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Blood Incantation
All Gates Open (2026)
Century Media

Tracklist:
1. Balance
2. Flight
3. Dawn
4. Rain

Blood Incantation nunca fue una banda más dentro del death metal. Desde que emergieron desde las profundidades de Denver, Colorado, construyeron una identidad propia basada en una obsesión casi enfermiza por expandir los límites del género. Lo que comenzó como una propuesta de death metal cósmico, técnico y profundamente atmosférico terminó convirtiéndose en algo mucho más ambicioso. Disco tras disco fueron corriendo las fronteras de su sonido hasta llegar a un punto donde el metal dejó de ser el único lenguaje posible para expresar sus ideas.

Por eso All Gates Open (Original Motion Picture Soundtrack) no debería entenderse como un nuevo álbum de Blood Incantation en el sentido tradicional. Es algo mucho más interesante. Es una cápsula temporal. Una fotografía del momento exacto en que comenzó a gestarse la transformación creativa que años después desembocaría en Absolute Elsewhere. Aunque recién ve la luz en 2026, la música aquí contenida nació varios años atrás, cuando la banda comenzaba a explorar caminos desconocidos dentro de su propio universo.

El lanzamiento acompaña al documental de 73 minutos que registra la experiencia del grupo durante su estancia en el legendario Hansa Tonstudio de Berlín. Un lugar mítico cuyas paredes absorbieron parte de la historia de artistas como David Bowie, Depeche Mode, Tangerine Dream, Iggy Pop o Nick Cave. Blood Incantation no llegó allí solamente para grabar. Se instaló en la ciudad, respiró sus calles, su cultura y toda la carga artística que Berlín arrastra desde hace décadas. Esa experiencia termina impregnando cada minuto de esta banda sonora.

Hay algo fascinante en All Gates Open porque funciona como el opuesto espiritual de Timewave Zero. Si aquel trabajo se movía entre sombras densas, minimalismo y estados contemplativos casi oscuros, aquí la sensación es completamente distinta. Todo parece más abierto, luminoso y orgánico. Hay una búsqueda constante de belleza, de expansión y de conexión con algo que parece trascender lo terrenal.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Together to the Stars – Iridescence (2026)

El viaje comienza con “Balance”, la composición más extensa del disco y también la puerta de entrada a todo lo que vendrá después. Desde sus primeros minutos queda claro que Blood Incantation continúa rindiendo tributo a la Escuela de Berlín de la música electrónica. Las huellas de Tangerine Dream, Klaus Schulze y especialmente Manuel Göttsching, el cerebro detrás de los cósmicos Ash Ra Tempel, aparecen por todos lados, pero nunca desde la imitación. El tema nace como una nube ambiental casi imperceptible y lentamente empieza a sumar capas de sintetizadores analógicos, secuencias repetitivas y pulsos hipnóticos que parecen no tener principio ni final. Los patrones cíclicos generan una sensación de movimiento constante mientras la composición evoluciona lentamente, construyendo paisajes sonoros inmensos que parecen dibujar galaxias enteras frente al oyente. No hay estructuras convencionales ni puntos de apoyo evidentes. Solamente un viaje mental que exige dejarse llevar.

Pero si hay una pieza que realmente me atrapó desde la primera escucha es “Flight”. Para mí es el corazón emocional del álbum. La primera mitad está dominada por una pulsación constante que recuerda al latido de un corazón perdido en el vacío espacial. Todo avanza con una cadencia hipnótica y envolvente, generando esa extraña sensación de estar suspendido entre la inmensidad y la introspección. Luego la composición muta. El protagonismo pasa a un patrón repetitivo de hi-hat electrónico que empuja la música hacia otro estado de conciencia. Es difícil describirlo sin caer en clichés, pero realmente transmite una sensación de viaje astral. Hay felicidad, nostalgia, esperanza y melancolía coexistiendo al mismo tiempo. Una montaña rusa emocional construida únicamente a través de texturas y atmósferas.

“Dawn” aparece como un pequeño descanso dentro de la inmensidad cósmica de las dos primeras composiciones. Es el tema más breve del lanzamiento, pero cumple una función fundamental. Actúa como una transición, como un despertar gradual. Aquí los sintetizadores secuenciados dejan espacio a una instrumentación más suave donde predominan órganos de carácter espacial, drones sostenidos y utiliza elementos melancólicos y un trabajo de cintas en bucle inspirado en los célebres Frippertronics, la técnica de delay y looping analógico desarrollada y popularizada por Robert Fripp junto a Brian Eno durante los años setenta, una herramienta fundamental para la construcción de paisajes sonoros expansivos y ambientales . La sensación es la de contemplar un amanecer imposible desde algún rincón remoto del universo.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Lovebites – Oustanding Power (2026)

El cierre llega con “Rain”, probablemente la composición que mejor resume el espíritu completo de All Gates Open. Mientras las canciones anteriores parecían moverse entre territorios claramente diferenciados, aquí todas las piezas del rompecabezas convergen. Sintetizadores Moog, guitarras acústicas fluidas, texturas industriales y capas ambientales se mezclan en una única corriente sonora que avanza lentamente hacia una conclusión profundamente emotiva. Hay momentos donde la música transmite una sensación de liberación absoluta, como si después de una travesía interminable finalmente apareciera la luz en el horizonte. Es un final cargado de imágenes mentales, de esas canciones capaces de contar historias enteras sin pronunciar una sola palabra.

Parte de la magia del álbum también reside en el equipo que ayudó a darle forma. El núcleo creativo compuesto por Paul Riedl, Morris Kolontyrsky, Jeff Barrett e Isaac Faulk encontró en Arthur Rizk al aliado perfecto para capturar cada textura analógica, cada matiz ambiental y cada detalle microscópico de estas composiciones. Su trabajo de mezcla y masterización resulta fundamental para que todo respire con una naturalidad sorprendente. A eso se suma la portada creada por Jodie Day, una pieza de ciencia ficción retrofuturista que parece extraída de una novela ilustrada de los años setenta y que encaja perfectamente con el espíritu explorador del proyecto.

También resulta imposible ignorar la influencia de los músicos que rodearon a la banda durante aquellas sesiones en Berlín. La presencia de Thorsten Quaeschning de Tangerine Dream, Nicklas Malmqvist de Hällas y Malte Gericke de Sijjin aporta todavía más contexto a una obra que dialoga constantemente con décadas de música progresiva, electrónica y experimental.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Ben Hutcherson (Khemmis): “El corazón del disco es una celebración”

Lo más interesante de All Gates Open es que no busca superar a Absolute Elsewhere ni convertirse en el próximo gran capítulo de Blood Incantation. Su valor está precisamente en mostrar el origen de esa evolución. Es el primer destello creativo. El momento en que las ideas todavía estaban tomando forma. El instante exacto donde comenzó a abrirse una nueva puerta dentro del universo de la banda.

Y vaya si valió la pena cruzarla.

All Gates Open no es simplemente una banda sonora. Es un documento creativo, una pieza esencial para entender hacia dónde fue Blood Incantation y por qué hoy sigue siendo una de las propuestas más inquietas, ambiciosas e impredecibles de toda la música pesada contemporánea.

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Blood Incantation
All Gates Open (2026)
Century Media

Tracklist:
1. Balance
2. Flight
3. Dawn
4. Rain




Blood Incantation nunca fue una banda más dentro del death metal. Desde que emergieron desde las profundidades de Denver, Colorado, construyeron una identidad propia basada en una obsesión casi enfermiza por expandir los límites del género. Lo que comenzó como una propuesta de death metal cósmico, técnico y profundamente atmosférico terminó convirtiéndose en algo mucho más ambicioso. Disco tras disco fueron corriendo las fronteras de su sonido hasta llegar a un punto donde el metal dejó de ser el único lenguaje posible para expresar sus ideas.

Por eso All Gates Open (Original Motion Picture Soundtrack) no debería entenderse como un nuevo álbum de Blood Incantation en el sentido tradicional. Es algo mucho más interesante. Es una cápsula temporal. Una fotografía del momento exacto en que comenzó a gestarse la transformación creativa que años después desembocaría en Absolute Elsewhere. Aunque recién ve la luz en 2026, la música aquí contenida nació varios años atrás, cuando la banda comenzaba a explorar caminos desconocidos dentro de su propio universo.

El lanzamiento acompaña al documental de 73 minutos que registra la experiencia del grupo durante su estancia en el legendario Hansa Tonstudio de Berlín. Un lugar mítico cuyas paredes absorbieron parte de la historia de artistas como David Bowie, Depeche Mode, Tangerine Dream, Iggy Pop o Nick Cave. Blood Incantation no llegó allí solamente para grabar. Se instaló en la ciudad, respiró sus calles, su cultura y toda la carga artística que Berlín arrastra desde hace décadas. Esa experiencia termina impregnando cada minuto de esta banda sonora.

Hay algo fascinante en All Gates Open porque funciona como el opuesto espiritual de Timewave Zero. Si aquel trabajo se movía entre sombras densas, minimalismo y estados contemplativos casi oscuros, aquí la sensación es completamente distinta. Todo parece más abierto, luminoso y orgánico. Hay una búsqueda constante de belleza, de expansión y de conexión con algo que parece trascender lo terrenal.

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El viaje comienza con “Balance”, la composición más extensa del disco y también la puerta de entrada a todo lo que vendrá después. Desde sus primeros minutos queda claro que Blood Incantation continúa rindiendo tributo a la Escuela de Berlín de la música electrónica. Las huellas de Tangerine Dream, Klaus Schulze y especialmente Manuel Göttsching, el cerebro detrás de los cósmicos Ash Ra Tempel, aparecen por todos lados, pero nunca desde la imitación. El tema nace como una nube ambiental casi imperceptible y lentamente empieza a sumar capas de sintetizadores analógicos, secuencias repetitivas y pulsos hipnóticos que parecen no tener principio ni final. Los patrones cíclicos generan una sensación de movimiento constante mientras la composición evoluciona lentamente, construyendo paisajes sonoros inmensos que parecen dibujar galaxias enteras frente al oyente. No hay estructuras convencionales ni puntos de apoyo evidentes. Solamente un viaje mental que exige dejarse llevar.

Pero si hay una pieza que realmente me atrapó desde la primera escucha es “Flight”. Para mí es el corazón emocional del álbum. La primera mitad está dominada por una pulsación constante que recuerda al latido de un corazón perdido en el vacío espacial. Todo avanza con una cadencia hipnótica y envolvente, generando esa extraña sensación de estar suspendido entre la inmensidad y la introspección. Luego la composición muta. El protagonismo pasa a un patrón repetitivo de hi-hat electrónico que empuja la música hacia otro estado de conciencia. Es difícil describirlo sin caer en clichés, pero realmente transmite una sensación de viaje astral. Hay felicidad, nostalgia, esperanza y melancolía coexistiendo al mismo tiempo. Una montaña rusa emocional construida únicamente a través de texturas y atmósferas.

“Dawn” aparece como un pequeño descanso dentro de la inmensidad cósmica de las dos primeras composiciones. Es el tema más breve del lanzamiento, pero cumple una función fundamental. Actúa como una transición, como un despertar gradual. Aquí los sintetizadores secuenciados dejan espacio a una instrumentación más suave donde predominan órganos de carácter espacial, drones sostenidos y utiliza elementos melancólicos y un trabajo de cintas en bucle inspirado en los célebres Frippertronics, la técnica de delay y looping analógico desarrollada y popularizada por Robert Fripp junto a Brian Eno durante los años setenta, una herramienta fundamental para la construcción de paisajes sonoros expansivos y ambientales . La sensación es la de contemplar un amanecer imposible desde algún rincón remoto del universo.

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El cierre llega con “Rain”, probablemente la composición que mejor resume el espíritu completo de All Gates Open. Mientras las canciones anteriores parecían moverse entre territorios claramente diferenciados, aquí todas las piezas del rompecabezas convergen. Sintetizadores Moog, guitarras acústicas fluidas, texturas industriales y capas ambientales se mezclan en una única corriente sonora que avanza lentamente hacia una conclusión profundamente emotiva. Hay momentos donde la música transmite una sensación de liberación absoluta, como si después de una travesía interminable finalmente apareciera la luz en el horizonte. Es un final cargado de imágenes mentales, de esas canciones capaces de contar historias enteras sin pronunciar una sola palabra.

Parte de la magia del álbum también reside en el equipo que ayudó a darle forma. El núcleo creativo compuesto por Paul Riedl, Morris Kolontyrsky, Jeff Barrett e Isaac Faulk encontró en Arthur Rizk al aliado perfecto para capturar cada textura analógica, cada matiz ambiental y cada detalle microscópico de estas composiciones. Su trabajo de mezcla y masterización resulta fundamental para que todo respire con una naturalidad sorprendente. A eso se suma la portada creada por Jodie Day, una pieza de ciencia ficción retrofuturista que parece extraída de una novela ilustrada de los años setenta y que encaja perfectamente con el espíritu explorador del proyecto.

También resulta imposible ignorar la influencia de los músicos que rodearon a la banda durante aquellas sesiones en Berlín. La presencia de Thorsten Quaeschning de Tangerine Dream, Nicklas Malmqvist de Hällas y Malte Gericke de Sijjin aporta todavía más contexto a una obra que dialoga constantemente con décadas de música progresiva, electrónica y experimental.

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Lo más interesante de All Gates Open es que no busca superar a Absolute Elsewhere ni convertirse en el próximo gran capítulo de Blood Incantation. Su valor está precisamente en mostrar el origen de esa evolución. Es el primer destello creativo. El momento en que las ideas todavía estaban tomando forma. El instante exacto donde comenzó a abrirse una nueva puerta dentro del universo de la banda.

Y vaya si valió la pena cruzarla.

All Gates Open no es simplemente una banda sonora. Es un documento creativo, una pieza esencial para entender hacia dónde fue Blood Incantation y por qué hoy sigue siendo una de las propuestas más inquietas, ambiciosas e impredecibles de toda la música pesada contemporánea.

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