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Mi Última Solución en Buenos Aires: “El gran festejo del core”
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El post hardcore no es un estilo con el que haya tenido mucha interacción en mis tres décadas de vida, pero en este último año estuve bastante metido en ello aunque sea viendo las notas que publiqué: la crónica de la visita de Alesana, la entrevista con Craig Mabbitt de Escape The Fate, y la reseña del recomendable Coup de Grâce de SeeYouSpaceCowboy. Y a eso hay que sumarle todo lo relacionado con los argentinos Mi Última Solución de quienes reseñé su también muy recomendable Reflejos de Uno Mismo, entrevisté al cantante Sebastián Vázquez y el sábado 8 de junio, para completar todo, estuve presente en la presentación de ese disco en el Teatro Vorterix de Buenos Aires, en una fecha que prometía mucho tanto para veteranos del estilo como para novatos como yo.

Para cuando pude llegar los teloneros En La Verdad y All For Love ya habían hecho lo suyo arriba del escenario, por lo que tendrán que disculparme si no hablo acerca de sus presentaciones (aunque, llamativamente, no estarán totalmente ausentes de esta crónica). A las 21.00 el Vorterix estaba casi lleno, y fue justo en ese momento que comenzó a sonar la intro que anunciaba la salida a las tablas de los cinco miembros de Mi Última Solución, con la gente agolpándose a toda marcha contra las vallas del lugar al ritmo de “Incendio”.

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Lo de Mi Última Solución fue un auténtico tour de force no sólo a través de su nuevo álbum, que con apenas 29 minutos hubiera sido fácil de incluir completo en cualquier concierto, sino también de la historia de la banda. Hablamos de nada menos que 27 canciones a lo largo de casi dos horas de presentación, que también incluyó la presencia de varios invitados, incluyendo a Isaac Rosales de Sullivan en “Siempre” y Patricio Otero de Jordan en “Felina”, por sólo poner un par.

También llegó el momento de que Sebastián sacara la guitarra acústica y diera comienzo al momento “íntimo” de la noche, con sendas interpretaciones de “El Fuego Dentro Nuestro” y “Perdidos”, esta última acompañada por el “mar de estrellas” de las pantallas y linternas de los celulares del público. Todo esto demostrando que el atractivo de la banda no se limita sólo a una oportunidad para chocar cabezas.

Y hablando de chocar cabezas, incluso con un par de problemas de sonido con los micrófonos de los invitados y los pedidos de Sebastián para que arreglen un problema con el retorno, el sonido se podría describir como óptimo, y con la gente agitando a todo momento, coreando las partes cuando el sonido fallaba. Con la batería pegando en el pecho y la conjunción de guitarras y bajo guiando las canciones con sus melodías ultra pegadizas pasadas a través de su filtro pesado, dando lugar a la fórmula perfecta para que la gente haga pogo y arriesgue su vida tratando de surfear entre el público, algo que ni todos los láseres de la gente de seguridad podrían evitar siquiera con su fuerza combinada.

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Una persona de la que se me olvidó el nombre, pero que claramente era mucho más elocuente y conocedora que yo, describió la característica principal de esta suerte de “easycore” como “una atmósfera de feliz cumpleaños”. Puede sonar como una estupidez, pero rápidamente queda confirmado: la gente gritando y saltando para todos lados al ritmo de los riffs y la batería sería complicada de diferenciar de un grupo de nenes enloquecidos, y esto es algo positivo. Eso podría haber sido algo simplemente simbólico, hasta que llegó el final donde la gente de Mi Última Solución estuvo acompañada arriba del escenario por todos los invitados y los miembros de las bandas teloneras, a lo que se sumó que tiraran pelotas inflables al público y bailaran todos juntos, ahora de verdad pareciendo que estuvieran festejando en una sala de arcade porque el Daytona 2 y el Metal Slug están desocupados.

No creo que alguien haya salido insatisfecho de Vorterix luego de semejante seguidilla de energía, distorsión, melodías y alegría. Más allá de los prejuicios que se pueda tener con el “posjarcor” están claras las razones por las que el estilo tiene un seguimiento tan intenso detrás, con la cantidad de tatuajes con logos, letras y demás que se podía ver entre el público. A seguirles la pista a todas estas bandas, porque seguro al menos una tendrá algo que al lector le podría atrapar si es que no está ya metido en todo esto.

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Rammstein en Barcelona: “Agua contra fuego”
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Foto portada: Paul Harries

El 11 de junio me acerqué al Estadio Olímpico de Barcelona bajo una lluvia torrencial, una de esas lluvias que convierten las calles en ríos y el cielo en un telón impenetrable. Sin embargo, la adversidad climática no asustó a los seguidores de Rammstein. La gente, casi todos con chubasqueros para protegerse de la tormenta, formaba largas filas esperando entrar al recinto. El espectáculo, se sabía, no se cancelaría por nada; la determinación del público y de la banda era más fuerte que cualquier inclemencia.

Una vez dentro, la atmósfera se cargó de una expectación electrizante. Los alemanes, conocidos por su majestuosidad escénica, no defraudaron. Desde el primer acorde de “Ramm 4”, el sonido fue increíble, una ola de vibraciones perfectamente orquestadas que envolvía al estadio. La pirotecnia, una firma ineludible de sus actuaciones, estallaba con una precisión que parecía desafiar la lógica y la seguridad, encendiendo la tarde/noche y contrastando con la oscuridad lluviosa.

El espectáculo de los liderados por Till Lindemann, que ya ha pasado los 60 años, fue una demostración de vitalidad y presencia escénica. Su voz (baja por momentos), y sus movimientos, resonaban con una fuerza que desafiaba su edad, mientras que su carisma mantenía a la audiencia en un estado de hipnosis colectiva. La banda, como un mecanismo perfectamente engrasado, acompañaba cada movimiento y cada palabra con una exactitud como si de una coreografía de baile se tratara.

El repertorio fue una cuidadosa selección de temas clásicos y nuevos. “Links 2-3-4” y “Keine Lust” fueron recibidos con una ovación ensordecedora, mientras que “Sehnsucht” y “Asche zu Asche” trajeron reminiscencias de los días de gloria temprana de la banda. “Mein Herz brennt” y “Puppe” (encendiendo fuego un carro de bebe) añadieron una dimensión casi teatral al concierto, con interpretaciones cargadas de dramatismo y emoción.

Las canciones más recientes, como “Zeit” y “Deutschland”, no solo demostraron la evolución musical de la banda, sino que también se integraron perfectamente en el setlist, manteniendo la energía y la cohesión del espectáculo. “Radio” y “Mein Teil” fueron ejecutadas con una precisión y una pasión que resonaron profundamente entre la audiencia.

El final de la noche fue un crescendo de intensidad. “Du hast” (el nuevo himno alemán), “Sonne” y “Ich will” llevaron a la multitud a un estado de euforia casi palpable, con los asistentes coreando cada palabra y cada nota. El bis, con “Rammstein” y “Adieu”, fue un cierre majestuoso, una despedida que dejó a todos los presentes con la sensación de haber vivido una experiencia única, un momento en el tiempo que sería recordado con la misma intensidad con la que fue vivido.

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Bala en Barcelona: “Somos mucho más que dos”
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La sorpresa al entrar fue monumental. Bala, ese dúo gallego que ruge como una jauría desatada, tocaba en la sala grande de Paral·lel 62. Los murmullos de incredulidad y emoción llenaban el aire. La sala, abarrotada hasta el último rincón, parecía un hervidero de energía contenida. El sonido, una obra maestra de perfección acústica, retumbaba con una claridad que solo Paral·lel 62 puede ofrecer.

El telón se abrió con Pinpilinpussies, un dúo de guitarra y batería que sacudió la sala desde los primeros acordes. En un par de temas, las chicas intercambiaron instrumentos con una destreza envidiable, mostrando su versatilidad y complicidad sobre el escenario. Sus dos álbumes, “Hipocondria” y “Fuerza 3”, formaron la columna vertebral de su setlist, demostrando una vez más que su música es un himno de la rebelión joven. Canciones como “Bellaco” y “Burdeos” fueron pura dinamita, con letras que rasgan el alma y un ritmo que late como un corazón en pleno frenesí.

Y luego, Bala. Un dúo femenino que sobre el escenario se transforma en un vendaval indomable. Presentando su último disco “Besta”, hicieron temblar cada rincón de Paral·lel 62 con una potencia que se sentía como si diez personas se desgañitaran al unísono. “Equivocarme” abrió la noche, un golpe directo al estómago que dejó a todos sin aliento. Le siguieron “Colmillos” y “Tripas / Chained”, con riffs que arañaban la piel y una batería que resonaba en los huesos.

No hubo tregua. “Omertá” y “Vitamina” aceleraron los pulsos, mientras que “Verde” y “Hoy no” mostraron una faceta más sombría y cruda del dúo. “Liar” y “Bessie” mantuvieron el frenesí, hasta que un cover de “Territorial Pissings” de Nirvana sacudió los cimientos de la sala. Pero el clímax llegó con “Agitar”, mi favorita, una tormenta sónica que encapsulaba toda la esencia de Bala: furia, pasión y una energía inagotable.

Cuando sonaron los últimos acordes de “Humo”, quedó claro que Bala no solo había cumplido con las expectativas, sino que las había pulverizado. La sala grande de Paral·lel 62 fue testigo de una noche que se recordará como un ciclón de música y emoción pura, una muestra de que Bala no es solo un dúo, sino una fuerza de la naturaleza.


 

 

 

 

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Temperance en Barcelona “Diversión asegurada”
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Ante la avalancha de conciertos y festivales la noche del viernes solo concentró a medio centenar de fans del heavy metal, Los madrileños Vanagloria entraron como acto de soporte

el cuarteto liderados por Miguel Merino cuarteto metal defendieron con creces su último material “La sabiduría Inconcebible” (2023). Pudimos apreciar todo el arsenal del virtuoso Diego Millán, guitarra que no paró de disparar riffs que lo seguían sincopadamente, Iván Roca Bajo y Raúl Sánchez enjaulado en su batería. Una a una fueron desgranando “Piensa Dos Veces” habla sobre la depresión, “El ascenso de la maldad” temática de la destructiva obsesión de las potencias por obtener la hegemonía. “Epitafio” es una rara avis en el repertorio metal que en su versión original cuenta con parte rapeadas por otro cantante, pero Miguel se las arregló para rapear como todo un MC. Le siguieron “Cuando el mundo se detuvo” que abre con un gutural de rodillas en el escenario potentísimo death metal que contrastó la siguiente canción “Albores de un nuevo comienzo” en modo Pantera. Pusieron la reversa en su discografía “Sigue lloviendo” apoyado de palmas, ha llegado el momento de la despedida dando paso a “La Dinámica del Miedo” concluyendo así el salto a las giras por la península. La serie de contratiempos no impidió que disfrutáramos de Temperance, formados en Piamonte, Italia debutan con la neoyorquina Kristin Starkey en la voz femenina desde el año pasado, Marco Pastorino guitarrista zurdo y líder le da la bienvenida junto al resto de la banda Luca Negro bajo, Michele Guaitoli voz masculina y Marco Sacchetto. ”Daruma” es el cañonazo inicial a 3 voces sin abusar demasiado de los sonidos pregrabados calzados con precisión.

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Marco se esfuerza por dedicarnos unas palabras en español “Estoy muy contento de estar aquí con vosotros en Catalunya” balbuceaba arropado por los vítores de su legión de fans,

después de esta interacción interpretan “No Return” llevando al siguiente nivel la revisión de éxitos de los piamontinos con acento femenino directo desde la gran manzana.

La épica “A Hero Reborn” es una masa coral, comienza con Pastorino le da el pase a Guaitoli y la finaliza melódicamente Kristin bordando la voz soprano como la gutural, una profesional al ciento por ciento, ojalá se quede por una buena temporada porque es la voz perfecta para el dúo masculino.

“Diamanti” se transforma en una versión trilingüe inglés, Italiano y parte de coro en español, un gesto muy bonito por parte de su cantante leyendo su móvil arrodillado al centro del escenario con una impresionante subida de tono para cerrar.

“Welcome to Hermitage” dejó una bonita postal con un mar de manos balanceándose al ritmo de estos himnos del power metal. “I’m Into The Fire” siguen con sus lecciones de español y nos piden que traduzcamos el título de la canción, con la tarea hecha cantaremos el estribillo como “Yo soy el fuego” se ve que les gusta venir por estas tierras que de seguro amán tanto como el país de la bota. ”Darkness is Just a Drawing” cautiva con su alto grado de epicidad y a la vez comercialidad “Into The Void” con aires solemnes orquestales y solos de guitar hero mantienen el pulso del concierto “Of Jupiter and Moon” es quizás la más conocida de la banda según la biblia del streaming, sin duda una de las más coreadas de la noche.

A pesar de los cambios de formación a Temperance la calidad musical del directo permanece intacta y podemos decir que tienen por lo menos otra década más de éxitos, más por lo menos.

Si te los cruzas de gira por tu ciudad no dudes de asistir, es diversión asegurada para reducidas audiencias o macrofestivales este verano.

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Koma en Madrid: “Potencia y conquista”
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Madrid, 26 de mayo de 2024, la legendaria banda de rock y metal Koma demostró anoche que sigue en plena forma con un concierto vibrante y lleno de energía en la Sala La Riviera de Madrid. La banda navarra, que presentaba su nuevo disco “Una ligera mejoría antes de la muerte”, tras 13 años sin editar nuevas canciones, ofreció un repertorio completo que incluyó clásicos y temas nuevos que hicieron vibrar a un público entregado que llenó la sala hasta la bandera.

Koma salió al escenario con una gran puesta en escena, con luces que variaban según el tema y una actitud arrolladora, empecé con el 23mm montado para tratar de recoger lo más posible el ambiente dejando para las últimas canciones el teleobjetivo. Durante más de dos horas, Koma repasó algunos de sus grandes éxitos, como “El pobre”, “Bienvenidos a degüello”, “Tío Sam” o “La almohada cervical”, junto a temas más recientes de su nuevo trabajo. La banda demostró una gran compenetración y un dominio absoluto del escenario, contagiando al público su energía y pasión por la música. Me pareció un show impecable y lleno de energía, espero que las fotos describan o insinúen lo ocurrido. El Duque se dirigió poco al público, pero sus palabras fueron cariñosas y llenas de agradecimiento. Se jactó de los años sobre el escenario y presumió del último disco, del que dijo que irían intercalando canciones. Tiene mucho imán y con solo levantar las cejas toda la Riviera se encendía, con frontman así empiezas con un plus espectacular.

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El público, entregado y en comunión con la banda, estaba formado por personas de todas las edades, no paró de cantar y bailar durante todo el concierto. Se notaba la expectación y las ganas de ver a Koma en directo, y la banda no defraudó. Los fans coreaban las canciones a pleno pulmón, saltaban al ritmo de la música y disfrutaban de cada minuto del show. Saqué varias fotos solo de la masa con los brazos en alto o saltando, me pareció digno de inmortalizar, entraba por los ojos dejando un cuadro precioso.

Tras dos pausas con amago de fin de concierto, metiendo algunas de las más conocidas y esperadas como “Palabras mágicas”, “Saltos mortales”, “Sakeo” o “Aquí huele como que han fumao”, Koma llegó al final del show con un broche de oro: “Mi Jefe”, uno de sus temas más emblemáticos. El público se volcó con la canción, cantando a pleno pulmón y saltando al ritmo de la música. La banda se despidió del público con una gran ovación, dejando un sabor de boca inmejorable y con la sensación de haber presenciado un concierto memorable, Koma sigue en plena forma y ya sabemos que estará en el cartel del Pirata Madrid este octubre.

En resumen, un concierto para recordar y que confirma el buen estado de forma de Koma, deja con ganas de más a sus fans y el recuerdo de una noche con un sonido potente, una puesta en escena cuidada y una actitud arrolladora.

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Festival TocadaK en Buenos Aires: “Ecos de los dorados años noventa”
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En una jornada patria y de frío polar, con anuncios de posibles nevadas en la ciudad de Buenos Aires, nos acercamos a lo que fue el TocadaK Fest, donde grandes exponentes del hardcore, punk y rock alternativo nacional brindaron un show memorable sobre las tablas del Art Media, un sitio al que no había tenido el placer de asistir hasta esa tarde.

El lugar, muy bien ubicado en la zona de Villa Crespo, a pocas cuadras del Movistar Arena, ofrecía al ingresar stands de ropa, libros, tatuadores, venta de parches y stickers, una peluquería, puestos de comida, varios fichines para amenizar la espera o simplemente para distraer a los niños (había muchísimos) y pasar el rato entre banda y banda. También pude observar mesas de metegol. Otro punto a destacar es que la organización brindó bidones de agua para refrigerio del público.

Como acto de apertura, se presentaron los músicos de Carmina Burana, quienes con su show de ska punk deleitaron a los primeros asistentes. Casi 10 personas en escena interpretaron con gran energía canciones que incluían violas, batería, bajo, teclado, trompeta y trombón.

Cinco fueron los integrantes que tomaron sus respectivos micrófonos para ir entonando las distintas canciones que conformaron el setlist. Lamentablemente no pude ver todo el repertorio, pero lo que pude apreciar, sonó excelente.

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En segundo lugar, con una demora de aproximadamente 15 minutos con respecto a lo pactado, subieron al escenario los integrantes de No Demuestra Interés, aquella banda histórica que mi yo adolescente no paraba de escuchar y cantar a viva voz.

Con el regreso de Adrián Outeda, su cantante original y figura emblemática de la época del B.A.H.C., se rememoraron viejas gemas como ““, “Debes quitarte el uniforme“, “Patea al slogan“, “Discriminación“, “Ceguera juvenil“, y “Cosecha cerebral“, cover de Bandera de Niebla, otra banda que integró Adrián además de Satan Dealers y N.D.I.

El setlist estuvo confeccionado para recorrer la mayoría de sus discos. Lamentablemente, no se incluyó ninguna canción de “Mensaje No Preciso en Imagen“, un disco en el que la banda cambió su rumbo hacia un sonido más melódico y experimental.

Mientras Adrián vociferaba su rabia en cada canción, la reacción del público fue de recuerdo y alegría. Lucas Romeo, uno de los violeros, se mezclaba entre ellos, surfeando entre los brazos de los fans para luego volver al escenario.

El público ya estaba prendido fuego y el festival recién estaba comenzando.

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Recambio de público y tiempo para recargar energías. Como tercer acto, subieron al escenario los Peligrosos Gorriones. El lugar para esta altura ya estaba cubierto en un 70%, pero hubo varios inconvenientes de sonido: demasiados acoples y el micrófono de Francisco Bochatón sonaba muy fuerte, tanto que llegaba a aturdir, incluso a 20 metros del escenario. En este caso, no podría destacar ninguna canción por mi desconocimiento de la propuesta de la banda, aunque reconozco que tienen una larga trayectoria en el ambiente nacional.

En los interludios entre cada agrupación, sonaban grandes canciones de hardcore y punk de bandas como Bad Religion, Green Day, Rancid, The Ramones (hasta este momento de la jornada, ya leerán por qué).

Una nueva banda sube al escenario: esta vez les toca el turno a Los Brujos, otros legendarios luchadores del under nacional.

Alejandro Alaci, demostrando ser un excelente frontman, hacía morisquetas al cantar cada uno de los temas que fueron furor en los 90s. Mientras la música sonaba, en el Art Media no faltaron saltos, cantos, mosh y revueltas en el pogo.

Las canciones que hicieron vibrar al público, entre fans y ocasionales, fueron clásicos de la talla de “Kanishka“, “Piso Liso” y “La bomba musical“. En estas canciones, además del mencionado cantante, se sumó un gurrumín de no más de 18 años que dejó todo sobre las tablas.

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Loquero, con su propuesta punk melódica bien ramonera, brindó otro explosivo show. Repasaron canciones de sus 30 años de trayectoria, obteniendo aplausos a gran escala. Su setlist fue largo, ejecutando canciones de todos sus discos. Como invitado especial, se les acopló Batra Sepulcro, cantante y bajista de Sepulcro Punk, para ejecutar “Antisocial“.

Otro de las bandas participantes fueron los Eterna Inocencia con su propuesta hardcore melódica que desplegaron todo su arsenal de canciones, un buen setlist y mucho agite por parte de los asistentes.

Mientras iban sucediendo estas presentaciones, me dediqué a recorrer el lugar. Este contaba con dos pisos donde el público podía desplazarse para tomar algún refrigerio o ingerir algo de comida. Los precios estaban bien, en el rango comparado a otros lugares de renombre.

En la antesala de lo que serían las dos bandas cabeza de cartel, se produjo un desconcierto para los que llenaron el lugar. Hubo quienes hicieron oídos sordos (entre los que me incluyo) y otros que lo tomaron a bien. Fue raro ver a “punkys” y “hardcores” bailar y cantar cumbias que el sonidista fue pinchando desde la consola, cuando rato atrás estaban pogueando con violencia (de la buena).

Temas de cumbia “villera” y “santafesina” sonaron una tras otra como entrada antes de uno de los platos fuertes. Nivel de indignación: 80% por ser bueno.

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El ambiente ya era de fiesta cuando Todos Tus Muertos salieron al escenario para interpretar sus grandes clásicos con la voz principal de Fidel Nadal, a quien se lo vio de muy buen semblante y con su sonrisa característica palpable en su rostro.

La noche estaba basada en la celebración de los 30 años de lo que fue ese gran disco editado en 1994, “Dale aborigen“, que dejó clasicazos como “Mate“, la homónima que da nombre al álbum, “Andate“, “Trece” y más. Entre canción y canción, Fidel preguntaba al público “¿quieren bailar?”, hasta amagaba con que eran pocas las canciones que iban a tocar pero, ante el bullicio de la gente, seguían con su set.

Mezclando temas de aquel gran lanzamiento, sonaron otros hits propios, a saber “Incomunicados“, “No te la vas a acabar“, “El féretro”, “El espejo” y “Gente que no“, esta dupla con la presencia de Sergio Rotman (Los Fabulosos Cadillacs).

Para el final, dejaron “Tu alma mía/Adelita” para hacer delirar a los presentes que armaron una linda ronda de pogo.

Con el recuerdo presente de Gamexane y Pablo Molina, “los muertos” sonaron super ajustados e hicieron disfrutar a los presentes con una muy buena performance. El público aplaudió fuertemente y agradeció por tener sobre las tablas a una de las bandas más significativas de los ’80 y ’90.

Mientras los plomos trabajaban preparando los equipos, nuevamente volvieron los sonidos punk, se fue la cumbia y  la cosa volvió a encaminarse; en el interín sonaron temas de Los Violadores, Flema, más Ramones, Millencolin y otros.

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El festival estaba llegando a su fin, ya habían pasado muchas horas y el 25% del recinto se fue retirando.

Suben los 2 Minutos a escena y fue Blinsky quien hizo algunos comentarios no tan afortunados para con la gente que se había retirado. Aunque suele comportarse así en los distintos shows de la banda, luego se dedicó a lo suyo: tocar la guitarra.

La presentación de 2 minutos fue lo que siempre ha caracterizado al grupo: temas que sonaron “palo y a la bolsa”, apuntando a ir a lo seguro con las canciones populares. El Mosca tuvo una muy buena noche, acompañado en los coros por El Indio, quien aporta esa cuota de fuerza en sus intervenciones.

Quien no dejó de intervenir entre tema y tema fue el ya mencionado Blinsky, haciendo acotaciones y chistes; tanto es así que El Mosca le pidió en varias ocasiones que se concentrara en la lista de temas para no perder el tiempo destinado a tocar.

Volviendo al show, fue pura adrenalina y velocidad al extremo, con canciones que nos transportaron a viejas épocas. Entre muchas, sonaron “Vos no confiaste“, “Demasiado tarde (La marcha)”, “Lejos estoy“, “Otra vez (La casa de Juan)”, “Otra mujer“, “Barricada” con la participación especial de Kaktov, un artista independiente, amigo de la banda.

También hubo lugar para “Tema de Adrian” con una emotiva dedicatoria a Adrián Makinación (QEPD), “Novedades” con una letra que sigue trascendiendo en el tiempo, “Canción De Amor (Cerveza)”, y “Jason“, donde dos niños de no más de 10 años subieron al escenario con máscaras para cantar junto a los muchachos.

En la recta final, el público vibró con “Piñas van, piñas vienen“, “Arrebato“, el mega clásico “Ya no sos igual” que se cantó con las últimas fuerzas, y “Valentín Alsina“, con la que la banda cerró la noche haciendo mención a su barrio natal.

Después de casi 12 horas de shows, el cansancio se hizo notar, la edad pesa, las piernas ya estaban doloridas, pero nos retiramos con la satisfacción de haber visto un excelente festival, una buena organización, mas que aceptable sonido y excelentes bandas seleccionadas, muchas de las cuales no veía hace más de 20 años.

 

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Gorka Urbizu en Barcelona: “Por un eterno renacer”
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En noviembre del 2019, en Iruña/Pamplona ante once mil seguidores, Gorka Urbizu daba por finiquitados veinticinco años al frente de Berri Txarrak, durante los que disco a disco, o gira a gira, fue perdiendo a sus hermanos de viaje originales, hasta ser el mismo quien también decidió bajarse del barco. Cuatro años después reinicia su carrera, con un disco orgánico y minimalista titulado Hasiera Bat.

No es habitual que el telonero, o artista invitado tenga más discos, en solitario, que el artista principal, pero es que Mar Pujol, la cantautora catalana elegida para abrir la noche cuenta en su cuenta de Spotify, con dos discos, un ep y un álbum, mientras que el de Lekunberri recién se ha estrenado ahora en esto de encabezar con su nombre y apellido un disco. Porque aparte de sus nueve discos con Berri Txarrak, también cabe contar sus proyectos paralelos como Peiremans+, y Katamalo, o su primera experiencia discográfica junto a Aitor Goikoetxea, batería original de Berri, en el Plazoaren Martxa (1995), y Basurdearen Orrua (1996) de los siempre festivos Nahi ta Nahiez. 

Mar Pujol nos deleitó con su delicadeza y fragilidad durante unos treinta minutos, aunque tan solo llegué a ver unos veinte. Cuando accedí a la pista de Paral.lel 62, con una capacidad para 950 personas, ya estaba bastante repleta, no así los pisos superiores, la denominada platea que aun presentaban muchos asientos libres, e interpretaba una de las hermosas piezas que componen su primer álbum Cançons de Rebost (2024), la titulada “Ìí”. Nos habló de los personajes que componen “La Ploranera”, siguió con “Flor de Nit”, donde combina arpegios con simplemente rasgar levemente las cuerdas de su guitarra, y que finaliza con un efecto de eco. Tras unos sentidos aplausos, Mar se presenta, informando que es de Prats de Lluçanes, y de las pequeñas diferencias entre su EP Trepa, y el nuevo disco producido por Jordi Matas, aunque vincula los dos a la vida en el bosque, algo que una vez lo pruebas ya no tiene vuelta atrás, antes de ejecutar “Per Cada U”, y “Amor en Conserva”, las dos con unos punteos finales, dramáticos y llenos de suspenso. Unos momentos para agradecer los aplausos de los allí presentes, así como a Gorka, a Pau Panda Management, al que también le doy las gracias desde aquí, para terminar con la que cierra el álbum, la extrema sensibilidad de “Cabell d’Àngel”. 

Que se puede decir, una música y una voz que encandila, aunque por desgracia no a todos, ya que Mar sufrió de un constante murmullo de los que estaban más pendientes de agarrar un buen lugar para el artista principal, o hablar por hablar, hecho que a menudo sufren algunos grupos teloneros que son ignorados por las primeras filas, copadas por fans que llegan a dar la espalda a la banda invitada de turno. En fin, Mar-avillosa.

La alineación que acompaña Don Gorka Urbizu en sus nuevas andanzas es de lo más ecléctica, compuesta por sus compañeros de producción y ejecución de esta delicatesen titulada Hasiera Bat (Un comienzo), con Joan Pons, a la batería, conocido artísticamente como El Petit de Ca L’Eril, banda catalana de folk pop psicodélico donde canta y toca la guitarra, así como su bajista Jordi Matas, artífice principal de esta increíble grabación realizada en un viejo teatro café de la población de Guissona, conocida popularmente por su cadena de supermercados dedicados a la explotación cárnica. Sumándose a este combo increíble, está Mariana Mott, que ha acompañado últimamente a las cantantes Nat Simons y a Mayka Makovsky, que junto a Pons llevaran el ritmo de sus baterías, sí, dos baterías que funcionan prácticamente al unísono, y que extraña en un producto súper intimista y relajado como este. Y finalmente a la guitarra, otra fémina, la guitarrista bilbaína, afincada en Barcelona, Amaia Miranda que junto a Gorka hacen mágicos duetos llenos de complicidad a las seis cuerdas.

Creo que no volvía a esta sala desde el bolo del batería de Deep Purple, Ian Paice en 2019 junto a la banda italiana de covers Purpendicular, anteriormente había gozado con el argentino-estadounidense Kevin Johanssen, o con Shellac en 2014, grupo del recientemente fallecido Steve Albini, todo esto cuando este local era conocido como Sala Barts. Y es que los cambios de dirección y de nombre han sido una constante estos últimos años, desde que fuera Studio 54 (1987-94), la discoteca por excelencia de la ciudad condal de la época, donde llegué a ver algún que otro directo, como el de Iggy Pop en 1991, o los Dinosaur Jr. en 1994, que en aquel entonces ya había pasado a llamarse Chic Studio (1994-97). 

En fin, dejémonos de batallitas, y vamos con la nueva onda que ha querido agarrar el líder de Berri Txarrak, con algo más tranquilo y pausado, no exento de alguna que otro momento de agresividad controlada. Abrió, como no podía ser de otra manera, con una poderosa bienvenida de su fiel público catalán, así como de la numerosa colonia vasca, casi podríamos decir que entre los mil quinientos asistentes, un tercio, o dos, podían ser de origen euskaldun, mientras la banda tocaba las primeras notas de la poderosa “Maitasun Bat”, con esos entrecortados compases de batería, y los coros femeninos que acompañan la voz de Arbizu. Continúan con un par de temas nuevos, “Teoria Bat” y “Lilura Bat”, siguiendo el orden numeral del disco, sorprende que la mayoría de los asistentes se canté cada uno de las nuevas composiciones, entre gritos y aullidos varios. Bona nit Barcelona, Gabon, Com Anem?, y continuando en un catalán más que correcto, en sus últimos bolos con BTX lo había hecho escuetamente, y ayer lo hizo durante casi todo el concierto, habló del milagro de la música en vivo, y pedir, que no prohibir, que dejáramos los móviles aparcados, y que disfrutáramos todos juntos de la fascinación arcaica que es la música en directo. 

El orden de las cosas se rompe con “Lilura Bat”, tarareada desde su inicio, después de esta carga de profundidad que me recordó a unos Manic Street Preachers, Gorka nos introduce una canción que hizo con los hardcore punk navarros Leihotikan, “Etorkizuna Ginenean”, en la que Amaia canta algunas estrofas, nada que ver con la original, mucho más coral y atmosférica en esta nueva dimensión. Vuelta al nuevo trabajo con “Kolore Bat” con las primeras palmas generales en su parte final, que se tornan en aplausos con la primera de BTX de la noche, “Helduleko Guztiak”, que suena prácticamente igual que en su triple álbum Denbora da Poligrafo Bakarra (2014). Otra de las nuevas es “Janela Bat”, de la que Gorka comenta que habla de cuidarnos, donde vuelve a colgarse la guitarra eléctrica, durante la mayoría del concierto utilizó una electroacústica, un tema que me recordó a Extremoduro, cuyo líder, Robe Iniesta también ya hizo algo parecido a lo que Gorka ha hecho pasando del grupo madre, a uno en nombre propio. El de Lekunberri se queda solo para presentarnos ahora un tema medio inédito, ya que está incluido únicamente en el documental Dardara, la captura de cómo se compone y graba una canción, en este caso “Mihise Zuri Bat”, la que sonó más desnuda de pelo y paja, con tan solo la voz, la guitarra, y una luz lateral. 

Gorka habla de su reciente gira por Suramérica, y que yendo en taxi en Colombia se enteró de la muerte de Steve Albini, y que he escrito varias canciones antifascistas, y esta es una de ellas, “Maravillas”, la dedicada a una niña de catorce años que fue detenida junto a su padre en Lagarra, violada y asesinada por los fascistas españoles durante la Guerra Civil, desde su disco con BTX, Payola (2009), que fue producido por el propio Albini, y que Gorka interpreta también en solitario, pero con toda la sala cantándola junto a él, y poniéndonos los pelos de punta. 

Vuelven a escena los músicos, a los que Gorka agradece su aportación, sobretodo porque todos hacen coros, bromea el navarro, y los presenta uno por uno, y que a pesar de ser un disco sencillito, con pocas pistas, van con dos baterías, para hacernos vibrar con “Betazalak Euraztean”, de sus Katamalo. Siguieron con “Sute Bat”, y con “Send Flowers” de los Peiremans+, para luego hablarnos de Frédéric Peiremans, el futbolista belga, que tras jugar en Belgica y Holanda, llegó como fichaje estrella a la Real Sociedad en verano del 2000, sin estar recuperado de una lesión de isquiotibiales, que la temporada siguiente fue al S.D. Eibar donde también tuvo muchos problemas musculares que le llevaron a la decisión de retirarse del futbol activo, y montó una cadena de supermercados en Bélgica. 

Una de las clásicas de Berri es “Katedral Bat” con esos trascendentales coros enormes y catárticos. “Toki Bat” parece sacada de un álbum de BTX, por cómo suena, y por qué todos se la saben, pero no, es de las nuevas. Tras ella, Gorka se despide, y los típicos canticos en euskera de Beste Bat (otra más) se hacen generales. Un par de minutos después, aparece Jordi tras los teclados, y Gorka empieza a parafrasear en catalán la letra de “Etxe Bat”, y aplausos ante la rectificación de algún error de traducción, un emocionante canción que hace arrancar gritos y aplausos durante un par de ocasiones más. Después de haberse tomado un minuto en presentar al equipo técnico y al management que le ayuda, llega otro clásico, “Hegal Egiten”, una bonita versión de la mítica formación Itoiz, que provoca los primeros bailes y danzas entre el sector más euskaldun.

Palabras de agradeciendo hacia el público de esta ciudad, y de esta tierra, y lo que significa ver esta sala llena después de cuatro años, con un disco nuevo y diferente, para acto seguido dar paso a los acordes de uno de los hits de BTX, “Lemak, Aingurak”, también harto similar al original. Y llegamos al final con el corte que al igual cierra Hasiera Bat, la reiterativa “Besterik Ez” (Nada más), repetida hasta el infinito, y único corte del disco que no contiene el articulo indeterminado bat (un, una). 

Noventa excelentes minutos de repaso a su excelso nuevo álbum, así como un pequeño recuerdo para todas las formaciones propias, y amigas, en una noche en que se volvieron a reunir los seguidores de unos añorados Berri Txarrak, que seguro volverá Gorka a resucitar en algún momento futuro, pero dejemos eso apartado para disfrutar de esta nueva joya, de las que vendrán, y de conciertos tan mágicos y fascinantes como el que hemos vivido en el Paral.lel 62.

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Leo Jiménez en Barcelona: “Sinfonía galáctica”
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En una noche que podría haber sido diseñada por un caprichoso director de cine, la sala Razzmatazz 2 estaba a reventar. El 25 de mayo, Leo Jiménez y su séquito musical nos ofrecieron una experiencia que desbordó los límites de la realidad ordinaria, llena de sorpresas y apariciones inesperadas. No contento con seguir las normas mundanas, el concierto comenzó diez minutos antes de lo programado, causando que los relojes y los corazones de los asistentes se desajustaran simultáneamente.

La velada inició con una intro orquestal que habría hecho palidecer de envidia a cualquier banda sonora de Disney. Apenas los primeros acordes envolvieron a la audiencia, Leo Jiménez hizo su entrada triunfal, una aparición digna de un emperador galáctico, deslumbrando con una destreza vocal que es ya tan esperada como el amanecer. Acompañado desde el primer momento por Patricia Tapia y Zeta, quienes alternaban su presencia en el escenario con una coreografía casi cósmica, el ambiente estaba cargado de una energía eléctrica y palpable.

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No solo era cuestión de talento individual; entre los músicos se encontraban miembros de 037 y Stravaganzza, formando un colectivo musical de proporciones épicas. Los arreglos vocales, tan vastos y profundos como el mismo espacio exterior, contaban no solo con los tres titanes vocales, sino que también sumaban al bajista y al baterista en los coros, creando acordes de una magnitud que desafiaría incluso a los mejores sistemas de sonido de la galaxia.

El repertorio de la noche fue una travesía por el cosmos del metal, con Leo Jiménez y su banda surcando desde los temas más personales hasta los más universales. “Desde Niño” abrió el portal, seguido por “Con Razón o Sin” y “Soy Libertad”, canciones que resonaron con una potencia casi gravitacional. Patricia Tapia tomó la batuta para presentar “Volar”, un momento que llevó a la audiencia a alturas estratosféricas. “Del amor al odio” y “Cielo e Infierno” fueron dualidades que se enfrentaron en un duelo estelar, mientras que “Mesías” y “Mi otra mitad” añadieron capas de profundidad emocional a la velada.

En la sección de covers, la audiencia fue transportada a través del tiempo y el espacio, con rendiciones electrizantes de “The Trooper/The Number of the Beast” de Iron Maiden e “If I Could Fly” de Helloween, que demostraron la versatilidad y el respeto de Jiménez por los clásicos del metal. La energía siguió fluyendo con “Free from Desire” y “Neon Knights” de Black Sabbath, que cerraron la noche con un estallido de energía cósmica.

Una experiencia que, como la propia voz de Leo Jiménez, trasciende lo meramente terrenal para convertirse en leyenda.


 

 

 

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Vended en Madrid: “Juventud, Divino Tesoro”
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El pasado sábado recibimos por primera vez en Madrid a los norteamericanos Vended, quienes liderados por Griffin Taylor y Simon Crahan (Os suenan los apellidos verdad?), llegaban a la capital de España para demostrar que la banda es mucho más que “Los Hijos de…”

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Pero tampoco nos vamos a evadir de lo obvio y es que vista la cola que tímidamente iba formándose en las inmediaciones de la sala Shoko Live y como cada dos o tres personas, había cuatro camisetas de Slipknot, está más que claro que todos querían ver como se las gastaban los primogénitos de Corey y Shawn, respectivamente.

Con una puntualidad más que destacada, salieron a escena a las 19.30 los muchachos de Profiler, un trío que también debutaba en nuestro país y cuya actuación se podría decir que fue de más a “casi” menos y es que la banda comenzó muy bien, con una introducción a lo “Chevelle” (pero con bastante más gracia que el soso trío de Chicago) y seguido a eso abrieron fuego con “Identify” y la verdad es que la banda sueña más que sólida, pese a su evidente juventud, se les vio enérgicos, contundentes y con un Mike Evans que no paraba de moverse y tratar de contagiar esa energía a un público que tímidamente se iba acercando a las primeras filas de la sala.

Ellos practican un “Nu Metal Moderno” y eso creo que no lo esconden, las influencias son más que claras (Korn, Linkin Park, Deftones hasta incluso momentos de Taproot) y eso se tradujo en canciones tan destacadas como “To Uotpia) (una delicia en directo), “All in Forever” y el fantástico “Zero”, con el que pusieron el fin a su corto, pero intenso paso por Madrid.

Quizás el problema estuvo en que Mike es muy joven y tiene que seguir cuidando y practicando técnica vocal para que no se le note tan apurado como paso en cortes como “Ninety”, la penúltima canción del set y donde ya le costaba llegar a los tonos más altos de la canción, pero nada que no se pueda conseguir con el tiempo y el rodaje como cantante y como banda.

Profiler, convencieron a más de uno y estoy seguro que en los próximos años, estos chicos darán mucho que hablar y esta especie de “Revival 2.0” del Nu Metal que estamos viviendo y donde ellos vienen pidiendo paso.

Le comentaba a una muy buena amiga y compañera del ambiente que The Gloom in the Corner era la banda que menos me llamaba la atención de las tres y es que su sonido carecía de interés para mi al menos en audio, pero una vez acabado su set, volví a hablar con ella y le dije, si en directo las cosas son bastante distintas.

Y es que los australianos ofrecieron un sonido con “más cuerpo” que sus compañeros de Profiler, combinando elementos del metalcore de corte progresivo, nu metal y heavy metal moderno a lo Killswitch Engage, teniendo sus momentos más algidos en la base rítmica de las canciones, sobre todo en “Ronin”, “Bleed You Out” o la final “Obliteration Imminent”, con varios cambios de ritmo en una misma pieza y con un Mikey Arthur muy bien en las voces melódicas y quizás no tanto en los screams, que se me quedaron muy planos y con planos quiero recalcar que no estaban mal si no que hay 27192 bandas de metalcore con Screamers haciendo lo mismo que él.

La banda presentó temas de su último disco y quizás me gustaría verlos actuar solos a ver si termino de conectar con ellos, porque en esta ocasión lo hice pero a medias.

Y si, llegó el momento de comprobar si Vended estarían a la altura del hype que hay con ellos y si realmente merece la pena dedicarles los piropos que podemos ver en medios internacionales y en grupos como Korn, Gojira, BMTH o Jinjer, quienes los han llevado de gira por Estados Unidos y han asegurado que estamos ante una de las bandas del momento dentro del metal moderno.

Y lo cierto es que la respuesta es SÍ, pero con matices que pasaré a contaros y es que la banda salió puntual a las 21.30 tal y como estaba estipulado y con los primeros acordes de “Nihilism” la sala explotó al ritmo de Simon en los parches, JJ al bajo, Connor a la guitarra, el señor Cole Epseland a la otra guitarra y si, Griffin Taylor a la voz principal quien enfundado en un riguroso negro y un “Body Paint” muy parecido al de su padre en la época del The End..So Far, demostró que pese a su juventud, el tipo suena tremendo.

La banda ofreció un set cargado de energía, mucha brutalidad sonora mezclada con la dosis justa de melodía y al que pocas pegas se le puede poner, temazos como “Am I The Only One”, “Overall”, la canción nueva “Serenity” o “The Far Side”, hicieron las delicias del público, los pogos no dieron tregua en toda la actuación de los de Des Moines, pero justo aquí viene la única pega.

Y es que los chicos estuvieron 50 minutos clavados sobre el escenario, literal, sin cover ni sorpresas (No chicos, Corey no apareció por el costado del escenario ni tampoco hicieron covers de “Wait and Bleed” o “Psychosocial”) y entonces ¿Como se justifica hacer una gira como “Headliner” sin disco editado y solo con singles sueltos?, eso quizás fue el único handicap que tuvieron Vended, quizás les hubiese venido mejor girar con una banda mediano/grande capaz de llenar Shoko y no solitos ya que la sala estuvo muy lejos de estar “Sold Out”.

Pero aún así, en lo estrictamente musical, Vended demostraron cumplir al 100% con la entrega sobre el escenario y esperemos que cuando saquen su álbum debut puedan venir y tocar un set un poquito más extenso, pero ni esto empaña un debut más que interesante de la banda estadounidense en nuestro país, no les perderemos la pista.

 

Fotografías: Juli G. Lopez

 

 

 

 

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NOFX en Madrid: “Fiesta de nostalgia”
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El Wizink Center se llenó de punkys el pasado 14 de mayo para despedir a NOFX de los escenarios. La banda de California presentaba su gira final: 40 años, 40 ciudades y 40 temas.

Acompañando a NOFX, cuatro bandas con distintos estilos y recorridos calentaron el ambiente. The Meffs, el dúo de Reino Unido nos trajo un punk muy directo y cargado de temas reivindicativos, canciones cargadas de mensaje, cierta rabia y mucha simbología. Después de agradecer al público su pronta presencia y arreglar algunos problemas técnicos con la guitarra se dedicaron a encadenar un tema con otro, animar mucho al público, que se lo devolvió con los primeros pogos y bailes, pedir corear “F*ck Brexit!” o arengar a los grupos siguientes. Con una sencillez de instrumentación básica, guitarra, batería y voz, temas bastante rápidos, muy enérgicos que sonaron crudos, ásperos, bastante distorsionados hicieron las delicias para un calentamiento a la altura de lo llegaría.

Siguieron los gaditanos G.A.S. Drummers que sonaron de lujo, el grupo lleva 25 años sobre los escenarios y se notó en cada tema que venían con ganas de dejar un recuerdo en todos nosotros, desde las primeras filas se escuchaba al público cantar los temas y mientras hacía las fotos en el foso pude ver la cara de felicidad y disfrute de cada uno de los miembros. Un espectáculo nacional en un escenario de renombre con muchos amigos y apasionados que al terminar se agolparon para conseguir una firma, un saludo o simplemente felicitar a la banda. Creo que fue una gran elección para seguir con la tarde.

Después de una pausa y con el Wizink ya bastante más lleno se subieron al escenario Frank Turner & The Sleeping Souls. Con una iluminación más colorida que los anteriores y una lona enorme que recordaba el título de su último álbum “Undefeated”, desde el arranque y sin casi pausa fue subiendo la temperatura del concierto, los ritmos de rock – folk son muy pegadizos, no quedó persona sin mover el cuerpo y comprar cada guiño, salto, brazo al aire y demás movimientos efusivos que Turne, cargado de energía y carisma, nos regalaba. El momento más emocionante tuvo lugar cuando Frank bajó al foso y subido a la valla de seguridad primero, llevado en volandas por el público después, cantó medio tema bañado en multitudes. La banda se despidió muy coreada recordando a todos que a finales de año visitará de nuevo la capital.

Y antes del plato principal de la noche quedaba otra banda de renombre dentro de la escena punk, Circle Jerks, aunque sin su line up original, con algunos problemas técnicos de arranque, bromeando si podrían tocar su discografía completa en el tiempo que les dejaron y con ciertos parones para descanso de Keith Morris al que se notó con muchas ganas, casi haciéndonos olvidar su verdadera edad. No se dejaron ni un sólo clásico sin tocar y el publico, ahora sí llenando por completo el Wizink, se lo agradeció coreando los temas, haciendo crowd surfing, lanzando cervezas al aire y no parando ni un segundo de celebrar, espectacular, memorable.

Y por fin, después de 3 horas de música en directo llegó el turno de NOFX. A pesar de la entrada bastante fría de la banda al escenario el griterío del público se hizo ensordecedor, de ese volumen inicial solo se subió en lo que duro el show. El público estuvo “de 10” dejando claro su amor por la banda, en cada rincón se veían pogos, circle pits, grupos de amigos, saltos de alegría, canciones gritadas a todo pulmón, lanzamientos de minis con cualquier contenido, los guardias de seguridad no pararon de sacar voladores por el foso… una auténtica fiesta de todos y cada uno de los presentes. Me vi rodeado de gente feliz, daba igual a donde mirase, jóvenes, cuarentones,… todos entregadísimos disfrutando de cada tema.

Y sí, de fondo tocaba NOFX, tal vez no fue su mejor interpretación pero puedo asegurar que de las más emotivas y con mayor interés e intención de las últimas visitas. Fue muy divertido de principio a fin a pesar de las largas pausas para la cháchara habitual, cargada de bromas, comentarios faltones y alguna que otra gracia con gracia. Me hizo reír el guiño para localizar el concierto como la caída de una lona gigante aludiendo a la petición de sus recientes amigos vascos por usar algo más grande… me gustó su recuerdo de las anteriores visitas a Madrid… también tiraron sobre la religión o Green Day: “nos robaron una canción”  y vacilaron con tocar Basket Case, se rieron de The Clash y pusieron en duda los gustos de los punk más jóvenes. Me pareció divertido también el reto de Fat Mike de tocar siete canciones en seis minutos con todo el público saltando como locos, empujando y gritando con “F**k The Kids”, “Juice Head”, “Hobophobic”, “Monosyllabic Girl”, “I’m Telling Tim”, “Instant Crassic” y “Can’t Get the Stink Out”, muy conseguido.

Eric Melvin no paró de moverse, saltar, hacer gestos y participar en cada broma o discurso, super entregado en general, estaba claro que no era un concierto más. El Hefe por su parte tampoco se quedó atrás aunque mucho menos movido y bastante más concentrado en tocar y cantar, destaco sus interpretaciones con la trompeta que me parecieron muy bien interpretadas. Por su parte, Eric Sandin, batería, fue el más comedido y se limitó a saludar y lanzar algún que otro “calvo” al personal.

Lluvia de minis tras lluvia de minis fueron pasando muchos de los clásicos hasta llegar a la pausa de rigor para salir por la puerta grande con los diez minutos finales sonaron “The Separation of Church and Skate”, “Don‘t Call Me White” cantado por todos a grito pelado o la esperadísima “The Decline” para rematar el concierto, una fiesta cargada de nostalgia.


 

 

 

 

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Mi Última Solución en Buenos Aires: “El gran festejo del core”
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El post hardcore no es un estilo con el que haya tenido mucha interacción en mis tres décadas de vida, pero en este último año estuve bastante metido en ello aunque sea viendo las notas que publiqué: la crónica de la visita de Alesana, la entrevista con Craig Mabbitt de Escape The Fate, y la reseña del recomendable Coup de Grâce de SeeYouSpaceCowboy. Y a eso hay que sumarle todo lo relacionado con los argentinos Mi Última Solución de quienes reseñé su también muy recomendable Reflejos de Uno Mismo, entrevisté al cantante Sebastián Vázquez y el sábado 8 de junio, para completar todo, estuve presente en la presentación de ese disco en el Teatro Vorterix de Buenos Aires, en una fecha que prometía mucho tanto para veteranos del estilo como para novatos como yo.

Para cuando pude llegar los teloneros En La Verdad y All For Love ya habían hecho lo suyo arriba del escenario, por lo que tendrán que disculparme si no hablo acerca de sus presentaciones (aunque, llamativamente, no estarán totalmente ausentes de esta crónica). A las 21.00 el Vorterix estaba casi lleno, y fue justo en ese momento que comenzó a sonar la intro que anunciaba la salida a las tablas de los cinco miembros de Mi Última Solución, con la gente agolpándose a toda marcha contra las vallas del lugar al ritmo de “Incendio”.

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Lo de Mi Última Solución fue un auténtico tour de force no sólo a través de su nuevo álbum, que con apenas 29 minutos hubiera sido fácil de incluir completo en cualquier concierto, sino también de la historia de la banda. Hablamos de nada menos que 27 canciones a lo largo de casi dos horas de presentación, que también incluyó la presencia de varios invitados, incluyendo a Isaac Rosales de Sullivan en “Siempre” y Patricio Otero de Jordan en “Felina”, por sólo poner un par.

También llegó el momento de que Sebastián sacara la guitarra acústica y diera comienzo al momento “íntimo” de la noche, con sendas interpretaciones de “El Fuego Dentro Nuestro” y “Perdidos”, esta última acompañada por el “mar de estrellas” de las pantallas y linternas de los celulares del público. Todo esto demostrando que el atractivo de la banda no se limita sólo a una oportunidad para chocar cabezas.

Y hablando de chocar cabezas, incluso con un par de problemas de sonido con los micrófonos de los invitados y los pedidos de Sebastián para que arreglen un problema con el retorno, el sonido se podría describir como óptimo, y con la gente agitando a todo momento, coreando las partes cuando el sonido fallaba. Con la batería pegando en el pecho y la conjunción de guitarras y bajo guiando las canciones con sus melodías ultra pegadizas pasadas a través de su filtro pesado, dando lugar a la fórmula perfecta para que la gente haga pogo y arriesgue su vida tratando de surfear entre el público, algo que ni todos los láseres de la gente de seguridad podrían evitar siquiera con su fuerza combinada.

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Una persona de la que se me olvidó el nombre, pero que claramente era mucho más elocuente y conocedora que yo, describió la característica principal de esta suerte de “easycore” como “una atmósfera de feliz cumpleaños”. Puede sonar como una estupidez, pero rápidamente queda confirmado: la gente gritando y saltando para todos lados al ritmo de los riffs y la batería sería complicada de diferenciar de un grupo de nenes enloquecidos, y esto es algo positivo. Eso podría haber sido algo simplemente simbólico, hasta que llegó el final donde la gente de Mi Última Solución estuvo acompañada arriba del escenario por todos los invitados y los miembros de las bandas teloneras, a lo que se sumó que tiraran pelotas inflables al público y bailaran todos juntos, ahora de verdad pareciendo que estuvieran festejando en una sala de arcade porque el Daytona 2 y el Metal Slug están desocupados.

No creo que alguien haya salido insatisfecho de Vorterix luego de semejante seguidilla de energía, distorsión, melodías y alegría. Más allá de los prejuicios que se pueda tener con el “posjarcor” están claras las razones por las que el estilo tiene un seguimiento tan intenso detrás, con la cantidad de tatuajes con logos, letras y demás que se podía ver entre el público. A seguirles la pista a todas estas bandas, porque seguro al menos una tendrá algo que al lector le podría atrapar si es que no está ya metido en todo esto.

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Rammstein en Barcelona: “Agua contra fuego”
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Foto portada: Paul Harries

El 11 de junio me acerqué al Estadio Olímpico de Barcelona bajo una lluvia torrencial, una de esas lluvias que convierten las calles en ríos y el cielo en un telón impenetrable. Sin embargo, la adversidad climática no asustó a los seguidores de Rammstein. La gente, casi todos con chubasqueros para protegerse de la tormenta, formaba largas filas esperando entrar al recinto. El espectáculo, se sabía, no se cancelaría por nada; la determinación del público y de la banda era más fuerte que cualquier inclemencia.

Una vez dentro, la atmósfera se cargó de una expectación electrizante. Los alemanes, conocidos por su majestuosidad escénica, no defraudaron. Desde el primer acorde de “Ramm 4”, el sonido fue increíble, una ola de vibraciones perfectamente orquestadas que envolvía al estadio. La pirotecnia, una firma ineludible de sus actuaciones, estallaba con una precisión que parecía desafiar la lógica y la seguridad, encendiendo la tarde/noche y contrastando con la oscuridad lluviosa.

El espectáculo de los liderados por Till Lindemann, que ya ha pasado los 60 años, fue una demostración de vitalidad y presencia escénica. Su voz (baja por momentos), y sus movimientos, resonaban con una fuerza que desafiaba su edad, mientras que su carisma mantenía a la audiencia en un estado de hipnosis colectiva. La banda, como un mecanismo perfectamente engrasado, acompañaba cada movimiento y cada palabra con una exactitud como si de una coreografía de baile se tratara.

El repertorio fue una cuidadosa selección de temas clásicos y nuevos. “Links 2-3-4” y “Keine Lust” fueron recibidos con una ovación ensordecedora, mientras que “Sehnsucht” y “Asche zu Asche” trajeron reminiscencias de los días de gloria temprana de la banda. “Mein Herz brennt” y “Puppe” (encendiendo fuego un carro de bebe) añadieron una dimensión casi teatral al concierto, con interpretaciones cargadas de dramatismo y emoción.

Las canciones más recientes, como “Zeit” y “Deutschland”, no solo demostraron la evolución musical de la banda, sino que también se integraron perfectamente en el setlist, manteniendo la energía y la cohesión del espectáculo. “Radio” y “Mein Teil” fueron ejecutadas con una precisión y una pasión que resonaron profundamente entre la audiencia.

El final de la noche fue un crescendo de intensidad. “Du hast” (el nuevo himno alemán), “Sonne” y “Ich will” llevaron a la multitud a un estado de euforia casi palpable, con los asistentes coreando cada palabra y cada nota. El bis, con “Rammstein” y “Adieu”, fue un cierre majestuoso, una despedida que dejó a todos los presentes con la sensación de haber vivido una experiencia única, un momento en el tiempo que sería recordado con la misma intensidad con la que fue vivido.

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Bala en Barcelona: “Somos mucho más que dos”
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La sorpresa al entrar fue monumental. Bala, ese dúo gallego que ruge como una jauría desatada, tocaba en la sala grande de Paral·lel 62. Los murmullos de incredulidad y emoción llenaban el aire. La sala, abarrotada hasta el último rincón, parecía un hervidero de energía contenida. El sonido, una obra maestra de perfección acústica, retumbaba con una claridad que solo Paral·lel 62 puede ofrecer.

El telón se abrió con Pinpilinpussies, un dúo de guitarra y batería que sacudió la sala desde los primeros acordes. En un par de temas, las chicas intercambiaron instrumentos con una destreza envidiable, mostrando su versatilidad y complicidad sobre el escenario. Sus dos álbumes, “Hipocondria” y “Fuerza 3”, formaron la columna vertebral de su setlist, demostrando una vez más que su música es un himno de la rebelión joven. Canciones como “Bellaco” y “Burdeos” fueron pura dinamita, con letras que rasgan el alma y un ritmo que late como un corazón en pleno frenesí.

Y luego, Bala. Un dúo femenino que sobre el escenario se transforma en un vendaval indomable. Presentando su último disco “Besta”, hicieron temblar cada rincón de Paral·lel 62 con una potencia que se sentía como si diez personas se desgañitaran al unísono. “Equivocarme” abrió la noche, un golpe directo al estómago que dejó a todos sin aliento. Le siguieron “Colmillos” y “Tripas / Chained”, con riffs que arañaban la piel y una batería que resonaba en los huesos.

No hubo tregua. “Omertá” y “Vitamina” aceleraron los pulsos, mientras que “Verde” y “Hoy no” mostraron una faceta más sombría y cruda del dúo. “Liar” y “Bessie” mantuvieron el frenesí, hasta que un cover de “Territorial Pissings” de Nirvana sacudió los cimientos de la sala. Pero el clímax llegó con “Agitar”, mi favorita, una tormenta sónica que encapsulaba toda la esencia de Bala: furia, pasión y una energía inagotable.

Cuando sonaron los últimos acordes de “Humo”, quedó claro que Bala no solo había cumplido con las expectativas, sino que las había pulverizado. La sala grande de Paral·lel 62 fue testigo de una noche que se recordará como un ciclón de música y emoción pura, una muestra de que Bala no es solo un dúo, sino una fuerza de la naturaleza.


 

 

 

 

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Temperance en Barcelona “Diversión asegurada”
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Ante la avalancha de conciertos y festivales la noche del viernes solo concentró a medio centenar de fans del heavy metal, Los madrileños Vanagloria entraron como acto de soporte

el cuarteto liderados por Miguel Merino cuarteto metal defendieron con creces su último material “La sabiduría Inconcebible” (2023). Pudimos apreciar todo el arsenal del virtuoso Diego Millán, guitarra que no paró de disparar riffs que lo seguían sincopadamente, Iván Roca Bajo y Raúl Sánchez enjaulado en su batería. Una a una fueron desgranando “Piensa Dos Veces” habla sobre la depresión, “El ascenso de la maldad” temática de la destructiva obsesión de las potencias por obtener la hegemonía. “Epitafio” es una rara avis en el repertorio metal que en su versión original cuenta con parte rapeadas por otro cantante, pero Miguel se las arregló para rapear como todo un MC. Le siguieron “Cuando el mundo se detuvo” que abre con un gutural de rodillas en el escenario potentísimo death metal que contrastó la siguiente canción “Albores de un nuevo comienzo” en modo Pantera. Pusieron la reversa en su discografía “Sigue lloviendo” apoyado de palmas, ha llegado el momento de la despedida dando paso a “La Dinámica del Miedo” concluyendo así el salto a las giras por la península. La serie de contratiempos no impidió que disfrutáramos de Temperance, formados en Piamonte, Italia debutan con la neoyorquina Kristin Starkey en la voz femenina desde el año pasado, Marco Pastorino guitarrista zurdo y líder le da la bienvenida junto al resto de la banda Luca Negro bajo, Michele Guaitoli voz masculina y Marco Sacchetto. ”Daruma” es el cañonazo inicial a 3 voces sin abusar demasiado de los sonidos pregrabados calzados con precisión.

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Marco se esfuerza por dedicarnos unas palabras en español “Estoy muy contento de estar aquí con vosotros en Catalunya” balbuceaba arropado por los vítores de su legión de fans,

después de esta interacción interpretan “No Return” llevando al siguiente nivel la revisión de éxitos de los piamontinos con acento femenino directo desde la gran manzana.

La épica “A Hero Reborn” es una masa coral, comienza con Pastorino le da el pase a Guaitoli y la finaliza melódicamente Kristin bordando la voz soprano como la gutural, una profesional al ciento por ciento, ojalá se quede por una buena temporada porque es la voz perfecta para el dúo masculino.

“Diamanti” se transforma en una versión trilingüe inglés, Italiano y parte de coro en español, un gesto muy bonito por parte de su cantante leyendo su móvil arrodillado al centro del escenario con una impresionante subida de tono para cerrar.

“Welcome to Hermitage” dejó una bonita postal con un mar de manos balanceándose al ritmo de estos himnos del power metal. “I’m Into The Fire” siguen con sus lecciones de español y nos piden que traduzcamos el título de la canción, con la tarea hecha cantaremos el estribillo como “Yo soy el fuego” se ve que les gusta venir por estas tierras que de seguro amán tanto como el país de la bota. ”Darkness is Just a Drawing” cautiva con su alto grado de epicidad y a la vez comercialidad “Into The Void” con aires solemnes orquestales y solos de guitar hero mantienen el pulso del concierto “Of Jupiter and Moon” es quizás la más conocida de la banda según la biblia del streaming, sin duda una de las más coreadas de la noche.

A pesar de los cambios de formación a Temperance la calidad musical del directo permanece intacta y podemos decir que tienen por lo menos otra década más de éxitos, más por lo menos.

Si te los cruzas de gira por tu ciudad no dudes de asistir, es diversión asegurada para reducidas audiencias o macrofestivales este verano.

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Koma en Madrid: “Potencia y conquista”
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Madrid, 26 de mayo de 2024, la legendaria banda de rock y metal Koma demostró anoche que sigue en plena forma con un concierto vibrante y lleno de energía en la Sala La Riviera de Madrid. La banda navarra, que presentaba su nuevo disco “Una ligera mejoría antes de la muerte”, tras 13 años sin editar nuevas canciones, ofreció un repertorio completo que incluyó clásicos y temas nuevos que hicieron vibrar a un público entregado que llenó la sala hasta la bandera.

Koma salió al escenario con una gran puesta en escena, con luces que variaban según el tema y una actitud arrolladora, empecé con el 23mm montado para tratar de recoger lo más posible el ambiente dejando para las últimas canciones el teleobjetivo. Durante más de dos horas, Koma repasó algunos de sus grandes éxitos, como “El pobre”, “Bienvenidos a degüello”, “Tío Sam” o “La almohada cervical”, junto a temas más recientes de su nuevo trabajo. La banda demostró una gran compenetración y un dominio absoluto del escenario, contagiando al público su energía y pasión por la música. Me pareció un show impecable y lleno de energía, espero que las fotos describan o insinúen lo ocurrido. El Duque se dirigió poco al público, pero sus palabras fueron cariñosas y llenas de agradecimiento. Se jactó de los años sobre el escenario y presumió del último disco, del que dijo que irían intercalando canciones. Tiene mucho imán y con solo levantar las cejas toda la Riviera se encendía, con frontman así empiezas con un plus espectacular.

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El público, entregado y en comunión con la banda, estaba formado por personas de todas las edades, no paró de cantar y bailar durante todo el concierto. Se notaba la expectación y las ganas de ver a Koma en directo, y la banda no defraudó. Los fans coreaban las canciones a pleno pulmón, saltaban al ritmo de la música y disfrutaban de cada minuto del show. Saqué varias fotos solo de la masa con los brazos en alto o saltando, me pareció digno de inmortalizar, entraba por los ojos dejando un cuadro precioso.

Tras dos pausas con amago de fin de concierto, metiendo algunas de las más conocidas y esperadas como “Palabras mágicas”, “Saltos mortales”, “Sakeo” o “Aquí huele como que han fumao”, Koma llegó al final del show con un broche de oro: “Mi Jefe”, uno de sus temas más emblemáticos. El público se volcó con la canción, cantando a pleno pulmón y saltando al ritmo de la música. La banda se despidió del público con una gran ovación, dejando un sabor de boca inmejorable y con la sensación de haber presenciado un concierto memorable, Koma sigue en plena forma y ya sabemos que estará en el cartel del Pirata Madrid este octubre.

En resumen, un concierto para recordar y que confirma el buen estado de forma de Koma, deja con ganas de más a sus fans y el recuerdo de una noche con un sonido potente, una puesta en escena cuidada y una actitud arrolladora.

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Festival TocadaK en Buenos Aires: “Ecos de los dorados años noventa”
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En una jornada patria y de frío polar, con anuncios de posibles nevadas en la ciudad de Buenos Aires, nos acercamos a lo que fue el TocadaK Fest, donde grandes exponentes del hardcore, punk y rock alternativo nacional brindaron un show memorable sobre las tablas del Art Media, un sitio al que no había tenido el placer de asistir hasta esa tarde.

El lugar, muy bien ubicado en la zona de Villa Crespo, a pocas cuadras del Movistar Arena, ofrecía al ingresar stands de ropa, libros, tatuadores, venta de parches y stickers, una peluquería, puestos de comida, varios fichines para amenizar la espera o simplemente para distraer a los niños (había muchísimos) y pasar el rato entre banda y banda. También pude observar mesas de metegol. Otro punto a destacar es que la organización brindó bidones de agua para refrigerio del público.

Como acto de apertura, se presentaron los músicos de Carmina Burana, quienes con su show de ska punk deleitaron a los primeros asistentes. Casi 10 personas en escena interpretaron con gran energía canciones que incluían violas, batería, bajo, teclado, trompeta y trombón.

Cinco fueron los integrantes que tomaron sus respectivos micrófonos para ir entonando las distintas canciones que conformaron el setlist. Lamentablemente no pude ver todo el repertorio, pero lo que pude apreciar, sonó excelente.

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En segundo lugar, con una demora de aproximadamente 15 minutos con respecto a lo pactado, subieron al escenario los integrantes de No Demuestra Interés, aquella banda histórica que mi yo adolescente no paraba de escuchar y cantar a viva voz.

Con el regreso de Adrián Outeda, su cantante original y figura emblemática de la época del B.A.H.C., se rememoraron viejas gemas como ““, “Debes quitarte el uniforme“, “Patea al slogan“, “Discriminación“, “Ceguera juvenil“, y “Cosecha cerebral“, cover de Bandera de Niebla, otra banda que integró Adrián además de Satan Dealers y N.D.I.

El setlist estuvo confeccionado para recorrer la mayoría de sus discos. Lamentablemente, no se incluyó ninguna canción de “Mensaje No Preciso en Imagen“, un disco en el que la banda cambió su rumbo hacia un sonido más melódico y experimental.

Mientras Adrián vociferaba su rabia en cada canción, la reacción del público fue de recuerdo y alegría. Lucas Romeo, uno de los violeros, se mezclaba entre ellos, surfeando entre los brazos de los fans para luego volver al escenario.

El público ya estaba prendido fuego y el festival recién estaba comenzando.

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Recambio de público y tiempo para recargar energías. Como tercer acto, subieron al escenario los Peligrosos Gorriones. El lugar para esta altura ya estaba cubierto en un 70%, pero hubo varios inconvenientes de sonido: demasiados acoples y el micrófono de Francisco Bochatón sonaba muy fuerte, tanto que llegaba a aturdir, incluso a 20 metros del escenario. En este caso, no podría destacar ninguna canción por mi desconocimiento de la propuesta de la banda, aunque reconozco que tienen una larga trayectoria en el ambiente nacional.

En los interludios entre cada agrupación, sonaban grandes canciones de hardcore y punk de bandas como Bad Religion, Green Day, Rancid, The Ramones (hasta este momento de la jornada, ya leerán por qué).

Una nueva banda sube al escenario: esta vez les toca el turno a Los Brujos, otros legendarios luchadores del under nacional.

Alejandro Alaci, demostrando ser un excelente frontman, hacía morisquetas al cantar cada uno de los temas que fueron furor en los 90s. Mientras la música sonaba, en el Art Media no faltaron saltos, cantos, mosh y revueltas en el pogo.

Las canciones que hicieron vibrar al público, entre fans y ocasionales, fueron clásicos de la talla de “Kanishka“, “Piso Liso” y “La bomba musical“. En estas canciones, además del mencionado cantante, se sumó un gurrumín de no más de 18 años que dejó todo sobre las tablas.

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Loquero, con su propuesta punk melódica bien ramonera, brindó otro explosivo show. Repasaron canciones de sus 30 años de trayectoria, obteniendo aplausos a gran escala. Su setlist fue largo, ejecutando canciones de todos sus discos. Como invitado especial, se les acopló Batra Sepulcro, cantante y bajista de Sepulcro Punk, para ejecutar “Antisocial“.

Otro de las bandas participantes fueron los Eterna Inocencia con su propuesta hardcore melódica que desplegaron todo su arsenal de canciones, un buen setlist y mucho agite por parte de los asistentes.

Mientras iban sucediendo estas presentaciones, me dediqué a recorrer el lugar. Este contaba con dos pisos donde el público podía desplazarse para tomar algún refrigerio o ingerir algo de comida. Los precios estaban bien, en el rango comparado a otros lugares de renombre.

En la antesala de lo que serían las dos bandas cabeza de cartel, se produjo un desconcierto para los que llenaron el lugar. Hubo quienes hicieron oídos sordos (entre los que me incluyo) y otros que lo tomaron a bien. Fue raro ver a “punkys” y “hardcores” bailar y cantar cumbias que el sonidista fue pinchando desde la consola, cuando rato atrás estaban pogueando con violencia (de la buena).

Temas de cumbia “villera” y “santafesina” sonaron una tras otra como entrada antes de uno de los platos fuertes. Nivel de indignación: 80% por ser bueno.

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El ambiente ya era de fiesta cuando Todos Tus Muertos salieron al escenario para interpretar sus grandes clásicos con la voz principal de Fidel Nadal, a quien se lo vio de muy buen semblante y con su sonrisa característica palpable en su rostro.

La noche estaba basada en la celebración de los 30 años de lo que fue ese gran disco editado en 1994, “Dale aborigen“, que dejó clasicazos como “Mate“, la homónima que da nombre al álbum, “Andate“, “Trece” y más. Entre canción y canción, Fidel preguntaba al público “¿quieren bailar?”, hasta amagaba con que eran pocas las canciones que iban a tocar pero, ante el bullicio de la gente, seguían con su set.

Mezclando temas de aquel gran lanzamiento, sonaron otros hits propios, a saber “Incomunicados“, “No te la vas a acabar“, “El féretro”, “El espejo” y “Gente que no“, esta dupla con la presencia de Sergio Rotman (Los Fabulosos Cadillacs).

Para el final, dejaron “Tu alma mía/Adelita” para hacer delirar a los presentes que armaron una linda ronda de pogo.

Con el recuerdo presente de Gamexane y Pablo Molina, “los muertos” sonaron super ajustados e hicieron disfrutar a los presentes con una muy buena performance. El público aplaudió fuertemente y agradeció por tener sobre las tablas a una de las bandas más significativas de los ’80 y ’90.

Mientras los plomos trabajaban preparando los equipos, nuevamente volvieron los sonidos punk, se fue la cumbia y  la cosa volvió a encaminarse; en el interín sonaron temas de Los Violadores, Flema, más Ramones, Millencolin y otros.

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El festival estaba llegando a su fin, ya habían pasado muchas horas y el 25% del recinto se fue retirando.

Suben los 2 Minutos a escena y fue Blinsky quien hizo algunos comentarios no tan afortunados para con la gente que se había retirado. Aunque suele comportarse así en los distintos shows de la banda, luego se dedicó a lo suyo: tocar la guitarra.

La presentación de 2 minutos fue lo que siempre ha caracterizado al grupo: temas que sonaron “palo y a la bolsa”, apuntando a ir a lo seguro con las canciones populares. El Mosca tuvo una muy buena noche, acompañado en los coros por El Indio, quien aporta esa cuota de fuerza en sus intervenciones.

Quien no dejó de intervenir entre tema y tema fue el ya mencionado Blinsky, haciendo acotaciones y chistes; tanto es así que El Mosca le pidió en varias ocasiones que se concentrara en la lista de temas para no perder el tiempo destinado a tocar.

Volviendo al show, fue pura adrenalina y velocidad al extremo, con canciones que nos transportaron a viejas épocas. Entre muchas, sonaron “Vos no confiaste“, “Demasiado tarde (La marcha)”, “Lejos estoy“, “Otra vez (La casa de Juan)”, “Otra mujer“, “Barricada” con la participación especial de Kaktov, un artista independiente, amigo de la banda.

También hubo lugar para “Tema de Adrian” con una emotiva dedicatoria a Adrián Makinación (QEPD), “Novedades” con una letra que sigue trascendiendo en el tiempo, “Canción De Amor (Cerveza)”, y “Jason“, donde dos niños de no más de 10 años subieron al escenario con máscaras para cantar junto a los muchachos.

En la recta final, el público vibró con “Piñas van, piñas vienen“, “Arrebato“, el mega clásico “Ya no sos igual” que se cantó con las últimas fuerzas, y “Valentín Alsina“, con la que la banda cerró la noche haciendo mención a su barrio natal.

Después de casi 12 horas de shows, el cansancio se hizo notar, la edad pesa, las piernas ya estaban doloridas, pero nos retiramos con la satisfacción de haber visto un excelente festival, una buena organización, mas que aceptable sonido y excelentes bandas seleccionadas, muchas de las cuales no veía hace más de 20 años.

 

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Gorka Urbizu en Barcelona: “Por un eterno renacer”
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En noviembre del 2019, en Iruña/Pamplona ante once mil seguidores, Gorka Urbizu daba por finiquitados veinticinco años al frente de Berri Txarrak, durante los que disco a disco, o gira a gira, fue perdiendo a sus hermanos de viaje originales, hasta ser el mismo quien también decidió bajarse del barco. Cuatro años después reinicia su carrera, con un disco orgánico y minimalista titulado Hasiera Bat.

No es habitual que el telonero, o artista invitado tenga más discos, en solitario, que el artista principal, pero es que Mar Pujol, la cantautora catalana elegida para abrir la noche cuenta en su cuenta de Spotify, con dos discos, un ep y un álbum, mientras que el de Lekunberri recién se ha estrenado ahora en esto de encabezar con su nombre y apellido un disco. Porque aparte de sus nueve discos con Berri Txarrak, también cabe contar sus proyectos paralelos como Peiremans+, y Katamalo, o su primera experiencia discográfica junto a Aitor Goikoetxea, batería original de Berri, en el Plazoaren Martxa (1995), y Basurdearen Orrua (1996) de los siempre festivos Nahi ta Nahiez. 

Mar Pujol nos deleitó con su delicadeza y fragilidad durante unos treinta minutos, aunque tan solo llegué a ver unos veinte. Cuando accedí a la pista de Paral.lel 62, con una capacidad para 950 personas, ya estaba bastante repleta, no así los pisos superiores, la denominada platea que aun presentaban muchos asientos libres, e interpretaba una de las hermosas piezas que componen su primer álbum Cançons de Rebost (2024), la titulada “Ìí”. Nos habló de los personajes que componen “La Ploranera”, siguió con “Flor de Nit”, donde combina arpegios con simplemente rasgar levemente las cuerdas de su guitarra, y que finaliza con un efecto de eco. Tras unos sentidos aplausos, Mar se presenta, informando que es de Prats de Lluçanes, y de las pequeñas diferencias entre su EP Trepa, y el nuevo disco producido por Jordi Matas, aunque vincula los dos a la vida en el bosque, algo que una vez lo pruebas ya no tiene vuelta atrás, antes de ejecutar “Per Cada U”, y “Amor en Conserva”, las dos con unos punteos finales, dramáticos y llenos de suspenso. Unos momentos para agradecer los aplausos de los allí presentes, así como a Gorka, a Pau Panda Management, al que también le doy las gracias desde aquí, para terminar con la que cierra el álbum, la extrema sensibilidad de “Cabell d’Àngel”. 

Que se puede decir, una música y una voz que encandila, aunque por desgracia no a todos, ya que Mar sufrió de un constante murmullo de los que estaban más pendientes de agarrar un buen lugar para el artista principal, o hablar por hablar, hecho que a menudo sufren algunos grupos teloneros que son ignorados por las primeras filas, copadas por fans que llegan a dar la espalda a la banda invitada de turno. En fin, Mar-avillosa.

La alineación que acompaña Don Gorka Urbizu en sus nuevas andanzas es de lo más ecléctica, compuesta por sus compañeros de producción y ejecución de esta delicatesen titulada Hasiera Bat (Un comienzo), con Joan Pons, a la batería, conocido artísticamente como El Petit de Ca L’Eril, banda catalana de folk pop psicodélico donde canta y toca la guitarra, así como su bajista Jordi Matas, artífice principal de esta increíble grabación realizada en un viejo teatro café de la población de Guissona, conocida popularmente por su cadena de supermercados dedicados a la explotación cárnica. Sumándose a este combo increíble, está Mariana Mott, que ha acompañado últimamente a las cantantes Nat Simons y a Mayka Makovsky, que junto a Pons llevaran el ritmo de sus baterías, sí, dos baterías que funcionan prácticamente al unísono, y que extraña en un producto súper intimista y relajado como este. Y finalmente a la guitarra, otra fémina, la guitarrista bilbaína, afincada en Barcelona, Amaia Miranda que junto a Gorka hacen mágicos duetos llenos de complicidad a las seis cuerdas.

Creo que no volvía a esta sala desde el bolo del batería de Deep Purple, Ian Paice en 2019 junto a la banda italiana de covers Purpendicular, anteriormente había gozado con el argentino-estadounidense Kevin Johanssen, o con Shellac en 2014, grupo del recientemente fallecido Steve Albini, todo esto cuando este local era conocido como Sala Barts. Y es que los cambios de dirección y de nombre han sido una constante estos últimos años, desde que fuera Studio 54 (1987-94), la discoteca por excelencia de la ciudad condal de la época, donde llegué a ver algún que otro directo, como el de Iggy Pop en 1991, o los Dinosaur Jr. en 1994, que en aquel entonces ya había pasado a llamarse Chic Studio (1994-97). 

En fin, dejémonos de batallitas, y vamos con la nueva onda que ha querido agarrar el líder de Berri Txarrak, con algo más tranquilo y pausado, no exento de alguna que otro momento de agresividad controlada. Abrió, como no podía ser de otra manera, con una poderosa bienvenida de su fiel público catalán, así como de la numerosa colonia vasca, casi podríamos decir que entre los mil quinientos asistentes, un tercio, o dos, podían ser de origen euskaldun, mientras la banda tocaba las primeras notas de la poderosa “Maitasun Bat”, con esos entrecortados compases de batería, y los coros femeninos que acompañan la voz de Arbizu. Continúan con un par de temas nuevos, “Teoria Bat” y “Lilura Bat”, siguiendo el orden numeral del disco, sorprende que la mayoría de los asistentes se canté cada uno de las nuevas composiciones, entre gritos y aullidos varios. Bona nit Barcelona, Gabon, Com Anem?, y continuando en un catalán más que correcto, en sus últimos bolos con BTX lo había hecho escuetamente, y ayer lo hizo durante casi todo el concierto, habló del milagro de la música en vivo, y pedir, que no prohibir, que dejáramos los móviles aparcados, y que disfrutáramos todos juntos de la fascinación arcaica que es la música en directo. 

El orden de las cosas se rompe con “Lilura Bat”, tarareada desde su inicio, después de esta carga de profundidad que me recordó a unos Manic Street Preachers, Gorka nos introduce una canción que hizo con los hardcore punk navarros Leihotikan, “Etorkizuna Ginenean”, en la que Amaia canta algunas estrofas, nada que ver con la original, mucho más coral y atmosférica en esta nueva dimensión. Vuelta al nuevo trabajo con “Kolore Bat” con las primeras palmas generales en su parte final, que se tornan en aplausos con la primera de BTX de la noche, “Helduleko Guztiak”, que suena prácticamente igual que en su triple álbum Denbora da Poligrafo Bakarra (2014). Otra de las nuevas es “Janela Bat”, de la que Gorka comenta que habla de cuidarnos, donde vuelve a colgarse la guitarra eléctrica, durante la mayoría del concierto utilizó una electroacústica, un tema que me recordó a Extremoduro, cuyo líder, Robe Iniesta también ya hizo algo parecido a lo que Gorka ha hecho pasando del grupo madre, a uno en nombre propio. El de Lekunberri se queda solo para presentarnos ahora un tema medio inédito, ya que está incluido únicamente en el documental Dardara, la captura de cómo se compone y graba una canción, en este caso “Mihise Zuri Bat”, la que sonó más desnuda de pelo y paja, con tan solo la voz, la guitarra, y una luz lateral. 

Gorka habla de su reciente gira por Suramérica, y que yendo en taxi en Colombia se enteró de la muerte de Steve Albini, y que he escrito varias canciones antifascistas, y esta es una de ellas, “Maravillas”, la dedicada a una niña de catorce años que fue detenida junto a su padre en Lagarra, violada y asesinada por los fascistas españoles durante la Guerra Civil, desde su disco con BTX, Payola (2009), que fue producido por el propio Albini, y que Gorka interpreta también en solitario, pero con toda la sala cantándola junto a él, y poniéndonos los pelos de punta. 

Vuelven a escena los músicos, a los que Gorka agradece su aportación, sobretodo porque todos hacen coros, bromea el navarro, y los presenta uno por uno, y que a pesar de ser un disco sencillito, con pocas pistas, van con dos baterías, para hacernos vibrar con “Betazalak Euraztean”, de sus Katamalo. Siguieron con “Sute Bat”, y con “Send Flowers” de los Peiremans+, para luego hablarnos de Frédéric Peiremans, el futbolista belga, que tras jugar en Belgica y Holanda, llegó como fichaje estrella a la Real Sociedad en verano del 2000, sin estar recuperado de una lesión de isquiotibiales, que la temporada siguiente fue al S.D. Eibar donde también tuvo muchos problemas musculares que le llevaron a la decisión de retirarse del futbol activo, y montó una cadena de supermercados en Bélgica. 

Una de las clásicas de Berri es “Katedral Bat” con esos trascendentales coros enormes y catárticos. “Toki Bat” parece sacada de un álbum de BTX, por cómo suena, y por qué todos se la saben, pero no, es de las nuevas. Tras ella, Gorka se despide, y los típicos canticos en euskera de Beste Bat (otra más) se hacen generales. Un par de minutos después, aparece Jordi tras los teclados, y Gorka empieza a parafrasear en catalán la letra de “Etxe Bat”, y aplausos ante la rectificación de algún error de traducción, un emocionante canción que hace arrancar gritos y aplausos durante un par de ocasiones más. Después de haberse tomado un minuto en presentar al equipo técnico y al management que le ayuda, llega otro clásico, “Hegal Egiten”, una bonita versión de la mítica formación Itoiz, que provoca los primeros bailes y danzas entre el sector más euskaldun.

Palabras de agradeciendo hacia el público de esta ciudad, y de esta tierra, y lo que significa ver esta sala llena después de cuatro años, con un disco nuevo y diferente, para acto seguido dar paso a los acordes de uno de los hits de BTX, “Lemak, Aingurak”, también harto similar al original. Y llegamos al final con el corte que al igual cierra Hasiera Bat, la reiterativa “Besterik Ez” (Nada más), repetida hasta el infinito, y único corte del disco que no contiene el articulo indeterminado bat (un, una). 

Noventa excelentes minutos de repaso a su excelso nuevo álbum, así como un pequeño recuerdo para todas las formaciones propias, y amigas, en una noche en que se volvieron a reunir los seguidores de unos añorados Berri Txarrak, que seguro volverá Gorka a resucitar en algún momento futuro, pero dejemos eso apartado para disfrutar de esta nueva joya, de las que vendrán, y de conciertos tan mágicos y fascinantes como el que hemos vivido en el Paral.lel 62.

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Leo Jiménez en Barcelona: “Sinfonía galáctica”
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En una noche que podría haber sido diseñada por un caprichoso director de cine, la sala Razzmatazz 2 estaba a reventar. El 25 de mayo, Leo Jiménez y su séquito musical nos ofrecieron una experiencia que desbordó los límites de la realidad ordinaria, llena de sorpresas y apariciones inesperadas. No contento con seguir las normas mundanas, el concierto comenzó diez minutos antes de lo programado, causando que los relojes y los corazones de los asistentes se desajustaran simultáneamente.

La velada inició con una intro orquestal que habría hecho palidecer de envidia a cualquier banda sonora de Disney. Apenas los primeros acordes envolvieron a la audiencia, Leo Jiménez hizo su entrada triunfal, una aparición digna de un emperador galáctico, deslumbrando con una destreza vocal que es ya tan esperada como el amanecer. Acompañado desde el primer momento por Patricia Tapia y Zeta, quienes alternaban su presencia en el escenario con una coreografía casi cósmica, el ambiente estaba cargado de una energía eléctrica y palpable.

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No solo era cuestión de talento individual; entre los músicos se encontraban miembros de 037 y Stravaganzza, formando un colectivo musical de proporciones épicas. Los arreglos vocales, tan vastos y profundos como el mismo espacio exterior, contaban no solo con los tres titanes vocales, sino que también sumaban al bajista y al baterista en los coros, creando acordes de una magnitud que desafiaría incluso a los mejores sistemas de sonido de la galaxia.

El repertorio de la noche fue una travesía por el cosmos del metal, con Leo Jiménez y su banda surcando desde los temas más personales hasta los más universales. “Desde Niño” abrió el portal, seguido por “Con Razón o Sin” y “Soy Libertad”, canciones que resonaron con una potencia casi gravitacional. Patricia Tapia tomó la batuta para presentar “Volar”, un momento que llevó a la audiencia a alturas estratosféricas. “Del amor al odio” y “Cielo e Infierno” fueron dualidades que se enfrentaron en un duelo estelar, mientras que “Mesías” y “Mi otra mitad” añadieron capas de profundidad emocional a la velada.

En la sección de covers, la audiencia fue transportada a través del tiempo y el espacio, con rendiciones electrizantes de “The Trooper/The Number of the Beast” de Iron Maiden e “If I Could Fly” de Helloween, que demostraron la versatilidad y el respeto de Jiménez por los clásicos del metal. La energía siguió fluyendo con “Free from Desire” y “Neon Knights” de Black Sabbath, que cerraron la noche con un estallido de energía cósmica.

Una experiencia que, como la propia voz de Leo Jiménez, trasciende lo meramente terrenal para convertirse en leyenda.


 

 

 

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Vended en Madrid: “Juventud, Divino Tesoro”
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El pasado sábado recibimos por primera vez en Madrid a los norteamericanos Vended, quienes liderados por Griffin Taylor y Simon Crahan (Os suenan los apellidos verdad?), llegaban a la capital de España para demostrar que la banda es mucho más que “Los Hijos de…”

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Pero tampoco nos vamos a evadir de lo obvio y es que vista la cola que tímidamente iba formándose en las inmediaciones de la sala Shoko Live y como cada dos o tres personas, había cuatro camisetas de Slipknot, está más que claro que todos querían ver como se las gastaban los primogénitos de Corey y Shawn, respectivamente.

Con una puntualidad más que destacada, salieron a escena a las 19.30 los muchachos de Profiler, un trío que también debutaba en nuestro país y cuya actuación se podría decir que fue de más a “casi” menos y es que la banda comenzó muy bien, con una introducción a lo “Chevelle” (pero con bastante más gracia que el soso trío de Chicago) y seguido a eso abrieron fuego con “Identify” y la verdad es que la banda sueña más que sólida, pese a su evidente juventud, se les vio enérgicos, contundentes y con un Mike Evans que no paraba de moverse y tratar de contagiar esa energía a un público que tímidamente se iba acercando a las primeras filas de la sala.

Ellos practican un “Nu Metal Moderno” y eso creo que no lo esconden, las influencias son más que claras (Korn, Linkin Park, Deftones hasta incluso momentos de Taproot) y eso se tradujo en canciones tan destacadas como “To Uotpia) (una delicia en directo), “All in Forever” y el fantástico “Zero”, con el que pusieron el fin a su corto, pero intenso paso por Madrid.

Quizás el problema estuvo en que Mike es muy joven y tiene que seguir cuidando y practicando técnica vocal para que no se le note tan apurado como paso en cortes como “Ninety”, la penúltima canción del set y donde ya le costaba llegar a los tonos más altos de la canción, pero nada que no se pueda conseguir con el tiempo y el rodaje como cantante y como banda.

Profiler, convencieron a más de uno y estoy seguro que en los próximos años, estos chicos darán mucho que hablar y esta especie de “Revival 2.0” del Nu Metal que estamos viviendo y donde ellos vienen pidiendo paso.

Le comentaba a una muy buena amiga y compañera del ambiente que The Gloom in the Corner era la banda que menos me llamaba la atención de las tres y es que su sonido carecía de interés para mi al menos en audio, pero una vez acabado su set, volví a hablar con ella y le dije, si en directo las cosas son bastante distintas.

Y es que los australianos ofrecieron un sonido con “más cuerpo” que sus compañeros de Profiler, combinando elementos del metalcore de corte progresivo, nu metal y heavy metal moderno a lo Killswitch Engage, teniendo sus momentos más algidos en la base rítmica de las canciones, sobre todo en “Ronin”, “Bleed You Out” o la final “Obliteration Imminent”, con varios cambios de ritmo en una misma pieza y con un Mikey Arthur muy bien en las voces melódicas y quizás no tanto en los screams, que se me quedaron muy planos y con planos quiero recalcar que no estaban mal si no que hay 27192 bandas de metalcore con Screamers haciendo lo mismo que él.

La banda presentó temas de su último disco y quizás me gustaría verlos actuar solos a ver si termino de conectar con ellos, porque en esta ocasión lo hice pero a medias.

Y si, llegó el momento de comprobar si Vended estarían a la altura del hype que hay con ellos y si realmente merece la pena dedicarles los piropos que podemos ver en medios internacionales y en grupos como Korn, Gojira, BMTH o Jinjer, quienes los han llevado de gira por Estados Unidos y han asegurado que estamos ante una de las bandas del momento dentro del metal moderno.

Y lo cierto es que la respuesta es SÍ, pero con matices que pasaré a contaros y es que la banda salió puntual a las 21.30 tal y como estaba estipulado y con los primeros acordes de “Nihilism” la sala explotó al ritmo de Simon en los parches, JJ al bajo, Connor a la guitarra, el señor Cole Epseland a la otra guitarra y si, Griffin Taylor a la voz principal quien enfundado en un riguroso negro y un “Body Paint” muy parecido al de su padre en la época del The End..So Far, demostró que pese a su juventud, el tipo suena tremendo.

La banda ofreció un set cargado de energía, mucha brutalidad sonora mezclada con la dosis justa de melodía y al que pocas pegas se le puede poner, temazos como “Am I The Only One”, “Overall”, la canción nueva “Serenity” o “The Far Side”, hicieron las delicias del público, los pogos no dieron tregua en toda la actuación de los de Des Moines, pero justo aquí viene la única pega.

Y es que los chicos estuvieron 50 minutos clavados sobre el escenario, literal, sin cover ni sorpresas (No chicos, Corey no apareció por el costado del escenario ni tampoco hicieron covers de “Wait and Bleed” o “Psychosocial”) y entonces ¿Como se justifica hacer una gira como “Headliner” sin disco editado y solo con singles sueltos?, eso quizás fue el único handicap que tuvieron Vended, quizás les hubiese venido mejor girar con una banda mediano/grande capaz de llenar Shoko y no solitos ya que la sala estuvo muy lejos de estar “Sold Out”.

Pero aún así, en lo estrictamente musical, Vended demostraron cumplir al 100% con la entrega sobre el escenario y esperemos que cuando saquen su álbum debut puedan venir y tocar un set un poquito más extenso, pero ni esto empaña un debut más que interesante de la banda estadounidense en nuestro país, no les perderemos la pista.

 

Fotografías: Juli G. Lopez

 

 

 

 

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NOFX en Madrid: “Fiesta de nostalgia”
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El Wizink Center se llenó de punkys el pasado 14 de mayo para despedir a NOFX de los escenarios. La banda de California presentaba su gira final: 40 años, 40 ciudades y 40 temas.

Acompañando a NOFX, cuatro bandas con distintos estilos y recorridos calentaron el ambiente. The Meffs, el dúo de Reino Unido nos trajo un punk muy directo y cargado de temas reivindicativos, canciones cargadas de mensaje, cierta rabia y mucha simbología. Después de agradecer al público su pronta presencia y arreglar algunos problemas técnicos con la guitarra se dedicaron a encadenar un tema con otro, animar mucho al público, que se lo devolvió con los primeros pogos y bailes, pedir corear “F*ck Brexit!” o arengar a los grupos siguientes. Con una sencillez de instrumentación básica, guitarra, batería y voz, temas bastante rápidos, muy enérgicos que sonaron crudos, ásperos, bastante distorsionados hicieron las delicias para un calentamiento a la altura de lo llegaría.

Siguieron los gaditanos G.A.S. Drummers que sonaron de lujo, el grupo lleva 25 años sobre los escenarios y se notó en cada tema que venían con ganas de dejar un recuerdo en todos nosotros, desde las primeras filas se escuchaba al público cantar los temas y mientras hacía las fotos en el foso pude ver la cara de felicidad y disfrute de cada uno de los miembros. Un espectáculo nacional en un escenario de renombre con muchos amigos y apasionados que al terminar se agolparon para conseguir una firma, un saludo o simplemente felicitar a la banda. Creo que fue una gran elección para seguir con la tarde.

Después de una pausa y con el Wizink ya bastante más lleno se subieron al escenario Frank Turner & The Sleeping Souls. Con una iluminación más colorida que los anteriores y una lona enorme que recordaba el título de su último álbum “Undefeated”, desde el arranque y sin casi pausa fue subiendo la temperatura del concierto, los ritmos de rock – folk son muy pegadizos, no quedó persona sin mover el cuerpo y comprar cada guiño, salto, brazo al aire y demás movimientos efusivos que Turne, cargado de energía y carisma, nos regalaba. El momento más emocionante tuvo lugar cuando Frank bajó al foso y subido a la valla de seguridad primero, llevado en volandas por el público después, cantó medio tema bañado en multitudes. La banda se despidió muy coreada recordando a todos que a finales de año visitará de nuevo la capital.

Y antes del plato principal de la noche quedaba otra banda de renombre dentro de la escena punk, Circle Jerks, aunque sin su line up original, con algunos problemas técnicos de arranque, bromeando si podrían tocar su discografía completa en el tiempo que les dejaron y con ciertos parones para descanso de Keith Morris al que se notó con muchas ganas, casi haciéndonos olvidar su verdadera edad. No se dejaron ni un sólo clásico sin tocar y el publico, ahora sí llenando por completo el Wizink, se lo agradeció coreando los temas, haciendo crowd surfing, lanzando cervezas al aire y no parando ni un segundo de celebrar, espectacular, memorable.

Y por fin, después de 3 horas de música en directo llegó el turno de NOFX. A pesar de la entrada bastante fría de la banda al escenario el griterío del público se hizo ensordecedor, de ese volumen inicial solo se subió en lo que duro el show. El público estuvo “de 10” dejando claro su amor por la banda, en cada rincón se veían pogos, circle pits, grupos de amigos, saltos de alegría, canciones gritadas a todo pulmón, lanzamientos de minis con cualquier contenido, los guardias de seguridad no pararon de sacar voladores por el foso… una auténtica fiesta de todos y cada uno de los presentes. Me vi rodeado de gente feliz, daba igual a donde mirase, jóvenes, cuarentones,… todos entregadísimos disfrutando de cada tema.

Y sí, de fondo tocaba NOFX, tal vez no fue su mejor interpretación pero puedo asegurar que de las más emotivas y con mayor interés e intención de las últimas visitas. Fue muy divertido de principio a fin a pesar de las largas pausas para la cháchara habitual, cargada de bromas, comentarios faltones y alguna que otra gracia con gracia. Me hizo reír el guiño para localizar el concierto como la caída de una lona gigante aludiendo a la petición de sus recientes amigos vascos por usar algo más grande… me gustó su recuerdo de las anteriores visitas a Madrid… también tiraron sobre la religión o Green Day: “nos robaron una canción”  y vacilaron con tocar Basket Case, se rieron de The Clash y pusieron en duda los gustos de los punk más jóvenes. Me pareció divertido también el reto de Fat Mike de tocar siete canciones en seis minutos con todo el público saltando como locos, empujando y gritando con “F**k The Kids”, “Juice Head”, “Hobophobic”, “Monosyllabic Girl”, “I’m Telling Tim”, “Instant Crassic” y “Can’t Get the Stink Out”, muy conseguido.

Eric Melvin no paró de moverse, saltar, hacer gestos y participar en cada broma o discurso, super entregado en general, estaba claro que no era un concierto más. El Hefe por su parte tampoco se quedó atrás aunque mucho menos movido y bastante más concentrado en tocar y cantar, destaco sus interpretaciones con la trompeta que me parecieron muy bien interpretadas. Por su parte, Eric Sandin, batería, fue el más comedido y se limitó a saludar y lanzar algún que otro “calvo” al personal.

Lluvia de minis tras lluvia de minis fueron pasando muchos de los clásicos hasta llegar a la pausa de rigor para salir por la puerta grande con los diez minutos finales sonaron “The Separation of Church and Skate”, “Don‘t Call Me White” cantado por todos a grito pelado o la esperadísima “The Decline” para rematar el concierto, una fiesta cargada de nostalgia.


 

 

 

 

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