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Stoned Jesus en Madrid: “Una Montaña de Amor”
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Cuando llegamos esta tarde a la sala Nazca parecía que íbamos a ser muy pocos los que disfrutaríamos de este triple concierto del The Dark Side and Spring Equinox Tour, sin embargo no fue así en absoluto: el público llegó justo de hora pero en abundancia.

El primer plato corrió a cargo de los jóvenes Ice Sealed Eyes: una banda belga de newcore que me sorprendió muy positivamente. Sus looks neo-góticos, la pasión de cada uno de ellos (que vivían profundamente la actuación) y su potencia musical, se hicieron notar y calentaron al público que poco a poco empezaba a llenar la sala.

Y es que además, el vocalista Noé Peigneur sabe cantar: nos deleitó bordando unos melódicos muy dulces y también unos potentes guturales que me hicieron pensar en el mismísimo Will Ramos. 

Se nota que el cuarteto cuida mucho su apartado estético, e iba acompañado de su propio fotógrafo, James K. Barbosa que incluso se unió a cantar con la banda en el tema “Deadweight”.

Sin duda, hicieron un buen trabajo y supieron ganarse a los presentes, pese a ser una propuesta muy diferente al stoner y al progresivo de los cabezas de cartel. Estaré atenta a esta banda, que promete mucho.

Tras una breve pausa para cambiar el equipo, el aire empezó a chispear y una ola de felicidad pareció envolver la sala. Stoned Jesus estaban allí, y su sola presencia bastaba para poner al público en éxtasis. 

El trío hizo realidad el dicho de que menos es más llenando el escenario de sonido y de carisma. El público se triplicó en un segundo y muchos de los presentes headbangearon más, solamente en el primer tema (“New Dawn”), de lo que lo habían hecho en toda la actuación anterior. La complicidad y el amor entre esta banda y sus fans son realmente imparables.

Igor Sydorenko iba dedicando algunas palabras al público entre canción y canción, bastantes de ellas en español. Agradeció a los presentes que se acordaran de Stoned Jesus después de unos años sin pisar España y prometió que pronto volverían. Su voz es hipnótica y su sonrisa, contagiosa. El trance que le envuelve al tocar la guitarra y cantar arrastró a toda la sala, que gritó con él, coreó con él y saltó con toda la banda.

Igor tuvo incluso la deferencia de entregar su púa en mano, con mucho cariño, a un fan entusiasta, y todos nos alegramos con él.

También muy carismático estuvo Andrew Rodin, bajista en una de las pocas bandas cuyo bajo tiene tanto protagonismo como una guitarra rítmica o incluso solista en algunos momentos. Hizo un enorme trabajo y, como pequeño detalle, me encantó ver el pequeño tatuaje de “Hora de aventuras” que lleva en el tobillo.

También tengo que mencionar al nuevo batería de la banda, Ihor Biriuchenko, al que se le veía disfrutar muchísimo y que nos sorprendió tocando descalzo (en calcetines) casi toda la actuación.

Fueron nueve largas canciones cargadas de intensidad, que sin embargo parecieron pasarse en un suspiro. El punto álgido, como no podía ser de otra manera, fue “I’m The Mountain”, muy esperada y emocionante (se nota que la banda sigue disfrutando tocarla en directo). Esto sin desmerecer por supuesto a las canciones del nuevo disco “Songs to sun”, cuyos fans ya las tenían totalmente interiorizadas.

Finalmente, con un bonito pogo en “Here Come the Robots”, acabó la actuación y gran parte del público acudió a la mesa de merch para comprar algo y también hacer alguna donación para los damnificados de la guerra en Ucrania.

Tras otra breve pausa para cambiar el equipo, era el momento del metal progresivo de Wheel. Las vibraciones de la sala volvieron a cambiar para coordinarse con la agresividad contenida de la banda. Pero, si bien los finlandeses se mostraban totalmente hieráticos, esto se compensaba con la expresividad de un público muy entregado, que llenó el aire de cuernos en cada uno de los temas. 

Esta fue una actuación muy sensorial, con un volumen brutal a los bajos, que hacían temblar mi caja torácica, y unas luces intensas y, por momentos, epilépticas. 

“Resident human” fue uno de los puntos álgidos de su show, antes de la cual el vocalista interactuó un poco con el público y nos habló brevemente de paradas anteriores de su tour, en inglés pero atreviéndose también con alguna expresión en castellano. Por su parte vimos al guitarrista Jussi Turunen soltarse literalmente la coleta y disfrutar de la energía de la sala, tocando cara a cara con Jere Lehto, al bajo, con quien hace un excelente combo. 

Pese a la inexpresividad calculada del principio, los miembros de la banda no pudieron evitar sonreír más y más a medida que se desarrollaba la actuación, debido sobre todo al cariño del público, al cual correspondieron con unas efusivas palabras de James Lascelles antes de los bises, quien preguntó qué nos habían parecido las bandas anteriores, cuántos de los presentes habían visto antes a Wheel en directo y, finalmente, qué nos había parecido su actuación, ante lo cual la sala se llenó de vítores. El show se cerró con la canción homónima de la banda, levantando un mosh pit final realmente intenso.

En resumen, una noche llena de talento e intensidad, que dejó a todos exhaustos y satisfechos.

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Stoned Jesus en Madrid: “Una Montaña de Amor”
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Cuando llegamos esta tarde a la sala Nazca parecía que íbamos a ser muy pocos los que disfrutaríamos de este triple concierto del The Dark Side and Spring Equinox Tour, sin embargo no fue así en absoluto: el público llegó justo de hora pero en abundancia.

El primer plato corrió a cargo de los jóvenes Ice Sealed Eyes: una banda belga de newcore que me sorprendió muy positivamente. Sus looks neo-góticos, la pasión de cada uno de ellos (que vivían profundamente la actuación) y su potencia musical, se hicieron notar y calentaron al público que poco a poco empezaba a llenar la sala.

Y es que además, el vocalista Noé Peigneur sabe cantar: nos deleitó bordando unos melódicos muy dulces y también unos potentes guturales que me hicieron pensar en el mismísimo Will Ramos. 

Se nota que el cuarteto cuida mucho su apartado estético, e iba acompañado de su propio fotógrafo, James K. Barbosa que incluso se unió a cantar con la banda en el tema “Deadweight”.

Sin duda, hicieron un buen trabajo y supieron ganarse a los presentes, pese a ser una propuesta muy diferente al stoner y al progresivo de los cabezas de cartel. Estaré atenta a esta banda, que promete mucho.

Tras una breve pausa para cambiar el equipo, el aire empezó a chispear y una ola de felicidad pareció envolver la sala. Stoned Jesus estaban allí, y su sola presencia bastaba para poner al público en éxtasis. 

El trío hizo realidad el dicho de que menos es más llenando el escenario de sonido y de carisma. El público se triplicó en un segundo y muchos de los presentes headbangearon más, solamente en el primer tema (“New Dawn”), de lo que lo habían hecho en toda la actuación anterior. La complicidad y el amor entre esta banda y sus fans son realmente imparables.

Igor Sydorenko iba dedicando algunas palabras al público entre canción y canción, bastantes de ellas en español. Agradeció a los presentes que se acordaran de Stoned Jesus después de unos años sin pisar España y prometió que pronto volverían. Su voz es hipnótica y su sonrisa, contagiosa. El trance que le envuelve al tocar la guitarra y cantar arrastró a toda la sala, que gritó con él, coreó con él y saltó con toda la banda.

Igor tuvo incluso la deferencia de entregar su púa en mano, con mucho cariño, a un fan entusiasta, y todos nos alegramos con él.

También muy carismático estuvo Andrew Rodin, bajista en una de las pocas bandas cuyo bajo tiene tanto protagonismo como una guitarra rítmica o incluso solista en algunos momentos. Hizo un enorme trabajo y, como pequeño detalle, me encantó ver el pequeño tatuaje de “Hora de aventuras” que lleva en el tobillo.

También tengo que mencionar al nuevo batería de la banda, Ihor Biriuchenko, al que se le veía disfrutar muchísimo y que nos sorprendió tocando descalzo (en calcetines) casi toda la actuación.

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Esta fue una actuación muy sensorial, con un volumen brutal a los bajos, que hacían temblar mi caja torácica, y unas luces intensas y, por momentos, epilépticas. 

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