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Cancer y Pestilence en Buenos Aires: “Dos caras de la misma furia”
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Fotos gentileza de: Martin DarkSoul

Era miércoles por la noche y El Teatrito de Buenos Aires se transformó en catedral porteña del metal podrido. Allí, dos leyendas del death metal europeo, Cancer y Pestilence, demostraron por qué, tres décadas después de sus obras más influyentes, siguen siendo referentes incuestionables del género. Una jornada que arrancó con la tensión laboral típica de oficina y terminó en catarsis sonora, de esas que solo el death metal, en su forma más pura y despiadada, sabe ofrecer.

Tras varios años, los británicos comandados por el histórico John Walker y los holandeses liderados por Patrick Mameli, volvieron al país en el marco del tour The True Faces of Death Latin America 2025 para ofrecer una verdadera clase magistral de metal extremo, que justificó cada minuto de espera.

La velada comenzó con propuestas locales, encargadas de calentar motores. Muerte Violenta abrió la jornada, aunque mi llegada sobre el final de su set —tras cambiar la armadura laboral de oficina por la indumentaria metalera— no me permitió apreciar en detalle su propuesta. Luego llegó el turno de Razgos, que entregó una dosis sólida de death metal criollo. Sin embargo, lo que sucedió tras bambalinas desvió por un momento la atención, transcurrido el set y durante el desarmado de la batería se desató un cruce con gritos y hasta amenazas de “te espero a la salida”, más propias de un recreo escolar que de un show profesional entre el batero y un técnico del lugar. Afortunadamente no pasó de bravuconadas y todo siguió su curso, aunque dejó un aire enrarecido antes de los platos fuertes. Cabe mencionar que Glaucoma tuvo que bajarse de la fecha por problemas de salud de uno de sus integrantes, una baja sensible para el cartel nacional, aunque sin restar expectativa a la llegada de los europeos.

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Los primeros internacionales en subir fueron los británicos Cancer. Desde los acordes iniciales quedó claro que estábamos frente a veteranos que saben exactamente lo que hacen. John Walker, una leyenda viviente, comandó una formación que recorrió buena parte de su discografía con la autoridad de quien ayudó a moldear las bases del death metal europeo en los años noventa.

El repertorio incluyó clásicos como “Death Shall Rise”, “Into the Acid”, “Corrosive” y “C.F.C.”, himnos generacionales que el público coreó y acompañó en cada riff y cada quiebre rítmico. No obstante, la presentación se vio empañada por algunos problemas técnicos. Primero, la rotura de una pedalera obligó a una breve pausa para solucionar el inconveniente. Luego, el volumen general estuvo demasiado bajo, lo que restaba impacto a la propuesta. Y lo más molesto, un pitido persistente en la voz, que se mantuvo durante buena parte del set y cortaba la atmósfera oscura que la banda buscaba transmitir.

Aun así, cuando todo engranaba, Cancer lograba momentos de auténtica grandeza. La interacción entre guitarras, la base rítmica ajustada y la presencia escénica de Walker recordaban por qué estos ingleses son arquitectos fundamentales del death metal. Para muchos, fue la revancha ideal de aquella fecha de 2016 en el Mvseo Rock, que todavía seguía dando vueltas en la memoria de los viejos fanáticos.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Suffocation en Buenos Aires: Brutalidad técnica en su máxima expresión

Tras la espera y los ajustes técnicos, Pestilence tomó el escenario y, desde el primer acorde, la diferencia fue brutal. El sonido era cristalino, potente y perfectamente balanceado: nada de los problemas que habían aquejado a la banda anterior.

Mameli, cerebro detrás de composiciones que marcaron época, mostró que sigue siendo uno de los grandes referentes del death metal técnico. La banda no dio respiro y desplegó un arsenal que recorrió distintas etapas, desde la crudeza de “Consuming Impulse” y “Testimony of the Ancients“, pasando por “Resurrection Macabre“, hasta llegar al material más reciente de “Exitivm“. Cada bloque funcionó como un repaso de la evolución del género, entre la brutalidad directa y la complejidad progresiva que definió la escuela holandesa.

El cantante/guitarrista y líder estuvo en plena forma vocal alternando gruñidos profundos con pasajes más elaborados y fieles a su estilo. Su presencia, sin necesidad de grandilocuencias, dominó el escenario mientras que el público respondía con intensidad, agradeciendo por una banda que, en lugar de vivir del recuerdo, sigue pisando fuerte en el presente.

El Teatrito terminó siendo el escenario de un duelo simbólico entre dos formas de entender el death metal europeo, Cancer, con esa crudeza visceral del sonido británico; Pestilence, con la sofisticación técnica que siempre caracterizó a Holanda. Distintas escuelas, misma esencia extrema.

Para quienes viven el género como catarsis tras jornadas laborales agotadoras, la noche fue un recordatorio poderoso de por qué el death metal sigue siendo indispensable. Y si Cancer, a pesar de los tropiezos técnicos, dio una muestra de vigencia, lo de Pestilence fue directamente arrollador, un show sólido, contundente y sin fisuras, que reafirmó el lugar de la banda como uno de los pilares del death metal técnico mundial.

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Cancer y Pestilence en Buenos Aires: “Dos caras de la misma furia”
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Fotos gentileza de: Martin DarkSoul

Era miércoles por la noche y El Teatrito de Buenos Aires se transformó en catedral porteña del metal podrido. Allí, dos leyendas del death metal europeo, Cancer y Pestilence, demostraron por qué, tres décadas después de sus obras más influyentes, siguen siendo referentes incuestionables del género. Una jornada que arrancó con la tensión laboral típica de oficina y terminó en catarsis sonora, de esas que solo el death metal, en su forma más pura y despiadada, sabe ofrecer.

Tras varios años, los británicos comandados por el histórico John Walker y los holandeses liderados por Patrick Mameli, volvieron al país en el marco del tour The True Faces of Death Latin America 2025 para ofrecer una verdadera clase magistral de metal extremo, que justificó cada minuto de espera.

La velada comenzó con propuestas locales, encargadas de calentar motores. Muerte Violenta abrió la jornada, aunque mi llegada sobre el final de su set —tras cambiar la armadura laboral de oficina por la indumentaria metalera— no me permitió apreciar en detalle su propuesta. Luego llegó el turno de Razgos, que entregó una dosis sólida de death metal criollo. Sin embargo, lo que sucedió tras bambalinas desvió por un momento la atención, transcurrido el set y durante el desarmado de la batería se desató un cruce con gritos y hasta amenazas de “te espero a la salida”, más propias de un recreo escolar que de un show profesional entre el batero y un técnico del lugar. Afortunadamente no pasó de bravuconadas y todo siguió su curso, aunque dejó un aire enrarecido antes de los platos fuertes. Cabe mencionar que Glaucoma tuvo que bajarse de la fecha por problemas de salud de uno de sus integrantes, una baja sensible para el cartel nacional, aunque sin restar expectativa a la llegada de los europeos.

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El repertorio incluyó clásicos como “Death Shall Rise”, “Into the Acid”, “Corrosive” y “C.F.C.”, himnos generacionales que el público coreó y acompañó en cada riff y cada quiebre rítmico. No obstante, la presentación se vio empañada por algunos problemas técnicos. Primero, la rotura de una pedalera obligó a una breve pausa para solucionar el inconveniente. Luego, el volumen general estuvo demasiado bajo, lo que restaba impacto a la propuesta. Y lo más molesto, un pitido persistente en la voz, que se mantuvo durante buena parte del set y cortaba la atmósfera oscura que la banda buscaba transmitir.

Aun así, cuando todo engranaba, Cancer lograba momentos de auténtica grandeza. La interacción entre guitarras, la base rítmica ajustada y la presencia escénica de Walker recordaban por qué estos ingleses son arquitectos fundamentales del death metal. Para muchos, fue la revancha ideal de aquella fecha de 2016 en el Mvseo Rock, que todavía seguía dando vueltas en la memoria de los viejos fanáticos.

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Mameli, cerebro detrás de composiciones que marcaron época, mostró que sigue siendo uno de los grandes referentes del death metal técnico. La banda no dio respiro y desplegó un arsenal que recorrió distintas etapas, desde la crudeza de “Consuming Impulse” y “Testimony of the Ancients“, pasando por “Resurrection Macabre“, hasta llegar al material más reciente de “Exitivm“. Cada bloque funcionó como un repaso de la evolución del género, entre la brutalidad directa y la complejidad progresiva que definió la escuela holandesa.

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