


Carrion Vael desata Slay Utterly, su obra maestra más sangrienta y cerebral. Desde Richmond, Indiana, estos titanes del melodic technical death metal diseccionan las mentes de asesinos seriales con riffs ultraveloces, dualidad vocal y excelente producción. Ocho tracks de “true crime brutal” que fusionan caos técnico, melodías con tintes góticos y narrativa inmersiva. Un hito visceral que redefine el género.
Formados en 2008, Carrion Vael han construido una carrera conceptual alrededor de crímenes reales, alternando perspectivas de victimarios y víctimas. Su discografía marca una evolución: Resurrection of the Doomed (2017) debutó crudo; God Killer (2020) sumó complejidad; bajo Unique Leader Records lanzaron Abhorrent Obsessions (2022), Cannibals Anonymous (2024) y este Slay Utterly. De melodic death metal influenciado por The Black Dahlia Murder y Rivers of Nihil, han mutado a un híbrido técnico-deathcore-progresivo-sinfónico.
La producción presenta una mezcla cristalina e impecable en donde se equilibra la brutalidad sin saturar. Guitarras afiladas, baterías que retumban, bajos que rugen se fusionan con elementos corte flamenco en “Truth or Consequences”, aparece un piano en “Lord of ’74” y samples de true crime se integran creando así un sonido masivo pero accesible para auriculares o sistemas potentes.
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El álbum contiene ocho piezas con riffs brutales, blast beats precisos y breakdowns masivos. “19(fucking)78” arrasa con grooves sobre Hillside Stranglers; “Truth or Consequences” evoca a Toy Box Killer; “1912” incluye voces limpias junto a breakdowns estilo deathcore
La canción “30 on 9” inmortaliza a Jack the Ripper; “Lord of ’74” narra acerca de Joseph Kallinger mientras que “Bisection 47” disecciona a Black Dahlia. Acercandonos al final, “40 Echoes Upon the Parlor” rinde culto a Lizzie Borden con coros espectrales incluídos mientras que “Black Chariot” cierra con leads impresionantes. Travis deslumbra, gruñidos guturales, escalofriantes y veloces (al estilo Archspire) se alternan con voces limpias que van creando una narrativa totalmente inmersiva.
Slay Utterly convierte el horror criminal en un festín técnico imparable, donde cada riff y grito captura la esencia macabra de los casos reales. Su portada impactante refleja la intensidad cruda del disco.
Para fans de tech death melódico, es imperdible, consolidando a Carrion Vael en la élite con potencial live demoledor. Un disco que muerde, sangra y perdura.


Los chicos de Ov Sulfur vuelven este año con su segundo disco de estudio, para demostrar que hay vida en el deathcore moderno más allá de Lorna Shore y lo cierto es que podríamos decir que lo han conseguido…a medias…Por que las intenciones están pero no siempre se acaban por concretar.
Tras una intro bastante oscura y agresiva, la banda arremete con todo en “Seed”, y aquí si Ricky Hoover demuestra lo mucho que ha crecido como vocalista y la batería es una auténtica apisonadora que taladra tus oídos sin piedad y a la cual se le suma ciertos arreglos sinfónicos a lo Dimmu Borgir, que van a contentar a todos los que disfrutaron con el primer EP y el debut de la banda hace unos años.
La parte melódica también está muy lograda al igual que ocurre en “Forlrn”, otro tema con aroma blackie/deathcore que es muy del estilo que ellos manejan y cuyo estribillo es una delicia para cantar a pleno pulmón.
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Sin embargo tras la intensa y un poquito larga “Vast Eternal”, a la cual con un par de minutos menos, le hubiera bastado para ser de las mejores piezas del disco, llegamos al primer quiebre y es que “Wither”, nos deja sensaciones encontradas ya que por un lado a nivel lírico es muy emotiva y sentida, pero realmente ¿Ov Sulfur la necesitaban dentro del disco?, claramente influenciada por Slipknot y Machine Head, no le encuentro el nexo de unión a nivel emocional con el resto del disco.
Eso si, el solo de guitarra es muy logrado y gustará a los amantes del hevay metal moderno tipo Killswitch Engage, por citar un nombre de peso dentro del género.
Con “Evermore”, la banda continúa por los mismos derroteros que en los cortes anteriores, pero en este caso con un estribillo más “Ligero” del que nos hubiera gustado, pero que los fans de Trivium y Amon Amarth abrazarán con gusto.
Y ahora bien el punto “Conflictivo” del disco y es que no veo lógico poner tres colaboraciones seguidas, cuando quizás podrían haberse repartido mejor.
Siendo “Dread” la más interesante de las tres ya que Josh de Ingested hace una labor impecable a dúo con Ricky y justifica de sobra su presencia en el disco.
Pero ahora viene lo serio y es que ¿Era necesario cerrar el disco con un tema como “Endless/Loveless”?, no es que tenga nada en contra de los medios tiempos o las baladas en el metal moderno, ahí hay casos como “Seize The Day” de Avenged Sevenfold, “Zzyzx Rd” de Stone Sour o “Battle Born” de Five Finger Death Punch, pero es que aunque todas ellas son grandes bandas, se supone que OV Sulfur está más cerca de Carnifex, Lorna Shore y si acaso, Whitechapel, entonces no tengo claro si esta pieza quiere cazar a los fans de las primeras bandas citadas o simplemente se habían propuesto como desafío hacer un tema así, bello, sentido, pero cuya honestidad dentro del álbum está puesta en duda.
Así que el disco se cierra y lo cierto es que me surgen muchas dudas hacia donde los llevará el futuro a Ov Sulfur, pero sin embargo si uno vuelve a escuchar el disco, seguramente encuentre más de un motivo para creer en ellos y yo, personalmente, elijo creer.


Con su séptimo trabajo de estudio, la impredecible y a la vez talentosa Poppy, vuelve al ruedo para demostrar porque es una de las artistas más destacadas y versátiles de su generación, aunque a algunos les cueste aceptarlo.
Con 13 cortes y una duración de 38 minutos con 31 segundos, Empty Hands es un viaje sonoro que condensa diferentes emociones y estados de ánimo, desde el particular inicio con “Public Domain”, que nos devuelve un poquito la versión “Infantil” que la cantante tenía en sus comienzos y que no sabía uno a que estaba jugando esta chica, pero que sin embargo poco a poco ha ido encontrando su sello personal y hoy es fácil diferenciarla de otras compañeras como Tati de Jinjer o Lena de Infected Rain, por poner dos ejemplos afines y que sin embargo todas juntas han puesto la figura de la mujer en el lugar que se merece dentro de la escena metalera y alternativa.
Ya con “Guardian”, vemos la versión cañera de la vocalista oriunda de Boston, Massachusetts, aunque el estribillo bien podría encajar en un disco de Babymetal o Aespa, si las surcoreanas no fuesen mega estrellas del K-Pop.
Claramente ella no juega sola en este nuevo trabajo, ya que Jordan Fish, vuelve a coronarse como uno de los productores más destacados del último tiempo y le aporta esa solidez tras las mezclas a todas y cada una de las canciones que conforman el disco.
Tras un ligero interludio con “Constantly Nowhere”, el single “Unravel” es simplemente una delicia para el oyente con esas pausas entre el vendaval de guitarras y la voz cristalina de Poppy que te pone los pelos de punta como solo ella consigue, los loops ayudan a darle el toque moderno y menos caótico que en cortes pasados, pero todo está bien calculado y creíble a diferencia de la mediocridad que ofrecen bandas como Crystal Lake o Polaris, donde por querer sonar más cañeros que ella, por ejemplo, caen en la semi-parodia.
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La cosa se pone fea con “Dying to Forget”, un auténtico puñetazo en toda la cara y que invita al pogo sin dudarlo, al más puro estilo del nu metal y el early metalcore melódico, esta es sin duda una de las joyas del disco, con diferencia.
La segunda mitad la abrimos con “Time Will Tell”, el último single del álbum que podéis escuchar AQUÍ y que mantiene un poco la línea del mismo.
Pero la rubita cantante sigue guardándose ases bajo el vestido y es que “Eat The Hate”, es una suerte de pop punk cabreado y algo teen, que le aporta frescura al disco y seguramente sorprenderá a sus seguidores por su frenético ritmo y un agresivo final donde Poppy demuestra ser mucho más que “La chica rarita y alternativa” del momento.
Por el contrario “The Wait”, baja un poquito las revoluciones, sin llegar a ser una balada, si que es menos intensa que las piezas anteriores y quizás podría encajar en la órbita de Spiritbox, pero sin perder su identidad propia.
Con “If We’re Following The Light”, vemos ahora si el lado más intimista de esta chica, con una atmósfera a lo Deftones y un derroche vocal impresionante por su parte, con screams muy agudos y poderosos, melodías bellas y melancólicas, que se acompañan por una gran base rítmica y unos sintetizadores que Jordan seguramente hubiera usado para su etapa anterior en BMTH.
El binomio alternativo compuesto por “Ribs”, con un sonido que bien podría haber encajado en su disco anterior, lleno de matices pop con toques alternativos y Poppy sonando más dulce que una nube de algodón, pero con capas de electrónica que te invitan al baile. Mientras que “Empty Hands”, cierra el disco de forma incendiaria con un toque de hardcore/punk/metal claramente influenciado por Knocked Loose, banda con la que Poppy colaboro el año pasado y de la cual ha tomado prestada cierta influencia sobre todo para la forma de cantar y producir este explosivo corte.
Una vez más, la cantante norteamericana ha vuelto a dar en la diana con este nuevo trabajo, el cual va ganando puntos con cada escucha que uno le de y que tiene muchos matices y secretos a descubrir, algo que la destaca por encima de la media y que hace de Poppy una de las artistas más interesantes y destacadas de la actualidad.


Nangrad, proyecto unipersonal paraguayo liderado por Faust (A.K.A. Varknar), presenta A Cold Breeze of Death, su nuevo álbum publicado el 2 de enero de 2026. Con ocho canciones y una duración que apenas supera los 32 minutos, el disco se mueve dentro de un black metal melódico de fuerte impronta noventera, una propuesta que sin dudas conectará con seguidores de bandas como Dissection. Desde el inicio queda claro que se trata de un trabajo directo, enfocado y sin rellenos.
El álbum arranca con una breve introducción que da paso rápidamente a “Legions of the Dark”, donde se exponen las principales características del disco: riffs veloces, melodías oscuras y una base rítmica constante. Esa línea se mantiene en “Bloody Tears”, que refuerza la agresividad con partes habladas superpuestas a los riffs, aportando variedad sin romper el ritmo general del álbum. La producción es cruda pero clara, permitiendo que las guitarras lleven el peso principal de las composiciones.
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El momento más extenso llega con “Far Beyond All Light”, que supera los siete minutos y permite un desarrollo más amplio. A mitad del tema, la canción entra en una sección instrumental que aporta aire y dinámica antes de que regresen las voces, logrando uno de los pasajes más sólidos del disco. Este equilibrio entre velocidad, melodía y momentos más atmosféricos muestra una intención compositiva clara y bien ejecutada.
En la segunda mitad del álbum aparece “Beatriz”, un instrumental acústico que funciona como pausa antes de retomar la intensidad con “The Reaper” y “Under the Grave”, ambos marcados por la velocidad y el enfoque clásico del black metal melódico. El cierre llega con “Whispers of Night’s Embrace”, una breve pieza instrumental de piano que baja el telón de forma sobria. A Cold Breeze of Death deja una impresión positiva y posiciona a Nangrad como un nombre a seguir dentro del underground sudamericano.

Texto: Matías Frank
Soen acaba de sacar su séptimo álbum de estudio, Reliance. Los suecos, al mando del baterista ex Amon Amarth y Opeth, Martin Lopez, y del cantante Joel Ekelöf, pasaron por el estudio de grabación después de tres años para encontrarle un sucesor a Memorial, editado en 2023.
El sonido del disco es redondo, con potentes riffs y solos virtuosos, la versatilidad en la batería de Lopez y algunos pasajes con alguna reminiscencia a Iron Maiden y al metal clásico escandinavo.
Las letras del álbum siguen un poco la línea marcada por los discos anteriores, temas que hablan de la condición humana, críticas a la sociedad actual, la política, la corrupción y el alíneamiento que produce el mundo virtual.
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“Primal” es el nombre de la canción que abre el álbum y también uno de los cuatro singles que la banda fue lanzando desde septiembre del año pasado, seguido por “Mercenary”, “Discordia” e “Indifferent”, este último lanzado en 2026.
Al adentrarnos en el disco, “Primal” nos recibe con un riff directo, potente y súper headbanger, para dar paso a un estribillo melódico que contrarresta y trata de decirnos que no todo está perdido.
Y como no todo es riffs y cambios repentinos de doble bombo a melodías tranquilizadoras, también hay lugar a temas como “Indifferent”, donde la banda muestra su lado más acústico resaltando la voz de un Joel íntimo acompañada de un piano y un solo de guitarra casi minimalista, justo y sin excesos.
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No quiero dejar de mencionar el tema que cierra el álbum, “Vellichor”. Con coros que le generan una atmósfera sombría y envolvente, otra vez con un solo de guitarra que destaca por su sencillez, pero que hace lo que el tema pide.
En líneas generales, el disco es bueno; es un trabajo prolijo, pero no llega a destronar álbumes anteriores como Cognitive o Lotus. De todas maneras, vale mucho la pena su escucha tranquila, ya que se van a ir encontrando matices muy interesantes. Y por supuesto no puedo esperar a escuchar el disco en vivo y tener esa sensación en directo.


Ya lo advertía cuando sacaron su primer single “Peace”, el pasado viernes y que podéis volver a escuchar AQUÍ, la nueva aventura musical de Siyeon, vocalista surcoreana conocida por su excelente labor pasada al frente de Dreamcatcher y que lleva por título ChRocktikal, venía a por todas con su disco debut y desde luego que una vez escuchado el disco en repetidas ocasiones, así lo ha sido y con creces.
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Tras una intro bastante moderna y algo caótica, la banda arremete con todo en “Peace” y sin dejarte tiempo para reaccionar ante tal vendaval, nos regalan “Víctor”, de nuevo con un riff pesado al más puro estilo Halestorm, la banda continúa la senda del álbum como marcaba su predecesora con una Siyeon impecable a las voces, aguda cuando quiere, melódica cuando se necesita y sobre todo con una personalidad arrolladora que la diferencia de cualquiera de sus compañeras de profesión tanto europeas como americanas.
Sin duda un binomio estupendo para presentar en sociedad este primer disco y demostrando que aunque nos duele aún que Dreamcatcher no sigan, desde luego con este proyecto, la cantante demuestra aún más potencia creativa si se quiere y puede abrirse paso en una escena completamente distinta a la que tenía con su ex-compañeras.
Pero espérate que aún no hemos hecho más que empezar y es que “KALish”, es una auténtica bomba de relojería, donde tras una guitarra pesada y moderna, la banda enseña sus garras afiladas por medio de su vocalista, quién por primera vez nos sorprende con ciertos “Screams” que van a dejar perplejos a más de uno y que incluso pasan por encima de los últimos singles de bandas como The Pretty Reckless o Diamante.
Con el dúo conformado por “Ride” y “Myself”, llegamos al ecuador del disco, mientras la primera podría recordar un poquito a la parte rockera de DC y a la vez combinada con guiños a bandas como Against The Current y un solo de guitarra impecable por parte de Lee Wonseok, lo que ofrece “Myself”, oxigena al disco, al ser un poquito más pausada que las cinco piezas anteriores y nos da un respiro (ligero, eso sí porque el vozarrón de esta chica no tiene desperdicio) con una pieza más pop rock, pero que nos gana en emoción ya que la delicadeza del comienzo del corte pone los pelos de punta al oyente.
El disco comienza su segunda parte con “All in on Me” y seguramente sea el corte menos interesante y destacado del álbum, lo cual puede generar una confusión al que venga enganchado con los primeros temas, ya que se trata de un corte pop con aires bailables que bien podrían haber creado los Paramore del álbum homónimo o incluso Miley Cyrus y que no encaja para nada con la tónica del conjunto rockero que ChRocktikal pretenden defender en este debut.
Mucho mejor es el medio tiempo “Shame”, con un gran solo de guitarra al principio y una base delicada que Siyeon embellece aún más con su voz para encarrillar el disco en su recta final.
Pero quizás “Iris”, debería haber estado en otro lugar del disco ya que al ser otro corte lento, puede cansar al oyente que quería más caña como al principio, ahora en favor de la banda, decir que es una balada preciosa, que va a sacar las lágrimas de sus seguidores y cuya emoción está fuera de toda duda, por no hablar de que a nivel vocal esta chica es una de las mejores voces de su generación. La guitarra brilla al más puro estilo Goo Goo Dolls o Bon Jovi y acompaña perfectamente la armonía del tema.
Tras una continuista pero bonita “Masterpiece”, el disco llega a su fin con “Free!”, quizás una declaración de intenciones de la cantante ya que ahora puede hacer lo que quiera con su carrera y ha tomado las riendas artísticas que la han llevado a componer y grabar un debut tan redondo como este, al que habría que cambiarle el orden de alguna canción, pero cuyo resultado final lo coloca ya como uno de los mejores discos del año y pone a ChRocktikal como una de las revelaciones de la temporada, veremos hacia donde los lleva su futuro, pero de momento, su presente es más que interesante.


Noxious Emissions es el EP debut de Voidhämmer, un power trío estadounidense que nos trae este primer lanzamiento a través del siempre interesante sello Caligari Records, y que no debería confundirse con la otra banda estadounidense que usa el mismo nombre pero sin la diéresis. Tras pasar los dos últimos meses de este último 2025 con la sequía típica de fin de año, este 2026 arranca con una catarata de nuevos lanzamientos, no sólo de bandas grandes sino también en el under profundo, y el combo de nombre de artista, logo, título de álbum y portada me causaron curiosidad ya a primera vista.
Las cuatro canciones de este EP tienen dos grandes influencias supurando a flor de piel por todos los poros. La primera es obvia apenas damos comienzo a “Rotting In Excrement”, donde se ve una deuda importante a los sonidos extremos del death metal de principios de los noventas, en especial a bandas como Autopsy y Asphyx que combinaban los riffs podridos con esos pasajes de puro doom oscuro y cavernoso.
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La segunda se vuelve más obvia a parte de la segunda “Cadaveric Bloat” y se mantiene a lo largo del resto del álbum, y esa es el punk. Tanto esa como “Phosphorized” y “Coffin Leakage” tienen unos arrancones de velocidad, manteniendo esa marcha a lo Motörhead que adoptaran muchas bandas de crust punk y d-beat de los ochentas, con Discharge y Anti-Cimex como referencias obvias. De vez en cuando tenemos blast beats y secciones a puro doble bombo, creando una combinación brutal que seguramente provoca una gran cantidad de pogo en vivo.
Algo que termina por cerrar todo lo hecho en el álbum es la producción, con esa sonoridad sucia y grave donde tanto los instrumentos como la voz parecen salir de alguna alcantarilla. ¿Es la mejor manera de apreciar todos los detalles musicales? Ciertamente no, y me imagino que muchas personas puede que encuentren difícil escuchar un disco con un sonido tan complicado y lo-fi. Pero creo que agrega bastante a la atmósfera de Noxious Emissions, porque no me parece que un álbum con semejante nombre vaya a sonar cristalino en su producción.
Este EP debut no es perfecto. Puede que le falte un poco de variaciones a las voces, con esos rugidos lejanos perdiendo impacto a medida que se repiten una y otra vez, y lo mismo podría decirse de las estructuras de las canciones. Con 14 minutos la primera escucha del álbum se termina antes de que uno pueda llegar a pensar que las cosas se están poniendo monótonas, pero tampoco es que se pueda extender mucho sin caer en eso.
Tampoco es que sea un tremendo error por parte de Voidhämmer ni que estén obligados a andar metiendo miles de variantes. Creo que algo interesante es que suene (y lo más seguro es que haya sido) grabado en vivo en un sótano, dando como resultado un sonido crudo pero no queda como que se estén forzando a embarrar el sonido. y será interesante ver cómo irán evolucionando las cosas a futuro, considerando que la base mostrada en este EP promete mucho. Si te gusta el death metal y el punk a partes iguales, este debut de Voidhämmer será una escucha rápida e interesante.
Etiquetas: Crust Punk, Death Metal, Estados Unidos, Voidhämmer

Marianas Rest, banda finlandesa especializada en metal melancólico, presenta su quinto disco, The Bereaved. Desde su formación en 2013, el grupo ha construido un estilo propio que combina doom, melodic death y post-metal, y en esta nueva obra continúan explorando temáticas de duelo y pérdida. El álbum se centra en las distintas etapas del luto, ofreciendo una propuesta musical que mantiene la atmósfera oscura y emotiva que caracteriza a la banda, consolidando su reputación dentro del metal extremo y melancólico europeo.
El disco consta de diez canciones, todas estrechamente ligadas por su tono sombrío y reflexivo. Abre con “Thank You For The Dance”, un tema pausado que establece la atmósfera general del álbum, seguido de piezas como “Rat In The Wall”, “Burden”, “Diamonds In The Rough” y “The Colour Of You”, que combinan riffs pesados con secciones más melódicas. La estructura de las canciones permite que los contrastes entre momentos más agresivos y pasajes introspectivos mantengan la tensión y la emoción durante toda la escucha, haciendo que cada tema tenga su propio peso dentro del conjunto.
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En cuanto a las interpretaciones, el disco destaca por la precisión y fuerza de sus músicos. Los guitarristas Harri Sunila y Nico Mänttäri alternan riffs contundentes con melodías cuidadas, mientras que los teclados de Aapo Koivisto aportan texturas inquietantes que refuerzan la atmósfera. La sección rítmica formada por Niko Lindman al bajo y Nico Heininen en la batería sostiene cada tema con firmeza, y las voces de Jaakko Mäntymaa combinan guturales con registros limpios en los momentos más emotivos, logrando transmitir tanto agresividad como melancolía.
Con The Bereaved, Marianas Rest demuestra que sigue creciendo como banda, mostrando madurez compositiva y un sonido compacto que mantiene su identidad a lo largo de toda la obra. El álbum logra equilibrar intensidad, técnica y emoción, abordando de manera directa la experiencia del duelo sin perder la conexión con el oyente. La combinación de pesadez instrumental, atmósferas sombrías y detalles melódicos consolida a Marianas Rest como un referente en el metal melancólico actual, reafirmando su lugar dentro de la escena europea del género.

Cuando decimos que Megadeth ha sido una de las mejores bandas de la historia del metal, nadie se atreve a ponerlo en discusión. Mas de 43 años de una impecable carrera y 17 discos de estudio, lo avalan, pero ahora ha llegado el momento de decir adiós. Dave Mustaine anunció el retiro de la banda y lo hará como los grandes merecen: con una gira despedida y un último disco. Megadeth, es su última obra y luego de varias escuchas, el staff de Track To Hell se ánima a compartir sus sensaciones en esta reseña grupal:

Megadeth cierra su historia con un álbum que está bien, suena profesional, pero le falta punch. No hay esa rabia que los hizo grandes.
La producción es limpia, quizás demasiado. Verbeuren la rompe en batería y Dave canta sorprendentemente bien para todo lo que pasó, pero el contenido no acompaña. Me quedo con tres o cuatro temas: “Tipping Point”, “Let There Be Shred” y “I Don’t Care” me gustaron, tienen esa onda vieja que buscaba. El resto pasa de largo.
Hay canciones como “Hey God!” o “Another Bad Day” que no entiendo para qué están. Mustaine quiso meter de todo, todas las épocas de la banda en un solo disco, y terminó siendo un promedio tibio. “The Last Note” es la despedida literal de Dave, tiene su momento emotivo pero no te vuela la cabeza. Y el cover de “Ride The Lightning” mejor ni hablemos, parece un chiste.
No es la despedida que yo esperaba después de tantos años siguiéndolos. Es un disco agridulce, digno pero no te deja nada. Confirma que Megadeth ya había dado todo lo que tenía para dar hace bastante. Se despiden, sí, pero sin esa última gran épica que merecían.

Para mí, este disco funciona bien como cierre de la carrera de Megadeth, sobre todo si se lo compara con varios traspiés de sus álbumes anteriores. No es un trabajo brillante ni pretende estar a la altura de los clásicos, pero sí suena honesto y coherente con lo que la banda fue durante años. Hay thrash reconocible, riffs filosos, solos protagonistas y una intención clara de repasar distintas etapas de su historia, algo que en el contexto de despedida se valora mucho más. Canciones como “The Last Note” logran transmitir ese clima de final anunciado que le da sentido a todo el álbum.
Claro que también están presentes los vicios de siempre: temas que suenan repetidos, decisiones discutibles y la innecesaria versión de “Ride the Lightning”, que aporta poco y parece más un gesto de ego que artístico. Aun así, considerando el nivel irregular de los discos previos, este álbum se siente como un cierre digno y hasta respetable. No emociona como un gran clásico, pero evita el papelón y permite despedirse con cierta dignidad, algo que no todas las bandas legendarias logran cuando llega el momento de decir adiós.

Ciertamente este álbum sólo podría haber sido hecho por Megadeth. El arranque con “Tipping Point” es bien thrashero y tiene a Teemu Mäntysaari demostrando ser un compañero letal del Colorado, “Let There Be Shred” es una canción autorreferencial que cumple su trabajo en mostrar el poderío metalero de la banda, “Made To Kill” cumple con la promesa de su título, y “The Last Note” es una canción sentida con un interesante arreglo de guitarra acústica que seguro a más de uno le recordará a ese break en “Holy Wars” y un final oscuro que funciona como elegía al fin de Megadeth. En lo malo, “I Don’t Care” es una de las peores canciones que haya sacado Megadeth y que encima fuera uno de los singles es inentendible, y Mustaine decidió hacer una y otra vez la misma canción a medio tiempo donde no ayuda que siempre use las mismas melodías vocales. Encima el álbum cierra con su cover de “Ride The Lightning”, con una versión copiada y pegada pero que logra ser peor en todos los aspectos.
Si querés escuchar una base brutal y a Mustaine prendiendo fuego las cuerdas de su guitarra con sus riffs mientras de vez en cuando convierte sus limitaciones vocales en fortalezas, y siempre y cuando tengas estómago para las letras y actitud de “posteo de padre divorciado en Facebook”, entonces Megadeth es una despedida muy digna aunque no sea perfecta. Bien para la gente que le gustara los dos últimos álbumes y tal vez lo quiera con un poquito más de picante por el contexto.

El disco que todos empezamos a escuchar por el track 11. Si no fuera por el anuncio de que se trata del último lanzamiento de estudio de la banda, posiblemente seríamos menos los que le prestáramos atención. No es que un nuevo álbum de Megadeth no genere expectativas, sino que, siendo sinceros, las últimas entregas no habían despertado gran interés y fue poco o nulo su aporte al gran legado de la banda de Dave Mustaine.
Pero acá estamos, con este disco autotitulado que contiene 10 canciones bien enmarcadas en el Heavy/Thrash tradicional, excelentemente ejecutadas, pero nada más. Era muy difícil esperar algo a la altura de los clásicos, una vara que Megadeth se encargó de dejar altísima. Algunos disfrutaran más del vértigo de “Let there Be Shred”, otros de la oscura “The Last Note”, pero sin puntos sobresalientes. Y con respecto a “Ride The Lightning”, se trata de una versión fiel a la original, apenas subida en tempo y que respeta los solos, melodías y fraseos, adaptados por supuesto al modo de Mustaine. Incluir esta canción es un acierto de marketing, pero un traspié artístico ya que eclipsa al resto de la placa.
Solo me resta decir que por siempre estaré del lado de Megadeth y no me es indiferente saber que el final está cerca. Aunque queden pocas cartas por jugar de parte del Colorado, es bueno haber acompañado este largo camino desde hace tantos años.

Los días en que las leyendas se van retirando, o dejando este plano, ya han llegado. Hay casos en los que esto sucede de manera abrupta y otros de forma premeditada. Tal es el caso de Megadeth, que anunció su disco de despedida.
Se trata de un trabajo digno de un final, por varios motivos. Las canciones recorren la variedad de estilos que la banda practicó a lo largo de toda su carrera, por lo que cada tema remite a diferentes etapas del recorrido del grupo. La guitarra es, sin dudas, la gran protagonista del disco, tal como lo fue siempre en el sonido de Megadeth. Brilla y derrocha calidad y buen gusto en cada pasaje.
Por último, las letras, más allá de alguna excepción, son sólidas. Estas buscan expresar el último grito de rabia de Mustaine y darle un cierre poético a la trayectoria de la banda.
La versión de “Ride the Lightning” no aporta nada y resulta innecesaria. Con “The Last Note”, el disco cierra de manera perfecta. Un muy buen álbum para poner punto final a una extensa y fabulosa carrera.

A ver… es un disco de Megadeth, como lo que ya venimos escuchando hace por lo menos 20 años. Yo no me esperaba otra cosa sinceramente. Mis expectativas se regían simplemente por lo que una banda super consagrada y que ya toco el cielo con las manos, puede dar. No me esperaba que el colorado hiciera la épica con este disco y no lo termina haciendo, pero al margen de eso, es un buen disco de despedida.
Es un álbum que va y viene entre canciones que suenan bien thrash old school y canciones con un gancho más rockero. Quizás, por lo que significa una despedida, lo musical pasa a un segundo plano y hay que prestarles atención a las letras (en especial a “The Final Note”). Tiene algunos puntos un poco más altos que otros (me gusta mucho “Obey The Call”) pero dentro de todo es bastante parejo. ¿Lo mejor? El arte de tapa (ja), es lo único que realmente simboliza la despedida de una banda. Lo peor es la innecesaria versión de “Ride The Lightning”. Lo de siempre, pero igual digna despedida del colo!.

Un viejo sabio con años de música y metal a sus espaldas me dijo una vez, que si lo más memorable que tiene un disco es su portada, es porque estamos hablando de un disco olvidable. ¿Qué les puedo decir? Si el disco no se auto titulará Megadeth o no fuera el último de la banda, pasaría sin pena ni gloria. Como la gran mayoría de obras que saco Mustaine del 2000’, en adelante.
A ver, no se trata de un mal disco. Posee buenos temas como “Tipping Point” o “Made To Kill” que resultan cumplidoras y disfrutables. Las composiciones no se desentonan y hay momentos en los que Mustaine se gana un par de palmaditas en la espalda por su destreza en la guitarra. Pero tratándose de un disco que anunciaste con fuegos y cohetes que va a ser tu despedida, que es la excusa de tus últimas giras por el mundo, y va a ser el último legado musical que vas a dejar, la verdad es que sabe a muy poco el disco. No sabe a despedida, no sabe a legado, no sabe a Megadeth. No al menos, al clásico. Para esto, mejor hubieras dejado que el anterior disco sea el último, que al menos presentaba más personalidad, e incluso voluntad.
Al fanático de toda la vida le va a encantar. Al más benevolente, le va a alcanzar. Y al más crítico, le va a parecer intrascendente. Ni más ni menos. No habrá consenso por ese lado. Pero espero que al menos la haya con el cover de Metallica. Mamita. El colo habrá perdido la habilidad para cantar pero no para contar chistes. El de que su versión de “Ride The Lightning” iba ser muy distinta y mejor es uno de ellos.


Dentro del black metal es habitual encontrarse con proyectos unipersonales, donde un solo músico se encarga de todos los instrumentos y de construir cada matiz del sonido. Esta práctica se remonta a los años noventa, con la primera ola del black metal noruego, y continúa plenamente vigente hasta hoy. Del mismo modo, otro rasgo distintivo del género son las letras de corte oscuro, anticristiano y, en muchos casos, abiertamente satánico.
En este contexto aparece Pactum Sanguine Novo, último trabajo del proyecto unipersonal Dawnbreaker. Lo que diferencia a este lanzamiento de la mayoría de sus pares no está en lo musical, sino en el contenido lírico: letras cristianas, con fragmentos textuales de la Biblia y un mensaje explícito de devoción hacia Dios.
Este enfoque genera un contraste marcado con la música, que se mueve en un terreno completamente opuesto. El sonido es oscuro, denso y agresivo, claramente influenciado por el black metal noruego clásico, con Mayhem como referencia evidente. Abundan los riffs en tremolo picking, los pasajes ritualísticos y una voz gutural cambiante, que alterna entre gritos agudos tradicionales y registros más extraños e inquietantes.
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A nivel producción, el álbum presenta un buen balance general, con guitarras y voces al frente, pero sin relegar del todo a la base rítmica de batería y bajo. La atmósfera que se construye es claramente ritualista y devocional, aunque desde lo sonoro nada delata el trasfondo cristiano del proyecto. De hecho, si no se leyera previamente sobre el concepto del disco, difícilmente podría sospecharse.
El punto más débil del trabajo aparece en la falta de una identidad propia. Sin caer en el refrito, la influencia del black metal noruego es tan marcada que por momentos el disco se vuelve predecible y no logra despegarse del molde clásico.
En definitiva, Pactum Sanguine Novo es un álbum sólido y bien ejecutado, que cumple con los cánones del género y puede resultar atractivo para los seguidores del black metal tradicional. Sin embargo, más allá de su particular enfoque lírico, no ofrece elementos realmente novedosos dentro de un terreno ya ampliamente explorado.



Carrion Vael desata Slay Utterly, su obra maestra más sangrienta y cerebral. Desde Richmond, Indiana, estos titanes del melodic technical death metal diseccionan las mentes de asesinos seriales con riffs ultraveloces, dualidad vocal y excelente producción. Ocho tracks de “true crime brutal” que fusionan caos técnico, melodías con tintes góticos y narrativa inmersiva. Un hito visceral que redefine el género.
Formados en 2008, Carrion Vael han construido una carrera conceptual alrededor de crímenes reales, alternando perspectivas de victimarios y víctimas. Su discografía marca una evolución: Resurrection of the Doomed (2017) debutó crudo; God Killer (2020) sumó complejidad; bajo Unique Leader Records lanzaron Abhorrent Obsessions (2022), Cannibals Anonymous (2024) y este Slay Utterly. De melodic death metal influenciado por The Black Dahlia Murder y Rivers of Nihil, han mutado a un híbrido técnico-deathcore-progresivo-sinfónico.
La producción presenta una mezcla cristalina e impecable en donde se equilibra la brutalidad sin saturar. Guitarras afiladas, baterías que retumban, bajos que rugen se fusionan con elementos corte flamenco en “Truth or Consequences”, aparece un piano en “Lord of ’74” y samples de true crime se integran creando así un sonido masivo pero accesible para auriculares o sistemas potentes.
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El álbum contiene ocho piezas con riffs brutales, blast beats precisos y breakdowns masivos. “19(fucking)78” arrasa con grooves sobre Hillside Stranglers; “Truth or Consequences” evoca a Toy Box Killer; “1912” incluye voces limpias junto a breakdowns estilo deathcore
La canción “30 on 9” inmortaliza a Jack the Ripper; “Lord of ’74” narra acerca de Joseph Kallinger mientras que “Bisection 47” disecciona a Black Dahlia. Acercandonos al final, “40 Echoes Upon the Parlor” rinde culto a Lizzie Borden con coros espectrales incluídos mientras que “Black Chariot” cierra con leads impresionantes. Travis deslumbra, gruñidos guturales, escalofriantes y veloces (al estilo Archspire) se alternan con voces limpias que van creando una narrativa totalmente inmersiva.
Slay Utterly convierte el horror criminal en un festín técnico imparable, donde cada riff y grito captura la esencia macabra de los casos reales. Su portada impactante refleja la intensidad cruda del disco.
Para fans de tech death melódico, es imperdible, consolidando a Carrion Vael en la élite con potencial live demoledor. Un disco que muerde, sangra y perdura.


Los chicos de Ov Sulfur vuelven este año con su segundo disco de estudio, para demostrar que hay vida en el deathcore moderno más allá de Lorna Shore y lo cierto es que podríamos decir que lo han conseguido…a medias…Por que las intenciones están pero no siempre se acaban por concretar.
Tras una intro bastante oscura y agresiva, la banda arremete con todo en “Seed”, y aquí si Ricky Hoover demuestra lo mucho que ha crecido como vocalista y la batería es una auténtica apisonadora que taladra tus oídos sin piedad y a la cual se le suma ciertos arreglos sinfónicos a lo Dimmu Borgir, que van a contentar a todos los que disfrutaron con el primer EP y el debut de la banda hace unos años.
La parte melódica también está muy lograda al igual que ocurre en “Forlrn”, otro tema con aroma blackie/deathcore que es muy del estilo que ellos manejan y cuyo estribillo es una delicia para cantar a pleno pulmón.
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Sin embargo tras la intensa y un poquito larga “Vast Eternal”, a la cual con un par de minutos menos, le hubiera bastado para ser de las mejores piezas del disco, llegamos al primer quiebre y es que “Wither”, nos deja sensaciones encontradas ya que por un lado a nivel lírico es muy emotiva y sentida, pero realmente ¿Ov Sulfur la necesitaban dentro del disco?, claramente influenciada por Slipknot y Machine Head, no le encuentro el nexo de unión a nivel emocional con el resto del disco.
Eso si, el solo de guitarra es muy logrado y gustará a los amantes del hevay metal moderno tipo Killswitch Engage, por citar un nombre de peso dentro del género.
Con “Evermore”, la banda continúa por los mismos derroteros que en los cortes anteriores, pero en este caso con un estribillo más “Ligero” del que nos hubiera gustado, pero que los fans de Trivium y Amon Amarth abrazarán con gusto.
Y ahora bien el punto “Conflictivo” del disco y es que no veo lógico poner tres colaboraciones seguidas, cuando quizás podrían haberse repartido mejor.
Siendo “Dread” la más interesante de las tres ya que Josh de Ingested hace una labor impecable a dúo con Ricky y justifica de sobra su presencia en el disco.
Pero ahora viene lo serio y es que ¿Era necesario cerrar el disco con un tema como “Endless/Loveless”?, no es que tenga nada en contra de los medios tiempos o las baladas en el metal moderno, ahí hay casos como “Seize The Day” de Avenged Sevenfold, “Zzyzx Rd” de Stone Sour o “Battle Born” de Five Finger Death Punch, pero es que aunque todas ellas son grandes bandas, se supone que OV Sulfur está más cerca de Carnifex, Lorna Shore y si acaso, Whitechapel, entonces no tengo claro si esta pieza quiere cazar a los fans de las primeras bandas citadas o simplemente se habían propuesto como desafío hacer un tema así, bello, sentido, pero cuya honestidad dentro del álbum está puesta en duda.
Así que el disco se cierra y lo cierto es que me surgen muchas dudas hacia donde los llevará el futuro a Ov Sulfur, pero sin embargo si uno vuelve a escuchar el disco, seguramente encuentre más de un motivo para creer en ellos y yo, personalmente, elijo creer.


Con su séptimo trabajo de estudio, la impredecible y a la vez talentosa Poppy, vuelve al ruedo para demostrar porque es una de las artistas más destacadas y versátiles de su generación, aunque a algunos les cueste aceptarlo.
Con 13 cortes y una duración de 38 minutos con 31 segundos, Empty Hands es un viaje sonoro que condensa diferentes emociones y estados de ánimo, desde el particular inicio con “Public Domain”, que nos devuelve un poquito la versión “Infantil” que la cantante tenía en sus comienzos y que no sabía uno a que estaba jugando esta chica, pero que sin embargo poco a poco ha ido encontrando su sello personal y hoy es fácil diferenciarla de otras compañeras como Tati de Jinjer o Lena de Infected Rain, por poner dos ejemplos afines y que sin embargo todas juntas han puesto la figura de la mujer en el lugar que se merece dentro de la escena metalera y alternativa.
Ya con “Guardian”, vemos la versión cañera de la vocalista oriunda de Boston, Massachusetts, aunque el estribillo bien podría encajar en un disco de Babymetal o Aespa, si las surcoreanas no fuesen mega estrellas del K-Pop.
Claramente ella no juega sola en este nuevo trabajo, ya que Jordan Fish, vuelve a coronarse como uno de los productores más destacados del último tiempo y le aporta esa solidez tras las mezclas a todas y cada una de las canciones que conforman el disco.
Tras un ligero interludio con “Constantly Nowhere”, el single “Unravel” es simplemente una delicia para el oyente con esas pausas entre el vendaval de guitarras y la voz cristalina de Poppy que te pone los pelos de punta como solo ella consigue, los loops ayudan a darle el toque moderno y menos caótico que en cortes pasados, pero todo está bien calculado y creíble a diferencia de la mediocridad que ofrecen bandas como Crystal Lake o Polaris, donde por querer sonar más cañeros que ella, por ejemplo, caen en la semi-parodia.
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La cosa se pone fea con “Dying to Forget”, un auténtico puñetazo en toda la cara y que invita al pogo sin dudarlo, al más puro estilo del nu metal y el early metalcore melódico, esta es sin duda una de las joyas del disco, con diferencia.
La segunda mitad la abrimos con “Time Will Tell”, el último single del álbum que podéis escuchar AQUÍ y que mantiene un poco la línea del mismo.
Pero la rubita cantante sigue guardándose ases bajo el vestido y es que “Eat The Hate”, es una suerte de pop punk cabreado y algo teen, que le aporta frescura al disco y seguramente sorprenderá a sus seguidores por su frenético ritmo y un agresivo final donde Poppy demuestra ser mucho más que “La chica rarita y alternativa” del momento.
Por el contrario “The Wait”, baja un poquito las revoluciones, sin llegar a ser una balada, si que es menos intensa que las piezas anteriores y quizás podría encajar en la órbita de Spiritbox, pero sin perder su identidad propia.
Con “If We’re Following The Light”, vemos ahora si el lado más intimista de esta chica, con una atmósfera a lo Deftones y un derroche vocal impresionante por su parte, con screams muy agudos y poderosos, melodías bellas y melancólicas, que se acompañan por una gran base rítmica y unos sintetizadores que Jordan seguramente hubiera usado para su etapa anterior en BMTH.
El binomio alternativo compuesto por “Ribs”, con un sonido que bien podría haber encajado en su disco anterior, lleno de matices pop con toques alternativos y Poppy sonando más dulce que una nube de algodón, pero con capas de electrónica que te invitan al baile. Mientras que “Empty Hands”, cierra el disco de forma incendiaria con un toque de hardcore/punk/metal claramente influenciado por Knocked Loose, banda con la que Poppy colaboro el año pasado y de la cual ha tomado prestada cierta influencia sobre todo para la forma de cantar y producir este explosivo corte.
Una vez más, la cantante norteamericana ha vuelto a dar en la diana con este nuevo trabajo, el cual va ganando puntos con cada escucha que uno le de y que tiene muchos matices y secretos a descubrir, algo que la destaca por encima de la media y que hace de Poppy una de las artistas más interesantes y destacadas de la actualidad.


Nangrad, proyecto unipersonal paraguayo liderado por Faust (A.K.A. Varknar), presenta A Cold Breeze of Death, su nuevo álbum publicado el 2 de enero de 2026. Con ocho canciones y una duración que apenas supera los 32 minutos, el disco se mueve dentro de un black metal melódico de fuerte impronta noventera, una propuesta que sin dudas conectará con seguidores de bandas como Dissection. Desde el inicio queda claro que se trata de un trabajo directo, enfocado y sin rellenos.
El álbum arranca con una breve introducción que da paso rápidamente a “Legions of the Dark”, donde se exponen las principales características del disco: riffs veloces, melodías oscuras y una base rítmica constante. Esa línea se mantiene en “Bloody Tears”, que refuerza la agresividad con partes habladas superpuestas a los riffs, aportando variedad sin romper el ritmo general del álbum. La producción es cruda pero clara, permitiendo que las guitarras lleven el peso principal de las composiciones.
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El momento más extenso llega con “Far Beyond All Light”, que supera los siete minutos y permite un desarrollo más amplio. A mitad del tema, la canción entra en una sección instrumental que aporta aire y dinámica antes de que regresen las voces, logrando uno de los pasajes más sólidos del disco. Este equilibrio entre velocidad, melodía y momentos más atmosféricos muestra una intención compositiva clara y bien ejecutada.
En la segunda mitad del álbum aparece “Beatriz”, un instrumental acústico que funciona como pausa antes de retomar la intensidad con “The Reaper” y “Under the Grave”, ambos marcados por la velocidad y el enfoque clásico del black metal melódico. El cierre llega con “Whispers of Night’s Embrace”, una breve pieza instrumental de piano que baja el telón de forma sobria. A Cold Breeze of Death deja una impresión positiva y posiciona a Nangrad como un nombre a seguir dentro del underground sudamericano.

Texto: Matías Frank
Soen acaba de sacar su séptimo álbum de estudio, Reliance. Los suecos, al mando del baterista ex Amon Amarth y Opeth, Martin Lopez, y del cantante Joel Ekelöf, pasaron por el estudio de grabación después de tres años para encontrarle un sucesor a Memorial, editado en 2023.
El sonido del disco es redondo, con potentes riffs y solos virtuosos, la versatilidad en la batería de Lopez y algunos pasajes con alguna reminiscencia a Iron Maiden y al metal clásico escandinavo.
Las letras del álbum siguen un poco la línea marcada por los discos anteriores, temas que hablan de la condición humana, críticas a la sociedad actual, la política, la corrupción y el alíneamiento que produce el mundo virtual.
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“Primal” es el nombre de la canción que abre el álbum y también uno de los cuatro singles que la banda fue lanzando desde septiembre del año pasado, seguido por “Mercenary”, “Discordia” e “Indifferent”, este último lanzado en 2026.
Al adentrarnos en el disco, “Primal” nos recibe con un riff directo, potente y súper headbanger, para dar paso a un estribillo melódico que contrarresta y trata de decirnos que no todo está perdido.
Y como no todo es riffs y cambios repentinos de doble bombo a melodías tranquilizadoras, también hay lugar a temas como “Indifferent”, donde la banda muestra su lado más acústico resaltando la voz de un Joel íntimo acompañada de un piano y un solo de guitarra casi minimalista, justo y sin excesos.
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No quiero dejar de mencionar el tema que cierra el álbum, “Vellichor”. Con coros que le generan una atmósfera sombría y envolvente, otra vez con un solo de guitarra que destaca por su sencillez, pero que hace lo que el tema pide.
En líneas generales, el disco es bueno; es un trabajo prolijo, pero no llega a destronar álbumes anteriores como Cognitive o Lotus. De todas maneras, vale mucho la pena su escucha tranquila, ya que se van a ir encontrando matices muy interesantes. Y por supuesto no puedo esperar a escuchar el disco en vivo y tener esa sensación en directo.


Ya lo advertía cuando sacaron su primer single “Peace”, el pasado viernes y que podéis volver a escuchar AQUÍ, la nueva aventura musical de Siyeon, vocalista surcoreana conocida por su excelente labor pasada al frente de Dreamcatcher y que lleva por título ChRocktikal, venía a por todas con su disco debut y desde luego que una vez escuchado el disco en repetidas ocasiones, así lo ha sido y con creces.
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Tras una intro bastante moderna y algo caótica, la banda arremete con todo en “Peace” y sin dejarte tiempo para reaccionar ante tal vendaval, nos regalan “Víctor”, de nuevo con un riff pesado al más puro estilo Halestorm, la banda continúa la senda del álbum como marcaba su predecesora con una Siyeon impecable a las voces, aguda cuando quiere, melódica cuando se necesita y sobre todo con una personalidad arrolladora que la diferencia de cualquiera de sus compañeras de profesión tanto europeas como americanas.
Sin duda un binomio estupendo para presentar en sociedad este primer disco y demostrando que aunque nos duele aún que Dreamcatcher no sigan, desde luego con este proyecto, la cantante demuestra aún más potencia creativa si se quiere y puede abrirse paso en una escena completamente distinta a la que tenía con su ex-compañeras.
Pero espérate que aún no hemos hecho más que empezar y es que “KALish”, es una auténtica bomba de relojería, donde tras una guitarra pesada y moderna, la banda enseña sus garras afiladas por medio de su vocalista, quién por primera vez nos sorprende con ciertos “Screams” que van a dejar perplejos a más de uno y que incluso pasan por encima de los últimos singles de bandas como The Pretty Reckless o Diamante.
Con el dúo conformado por “Ride” y “Myself”, llegamos al ecuador del disco, mientras la primera podría recordar un poquito a la parte rockera de DC y a la vez combinada con guiños a bandas como Against The Current y un solo de guitarra impecable por parte de Lee Wonseok, lo que ofrece “Myself”, oxigena al disco, al ser un poquito más pausada que las cinco piezas anteriores y nos da un respiro (ligero, eso sí porque el vozarrón de esta chica no tiene desperdicio) con una pieza más pop rock, pero que nos gana en emoción ya que la delicadeza del comienzo del corte pone los pelos de punta al oyente.
El disco comienza su segunda parte con “All in on Me” y seguramente sea el corte menos interesante y destacado del álbum, lo cual puede generar una confusión al que venga enganchado con los primeros temas, ya que se trata de un corte pop con aires bailables que bien podrían haber creado los Paramore del álbum homónimo o incluso Miley Cyrus y que no encaja para nada con la tónica del conjunto rockero que ChRocktikal pretenden defender en este debut.
Mucho mejor es el medio tiempo “Shame”, con un gran solo de guitarra al principio y una base delicada que Siyeon embellece aún más con su voz para encarrillar el disco en su recta final.
Pero quizás “Iris”, debería haber estado en otro lugar del disco ya que al ser otro corte lento, puede cansar al oyente que quería más caña como al principio, ahora en favor de la banda, decir que es una balada preciosa, que va a sacar las lágrimas de sus seguidores y cuya emoción está fuera de toda duda, por no hablar de que a nivel vocal esta chica es una de las mejores voces de su generación. La guitarra brilla al más puro estilo Goo Goo Dolls o Bon Jovi y acompaña perfectamente la armonía del tema.
Tras una continuista pero bonita “Masterpiece”, el disco llega a su fin con “Free!”, quizás una declaración de intenciones de la cantante ya que ahora puede hacer lo que quiera con su carrera y ha tomado las riendas artísticas que la han llevado a componer y grabar un debut tan redondo como este, al que habría que cambiarle el orden de alguna canción, pero cuyo resultado final lo coloca ya como uno de los mejores discos del año y pone a ChRocktikal como una de las revelaciones de la temporada, veremos hacia donde los lleva su futuro, pero de momento, su presente es más que interesante.


Noxious Emissions es el EP debut de Voidhämmer, un power trío estadounidense que nos trae este primer lanzamiento a través del siempre interesante sello Caligari Records, y que no debería confundirse con la otra banda estadounidense que usa el mismo nombre pero sin la diéresis. Tras pasar los dos últimos meses de este último 2025 con la sequía típica de fin de año, este 2026 arranca con una catarata de nuevos lanzamientos, no sólo de bandas grandes sino también en el under profundo, y el combo de nombre de artista, logo, título de álbum y portada me causaron curiosidad ya a primera vista.
Las cuatro canciones de este EP tienen dos grandes influencias supurando a flor de piel por todos los poros. La primera es obvia apenas damos comienzo a “Rotting In Excrement”, donde se ve una deuda importante a los sonidos extremos del death metal de principios de los noventas, en especial a bandas como Autopsy y Asphyx que combinaban los riffs podridos con esos pasajes de puro doom oscuro y cavernoso.
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La segunda se vuelve más obvia a parte de la segunda “Cadaveric Bloat” y se mantiene a lo largo del resto del álbum, y esa es el punk. Tanto esa como “Phosphorized” y “Coffin Leakage” tienen unos arrancones de velocidad, manteniendo esa marcha a lo Motörhead que adoptaran muchas bandas de crust punk y d-beat de los ochentas, con Discharge y Anti-Cimex como referencias obvias. De vez en cuando tenemos blast beats y secciones a puro doble bombo, creando una combinación brutal que seguramente provoca una gran cantidad de pogo en vivo.
Algo que termina por cerrar todo lo hecho en el álbum es la producción, con esa sonoridad sucia y grave donde tanto los instrumentos como la voz parecen salir de alguna alcantarilla. ¿Es la mejor manera de apreciar todos los detalles musicales? Ciertamente no, y me imagino que muchas personas puede que encuentren difícil escuchar un disco con un sonido tan complicado y lo-fi. Pero creo que agrega bastante a la atmósfera de Noxious Emissions, porque no me parece que un álbum con semejante nombre vaya a sonar cristalino en su producción.
Este EP debut no es perfecto. Puede que le falte un poco de variaciones a las voces, con esos rugidos lejanos perdiendo impacto a medida que se repiten una y otra vez, y lo mismo podría decirse de las estructuras de las canciones. Con 14 minutos la primera escucha del álbum se termina antes de que uno pueda llegar a pensar que las cosas se están poniendo monótonas, pero tampoco es que se pueda extender mucho sin caer en eso.
Tampoco es que sea un tremendo error por parte de Voidhämmer ni que estén obligados a andar metiendo miles de variantes. Creo que algo interesante es que suene (y lo más seguro es que haya sido) grabado en vivo en un sótano, dando como resultado un sonido crudo pero no queda como que se estén forzando a embarrar el sonido. y será interesante ver cómo irán evolucionando las cosas a futuro, considerando que la base mostrada en este EP promete mucho. Si te gusta el death metal y el punk a partes iguales, este debut de Voidhämmer será una escucha rápida e interesante.
Etiquetas: Crust Punk, Death Metal, Estados Unidos, Voidhämmer

Marianas Rest, banda finlandesa especializada en metal melancólico, presenta su quinto disco, The Bereaved. Desde su formación en 2013, el grupo ha construido un estilo propio que combina doom, melodic death y post-metal, y en esta nueva obra continúan explorando temáticas de duelo y pérdida. El álbum se centra en las distintas etapas del luto, ofreciendo una propuesta musical que mantiene la atmósfera oscura y emotiva que caracteriza a la banda, consolidando su reputación dentro del metal extremo y melancólico europeo.
El disco consta de diez canciones, todas estrechamente ligadas por su tono sombrío y reflexivo. Abre con “Thank You For The Dance”, un tema pausado que establece la atmósfera general del álbum, seguido de piezas como “Rat In The Wall”, “Burden”, “Diamonds In The Rough” y “The Colour Of You”, que combinan riffs pesados con secciones más melódicas. La estructura de las canciones permite que los contrastes entre momentos más agresivos y pasajes introspectivos mantengan la tensión y la emoción durante toda la escucha, haciendo que cada tema tenga su propio peso dentro del conjunto.
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En cuanto a las interpretaciones, el disco destaca por la precisión y fuerza de sus músicos. Los guitarristas Harri Sunila y Nico Mänttäri alternan riffs contundentes con melodías cuidadas, mientras que los teclados de Aapo Koivisto aportan texturas inquietantes que refuerzan la atmósfera. La sección rítmica formada por Niko Lindman al bajo y Nico Heininen en la batería sostiene cada tema con firmeza, y las voces de Jaakko Mäntymaa combinan guturales con registros limpios en los momentos más emotivos, logrando transmitir tanto agresividad como melancolía.
Con The Bereaved, Marianas Rest demuestra que sigue creciendo como banda, mostrando madurez compositiva y un sonido compacto que mantiene su identidad a lo largo de toda la obra. El álbum logra equilibrar intensidad, técnica y emoción, abordando de manera directa la experiencia del duelo sin perder la conexión con el oyente. La combinación de pesadez instrumental, atmósferas sombrías y detalles melódicos consolida a Marianas Rest como un referente en el metal melancólico actual, reafirmando su lugar dentro de la escena europea del género.

Cuando decimos que Megadeth ha sido una de las mejores bandas de la historia del metal, nadie se atreve a ponerlo en discusión. Mas de 43 años de una impecable carrera y 17 discos de estudio, lo avalan, pero ahora ha llegado el momento de decir adiós. Dave Mustaine anunció el retiro de la banda y lo hará como los grandes merecen: con una gira despedida y un último disco. Megadeth, es su última obra y luego de varias escuchas, el staff de Track To Hell se ánima a compartir sus sensaciones en esta reseña grupal:

Megadeth cierra su historia con un álbum que está bien, suena profesional, pero le falta punch. No hay esa rabia que los hizo grandes.
La producción es limpia, quizás demasiado. Verbeuren la rompe en batería y Dave canta sorprendentemente bien para todo lo que pasó, pero el contenido no acompaña. Me quedo con tres o cuatro temas: “Tipping Point”, “Let There Be Shred” y “I Don’t Care” me gustaron, tienen esa onda vieja que buscaba. El resto pasa de largo.
Hay canciones como “Hey God!” o “Another Bad Day” que no entiendo para qué están. Mustaine quiso meter de todo, todas las épocas de la banda en un solo disco, y terminó siendo un promedio tibio. “The Last Note” es la despedida literal de Dave, tiene su momento emotivo pero no te vuela la cabeza. Y el cover de “Ride The Lightning” mejor ni hablemos, parece un chiste.
No es la despedida que yo esperaba después de tantos años siguiéndolos. Es un disco agridulce, digno pero no te deja nada. Confirma que Megadeth ya había dado todo lo que tenía para dar hace bastante. Se despiden, sí, pero sin esa última gran épica que merecían.

Para mí, este disco funciona bien como cierre de la carrera de Megadeth, sobre todo si se lo compara con varios traspiés de sus álbumes anteriores. No es un trabajo brillante ni pretende estar a la altura de los clásicos, pero sí suena honesto y coherente con lo que la banda fue durante años. Hay thrash reconocible, riffs filosos, solos protagonistas y una intención clara de repasar distintas etapas de su historia, algo que en el contexto de despedida se valora mucho más. Canciones como “The Last Note” logran transmitir ese clima de final anunciado que le da sentido a todo el álbum.
Claro que también están presentes los vicios de siempre: temas que suenan repetidos, decisiones discutibles y la innecesaria versión de “Ride the Lightning”, que aporta poco y parece más un gesto de ego que artístico. Aun así, considerando el nivel irregular de los discos previos, este álbum se siente como un cierre digno y hasta respetable. No emociona como un gran clásico, pero evita el papelón y permite despedirse con cierta dignidad, algo que no todas las bandas legendarias logran cuando llega el momento de decir adiós.

Ciertamente este álbum sólo podría haber sido hecho por Megadeth. El arranque con “Tipping Point” es bien thrashero y tiene a Teemu Mäntysaari demostrando ser un compañero letal del Colorado, “Let There Be Shred” es una canción autorreferencial que cumple su trabajo en mostrar el poderío metalero de la banda, “Made To Kill” cumple con la promesa de su título, y “The Last Note” es una canción sentida con un interesante arreglo de guitarra acústica que seguro a más de uno le recordará a ese break en “Holy Wars” y un final oscuro que funciona como elegía al fin de Megadeth. En lo malo, “I Don’t Care” es una de las peores canciones que haya sacado Megadeth y que encima fuera uno de los singles es inentendible, y Mustaine decidió hacer una y otra vez la misma canción a medio tiempo donde no ayuda que siempre use las mismas melodías vocales. Encima el álbum cierra con su cover de “Ride The Lightning”, con una versión copiada y pegada pero que logra ser peor en todos los aspectos.
Si querés escuchar una base brutal y a Mustaine prendiendo fuego las cuerdas de su guitarra con sus riffs mientras de vez en cuando convierte sus limitaciones vocales en fortalezas, y siempre y cuando tengas estómago para las letras y actitud de “posteo de padre divorciado en Facebook”, entonces Megadeth es una despedida muy digna aunque no sea perfecta. Bien para la gente que le gustara los dos últimos álbumes y tal vez lo quiera con un poquito más de picante por el contexto.

El disco que todos empezamos a escuchar por el track 11. Si no fuera por el anuncio de que se trata del último lanzamiento de estudio de la banda, posiblemente seríamos menos los que le prestáramos atención. No es que un nuevo álbum de Megadeth no genere expectativas, sino que, siendo sinceros, las últimas entregas no habían despertado gran interés y fue poco o nulo su aporte al gran legado de la banda de Dave Mustaine.
Pero acá estamos, con este disco autotitulado que contiene 10 canciones bien enmarcadas en el Heavy/Thrash tradicional, excelentemente ejecutadas, pero nada más. Era muy difícil esperar algo a la altura de los clásicos, una vara que Megadeth se encargó de dejar altísima. Algunos disfrutaran más del vértigo de “Let there Be Shred”, otros de la oscura “The Last Note”, pero sin puntos sobresalientes. Y con respecto a “Ride The Lightning”, se trata de una versión fiel a la original, apenas subida en tempo y que respeta los solos, melodías y fraseos, adaptados por supuesto al modo de Mustaine. Incluir esta canción es un acierto de marketing, pero un traspié artístico ya que eclipsa al resto de la placa.
Solo me resta decir que por siempre estaré del lado de Megadeth y no me es indiferente saber que el final está cerca. Aunque queden pocas cartas por jugar de parte del Colorado, es bueno haber acompañado este largo camino desde hace tantos años.

Los días en que las leyendas se van retirando, o dejando este plano, ya han llegado. Hay casos en los que esto sucede de manera abrupta y otros de forma premeditada. Tal es el caso de Megadeth, que anunció su disco de despedida.
Se trata de un trabajo digno de un final, por varios motivos. Las canciones recorren la variedad de estilos que la banda practicó a lo largo de toda su carrera, por lo que cada tema remite a diferentes etapas del recorrido del grupo. La guitarra es, sin dudas, la gran protagonista del disco, tal como lo fue siempre en el sonido de Megadeth. Brilla y derrocha calidad y buen gusto en cada pasaje.
Por último, las letras, más allá de alguna excepción, son sólidas. Estas buscan expresar el último grito de rabia de Mustaine y darle un cierre poético a la trayectoria de la banda.
La versión de “Ride the Lightning” no aporta nada y resulta innecesaria. Con “The Last Note”, el disco cierra de manera perfecta. Un muy buen álbum para poner punto final a una extensa y fabulosa carrera.

A ver… es un disco de Megadeth, como lo que ya venimos escuchando hace por lo menos 20 años. Yo no me esperaba otra cosa sinceramente. Mis expectativas se regían simplemente por lo que una banda super consagrada y que ya toco el cielo con las manos, puede dar. No me esperaba que el colorado hiciera la épica con este disco y no lo termina haciendo, pero al margen de eso, es un buen disco de despedida.
Es un álbum que va y viene entre canciones que suenan bien thrash old school y canciones con un gancho más rockero. Quizás, por lo que significa una despedida, lo musical pasa a un segundo plano y hay que prestarles atención a las letras (en especial a “The Final Note”). Tiene algunos puntos un poco más altos que otros (me gusta mucho “Obey The Call”) pero dentro de todo es bastante parejo. ¿Lo mejor? El arte de tapa (ja), es lo único que realmente simboliza la despedida de una banda. Lo peor es la innecesaria versión de “Ride The Lightning”. Lo de siempre, pero igual digna despedida del colo!.

Un viejo sabio con años de música y metal a sus espaldas me dijo una vez, que si lo más memorable que tiene un disco es su portada, es porque estamos hablando de un disco olvidable. ¿Qué les puedo decir? Si el disco no se auto titulará Megadeth o no fuera el último de la banda, pasaría sin pena ni gloria. Como la gran mayoría de obras que saco Mustaine del 2000’, en adelante.
A ver, no se trata de un mal disco. Posee buenos temas como “Tipping Point” o “Made To Kill” que resultan cumplidoras y disfrutables. Las composiciones no se desentonan y hay momentos en los que Mustaine se gana un par de palmaditas en la espalda por su destreza en la guitarra. Pero tratándose de un disco que anunciaste con fuegos y cohetes que va a ser tu despedida, que es la excusa de tus últimas giras por el mundo, y va a ser el último legado musical que vas a dejar, la verdad es que sabe a muy poco el disco. No sabe a despedida, no sabe a legado, no sabe a Megadeth. No al menos, al clásico. Para esto, mejor hubieras dejado que el anterior disco sea el último, que al menos presentaba más personalidad, e incluso voluntad.
Al fanático de toda la vida le va a encantar. Al más benevolente, le va a alcanzar. Y al más crítico, le va a parecer intrascendente. Ni más ni menos. No habrá consenso por ese lado. Pero espero que al menos la haya con el cover de Metallica. Mamita. El colo habrá perdido la habilidad para cantar pero no para contar chistes. El de que su versión de “Ride The Lightning” iba ser muy distinta y mejor es uno de ellos.


Dentro del black metal es habitual encontrarse con proyectos unipersonales, donde un solo músico se encarga de todos los instrumentos y de construir cada matiz del sonido. Esta práctica se remonta a los años noventa, con la primera ola del black metal noruego, y continúa plenamente vigente hasta hoy. Del mismo modo, otro rasgo distintivo del género son las letras de corte oscuro, anticristiano y, en muchos casos, abiertamente satánico.
En este contexto aparece Pactum Sanguine Novo, último trabajo del proyecto unipersonal Dawnbreaker. Lo que diferencia a este lanzamiento de la mayoría de sus pares no está en lo musical, sino en el contenido lírico: letras cristianas, con fragmentos textuales de la Biblia y un mensaje explícito de devoción hacia Dios.
Este enfoque genera un contraste marcado con la música, que se mueve en un terreno completamente opuesto. El sonido es oscuro, denso y agresivo, claramente influenciado por el black metal noruego clásico, con Mayhem como referencia evidente. Abundan los riffs en tremolo picking, los pasajes ritualísticos y una voz gutural cambiante, que alterna entre gritos agudos tradicionales y registros más extraños e inquietantes.
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A nivel producción, el álbum presenta un buen balance general, con guitarras y voces al frente, pero sin relegar del todo a la base rítmica de batería y bajo. La atmósfera que se construye es claramente ritualista y devocional, aunque desde lo sonoro nada delata el trasfondo cristiano del proyecto. De hecho, si no se leyera previamente sobre el concepto del disco, difícilmente podría sospecharse.
El punto más débil del trabajo aparece en la falta de una identidad propia. Sin caer en el refrito, la influencia del black metal noruego es tan marcada que por momentos el disco se vuelve predecible y no logra despegarse del molde clásico.
En definitiva, Pactum Sanguine Novo es un álbum sólido y bien ejecutado, que cumple con los cánones del género y puede resultar atractivo para los seguidores del black metal tradicional. Sin embargo, más allá de su particular enfoque lírico, no ofrece elementos realmente novedosos dentro de un terreno ya ampliamente explorado.







