de Movements lo tenían bien en claro, ya que anunciaron una seguidilla de canciones de aquel disco antes de hacer un repaso de “Full Circle”, “Deep Red”, “Colorblind” y “Deadly Dull”, con la gente haciendo pogos todavía más violentos que antes, haciendo crowdsurfing y más subidas al escenario.

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