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Cavernal Fest I en Madrid – Día 01: “Fuzz, devoción subterránea y comunión underground”
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Hay salas y barrios que respiran una devoción especial por la música en directo. El pasado 1 de octubre de 2026, el amado barrio de Vallekas se convirtió en el epicentro de la pesadez y el fuzz con la jornada inaugural del Cavernal Fest I en la sala The Godfather. Promover e impulsar un festival de dos días en pleno mes de octubre en una capital como Madrid, con una oferta cultural desbordante y saturada de citas musicales, es un acto de valentía, esfuerzo y cariño absoluto por la escena underground. Pese a que la asistencia registró una entrada algo justa para la inmensa calidad artística del cartel, el ambiente fue inmejorable. El público respondió con entusiasmo, acudiendo a la zona de merchandising para adquirir discos y camisetas, demostrando que la comunidad apoya las iniciativas nacidas desde abajo. Un verdadero impulso de aire fresco y un gustazo para el circuito local.

La sala The Godfather cumplió con creces en el apartado sonoro y visual. En lo acústico, ofreció un sonido equilibrado, potente y nítido que permitió apreciar cada matiz de las tres formaciones. En el plano estético y lumínico, la velada dejó un matiz curioso: la iluminación resultó todo un desafío técnico para la fotografía de conciertos por la intensidad y el reparto del color, pero para el espectador supuso una experiencia totalmente envolvente. Cabe destacar el esfuerzo del personal de la sala por lanzar humo de manera estratégica y ajustar los juegos de luces a cada momento de la noche: ráfagas dinámicas durante los subidones de las canciones, cambios de intensidad en los pasajes atmosféricos, penumbra mística durante los interludios y focos dirigidos hacia la pista para dar el verdadero protagonismo al público. Un trabajo minucioso que potenció las sensaciones de cada concierto.

Los encargados de abrir el festival y romper el hielo fueron los asturianos Phoenix Cvlt, una formación que ha irrumpido en la escena con una propuesta conceptual única, contundente y llena de personalidad dentro del occult rock y el stoner doom. A pesar de su trayectoria joven, la banda se ha ganado un hueco en el circuito underground gracias a una cuidada estética y una imaginería visual atrayente. Tras el lanzamiento de sus primeros sencillos y composiciones donde exploran la devoción, el esoterismo y los ritmos pesados, han creado una identidad reconocible al instante, sostenida sobre riffs monásticos, ritmos pausados pero aplastantes y pasajes hablados que simulan una auténtica liturgia pagana. Técnicamente, el trío construye su sonido sobre una afinación grave en las guitarras, saturadas con pedales fuzz de corte clásico y delays que aportan volumen y profundidad espacial, sostenidas por una sección rítmica sincronizada sobre la que el vocalista despliega registros limpios, resonantes y pasajes narrados. Sobre las tablas de The Godfather, los tres miembros aparecieron ataviados con sus ropajes rituales, transmitiendo y vendiendo su idea al cien por cien desde el primer segundo. Destacaron los espectaculares momentos protagonizados por su vocalista, caracterizado como un particular “cura” con su cuello alzado, alternando la ejecución de su instrumento con solemnes lecturas de un libro sagrado entre estrofas. Cada pasaje recitado puso los pelos de punta a los asistentes, sumergiendo a la sala en una atmósfera misteriosa. Phoenix Cvlt obligó al público a despertar y entrar de lleno en la propuesta del festival. Lejos de retirarse tras su actuación, los integrantes de la banda demostraron una camaradería ejemplar, quedándose hasta el último minuto disfrutando del resto de grupos y liándola en primera fila dentro del pogo.

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Desde Umeå, Suecia, Maha Sohona trajo a Vallekas una demostración de calidad musical en otra dimensión, dejando claro por qué son considerados una de las joyas más elegantes y finas del stoner rock y la psicodelia europea. Fundado en 2012, el trío sueco integrado por Erik Andersson en la batería, Thomas Hedlund en el bajo y el virtuoso guitarrista y vocalista Johan Bernhardtson ha construido una carrera impecable basada en la constancia y la madurez compositiva. Su disco Endless Searcher (2021) supuso un salto de gigante en la escena internacional, combinando la pesadez del stoner noventero con pasajes melódicos envolventes reminiscentes del post-rock. En el plano puramente técnico, Maha Sohona ofreció una interpretación de nivel superior basada en la dinámica: alternan pasajes limpios y cristalinos, donde el bajo dibuja líneas melódicas independientes y la batería utiliza patrones rítmicos complejos con platos bien matizados, con explosiones sónicas donde la guitarra rompe en distorsiones cálidas pero devastadoras mientras la voz de Bernhardtson flota de forma natural sobre la instrumentación. En directo, los suecos apostaron por una actitud estática y concentrada. Sin necesidad de grandes artificios ni aspavientos sobre el escenario, les bastó la enorme calidad de su música para transmitir emociones puras y conectar con la pista. Cada progresión instrumental crecía de forma orgánica hasta explotar en climas de fuzz estratosférico que dejaron a la sala con el cuello roto de tanto agitar la cabeza. Justo antes del bis sonó “Asteroids”, su tema más emblemático, con un recibimiento arrollador. El público, con ganas de más, celebró el bis con un entusiasmo desbordante. Una banda en estado de gracia.

El broche de oro a esta primera jornada corrió a cargo de los chipriotas afincados en Londres Stonus, quienes ofrecieron un concierto memorable cargado de entrega, dinamismo y una energía contagiosa que dinamitó la sala. Formado en Nicosia en 2015, Stonus se ha erigido como un referente emergente del heavy psych y el hard rock de distorsión pesada. Su discografía, encabezada por el aclamado álbum debut Aphasia (2020) y el EP Séance (2021), atesora temas de gran impacto como “Awake”, donde mezclan pasajes psicodélicos, riffs incisivos y letras introspectivas. El quinteto compuesto por Kyriacos Frangoulis en la voz principal, Pavlos Demetriou y Nicky Ray en las guitarras, Andreas Aristides en el bajo y Kotsios Demetriades en la batería destaca por la riqueza que aporta su formato de dos guitarras. Mientras una sostiene la base rítmica con riffs densos y afinaciones pesadas, la otra lanza armonías afiladas, solos virtuosos y efectos de wah-wah y phaser impecablemente alternados, sobre una sección rítmica de bajo y batería precisa y contundente que sirve de colchón a una voz limpia, expresiva y repleta de pequeños matices. Sobre las tablas, la entrega del quinteto fue total, desplazándose por el escenario, buscando la mirada del espectador y contagiando una fuerza arrolladora. La sala The Godfather quedó rendida a sus canciones, esperando cada nuevo subidón para entregarse por completo al moshpit. Guiado por la elocuencia y el carisma del grupo, el público se dejó el alma en el foso en una auténtica fiesta de sudor, abrazos y rock en estado puro.

El balance del primer día del Cavernal Fest I no pudo ser más positivo en lo emocional y lo artístico. La noche demostró que cuando la pasión, el respeto por los músicos y el trabajo bien hecho se unen, el resultado es una experiencia inolvidable para los asistentes. La gente disfrutó, bailó, compartió bebidas y convirtió la sala The Godfather en un refugio de hermandad rockera. Iniciativas como esta merecen todo el apoyo de la comunidad metalera madrileña. En un mes tan complejo como octubre, con decenas de giras internacionales compitiendo por la cartelera, apoyar los festivales autoproducidos y las salas de barrio es la única vía para mantener viva la llama de la música en directo. La primera batalla de este Cavernal Fest se cerró con una sonrisa colectiva, pero esto es solo el principio. Todo quedó preparado y el ambiente caldeado para la segunda jornada del festival, que promete mantener el listón en lo más alto. ¡Larga vida al Cavernal Fest, a la sala The Godfather, a la escena de Vallekas y al metal underground!

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Cavernal Fest I en Madrid – Día 01: “Fuzz, devoción subterránea y comunión underground”
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Hay salas y barrios que respiran una devoción especial por la música en directo. El pasado 1 de octubre de 2026, el amado barrio de Vallekas se convirtió en el epicentro de la pesadez y el fuzz con la jornada inaugural del Cavernal Fest I en la sala The Godfather. Promover e impulsar un festival de dos días en pleno mes de octubre en una capital como Madrid, con una oferta cultural desbordante y saturada de citas musicales, es un acto de valentía, esfuerzo y cariño absoluto por la escena underground. Pese a que la asistencia registró una entrada algo justa para la inmensa calidad artística del cartel, el ambiente fue inmejorable. El público respondió con entusiasmo, acudiendo a la zona de merchandising para adquirir discos y camisetas, demostrando que la comunidad apoya las iniciativas nacidas desde abajo. Un verdadero impulso de aire fresco y un gustazo para el circuito local.

La sala The Godfather cumplió con creces en el apartado sonoro y visual. En lo acústico, ofreció un sonido equilibrado, potente y nítido que permitió apreciar cada matiz de las tres formaciones. En el plano estético y lumínico, la velada dejó un matiz curioso: la iluminación resultó todo un desafío técnico para la fotografía de conciertos por la intensidad y el reparto del color, pero para el espectador supuso una experiencia totalmente envolvente. Cabe destacar el esfuerzo del personal de la sala por lanzar humo de manera estratégica y ajustar los juegos de luces a cada momento de la noche: ráfagas dinámicas durante los subidones de las canciones, cambios de intensidad en los pasajes atmosféricos, penumbra mística durante los interludios y focos dirigidos hacia la pista para dar el verdadero protagonismo al público. Un trabajo minucioso que potenció las sensaciones de cada concierto.

Los encargados de abrir el festival y romper el hielo fueron los asturianos Phoenix Cvlt, una formación que ha irrumpido en la escena con una propuesta conceptual única, contundente y llena de personalidad dentro del occult rock y el stoner doom. A pesar de su trayectoria joven, la banda se ha ganado un hueco en el circuito underground gracias a una cuidada estética y una imaginería visual atrayente. Tras el lanzamiento de sus primeros sencillos y composiciones donde exploran la devoción, el esoterismo y los ritmos pesados, han creado una identidad reconocible al instante, sostenida sobre riffs monásticos, ritmos pausados pero aplastantes y pasajes hablados que simulan una auténtica liturgia pagana. Técnicamente, el trío construye su sonido sobre una afinación grave en las guitarras, saturadas con pedales fuzz de corte clásico y delays que aportan volumen y profundidad espacial, sostenidas por una sección rítmica sincronizada sobre la que el vocalista despliega registros limpios, resonantes y pasajes narrados. Sobre las tablas de The Godfather, los tres miembros aparecieron ataviados con sus ropajes rituales, transmitiendo y vendiendo su idea al cien por cien desde el primer segundo. Destacaron los espectaculares momentos protagonizados por su vocalista, caracterizado como un particular “cura” con su cuello alzado, alternando la ejecución de su instrumento con solemnes lecturas de un libro sagrado entre estrofas. Cada pasaje recitado puso los pelos de punta a los asistentes, sumergiendo a la sala en una atmósfera misteriosa. Phoenix Cvlt obligó al público a despertar y entrar de lleno en la propuesta del festival. Lejos de retirarse tras su actuación, los integrantes de la banda demostraron una camaradería ejemplar, quedándose hasta el último minuto disfrutando del resto de grupos y liándola en primera fila dentro del pogo.

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El broche de oro a esta primera jornada corrió a cargo de los chipriotas afincados en Londres Stonus, quienes ofrecieron un concierto memorable cargado de entrega, dinamismo y una energía contagiosa que dinamitó la sala. Formado en Nicosia en 2015, Stonus se ha erigido como un referente emergente del heavy psych y el hard rock de distorsión pesada. Su discografía, encabezada por el aclamado álbum debut Aphasia (2020) y el EP Séance (2021), atesora temas de gran impacto como “Awake”, donde mezclan pasajes psicodélicos, riffs incisivos y letras introspectivas. El quinteto compuesto por Kyriacos Frangoulis en la voz principal, Pavlos Demetriou y Nicky Ray en las guitarras, Andreas Aristides en el bajo y Kotsios Demetriades en la batería destaca por la riqueza que aporta su formato de dos guitarras. Mientras una sostiene la base rítmica con riffs densos y afinaciones pesadas, la otra lanza armonías afiladas, solos virtuosos y efectos de wah-wah y phaser impecablemente alternados, sobre una sección rítmica de bajo y batería precisa y contundente que sirve de colchón a una voz limpia, expresiva y repleta de pequeños matices. Sobre las tablas, la entrega del quinteto fue total, desplazándose por el escenario, buscando la mirada del espectador y contagiando una fuerza arrolladora. La sala The Godfather quedó rendida a sus canciones, esperando cada nuevo subidón para entregarse por completo al moshpit. Guiado por la elocuencia y el carisma del grupo, el público se dejó el alma en el foso en una auténtica fiesta de sudor, abrazos y rock en estado puro.

El balance del primer día del Cavernal Fest I no pudo ser más positivo en lo emocional y lo artístico. La noche demostró que cuando la pasión, el respeto por los músicos y el trabajo bien hecho se unen, el resultado es una experiencia inolvidable para los asistentes. La gente disfrutó, bailó, compartió bebidas y convirtió la sala The Godfather en un refugio de hermandad rockera. Iniciativas como esta merecen todo el apoyo de la comunidad metalera madrileña. En un mes tan complejo como octubre, con decenas de giras internacionales compitiendo por la cartelera, apoyar los festivales autoproducidos y las salas de barrio es la única vía para mantener viva la llama de la música en directo. La primera batalla de este Cavernal Fest se cerró con una sonrisa colectiva, pero esto es solo el principio. Todo quedó preparado y el ambiente caldeado para la segunda jornada del festival, que promete mantener el listón en lo más alto. ¡Larga vida al Cavernal Fest, a la sala The Godfather, a la escena de Vallekas y al metal underground!

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