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Cancer Bats en Barcelona: “Una noche a puro hardcore”
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El ambiente en los alrededores de la mítica Sala Upload, en pleno Poble Espanyol, ya vaticinaba que la noche no sería apta para cardíacos. Camisetas negras, zapatillas gastadas y esa electricidad en el aire que solo se respira antes de un gran ritual de hardcore punk. Los canadienses Cancer Bats regresaban a Barcelona de la mano de Hello Cleveland y M.A.D, en un momento dulce: con una formación completamente consolidada y engrasada que incluye al incombustible Liam Cormier (voz principal), Jaye R. Schwarzer (bajo y coros), Mike Peters (batería) y el ya indispensable Jackson Landry (guitarra), quien ha hecho olvidar por completo la alargada sombra del miembro original Scott Middleton. Venían con una doble misión: celebrar sus giras de aniversario y desatar la crudeza de su octavo álbum de estudio, Give Me Dirt.

Antes de que los cabezas de cartel derribaran las paredes de la Upload, el calentamiento corrió a cargo de los barceloneses La Hiel. Con un set corto pero directo a la yugular, la banda local entendió perfectamente su papel de catalizador. Descargaron un repertorio cargado de crudeza, riffing pesado y aceleraciones asfixiantes. Lograron lo que pocas bandas de apertura consiguen: activar el centro de la pista desde los primeros acordes, desatar los primeros empujones serios y dejar al público con las pulsaciones a mil, la garganta seca y el foso perfectamente caldeado para lo que se venía encima. Una elección de telonero inmejorable.

Puntuales y sin demasiados preámbulos, los cuatro miembros de Cancer Bats saltaron a las tablas. La timidez del público se evaporó al instante cuando arrancaron con la demoledora “Golden Tanks”, seguida sin anestesia por “French Immersion”. Desde el minuto uno quedó claro el sello de la casa: esa demencial combinación de hardcore punk acelerado con el groove sureño más pesado y arrastrado, densamente influenciado por Pantera o Down. Jackson Landry demostró una pegada brutal a las seis cuerdas, mientras la base rítmica de Jaye y Mike sonaba como una auténtica apisonadora.

Con “100 Grand Canyon”, “She” y la ruda “Butterscotch”, la pista de la Upload ya era una masa uniforme de cuerpos sudorosos saltando en sintonía. Liam Cormier ejercía de maestro de ceremonias perfecto. Es un contraste fascinante: mientras te destroza los oídos con sus brutales y desgarradores gritos, no para de sonreír de oreja a oreja, chocando manos y transmitiendo una energía extrañamente positiva para la agresividad de su música.

La locura continuó con “Death Bros”, “Stay Stuck” y “Trust No One”, intercalando la frescura de su nuevo material con esos himnos fiesteros que la sala coreaba a pleno pulmón. Con “R.A.T.S.” y la pesadísima “Lucifer’s Rocking Chair”, la dinámica del show se volvió adictiva: la gente pasaba de volar por los aires a velocidad de vértigo a cabecear de forma lenta, densa y brutal.

Tras los coros masivos e infecciosos de “Bricks & Mortar” y la crudeza de “Long Tooth”, el concierto llegó a uno de sus puntos álgidos con “Hammering On” y “Winterpeg”. Fue precisamente durante este bloque de pura adrenalina cuando se vivió el momento más memorable de la velada.

En medio del salvaje mosh pit que se había adueñado de la Upload, dos chicas de la primera fila decidieron tomar las riendas del caos en momentos diferenciados de la noche. Animadas desde el escenario por el propio Liam, que no dejaba de jalearlas con su eterna sonrisa, ambas se plantaron en el epicentro del pogo, abrieron el círculo con autoridad y comandaron un monumental wall of death (muro de la muerte). Lejos de quedarse ahí, se lanzaron en distintas ocasiones al público para hacer crowdsurfing.

Fue entonces cuando se desató la comunión punk definitiva, con cada una de ellas reclamando su momento de protagonismo de forma individual e independiente en canciones diferentes: primero una y, temas más tarde, la otra. Suspendidas en el aire por la marea de brazos, llegaron de uno en uno hasta la valla y Liam les acercó el micrófono para que interpretaran las voces con él. Lejos de amedrentarse, demostraron una seguridad brutal al adueñarse de sus respectivas partes, desgañitándose de forma individual para clavar las letras textualmente encima de la banda mientras la sala entera rugía los estribillos a su compás. Dos momentos estelares y personalizados de pura adrenalina que demostraron de qué está hecha la comunidad punk de Barcelona.

La recta final fue un ataque directo a la energía destructiva. Una atronadora “Pneumonia Hawk” preparó el terreno para la traca final. De repente, los primeros acordes de un bajo distorsionado desataron la histeria colectiva: era “Sabotage”, el legendario cover de los Beastie Boys. La Sala Upload se convirtió en un auténtico trampolín; saltó el público, saltó la seguridad y probablemente saltó hasta el técnico de luces. Una bomba absoluta en directo.

Pero el colofón final tenía nombre propio: “Hail Destroyer”. El riff inicial desató la locura definitiva. Liam Cormier no se lo pensó dos veces y se lanzó directamente sobre los asistentes, cantando suspendido en el aire mientras abajo se armaba el mosh pit más agresivo y hermoso de toda la noche. Cancer Bats se despidió de Barcelona dejando una sala empapada en sudor, con el público sin voz, exhausto, pero con una sonrisa idéntica a la de Liam reflejada en el rostro de cada asistente. Una noche redonda de puro hardcore.

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Cancer Bats en Barcelona: “Una noche a puro hardcore”
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El ambiente en los alrededores de la mítica Sala Upload, en pleno Poble Espanyol, ya vaticinaba que la noche no sería apta para cardíacos. Camisetas negras, zapatillas gastadas y esa electricidad en el aire que solo se respira antes de un gran ritual de hardcore punk. Los canadienses Cancer Bats regresaban a Barcelona de la mano de Hello Cleveland y M.A.D, en un momento dulce: con una formación completamente consolidada y engrasada que incluye al incombustible Liam Cormier (voz principal), Jaye R. Schwarzer (bajo y coros), Mike Peters (batería) y el ya indispensable Jackson Landry (guitarra), quien ha hecho olvidar por completo la alargada sombra del miembro original Scott Middleton. Venían con una doble misión: celebrar sus giras de aniversario y desatar la crudeza de su octavo álbum de estudio, Give Me Dirt.

Antes de que los cabezas de cartel derribaran las paredes de la Upload, el calentamiento corrió a cargo de los barceloneses La Hiel. Con un set corto pero directo a la yugular, la banda local entendió perfectamente su papel de catalizador. Descargaron un repertorio cargado de crudeza, riffing pesado y aceleraciones asfixiantes. Lograron lo que pocas bandas de apertura consiguen: activar el centro de la pista desde los primeros acordes, desatar los primeros empujones serios y dejar al público con las pulsaciones a mil, la garganta seca y el foso perfectamente caldeado para lo que se venía encima. Una elección de telonero inmejorable.

Puntuales y sin demasiados preámbulos, los cuatro miembros de Cancer Bats saltaron a las tablas. La timidez del público se evaporó al instante cuando arrancaron con la demoledora “Golden Tanks”, seguida sin anestesia por “French Immersion”. Desde el minuto uno quedó claro el sello de la casa: esa demencial combinación de hardcore punk acelerado con el groove sureño más pesado y arrastrado, densamente influenciado por Pantera o Down. Jackson Landry demostró una pegada brutal a las seis cuerdas, mientras la base rítmica de Jaye y Mike sonaba como una auténtica apisonadora.

Con “100 Grand Canyon”, “She” y la ruda “Butterscotch”, la pista de la Upload ya era una masa uniforme de cuerpos sudorosos saltando en sintonía. Liam Cormier ejercía de maestro de ceremonias perfecto. Es un contraste fascinante: mientras te destroza los oídos con sus brutales y desgarradores gritos, no para de sonreír de oreja a oreja, chocando manos y transmitiendo una energía extrañamente positiva para la agresividad de su música.

La locura continuó con “Death Bros”, “Stay Stuck” y “Trust No One”, intercalando la frescura de su nuevo material con esos himnos fiesteros que la sala coreaba a pleno pulmón. Con “R.A.T.S.” y la pesadísima “Lucifer’s Rocking Chair”, la dinámica del show se volvió adictiva: la gente pasaba de volar por los aires a velocidad de vértigo a cabecear de forma lenta, densa y brutal.

Tras los coros masivos e infecciosos de “Bricks & Mortar” y la crudeza de “Long Tooth”, el concierto llegó a uno de sus puntos álgidos con “Hammering On” y “Winterpeg”. Fue precisamente durante este bloque de pura adrenalina cuando se vivió el momento más memorable de la velada.

En medio del salvaje mosh pit que se había adueñado de la Upload, dos chicas de la primera fila decidieron tomar las riendas del caos en momentos diferenciados de la noche. Animadas desde el escenario por el propio Liam, que no dejaba de jalearlas con su eterna sonrisa, ambas se plantaron en el epicentro del pogo, abrieron el círculo con autoridad y comandaron un monumental wall of death (muro de la muerte). Lejos de quedarse ahí, se lanzaron en distintas ocasiones al público para hacer crowdsurfing.

Fue entonces cuando se desató la comunión punk definitiva, con cada una de ellas reclamando su momento de protagonismo de forma individual e independiente en canciones diferentes: primero una y, temas más tarde, la otra. Suspendidas en el aire por la marea de brazos, llegaron de uno en uno hasta la valla y Liam les acercó el micrófono para que interpretaran las voces con él. Lejos de amedrentarse, demostraron una seguridad brutal al adueñarse de sus respectivas partes, desgañitándose de forma individual para clavar las letras textualmente encima de la banda mientras la sala entera rugía los estribillos a su compás. Dos momentos estelares y personalizados de pura adrenalina que demostraron de qué está hecha la comunidad punk de Barcelona.

La recta final fue un ataque directo a la energía destructiva. Una atronadora “Pneumonia Hawk” preparó el terreno para la traca final. De repente, los primeros acordes de un bajo distorsionado desataron la histeria colectiva: era “Sabotage”, el legendario cover de los Beastie Boys. La Sala Upload se convirtió en un auténtico trampolín; saltó el público, saltó la seguridad y probablemente saltó hasta el técnico de luces. Una bomba absoluta en directo.

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