


Si uno analiza el rumbo que han tomado los rockeros norteamericanos Halestorm en los últimos años, no puede evitar pensar que Lzzy Hale y los suyos se han “Acomodado” dentro de un estilo que manejan a la perfección, pero sin la brillantez y la garra que tenían en sus 3 primeros discos, sobre todo los dos primeros si me preguntan a mi.
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Por eso tenía muchas ganas de enfrentarme a Everest, su sexto trabajo de estudio y sobre todo tras las buenas sensaciones que me dejaron tanto “Darkness Always Wins” como el corte que da título al álbum y lo cierto es que el resultado global es mucho mejor de lo esperado.
El disco comienza pesado, intenso y con una Lzzy siempre pletórica en las voces gracias a “Fallen Star”, muy en la línea de lo ofrecido en el ultimo lustro, pero con un sonido heavy moderno que atrapa más que temas anteriores.
Tras el corte que da título al disco, el cual me reafirmo en que es una gran canción, donde no necesariamente ser single implica tener los requisitos habituales para ello, “Shiver” evidencia la versatilidad que tiene Lzzy como artista, porque puede pasar de un comienzo más “Light” pero que te conquista por la delicadeza con la que emite las notas vocales y ver como va progresivamente subiendo la intensidad de su voz, sin que suene postiza ni forzada, por no hablar de las guitarras afiladas a dúo con Joe Hottinger, que ahora si, emocionan como antaño.
La oda al empoderamiento, el valor y la imagen de la mujer se hace presente en “Like a Woman”, recordemos que Lzzy Hale ha luchado muchos años contra aquellos que solo la veían como una “Cara Bonita” del rock y hasta algún infeliz hasta dudó si los solos que ella hacía en directo no eran playback, por no hablar de que su imponente presencia también genero debate sobre si Halestorm destacarían igual en la escena de no estar Lzzy al frente de la banda y creo que esta canción pone el punto final y definitivo sobre ello, con una gran base rítmica, una Lzzy seductora vocalmente hablando y sobre la cual no hay ya debate posible, es una de las mejores voces que ha dado el rock contemporáneo en los últimos tres lustros, lo quieras admitir o no.
“Rain Your Blood On Me”, parece una prima lejana de “Darkness Always Wins”, con la salvedad de que la primera enfoca la intensidad musical de la pieza hacia un lado más rockero y no tan experimental y cercano al medio tiempo. La batería de Arejay suena como un muro y Lzzy rompe su garganta hacia el estribillo para acabar la pieza a todo trapo con un sonido cercano al heavy rock más clásico, sin duda una pieza que sorprenderá al oyente habitual de la banda norteamericana.
El gran estribillo de “Gather the Lambs”, es lo que más destaca de un corte ya más próximo a lo que había en su anterior trabajo, mientras que la feroz “Watch Out!” con una clara declaración de intenciones: “Watch Out!, That Bitch Is Out For Blood”, no va a dejar títere con cabeza en la próxima gira de la banda por el viejo continente, si deciden incluirla, que todo apunta a que si ya que es un cañonazo de hard rock/metal moderno tremendo, donde Lzzy muestra su lado más agresivo de manera sublime y lo combina con ciertos pasajes melódicos que podrían estar heredados de Soundgarden y Alice in Chains, pero llevados a su terreno personal.
La dualidad sonora entre “Broken Doll”, cuya melancolía no me acaba de cerrar y la rabia descontrolada de “K-I-L-L-I-N-G”, es muy interesante y quizás por sonoridad la segunda destaca más, pero sigue confirmando lo acertados e inspirados que han vuelto a estar Halestorm en este nuevo trabajo.
Tras la pieza menos destacable quizás de todo el disco, que es “I Gave You Everything”, el disco llega a su fin con “How Will You Remember Me?”, una pieza mucho mejor armada y con Lzzy dejando su huella con el piano una vez más y esa voz que solo ella tiene y que de cuidarla como ha hecho todos estos años, la va a llevar al olimpo de las mejores voces rockeras de todos los tiempos, sin exagerar ya que hace más de 15 años que esta mujer viene derrochando un poderío vocal al nivel de muy pocas compañeras de profesión.
Pues poco más se puede añadir al que ahora si, es un gran regreso discográfico para Halestorm, haciendo justicia a la gran calidad que tienen como banda y demostrando que a veces hay que parar, reflexionar y buscarse a uno mismo hasta reencontrar la inspiración para crear buenas canciones y afortunadamente Lzzy Hale y compañía han podido encontrar dicha inspiración y que dure por muchos años más!
Etiquetas: Alternative. Metal moderno, Atlantic Records, Everest, halestorm, Hard Rock Moderno


Aunque pueda parecer que salieron hace poco, lo cierto es que la princesitas del kawaii metal ya llevan 15 años de carrera y Metal Forth supone ya el cuarto disco para Babymetal, lo cual evidencia que no son unas recién llegadas a la industria, cuya rama alternativa parecen estar dominando con arenas llenas alrededor del mundo, grandes participaciones en los mejores festivales del mundo y el respaldo de leyendas como Rob Halford, Metallica, Steve Harris de Iron Maiden, Korn, Slipknot o más contemporáneos a las chicas Bring Me The Horizon y Trivium, todos ellos les han mostrado un gran respeto a Su, Moa y Momo Metal, con lo cual algo bien deben estar haciendo para conseguir que semejantes nombres aprueben su propuesta.
Pero no todo ha sido color de rosas para las chicas ya que el sector más “Trve” del metal las sigue viendo como un producto perfectamente calculado y que poco tiene que ver con el metal, básicamente son tres “criaturas” jugando a ser alternativas, pero que no tienen que ver con el metal tradicional como se ha entendido a lo largo de su historia.
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Bien, pues con Metal Forth en la mano, hay que decir que ni tanto ni tan poco, pero que el mismo es un viaje que lamentablemente no lleva a ninguna parte, a pesar de contar con algunos buenos momentos en el camino.
El disco empieza con el pie derecho y es que “From Me To You”, es un cañonazo de metal moderno y donde Poppy se complementa de perlas con Su Metal en las voces, por no hablar de que las partes melódicas hacia el final son una delicia.
Es un tema que ya pudimos escuchar hace varios meses y que a la hora de escribir sobre el disco, me sigue pareciendo una de las mejores canciones que Babymetal han creado hasta la fecha.
El binomio siguiente también es de sobra conocido ya que “Ratatata” pone la nota fiestera junto a los teutones Eskimo Callboy y “Song 3”, una particular, pero efectiva colaboración junto a Alex Terrible de Salughter to Prevail.
Pero ya con estas tres piezas, las cuales no siguen un nexo conductor comienzan los problemas y es que “Kon! Kon!”, es simplemente un desastre y evidencia dos cosas: 1) Lo sobrevaloradísimos que están Bloodywood, realmente si no fuera por el toque de música original de su país natal, serían una banda del montón y 2) Que Babymetal no han sabido como organizarse con el disco.
El ecuador del disco lo cierran con “KxAxWxAxIxI”, un corte bastante extraño con un sonido medio moderno, pero con partes rapeadas a la vez que una base rítmica potente y una Su que nos sorprende con otro registro vocal, más pausado pero a la vez atractivo.
“Sunset Kiss”, es un tema pop alternativo con todas las letras, es más si le quitas la distorsión de fondo, podría pasar por un tema de grupos como XG, Twice o Itzy y a nadie que escuche KPop le parecería mal, pero entonces ¿Dónde está la línea orientativa del álbum? es que con seis cortes ya encima, uno debería tener claro la dirección del disco y lo que parece entender es que no la tiene y que está más cerca de ser un recopilatorio de temas, más que un disco de estudio en sí.
La montaña rusa sonora continúa sin escalas y ahora llega “My Queen”, un tema que si te suena moderno, pesado, melódico y con ciertos guiños a Spiritbox, estás en lo correcto ya que Courtney LaPlante, hace su aporte vocal a la canción, pero en líneas generales creo que se queda un par de escalones por debajo del dueto con Poppy.
Una pena, porque podría haber salido otro temazo y sin embargo creo que se queda en un tema de 7 o 7,5, máximo y sabiendo el potencial que Su y Courtney tienen, se les debería poder exigir un poquito más que esta pieza.
Con “Algorism”, nos damos cuenta que a veces no es necesario contar con una colaboración internacional para crear un temazo y este si que si funciona como en su disco debut, estas son las Babymetal que nos encandilaron antaño, las que combinaban metal moderno, JRock, power metal, y todo con una Su Metal cantando de manera brillante y demostrando la madurez vocal que tiene en la actualidad, siendo muy destacable la labor de Momo en los “Screams” y posicionando a esta canción como una de las mejores del disco.
El disco va llegando a su fin no sin antes regalarnos “Metali!!”, un corte más rockero si se quiere y donde Su vuelve a bastarse ella solita para demostrar lo gran vocalista que es y como sin ayuda de nadie, se las apaña para crear melodías endiabladas con su voz, el puente típico oriental deja paso al esperado solo de Morello, que no falla nunca y que le da el “Punch” extra a la pieza, que si bien no es una obra de arte si que es mejor que alguna canción del disco que está más arriba.
Y con “White Flame”, el disco concluye a toda pastilla, con un veloz tema muy en la onda de sus dos primeros discos y donde Babymetal muestran su lado más “Power metalero” con una batería tremenda y que va a miles de kilómetros por hora, donde uno no puede no pensar en Dragonforce al escuchar esta pieza, la cual cumple su cometido de cerrar el disco y acabar de nivelar un barco que en algunos momentos corrió el peligro de naufragar.
En líneas generales, el disco no es tan malo como nos quieren vender por ahí, el problema es que no hay un hilo conductor y las canciones sin invitados (a pesar de que están muy bien) pueden correr peligro de pasar desapercibidas entre tanto nombre propio y creo que Babymetal deberían coger las riendas de su carrera porque talento de sobra para ello tienen y de no hacerlo, lo que Metal Forth ofrece y en muchos momentos no convence, puede convertirse en algo más notorio y por ese camino no es chicas, cuidado con los tiburones en el mar.


Mientras viajaba en un antiguo tren rumano que unía las ciudades de Brașov y Bucarest, en un mediodía tan oscuro como la noche debido a la lluvia y las nubes cerradas, buscaba un álbum para completar mi top 3 de discos escuchados en julio. Cuando navegaba por Spotify, cambiando de disco en disco, me topé con esta interesante propuesta. No sabía que ese encuentro casual se convertiría en una experiencia profundamente inmersiva.
Si bien había escuchado trabajos anteriores de Abigail Williams, nunca les había dado demasiada importancia. Al revisar ahora su discografía con atención, me doy cuenta de que han tenido una evolución musical realmente fascinante. Lejos quedó su sonido inicial, una inusual mezcla de metalcore con black metal atmosférico. Fue con su primer álbum de larga duración, In the Shadow of a Thousand Suns (2008), que marcaron un antes y un después, abrazando con fuerza las influencias de bandas como Emperor, Dimmu Borgir y Cradle of Filth. Desde entonces, entre altibajos creativos, han transitado un camino oscuro y exigente que nos lleva a su sexto trabajo de estudio: A Void Within Existence, una obra que se sumerge de lleno en la oscuridad más profunda.
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Desde su portada hasta el propio título, este álbum irradia un aura sombría que se refleja intensamente en la música. Desde la primera pista, el oyente es arrojado a un abismo sonoro de disonancias y riffs pesados, oscuros, casi asfixiantes. Esta intensidad se mantiene durante todo el disco, apenas ofreciendo momentos de respiro. Uno de esos breves descansos aparece en el último tramo de “Nonexistence”, donde una guitarra limpia y un solo melódico aportan un aire de calma ilusoria antes de que el peso abrumador regrese. En todo momento, la batería de Mike Heller —cargada de influencias del death metal— y la mezcla precisa de Dave Otero potencian cada detalle. De hecho, quienes conozcan su trabajo con Akhlys notarán similitudes en cuanto a atmósfera: densa, profunda y absolutamente envolvente.
Los dos últimos temas del álbum representan su punto culminante. “Embrace the Chasm” hace honor a su nombre y se convierte en una espiral oscura de tensión, riffs colosales y atmósferas cargadas que remiten a lo mejor de Blut Aus Nord. La canción se suaviza hacia el final, preparando elegantemente el terreno para lo que podría considerarse la joya del disco: “No Less Than Death”. Este tema final, una pieza que roza lo sublime dentro del post-black metal, destaca por la inesperada aparición de voces limpias a cargo de Ken Sorceron. La canción es intensa, emotiva, contrastante y bellamente ejecutada. Más que describirla, hay que experimentarla.
Un disco que me atrapó mientras miraba los paisajes por la ventana; lo escuché hasta tres veces seguidas antes de llegar a destino. Una maravilla.


Después de cuatro años de espera tras el exitoso regreso de la formación “Pumpkins United”, Helloween presenta “Giants & Monsters“, un álbum que celebra cuatro décadas de carrera pero que, lamentablemente, no logra capitalizar todo el potencial que esta histórica alineación prometía. Si bien el disco anterior marcó el retorno triunfal de Kiske y Hansen, este segundo intento revela las fisuras de una banda que lucha por encontrar equilibrio entre nostalgia y renovación.
“Giants On The Run” abre con promesas que el álbum no termina de cumplir. Aunque la combinación de Hansen y Deris funciona correctamente, la composición se siente demasiado calculada, carente de la espontaneidad que caracterizó los grandes momentos de la banda. “Saviour Of The World” intenta evocar los días gloriosos de “Keeper of the Seven Keys“, pero el resultado es una imitación competente de su propio legado sin aportar elementos frescos.
El mayor problema del álbum radica en su inconsistencia. “A Little Is A Little Too Much” ejemplifica esta debilidad: una canción simplista que, pese a su brevedad, no logra mantener el interés. Su estructura básica y letra superficial contrastan negativamente con las ambiciones épicas que Helloween suele manejar. “This Is Tokyo”, el primer single, resulta igualmente decepcionante—un homenaje a Japón que se queda en lo anecdótico sin desarrollar verdadera profundidad emocional.
La producción de Charlie Bauerfeind, aunque técnicamente impecable, revela otro aspecto problemático: todo suena demasiado pulido, demasiado perfecto. Esa rugosidad característica que hacía emocionante al poder metal europeo se ha perdido en favor de un barniz comercial que, paradójicamente, resta personalidad a las composiciones. El trío de guitarristas Hansen-Weikath-Gerstner demuestra destreza técnica, pero los momentos verdaderamente memorables brillan por su ausencia.
“We Can Be Gods” y “Universe (Gravity For Hearts)” representan los puntos más sólidos del disco, mostrando destellos del genio compositivo de Hansen y aprovechando mejor la convergencia vocal de los tres cantantes. Sin embargo, estas excepciones no logran sostener la propuesta general de un álbum que se siente más como un ejercicio de nostalgia que como una declaración artística relevante.
“Into The Sun”, la inevitable balada, funciona correctamente sin alcanzar la emotividad de clásicos como “Forever And One”. El dueto Deris/Kiske es competente pero previsible. “Majestic”, el cierre épico, intenta ser grandilocuente pero se extiende innecesariamente, desvaneciendo su impacto final.
“Giants & Monsters” es un álbum que cumple expectativas mínimas sin superarlas. Para una banda de la estatura de Helloween, “correcto” no es suficiente. La formación “Pumpkins United” tenía todo para crear algo memorable, pero se conformó con un producto que satisface a los fanáticos incondicionales sin conquistar nuevos territorios. Un disco que oscila entre lo competente y lo mediocre, alejándose de la grandeza que estos músicos son capaces de alcanzar.
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Muchas, demasiadas escuchas al nuevo álbum de Helloween pero no he logrado conectarme a él. Con mi compañero les contamos un poco lo que nos pareció la última obra de los metaleros alemanes y aún sin leer la parte de Gastón, creo que vamos a estar bastante de acuerdo.
A ver, como siempre digo, la última palabra la tiene uno mismo y no lo que diga un ignoto como yo (apasionado si, pero ignoto) es la verdad absoluta. Bajo esa premisa puedo pasar a contarles que mis expectativas con Giants & Monster no han sido ni superadas, ni en esta ocasión, tampoco alcanzadas. Quizás la excelencia de su anterior trabajo de nombre homónimo a la banda haya puesto realmente un desafió en este, su último disco. No lo sé.
El álbum está conformado por 10 piezas con una duración aproximada de 50 minutos. 3 de ellas van entre los 6 y 8 minutos, lo que por esa duración uno esperaría canciones realmente épicas, pero no lo sentí de esa manera. Ni “Majestic” ni “Universe (Gravity for Hearts)” reúnen la epicidad necesaria para entrar al catalogo maestro de Helloween. “Giants on the Run” no es la gran cosa, pero juega un mejor papel, al menos con un poco de cambios más jugados y matices más diferenciables. Es una digna apertura de disco.
Por otro lado, las piezas mas cortas no son tampoco significativas o de aquellas que vayan a quedar en la memoria de alguno de nosotros. Bueno, tal vez si suceda con el single promocional “This is Tokyo”, una canción por demás cuestionada por su forma de hard rock ochentoso más que de power metal, pero que con ese insistente “Tokyo” en su estribillo se queda atornillado horas y puede que también días, en la cabeza de uno mismo (¿eso es bueno o malo?). En el resto de los temas, muchos arranques al estilo synthwave ochentoso que tan reciclado ha sido estos últimos años. “Hand of God” me gusta, claro, pero solo eso, apenas destacable por el resto.
Giants & Monsters es un titulo demasiado ostentoso para lo que su contenido termina resultando. No malo, no excelente, pero este disco pareciera una transición a otra cosa. Particularmente, me da la sensación de que no hubo un objetivo alineado de formar parte del mismo disco para cada uno de los temas, sino que pareciera una mezcla entre composiciones recientes y sobras de otro material. Claro que no puedo dejar pasar por alto semejante portada, una pintura al oleo del ilustrador Eliran Kantor, que lamentablemente no ha sido emparejada por lo musical. No todo lo que brilla es oro dicen, y con esa frase célebre me voy, porque es la que mejor resume todo lo que les acabo de contar.


En el mismo año en que sale un nuevo disco de Garbage, también Skunk Anansie hace su aporte, lo cual no deja de ser significativo, al menos para mí, que siempre vi cierto paralelismo entre ambas bandas: una en los Estados Unidos y la otra en el Reino Unido, las dos con cantantes femeninas de una presencia monumental, mezclando rock y electrónica, referentes de la movida alternativa de los 90. Sí, es cierto, Skunk Anansie tiene abundantes momentos de metal y tuvo un hiato en su carrera que nunca sucedió en la de Garbage. En cualquier caso, el mundo sigue vibrando con la tenebrosa oscuridad de “Post Orgasmic Chill” (1999) y las imágenes del icónico video de Charlie Big Potato que inundaban los canales de música cuando todavía eran una fuente de la que el público mundial se nutría. “The Painful Truth” es un retorno después de casi diez años, un trabajo lleno de energía, lo cual no es poco, considerando que tanto el bajista, Richard Keith Lewis, como el baterista, Mark Richardson, están luchando contra el cáncer. El disco suena a una mezcla tan perversa como deliciosa de post-punk, electrónica y soul.
An Artist Is An Artist es una canción frenética y sarcástica, un manifiesto electrizante y desbordante de crítica al mundo del arte. Transmite un enojo elaborado con madurez. La guitarra tiene algo de Joy Division. This Is Not Your Life nos trae a Skunk Anansie en su forma más natural, con un estribillo maravilloso en el que sobresalen los sintetizadores. Desde ya que la voz de Skin sigue brillando mítica, y Shame es una balada en la que tiene la oportunidad de alzarse y volar a grandes alturas. Se trata de una canción sin dudas muy hermosa. Lost And Found sigue habilitando el despliegue de la magia que Skin puede generar, por ser una pieza de exquisita composición, atractiva y pegadiza, con un teclado insistentemente delicado y una guitarra básicamente rockera.
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Volviendo a la comparación con Garbage, Cheers es otra exhibición de ese preciso desenfreno que tan bien supo encarnar la Generación X. Música para viajar por las rutas, para bailar, para juntarse en las esquinas, para romper casas en fiestas. Música para la comunión, cuando las redes eran los abrazos, no la señal de los celulares. Shoulda Been You tiene ese toque de reggae que, hay que decirlo, no es extraño al post-punk (cabe recordar a Bauhaus y The Cure). No hace falta decir que, siendo una banda inglesa, también gravita la influencia de The Clash.
Animal es un track intenso, estridente, poderoso y declarativo. La versatilidad de Skin es increíble y no para de lucirse en cada tramo del álbum. Recordemos que esta mujer puede alcanzar límites operísticos. Fell In Love With A Girl recupera algo de esa desafiante frescura tan propia de los 90’s, tanto por la letra, como por el estilo despreocupado, que queda al borde del funk. Queda claro que las marcas generacionales son imborrables, no importa cuánto envejezcan las personas.
En My Greatest Moment aparece cierto rasgo épico y siniestro. Se extiende una melancolía envolvente. Representa una suerte de oda a la pérdida, como un duelo por lo bueno en el pasado, que resuena fuerte entre quienes amamos ciertos géneros musicales que hoy tienen a sus estrellas en la fase final de su existencia. Finalmente, llega el bajón con Meltdown, una canción tremendamente emotiva construida fundamentalmente sobre la voz y el piano. Termina así un disco que me resultó un poco breve y que me hubiera gustado que tuviera algunos momentos más en la veta del metal. No obstante, me parece un excelente trabajo, de escucha totalmente recomendable. El talento ampliamente demostrado sigue intacto.


Machine Gun Kelly siempre ha sido un tipo impredecible, ya desde sus primeros discos, más orientados al rap, trap, rock y r’n’b, pudimos ver que nunca se casó con ningún estilo al 100% ahí tenemos temas como “Spotlight” junto a Lzzy Hale, “Save Me” junto a M.Shadows de Avenged Sevenfold o su gran colaboración para “Alone” junto a Kellin Quinn de Sleeping With Sirens, todas con muy buen resultado y dejando ver que este sujeto tenía mucho más talento del que los “Haters” decían por aquellos días.
Así fue que en 2020, nos sorprendió a todos con el fantástico Tickets to My Downfall, un excelente trabajo básicamente de pop punk moderno, donde mucho tuvo que ver la inestimable ayuda de su colega Travis Barker (Blink-182, +44, Box Car Racer, The Aquabats, etc) y al cual le siguió el más continuista pero efectivo Mainstream Sellout de 2022, donde MGK continuaba la línea musical de su predecesor, aunque con menos brillantez que aquel trabajo.
Y aquí estamos hoy para hablar 3 años después de su séptimo trabajo de estudio Lost Americana, donde veremos hacia que lado apunta el músico esta vez, seguirá indagando en el pop punk que tan buen resultado le dio o nos dará un giro de guion inesperado.
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El disco comienza sin muchos aspavientos con el corte típico pop punk “Outlaw”, donde MGK continúa la línea musical que venía ofreciendo, sin embargo con “Cliché” llegamos a la primera sorpresa y es que este es un corte que o bien te va a gustar o vas a detestar.
Esto se debe a que el músico hace honor al título y nos regala un corte pop rock onda 2000, cargado de clichés, valga la redundancia y que te puede hacer recordar tanto a Blink-182 como a Michelle Branch en “Everywhere”, aquel himno pop rock teen de los 2000 que tantas alegrías nos dio a muchos por aquellos días.
Lo particular, es que escuchando la canción uno no sabe hasta que punto MGK se está quedando con nosotros o realmente quiso hacer un homenaje a aquella era.
El viaje continúa con la electrizante “Don’t Wait Run Fast”, con varios guiños a los Offspring del Conspiracy of One y la más chiclosa “Goddamn”, un corte que bien podría haber grabado tanto Jxdn como Post Malone, por muy loco que esto pueda parecer.
Con “Vampire Diaries” vuelve el pop punk más en la onda del Tickets to My Downfall y claramente los guiños a las bandas de aquella época como Blink, Good Charlotte, Mest o Sum 41 se hacen presentes y es muy difícil que no se te dibuje una sonrisa recordando una época que viviste en primera línea de fuego sin que nada te importase y contra los que iban de “Puristas” por escuchar a las bandas de la generación anterior.
Con “Miss Sunshine” y “Sweet Caroline”, el músico evidencia que al menos (musicalmente hablando) se encuentra feliz y con ganas de transmitir buena onda y vibras positivas a todo aquel que se acerque al álbum y por mucho que os pese, la realidad es que lo consigue.
“Indigo”, sorprende porque el muchacho vuelve a sus raíces y comienza rapeando pero con una base agradable, pop y limpia, que en cierto modo bien podría encajar en un disco actual de Paulo Londra, si no estoy delirando, escuchen el disco Back To The Game y verán como de haber sido escrita en castellano, este tema lo podría haber hecho el artista argentino.
Con “Starman” viene otro de los momentos “Remember” del álbum y es que al comienzo del tema MGK nos regala un trocito del himno noventero “Semi-Charmed Life” de Third Eye Blind, otro de los grupos de aquella época que influenciaron a Machine Gun Kelly, según comentó en varias entrevistas.
Y no te engañe su infeccioso ritmo que la letra dista mucho de ser juvenil y sin mensaje, cuando MGK canta “…7 Billion People, But We Die Alone…” es una patada de realidad en la cara que no te esperas y a mi, al menos me puso los pelos de punta porque el tipo dijo una de las mayores verdades que existen y aunque tu puedas verlo como un chiste a el como músico, lo cierto es que cuando quiere transmite mucho más que bandas mediocres de metal moderno que simplemente siguen el camino que Slipknot, Korn, Parkway Drive o BMTH hicieron hace 15 años atrás como mínimo.
Las vibras y el homenaje a Mac Miller en “Tell Me What’s Up”, son de lo mejorcito del disco y se nota que el echa de menos a su colega, quien lamentablemente falleció en 2018, pero que fue uno de los mejores artistas de su generación dentro del estilo que practicaba y para el recuerdo quedan también los temas que hizo con la que fuese su pareja mucho tiempo, la diosa del pop y r’n’b Ariana Grande.
Si bien uno disfruta del pop punk veloz y desenfadado, a veces necesita bajar a tierra y tratar de encontrarse con uno mismo y justamente eso lo vamos a encontrar en “Can’t Stay Here”, una hermosura tristona, sentida, emotiva y que evidencia lo mucho que ha mejorado este muchacho a lo largo de los años, le pese a quien le pese.
Lo único que cambiaría sería el orden del disco y es que “Treading Water” es otra pieza semi acústica, pero donde la vulnerabilidad e incluso las disculpas por ciertas acciones del pasado por parte del músico, se transforman en frases tan escalofriantes como: “I Loved You Truly, That’s Why it’s Hard to Let It Go. I Broke This Home, But I’ll Change For Our Daughter, So She’s not Alone…”
Definitivamente MGK ha encontrado el equilibrio musical entre el rock, el rap, el pop punk y sobre todo…su propia honestidad personal.
Para cerrar tenemos “Orpheus”, donde hay que destacar el gran trabajo vocal que ha hecho MGK y con un estribillo hermoso donde vemos uno de los mejores momentos a nivel vocal de MGK ya no solo en este disco, si no en los últimos años.
Para algunos será un disco sin más, para otros de laboratorio, pero para los que nos hemos tomado el trabajo de escucharlo en repetidas ocasiones y a conciencia, podemos afirmar que este es sin duda uno de los mejores discos de Machine Gun Kelly hasta la fecha, superando por los cuatro costados a su predecesor y evidenciando su gran estado de forma en la actualidad, no se le puede pedir más y sobre todo que no baje el nivel de cara al siguiente trabajo, porque ha dejado la vara bien arriba con este.
Etiquetas: 2025, Interscope Records, Lost Americana, Machine Gun Kelly, Pop Punk . Alternative, rock


Cualquiera sabe que Garbage es una de las bandas referentes del rock alternativo de los 90’s, no solamente por los himnos que el grupo supo componer, sino también por la imagen icónica de Shirley Manson y el rol de su baterista, Butch Vig, como productor de algunas de las joyas más preciadas de la historia de la música popular, tales como “Nevermind” de Nirvana y “Gish” y “Siamese Dream” de The Smashing Pumpkins. Por otro lado, el activismo político, con especial énfasis feminista, siempre marcó un posicionamiento de enorme compromiso con gran cantidad de causas sociales, como lo es, actualmente, la denuncia del genocidio en Gaza.
Teniendo en cuenta esta sensibilidad a la realidad mundial, era esperable que esto se manifestara en este octavo disco, una obra que parece ilustrar una lucha entre la luz y la oscuridad, la esperanza y la decepción, la lucha y la resignación, lo cual no es de extrañar si prestamos atención a la situación actual del planeta, con guerras, crisis sociales y económicas, y el ascenso de gobiernos fascistas en lugares muy distintos. El primer track fue también el corte de difusión con video propio: There’s No Future In Optimism. Lejos de la potencia de los hits que Garbage ha creado en sus primeros discos, no deja de ser una buena canción que evidencia varias cosas. Por un lado, que la voz de Manson sigue siendo seductora y potente, y por el otro, que esa fórmula de rock mezclado con electrónica está tan vigente como nunca. Chinese Fire Horse tiene algo de ese costado “juguetón” que la banda puede tener, expresado sobre todo en la prominente base de bajo y el histrionismo vocal. Hold irrumpe con una distorsión densa en un riff poderoso, y aparece uno de esos estribillos memorables que Garbage fabrica con maestría.
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El componente electrónico se incrementa dramáticamente en Have We Met (The Void), una canción bastante lúgubre, con guitarras y sintetizadores que interactúan en una danza melancólica y solemne. Sisyphus recupera esa noventosa mezcla de frescura y nostalgia, y se concentra especialmente en el atractivo canto de sirena. Luego, Radical llega con sus virtudes de poética advertencia mid-tempo, espesa, fría, entibiándose un poco con otro estribillo muy bien logrado. Desde luego que las letras son muy significativas, siempre con un mensaje y, en este caso, el título del disco es el verso principal. Love To Give suena industrial hasta que explota con una sección realmente pregnante. De verdad, se trata de un álbum con muy buenas canciones que quedan al borde del hit, pero Garbage ha dejado la vara muy alta. Ya desde el mismo nombre podía anticiparse que esa actitud de liviana rebeldía retornaría en Get Out Of My Face AKA Bad Kitty.
R U Happy Now abre la puerta, nuevamente, al protagonismo tecno, artesanalmente mezclado con rock y protesta que expresa el malestar en la cultura. El final llega con The Day That I Met God, de enfoque más introspectivo y romántico, en un contrapunto de belleza y dolor con punzadas disonantes. En conclusión, se trata de un muy buen disco, otro más: no creo que Garbage tenga álbumes pobres creativamente. No obstante, me parece que funciona más como un testimonio de que la banda se mantiene en buena forma, que como una demostración de que ese potencial de antaño todavía tiene joyas que entregar… y yo siento que sí. Esperaremos a la próxima entrega mientras dejamos que esta siga madurando en nuestro interior.


Deofolist es el segundo larga duración de los rusos Into The Fray, el cual desde el arranque, de la mano de “I, Borealis”, nos rememora a los principales popes del groove metal: Pantera, Devildriver y Machine Head. Y si a mi me preguntan, diría que la propuesta de los oriundos de San Petersburgo se asemeja más al combo liderado por Robb Flynn, pero con la característica voz podrida de Dez Fafara en Devildriver, lo cual puede resultar más que interesante a aquellos adeptos al subgénero groovero e incluso el thrash y el death metal. En el registro, de poco más de una hora de duración, no hay voces limpias; abundan los riffs; el doble bombo no da respiro, hay solos; guitarras (muy) filosas y ocasionalmente armonizadas y prácticamente ningún tema a medio tiempo, salvo alguna excepción como ser “The Oath”, último track de Deofolist, con la rusa Alexandra Sidorova como invitada, quien con sus 34 años de edad formó y sigue formando bandas por doquier.
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Insisto en lo interesante de la propuesta, ya que no es común en estos días encontrarse con los factores antes mencionados. Menos aún si la duración promedio de los temas es de cinco minutos, algo impensado en un mundo actual donde para formar parte y no desencajar, la duración de los tracks no puede superar los tres minutos. Albricias por esto. Muy interesante además la adaptación de “Warfighter”, suite compuesta por el compositor iraní-alemán Ramin Djawad para el videojuego Medal of Honor: Warfighter y responsable además de la banda sonora de la serie Game of Thrones, entre otras.
Respecto a la banda, no podría detenerme en ningún músico en particular, ya que todos se destacan en lo suyo. En cuanto a la producción, está más que bien lograda. Los instrumentos no se pisan, no se tapan entre sí y ninguno sobresale más que otro, haciendo que la mezcla del disco sea realmente muy buena. A pesar de la hora que dura el disco, resulta bastante llevadero ya que si bien los temas por momentos resultan parecidos entre sí, cuentan con paisajes que adornan y logran transportar a otro punto, para luego volver donde estábamos. Un muy buen segundo disco, auspicioso, para tener en cuenta.


Hay discos que no te invitan a escuchar: te emboscan. Grizzly, lo nuevo de Slaughter to Prevail, es justo eso: una descarga de furia rusa que no avisa, que te revuelca en el lodo de breakdowns demoledores y guturales que parecen emerger del mismísimo abismo. Lo increíble es que, en lugar de agotarte, el disco te deja con hambre de más: un testimonio honesto de que la brutalidad sigue teniendo algo que decir cuando es sincera, directa y, paradójicamente, creativa.
Desde el arranque con “Banditos“, la banda parece dejar clara su postura: la idea no es reinventar el deathcore, sino exprimirlo hasta que chorree una violencia más carnal, menos clínica. Las críticas coinciden: el tema abre con un riff groove casi “hardcore” en su actitud, pero rápidamente estalla en esa muralla de sonido que Slaughter to Prevail sabe construir como pocos. La voz de Alex Terrible es puro lodo volcánico: grave, sucia y a ratos casi inhumana. Pero lo interesante es que no solo ruge: también frasea, corta, juega con pausas y arranques, logrando que el tema respire en medio del caos.
Lo que sigue, “Russian Grizzly In America“, es un himno irónico y macabro que parece reírse de su propia brutalidad. El tema retuerce el riffing en algo pegadizo, casi infeccioso, sin sacrificar agresión. La letra funciona como un guiño: una declaración de presencia de estos “osos rusos” plantados en territorio yanqui, rompiendo reglas y tímpanos.
Cuando llega “Imdead“, con la colaboración de Ronnie Radke, la cosa se pone rara y fascinante a la vez. Demás está decir que el contraste funciona: Radke aporta un matiz casi industrial/metalcore moderno, mientras Terrible mantiene el registro cavernoso. El resultado es un tema con aire a hit: más estructurado, menos caótico, pero sin perder filo. La base rítmica de Evgeny Novikov (batería) aquí brilla: precisa, compacta, cargada de detalles. En “Babayka” retoman la veta más oscura: riffs graves, casi sludge por momentos, y un estribillo donde la voz se convierte en mantra. Llegado a este momento del disco podemos destacarlo como de los más pesados del disco, casi opresivo. El tema evoca imágenes de leyendas rusas, de miedos ancestrales que salen del bosque a devorarte. Es breve, pero te aplasta.
“Viking” sorprende porque no va por el cliché épico que el nombre sugiere. Más bien, construye un groove monolítico, repetitivo, casi ritual, que te arrastra. Destaca lo hipnótico de su estructura, y te vas estar haciendo headbanging casi sin darte cuenta. En medio, aparecen algunos coros guturales que dan un aire de batalla, pero sin caer en el folk metal fácil. El siguiente corte, “Koschei“, es otro homenaje al folklore ruso, pero aquí todo es más salvaje: blast beats, cambios de ritmo abruptos y riffs que se quiebran como ramas secas. Con el correr de los minutos vas a sentir “una patada en el pecho” ya que el tema parece querer sacarte del asiento y empujarte al foso. Durante los poco más de 3 minutos, Alex Terrible mete frases en ruso que, incluso sin entenderlas, transmiten una furia pura.
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Y de repente llega la colaboración más insólita: “Song 3″ con Babymetal. Lo primero que se piensa es que puede ser un desastre… pero no lo es. Las voces agudas de las japonesas se cruzan con los rugidos de Terrible, generando un contraste extraño, casi pop vs. abismo que termina funcionando como respiro, aportando melodía y rareza en el mejor sentido. “Lift That Shit” es posiblemente el momento más directo y hardcore del disco. Por momentos hace recordar a los pasajes más extremos de Slipknot, riffs cortantes, ritmo a medio tiempo que invita a romper cuellos y un estribillo que es puro grito de guerra. Es un tema hecho para el vivo: se siente en la piel que fue pensado para el circle pit.
Promediando el disco, la banda la banda baja apenas el tempo y construye un ambiente más denso cuando llega “Behelit” que destaca los armónicos disonantes, suman tensión y un estribillo menos evidente pero efectivo. Con un arranque que incluye teclados “a lo Rammstein” y juegos vocales entre podrida y limpia hacen un combo diferente a lo que la banda nos tiene acostumbrados. La letra remite a la oscuridad interior, a la lucha contra uno mismo. Es un tema menos inmediato, pero crece con cada escucha. En “Rodina” se puede decir que nos encontramos ante el tema más “melódico” del disco, pero entendiendo melódico dentro de este contexto bestial. Hay guitarras limpias de fondo, una estructura más abierta y un aire de nostalgia oscura. “Rodina” significa “Patria” en ruso, y la canción suena casi como un lamento por lo perdido, entre riffs pesados que no dejan de morder.
Con “Conflict“, vuelven a la pura violencia: un tema breve, de poco más de tres minutos, directo, sin adornos. Terrible escupe palabras como balas, mientras la batería martilla a toda velocidad y se podría asegurar que es el tema más “in your face” del disco. Llegando casi al final “Kid of Darkness” sorprende porque empieza más lento, casi doom, antes de romper en un torbellino de doble bombo y gritos desesperados. Y para cerrar, “1984“. Un final que se podría considerar perfecto: riffs graves, groove y una letra que lanza dardos contra el control, la vigilancia y las mentiras modernas. Musicalmente, es pesado, mid-tempo y cargado de detalles de producción que suman atmósfera.
A nivel general, Grizzly suena menos pulido que discos anteriores: más crudo, más orgánico. Y eso lo favorece. La producción deja respirar el bajo de Mikhail Petrov, que se escucha más presente, y las guitarras suenan gruesas, casi analógicas. Lo lírico no se queda en el gore o la agresión vacía. Hay crítica, hay ironía, hay referencias culturales rusas que los diferencian de cualquier deathcore de manual. Y aunque hay temas que entran fácil (“Imdead”, “Russian Grizzly In America”), otros requieren más escuchas (“Behelit”, “Rodina”). Esa es la gracia: es un disco que castiga, pero también premia la atención.
En resumen, Grizzly no reinventa la rueda, pero la hace girar con más rabia, humor negro y carácter que la mayoría de sus colegas. Es Slaughter to Prevail diciendo: “Esto es lo que somos: feos, pesados, rusos y orgullosos”. Y la honestidad, en tiempos de fórmulas vacías, es la mejor arma.
Etiquetas: Alex Terrible, Babymetal, Deathcore, Ronnie Radke, Slaughter To Prevail

Tras el resurgimiento de Debler, hoy Debler Eternia y un gran disco como Perversso en 2022, ahora la banda vuelve tres años después con Lacrimosa, un cuidado, ambicioso y oscuro trabajo conceptual que gira en torno a la figura de la condesa Elizabeth Bathory, legendaria y sanguinaria condesa húngara que se dice cuenta con 650 muertes a sus espaldas, siendo la asesina en serie más grande de la historia.
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Pues escuchando el disco, salta a la vista que Rubén Kelsen y los chicos de la banda han querido recuperar un poquito ese sonido oscuro, melódico y con trasfondo épico que había en sus dos primeros discos (Noctem Diaboli y Somnia, curiosamente inspirados en The Crow y Sweeny Todd, respectivamente) y pudiendo ser una suerte de tercer capítulo en una trilogía oscura para Debler Eternia.
Tras la intro “Elizabeth“, la banda arranca con todo gracias a “Bathory” y ya podemos ver la diferencia abismal con sus dos trabajos previos, recordando mucho más a su debut, pero con el sonido actual de la banda.
Es una auténtica delicia volver a escuchar ciertos pasajes sonoros que nos recuerdan a aquella época y Rubén se marca un agudo impresionante a la vez que lo combina con su timbre melódico, embelleciendo la pieza al 100%.
La épica y los vientos se adueñan de “El Infierno Soy Yo“, con un estribillo que pone los pelos de punta: “Como Volver a ser Yo Mismo…Si Me Arrancaste el Corazón…”, que canta Rubén de manera impecable y que seguramente se convierta en uno de los “Futuros” clásicos de la banda madrileña.
El sonido es impresionante con mucha influencia gótica y un solo de guitarra brutal, que convierte esta pieza en una de las mejores del álbum.
Las revoluciones bajan, pero un poquito nada más gracias a “Eterna Soledad“, con un Pablo Sabater brillando a través del violín y con una melodía muy accesible y coreable, siendo quizás uno de los temas más ligeros del disco, pero no por ello exento de una gran calidad.
Los aires folk llegan al disco gracias a “La Promesa del Mar“, un tema que a una artista como Xana Lavey le quedaría como un guante y que sirve como puente en el ecuador del disco de una forma más que original.
Y las revoluciones, así como la segunda mitad del disco bajan un poquito, pero un gélido y melancólico escalofrío recorrerá tu cuerpo cuando los primeros compases de “Vuelve“, comienzan a sonar y es que si hay alguien que canta este tipo de canciones como pocos dentro de nuestro rock, ese es el señor Rubén Kelsen.
La capacidad de transmitir cada palabra que tiene este chico es impresionante y en “Vuelve”, no es la excepción y esa melancolía y dolor por un amor que ya se fue, el la sabe transmitir a la perfección, pudiendo emocionar al oyente hasta las lágrimas ya que es todos hemos pasado por esa situación alguna vez y sabemos lo que es que esa persona pueda estar cerca de ti, pero a la vez tan lejos…
La pieza se engrandece con un exquisito solo de guitarra que no hace más que añadirle belleza triste a una de las mejores canciones del álbum y me atrevería a decir de la banda hasta la fecha.
El optimismo de “Levantate” nos recuerda un poquito a la época de Somnia e incluso de Adictium, pero sin los arreglos electrónicos de aquel trabajo, en favor un ritmo trepidante y una gran lírica que seguro suena a todo pulmón en la gira 2025/26 de la banda madrileña.
“Mi Oscuridad“, sorprende por su sonido algo más moderno (hay ciertos guiños a HIM y los Black Veil Brides de Wretched & Divine, si me apuras), pero con unos arreglos muy bien logrados, un estribillo escrito en oro y un sorprendente final muy cañero, donde por primera vez vemos a Rubén utilizar el recuro vocal y estético del gutural, al estilo de Xana Lavey en “Maleficio de Sangre“, con un break potentísimo y que desde luego no es algo que esperábamos encontrar en este nuevo disco de Debler Eternia, sin embargo estamos muy asombrados con el resultado final de la pieza y de esta pequeña “gran” sorpresa.
El medio tiempo con tintes oscuros “Entrelazados“, sorprende por la estructura de la canción con un ritmo muy lento pero a la vez misterioso y que hará las delicias de los amantes de este estilo, por no hablar de la guitarra que despliega fuego por sus seis cuerdas, pero de forma contenida y que atrapa al oyente desde minuto uno.
Para cerrar este álbum, tenemos la canción más larga, ambiciosa y que seguramente vaya a sorprender más a sus seguidores y es que “Lacrimosa“, corte que da título al disco cuenta con la friolera de 11 minutos y 29 segundos, donde Juwdix (quién pone voz a la intro) vuelve para realizar un dueto vocal impresionante, poderoso y dramático junto a Rubén Kelsen, en un corte donde no puedes perderte ni un segundo ya que si lo haces perderás el hilo de la historia que se narra.
Comenzando de forma épica y lenta cual balada trágica, los vientos y los arreglos se adueñarán del tema hacia el minuto dos, para dejar paso a la velocidad instrumental y un violín tremendo por parte de Pablo, sumado a la guitarra de Javi Javat, le da un giro de rosca a la pieza, la cual con la entrada de la cantante tras un puente instrumental y misterioso que se completa con un gran solo de guitarra, nos regala un dueto vocal entre ella y Rubén que simplemente el es el cierre perfecto para esta ambiciosa y más que arriesgada manera de cerrar el disco.
Creo que este es un paso hacia adelante y con firmeza para una banda, que si bien nunca llegó a dispersarse musicalmente, quizás si a nivel interno se vio contra las cuerdas, pero a fuerza de garra, valor, trabajo y perseverancia, hoy están de regreso y por la puerta grande gracias a este nuevo disco.
Etiquetas: Débler Eternia, Lacrimosa, Nuevo disco 2025, Rock/Metal Sinfónico, Ruben Kelsen



Si uno analiza el rumbo que han tomado los rockeros norteamericanos Halestorm en los últimos años, no puede evitar pensar que Lzzy Hale y los suyos se han “Acomodado” dentro de un estilo que manejan a la perfección, pero sin la brillantez y la garra que tenían en sus 3 primeros discos, sobre todo los dos primeros si me preguntan a mi.
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Por eso tenía muchas ganas de enfrentarme a Everest, su sexto trabajo de estudio y sobre todo tras las buenas sensaciones que me dejaron tanto “Darkness Always Wins” como el corte que da título al álbum y lo cierto es que el resultado global es mucho mejor de lo esperado.
El disco comienza pesado, intenso y con una Lzzy siempre pletórica en las voces gracias a “Fallen Star”, muy en la línea de lo ofrecido en el ultimo lustro, pero con un sonido heavy moderno que atrapa más que temas anteriores.
Tras el corte que da título al disco, el cual me reafirmo en que es una gran canción, donde no necesariamente ser single implica tener los requisitos habituales para ello, “Shiver” evidencia la versatilidad que tiene Lzzy como artista, porque puede pasar de un comienzo más “Light” pero que te conquista por la delicadeza con la que emite las notas vocales y ver como va progresivamente subiendo la intensidad de su voz, sin que suene postiza ni forzada, por no hablar de las guitarras afiladas a dúo con Joe Hottinger, que ahora si, emocionan como antaño.
La oda al empoderamiento, el valor y la imagen de la mujer se hace presente en “Like a Woman”, recordemos que Lzzy Hale ha luchado muchos años contra aquellos que solo la veían como una “Cara Bonita” del rock y hasta algún infeliz hasta dudó si los solos que ella hacía en directo no eran playback, por no hablar de que su imponente presencia también genero debate sobre si Halestorm destacarían igual en la escena de no estar Lzzy al frente de la banda y creo que esta canción pone el punto final y definitivo sobre ello, con una gran base rítmica, una Lzzy seductora vocalmente hablando y sobre la cual no hay ya debate posible, es una de las mejores voces que ha dado el rock contemporáneo en los últimos tres lustros, lo quieras admitir o no.
“Rain Your Blood On Me”, parece una prima lejana de “Darkness Always Wins”, con la salvedad de que la primera enfoca la intensidad musical de la pieza hacia un lado más rockero y no tan experimental y cercano al medio tiempo. La batería de Arejay suena como un muro y Lzzy rompe su garganta hacia el estribillo para acabar la pieza a todo trapo con un sonido cercano al heavy rock más clásico, sin duda una pieza que sorprenderá al oyente habitual de la banda norteamericana.
El gran estribillo de “Gather the Lambs”, es lo que más destaca de un corte ya más próximo a lo que había en su anterior trabajo, mientras que la feroz “Watch Out!” con una clara declaración de intenciones: “Watch Out!, That Bitch Is Out For Blood”, no va a dejar títere con cabeza en la próxima gira de la banda por el viejo continente, si deciden incluirla, que todo apunta a que si ya que es un cañonazo de hard rock/metal moderno tremendo, donde Lzzy muestra su lado más agresivo de manera sublime y lo combina con ciertos pasajes melódicos que podrían estar heredados de Soundgarden y Alice in Chains, pero llevados a su terreno personal.
La dualidad sonora entre “Broken Doll”, cuya melancolía no me acaba de cerrar y la rabia descontrolada de “K-I-L-L-I-N-G”, es muy interesante y quizás por sonoridad la segunda destaca más, pero sigue confirmando lo acertados e inspirados que han vuelto a estar Halestorm en este nuevo trabajo.
Tras la pieza menos destacable quizás de todo el disco, que es “I Gave You Everything”, el disco llega a su fin con “How Will You Remember Me?”, una pieza mucho mejor armada y con Lzzy dejando su huella con el piano una vez más y esa voz que solo ella tiene y que de cuidarla como ha hecho todos estos años, la va a llevar al olimpo de las mejores voces rockeras de todos los tiempos, sin exagerar ya que hace más de 15 años que esta mujer viene derrochando un poderío vocal al nivel de muy pocas compañeras de profesión.
Pues poco más se puede añadir al que ahora si, es un gran regreso discográfico para Halestorm, haciendo justicia a la gran calidad que tienen como banda y demostrando que a veces hay que parar, reflexionar y buscarse a uno mismo hasta reencontrar la inspiración para crear buenas canciones y afortunadamente Lzzy Hale y compañía han podido encontrar dicha inspiración y que dure por muchos años más!
Etiquetas: Alternative. Metal moderno, Atlantic Records, Everest, halestorm, Hard Rock Moderno


Aunque pueda parecer que salieron hace poco, lo cierto es que la princesitas del kawaii metal ya llevan 15 años de carrera y Metal Forth supone ya el cuarto disco para Babymetal, lo cual evidencia que no son unas recién llegadas a la industria, cuya rama alternativa parecen estar dominando con arenas llenas alrededor del mundo, grandes participaciones en los mejores festivales del mundo y el respaldo de leyendas como Rob Halford, Metallica, Steve Harris de Iron Maiden, Korn, Slipknot o más contemporáneos a las chicas Bring Me The Horizon y Trivium, todos ellos les han mostrado un gran respeto a Su, Moa y Momo Metal, con lo cual algo bien deben estar haciendo para conseguir que semejantes nombres aprueben su propuesta.
Pero no todo ha sido color de rosas para las chicas ya que el sector más “Trve” del metal las sigue viendo como un producto perfectamente calculado y que poco tiene que ver con el metal, básicamente son tres “criaturas” jugando a ser alternativas, pero que no tienen que ver con el metal tradicional como se ha entendido a lo largo de su historia.
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Bien, pues con Metal Forth en la mano, hay que decir que ni tanto ni tan poco, pero que el mismo es un viaje que lamentablemente no lleva a ninguna parte, a pesar de contar con algunos buenos momentos en el camino.
El disco empieza con el pie derecho y es que “From Me To You”, es un cañonazo de metal moderno y donde Poppy se complementa de perlas con Su Metal en las voces, por no hablar de que las partes melódicas hacia el final son una delicia.
Es un tema que ya pudimos escuchar hace varios meses y que a la hora de escribir sobre el disco, me sigue pareciendo una de las mejores canciones que Babymetal han creado hasta la fecha.
El binomio siguiente también es de sobra conocido ya que “Ratatata” pone la nota fiestera junto a los teutones Eskimo Callboy y “Song 3”, una particular, pero efectiva colaboración junto a Alex Terrible de Salughter to Prevail.
Pero ya con estas tres piezas, las cuales no siguen un nexo conductor comienzan los problemas y es que “Kon! Kon!”, es simplemente un desastre y evidencia dos cosas: 1) Lo sobrevaloradísimos que están Bloodywood, realmente si no fuera por el toque de música original de su país natal, serían una banda del montón y 2) Que Babymetal no han sabido como organizarse con el disco.
El ecuador del disco lo cierran con “KxAxWxAxIxI”, un corte bastante extraño con un sonido medio moderno, pero con partes rapeadas a la vez que una base rítmica potente y una Su que nos sorprende con otro registro vocal, más pausado pero a la vez atractivo.
“Sunset Kiss”, es un tema pop alternativo con todas las letras, es más si le quitas la distorsión de fondo, podría pasar por un tema de grupos como XG, Twice o Itzy y a nadie que escuche KPop le parecería mal, pero entonces ¿Dónde está la línea orientativa del álbum? es que con seis cortes ya encima, uno debería tener claro la dirección del disco y lo que parece entender es que no la tiene y que está más cerca de ser un recopilatorio de temas, más que un disco de estudio en sí.
La montaña rusa sonora continúa sin escalas y ahora llega “My Queen”, un tema que si te suena moderno, pesado, melódico y con ciertos guiños a Spiritbox, estás en lo correcto ya que Courtney LaPlante, hace su aporte vocal a la canción, pero en líneas generales creo que se queda un par de escalones por debajo del dueto con Poppy.
Una pena, porque podría haber salido otro temazo y sin embargo creo que se queda en un tema de 7 o 7,5, máximo y sabiendo el potencial que Su y Courtney tienen, se les debería poder exigir un poquito más que esta pieza.
Con “Algorism”, nos damos cuenta que a veces no es necesario contar con una colaboración internacional para crear un temazo y este si que si funciona como en su disco debut, estas son las Babymetal que nos encandilaron antaño, las que combinaban metal moderno, JRock, power metal, y todo con una Su Metal cantando de manera brillante y demostrando la madurez vocal que tiene en la actualidad, siendo muy destacable la labor de Momo en los “Screams” y posicionando a esta canción como una de las mejores del disco.
El disco va llegando a su fin no sin antes regalarnos “Metali!!”, un corte más rockero si se quiere y donde Su vuelve a bastarse ella solita para demostrar lo gran vocalista que es y como sin ayuda de nadie, se las apaña para crear melodías endiabladas con su voz, el puente típico oriental deja paso al esperado solo de Morello, que no falla nunca y que le da el “Punch” extra a la pieza, que si bien no es una obra de arte si que es mejor que alguna canción del disco que está más arriba.
Y con “White Flame”, el disco concluye a toda pastilla, con un veloz tema muy en la onda de sus dos primeros discos y donde Babymetal muestran su lado más “Power metalero” con una batería tremenda y que va a miles de kilómetros por hora, donde uno no puede no pensar en Dragonforce al escuchar esta pieza, la cual cumple su cometido de cerrar el disco y acabar de nivelar un barco que en algunos momentos corrió el peligro de naufragar.
En líneas generales, el disco no es tan malo como nos quieren vender por ahí, el problema es que no hay un hilo conductor y las canciones sin invitados (a pesar de que están muy bien) pueden correr peligro de pasar desapercibidas entre tanto nombre propio y creo que Babymetal deberían coger las riendas de su carrera porque talento de sobra para ello tienen y de no hacerlo, lo que Metal Forth ofrece y en muchos momentos no convence, puede convertirse en algo más notorio y por ese camino no es chicas, cuidado con los tiburones en el mar.


Mientras viajaba en un antiguo tren rumano que unía las ciudades de Brașov y Bucarest, en un mediodía tan oscuro como la noche debido a la lluvia y las nubes cerradas, buscaba un álbum para completar mi top 3 de discos escuchados en julio. Cuando navegaba por Spotify, cambiando de disco en disco, me topé con esta interesante propuesta. No sabía que ese encuentro casual se convertiría en una experiencia profundamente inmersiva.
Si bien había escuchado trabajos anteriores de Abigail Williams, nunca les había dado demasiada importancia. Al revisar ahora su discografía con atención, me doy cuenta de que han tenido una evolución musical realmente fascinante. Lejos quedó su sonido inicial, una inusual mezcla de metalcore con black metal atmosférico. Fue con su primer álbum de larga duración, In the Shadow of a Thousand Suns (2008), que marcaron un antes y un después, abrazando con fuerza las influencias de bandas como Emperor, Dimmu Borgir y Cradle of Filth. Desde entonces, entre altibajos creativos, han transitado un camino oscuro y exigente que nos lleva a su sexto trabajo de estudio: A Void Within Existence, una obra que se sumerge de lleno en la oscuridad más profunda.
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Desde su portada hasta el propio título, este álbum irradia un aura sombría que se refleja intensamente en la música. Desde la primera pista, el oyente es arrojado a un abismo sonoro de disonancias y riffs pesados, oscuros, casi asfixiantes. Esta intensidad se mantiene durante todo el disco, apenas ofreciendo momentos de respiro. Uno de esos breves descansos aparece en el último tramo de “Nonexistence”, donde una guitarra limpia y un solo melódico aportan un aire de calma ilusoria antes de que el peso abrumador regrese. En todo momento, la batería de Mike Heller —cargada de influencias del death metal— y la mezcla precisa de Dave Otero potencian cada detalle. De hecho, quienes conozcan su trabajo con Akhlys notarán similitudes en cuanto a atmósfera: densa, profunda y absolutamente envolvente.
Los dos últimos temas del álbum representan su punto culminante. “Embrace the Chasm” hace honor a su nombre y se convierte en una espiral oscura de tensión, riffs colosales y atmósferas cargadas que remiten a lo mejor de Blut Aus Nord. La canción se suaviza hacia el final, preparando elegantemente el terreno para lo que podría considerarse la joya del disco: “No Less Than Death”. Este tema final, una pieza que roza lo sublime dentro del post-black metal, destaca por la inesperada aparición de voces limpias a cargo de Ken Sorceron. La canción es intensa, emotiva, contrastante y bellamente ejecutada. Más que describirla, hay que experimentarla.
Un disco que me atrapó mientras miraba los paisajes por la ventana; lo escuché hasta tres veces seguidas antes de llegar a destino. Una maravilla.


Después de cuatro años de espera tras el exitoso regreso de la formación “Pumpkins United”, Helloween presenta “Giants & Monsters“, un álbum que celebra cuatro décadas de carrera pero que, lamentablemente, no logra capitalizar todo el potencial que esta histórica alineación prometía. Si bien el disco anterior marcó el retorno triunfal de Kiske y Hansen, este segundo intento revela las fisuras de una banda que lucha por encontrar equilibrio entre nostalgia y renovación.
“Giants On The Run” abre con promesas que el álbum no termina de cumplir. Aunque la combinación de Hansen y Deris funciona correctamente, la composición se siente demasiado calculada, carente de la espontaneidad que caracterizó los grandes momentos de la banda. “Saviour Of The World” intenta evocar los días gloriosos de “Keeper of the Seven Keys“, pero el resultado es una imitación competente de su propio legado sin aportar elementos frescos.
El mayor problema del álbum radica en su inconsistencia. “A Little Is A Little Too Much” ejemplifica esta debilidad: una canción simplista que, pese a su brevedad, no logra mantener el interés. Su estructura básica y letra superficial contrastan negativamente con las ambiciones épicas que Helloween suele manejar. “This Is Tokyo”, el primer single, resulta igualmente decepcionante—un homenaje a Japón que se queda en lo anecdótico sin desarrollar verdadera profundidad emocional.
La producción de Charlie Bauerfeind, aunque técnicamente impecable, revela otro aspecto problemático: todo suena demasiado pulido, demasiado perfecto. Esa rugosidad característica que hacía emocionante al poder metal europeo se ha perdido en favor de un barniz comercial que, paradójicamente, resta personalidad a las composiciones. El trío de guitarristas Hansen-Weikath-Gerstner demuestra destreza técnica, pero los momentos verdaderamente memorables brillan por su ausencia.
“We Can Be Gods” y “Universe (Gravity For Hearts)” representan los puntos más sólidos del disco, mostrando destellos del genio compositivo de Hansen y aprovechando mejor la convergencia vocal de los tres cantantes. Sin embargo, estas excepciones no logran sostener la propuesta general de un álbum que se siente más como un ejercicio de nostalgia que como una declaración artística relevante.
“Into The Sun”, la inevitable balada, funciona correctamente sin alcanzar la emotividad de clásicos como “Forever And One”. El dueto Deris/Kiske es competente pero previsible. “Majestic”, el cierre épico, intenta ser grandilocuente pero se extiende innecesariamente, desvaneciendo su impacto final.
“Giants & Monsters” es un álbum que cumple expectativas mínimas sin superarlas. Para una banda de la estatura de Helloween, “correcto” no es suficiente. La formación “Pumpkins United” tenía todo para crear algo memorable, pero se conformó con un producto que satisface a los fanáticos incondicionales sin conquistar nuevos territorios. Un disco que oscila entre lo competente y lo mediocre, alejándose de la grandeza que estos músicos son capaces de alcanzar.
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Muchas, demasiadas escuchas al nuevo álbum de Helloween pero no he logrado conectarme a él. Con mi compañero les contamos un poco lo que nos pareció la última obra de los metaleros alemanes y aún sin leer la parte de Gastón, creo que vamos a estar bastante de acuerdo.
A ver, como siempre digo, la última palabra la tiene uno mismo y no lo que diga un ignoto como yo (apasionado si, pero ignoto) es la verdad absoluta. Bajo esa premisa puedo pasar a contarles que mis expectativas con Giants & Monster no han sido ni superadas, ni en esta ocasión, tampoco alcanzadas. Quizás la excelencia de su anterior trabajo de nombre homónimo a la banda haya puesto realmente un desafió en este, su último disco. No lo sé.
El álbum está conformado por 10 piezas con una duración aproximada de 50 minutos. 3 de ellas van entre los 6 y 8 minutos, lo que por esa duración uno esperaría canciones realmente épicas, pero no lo sentí de esa manera. Ni “Majestic” ni “Universe (Gravity for Hearts)” reúnen la epicidad necesaria para entrar al catalogo maestro de Helloween. “Giants on the Run” no es la gran cosa, pero juega un mejor papel, al menos con un poco de cambios más jugados y matices más diferenciables. Es una digna apertura de disco.
Por otro lado, las piezas mas cortas no son tampoco significativas o de aquellas que vayan a quedar en la memoria de alguno de nosotros. Bueno, tal vez si suceda con el single promocional “This is Tokyo”, una canción por demás cuestionada por su forma de hard rock ochentoso más que de power metal, pero que con ese insistente “Tokyo” en su estribillo se queda atornillado horas y puede que también días, en la cabeza de uno mismo (¿eso es bueno o malo?). En el resto de los temas, muchos arranques al estilo synthwave ochentoso que tan reciclado ha sido estos últimos años. “Hand of God” me gusta, claro, pero solo eso, apenas destacable por el resto.
Giants & Monsters es un titulo demasiado ostentoso para lo que su contenido termina resultando. No malo, no excelente, pero este disco pareciera una transición a otra cosa. Particularmente, me da la sensación de que no hubo un objetivo alineado de formar parte del mismo disco para cada uno de los temas, sino que pareciera una mezcla entre composiciones recientes y sobras de otro material. Claro que no puedo dejar pasar por alto semejante portada, una pintura al oleo del ilustrador Eliran Kantor, que lamentablemente no ha sido emparejada por lo musical. No todo lo que brilla es oro dicen, y con esa frase célebre me voy, porque es la que mejor resume todo lo que les acabo de contar.


En el mismo año en que sale un nuevo disco de Garbage, también Skunk Anansie hace su aporte, lo cual no deja de ser significativo, al menos para mí, que siempre vi cierto paralelismo entre ambas bandas: una en los Estados Unidos y la otra en el Reino Unido, las dos con cantantes femeninas de una presencia monumental, mezclando rock y electrónica, referentes de la movida alternativa de los 90. Sí, es cierto, Skunk Anansie tiene abundantes momentos de metal y tuvo un hiato en su carrera que nunca sucedió en la de Garbage. En cualquier caso, el mundo sigue vibrando con la tenebrosa oscuridad de “Post Orgasmic Chill” (1999) y las imágenes del icónico video de Charlie Big Potato que inundaban los canales de música cuando todavía eran una fuente de la que el público mundial se nutría. “The Painful Truth” es un retorno después de casi diez años, un trabajo lleno de energía, lo cual no es poco, considerando que tanto el bajista, Richard Keith Lewis, como el baterista, Mark Richardson, están luchando contra el cáncer. El disco suena a una mezcla tan perversa como deliciosa de post-punk, electrónica y soul.
An Artist Is An Artist es una canción frenética y sarcástica, un manifiesto electrizante y desbordante de crítica al mundo del arte. Transmite un enojo elaborado con madurez. La guitarra tiene algo de Joy Division. This Is Not Your Life nos trae a Skunk Anansie en su forma más natural, con un estribillo maravilloso en el que sobresalen los sintetizadores. Desde ya que la voz de Skin sigue brillando mítica, y Shame es una balada en la que tiene la oportunidad de alzarse y volar a grandes alturas. Se trata de una canción sin dudas muy hermosa. Lost And Found sigue habilitando el despliegue de la magia que Skin puede generar, por ser una pieza de exquisita composición, atractiva y pegadiza, con un teclado insistentemente delicado y una guitarra básicamente rockera.
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Volviendo a la comparación con Garbage, Cheers es otra exhibición de ese preciso desenfreno que tan bien supo encarnar la Generación X. Música para viajar por las rutas, para bailar, para juntarse en las esquinas, para romper casas en fiestas. Música para la comunión, cuando las redes eran los abrazos, no la señal de los celulares. Shoulda Been You tiene ese toque de reggae que, hay que decirlo, no es extraño al post-punk (cabe recordar a Bauhaus y The Cure). No hace falta decir que, siendo una banda inglesa, también gravita la influencia de The Clash.
Animal es un track intenso, estridente, poderoso y declarativo. La versatilidad de Skin es increíble y no para de lucirse en cada tramo del álbum. Recordemos que esta mujer puede alcanzar límites operísticos. Fell In Love With A Girl recupera algo de esa desafiante frescura tan propia de los 90’s, tanto por la letra, como por el estilo despreocupado, que queda al borde del funk. Queda claro que las marcas generacionales son imborrables, no importa cuánto envejezcan las personas.
En My Greatest Moment aparece cierto rasgo épico y siniestro. Se extiende una melancolía envolvente. Representa una suerte de oda a la pérdida, como un duelo por lo bueno en el pasado, que resuena fuerte entre quienes amamos ciertos géneros musicales que hoy tienen a sus estrellas en la fase final de su existencia. Finalmente, llega el bajón con Meltdown, una canción tremendamente emotiva construida fundamentalmente sobre la voz y el piano. Termina así un disco que me resultó un poco breve y que me hubiera gustado que tuviera algunos momentos más en la veta del metal. No obstante, me parece un excelente trabajo, de escucha totalmente recomendable. El talento ampliamente demostrado sigue intacto.


Machine Gun Kelly siempre ha sido un tipo impredecible, ya desde sus primeros discos, más orientados al rap, trap, rock y r’n’b, pudimos ver que nunca se casó con ningún estilo al 100% ahí tenemos temas como “Spotlight” junto a Lzzy Hale, “Save Me” junto a M.Shadows de Avenged Sevenfold o su gran colaboración para “Alone” junto a Kellin Quinn de Sleeping With Sirens, todas con muy buen resultado y dejando ver que este sujeto tenía mucho más talento del que los “Haters” decían por aquellos días.
Así fue que en 2020, nos sorprendió a todos con el fantástico Tickets to My Downfall, un excelente trabajo básicamente de pop punk moderno, donde mucho tuvo que ver la inestimable ayuda de su colega Travis Barker (Blink-182, +44, Box Car Racer, The Aquabats, etc) y al cual le siguió el más continuista pero efectivo Mainstream Sellout de 2022, donde MGK continuaba la línea musical de su predecesor, aunque con menos brillantez que aquel trabajo.
Y aquí estamos hoy para hablar 3 años después de su séptimo trabajo de estudio Lost Americana, donde veremos hacia que lado apunta el músico esta vez, seguirá indagando en el pop punk que tan buen resultado le dio o nos dará un giro de guion inesperado.
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El disco comienza sin muchos aspavientos con el corte típico pop punk “Outlaw”, donde MGK continúa la línea musical que venía ofreciendo, sin embargo con “Cliché” llegamos a la primera sorpresa y es que este es un corte que o bien te va a gustar o vas a detestar.
Esto se debe a que el músico hace honor al título y nos regala un corte pop rock onda 2000, cargado de clichés, valga la redundancia y que te puede hacer recordar tanto a Blink-182 como a Michelle Branch en “Everywhere”, aquel himno pop rock teen de los 2000 que tantas alegrías nos dio a muchos por aquellos días.
Lo particular, es que escuchando la canción uno no sabe hasta que punto MGK se está quedando con nosotros o realmente quiso hacer un homenaje a aquella era.
El viaje continúa con la electrizante “Don’t Wait Run Fast”, con varios guiños a los Offspring del Conspiracy of One y la más chiclosa “Goddamn”, un corte que bien podría haber grabado tanto Jxdn como Post Malone, por muy loco que esto pueda parecer.
Con “Vampire Diaries” vuelve el pop punk más en la onda del Tickets to My Downfall y claramente los guiños a las bandas de aquella época como Blink, Good Charlotte, Mest o Sum 41 se hacen presentes y es muy difícil que no se te dibuje una sonrisa recordando una época que viviste en primera línea de fuego sin que nada te importase y contra los que iban de “Puristas” por escuchar a las bandas de la generación anterior.
Con “Miss Sunshine” y “Sweet Caroline”, el músico evidencia que al menos (musicalmente hablando) se encuentra feliz y con ganas de transmitir buena onda y vibras positivas a todo aquel que se acerque al álbum y por mucho que os pese, la realidad es que lo consigue.
“Indigo”, sorprende porque el muchacho vuelve a sus raíces y comienza rapeando pero con una base agradable, pop y limpia, que en cierto modo bien podría encajar en un disco actual de Paulo Londra, si no estoy delirando, escuchen el disco Back To The Game y verán como de haber sido escrita en castellano, este tema lo podría haber hecho el artista argentino.
Con “Starman” viene otro de los momentos “Remember” del álbum y es que al comienzo del tema MGK nos regala un trocito del himno noventero “Semi-Charmed Life” de Third Eye Blind, otro de los grupos de aquella época que influenciaron a Machine Gun Kelly, según comentó en varias entrevistas.
Y no te engañe su infeccioso ritmo que la letra dista mucho de ser juvenil y sin mensaje, cuando MGK canta “…7 Billion People, But We Die Alone…” es una patada de realidad en la cara que no te esperas y a mi, al menos me puso los pelos de punta porque el tipo dijo una de las mayores verdades que existen y aunque tu puedas verlo como un chiste a el como músico, lo cierto es que cuando quiere transmite mucho más que bandas mediocres de metal moderno que simplemente siguen el camino que Slipknot, Korn, Parkway Drive o BMTH hicieron hace 15 años atrás como mínimo.
Las vibras y el homenaje a Mac Miller en “Tell Me What’s Up”, son de lo mejorcito del disco y se nota que el echa de menos a su colega, quien lamentablemente falleció en 2018, pero que fue uno de los mejores artistas de su generación dentro del estilo que practicaba y para el recuerdo quedan también los temas que hizo con la que fuese su pareja mucho tiempo, la diosa del pop y r’n’b Ariana Grande.
Si bien uno disfruta del pop punk veloz y desenfadado, a veces necesita bajar a tierra y tratar de encontrarse con uno mismo y justamente eso lo vamos a encontrar en “Can’t Stay Here”, una hermosura tristona, sentida, emotiva y que evidencia lo mucho que ha mejorado este muchacho a lo largo de los años, le pese a quien le pese.
Lo único que cambiaría sería el orden del disco y es que “Treading Water” es otra pieza semi acústica, pero donde la vulnerabilidad e incluso las disculpas por ciertas acciones del pasado por parte del músico, se transforman en frases tan escalofriantes como: “I Loved You Truly, That’s Why it’s Hard to Let It Go. I Broke This Home, But I’ll Change For Our Daughter, So She’s not Alone…”
Definitivamente MGK ha encontrado el equilibrio musical entre el rock, el rap, el pop punk y sobre todo…su propia honestidad personal.
Para cerrar tenemos “Orpheus”, donde hay que destacar el gran trabajo vocal que ha hecho MGK y con un estribillo hermoso donde vemos uno de los mejores momentos a nivel vocal de MGK ya no solo en este disco, si no en los últimos años.
Para algunos será un disco sin más, para otros de laboratorio, pero para los que nos hemos tomado el trabajo de escucharlo en repetidas ocasiones y a conciencia, podemos afirmar que este es sin duda uno de los mejores discos de Machine Gun Kelly hasta la fecha, superando por los cuatro costados a su predecesor y evidenciando su gran estado de forma en la actualidad, no se le puede pedir más y sobre todo que no baje el nivel de cara al siguiente trabajo, porque ha dejado la vara bien arriba con este.
Etiquetas: 2025, Interscope Records, Lost Americana, Machine Gun Kelly, Pop Punk . Alternative, rock


Cualquiera sabe que Garbage es una de las bandas referentes del rock alternativo de los 90’s, no solamente por los himnos que el grupo supo componer, sino también por la imagen icónica de Shirley Manson y el rol de su baterista, Butch Vig, como productor de algunas de las joyas más preciadas de la historia de la música popular, tales como “Nevermind” de Nirvana y “Gish” y “Siamese Dream” de The Smashing Pumpkins. Por otro lado, el activismo político, con especial énfasis feminista, siempre marcó un posicionamiento de enorme compromiso con gran cantidad de causas sociales, como lo es, actualmente, la denuncia del genocidio en Gaza.
Teniendo en cuenta esta sensibilidad a la realidad mundial, era esperable que esto se manifestara en este octavo disco, una obra que parece ilustrar una lucha entre la luz y la oscuridad, la esperanza y la decepción, la lucha y la resignación, lo cual no es de extrañar si prestamos atención a la situación actual del planeta, con guerras, crisis sociales y económicas, y el ascenso de gobiernos fascistas en lugares muy distintos. El primer track fue también el corte de difusión con video propio: There’s No Future In Optimism. Lejos de la potencia de los hits que Garbage ha creado en sus primeros discos, no deja de ser una buena canción que evidencia varias cosas. Por un lado, que la voz de Manson sigue siendo seductora y potente, y por el otro, que esa fórmula de rock mezclado con electrónica está tan vigente como nunca. Chinese Fire Horse tiene algo de ese costado “juguetón” que la banda puede tener, expresado sobre todo en la prominente base de bajo y el histrionismo vocal. Hold irrumpe con una distorsión densa en un riff poderoso, y aparece uno de esos estribillos memorables que Garbage fabrica con maestría.
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El componente electrónico se incrementa dramáticamente en Have We Met (The Void), una canción bastante lúgubre, con guitarras y sintetizadores que interactúan en una danza melancólica y solemne. Sisyphus recupera esa noventosa mezcla de frescura y nostalgia, y se concentra especialmente en el atractivo canto de sirena. Luego, Radical llega con sus virtudes de poética advertencia mid-tempo, espesa, fría, entibiándose un poco con otro estribillo muy bien logrado. Desde luego que las letras son muy significativas, siempre con un mensaje y, en este caso, el título del disco es el verso principal. Love To Give suena industrial hasta que explota con una sección realmente pregnante. De verdad, se trata de un álbum con muy buenas canciones que quedan al borde del hit, pero Garbage ha dejado la vara muy alta. Ya desde el mismo nombre podía anticiparse que esa actitud de liviana rebeldía retornaría en Get Out Of My Face AKA Bad Kitty.
R U Happy Now abre la puerta, nuevamente, al protagonismo tecno, artesanalmente mezclado con rock y protesta que expresa el malestar en la cultura. El final llega con The Day That I Met God, de enfoque más introspectivo y romántico, en un contrapunto de belleza y dolor con punzadas disonantes. En conclusión, se trata de un muy buen disco, otro más: no creo que Garbage tenga álbumes pobres creativamente. No obstante, me parece que funciona más como un testimonio de que la banda se mantiene en buena forma, que como una demostración de que ese potencial de antaño todavía tiene joyas que entregar… y yo siento que sí. Esperaremos a la próxima entrega mientras dejamos que esta siga madurando en nuestro interior.


Deofolist es el segundo larga duración de los rusos Into The Fray, el cual desde el arranque, de la mano de “I, Borealis”, nos rememora a los principales popes del groove metal: Pantera, Devildriver y Machine Head. Y si a mi me preguntan, diría que la propuesta de los oriundos de San Petersburgo se asemeja más al combo liderado por Robb Flynn, pero con la característica voz podrida de Dez Fafara en Devildriver, lo cual puede resultar más que interesante a aquellos adeptos al subgénero groovero e incluso el thrash y el death metal. En el registro, de poco más de una hora de duración, no hay voces limpias; abundan los riffs; el doble bombo no da respiro, hay solos; guitarras (muy) filosas y ocasionalmente armonizadas y prácticamente ningún tema a medio tiempo, salvo alguna excepción como ser “The Oath”, último track de Deofolist, con la rusa Alexandra Sidorova como invitada, quien con sus 34 años de edad formó y sigue formando bandas por doquier.
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Insisto en lo interesante de la propuesta, ya que no es común en estos días encontrarse con los factores antes mencionados. Menos aún si la duración promedio de los temas es de cinco minutos, algo impensado en un mundo actual donde para formar parte y no desencajar, la duración de los tracks no puede superar los tres minutos. Albricias por esto. Muy interesante además la adaptación de “Warfighter”, suite compuesta por el compositor iraní-alemán Ramin Djawad para el videojuego Medal of Honor: Warfighter y responsable además de la banda sonora de la serie Game of Thrones, entre otras.
Respecto a la banda, no podría detenerme en ningún músico en particular, ya que todos se destacan en lo suyo. En cuanto a la producción, está más que bien lograda. Los instrumentos no se pisan, no se tapan entre sí y ninguno sobresale más que otro, haciendo que la mezcla del disco sea realmente muy buena. A pesar de la hora que dura el disco, resulta bastante llevadero ya que si bien los temas por momentos resultan parecidos entre sí, cuentan con paisajes que adornan y logran transportar a otro punto, para luego volver donde estábamos. Un muy buen segundo disco, auspicioso, para tener en cuenta.


Hay discos que no te invitan a escuchar: te emboscan. Grizzly, lo nuevo de Slaughter to Prevail, es justo eso: una descarga de furia rusa que no avisa, que te revuelca en el lodo de breakdowns demoledores y guturales que parecen emerger del mismísimo abismo. Lo increíble es que, en lugar de agotarte, el disco te deja con hambre de más: un testimonio honesto de que la brutalidad sigue teniendo algo que decir cuando es sincera, directa y, paradójicamente, creativa.
Desde el arranque con “Banditos“, la banda parece dejar clara su postura: la idea no es reinventar el deathcore, sino exprimirlo hasta que chorree una violencia más carnal, menos clínica. Las críticas coinciden: el tema abre con un riff groove casi “hardcore” en su actitud, pero rápidamente estalla en esa muralla de sonido que Slaughter to Prevail sabe construir como pocos. La voz de Alex Terrible es puro lodo volcánico: grave, sucia y a ratos casi inhumana. Pero lo interesante es que no solo ruge: también frasea, corta, juega con pausas y arranques, logrando que el tema respire en medio del caos.
Lo que sigue, “Russian Grizzly In America“, es un himno irónico y macabro que parece reírse de su propia brutalidad. El tema retuerce el riffing en algo pegadizo, casi infeccioso, sin sacrificar agresión. La letra funciona como un guiño: una declaración de presencia de estos “osos rusos” plantados en territorio yanqui, rompiendo reglas y tímpanos.
Cuando llega “Imdead“, con la colaboración de Ronnie Radke, la cosa se pone rara y fascinante a la vez. Demás está decir que el contraste funciona: Radke aporta un matiz casi industrial/metalcore moderno, mientras Terrible mantiene el registro cavernoso. El resultado es un tema con aire a hit: más estructurado, menos caótico, pero sin perder filo. La base rítmica de Evgeny Novikov (batería) aquí brilla: precisa, compacta, cargada de detalles. En “Babayka” retoman la veta más oscura: riffs graves, casi sludge por momentos, y un estribillo donde la voz se convierte en mantra. Llegado a este momento del disco podemos destacarlo como de los más pesados del disco, casi opresivo. El tema evoca imágenes de leyendas rusas, de miedos ancestrales que salen del bosque a devorarte. Es breve, pero te aplasta.
“Viking” sorprende porque no va por el cliché épico que el nombre sugiere. Más bien, construye un groove monolítico, repetitivo, casi ritual, que te arrastra. Destaca lo hipnótico de su estructura, y te vas estar haciendo headbanging casi sin darte cuenta. En medio, aparecen algunos coros guturales que dan un aire de batalla, pero sin caer en el folk metal fácil. El siguiente corte, “Koschei“, es otro homenaje al folklore ruso, pero aquí todo es más salvaje: blast beats, cambios de ritmo abruptos y riffs que se quiebran como ramas secas. Con el correr de los minutos vas a sentir “una patada en el pecho” ya que el tema parece querer sacarte del asiento y empujarte al foso. Durante los poco más de 3 minutos, Alex Terrible mete frases en ruso que, incluso sin entenderlas, transmiten una furia pura.
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Y de repente llega la colaboración más insólita: “Song 3″ con Babymetal. Lo primero que se piensa es que puede ser un desastre… pero no lo es. Las voces agudas de las japonesas se cruzan con los rugidos de Terrible, generando un contraste extraño, casi pop vs. abismo que termina funcionando como respiro, aportando melodía y rareza en el mejor sentido. “Lift That Shit” es posiblemente el momento más directo y hardcore del disco. Por momentos hace recordar a los pasajes más extremos de Slipknot, riffs cortantes, ritmo a medio tiempo que invita a romper cuellos y un estribillo que es puro grito de guerra. Es un tema hecho para el vivo: se siente en la piel que fue pensado para el circle pit.
Promediando el disco, la banda la banda baja apenas el tempo y construye un ambiente más denso cuando llega “Behelit” que destaca los armónicos disonantes, suman tensión y un estribillo menos evidente pero efectivo. Con un arranque que incluye teclados “a lo Rammstein” y juegos vocales entre podrida y limpia hacen un combo diferente a lo que la banda nos tiene acostumbrados. La letra remite a la oscuridad interior, a la lucha contra uno mismo. Es un tema menos inmediato, pero crece con cada escucha. En “Rodina” se puede decir que nos encontramos ante el tema más “melódico” del disco, pero entendiendo melódico dentro de este contexto bestial. Hay guitarras limpias de fondo, una estructura más abierta y un aire de nostalgia oscura. “Rodina” significa “Patria” en ruso, y la canción suena casi como un lamento por lo perdido, entre riffs pesados que no dejan de morder.
Con “Conflict“, vuelven a la pura violencia: un tema breve, de poco más de tres minutos, directo, sin adornos. Terrible escupe palabras como balas, mientras la batería martilla a toda velocidad y se podría asegurar que es el tema más “in your face” del disco. Llegando casi al final “Kid of Darkness” sorprende porque empieza más lento, casi doom, antes de romper en un torbellino de doble bombo y gritos desesperados. Y para cerrar, “1984“. Un final que se podría considerar perfecto: riffs graves, groove y una letra que lanza dardos contra el control, la vigilancia y las mentiras modernas. Musicalmente, es pesado, mid-tempo y cargado de detalles de producción que suman atmósfera.
A nivel general, Grizzly suena menos pulido que discos anteriores: más crudo, más orgánico. Y eso lo favorece. La producción deja respirar el bajo de Mikhail Petrov, que se escucha más presente, y las guitarras suenan gruesas, casi analógicas. Lo lírico no se queda en el gore o la agresión vacía. Hay crítica, hay ironía, hay referencias culturales rusas que los diferencian de cualquier deathcore de manual. Y aunque hay temas que entran fácil (“Imdead”, “Russian Grizzly In America”), otros requieren más escuchas (“Behelit”, “Rodina”). Esa es la gracia: es un disco que castiga, pero también premia la atención.
En resumen, Grizzly no reinventa la rueda, pero la hace girar con más rabia, humor negro y carácter que la mayoría de sus colegas. Es Slaughter to Prevail diciendo: “Esto es lo que somos: feos, pesados, rusos y orgullosos”. Y la honestidad, en tiempos de fórmulas vacías, es la mejor arma.
Etiquetas: Alex Terrible, Babymetal, Deathcore, Ronnie Radke, Slaughter To Prevail

Tras el resurgimiento de Debler, hoy Debler Eternia y un gran disco como Perversso en 2022, ahora la banda vuelve tres años después con Lacrimosa, un cuidado, ambicioso y oscuro trabajo conceptual que gira en torno a la figura de la condesa Elizabeth Bathory, legendaria y sanguinaria condesa húngara que se dice cuenta con 650 muertes a sus espaldas, siendo la asesina en serie más grande de la historia.
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Pues escuchando el disco, salta a la vista que Rubén Kelsen y los chicos de la banda han querido recuperar un poquito ese sonido oscuro, melódico y con trasfondo épico que había en sus dos primeros discos (Noctem Diaboli y Somnia, curiosamente inspirados en The Crow y Sweeny Todd, respectivamente) y pudiendo ser una suerte de tercer capítulo en una trilogía oscura para Debler Eternia.
Tras la intro “Elizabeth“, la banda arranca con todo gracias a “Bathory” y ya podemos ver la diferencia abismal con sus dos trabajos previos, recordando mucho más a su debut, pero con el sonido actual de la banda.
Es una auténtica delicia volver a escuchar ciertos pasajes sonoros que nos recuerdan a aquella época y Rubén se marca un agudo impresionante a la vez que lo combina con su timbre melódico, embelleciendo la pieza al 100%.
La épica y los vientos se adueñan de “El Infierno Soy Yo“, con un estribillo que pone los pelos de punta: “Como Volver a ser Yo Mismo…Si Me Arrancaste el Corazón…”, que canta Rubén de manera impecable y que seguramente se convierta en uno de los “Futuros” clásicos de la banda madrileña.
El sonido es impresionante con mucha influencia gótica y un solo de guitarra brutal, que convierte esta pieza en una de las mejores del álbum.
Las revoluciones bajan, pero un poquito nada más gracias a “Eterna Soledad“, con un Pablo Sabater brillando a través del violín y con una melodía muy accesible y coreable, siendo quizás uno de los temas más ligeros del disco, pero no por ello exento de una gran calidad.
Los aires folk llegan al disco gracias a “La Promesa del Mar“, un tema que a una artista como Xana Lavey le quedaría como un guante y que sirve como puente en el ecuador del disco de una forma más que original.
Y las revoluciones, así como la segunda mitad del disco bajan un poquito, pero un gélido y melancólico escalofrío recorrerá tu cuerpo cuando los primeros compases de “Vuelve“, comienzan a sonar y es que si hay alguien que canta este tipo de canciones como pocos dentro de nuestro rock, ese es el señor Rubén Kelsen.
La capacidad de transmitir cada palabra que tiene este chico es impresionante y en “Vuelve”, no es la excepción y esa melancolía y dolor por un amor que ya se fue, el la sabe transmitir a la perfección, pudiendo emocionar al oyente hasta las lágrimas ya que es todos hemos pasado por esa situación alguna vez y sabemos lo que es que esa persona pueda estar cerca de ti, pero a la vez tan lejos…
La pieza se engrandece con un exquisito solo de guitarra que no hace más que añadirle belleza triste a una de las mejores canciones del álbum y me atrevería a decir de la banda hasta la fecha.
El optimismo de “Levantate” nos recuerda un poquito a la época de Somnia e incluso de Adictium, pero sin los arreglos electrónicos de aquel trabajo, en favor un ritmo trepidante y una gran lírica que seguro suena a todo pulmón en la gira 2025/26 de la banda madrileña.
“Mi Oscuridad“, sorprende por su sonido algo más moderno (hay ciertos guiños a HIM y los Black Veil Brides de Wretched & Divine, si me apuras), pero con unos arreglos muy bien logrados, un estribillo escrito en oro y un sorprendente final muy cañero, donde por primera vez vemos a Rubén utilizar el recuro vocal y estético del gutural, al estilo de Xana Lavey en “Maleficio de Sangre“, con un break potentísimo y que desde luego no es algo que esperábamos encontrar en este nuevo disco de Debler Eternia, sin embargo estamos muy asombrados con el resultado final de la pieza y de esta pequeña “gran” sorpresa.
El medio tiempo con tintes oscuros “Entrelazados“, sorprende por la estructura de la canción con un ritmo muy lento pero a la vez misterioso y que hará las delicias de los amantes de este estilo, por no hablar de la guitarra que despliega fuego por sus seis cuerdas, pero de forma contenida y que atrapa al oyente desde minuto uno.
Para cerrar este álbum, tenemos la canción más larga, ambiciosa y que seguramente vaya a sorprender más a sus seguidores y es que “Lacrimosa“, corte que da título al disco cuenta con la friolera de 11 minutos y 29 segundos, donde Juwdix (quién pone voz a la intro) vuelve para realizar un dueto vocal impresionante, poderoso y dramático junto a Rubén Kelsen, en un corte donde no puedes perderte ni un segundo ya que si lo haces perderás el hilo de la historia que se narra.
Comenzando de forma épica y lenta cual balada trágica, los vientos y los arreglos se adueñarán del tema hacia el minuto dos, para dejar paso a la velocidad instrumental y un violín tremendo por parte de Pablo, sumado a la guitarra de Javi Javat, le da un giro de rosca a la pieza, la cual con la entrada de la cantante tras un puente instrumental y misterioso que se completa con un gran solo de guitarra, nos regala un dueto vocal entre ella y Rubén que simplemente el es el cierre perfecto para esta ambiciosa y más que arriesgada manera de cerrar el disco.
Creo que este es un paso hacia adelante y con firmeza para una banda, que si bien nunca llegó a dispersarse musicalmente, quizás si a nivel interno se vio contra las cuerdas, pero a fuerza de garra, valor, trabajo y perseverancia, hoy están de regreso y por la puerta grande gracias a este nuevo disco.
Etiquetas: Débler Eternia, Lacrimosa, Nuevo disco 2025, Rock/Metal Sinfónico, Ruben Kelsen







