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Godsmack en Madrid: “Virtuosismo rítmico, carisma y una fiesta de rock”
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El pasado 9 de agosto de 2026, La Riviera de Madrid acogió una de las citas internacionales más esperadas del verano. A pesar del intenso calor estival, las ganas de ver a Godsmack eran palpables desde tempranas horas de la tarde, con una cola multitudinaria que se enrollaba en varios zigzags a lo largo del paseo del Manzanares. Destacó la presencia de familias enteras con sus hijos, lo que evidencia el traspaso generacional de una música que ha marcado a varias décadas de seguidores. La sala rozó el lleno absoluto desde la actuación de las teloneras, ya que nadie quería perderse un solo segundo de este doble cartel.

La velada arrancó con la descarga de Thundermother, formación sueca nacida en Växjö en 2009 por iniciativa de la guitarrista Filippa Nässil. La banda practica un hard rock clásico, directo y musculoso que hunde sus raíces en la escuela australiana de AC/DC y en el heavy rock de tintes setenteros. Musicalmente, su propuesta se basa en riffs directos en tonalidades mayores o pentatónicas menores, solos de guitarra melódicos pero cargados de dinamismo y una sección rítmica que empuja cada tema con el clásico patrón de cuatro por cuatro a tempo medio o rápido.

Sobre las tablas, Thundermother desplegó una alineación sólida formada por Linnea Vikström a la voz y guitarra de apoyo, Filippa Nässil a la guitarra solista, Majsan Lindberg al bajo y Joan Massing en la batería. Su concierto fue un ejercicio de movimiento continuo, saltos, gestos y una expresividad desbordante que agotó todas las posturas posibles sobre el escenario. Utilizaron tres alzadores, dos de ellos equipados con columnas de humo que acentuaron la clásica imaginería del hard rock. Confieso que no esperaba que una telonera me robase tanta atención con la cámara, pero es lo que tiene una banda que no se guarda nada para el bolo principal.

En la faceta técnica, la sección rítmica lució firme y precisa, permitiendo que las guitarras disfrutaran y lucieran una ejecución técnica intachable. Uno de los momentos más destacados aconteció cuando la bajista asumió puntualmente las labores vocales en un corte, encendiendo de inmediato la respuesta del público. La noche tuvo además un cariz festivo al coincidir con el cumpleaños de la guitarrista Filippa Nässil, a quien el resto de la banda regaló unas cervezas en directo, su obsequio preferido. Con una simpatía natural y un gran ambiente, Thundermother calentó la sala y dejó el pabellón en lo más alto antes de la salida de los norteamericanos.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Alter Bridge – Alter Bridge (2026)

Llegado el turno del plato fuerte, el ambiente terminó de caldearse para recibir a Godsmack. Fundada en Lawrence, Massachusetts, en 1995 por el vocalista y multiinstrumentista Sully Erna, la banda se convirtió a finales de los noventa en uno de los referentes del metal alternativo y del post-grunge norteamericano. Su sonido se caracteriza por el empleo de afinaciones bajadas, pesados patrones rítmicos que entrelazan el groove metal con dinámicas progresivas y la rasgada voz de Erna, fuertemente influida por el registro de Alice in Chains o Metallica.

El catálogo de Godsmack cuenta con discos de platino fundamentales como su álbum homónimo debut de 1998, Faceless (2003) y 1000hp (2014). A lo largo de su carrera han firmado auténticos himnos del género como “I Stand Alone”, “Voodoo”, “Awake” o “Under Your Scars”, cosechando millones de reproducciones en plataformas digitales y liderando festivales en todo el planeta.

En la formación actual, Sully Erna ejerce como carismático líder en la voz y la guitarra rítmica, secundado por la presencia del veterano bajista Robbie Merrill, cofundador de la banda. En la guitarra solista estuvo Sam Bam Koltun, aportando juventud y contundencia, mientras que la sección de percusión estuvo capitaneada nada menos que por Mike Mangini (Dream Theater) a la batería, cuya aportación técnica supuso un salto diferencial que se notó desde el primer tema.

A nivel sonoro, el concierto de Godsmack rozó la perfección, y digo rozó porque para mi gusto la mezcla siguió favoreciendo la voz de Erna por encima de una batería que merecía ir más adelante en el frontal. La claridad de las frecuencias graves y la nitidez de Mangini, destacada por su pulcritud e impecable precisión, permitieron apreciar cada matiz de la instrumentación. Las luces fueron espectaculares para el disfrute visual del público, aunque desde detrás del objetivo se convirtieron en un auténtico quebradero de cabeza, con contrastes muy duros y destellos constantes en penumbra que obligaron a disparar más rápido de lo habitual para no perder el gesto en cada golpe de luz.

Sully Erna conectó de inmediato con el público español. Durante sus intervenciones habló con cariño de su mujer y su hija, recordando que “por sus venas corre sangre española”, felicitó a la afición por los recientes triunfos en el campeonato de fútbol e hizo gala de un entusiasmo contagioso que a estas alturas de carrera no todos los frontman saben sostener durante hora y media. El público, completamente entregado, se sabía todas las canciones, coreando tanto las melodías vocales como los pasajes instrumentales más emblemáticos de la banda y estallando en ovaciones con cada verso. Sobre las tablas, el bajista Robbie Merrill se mostró hiperactivo y súper expresivo, mientras la banda ofrecía una lección de fuerza y solvencia.

Este concierto en La Riviera se enmarca dentro de su gira mundial de verano de 2026, un tour que comenzó el pasado mes de junio en Norteamérica y que ha llevado a la banda por recintos históricos como el Red Rocks Amphitheatre en Colorado o el festival Graspop Metal Meeting en Bélgica. Tras su paso por España, el periplo continuará por diversas capitales europeas, incluyendo fechas confirmadas en Milán, Múnich y Londres, antes de regresar al continente americano. La gira, con una duración total prevista de cinco meses, bajará el telón de forma definitiva a finales de octubre en el legendario recinto House of Blues de Boston, cerrando el ciclo cerca de su lugar de origen.

En resumen, la cita en La Riviera ratificó el excelente estado de forma de ambas agrupaciones. Thundermother ofreció una antesala festiva, carismática y llena de energía, mientras que Godsmack demostró por qué sigue siendo una potencia de primer nivel en el circuito del rock pesado, aunque con margen de mejora en el frente sonoro. Una noche de sonido rotundo, gran respuesta del público y auténtica pasión por la música sobre el escenario. A ver si cumplen y no tardan otros 30 años en repetir.

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Godsmack en Madrid: “Virtuosismo rítmico, carisma y una fiesta de rock”
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El pasado 9 de agosto de 2026, La Riviera de Madrid acogió una de las citas internacionales más esperadas del verano. A pesar del intenso calor estival, las ganas de ver a Godsmack eran palpables desde tempranas horas de la tarde, con una cola multitudinaria que se enrollaba en varios zigzags a lo largo del paseo del Manzanares. Destacó la presencia de familias enteras con sus hijos, lo que evidencia el traspaso generacional de una música que ha marcado a varias décadas de seguidores. La sala rozó el lleno absoluto desde la actuación de las teloneras, ya que nadie quería perderse un solo segundo de este doble cartel.

La velada arrancó con la descarga de Thundermother, formación sueca nacida en Växjö en 2009 por iniciativa de la guitarrista Filippa Nässil. La banda practica un hard rock clásico, directo y musculoso que hunde sus raíces en la escuela australiana de AC/DC y en el heavy rock de tintes setenteros. Musicalmente, su propuesta se basa en riffs directos en tonalidades mayores o pentatónicas menores, solos de guitarra melódicos pero cargados de dinamismo y una sección rítmica que empuja cada tema con el clásico patrón de cuatro por cuatro a tempo medio o rápido.

Sobre las tablas, Thundermother desplegó una alineación sólida formada por Linnea Vikström a la voz y guitarra de apoyo, Filippa Nässil a la guitarra solista, Majsan Lindberg al bajo y Joan Massing en la batería. Su concierto fue un ejercicio de movimiento continuo, saltos, gestos y una expresividad desbordante que agotó todas las posturas posibles sobre el escenario. Utilizaron tres alzadores, dos de ellos equipados con columnas de humo que acentuaron la clásica imaginería del hard rock. Confieso que no esperaba que una telonera me robase tanta atención con la cámara, pero es lo que tiene una banda que no se guarda nada para el bolo principal.

En la faceta técnica, la sección rítmica lució firme y precisa, permitiendo que las guitarras disfrutaran y lucieran una ejecución técnica intachable. Uno de los momentos más destacados aconteció cuando la bajista asumió puntualmente las labores vocales en un corte, encendiendo de inmediato la respuesta del público. La noche tuvo además un cariz festivo al coincidir con el cumpleaños de la guitarrista Filippa Nässil, a quien el resto de la banda regaló unas cervezas en directo, su obsequio preferido. Con una simpatía natural y un gran ambiente, Thundermother calentó la sala y dejó el pabellón en lo más alto antes de la salida de los norteamericanos.

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Llegado el turno del plato fuerte, el ambiente terminó de caldearse para recibir a Godsmack. Fundada en Lawrence, Massachusetts, en 1995 por el vocalista y multiinstrumentista Sully Erna, la banda se convirtió a finales de los noventa en uno de los referentes del metal alternativo y del post-grunge norteamericano. Su sonido se caracteriza por el empleo de afinaciones bajadas, pesados patrones rítmicos que entrelazan el groove metal con dinámicas progresivas y la rasgada voz de Erna, fuertemente influida por el registro de Alice in Chains o Metallica.

El catálogo de Godsmack cuenta con discos de platino fundamentales como su álbum homónimo debut de 1998, Faceless (2003) y 1000hp (2014). A lo largo de su carrera han firmado auténticos himnos del género como “I Stand Alone”, “Voodoo”, “Awake” o “Under Your Scars”, cosechando millones de reproducciones en plataformas digitales y liderando festivales en todo el planeta.

En la formación actual, Sully Erna ejerce como carismático líder en la voz y la guitarra rítmica, secundado por la presencia del veterano bajista Robbie Merrill, cofundador de la banda. En la guitarra solista estuvo Sam Bam Koltun, aportando juventud y contundencia, mientras que la sección de percusión estuvo capitaneada nada menos que por Mike Mangini (Dream Theater) a la batería, cuya aportación técnica supuso un salto diferencial que se notó desde el primer tema.

A nivel sonoro, el concierto de Godsmack rozó la perfección, y digo rozó porque para mi gusto la mezcla siguió favoreciendo la voz de Erna por encima de una batería que merecía ir más adelante en el frontal. La claridad de las frecuencias graves y la nitidez de Mangini, destacada por su pulcritud e impecable precisión, permitieron apreciar cada matiz de la instrumentación. Las luces fueron espectaculares para el disfrute visual del público, aunque desde detrás del objetivo se convirtieron en un auténtico quebradero de cabeza, con contrastes muy duros y destellos constantes en penumbra que obligaron a disparar más rápido de lo habitual para no perder el gesto en cada golpe de luz.

Sully Erna conectó de inmediato con el público español. Durante sus intervenciones habló con cariño de su mujer y su hija, recordando que “por sus venas corre sangre española”, felicitó a la afición por los recientes triunfos en el campeonato de fútbol e hizo gala de un entusiasmo contagioso que a estas alturas de carrera no todos los frontman saben sostener durante hora y media. El público, completamente entregado, se sabía todas las canciones, coreando tanto las melodías vocales como los pasajes instrumentales más emblemáticos de la banda y estallando en ovaciones con cada verso. Sobre las tablas, el bajista Robbie Merrill se mostró hiperactivo y súper expresivo, mientras la banda ofrecía una lección de fuerza y solvencia.

Este concierto en La Riviera se enmarca dentro de su gira mundial de verano de 2026, un tour que comenzó el pasado mes de junio en Norteamérica y que ha llevado a la banda por recintos históricos como el Red Rocks Amphitheatre en Colorado o el festival Graspop Metal Meeting en Bélgica. Tras su paso por España, el periplo continuará por diversas capitales europeas, incluyendo fechas confirmadas en Milán, Múnich y Londres, antes de regresar al continente americano. La gira, con una duración total prevista de cinco meses, bajará el telón de forma definitiva a finales de octubre en el legendario recinto House of Blues de Boston, cerrando el ciclo cerca de su lugar de origen.

En resumen, la cita en La Riviera ratificó el excelente estado de forma de ambas agrupaciones. Thundermother ofreció una antesala festiva, carismática y llena de energía, mientras que Godsmack demostró por qué sigue siendo una potencia de primer nivel en el circuito del rock pesado, aunque con margen de mejora en el frente sonoro. Una noche de sonido rotundo, gran respuesta del público y auténtica pasión por la música sobre el escenario. A ver si cumplen y no tardan otros 30 años en repetir.

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