

El pasado martes, la Sala Copérnico de Madrid juntó un cartel espectacular. No es habitual que cuatro bandas de metal extremo y moderno logre congregar a tanta gente en un día laborable, pero lo que vivimos fue la confirmación de que el público madrileño tiene hambre de sonidos pesados, sin importar el calendario. Con las entradas vendidas a buen ritmo y un ambiente de expectación palpable desde la apertura de puertas, Crystal Lake, Miss May I, Great American Ghost y Diesect se encargaron de que nadie se acordara de que al día siguiente había que madrugar.
La tarde arrancó con Diesect. Los encargados de abrir fuego no lo tuvieron fácil, pero supieron aprovechar cada minuto de su corto set. Su estilo navega por las aguas del metalcore más moderno, coqueteando con matices del deathcore en la contundencia de sus breakdowns. Lo que hace singular a este tipo de bandas es la capacidad de transitar de una sección rítmica frenética a momentos de puro peso, donde las guitarra afinada en tonos muy bajos crean una atmósfera asfixiante. A pesar de ser los primeros, la entrega de los asistentes ya era notable, algo que ayudó a que el grupo se sintiera cómodo sobre el escenario, no pararo de interactuar y agradecer el “madrugón”. Prometieron volver y espero que sea verdad y pronto.
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Tras ellos, Great American Ghost subieron la energía. Provenientes de Boston, trajeron consigo esa esencia del hardcore más oscuro y agresivo que los caracteriza. Su trayectoria ha sido una carrera de fondo, ganándose el respeto en la escena gracias a trabajos como “Power Through Terror“. Su música se define por una rabia mucho más cruda y directa que la de sus predecesores; aquí no hay espacio para la contemplación. Las guitarras cortantes y una batería que parece querer demoler los cimientos de la sala son sus señas de identidad. Fue en este punto donde las luces empezaron a ganar algo más de intención, aunque el exceso de humo al inicio de su actuación, una constante durante toda la noche, dificultaba un poco el foco y resolución de las fotografías. Por suerte no siguieron con el humo durante el resto del set. La actitud de su frontman es digna de ver y a escasos centrímitos conectar con é es sencillo. Un torbellino de gestos, golpes al aire y una actitud llena de carisma. Nadie podía parar de agitar la cabeza y el calentamiento se completó con un set algo más largo
Para sorpresa de todos los siguientes en salir fueron Crystal Lake. Tras una larga pausa por fallos técnicos el grupo tomó el control, en segundo hizo la sala suya. Tema tras tema se comprobó la pasión y energía que proyecta la banda, la Copérnico entera coreando sus temas fue espectacular. Sinergia. Metal. La banda japonesa ha pasado por una etapa de transición importante tras la salida de su carismático vocalista Ryo, pero con John Robert Centorrino al frente han demostrado que siguen siendo una apisonadora. Su estilo es difícil de encasillar: es metalcore, pero inyectado de djent, elementos electrónicos y una precisión casi matemática que solo ellos saben ejecutar. Temas como “Apollo” o la reciente “The weight of sound” son ejemplos perfectos de su sonoridad; ritmos sincopados, cambios de tempo bruscos y una intensidad vocal que no da respiro.
La trayectoria de Crystal Lake es la de una evolución constante, pasando de ser una banda de hardcore local a un fenómeno internacional que ha sabido reinventarse sin perder la agresividad. Durante su actuación, el despliegue lumínico fue el mejor de la noche para las fotos, con momentos de luz neutra muy luminosos y otros teñidos de rojo o azul. Se llenó de haces de luz que cortaban el aire, predominando de nuevo los tonos rojos intensos que encajaban a la perfección con la violencia sonora del grupo. Aunque de nuevo el humo fue algo excesivo al arrancar, una vez que se disipaba, el espectáculo visual ganó muchos enteros.
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El momento épico de la velada llegó con Miss May I. Hacía tiempo que no se sentía una conexión tan inmediata entre una banda y su público, se notaron los años sin pasar por nuestro país. Los de Ohio son unos veteranos del metalcore melódico, y se notaba que había muchas ganas de verlos en España. Su estilo es una mezcla perfecta entre la herencia del death metal melódico sueco y la energía del metal estadounidense de mediados de los 2000. Canciones extraídas de discos clave como “Monument” o “Apologies Are for the Weak” desataron el caos en la pista. Lo que hace únicos a Miss May I es esa capacidad de combinar estribillos coreables y épicos con una base rítmica de doble bombo incesante y riffs de guitarra muy técnicos. Ver a toda la sala saltar al unísono bajo los haces de luz fue, sencillamente, uno de los puntos álgidos de la noche. Se notó que el grupo disfrutó cada segundo, devolviendo la entrega con una ejecución impecable.
En cuanto al apartado técnico, el audio de la sala volvió a cumplir con las expectativas. La Sala Copérnico tiene esa particularidad de sonar compacta y potente sin llegar a emborronar las guitarras, algo vital en géneros donde la nitidez de los instrumentos es lo que marca la diferencia. Salvo el detalle del humo inicial, que a veces empañaba la labor de los que queríamos disfrutar del despliegue visual desde una perspectiva más clara, las luces acompañaron bien la progresión de la noche, aumentando en intensidad y complejidad según subía el nivel de los grupos.
Salimos de la sala con la sensación de que los martes pueden ser tan intensos como cualquier viernes. Madrid respondió con creces, demostrando que bandas como Miss May I son instituciones esperadas y que Crystal Lake tiene el futuro asegurado gracias a una presencia escénica que sigue siendo, a día de hoy, inalcanzable para muchos.


El pasado martes, la Sala Copérnico de Madrid juntó un cartel espectacular. No es habitual que cuatro bandas de metal extremo y moderno logre congregar a tanta gente en un día laborable, pero lo que vivimos fue la confirmación de que el público madrileño tiene hambre de sonidos pesados, sin importar el calendario. Con las entradas vendidas a buen ritmo y un ambiente de expectación palpable desde la apertura de puertas, Crystal Lake, Miss May I, Great American Ghost y Diesect se encargaron de que nadie se acordara de que al día siguiente había que madrugar.
La tarde arrancó con Diesect. Los encargados de abrir fuego no lo tuvieron fácil, pero supieron aprovechar cada minuto de su corto set. Su estilo navega por las aguas del metalcore más moderno, coqueteando con matices del deathcore en la contundencia de sus breakdowns. Lo que hace singular a este tipo de bandas es la capacidad de transitar de una sección rítmica frenética a momentos de puro peso, donde las guitarra afinada en tonos muy bajos crean una atmósfera asfixiante. A pesar de ser los primeros, la entrega de los asistentes ya era notable, algo que ayudó a que el grupo se sintiera cómodo sobre el escenario, no pararo de interactuar y agradecer el “madrugón”. Prometieron volver y espero que sea verdad y pronto.
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Para sorpresa de todos los siguientes en salir fueron Crystal Lake. Tras una larga pausa por fallos técnicos el grupo tomó el control, en segundo hizo la sala suya. Tema tras tema se comprobó la pasión y energía que proyecta la banda, la Copérnico entera coreando sus temas fue espectacular. Sinergia. Metal. La banda japonesa ha pasado por una etapa de transición importante tras la salida de su carismático vocalista Ryo, pero con John Robert Centorrino al frente han demostrado que siguen siendo una apisonadora. Su estilo es difícil de encasillar: es metalcore, pero inyectado de djent, elementos electrónicos y una precisión casi matemática que solo ellos saben ejecutar. Temas como “Apollo” o la reciente “The weight of sound” son ejemplos perfectos de su sonoridad; ritmos sincopados, cambios de tempo bruscos y una intensidad vocal que no da respiro.
La trayectoria de Crystal Lake es la de una evolución constante, pasando de ser una banda de hardcore local a un fenómeno internacional que ha sabido reinventarse sin perder la agresividad. Durante su actuación, el despliegue lumínico fue el mejor de la noche para las fotos, con momentos de luz neutra muy luminosos y otros teñidos de rojo o azul. Se llenó de haces de luz que cortaban el aire, predominando de nuevo los tonos rojos intensos que encajaban a la perfección con la violencia sonora del grupo. Aunque de nuevo el humo fue algo excesivo al arrancar, una vez que se disipaba, el espectáculo visual ganó muchos enteros.
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El momento épico de la velada llegó con Miss May I. Hacía tiempo que no se sentía una conexión tan inmediata entre una banda y su público, se notaron los años sin pasar por nuestro país. Los de Ohio son unos veteranos del metalcore melódico, y se notaba que había muchas ganas de verlos en España. Su estilo es una mezcla perfecta entre la herencia del death metal melódico sueco y la energía del metal estadounidense de mediados de los 2000. Canciones extraídas de discos clave como “Monument” o “Apologies Are for the Weak” desataron el caos en la pista. Lo que hace únicos a Miss May I es esa capacidad de combinar estribillos coreables y épicos con una base rítmica de doble bombo incesante y riffs de guitarra muy técnicos. Ver a toda la sala saltar al unísono bajo los haces de luz fue, sencillamente, uno de los puntos álgidos de la noche. Se notó que el grupo disfrutó cada segundo, devolviendo la entrega con una ejecución impecable.
En cuanto al apartado técnico, el audio de la sala volvió a cumplir con las expectativas. La Sala Copérnico tiene esa particularidad de sonar compacta y potente sin llegar a emborronar las guitarras, algo vital en géneros donde la nitidez de los instrumentos es lo que marca la diferencia. Salvo el detalle del humo inicial, que a veces empañaba la labor de los que queríamos disfrutar del despliegue visual desde una perspectiva más clara, las luces acompañaron bien la progresión de la noche, aumentando en intensidad y complejidad según subía el nivel de los grupos.
Salimos de la sala con la sensación de que los martes pueden ser tan intensos como cualquier viernes. Madrid respondió con creces, demostrando que bandas como Miss May I son instituciones esperadas y que Crystal Lake tiene el futuro asegurado gracias a una presencia escénica que sigue siendo, a día de hoy, inalcanzable para muchos.
























